POLITICA
Tres sommiers, sábanas y almohadas: la compra en efectivo de más de $8 millones que se suma a la lista de gastos de Adorni

Los costos económicos y políticos de la refacción que Manuel Adorni realizó en su casa del country Indio Cuá, en Exaltación de la Cruz, son un frente aún abierto para el jefe de Gabinete.
Como parte de un paquete de nuevas medidas que ordenó la Justicia en la causa que lo investiga por presunto enriquecimiento ilícito, ayer se conoció otro gasto del funcionario que volvió a encender el tema, en momentos en los que su continuidad como ministro coordinador está puesta en duda.
Del celular de Matías Tabar —el contratista a cargo de aquellas remodelaciones, que alteró el curso de la investigación al sostener que el funcionario le pagó 245 mil dólares en efectivo—, el fiscal Gerardo Pollicita extrajo información que lo llevó a golpear las puertas de una casa de colchones en el corazón de Recoleta.
Es que, en el local, para equipar los cuartos de su nueva casa en el country, Adorni gastó un total de $8.183.383, según refleja una factura que surgió del teléfono que tiene la Justicia.
Es decir, casi 6820 dólares, de acuerdo con la conversión al tipo de cambio oficial del 2 de junio de 2025, día en el que una de las personas que trabaja bajo la órbita del funcionario, Gisela Kocsis -una empleada de planta que se desempeña desde hace años en el Gobierno- se presentó para pagar en efectivo el total de la compra, que fue luego enviada a la casa de Adorni en el country Indio Cua, según pudo reconstruir .
El grueso de ese desembolso —alrededor de 6 millones de pesos— se corresponde con la compra de tres conjuntos de sommiers completos. El resto del saldo, con los respectivos juegos de sábanas y edredones, además de unas almohadas.
El nuevo gasto consolida el pago con dinero en efectivo como patrón de consumo del funcionario. Adorni, cuando José Del Rio le preguntó en LN+ por este hábito, sostuvo que todos los fondos surgían de “25 años de ahorros en el sector privado”.
El gasto en el local de colchones se sumará al extenso listado en el que la fiscalía reúne todas las salidas de dinero del funcionario, material sobre el que ya trabaja un organismo especializado, como paso previo para pedirle explicaciones al propio Adorni en una declaración indagatoria.
Allí se incluye una cantidad de gastos para la casa del country, contemplados en los 245 mil dólares que Tabar declaró haber recibido del funcionario. Entre las remodelaciones, se detallan una parrilla, nuevas aberturas, aires acondicionados, trabajos de carpintería, una isla para la cocina y la pileta con la cascada de 3500 dólares, que le dio repercusión al caso en redes sociales.
El universo de gastos incluye también viajes. Entre ellos, el que llevó a la pareja del jefe de Gabinete, Bettina Angeletti, a España, en septiembre de 2025, por alrededor de 6000 dólares, gasto que también habría hecho en efectivo; las estadías en el hotel Bolacuá, en Gualeguaychú, por al menos $2.350.000; y las vacaciones familiares en Aruba, entre fines de diciembre de 2024 y comienzos de enero de 2025, que incluyeron pasajes por unos 5800 dólares y gastos de hotel por otros 8874 dólares.
La primera capa de la investigación está vinculada, sin embargo, con las dos operaciones inmobiliarias que despertaron las sospechas iniciales sobre el salto patrimonial que hizo Adorni desde que es funcionario público: la compra de la casa del country Indio Cuá, por 120 mil dólares, y la adquisición del departamento en Caballito, por 230 mil dólares.
Ese vértice del caso abrió el entramado de los dos préstamos: el de las mujeres policías, por 100 mil dólares, y el otorgado por las jubiladas, de 200 mil dólares, que se materializó como la postergación del pago sin intereses. Sobre este último, el funcionario dijo que fue una “operación entre amigos”, en alusión al hijo de una de las jubiladas, Pablo Martín Feijoo.
Federico González del Solar,Conforme a
POLITICA
Milei versus el Estado de Bienestar

La oposición sueña con una ciudadanía en estado de desesperanza que vote contra Milei el año que viene. A los ojos de la oposición pero-kirchnerista y la izquierda más dura, el caos que se desató en la Marcha Federal Universitaria conectó esa calle movilizada local con las movilizaciones en Europa de este fin de semana como síntoma de un cambio inminente que está por venir. El fin de la era de la “crueldad” del ajuste, según su mirada.
