CHIMENTOS
Finalmente, se confirmó el debut como director de Pablo Trapero en Inglaterra

La película “& Sons”, dirigida por Pablo Trapero, dinalmente tendrá su estreno comercial en los cines del Reino Unido el próximo 21 de agosto bajo la distribución de Icon Film Distribution.
Tras su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Toronto (TIFF) y su presentación en el BFI London Film Festival, la producción se posiciona entre los lanzamientos internacionales más esperados, según reportes de The Wrap y In The Seats.
Basada en la novela homónima de David Gilbert y adaptada por la ganadora del Oscar Sarah Polley (“Women Talking”), “& Sons” narra la historia de Andrew, un novelista de renombre que utiliza el seudónimo A.N. Dyer. Convencido de que su muerte es inminente, Andrew decide reunir a sus hijos, con quienes mantiene un vínculo distante.
La reunión, lejos de buscar reconciliación, se convierte en el escenario para revelar un secreto inesperado que provoca el regreso de su exesposa y expone décadas de resentimientos y celos familiares.
Pablo Trapero, reconocido internacionalmente por títulos como “El Clan” y galardonado con el León de Plata al Mejor Director en el Festival Internacional de Cine de Venecia, lidera el proyecto junto a los productores Axel Kuschevatzky y Diego Kolankowsky.
Trapero, de 54 años, que ganó el León de Plata a la mejor dirección en el Festival de Venecia en 2015, por la película El clan, explicó a la AFP que “& Sons” recrea un “retrato familiar”.
“No estamos hablando únicamente, por supuesto, de Andrew (Dyer, el personaje principal) y su familia. También nos da a nosotros, los espectadores, la oportunidad de reflexionar sobre nuestras propias dinámicas y relaciones”, añadió Trapero. “Eso, creo, es una de las mayores fortalezas de & Sons”. Es algo con lo que la gente de todo el mundo puede identificarse», señaló el director argentino.
Kuschevatzky, conocido por su labor en la nominada al Oscar “Argentina, 1985”, y Kolankowsky, ganador de tres premios Tony, colaboran aquí por primera vez en una producción internacional de esta magnitud, tras más de treinta años de trabajo conjunto en proyectos nacionales.

El elenco principal de “& Sons” está encabezado por el nominado al Oscar Bill Nighy (“Living”, “About Time”), la nominada al Oscar Imelda Staunton (“The Crown”, “Vera Drake”), el nominado al BAFTA George MacKay (“1917”), el ganador del BAFTA Dominic West (“The Crown”, “The Wire”), Johnny Flynn (“Ripley”) y Noah Jupe (“A Quiet Place”). La dirección de casting estuvo a cargo de Nina Gold, responsable de seleccionar a Nighy para el papel central tras su experiencia en producciones como “Game of Thrones” y “Star Wars”.
Con una duración de 119 minutos, la película combina drama y humor negro para explorar los vínculos familiares, los intentos de reconciliación y la fuerza de las verdades que pueden transformar la vida de una familia. De acuerdo con The Wrap, se trata de “un drama potente y sorprendente, una película que te atrapa cada vez más”. Por su parte, In The Seats subrayó que “el reparto hace maravillas llevando las emociones de sus personajes a la pantalla”.
La adaptación de Sarah Polley obtuvo el premio al Mejor Guion en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, consolidando su reconocimiento en el circuito de festivales.
La producción, filmada íntegramente en Londres y Oxford, marca la primera colaboración anglo-canadiense para el equipo de Trapero, Kuschevatzky y Kolankowsky. Además, la compañía Infinity Hill —liderada por Kuschevatzky junto a Cindy Teperman y Phin Glynn— encabeza el proyecto, con Kolankowsky como productor ejecutivo a través de DK Group International.

El estreno previsto para el 21 de agosto genera expectativas entre críticos y audiencias, quienes destacan la combinación de un equipo creativo internacional, un elenco de primer nivel y una historia que examina, con crudeza y humor, las complejidades de las relaciones familiares.
