DEPORTE
A 75 años de la hazaña de José Froilán González, el argentino que le dio el primer triunfo a Ferrari en la Fórmula 1

Solía recibirte en su oficina de su concesionaria de autos en la calle Uruguay al 100, en la Ciudad de Buenos Aires, esa que reemplazó a la que tuvo debajo de una tribuna del Luna Park sobre la avenida Corrientes. José Froilán González siempre dio notas, sea para un estudiante de periodismo o un profesional. Te invitaba un café y con humildad te mostraba sus trofeos, entre ellos el más importante, que siempre impactó al verlo y cuya inscripción dice “Silverstone, 14 de julio de 1951”; es nada menos que el del primer triunfo de Ferrari en la Fórmula 1. Se cumplen 75 años y Pepe sigue siendo recordado con respeto y cariño en Maranello.
Ya emociona escribir estas líneas. Es que a Pepe o el Cabezón se lo recuerda con mucho cariño. Fue un grande del automovilismo y deporte nacional. Le tocó ser contemporáneo de Juan Manuel Fangio, si no es probable que hubiese sido campeón de F1. “La suerte es un factor fundamental… Yo tendría que haber sido campeón mundial en el ’51 y en el ’54, y sin embargo no lo fui”, reconoció. Pero él siempre puso por sobre todo su amistad con el balcarceño. Nunca fue un competidor suyo abajo del auto. Él mismo así lo quiso para darle a todo un aire de sencillez extraordinario. Esa actitud de buen camarada lo llevó a lo largo de los años a ser el argentino que más ayudó a sus compatriotas para poder llegar a la F1.
Cada vez que contaba sus historias remataba con clásico “te podrás imaginar”. Un personaje que se crió en un campo en Arrecifes y llegó a darle, tal vez, la máxima alegría deportiva a Enzo Ferrari. Por eso en Maranello es una leyenda. Por eso tuvo ricas anécdotas que sirven como un repaso de su historia.
“Mi padre era un boyerito y en 1922 fundó en medio del campo, a unos kilómetros de Arrecifes, un paraje que él denominó La Colonia. Nací el 22 de octubre de ese año en el mismo almacén que levantaron mis padres, Isidro José y Magadalena”.
Llegó hasta sexto grado y una vez le preguntaron:
-¿Dónde terminó los estudios?
-En mi casa, me echaron de todos los colegios.
Su “salvación” llegó con una enfermedad de su hermano Oscar. Los dos fueron anotados en el colegio San Carlos y cuando a mediados de año Oscar fue llevado a Arrecifes por haberse enfermado, Pepe se las ingenió para ser recibido también en el hogar paterno. Nunca más volvió a pisar un colegio.
Luego su papá dejó el almacén y con su cuñado Julio Pérez compraron la agencia de autos Suárez. Con 7.000 pesos en mano y el resto a pagar, el cartel fue reemplazado por González y Pérez. Ahí nació el amor del Cabezón por los coches.
Cuando Pepe fue “deportado” de todos los colegios, la agencia lo recibió como aprendiz de mecánico: limpió cárters, cambió elásticos (siempre se rompían hojas maestras) y repuso baterías. Así hasta que descubrió que ser el “pibe de los mandados” le dio dos ventajas: irse del taller en cualquier momento y manejar los autos de la agencia, con los cuales organizaba salidas nocturnas para correr picadas en el camino.

El 14 de diciembre de 1940, su tío Julio largó las Mil Millas, pero tuvo un vuelco que le costó la vida. Por ello la palabra “carrera” fue proscripta en su familia. Pero Froilán no se resignó y contó que “con el apoyo de un farmacéutico, Lucho García (amigo de la familia y dueño de caballos de carrera), debuté el 8 de agosto de 1946 en el Circuito de Carmen de Areco, pero con el sinónimo de ‘Canuto’. Gané todo. Punteé desde la primera hasta la última vuelta y barrí con todos los premios. Pagamos la vuelta a Arrecifes y, después de dejar el coche en el taller, me fui para casa, donde el ambiente no estaba nada cordial…”
“Alguien me vio en Carmen de Areco y le dijo a mi papá. No llegaron a pasar dos meses que se hizo una carrera en Arrecifes y no podía faltar. Entonces cambié el seudónimo y usé el de ‘Montemar’, que era otro de los caballos de Lucho García”, recordó. “El sábado fui al circuito, clasificó y a la tarde apareció mi papá en el taller… Lo trató de incitador a mi amigo Bernardo Pérez (también corría), a Lucho (García) le negó el saludo por dos años y yo me tuve que defender con una silla. Esa noche dormí en la casa de Ignacio García Veiga (padre del ex piloto el “Nene” Néstor Jesús). El domingo lideré la carrera, pero una biela me dejó en el camino”.