Del otro lado, el Gobierno pelea con el cuchillo entre los dientes por sostener un relato de logros, aunque por ahora sean módicos, sobre todo, en cuanto a impacto en la actividad, el consumo y el salario. Las movilizaciones que se viven en las calles de Europa también alientan las certezas oficialistas, pero en sentido contrario: la crisis palpable en las principales capitales europeas como prueba del fracaso del Estado de Bienestar ya no solo kirchnerista, sino europeo y global. La Europa en llamas es la versión global de la caída del “anticristo” en el sentido de Luis Caputo cuando dijo: “El kirchnerismo es el infierno y Kicillof es el Anticristo”.
Un Estado de Bienestar deficitario e hiperregulador con efectos colaterales insostenibles, que en Europa, ahora, viviría su final, según la narrativa libertaria, y en la Argentina, ya lo vivió: Milei lo hizo.
Desde el domingo que viene, desde la elección en Brasil, se sucederá una seguidilla de elecciones claves: la de Estados Unidos el 3 de noviembre, la de España el 29 del mismo mes, la de Francia entre abril y mayo de 2027 y luego, la de Argentina, en octubre de 2027. En todos los casos, se está reescribiendo otra polarización cada vez más clara a la que apela la política de todos los colores para ordenar el sentido de la elección: Estado de Bienestar versus anti Estado de Bienestar.
El desembarco de Milei en el escenario global, luego de llegar al poder en la Argentina, va por ese lado, y en dos sentidos. Por un lado, Milei como el arquetipo de las consecuencias de todos los fracasos del Estado de Bienestar: solo la percepción de semejante fracaso por parte del votante puede haber dado piedra libre y sentido a una motosierra tan brutal como la mileísta. Por el otro, Milei como el arquetipo del giro anti déficit y anti desregulación que una parte de la dirigencia política y tecno-empresarial global ve como necesaria. Milei les ofrece el caso testigo en el laboratorio por antonomasia: una Argentina sometida por décadas a la economía estatizada e hipercerrada del “anticristo kirchnerista”.
El “yo se los dije” mileísta
¿Cómo digiere la ciudadanía los cambios estructurales que atraviesa la economía argentina? Esa incertidumbre recorre la Argentina y todavía no encuentra respuesta firme: El jueves de protestas de la semana pasada intensifica el interrogante: ¿esa calle agitada es un síntoma de un sentimiento de insatisfacción más general que circula subterráneo, o apenas una radicalización oportunista de la política más sobregirada? La duda martillea todo el tiempo. La oposición dura sigue construyendo su versión: crisis total. La oposición sueña con una ciudadanía en estado de desesperanza que vote contra Milei el año que viene.
“Nosotros miramos a la juventud en Francia, miramos a la juventud en España, que está tomando en sus manos una lucha muy importante contra el congelamiento salarial, por el derecho a la vivienda”, dijo en televisión la militante del Partido Obrero y secretaria del centro de estudiantes de Filosofía y Letras en la UBA. Una síntesis de la expectativa que la oposición radicalizada pone en un presente que muestra puntos desafiantes para el Gobierno. Pero en la Argentina, la agitación callejera por esas causas es esporádica y efímera. La insatisfacción existe, pero hoy está lejos de seguir la coreografía de las crisis económicas argentinas archiconocidas.
El oficialismo huele otros aires. Las revueltas parisinas como un espejo internacional donde el mileísmo ve la prueba contundente de la caída de una falacia, la viabilidad de la expansión infinita de derechos en base al déficit fiscal y el endeudamiento récord. Es el mundo desarrollado el que le da la razón a Milei.
“¿Reconocerán que otra vez acerté y que ellos erraron fuerte?”, tuiteó Milei el domingo, mientras París ardía. Milei retuiteó un posteo de la cuenta Escuela Austríaca de Economía que sintetizaba su posición: “Cuánta razón tenía Milei”. Incluyó un corte del discurso de Milei en Davos 2024. “Hoy estoy acá para decirles que Occidente está en peligro. Está en peligro porque aquellos que supuestamente deben defender los valores de Occidente se encuentran cooptados por una visión del mundo que inexorablemente conduce al socialismo, en consecuencia a la pobreza. (…) Nosotros estamos acá para decirles que los experimentos colectivistas nunca son la solución a los problemas que aquejan a los ciudadanos del mundo, sino que, por el contrario, son su causa”: un “yo se los dije” mileísta que le da letra al Gobierno para hacer nuevas canciones en el año electoral que ya empezó.