CHIMENTOS
Helmut Ditsch buscó ocho años dónde dejar las cenizas de su esposa y lo hizo película: “El lugar gritó ‘soy la última morada’”

Tres veces rompió su propio récord de ventas y se convirtió en el artista argentino más cotizado de la historia. Sus óleos monumentales del Glaciar Perito Moreno, el Atlántico y la Cordillera de los Andes cuelgan en colecciones privadas de Europa por cifras que ningún otro pintor nacional alcanzó: 865.000 dólares en 2010 por Das Meer II, 1.500.000 de dólares en 2016 por Cosmigonón y 1.615.900 de euros en 2024 por una nueva obra del Perito Moreno adquirida por la fundación del empresario austríaco Hans Peter Haselsteiner, que en total invirtió 5.560.000 de euros en su producción pictórica. Pero Helmut Ditsch guardaba en silencio una obra distinta, gestada durante ocho años de un encierro creativo que pocos conocían: su debut en el cine como autor, director, guionista y protagonista de Helmut. El hielo y la eternidad transitoria.
La película, de 118 minutos, es una autobiografía ficcionada que nace del duelo por las dos mujeres que marcaron su vida: su madre, Inge, muerta a los 33 años, y su esposa, Marion, fallecida alrededor de los 35. Las dos murieron por cáncer de mama. Después de perder a Marion en 2009, Ditsch dejó de pintar y emprendió una travesía de casi una década por los Alpes y los Andes en busca de un lugar donde depositar sus cenizas. Esa búsqueda se transformó en película. El estreno mundial será el 6 y 7 de noviembre en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata (41.ª edición), certamen de categoría A —la misma que ostentan Cannes, Venecia y Berlín— y donde el pintor ya expuso su obra en 2011, en la Plaza del Agua. Aunque pudo hacer la première en el circuito europeo, eligió presentarla en su país: “Mi público está en Argentina, no en Venecia ni en Cannes”.
Ditsch nació en Villa Ballester en 1962, en una familia de abuelos austríacos y alemanes que lo criaron bilingüe. De chico compitió en natación y atletismo en la Sociedad Alemana de Gimnasia del barrio, frecuentó el Teatro Colón con su padre y empezó a pintar, hacer cortos y escribir guiones siendo adolescente. A los 25 emigró a Viena, estudió en la Academia de Bellas Artes y desde allí construyó una carrera sin galerías ni intermediarios, con la venta directa a mecenas. El proyecto cinematográfico, rodado en Malta, Cerdeña, Viena, los Alpes, Tenerife y el salar de Uyuni, fue financiado íntegramente con el dinero de sus cuadros: el presupuesto, que arrancó en 3 millones, de euros terminó cerca de los 6 millones. Antes de este salto al cine, la última noticia pública del artista había sido su reclamo al Gobierno por Triunfo de la naturaleza, la obra retirada de la Casa Rosada. En diálogo con Teleshow desde el castillo donde vive en Austria, confirmó que el asunto sigue sin cambios y que supone que el cuadro permanece allí. Pero no tiene interés en hablar de eso en este momento: ahora lo ocupa la película que les dedicó a las mujeres de su vida.

— Vos tenés una trayectoria muy consolidada en la pintura. ¿En qué momento entendiste que esta historia no podía resolverse en un lienzo y necesitaba convertirse en una película?
— Casi nadie sabe que dejé de pintar. Desde 2009, cuando murió Marion, hasta que hice la película, no volví a pintar un gran formato. Se me había ido la fuerza y la inspiración; no veía salida. Las últimas palabras de Marion fueron que llevara sus cenizas a la naturaleza. Durante casi diez años busqué ese lugar: recorrí los Alpes, los Andes argentinos y zonas como Laguna Brava. Después de unos 11.000 kilómetros pensé que lo había encontrado, pero al momento de dejar las cenizas sentí una angustia muy grande, como si estuviera haciendo algo mal. Ahí visualicé que ese lugar tenía que ser una obra de arte y apareció la idea de una película. Desde chico había hecho cortos, a los quince, dieciséis años. Escribía guiones, actuaba, tenía una banda de rock. Siempre supe que iba a hacer una película, pero no que iba a ser sobre mí.
— En esa búsqueda también aparecen Inge, tu mamá. ¿Cómo fuiste transformando esos dos duelos tan personales en un relato para el público?
