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ECONOMIA

El FMI pone la mira en el Monotributo y propone un cambio que afectará a millones de contribuyentes

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Cuando el monotributo nació, en 1998, el techo máximo para quedarse en el régimen era de $144.000 anuales. En plena convertibilidad, eso equivalía a u$s144.000. Hoy, ajustados por la inflación acumulada en Estados Unidos durante esos 27 años, esos mismos dólares representarían aproximadamente u$s270.000. Sin embargo, la categoría más alta del monotributo vigente en junio de 2026 permite facturar hasta $108 millones anuales, poco más de u$s74.000 al tipo de cambio oficial. Es decir: el techo real del régimen se redujo a menos de la mitad de lo que era cuando fue creado.

Esa brecha no es un accidente. Es el resultado de décadas de actualizaciones insuficientes que fueron comprimiendo el régimen hacia abajo, empujando en teoría a los contribuyentes de mayores ingresos hacia el régimen general. Lo que ocurrió en la práctica fue otra cosa: millones de trabajadores independientes permanecen inscriptos en el monotributo según los últimos datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) a febrero de 2026, una cifra que los propios técnicos reconocen podría estar subestimada dado que ARCA, el organismo recaudador, no publica estadísticas desagregadas por categoría. Nadie sabe con certeza cuántos monotributistas están acumulados en las categorías superiores, facturando cerca del techo y evaluando cada año si les conviene pasarse al régimen general o seguir en el gris.

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Ahora el Fondo Monetario Internacional (FMI) pone el tema sobre la mesa y propone reformarlo en el documento técnico que acompaña a la segunda revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas firmado con Argentina.

El diagnóstico de partida es contundente. El sistema tributario argentino es, según el texto del FMI, «complejo, altamente distorsivo e inestable, y pesa sobre el crecimiento y la competitividad». Con una presión fiscal equivalente al 27% del PBI en 2025, Argentina no tiene un problema de recaudación insuficiente sino de recaudación mal construida: más de 155 impuestos, tasas nominales elevadas y una base imponible estrecha por la proliferación de regímenes especiales.

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Dentro de ese mapa, el Monotributo ocupa un lugar destacado. El FMI estima que el régimen genera un gasto tributario de aproximadamente 1 punto porcentual del PBI, lo que lo convierte en la segunda fuente de erosión de la base imponible después del IVA. El organismo reconoce sus virtudes: «simplifica el cumplimiento, promueve la formalización y amplía la cobertura de salud y jubilación». Pero al mismo tiempo señala sus problemas estructurales.

El primero es la brecha de carga fiscal. El Monotributo «impone una carga efectiva mucho menor que el régimen general, lo que genera fragmentación de empresas y limita el crecimiento de los negocios». El segundo es el efecto escalón: «la estructura de pagos fijos crea saltos bruscos en la obligación tributaria entre categorías que desincentivan el pasaje a tramos superiores de facturación». En criollo: el sistema premia quedarse quieto.

La recomendación del FMI es directa. Cualquier reforma del monotributo debería:

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  • Reducir los efectos de umbral
  • Alinear las tasas efectivas y las contribuciones a la seguridad social con el régimen general
  • Aprovechar las herramientas digitales para simplificar el cumplimiento

Y pone número a la apuesta: alinear el Monotributo con el sistema general del Impuesto a las Ganancias podría generar una ganancia fiscal de 1 punto porcentual del PBI.

El mapa de los contribuyentes

El monotributo tiene once categorías. Las primeras siete funcionan como debería funcionar un régimen simplificado: una carga fiscal modesta, entre el 3 y el 5% de la facturación, para trabajadores independientes de ingresos bajos y medios. El problema empieza cuando se llega a las categorías superiores, donde el régimen revela su verdadera tensión con el sistema general.

Tomemos el caso de un profesional independiente, un contador, un arquitecto, un desarrollador de software, que factura cerca del techo de la categoría H: $70 millones anuales, unos u$s48.000 al tipo de cambio oficial de junio de 2026. En el monotributo, ese profesional paga una cuota mensual de $447.346 si presta servicios, lo que representa una carga anual del 7,7% sobre su facturación. Si en cambio ese mismo año su facturación supera el techo y queda obligado a pasarse al régimen general, la carga estimada salta al 42%. De un año al otro, la presión fiscal se multiplica por cinco y medio.

La categoría K, la más alta del régimen, hace la diferencia aún más elocuente. Un contribuyente que factura hasta 108 millones de pesos anuales, equivalentes a 74.000 dólares, paga en el monotributo el 15,3% si presta servicios, o apenas el 6,7% si vende bienes. Frente al 45% del régimen general, la brecha llega a casi 40 puntos porcentuales.