El Anticristo argentino
En realidad, “El kirchnerismo es el infierno y Kicillof es el Anticristo” no fue simplemente una nueva formulación del ya clásico “riesgo kuka”. Tampoco fue un concepto que conecta la visión de Milei-Caputo con una cosmovisión cristiana tradicional. El Anticristo libertario tiene otra raigambre: es la huella más clara que dejó el paso por la Argentina del tecno-magnate Peter Thiel. De Milei y Santiago Caputo a Luis Caputo y Sturzenegger, Thiel dejó marcas conceptuales en su visión del mundo.
La concepción de Thiel le deja dos temas servidos al Gobierno. Por un lado, el Anticristo como un sistema de gobernanza global que disfraza el hiper control de un Estado cada vez más poderoso y regulador con causas políticamente correctas, aprovechándose en realidad de miedos globales como la pandemia, la invasión inmigratoria, el desastre medioambiental y ahora también, el miedo a la IA.
Por el otro, el Anticristo local argentino, el Estado presente del kirchnerismo y las diversas cepas de populismo. Un Estado de Bienestar deficitario e hiper regulador con efectos colaterales insostenibles, que en ahora, en Europa, vive su final. En la Argentina, con Milei, ese final habría comenzado mucho antes: la Argentina kirchnerista, según los ojos mileístas, como el hecho cumplido del fracaso de la promesa populista que ahora también se vuelve más claro en Europa.
El director de comunicación digital en Casa Rosada, Juan Pablo Carreira, usó su cuenta de X, donde aparece como Juan Doe, para poner blanco sobre negro los males del Anticristo europeo: “Francia tiene salud pública gratuita, educación pública gratuita, semana laboral reducida de 35 horas, aborto, planes sociales para desempleo, ley de alquileres, preescolar gratuito y licencia maternal extendida, ley de paridad de género y ley de cupo trans, subsidios a la industria, al transporte, empresas de energía estatizadas, regulaciones e impuestos al carbón y las leyes ecologistas más duras del mundo. Tienen fronteras completamente abiertas, pagan reparaciones por haber colonizado otros países, y hasta viviendas gratuitas para inmigrantes. Tienen todo lo que quiere la izquierda, y aún así los zurdos salen a las calles y prenden fuego TODO. Los socialistas son insaciables. NO HAY QUE DARLES NUNCA NI UN CENTÍMETRO”.
El dueño de Mercado Libre, Marcos Galperín, alineado al máximo con el mileísmo, se hizo eco de la síntesis y retuiteó el posteo. El mundo libertario acelera la lectura del modelo Milei como en combate contra el Estado de Bienestar.
En su reciente presentación en la ONU, Milei retomó el tema del Anticristo en formato de Estado presente global, pero prefirió usar otra terminología. La mano de Santiago Caputo estuvo presente en ese discurso. No habló de “Anticristo” sino de “Leviatán burocrático”. Dijo Milei: “La ONU ha montado un Leviatán burocrático abocado a decidir cómo deben vivir los pueblos y sus ciudadanos. Esto constituye una mezcla curiosa de anarquía y tiranía, impotencia entre quienes rompen las reglas más básicas como dictaduras sangrientas y organizaciones terroristas, y un control e imposición orwellianas ante las democracias liberales que sí cumplen las normas. Lo vimos con la agenda del Nuevo Milenio. Lo vimos con la Agenda 2030, con la regulación económica, las agendas de género, el extremismo y ambiental, y la inmigración descontrolada”.
Milei fue a la tradición del filósofo inglés Thomas Hobbes, autor de Leviatán, una definición del Estado y su rol de mantener el orden y la seguridad, pero para usarlo como hace Thiel con el Anticristo: un sinónimo de Estado global que se extralimita en sus atribuciones.
El tiempo, ¿para quién juega?
Pasado vs. futuro: la percepción del tiempo político es otro factor que tiñe el diagnóstico del presente y de las chances futuras de la oposición y del Gobierno. Se deriva de esa supuesta batalla contra el Anticristo colectivista que busca marcar el final de los tiempos políticos “colectivistas” conocidos.