— A mi madre la tengo conmigo desde que partió. Crecí con eso y la siento todos los días. Inge tenía 33 años cuando murió; Marion tenía alrededor de 35. Las dos fallecieron por cáncer de mama y, cuando murió Marion, sentí que la historia se repetía. Ahí se paró mi tiempo y también mi camino artístico. Me decían que un duelo podía durar dos o tres años, pero yo no lograba cerrarlo ni encontrar paz. Cuando entendí que tenía que hacer una película, la pensé como un homenaje a Marion, por todo lo que hizo por mí, y a Inge, que me dio la vida. Hacerla fue un proceso de sanación muy largo, pero fantástico.

— Vos hablás de una autobiografía ficcionada, aunque también decís que muchas escenas son reales. ¿Qué cosas elegiste contar tal como ocurrieron y cuáles transformaste para la película?
— Las escenas las vivo como algo real, pero hay hechos que transformé. A los 18 años perdí un pincel mientras pintaba. Me dormí con él en la mano, soñé que lo dejaba en una mesa y, al despertar, había desaparecido. Lo busqué una semana. Siete años más tarde apareció debajo de mi cama, seco, en un lugar que había revisado muchas veces. En la película esa escena cambia: me duermo, estoy en el mar y una ola me arranca el pincel. Sirve para contar qué significan los sueños y dónde nacen las obras.
— ¿Qué te permitió el cine que quizás un lienzo no podía darte?
— La primera obra de gran formato que hice después de 2009 fue para la película, y está documentada desde el lienzo en blanco hasta el último trazo. Pero el cine me dio la narrativa, el lenguaje, la música, los paisajes y los cuerpos. Nunca sentí una diferencia entre la acción de pintar y este viaje cinematográfico: siguió siendo una pintura, con muchas más herramientas. Y, en parte, es una ópera por la fuerza que tiene la música.

— Sos productor, guionista, director y protagonista. ¿Cuál de todos esos roles te resultó más difícil?
— Al comienzo pensé que lo más difícil sería producir, conseguir y mover el dinero para hacerla. Pero la dirección fue lo más complejo porque estaba adelante de la cámara y, al mismo tiempo, tenía que saber cuál era el plano y qué necesitaba cada escena. Ahí fue muy importante Suzy Prauss, que es pintora y terminó asumiendo la codirección. Entendía mi mirada de pintor y aportó una mirada femenina necesaria para una película sobre el destino de dos mujeres. Las actrices también me ayudaron a hacer preguntas que yo no me habría animado a formularle a mi madre, como si ella se sentía sola.
— Al principio pensaste en Viggo Mortensen para que hiciera de vos. ¿Qué peso tuvo el consejo que te dio para ponerte adelante y detrás de cámara?
— Fue fundamental. Le mandé la sinopsis mientras filmaba Green Book. Me dijo que no tenía tiempo, pero también que el único Helmut que podía hacer de Helmut era yo. Y me recomendó que dirigiera la película, porque si no iba a salir otra cosa. Eso cambió el paradigma. Yo no tenía que actuar de mí: tenía que olvidarme de las cámaras y ser yo. Antes de empezar ya había una idea y un director, pero a partir de ese consejo entendí que debía estar al frente de todo.
También fue decisivo el casting. Jeanne Goursaud tiene los ojos de Inge y de Marion. Después de buscar mucho estuve por abandonar el proyecto porque no encontraba a las dos mujeres. La vi en una foto de mi sobrina y entendí que era la actriz que faltaba. Joaquín Berthold, por su parte, podía encarnar a mi alter ego: venía del deporte, había ido a colegios alemanes y hablaba alemán.

— La película empezó a filmarse en 2018 y fue cambiando durante años, con la pandemia en el medio. ¿Ese parate te hizo rever muchas cosas?
— No fue un tiempo muerto. Es mi ópera prima y esos siete años fueron como hacer siete películas: aprendí y el proyecto maduró. Habíamos ido a Uyuni, pero no pudimos filmar porque llegó la pandemia; perdimos vuelos, recursos y parte del dinero cuando Avianca se declaró en quiebra antes de devolver pasajes. El tiempo de espera permitió revisar el material, cambiar partes del guion e imaginar nuevas escenas. Si íbamos a volver a Uyuni, queríamos hacer más y mejor. La desventaja fue que el presupuesto inicial, de 3 millones de euros, terminó cerca de los 6 millones. Cualquier evento disparaba los precios: la guerra de Ucrania, por ejemplo, triplicó costos. Yo decía: “¿Pero qué tiene que ver la guerra de Ucrania con filmar en Malta?”.