Aquella discusión con su padre hizo mella y dejó el taller. Se compró una chatita y empezó a transportar cerdos hasta el mercado de Liniers. Luego transportó granos y pasó sus días corriendo en la Fuerza Limitada (autos sin techo o tipo Fórmula) por circuitos bonaerenses. En 1947 se enteró de una carrera en el Circuito de Retiro que albergó a la precuela de la F1. En ese momento el trazado era uno de los más importantes y el Cabezón quiso correr en el pavimento porteño. “Hice la pole positions y al otro día llegué sobre la hora de la carrera. La Policía no me dejaba entrar porque los autos ya estaban dando la vuelta previa. Logré meterme en la grilla y no me dejaron cambiar las bujías antes de largar. A los pocos metros mi motor quedó en cuatro cilindros…”

“En 1947 empecé a correr en el TC, primero con un Dodge y luego con Chevrolet. Mi última carrera fueron las Mil Millas de 1948 donde me pasó de todo: doce horas antes se me rompió la tapa de cilindros. La reemplazamos por una de un camión que fuimos a buscar a Arrecifes. A todo esto nuestro camión de auxilio se incendió en Palermo, pero el fuego fue socorrido por un cuidador de los parques. En carrera venía bien y de pronto escuché la voz de Bernardo (Pérez), que era mi acompañante:
B-Pepe, ¿ves bien?
F-Sí, sí, se ve bien…
“A los minutos nomás, mientras Bernardo trataba de acomodarse los ojos para ver algo, se nos viene encima una curva de 90 grados… ¡Ni tiempo de hacer algo, nada! Era una esquina sin escape, así que rebajé como pude doblé. Empezamos a volcar en un potrero y acababa de detenerse el auto sobre el techo cuando no tuve mejor idea que decir: ‘Me caché en diez’, ¡No se veía un cuerno…!’. Bernardo casi me mata. Me salvó la gente, que nos puso el auto sobre las cuatro ruedas sin darnos tiempo a bajar. Volvimos al camino, pero se había torcido la dirección y el coche no andaba derecho ni de casualidad. Bernardo no quiso seguir y ahí nomás abandonamos… Fue la última vez que corrí en el TC”.
Ganador reiterado en la Fuerza Limitada, quiso medirse con los mejores del mundo. Participó de la Temporada Internacional de 1949 con una Maserati que le compró a José Farina en 150.000 pesos donde “casi me tuve vender yo”, recordó Froilán: “Liquidé los dos camiones que tenía, el auto de Fuerza Libre, y al cupé ’39 del TC. Por todo eso junté 100.000 y el Automóvil Club Argentino (ACA) puso el aval para los otros 50.000. ¡Las locuras que uno hacía por los autos de carrera!”
En su debut en Palermo quedó en el fondo, pero luego fue protagonista en Rosario y Mar del Plata. A fin de año ganó en Fuerza Libre en Mendoza y desembolsó unos 16.000 pesos. Cuando volvió a Arrecifes se encontró con la notificación del ACA para su ingreso en el equipo en la campaña europea de 1950.
“El equipo del ACA la verdad que era un lujo. Teníamos dos Simca, dos Maserati y dos Ferrari con compresor. Llegamos a Italia y en ese momento había solo 4.000 argentinos viviendo allá. Y por cada peso nuestro nos daban 125 liras”.
El equipo se llamó Aquiles Varzi (N. de la R: piloto italiano vinculado con los argentinos y que falleció en 1948) y la base estuvo en el taller de su padre en un pueblo llamado Galiatte, en una atmósfera romántica y alegre. Él, Fangio y el Negro Guzzi, del ACA, iban a andar en bicicleta. El único gran problema era el apetito de Pepe que creció en progresión geométrica a los kilómetros recorridos de vuelta a Galiatte. Froilán capturó cuanto Prosciutto di Parma anduvo suelto. “Mientras en el taller se mataban para alivianarme un día vino Nelo Uggolini (integrante del equipo) y me dijo ‘tú, Testone (Cabezón), comés si fueras un cochino’”, contó con gracia.

