CHIMENTOS
El mundo sensible de Cayetana Cabezas, la actriz española que se luce en Machos alfa y quiere triunfar en Argentina

Ni bien llega a su encuentro con Teleshow, Cayetana Cabezas ofrece sus disculpas por una disfonía que la tiene a maltraer. Es su primera vez en Buenos Aires para la actriz española, y el cambio de estación, el aire acondicionado y la alergia a las plataneras hicieron mella en su salud. Pero nada puede con su energía ni con su entusiasmo y ofrece una predisposición para conocer su historia de vida y de actuación con la pasión de quien se deja atravesar por las emociones. Y cuando ya no siente lo mismo, no tiene dudas en pegar el volantazo.
La cita con este medio es en uno de los salones del Alvear Palace Hotel, cuya estampa señorial marida a la perfección con su impronta de estrella de cine de otra época que transmite a cada paso. Sin embargo, su humildad sin divismos, dispuesta a conversar y contar su historia, reduce de inmediato esa hipotética distancia. Vamos a hablar, claro, del suceso de Machos alfa, la serie de Netflix que se propuso abordar con ironía y casi en tiempo real la deconstrucción de la masculinidad y trepó entre las más vistas en diferentes partes del mundo. Pero será apenas una excusa para ingresar a su historia, que, según sus propias palabras, poco tiene en común con la disparatada Blanca Martínez que encarna en la ficción.
Es su primera visita a Buenos Aires, una ciudad que define como “fascinante” y en la que lleva adelante una hoja de ruta en permanente construcción. Acaso por ese espíritu intrépido que iremos conociendo, se deja llevar y lo que en un principio tenía como único motivo acompañar a una amiga en un viaje por el arte contemporáneo, mutó en un improvisado viaje de promoción. El próximo estreno de la quinta temporada de Machos alfa es la excusa necesaria para saldar una cuenta pendiente con Buenos Aires y, quién sabe, trabajar en el corto plazo. “Quiero sembrar aquí lo que estoy haciendo allá”, se entusiasma.

No deja de ser una paradoja que recién a sus 46 años Cayetana conozca un país tan presente en su formación -con el prestigioso estudio creado por el argentino Juan Carlos Corazza en Madrid- y en su presente. Además de actriz -y de arquitecta, ya hablaremos de eso-, la española escribe. Y el relato que la ocupa por estos días es una historia de migrantes entre España y Argentina. “¿Pero cómo estoy escribiendo sobre esas calles y esa ciudad que no conozco? Tengo que ir”, pensó como un impulso. Y ahora, en estas noches otoñales de la ciudad de la furia, se hace un espacio para continuar esa historia.
—¿Por qué surgió Argentina o Buenos Aires como esa otra patria a la cual ir en la ficción?
—Creo que es una cosa histórica que va más allá de lo que pase ahora en mi vida. Ambos países hemos sido receptores y hemos sido emisores. Nos hemos acogido, nos hemos entregado, acompañado y a lo largo de la historia, han ido cambiando los roles. Nos hemos ido acompañando como hemos podido y eso forja un vínculo.
—¿Y con qué te encontraste cuando llegaste?
—Me pasó algo muy fuerte. Llegué el día 22 de marzo y no relacioné que estaba tan cerca del 24. Conozco a Manuel Gonçalves, que es hijo de desaparecidos, y yo estaba escribiendo una historia que tenía que ver con la historia de Manuel. Y justo llego aquí en el cincuenta aniversario del golpe. Son esas cosas mágicas que ocurren.