— Como el proyecto lo financiaste vos, ¿en algún momento pensaste en achicarlo, frenarlo o cambiar la escala?
— Al principio era más pequeño. Pero las escenas que hicimos en Uyuni elevaron el nivel de producción y nos exigieron sostener esa calidad en las demás. Hacía falta más gente, luces y equipo. Nunca pensé en hacer un producto comercial ni en ahorrar para vender. Cuando vi que se iba todo el dinero y que no quedaba una reserva, entendí que era para Marion y para mi mamá. En una próxima película seguramente cuidaré más los costos, pero ésta sentí que se la debía a ellas.

— Filmaste en Malta, Cerdeña, Viena, los Alpes, Tenerife y Uyuni. ¿Cómo fueron apareciendo esos lugares y qué tenían para la historia?
— Queríamos que la película tuviera un carácter onírico. Mi madre aparece varias veces en forma de visiones, como le pasa a mucha gente con un ser querido. Necesitábamos paisajes que parecieran irreales. Con Matías Meldon, el director de fotografía, estudiamos muchos lugares hasta llegar a Uyuni, que es inhóspito y muy caro para filmar porque hay que llevar todo. Los paisajes no son decorados: expresan una búsqueda y una escapatoria hacia la naturaleza, que fue lo que hice durante diez años.
— Todas las escenas exteriores se hicieron en la blue hour y la golden hour. ¿Qué buscabas con esa decisión?
— Tiene que ver con la paleta que uso al pintar. Siempre documentaba los paisajes justo antes del amanecer o después del atardecer. Le mostré a Matías esos colores y le dije que quería filmar dentro de ese espectro: sin verdes, en la nieve, el salar y lugares vírgenes. Esa decisión condicionó todo, porque había ventanas muy cortas para filmar, pero era necesaria para conservar el lenguaje pictórico de la película.

— Hay escenas de natación, escalada en hielo y caballos que hiciste vos. ¿Por qué era importante hacerlas en primera persona, sin dobles de riesgo?
— Lo que escribí en el guion eran etapas que yo había vivido, salvo la del caballo. Nadie sabía que jamás había hecho equitación, ni siquiera el equipo de producción: si lo sabían, por una cuestión de seguros, me ponían un doble. Cuando me preguntaban, yo decía que venía de Argentina y suponían que era un gaucho. Me había subido una vez a un caballo, pero me caí al toque. Estaba fascinado con los frisones negros, que son una metáfora de escaparse de una realidad que debía enfrentar.
Para la escena de natación entrené muchísimo. Quería nadar mariposa en el Atlántico, en cámara lenta, como una escena de ballet: un cisne que se libera y vuelve al vientre cósmico de la vida, que es el mar. Llegué a nadar unos 6.000 kilómetros en piletas olímpicas y aguas abiertas para una secuencia de cuatro minutos y medio. La natación me mantenía libre en la cabeza y me ayudaba a no sentir el estrés de un proyecto tan grande.
— En la película se hablan alemán, castellano y francés. ¿Cómo trabajaste esos idiomas dentro de la historia?
— Mi primer idioma fue el alemán: con mi madre sólo hablaba alemán. Los recuerdos que tengo de ella están en esa lengua. Recién de chico, cuando empecé a salir a la calle, incorporé el castellano. Para contar a Inge necesitaba el alemán. El francés está ligado a Marion, porque lo hablaba y le encantaba. Quise dejar algo de ella, ya que fue hija única y casi nadie conoce esa parte de su vida. Como la película está subtitulada y no doblada, las tres lenguas terminan jugando con la música como una melodía más.

— La música también parece muy importante. ¿Cómo fue elegir entre tus composiciones al piano, la música clásica y las canciones de Charly García?