“Fue en la carrera de F1. Me empapé de combustible porque no me cerraron bien la tapa del tanque, que tenía dos seguros. Cuando el compresor mandó la llamarada por el escape se prendió fuego la cola y me prendí fuego yo… Pensé en doblar a la izquierda para zambullirme en el mar, pero giré a la derecha y con el auto en marcha me tiré al piso y comencé a rodar para apagar el fuego. Llegué al hospital con quemaduras de tercer grado y sobre el lado derecho un agujero en la piel. A los 20 días ya estaba corriendo otra vez”.
“La temporada de 1950 fue una pérdida de dinero para el ACA. Con el fin de recuperar el dinero se organizó la Temporada Internacional en febrero de 1951 frente al Aeroparque. La gente se iba a las seis de la mañana a ver los entrenamientos. Fue la vuelta parcial de Mercedes a las carreras y Fangio fue invitado por ellos junto a los alemanes Herman Kling y Karl Lang. Yo corrí con una Ferrari de dos litros. El 18 de febrero los tres Mercedes salieron adelante, pero a medida que pasaron las vueltas los fui cazando y los perdí de vista. En la segunda carrera, seis días más tarde, en la cuarta vuelta tomé la punta y no me vieron más”.

“Luego de ganar en la Costanera Norte y recibir el telegrama de Ferrari me embarqué con más ánimo hacia Europa. Ya le había ofrecido mis servicios al viejo (Enzo Ferrari), pero me dijo ‘cuando haya una oportunidad, lo llamaremos’. Él ya había formado su equipo oficial con Ascari, Villoresi, Taruffi y Serafini, que se accidentó y me llegó un telegrama para reemplazarlo en Reims. Allí lideré hasta que tuve que dejarle mi Ferrari a Ascari. Luego Ferrari estudió a fondo las planillas de Reims para ver cómo encarar el nuevo enfrentamiento con las Alfettas (apodos de los Alfa Romeo). Su decisión me salvó la vida: me hizo piloto del equipo con sueldo, participación en los premios, las primas de partenza (largada), la publicidad… De un día para el otro cambió mi vida. De la nada a un pie de igualdad con los pilotos italianos del equipo”.
“El deseo de Ferrari de ganarle a las Alfettas era mitológico. De esas máquinas se decía que eran imbatibles y la historia así lo venía demostrando. No perdían una carrera desde Trípoli, antes de la Segunda Guerra Mundial”.
Así rememoró aquel histórico 14 de julio de 1951. “En mi primera salida pista marqué minuto y 44 segundos. Mis compañeros no daban pie con bola. Miazza, mi mecánico, me preguntó si se podía bajar y llegué al minuto y 43 segundos. Era la primera vez que se superaban los 160 kilómetros de promedio. Largué adelante, del lado de la cuerda con Fangio, Ascari y Farina. La tensión fue tan grande que me quedé patinando. Perdí la punta, pero luego la recuperé. Juan (Fangio) era segundo y yo estaba a doce segundos adelante. Despacito se me empezó a acercar. Me alcanzó en la vuelta 25 y anduvimos rueda a rueda hasta la 75, que paró a cargar combustible. Dos giros más tarde entré yo. Le terminé ganando por más de un minuto”.
“Ni te cuento el recibimiento del viejo Ferrari en su vieja casa de Módena. Estaba casi tan emocionado como yo. Me dio un fuerte abrazo y me dijo ‘los pilotos no se hacen, nacen’. Ese día no solo me convertí en su primer piloto, si no que me regaló un hermoso reloj de oro que fue amuleto hasta el día que lo perdí… El 14 de julio de 1951 fue el día más importante de mi carrera deportiva”.
Sobre aquel recordado triunfo Pepe guardó una historia muy particular. “En esa época era todo amateur. Tené en cuenta que pocos años antes Europa estuvo en guerra. Entonces se armó un podio improvisado de madera, chiquito era, pero ahí se subió la Reina Madre que me entregó el premio. Estar allí con ella y que suene el himno argentino fue muy fuerte, te podrás imaginar”. Froilán se refirió a Isabel Bowes-Lyon y esposa de Jorge VI.