—¿Tenés algún referente argentino en la escritura o la actuación?
—Sí, Augusto Fernandes. Él me dio clase de análisis de texto como nadie en mi vida me lo había dado. Tenía una manera de adentrarse en la historia. Es un hombre que además, sabía mucho de astrología. Y entonces fue fascinante empezar a ver las obras de otra manera a través de los ojos de él. Me encantó su visión, me abrió un mundo. Creo que hay una manera especial de crear aquí en Argentina, porque se ha tenido que crear en todas las circunstancias. Además de la trayectoria que tenéis con respecto al método actoral, algo que no ocurre en ninguna otra parte del mundo, hay muy buenas historias también. En la dificultad surge lo creativo. Y este es un país que atraviesa dificultades desde hace tiempo y de manera intermitente.
La vida de Cayetana también es una vida de migraciones. Nació en Madrid, se crio y vivió hasta los 17 en Ourense y volvió a la capital española para emprender su vida adulta. “Creo que el ancla siempre está donde está tu gente, donde está tu raíz, no necesariamente donde pasas más tiempo. Y Galicia es como mi base”, sentencia con un dejo de nostalgia. Y cuenta de otro viaje fundacional, en un internado de Inglaterra a sus once años, donde tomó las primeras clases de actuación. “Fue como una especie de refugio, porque no hablaba inglés y de pronto sentí que podía comunicarme sin tener que utilizar el idioma”, recuerda sobre aquel período en un internado.
Pero la actriz iba a tener que esperar. A la hora de iniciarse en la vida adulta, Cayetana se decidió por un destino más tradicional, acorde a ciertos mandatos de la época. “Estudié arquitectura porque me gustaba, porque quería ejercerla, pero luego descubrí que no me gustaba. Suele pasar eso de que estudias una carrera, sueñas con que la vas a ejercer de una manera y luego la vida te va marcando la pauta de que no es tan así”.

—¿Qué fue lo que no te gustó?
—En la profesión se hablaba mucho de dinero y yo quería hablar de arte, de poesía, de composición, de encuentro, de humanidad, de cómo la arquitectura puede cambiarte la vida, puede ayudarte a vivir mejor, a encontrarte con el otro en un espacio donde te sientas a gusto para compartir. Yo no quería hablar de presupuestos y me pasaba la vida hablando de presupuestos. Y de pronto lo más poético de aquel sueño que tenía se cayó.
—¿La artista estaba guardada o tuviste que salir a buscarla?
—A ver, yo nunca pensé en la carrera actoral como algo que me fuese a dar de comer. El gusanillo de la interpretación siempre estuvo, pero dedicarme a ello no estaba en el plan. Hasta que de pronto cogí un montón de fuerza y me propuse estudiar teatro.
—¿Qué te llevó a seguir ese impulso?
—En un momento se murió una de mis tías de cáncer, fue algo muy fulminante. Y ella fue la que me dijo cuando estábamos en el hospital: “Ponte a hacer lo que tienes que hacer”. Al mes de su muerte, cerré el estudio de arquitectura y cerré también muchas etapas que no me ayudaban a avanzar hacia lo que quería ser.
—¿Costó empezar de cero e insertarse en un ambiente como este?
—Mira, es una profesión que castiga la edad. Entonces, ya empezar entre comillas tarde te hace sentir que vas tarde para todo. El funcionamiento de la industria premia mucho la juventud, le da mucho lugar y hoy parece que las artistas mayores no tienen personajes per se que no sean vinculados a hombres; por supuesto que esto está cambiando, pero es algo real, las cifras están ahí. Entonces, cuando una empieza un poco más tarde, parece que va como rengueando.