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Esos números explican por sí solos por qué millones de trabajadores independientes permanecen en el monotributo según los datos del SIPA a febrero de 2026, y por qué muchos de ellos hacen lo imposible por no cruzar el umbral. Pero hay un factor adicional que el debate público casi nunca menciona y que termina de cerrar la trampa: quien supera el techo del monotributo y pasa al régimen general no puede volver hasta que transcurran tres años calendario completos, contados desde el primero de enero del año siguiente a la exclusión. Tres años pagando el 42 o el 45% antes de poder solicitar el regreso.

La categoría K del monotributo, la más alta del régimen, hace la diferencia aún más elocuente

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Las propuestas del FMI a la luz de la historia

El régimen nació en 1998 con una lógica de emergencia social. La Argentina de los 90 había expulsado del mercado laboral formal a miles de trabajadores: las privatizaciones, el achicamiento del Estado y la reconversión productiva volcaron al cuentapropismo a una generación que anteriormente era asalariada. Gente que había perdido la corresponsabilidad del patrón y necesitaba urgente una jubilación y una obra social a bajo costo. El monotributo fue, en ese contexto, menos un instrumento fiscal que una política de inclusión social con forma de impuesto.

Esa matriz de origen explica buena parte de sus resistencias actuales a cualquier reforma. Cada vez que el sistema fue modificado, la lógica dominante fue la de ampliar la cobertura, no la de acercarlo al régimen general. La reforma de 2004 incorporó a las cooperativas de trabajo y a las sociedades de hecho. La de 2009 elevó los topes de facturación. La de 2016 le sumó asignaciones familiares y recategorización de oficio. En ninguna de esas instancias se abordó la brecha de carga fiscal entre el monotributo y el régimen general como un problema en sí mismo. Se la administró, se la contuvo, pero nunca se la discutió de frente.

El resultado, visto desde 2026, es un régimen que cumplió sus objetivos originales de formalización e inclusión pero que creció en una dirección que sus creadores no habían previsto del todo: se convirtió en el techo contributivo para millones de trabajadores independientes que, ante la alternativa de pagar el 42 o el 45% en el régimen general, encontraron en el monotributo no un escalón hacia la formalidad plena sino un destino permanente. Lo que el FMI llama «fragmentación de empresas y limitación del crecimiento de los negocios» es, visto desde adentro, la respuesta racional de contribuyentes que aprendieron que crecer fiscalmente en Argentina tiene un costo prohibitivo.

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El costo político y la viabilidad de la reforma

Reformar el monotributo es, en términos políticos argentinos, un ejercicio de equilibrismo sobre un cable sin red. Los millones de contribuyentes inscriptos en el régimen no son solo un dato estadístico: son votantes, son familias, son el tejido productivo de barrios y ciudades del interior que identifican al monotributo no como un privilegio fiscal sino como el único puente que los conecta con la salud y la jubilación. Tocar ese puente tiene un costo electoral que ningún gobierno desde 1998 estuvo dispuesto a pagar de manera frontal.

El FMI lo sabe. Y su propuesta, leída con atención, no es una reforma de shock sino una hoja de ruta gradual. El Selected Issues Paper no pide eliminar el monotributo ni fusionarlo abruptamente con el régimen general. Pide tres cosas más acotadas: reducir los saltos bruscos entre categorías, alinear progresivamente las tasas efectivas y las contribuciones a la seguridad social con el régimen general, y aprovechar las herramientas digitales para mantener la simplicidad del cumplimiento durante la transición. La ganancia fiscal estimada de 1 punto del PBI no es el punto de llegada de una reforma inmediata sino el horizonte de una convergencia gradual.

El problema es que en Argentina lo gradual tiene una historia propia. Cada vez que un gobierno intentó actualizar los topes del monotributo por debajo de la inflación real, lo que ocurrió fue exactamente lo contrario de lo que pretendía la política: no hubo migración ordenada al régimen general sino profundización de la zona gris. Contribuyentes que dividieron su facturación entre familiares, que postergaron obras, que dejaron de emitir comprobantes por encima del umbral. La presión descendente sobre los topes, lejos de empujar hacia arriba, empujó hacia los costados.

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La administración Milei enfrenta este desafío en un momento peculiar. Por un lado, tiene el mandato político más sólido en años para avanzar en reformas impositivas de fondo: el propio Staff Report celebra la aprobación de la Ley de Blanqueo Fiscal y la Ley de Modernización Laboral como señales de capacidad legislativa. Por otro lado, cualquier reforma del monotributo que se perciba como un aumento de la carga para trabajadores independientes choca de frente con el discurso libertario de reducción impositiva que es la columna vertebral de la identidad política del gobierno. Subir la presión fiscal sobre millones de monotributistas, aunque sea gradualmente y aunque el objetivo declarado sea acercarlos al régimen general, es difícilmente vendible como una baja de impuestos.