“Después de la primera temporada de F1 en 1950, un día nos recibió Perón y nos preguntó qué necesitábamos. Fangio me miró y le respondió: ‘Un autódromo, General’. La respuesta fue inmediata y positiva. Salimos de la Casa de Gobierno y llamamos por teléfono al ACA para darle la noticia. El lugar que nos propuso nos pareció ideal, eran unas 200 hectáreas en el Sur de la ciudad (Buenos Aires) y quedaba de paso hacia el Aeropuerto de Ezeiza. Luego con Juan dimos nuestras opiniones y en 1952 el autódromo fue una realidad. Siempre se lo agradecimos al General”. El 9 de marzo de 1952 se inauguró el Autódromo de la Ciudad de Buenos Aires Oscar y Juan Gálvez que fue sede de las veinte carreras de F1 en el país. Es el más importante de la Argentina y en la década del ’70 fue uno de los mejores del mundo.

“Luego de tres intentos tuve la suerte de ganar en 1954. Fue con una Ferrari de cinco litros de cilindrada. Ese auto traía una historia medio complicada. Ese año yo me fui de la Argentina antes que Fangio, bajé del avión y salí picando hacia Brescia para ver pasar a las Ferrari 5 litros, que debutaban en esa carrera… ¡No vi pasar a ninguna de las tres! Farina, Giannino, Marzotto y Fagioli se fueron del camino…”
“La primera vez que me subí a ese auto fue en Silverstone, donde Enzo Ferrari llamó a Uggolini y le dijo que probara el auto yo. Me mandé el mejor tiempo delante de los Jaguar de Salvadori, Moss y Hamilton, y en carrera, bajo la lluvia, los volví a superar y les gané por un campo… Me acuerdo que para que tuviera estabilidad la cargué una bolsa de arena bien mojada con agua”.
“Después de esa experiencia no quedaron dudas de que la máquina era buena. Le mandé un telegrama a Juan (Fangio) para que aceptara correr conmigo en Le Mans, pero no tuve respuesta. Cuando llegó el momento de decidir las parejas comenzaron a buscar uno que fuera de mi estatura y me tocó Maurice Trintignant. Ganamos, pero con susto. En el último turno suyo, Trintignant, se olvidó de cerrar la toma dinámica de los carburadores bajo la lluvia (corrieron con agua la mayor parte de la carrera). Cuando paró en boxes no había modo de hacerla arrancar porque el magneto se había empapado… Casi la perdemos. Hamilton, con uno de los Jaguar del equipo oficial, se acercó tanto que le ganamos por poco más de un minuto”.
“De esas Ferrari, dos se vendieron a personas de Estados Unidos. Y la tercera vino a la Argentina. La tuvo Milán, luego Sáenz Valiente… No sé dónde podrá estar…”
Pasaron 67 años para que un argentino vuelva a ganar otra vez la clasificación general de las 24 Horas de Le Mans y fue José María “Pechito” López en 2021, con Toyota.

“En 1957, Tony Vanderbell me mandó un giro por 1.000 libras esterlinas para que corriese el Gran Premio de Inglaterra. Una vez allá me quiso enganchar con un contrato, pero ya no tenía más ganas de seguir corriendo… Ya había hecho mucho y sufrido lo mío. Con decir que para correr en Silverstone me tuvieron que firmar el permiso en el Congreso porque estaba interdicto por el Gobierno de ese entonces”. Dos años antes Perón fue derrocado y se exilió. Pepe y Fangio fueron dos de los deportistas apoyados por el General. En 1960 corrió en Buenos Aires su última carrera donde fue décimo con una Ferrari en el Gran Premio de F1 de la República Argentina.
“Tenía la idea de que el futuro del TC eran los autos compactos. Y justo me vino a ver Aldo Bellavigna (constructor y preparador). Le propusimos la idea al ACA y traje de los Estados Unidos un Chevrolet Súper Nova de dos puertas. Ahí nació el Chevytú. Elegimos a Jorge Cupeiro porque lo había visto en una carrera y me gustó cómo manejaba, lo prolijo y rápido que era. El auto debutó en Buenos Aires, en 1964 (12 de abril) y el Gallego anduvo bien (ganó su serie), pero en la final abandonó por fallas mecánicas. En 1965 peleó el campeonato. Hubo algunos que me dijeron que estaba loco, aunque a los pocos años ese tipo de autos reemplazó para siempre a las cupecitas”.