—¿Cómo lograste hacerte un lugar en este contexto que describís?
—Gracias al teatro. El teatro te recuerda por qué estás en esta profesión, porque solo tiene una dirección, que es para adelante. No puedes cortar ni repetir, solo tienes que actuar, apoyarte en el compañero que está ahí, en su mirada. La magia del cine tiene que ver con un equipo mucho más grande que hace que eso ocurra. Pero en el teatro llega un momento en el que el actor está solo. Ok, también está el técnico de luces, la escenografía, pero si se te va el texto, estás tú solo delante del público y solo lo puedes salvar tú con el compañero.
—Por la pasión con la que hablas pienso que nunca te arrepentiste de la decisión de cerrar el estudio.
—Para nada. No hay un solo día que haya pensado que este no es el camino.
En ese itinerario sinuoso construido entre las tablas y los sets de filmación, su interpretación de Blanca Martínez en Machos alfa significó esa rúbrica que no necesitaba ni exigía, sino que simplemente sucedió. La serie de Netflix de alcance internacional le abrió puertas que no imaginaba, como esas que está golpeando en Argentina. También es una posibilidad para reflexionar desde el humor y la sátira de una problemática que no tiene idioma. “Una lleva años trabajando con el pico y la pala pero de repente aparece Machos alfa y te pone en el mapa actoral. Es maravilloso tener una oportunidad así, y poder aprovecharla”.
—¿Cómo te llevaste con este primer éxito a gran escala?
—Es importante verlo como una parte más del proceso. Esta carrera no es lineal, un día puedes pegarla con una serie y al otro no tener trabajo. Y no es una cuestión de que estás arriba y luego caes, sino que es así: hay que tener la musculatura de ni cuando estés arriba pienses que eso va a ser, ni cuando estés abajo pienses que eso va a ser tu vida. ¿Cómo se hace? No sé, ahí estamos (risas). Porque no es fácil.

—¿Por qué tiene tanto éxito la serie?
—Creo que Machos alfa tiene unos creadores (N de la R: los hermanos Laura y Alberto Caballero) que han dado con la tecla del humor. Los guiones son brillantes, muy divertidos, ligeros y a la vez con contenido. Y esa es una magia no muy frecuente.
—¿Cómo dialoga esa sátira o ese humor con la realidad del movimiento feminista? ¿Te pasó que se haya malinterpretado algo que dice o hace tu personaje?
—Mi personaje es una cosa loquísima, es extremísimo y nunca se prestó a confusión. Creo que se entiende todo porque es tan loco que no se entiende nada. Es la exesposa de uno de los protagonistas, pero al mismo tiempo está instalada en su casa. Es muy divertido hacer el personaje de Blanca, porque tiene un egoísmo que no es socialmente correcto, es alguien a la que todo le da lo mismo. Y yo intento ser una persona bastante correcta socialmente.
—¿Y Machos alfa es socialmente correcto o invita también a replantearse las cosas desde ese otro lugar?
—Invita claramente a replantearse qué nos pasa. Porque es verdad que creo que hemos dado muchos pasos con respecto a la igualdad, pero queda muchísimo por andar y me parece que fundamentalmente hombres, pero también mujeres, todavía no tienen integrada la conciencia del machismo existente. Por ejemplo, el mansplaining es el pan nuestro de cada día. Qué es eso de llegar a un sitio y que un tío te diga cómo hacer las cosas. ¿Por qué das por hecho que yo no tengo ni idea? A mí no se me ocurriría explicarle a nadie cómo hacer las cosas, no soy profesora de nadie.
CHIMENTOS
El ejercicio de 5 minutos que recomiendan los psicólogos para calmar la ansiedad al instante