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Qué seguro de viaje conviene elegir entre PAX, Assist Card y Universal Assistance

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Viajar al exterior con asistencia médica puede evitar desembolsos elevados ante una urgencia, pero no todos los planes ofrecen la misma protección


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Contratar asistencia al viajero es vital ante gastos médicos elevados en el exterior.
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Vale revisar sublímites de enfermedades preexistentes, medicamentos, odontología, repatriación y franquicias, que suelen variar significativamente entre planes.
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Antes de contratar, será conveniente revisar las condiciones según edad y tipo de viaje. Compare presupuestos similares, consulte exclusiones y confirme requisitos de activación.

Una por una, qué ofrecen las compañías de seguro de viaje

Universal Assistance

Coris

Assist Card

AXA Assistance

GO! Assistance

PAX Assistance

Assist 365

Tarjetas de crédito: American Express y Visa Signature

La letra chica: cinco puntos que pueden cambiar la cobertura real

  • Enfermedades preexistentes. Es uno de los puntos más importantes, especialmente para pasajeros mayores o con tratamientos en curso. El monto puede ser muy inferior al límite médico general, y algunas patologías o complicaciones pueden quedar excluidas. Hay que leer la definición contractual y declarar la información que solicite la compañía.
  • Edad máxima y condiciones particulares. Algunos productos pueden aplicar recargos, límites o exclusiones según la edad. No alcanza con que el cotizador permita avanzar: es importante comprobar que el pasajero está efectivamente admitido y que la cobertura no tiene restricciones adicionales.
  • Autorizaciones y red de atención. Algunas prestaciones requieren comunicarse con la central de asistencia antes de concurrir a un centro médico, salvo que exista una emergencia que lo impida. No seguir el procedimiento puede complicar el reconocimiento de gastos. Conviene guardar el número de asistencia, la póliza y las instrucciones de uso.
  • Franquicias y sublímites. La suma anunciada no siempre se aplica a cada prestación. Puede haber topes específicos para odontología, medicamentos, equipaje, cancelaciones y preexistencias, además de franquicias o copagos. Por eso, la comparación debe hacerse prestación por prestación.
  • Repatriación, cancelaciones y duración. Hay que comprobar si se incluyen el traslado sanitario, la repatriación funeraria, la interrupción del viaje y los gastos de cancelación, y cuáles son sus límites. En los planes anuales o multiviaje también se debe confirmar la cantidad máxima de días por salida.

Qué cobertura conviene contratar según el destino



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ECONOMIA

Joaquín Cottani, exviceministro de Caputo: “El programa económico está agotado, pero hay tiempo de revisarlo”

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En diálogo con Infobae al Regreso, el economista cuestionó la estrategia cambiaria del Gobierno, reclamó señales concretas para recuperar la confianza de los mercados y advirtió sobre el impacto del plan en la actividad económica

Joaquín Cottani afirmó que el programa económico del Gobierno está agotado pero que existe tiempo para revisarlo (Infobae en Vivo)
El economista propuso que el Banco Central adquiera al menos USD 1.000 millones mensuales de reservas para calmar las dudas del mercado (REUTERS/Matías Baglietto)
El economista propuso que el Banco Central adquiera al menos USD 1.000 millones mensuales de reservas para calmar las dudas del mercado (REUTERS/Matías Baglietto)
El riesgo país superó los 700 puntos básicos durante una jornada marcada por la volatilidad de los bonos y la suba del dólar (EFE/Sarah Yenesel)
El riesgo país superó los 700 puntos básicos durante una jornada marcada por la volatilidad de los bonos y la suba del dólar (EFE/Sarah Yenesel)



joaquín cottani

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Arriazu le echó la culpa al BCRA de frenar la economía con sus compras de dólares

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Ricardo Arriazu, uno de los economistas más escuchados por el mercado, dijo que la compra de reservas frena la actividad y generó un debate


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Arriazu critica que el BCRA compre dólares en exceso, frenando la actividad productiva.
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Pese a reservas, el riesgo país sube. Economistas debaten el porqué de esta paradoja.
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Esa compra encarece el crédito. Hay tensión entre crecimiento y control inflacionario.

Riesgo país en alza: el debate de los economistas

Más reservas, menos crédito

¿Una salida de capitales?



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