Nunca tuvo celos de las jóvenes camadas. Siempre ayudó a los argentinos para poder llegar a la F1 o darles una mano en Europa. Por citar tres ejemplos, intercedió ante Enzo Ferrari para pedirle una oportunidad para Oscar Larrauri en 1982. Le dio una mano a José María López en 2007 en la Scuderia y el cordobés representó a la marca italiana en algunas carreras de larga duración. Y también aconsejó. En una reunión con Esteban Tuero en 1993, le dijo: “Hay que leer, hay que estudiar. Fijate que hoy es distinto que en nuestra época. Hoy los pilotos manejan computadoras, opinan sobre técnica. Hay que tener una buena base porque es fundamental”.
Froilán falleció el 15 de junio de 2013 a los 90 años. Hasta sus últimos días estuvo acompañado por su mujer Elena. De forma increíble no hay un autódromo a nivel nacional que lleve su nombre. Sí hay uno zonal en Villa Ángela, en el Chaco. Tampoco en los últimos años hubo alguna carrera del TC u otra categoría importante cuyo nombre sea “Gran Premio José Froilán González”. El automovilismo argentino está en deuda con él.
“No quise recuperar ninguno de los autos con los que corrí porque me hubiera hecho muy mal. Es mejor no verlos más, como si nunca hubieran existido”, respondió una vez sobre por qué no compró alguna de las máquinas de sus proezas. Es que él siempre prefirió guardar lo vivido en el corazón y contarles sus anécdotas a todos. Cada vez que lo hizo se emocionó y contagió ese sentimiento. Se podrán imaginar.

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El emotivo mensaje de Lionel Messi previo a su despedida

Lionel Messi. Foto: Instagram @LeoMessi
El capitán de la Selección Argentina, Lionel Messi, publicó este martes un mensaje de agradecimiento a su país antes de disputar ante Benín su último partido con la camiseta albiceleste, en una jornada histórica que marcará el cierre de más de dos décadas de trayectoria con el conjunto nacional.
“Gracias Argentina”, escribió Messi en una historia publicada en su cuenta de Instagram, acompañada por una fotografía en la que aparece besando la camiseta especial que utilizará en su último encuentro con la selección.
El delantero rosarino disputará hoy su partido número 208 con Argentina, en un amistoso ante Benín que comenzará a las 20:00 hora local (23:00 GMT) en el estadio Monumental, en Buenos Aires, con las entradas agotadas.
Messi completó este lunes su último entrenamiento con la selección argentina, poco más de 24 horas antes de cerrar una etapa que comenzó en 2005 y que incluye la conquista del Mundial de Catar 2022, las Copas América de 2021 y 2024 y la Finalissima de 2022.
El estadio abrirá sus puertas a las 16:00 hora local (19:00 GMT) para recibir a los aficionados y el evento incluirá música, espectáculos en vivo y la presencia de invitados y varios de los compañeros que compartieron con Messi los principales éxitos de la selección.
El encuentro será también el cierre de una serie de tres amistosos de Argentina, que en los últimos días derrotó a Bolivia por 4-0 y a Burkina Faso por 7-0, ambos sin la presencia de Messi, en partidos que el seleccionador Lionel Scaloni aprovechó para probar nuevos futbolistas y variantes.
Benín llega al partido tras empatar 1-1 ante Burkina Faso y derrotar por 2-1 a Mauritania en sus últimos compromisos.
Para los ‘Cheetahs’, el encuentro representa también una ocasión especial por enfrentar por primera vez a Argentina y participar en la despedida del capitán albiceleste.
“Es una locura para nosotros, es una gran oportunidad estar aquí”, declaró el capitán de Benín, Steve Mounié, quien destacó la posibilidad de disputar el último partido de Messi.
El delantero debutó con la selección absoluta el 17 de agosto de 2005, en un amistoso ante Hungría. Tras más de dos décadas con la Albiceleste, acumula 207 partidos, 125 goles y 68 asistencias, según los datos difundidos por la AFA, y es el máximo goleador histórico del combinado argentino. EFE
Lionel Messi,Selección Argentina
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Fue leyenda del Benfica y liquidó a Cristiano Ronaldo: «Es un ególatra» :: Olé

Rompió el silencio, pero sigue sin conformar a muchos de sus compatriotas. Tras abandonar la concentración de Portugal por diferencias con su entrenador, Cristiano Ronaldo publicó un extenso texto con su versión de los hechos. Sin embargo, una leyenda del Benfica lo liquidó.