Es clave para la oposición dura y su mirada electoral: el pero-kirchnerismo se esfuerza en creer y hacer creer que el mileísmo ya es pasado. Que el Estado de Bienestar vuelve a estar de moda, resurge detrás del humo de las revueltas y el mileísmo es un interregno que ya fracasó, cuando todavía le falta un año. Sólo el sueño de la caída de Milei le puede dar algo de nafta a un frente político huérfano de conducción y de proyecto viable, al menos por el momento.
En cambio, el Gobierno busca oxígeno y desplaza hacia un futuro más indefinido el cumplimiento de su visión, los frutos de otra Argentina potencia, la libertaria. La nueva estrategia es invocar a un votante, el de 2027, que vote con ojos de viajero del tiempo instalado en un futuro prometedor, treinta años adelante, 2057, por ejemplo, cuando al fin se noten todos los efectos de los cambios estructurales de la experiencia mileísta en el poder que hoy, todavía, pueden pasar inadvertidos.
El domingo, en una columna en , Federico Sturzenegger se esforzó por tejer esa trama narrativa y corrigió el pronóstico de la bonanza mileísta: 2035, cuando el boom exportador de energía de la Argentina alcance picos históricos o todavía más allá, en treinta años, cuando el espejo retrovisor pueda apreciar mejor los efectos del reformismo del laboratorio Milei: “La presidencia de Javier Milei será recordada, no tanto por cómo transformó su presente, sino por cómo le dio al país la oportunidad de un futuro”, augura Sturzenegger.
Al Gobierno ya no le alcanza con vender un futuro próximo de plenitud, los mejores dieciocho meses que prometió Luis Caputo en abril, y que por ahora no asoman. En Washington, Milei también extendió el cheque del tiempo necesario: primero, puso como condición ratificar el rumbo el año que viene, ganando las elecciones; recién después: “la Argentina volverá a transitar el camino de la grandeza”.
Informales, ¿a favor o en contra?
Bajo el paraguas de la polarización Estado de Bienestar – anti Estado de Bienestar, se da la batalla de interpretaciones en torno a otro tema central que define cada vez más el modelo Milei: el crecimiento de la informalidad en la Argentina. Para la oposición, es la señal de un futuro oscuro de pérdida de derechos laborales, precariedad en el planeamiento de la vida e inmovilidad social. Un Estado regulador que se ausenta, con los peores efectos.
Para el oficialismo, es un síntoma de los caminos de la libertad. En esa ecuación, la nueva mentalidad laboral dejaría afuera al Estado como el salvador y abrazaría una liberación de la manipulación de la política: según el Gobierno, el trabajador informal implicaría la aceptación racional de una escala de vida acorde con los ingresos, sin esperar la licuación inflacionaria y planes platita que empujen un consumo ficticio. El ingreso de la conciencia del trabajador a la mieles de una libertad humilde, pero libertad al fin frente al clientelismo político-electoral.
El secretario de trabajo Julio Cordero lo resumió en el Congreso con otras palabras: “Hay personas que no quieren trabajar en relación de dependencia y prefieren ser monotributistas y tener la libertad de trabajar por cuenta propia”.
Hay mucho riesgo en esa interpretación oficialista. Es cierto que el Gobierno de Milei cuenta con una ventaja estructural: una organización económica, global, que le dio a la economía de las aplicaciones un protagonismo desconocido por la política de las últimas décadas.
El Estado anti Bienestar de Milei cuenta con el amortiguador protector ante el desempleo: la pérdida de empleo formal que haría crecer el desempleo se deriva hacia el autoempleo de las aplicaciones. Con eso, la política opositora se queda sin nafta para agitar la calle, y la calle permanece tranquila aún en los diciembres que traen memorias de crisis argentina.
Pero no está claro cómo se experimenta realmente esa informalidad de nuevo cuño. Y esa percepción de los nuevos informales, exformales, es determinante de las expectativas futuras: influirá en el voto 2027. Si el votante informalizado a la fuerza percibe la informalidad como una oportunidad para el cuentapropismo autogestivo, como sueña el mileísmo, o si se lo vive como una jaula sin esperanzas que se liberará de esos barrotes votando contra el Gobierno en 2027.
Esas opciones quedan ocultas bajo el dato del crecimiento de informalidad que cada uno, oficialismo y oposición, leen en su favor. ¿Una cámara de eco propia que nadie sabe cómo va a quedar desmentida por la realidad?