En un contexto donde la ansiedad es cada vez más frecuente, los psicólogos coinciden en algo: no siempre se necesitan cambios drásticos para empezar a sentirse mejor. A veces, un hábito de apenas cinco minutos puede marcar la diferencia. Entre las herramientas más recomendadas aparece la respiración consciente o controlada, una práctica simple que tiene impacto directo en el sistema nervioso.
Distintas investigaciones muestran que dedicar unos minutos al día a técnicas de respiración puede reducir la ansiedad y mejorar el estado de ánimo casi de forma inmediata. En especial, los especialistas sugieren microprácticas de entre 3 y 5 minutos, que pueden repetirse varias veces al día para lograr mejores resultados sostenidos.
Una de las formas más efectivas es la respiración lenta y controlada, por ejemplo inhalando durante cinco segundos y exhalando en un tiempo similar. Este tipo de ejercicio ayuda a regular la actividad del sistema nervioso autónomo, disminuyendo la respuesta de alerta asociada a la ansiedad.
El motivo por el que funciona es fisiológico. Cuando estamos ansiosos, el cuerpo activa el modo “lucha o huida”, lo que acelera la respiración y el ritmo cardíaco. Al hacer el proceso inverso —respirar más lento y profundo— se envía una señal al cerebro de que no hay peligro inmediato, lo que reduce los niveles de estrés.
Además, algunos métodos combinan la respiración con la atención plena. Técnicas como el “5-4-3-2-1”, que implican enfocar los sentidos en el presente, también ayudan a bajar la ansiedad al interrumpir pensamientos intrusivos y reconectar con el entorno.
Aunque no reemplaza un tratamiento profesional en casos más severos, este tipo de hábito es una herramienta accesible, gratuita y fácil de incorporar en la rutina diaria. En momentos de tensión, puede ser la diferencia entre escalar la ansiedad o recuperar el control.
Cómo aplicar el hábito de 5 minutos para bajar la ansiedad
- Sentarse en una posición cómoda, con la espalda recta
- Inhalar por la nariz durante 4 o 5 segundos
- Exhalar lentamente por la boca durante el mismo tiempo o más
- Mantener un ritmo constante durante al menos 5 minutos
- Evitar distracciones y concentrarse solo en la respiración
- Repetir el ejercicio dos o tres veces al día
Este pequeño cambio puede generar un efecto inmediato. Porque, aunque parezca simple, aprender a respirar mejor es una de las herramientas más poderosas para calmar la mente.
Psicología; Ansiedad
CHIMENTOS
Carmen Barbieri sorprendió al revelar hace cuántos años no está en pareja: “Soy muy miedosa”

Carismática, divertida y tenaz. En cada aparición, Carmen Barbieri se roba las miradas por sus cruces televisivos o sus opiniones polémicas. Fiel a su estilo, este sábado, la conductora volvió llamar la atención con su personalidad en la mesa de Mirtha Legrand. Todo comenzó cuando la diva le hizo un comentario punzante: “Yo leí tu vida, ¡cuántos novios tuviste, Carmencita”. Entre risas y sorpresa, la invitada no tardó en responder, dejando de lado la incomodidad.
“Sí, tuve muchos, por eso debe ser como veinte años que no salgo con nadie”, soltó Barbieri. La frase quedó flotando unos segundos. Lizy Tagliani, invitada a la misma mesa, buscó el detalle: “¿Con nadie?”. Barbieri confirmó sin rodeos: ni amores, ni encuentros, ni siquiera una cita casual. “Nada.”
La figura de la televisión no ocultó sus reparos ante las nuevas formas de buscar pareja: “Soy muy miedosa y gente que no conozco no salgo, me lo tienen que presentar”. Aun así, recordó la excepción que rompió su regla. Hace años, un hombre la sorprendió en plena calle: desde su auto, le alcanzó un papelito con su número de teléfono. Barbieri, tentada por la curiosidad, lo llamó. Salieron siete meses. El dato imprevisto: el hombre tenía veinte años menos que ella.
Aún así, en su recorrido por sus relaciones, la charla llevó a Barbieri a evocar a Jorge Porcel. Carmen interpeló a Mirtha: “Ahora te voy a hacer yo una pregunta”. La invitada quiso saber si la diva recordaba dónde vivían juntos. Legrand, rápida, respondió: “Paraguay”, aunque dudó con el número. La actriz lo refrescó: “Vos me decías el número 880”.
La charla derivó en una escena familiar. Mirtha preguntó si era cierto que el padre de Barbieri había corrido a Porcel. Carmen no esquivó la anécdota: “Mi papá sacó una navajita chiquita y decía que con eso lo iba a matar, en modo de broma. Yo tenía veinte años, estuve cuatro años saliendo. Me enamoré mucho de él, de su inteligencia y talento”.
La conversación viró hacia el presente. La conductora de televisión se refirió a su historial de enfrentamientos mediáticos. En ese marco, no esquivó la pregunta de Legrand: “¿Con quién te peleaste ahora?”. La respuesta fue seca: “No me acuerdo. No me estoy peleando últimamente. Me están buscando, pero no me encuentran”.
Barbieri detalló el cambio de actitud: “Estoy grande y no tengo más ganas de estar enemistada o que la otra persona se sienta mal con algunas cosas que he dicho o digo”. Sobre su estilo, resumió: “He jugado mucho con el humor y la pelea, es un hilo muy delgado. Tengo un humor muy negro, pero es limpio”.
La mesa se tensó cuando Hernán Drago planteó que el humor y la ironía ya no son iguales que antes. Barbieri defendió su postura: “Yo no cambio mi humor porque no es nunca burlándome de nadie”. Drago insistió: “Sí, pero la gente lo recibe así tal vez hoy y no hace años”. Ella, firme, cerró: “Yo tengo un humor muy limpio, yo no tengo que tocarlo, me encanta”.
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Kate Middleton enfureció a todos al usar un collar de perlas falso en un evento clave de la realeza: el fuerte motivo