Se trata de Antonio Simoes, ex futbolista que vistió la camiseta de Las Águilas entre 1961 y 1975. » A veces tenemos la sensación de que es un ególatra, que solo piensa en sí mismo«, disparó en un evento que se llevó a cabo en el Parque Lux Lisboa.
A pesar de su malestar, sostuvo que CR7 debería tener una despedida a la altura de su carrera. » Pedimos sentido común. Tolerancia. Todos tenemos conflictos. Si Cristiano quiere hacerlo, démosle esa oportunidad. No estoy aquí para defender a Cristiano ni a Jesús, ni a nadie más, estoy defendiendo el sentido común. Que se reúnan, hablen y lo resuelvan. Qué bonito sería. Esa es mi gran esperanza, que esto suceda», insistió.
Luego, reiteró: «Es mejor encontrar la manera de lograr la paz que continuar con la guerra. Esto no tiene sentido. Si se dan las condiciones para que regrese, que vuelva, pero que sea bienvenido, no solo por unos pocos que se esconden. No tenemos por qué tomar partido. Démosle la oportunidad, especialmente, de tener una despedida digna a su estatura y prestigio«.
A su vez, reconoció: «Este jugador tiene toda una trayectoria. Es maduro, es un hombre, debería encontrar la manera de pensar que no es un ególatra. No se trata solo del gol, se trata del juego. Estas cosas tienen que ser parte de él. Si lo entiende, tendremos una hermosa fiesta de despedida. ¿Quiere jugar? Ya veremos. Depende del entrenador decidir si está en condiciones de hacerlo o no».
El comunicado completo que publicó Cristiano Ronaldo para dar su versión de los hechos
«Como prometí, decidí relatar, en primera persona y directamente, las circunstancias que rodearon la última etapa del viaje de la Selección Nacional.
Después del Mundial de 2026, preparé una carta al pueblo portugués, que aún conservo, con las palabras que quiero dirigirles cuando deje definitivamente nuestro equipo. Al final de la competición, en el vuelo de regreso desde Estados Unidos, el Presidente de la Federación me pidió e insistió en que reconsiderara mi decisión de irme porque la FPF quería que continuara.
Inmediatamente después, me pidió mi opinión sobre el nombre del actual entrenador de la Selección Nacional, a quien estaba considerando, junto con otros nombres que no me reveló. Le respondí al Presidente de la Federación que, en mi opinión, sería la elección correcta. Por lo tanto, el día en que se presentó al actual Entrenador de la Selección Nacional, me sentí realmente feliz con la elección. Fue la opción correcta, como lo demuestran los resultados.
Unos días después, recibí un primer contacto del nuevo entrenador de la selección nacional diciendo que le gustaría reunirse conmigo personalmente. Respondí que sí, y lo programamos para el final de mi vacaciones. Nos encontramos en la Ciudad del Fútbol, donde mi club estaba realizando su campamento de entrenamiento de pretemporada.
Ese día, el entrenador me dijo que contaba conmigo y que mi presencia era fundamental para su proyecto. Me presentó un plan para mi participación en ese mismo momento. Me dijo que jugaría el primer y el último partido y que, por cuestiones de preparación física, siempre haría tres o cuatro cambios por partido.
En ese momento, me sugirió que no viajara con la selección a Noruega y Dinamarca. Me propuso jugar el primer partido y quedarme en Portugal, para luego reincorporarme antes del partido en el estadio Dragão. Rechacé la propuesta de inmediato. Me pareció obvio que no podía aceptarla. No jugar los partidos en el extranjero no significaba que no sería capitán del equipo. Ese privilegio de quedarme en Portugal no sería un buen ejemplo. Finalmente, el entrenador estuvo de acuerdo con mi análisis.
A esta conversación asistió Simão Coutinho, el director deportivo del Al Nassr, la persona a quien el actual seleccionador nacional reportó durante toda la temporada pasada y uno de los responsables de su fichaje por el club en 2025.