El jueves de la protesta universitaria, cuando se esperaba el debate en el Congreso por el DNU 70/2023, que no llegó, Juan Grabois planteó abiertamente: “Si el Parlamento está en silencio, que grite la calle”. La calle o las urnas: ¿dónde se ordenan las preferencias de la sociedad?
el caos que se desató en la Marcha Federal Universitaria,en una columna en LA NACION,lo resumió en el Congreso,Luciana Vázquez,Javier Milei,Conforme a
POLITICA
Patricia Bullrich pidió un acuerdo político para fortalecer al Gobierno y advirtió: “La unanimidad te aísla”

Patricia Bullrich reclamó acelerar las negociaciones para alcanzar un acuerdo político que amplíe el respaldo al Gobierno de Javier Milei y contribuya a garantizar la gobernabilidad. “Hay que hacer un acuerdo lo más rápido posible”, afirmó durante una entrevista en Solo una vuelta más, por TN, en la que insistió en la necesidad de acercar posiciones con los sectores que acompañan al oficialismo.
“Hay que acelerar lo máximo posible un acuerdo político, que va a ayudar a bajar tensiones y garantizar la gobernabilidad”, sostuvo la senadora y jefa del bloque de La Libertad Avanza en la Cámara Alta. Además, aseguró que el tema forma parte de las prioridades de la administración libertaria: “Todo el Gobierno es consciente de la necesidad de hacer un acuerdo ahora”.
En ese sentido, Bullrich planteó que el entendimiento debe incluir a los gobernadores que provienen de Juntos por el Cambio y a sectores del peronismo que no se alineen con el PJ. “Hay que llegar a un acuerdo con todos los que piensan como nosotros”, remarcó.
Para la dirigente, la construcción de esa mayoría debe contemplar a los distintos sectores que respaldan al Gobierno y evitar que las diferencias internas se conviertan en un obstáculo para la gestión.
POLITICA
Inteligencia Artificial: la prudencia no es de izquierda ni de derecha

En nuestro país la prudencia se volvió sospechosa. Se la confunde con miedo, con falta de ambición o con timidez. Fue hace unos días, y a propósito de la Inteligencia Artificial, cuando en la ONU volvimos a escuchar esta curiosa idea de boca del Presidente de la Nación. Ahora lo audaz parece que es renunciar a regular preventivamente a la IA. Y el que no esté de acuerdo, como siempre, será acusado de tibio o de izquierdista disfrazado de responsable.
No quiero discutir en abstracto. Prefiero bajar esta idea a tierra y preguntarnos qué significa, en concreto, no poner ninguna regla. Pensemos en un banco que deja que una IA decida a quién darle un crédito. La IA aprende de lo que el banco hizo en los últimos veinte años. Si en ese tiempo a los vecinos de ciertos barrios se les prestó menos, concluye que ahí no conviene prestar. Nadie se lo ordenó. Nadie lo decidió. Pero lo aplica miles de veces por día. Y el que vive en esos barrios pide un crédito y recibe un no por su código postal, sin que nadie tenga que explicarle por qué.
Esto no es teoría. En los Países Bajos, entre 2013 y 2020, la administración tributaria usó un sistema automático para detectar fraudes en los subsidios para el cuidado de los hijos. Entre los indicadores de riesgo figuraba la doble nacionalidad. Miles de familias fueron acusadas injustamente y obligadas a devolver dinero que no debían. En enero de 2021 renunció el gobierno entero. Los Países Bajos no son un país desordenado. Pero les pasó igual.
Ahora pensemos en una empresa que no tiene un solo empleado, manejada de punta a punta por una IA. Tampoco es ciencia ficción. El Gobierno envió al Congreso un proyecto para reconocer las “sociedades automatizadas”. Y su posición sobre las reglas es bien explícita.
En enero, en Davos, el ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, dijo que su “única tarea” es “que no aparezca ninguna ley de Inteligencia Artificial”. Si una empresa así le niega un crédito a una familia, estafa a un jubilado, comete un fraude o difunde una mentira, ¿a quién le vamos a reclamar? ¿A quién citarán los jueces?
La pregunta no es abstracta: hasta los legisladores del oficialismo en el Senado introdujeron cambios para que haya personas que respondan. Mientras tanto, los países que se toman en serio esta tecnología hacen exactamente lo contrario: están escribiendo las reglas.
Corea del Sur, el país de Samsung, quiere ser una de las tres potencias mundiales de la Inteligencia Artificial. A principios de este año puso en vigor una ley que identifica los usos más sensibles, como los préstamos, la salud, la educación, las investigaciones criminales y la energía nuclear, y les exige más transparencia y más seguridad. El argumento oficial fue simple: sin previsibilidad legal y sin confianza del público, la tecnología no va a escalar.