— La música fue mi gran inspiración para pintar. No hubo un pintor que me inspirara: fueron los Beatles. Mi madre murió en 1969, cuando había salido Abbey Road, y esa música quedó grabada en el recuerdo. Yo había compuesto parte del soundtrack, con música clásica y baladas. Pero cuando empecé a contar la historia de Inge apareció la música de fines de los 60 y principios de los 70.
Charly fue ocupando el lugar que tenía que ocupar. Usé canciones de Sui Generis y Serú Girán. También grabé coros de Tchaikovsky con el coro de la Ópera de Viena. Los músicos que no conocían a Charly escucharon que sus composiciones estaban a la altura de obras clásicas. Para mí es mi musa inspiradora número uno y uno de los grandes amores de mi vida. Ah, también negociamos dos años para usar una canción de Led Zeppelin, pero el management no autorizó la licencia. Finalmente hay otra gran banda en la película, cuyo nombre prefiero no adelantar.

— Después de buscar durante tanto tiempo, ¿encontraste el lugar para dejar las cenizas de Marion?
— Sí. Está en la película y esa escena es real: son sus cenizas. No puedo decir mucho más para no spoilear. Cuando terminé, salí del agua completamente liberado. Miré el set, todos estaban llorando y a mí me salía una sonrisa. Se había ido el peso y había quedado una paz enorme. El lugar nos llamó, nos gritó: “Acá, yo soy la última morada”. Habíamos visto tres opciones y ninguna nos conmovió tanto. Es el sitio al que iré cuando me reúna con ella otra vez. Es difícil de acceder y no hay turismo, algo que también fue importante para elegirlo.
Helmut Ditsch
CHIMENTOS
Charlotte Caniggia reveló la aterradora experiencia paranormal que tuvo cuando era chica: «Mi mamá tuvo que llamar a un cura y…»

Charlotte Caniggia sorprendió al recordar una escalofriante experiencia paranormal que vivió durante su infancia en Europa. Invitada a PH: Podemos Hablar (Telefe), el programa conducido por Andy Kusnetzoff, la mediática contó que fue testigo de una situación inexplicable mientras jugaba al escondite con su hermano mellizo, Alex Caniggia, en una antigua casa familiar en Marbella, España.
“Estaba jugando al escondite con mi hermano y al lado mío escucho un señor que se ríe. Alex se puso blanco y se asustó. Esa casa estaba como encantada”, relató Charlotte al reconstruir aquel episodio que todavía recuerda con temor. Según explicó, ambos eran chicos cuando escucharon una risa masculina en un lugar donde, aparentemente, no había nadie más.
La mediática aseguró que la reacción de su hermano fue inmediata y que el episodio los dejó aterrados. “No había ningún señor si estaba mi mamá con nosotros”, recordó sobre aquella situación que, según su interpretación, no tenía una explicación lógica. La historia generó sorpresa entre los invitados del ciclo, que escucharon atentos cada detalle de su relato.
Pero aquella risa no habría sido el único acontecimiento extraño que vivió la familia Caniggia en esa propiedad. Charlotte contó que su mamá, Mariana Nannis, creyó en lo que les había sucedido y decidió tomar una medida particular para intentar terminar con los episodios que los inquietaban: llamar a un cura para que «exorcisara» la propiedad. “Vino un cura, trajo agua bendita y después nos mudamos porque se morían animalitos ahí. Pasaban cosas raras”, aseguró
LA REACCIÓN DE CLAUDIO PAUL CANIGGIA ANTE EL RELATO DE CHARLOTTE
En medio de la anécdota, Charlotte también marcó una diferencia entre la postura de sus padres frente a lo que ocurría en aquella casa. Mientras Mariana Nannis se mostraba preocupada por los episodios y decidió recurrir a un sacerdote, Claudio Paul Caniggia no parecía compartir esa interpretación de los hechos.
“Mi papá no creía nada y nos decía que dejáramos de joder. Mi mamá sí creía”, contó la mediática, al recordar cómo reaccionaba cada uno ante los relatos de sus hijos. Así, la familia atravesó aquella etapa con miradas completamente opuestas sobre lo que sucedía en la propiedad.
La mediática también recordó otros detalles que, según ella, alimentaban la sensación de que algo extraño sucedía en el lugar. “A la noche se escuchaban campanitas. Había un fantasma posta”, afirmó, convencida de que aquellos ruidos y situaciones formaban parte de una experiencia paranormal.