Cada una de las apariciones públicas de Kate Middleton suele ser analizada al detalle por especialistas en moda y por los seguidores de la realeza británica. La princesa de Gales se convirtió en una de las figuras más influyentes dentro del estilo royal gracias a su capacidad para combinar elegancia, protocolo y tendencias.
Sin embargo, en uno de sus últimos compromisos oficiales llamó la atención por un detalle inesperado: decidió lucir un collar de perlas falsas en lugar de una joya histórica de la colección real.
La esposa del Príncipe William asistió recientemente al tradicional servicio religioso por el Día de la Commonwealth, un evento clave para la familia real británica que se celebra cada año en Abadía de Westminster, en Londres.
Para la ocasión, Middleton apostó por un sofisticado look total blue. El conjunto estaba compuesto por un vestido abrigo azul marino diseñado por Catherine Walker, acompañado por un elegante sombrero de ala ancha con detalles de red y un par de stilettos en composé.
Sin embargo, el detalle que más llamó la atención fue su elección de joyería. La princesa decidió combinar el atuendo con unos pendientes históricos que pertenecieron a Isabel II, parte de la colección real. Pero, en contraste con esa pieza cargada de historia, eligió completar el look con un collar de perlas artificiales.
La joya en cuestión pertenece a la diseñadora Susan Caplan y está compuesta por cinco hileras de perlas sintéticas con un broche de cristal Swarovski. Aunque a simple vista parecía una pieza clásica de la realeza, en realidad se trata de un accesorio mucho más accesible que las joyas que suelen usar las integrantes de la familia real.
Según analistas de protocolo y expertos en realeza, la elección podría tener un significado particular. Durante el evento se realizaron algunas manifestaciones contra la monarquía, lo que habría llevado a la princesa a optar por una joya más discreta y menos ostentosa.
Las protestas estuvieron vinculadas, entre otros temas, a la polémica que desde hace años rodea al Príncipe Andrés, duque de York, por su relación con el financista Jeffrey Epstein, un escándalo que sigue generando repercusiones internacionales.
En ese contexto, tanto William como Kate se han mostrado especialmente cuidadosos en su imagen pública. De hecho, en el pasado ya habían tomado distancia del príncipe Andrés en medio de las investigaciones que afectaron a su reputación dentro de la corona.
Por eso, algunos especialistas consideran que la decisión de Middleton de utilizar un collar de perlas artificiales pudo haber sido una forma sutil de enviar un mensaje de moderación en un momento en el que la monarquía británica se encuentra bajo la lupa de la opinión pública.
Con su característico estilo elegante y estratégico, la princesa de Gales volvió a demostrar que cada uno de sus looks puede esconder mucho más que una simple elección de moda.
Kate Middleton
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