Italia fue el primer país de la Unión Europea en sancionar su propia ley. La impulsó el gobierno de Giorgia Meloni. Exige supervisión humana en salud, justicia, educación, trabajo y administración pública, y castiga con prisión a quien use falsificaciones digitales para dañar a otro. Al mismo tiempo, creó un fondo de hasta mil millones de euros para invertir en empresas del sector. Regla e impulso, en el mismo paquete.
En Estados Unidos, el gobernador republicano de Texas, Greg Abbott, firmó una ley vigente desde este año que prohíbe los sistemas diseñados para discriminar o para asignarles un puntaje social a las personas. Texas puede ser muchas cosas, menos una república soviética.
En Europa, aun cuando este año Bruselas decidió darles a sus empresas más tiempo para adaptarse, la evaluación de créditos siguió en la lista de usos de alto riesgo. Los países serios simplifican y corrigen plazos. Pero no se les ocurre tirar el reglamento a la basura. El ejemplo más elocuente llegó a fines de septiembre, desde Washington. Varios de los máximos responsables de las empresas de Inteligencia Artificial venían advirtiendo en público sobre los riesgos de sus propios productos, y algunos habían pedido reducir el ritmo al que mejoran sus modelos.
Donald Trump, cuya visión nuestro Gobierno dice compartir plenamente, los reunió en la Casa Blanca. Su respuesta fue pedirles que se controlen solos. Firmaron un documento, el Acuerdo de la Casa Blanca sobre la Superinteligencia, que no obliga a nada ni prevé ninguna sanción. Trump lo definió como “moralmente vinculante”. Es como dejar que cada equipo fije sus propias reglas para jugar al fútbol.
Lo curioso es que hasta ese documento reconoce que hacen falta controles externos y que con el tiempo podría tener sentido convertir estos compromisos en leyes. Nada de lo que hacen Corea, Italia, Texas o Europa es obra de marxistas. Son las cosas que hacen los gobiernos responsables. Los que escriben estas reglas quieren atraer inversiones tanto como nosotros. Pero saben algo que la Argentina aprendió de la peor manera: el capital serio no se instala en lugares donde no hay reglas. Busca países donde las reglas existen, se cumplen y no cambian con cada gobierno.
Cuando los que fabrican autos piden frenos, prometer que las rutas no van a tener límites de velocidad no es audacia. Es un error y punto. Aristóteles lo explicó mejor que nadie. El coraje está en el medio entre dos defectos: por un lado, la cobardía, que es el exceso de miedo, y por el otro, la temeridad, que es su falta. El que no le teme a nada no es un valiente. Es un imprudente. Y la prudencia es justamente la virtud que nos permite distinguir una cosa de la otra.
No es un freno para la decisión. Es la condición para decidir bien. Tampoco se trata de desconfiar del progreso tecnológico. La Revolución Industrial terminó mejorando la vida de casi todos. Pero en Inglaterra, entre 1780 y 1840, la producción por trabajador creció un 46% y los salarios reales apenas un 12%. Pasaron sesenta años, una vida laboral entera, para que el progreso llegara a quienes lo producían.
Gobernar una transición es, entre otras cosas, conseguir que la espera no se lleve puesta una generación. En la Ciudad de Buenos Aires nadie espera a que se caiga un ascensor para exigir que alguien lo revise. No es burocracia: es la condición para que la gente se suba tranquila. Cuando gobernamos la ciudad, incorporamos asistentes virtuales y sistemas para asignar mejor los recursos. Y la pregunta que más nos importaba nunca fue qué podía hacer la herramienta. Fue quién respondía cuando se equivocaba. Las reglas no deben frenar la innovación. Al contrario, deben dar los marcos necesarios para crecer.
Los argentinos conocemos muy bien el precio de la imprudencia. Lo pagamos con inflaciones, defaults y promesas que alguien hizo con entusiasmo y que otros tuvieron que pagar. Por eso la discusión sobre la inteligencia artificial es, en el fondo, una discusión mucho más vieja. La prudencia no es de izquierda ni de derecha. Es la virtud de los que saben que sus decisiones las van a terminar pagando otros. Lo contrario no es la libertad. Es irresponsabilidad, venga de donde venga.
Horacio Rodríguez Larreta,LA NACION,Opinión
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