Charlotte Caniggia
CHIMENTOS
“Mi capricho es ley”, el recuerdo del Zorrito Von Quintiero y Fernando Samalea sobre el MTV Unplugged de Charly García











A tres décadas de Hello! MTV Unplugged, el repertorio acústico de Charly García volverá a escena con varios de los músicos que participaron de aquella grabación. El homenaje por los 30 años del disco llegará al Teatro Coliseo el 19 de octubre, después de una serie de funciones realizadas en La Fábrica, el espacio que funciona en la antigua casa-estudio del músico en el barrio porteño de Palermo.
La propuesta reúne a Fabián “Zorrito” Quintiero, en teclados y bajo; Fernando Samalea, en batería; y a los hermanos Erica y Ulises Di Salvo, en violín y violoncello. Junto a Emme Vitale, los intérpretes retomarán las canciones que formaron parte del especial registrado para MTV en 1995.
García compró en 1987 una casona de la calle Fitz Roy y la convirtió en su espacio de trabajo. Durante casi dos décadas, hasta 2005, la propiedad alojó ensayos, grabaciones y distintas etapas de su producción artística. Allí se preparó también el MTV Unplugged de 1995, en un momento de expansión del formato de la señal musical.
Quintiero suele referirse al lugar como “La Fábrica de sueños”, en alusión a las obras que tomaron forma entre esas paredes. A comienzos de los años 2000, la casa fue adquirida por el artista plástico Omar Lotito. Tiempo después, Matías Capeluto buscaba un lugar para desarrollar un proyecto cultural, se vinculó con el inmueble y obtuvo la autorización de García con una condición: que no se transformara en un museo.
El edificio funciona hoy como sala y bar bajo el nombre de La Fábrica, con conciertos programados cada semana desde hace más de un año. Desde ese mismo sitio nació la idea de recuperar en vivo el álbum que García grabó tres décadas atrás.
La producción original debió conciliar la lógica acústica que proponía MTV con el sonido de una etapa marcada por secuencias e instrumentos eléctricos en la obra de García. La formación encontró entonces una versión propia para el repertorio, cuyo resultado quedó plasmado en Hello! MTV Unplugged.
La función en el Teatro Coliseo propone volver sobre aquel encuentro desde los intérpretes que integraron el proyecto y desde el lugar donde se gestó buena parte de su preparación.
En diálogo con Teleshow en La Fábrica, Fabián “Zorrito” Quintiero habló del regreso a Hello! MTV Unplugged, tres décadas después de la grabación que acompañó a Charly García en Miami. Para el bajista y tecladista, retomar esas canciones en el espacio que fue casa y estudio del músico modifica el trabajo previo al show del Teatro Coliseo. “Estamos en casa. Esto no es una sala de ensayo, es un espacio muy histórico para nosotros”, sostuvo.
-¿A dónde te te trasladan los temas mientras los repasas?
-Recordé mucho en estos días. También tuve que recordar por las, por las notas un poco todo lo que fue el… cómo apareció esta idea de, de que Charly haga Unplugged. Eh, y esto obviamente no es de un día para otro. Se, se propuso, se charló, se le buscó la vuelta, eh, se ensayó, se le vo-volvió a buscar otra vuelta.
-¿Cómo surgió hacerlo en el teatro?
-Surgió acá, porque como ahora la histórica sala de ensayo se transformó en una, en un bar concert muy lindo, estábamos diciendo: “Y acá en nuestra casa”. Y dice: “Bueno, toquen”. “¿Y qué tocamos? ¿Y qué po– por qué no tocamos, hace– hacemos un Unplugged, que nunca lo tocamos? ¿Y a quién pone– y quién podría?… Porque no se trata tampoco de, de reemplazar, porque no, eso no existe, reemplazar, no, no hay reemplazo de nadie. Sino quién nos puede, quién nos puede ayudar a hacerlo sonar-
-¿Hablaste con Charly algo de cómo recibe estos homenajes?
-Charly sabe, sabe bien lo que la gente lo quiere. Lo sabe, eh, porque le pasa todo el tiempo. Sale de la casa y ahí cien, cien chicos, eh, queriéndolo abrazar, conocer. Sabe lo que nosotros lo queremos también. Y él disfruta. Él decidió también en este tiempo de, de que le toca salir de los escenarios, no, no tocar, pero hace otras cosas. Está, como digo yo, en el otro lado del escenario. Y disfruta, disfruta a su manera de su tiempo, de su tiempo libre. Eh, viene mucho acá. Viene acá. Viene mucho acá. Lo siente como un lugar suyo. Lo inventó él, como tantas cosas que inventó. Así que está muy tranquilo y… y nosotros muy agradecidos siempre a, a to-a todo lo que nos enseñó y nos permitió, eh, vivir, porque gracias a él la verdad que vivimos un montón, un montón de, de momentos increíbles, de tocando, viajando, grabando. Y ahora también nos permite esto.
-Fuiste clave para el desarrollo del Unplugged…
-Me tocó estar en el minuto cero. Entre MTV y Charly hablaba yo primero. Y… y bueno, iba, venía con, ¿no? M… [risas] MTV, un, un canal muy importante, pero con una manera de, de trabajar, de ordenar las cosas. Charly, la autoridad máxima, ¿eh? Mi capricho es ley, como dice él. Y, y bueno, íbamos y veníamos. Hasta que, bueno, hicimos muchos ensayos en el living de la casa, hasta que surgió la idea de sumar violín y cello. Entonces nos dieron el número de, de los Di Salvo. Los llamamos, los citamos acá, hicimos un ensayo, pactamos con Charly que para que los pruebe, para que vea cómo, cómo se sentía. Vino. Ya cuando tocaron la primera canción, eh, Charly se convenció de que estaba muy bueno, de que sonaba, que, que tenía una onda la, la, la inclusión de ellos y que, que cerraba un poco el, el formato y, y ahí se encaminó todo.
– La idea de este próximo show es trasladarnos, ¿no? A, a esa vivencia de, del unplugged, de como si estuviéramos ahí.
-Yo creo que sí. Les va a pasar eso, como que van a estar ahí en ese estudio de televisión, porque hubo gente el día que lo grabamos. Fue gente que no me acuerdo cómo, cómo, cómo MTV le daba la entrada. No sé cómo sortearon o…Era público que vivía en Miami, ¿no? Que estaba de paso y, y era una tribuna llena. Era como un, así, como un teatro con tribuna. De Latinos. Más argentinos, pero latinos, porque García era muy conocido en, en Latinoamérica. Siempre fue conocido, porque ya había tocado mucho, eh, ya en los ochenta había tocado en Chile, en Uruguay, en, en… No sé si en Colombia, pero, pero era conocido en Latinoamérica. Era conocido.
-Siempre se menciona que Charly pidió una limusina en Miami. ¿Para qué era? ¿Para despejarse, para componer?
-No, llevame a dar una vuelta, llevame para acá, llevame para allá. También era un living extra, eh, era un living móvil. Charly medio que armó un living ahí adentro de la limo y él se movía así. Algunos fuimos también, por, por, por momentos estuvimos ahí y estábamos en un hotel en la calle Ocean Drive, muy conocido, el Clevelande– Clevelander, y bueno, qué alegría. O sea, imaginate, ¿no? Yendo a grabar un unplugged con Joe Laney de técnico en las perillas. Nada más y nada menos. Estaba todo bien, pero había que terminarlo. Había que termina– había que dejar grabado el, el, el show y fue una jornada larga.
-¿Cómo reaccionaste cuando te enteraste de este pedido?
-Ya no era nuevo eso. Ya Charly siempre, siempre le atrajo, le atrajo como la, la limusina, siempre le gustó. El problema es cuando íbamos a unos lugares y una vez tuvimos que inventar una limusina porque no sé de dónde la sacamos en Uruguay, quería una limo. Ya, ya, ya prácticamente no, ni ex-ni existen, ¿no? Ya no, no se usan más. Fueron muy noventosas, pero bueno, es un… Siempre le gustaron a él, y bueno, hay que darle gusto.
-¿Otra excentricidad que recuerdes?
-Y la compra de la muñeca (risas), fue yendo para la grabación, paró en una juguetería, un Y compró la muñequita esa, la que habla, la compró ahí. Dijo: “Esto es Unplugged”. [risas] Habla sola la muñeca. Yyy bueno, de eso me acuerdo. Y después, eh, ¿qué más? No, después Charly se quedó en Miami, el Unplugged, pero esperó, se quedó para ver cómo había salido y cómo sonaba. Se quedó para ver cómo iba, cómo MTV iba a editar el show y cómo, cómo sonaba y cómo estaba. Sí, pero yo ya ahí no estábamos nosotros. Pero tengo información que, que, bueno, que, que se juntaron con Pels, a, a verlo. Charly quería meter mano un poco en eso. Pero MTV obviamente, eh, era de ellos, no la, la, la, las cámaras, las co… Y, y bueno, lo vieron. Después se, se quedó tranquilo. Lo que sí, no, no, no imaginábamos que, que iba a ser, eh… [carraspeo] Se, se convirtió en un disco con el tiempo y, y no imaginamos que iba a ser tan, tan querido. Por lo menos el de Charly es muy querido, es muy- Muy disfrutado, muy… Trascendió mucho. Y también eso nos permite hoy celebrar de esta manera, volver a hacerlo. Nunca lo hicimos. No fue una gira. Increíblemente, no, no… Deberíamos haber salido de gira por todos lados con ese show.
-Claro, una vez que tenías el disco…
-Era show de teatro total para hacer toda Latinoamérica. Pero bueno, cada uno después de Miami tomó, tomó su rumbo. Después de… Yo entré con Charly en el 87 y me, me salí en el 95. Después volví en el 2008 a trabajar con él y… y ahora, treinta años después, bueno, nos estamos dando esta alegría también y le estamos dando alegría a la, a la gente.
-¿Lo recordás como uno de los trabajos más demandantes que hiciste?
-Tuvo, para mí, un extra por esto de estar en el medio de la negociación. Y también el productor general era amigo nuestro personal, fue el director del videoclip Funky, por ejemplo, Alejandro Pelz, de quien te hablo, pero en este momento estaba de, de director general ahí en, en MTV en español y bueno, él tenía que defender sus intereses. Charly hacía valer los suyos. Yo iba y venía. Yo sentí alivio al terminar, porque pudimos cumplir con lo pactado.
-Para cerrar, ¿qué aprendiste de Charly?
-Aprendí que un jefe puede ser el mejor jefe del mundo. Cuando, aunque puede ser muy leal a, a, a un equipo que elige para trabajar, eso lo aprendí. Siempre me– mirá, estuve en muchas situaciones de, de trabajo en distintas, en distintas, eh, etapas y nunca vi la lealtad de, de, de alguien con su gente como, como la de Charly. Nunca. Me lo hizo sentir a mí. Yo siempre me sentí. Una vez que entré, o sea, la entrada es gratis, como dicen, ¿no? La salida vemos, pero, eh, una vez que entrás, sos parte. Yo siempre sentí la protección, eh, el cuidado, el cariño, eh, e incluso me sentí incluido en , en los, en algunos privilegios también, porque al, al, al llevarte con él, hasta los hoteles, como digo siempre, nosot– él iba al cinco estrellas, nosotros íbamos al cinco estrellas. No hacíamos, nunca, no había rancho aparte. Y eso, eso destacó siempre en este ambiente. Eh, aprendí esa lealtad a la gente que elegís para trabajar con vos. Aprendí el oficio también de, de tocar, aprendí música, muchísimo. Y… Y aprendí que también detrás de todo ese genio y esa figura y esa obra hay una persona que es humana, muy humana, muy cariñosa con la gente que él quiere. Conmigo siempre ha sido cariñoso, siempre. Y, y te hablo de la persona, no te hablo ya del artista. El artista, eh, ya hablamos un montón. Hay una persona como vos, como yo, que, que se deja, que se hace querer, que te quiere, que a veces te lo dice, a veces te lo expresa. Y bueno, eso sí que es, la verdad que quizás no, no estén acostumbrados a él, pero yo, yo sí lo conozco y… Y bueno, aprendí que detrás de, como te digo, detrás de todo eso también hay humanidad y detrás del personaje hay persona.