En la víspera de la concentración, el seleccionador vino a mi casa en Lisboa para hablar conmigo de nuevo, a petición suya. La conversación fue tranquila y se mantuvieron todos los principios acordados en agosto. Jugué el partido en Alvalade, y aunque fui sustituido, no causé ningún problema. Personalmente le puse el brazalete de capitán a Bruno Fernandes, lejos de imaginar que podría estar dando mis últimos pasos como atleta y capitán de la selección nacional. Lo importante de ese día, para mí, fue nuestra victoria. Ganar siempre es bueno, en Portugal y para mi país, aún mejor.
A la hora del almuerzo del día del partido en Noruega, un asistente del seleccionador nacional se acercó a la mesa donde el grupo estaba almorzando y me informó de que el seleccionador quería hablar conmigo. Para mi absoluta sorpresa, el entrenador me preguntó si estaba bien para jugar 30 minutos. Estaba completamente concentrado en mi recuperación física, integrado con mis compañeros como siempre, y pensando que no jugaría ese día. No había problema.
Esta petición estaba fuera de mi plan de recuperación y entrenamiento físico, ya que solo iba a jugar el 4 en el estadio Dragão, pero obviamente dije que sí. Él respondió que debía estar preparado porque jugaría 30 minutos. El resto es historia. Calenté desde el descanso, vi pasar los minutos y no me llamaron. El entrenador había roto su palabra.
Al final del partido, solo quería que todo terminara con una victoria y estar solo. No fui a saludar a los aficionados. Un error que es únicamente mi responsabilidad y que no debería haber ocurrido. Pido disculpas al pueblo portugués que nos apoyó intensamente allí, pido disculpas a los aficionados y pido disculpas a quienes, sin ser portugueses, viajaron hasta allí para verme y a quienes pude haber decepcionado.
Cuarenta y ocho horas después, tuvimos una conversación: yo, el entrenador y Simão Coutinho, ya que había estado siguiendo nuestras conversaciones en agosto. Fue un momento profundo y muy franco, sin filtros. Acordamos que solo había una manera de cerrar este «caso»: que el entrenador repetiría lo que me acababa de decir en privado, en presencia de Simão Coutinho, pero en la sala de prensa.
El acuerdo era simple: el entrenador comenzaría la rueda de prensa con este tema, intentando zanjar el asunto diciendo la verdad. Diría que yo nunca pedí jugar ningún minuto, que fue el entrenador, y nadie más, quien propuso el plan para esta concentración, y que fue un error hacerme calentar solo para no jugar, y que si volvía a suceder, no lo haría.
Terminamos esa reunión con el entrenador pidiéndome un abrazo, prometiéndome que diría en la rueda de prensa lo que me acababa de decir, y que el asunto estaba resuelto. No jugaría en Dinamarca, pero sí en el partido contra el Dragão. Todo esto tuvo lugar en presencia de Simão Coutinho, como siempre.
A petición del entrenador, se celebró una videoconferencia entre él, Simão Coutinho y Tiago Craveiro, en la que se resumió lo que habíamos hablado. Se elaboró un breve documento, que yo mismo revisé y que, con mi conocimiento, se le entregó al entrenador, tal como él había solicitado.
La conferencia transcurrió como se esperaba: su actitud no tenía nada que ver con nuestra reunión; percibí expresiones y agresividad que considero inmerecidas, una actitud de «yo quiero, yo puedo y yo mando» que jamás me había mostrado, ni siquiera remotamente, en privado, el día anterior.
Las notas que validé fueron las siguientes: ‘Creo que es importante, porque es la verdad, aclarar algunas cosas antes de hablar de Dinamarca:
1. Yo personalmente propuse un plan para Cristiano, sin nadie más, para él en esta temporada deportiva con la Selección Nacional. Fue una conversación larga y muy buena.
2. Sé cuánto vive y ama a la Selección Nacional y el peso que tiene en el mundo, aún más, el peso y la influencia positiva que ha tenido en la Selección Nacional durante 24 años consecutivos.
3. El plan que le propuse a Cristiano fue aceptado.
4. Nunca cuestionó mis decisiones. Fue ejemplar, leal y profesional.
5. El partido de Noruega no estaba incluido en el plan que le tracé. Sin embargo, sentí que había logrado recuperarse físicamente del primer partido y le advertí que podría tener que usarlo. Cristiano estuvo de acuerdo.
6. Cometí un error al poner a alguien de la talla de Pelé o Maradona a calentar solo para no ponerlo en el partido. Si fuera hoy, no lo haría.
7. Para concluir: Quiero a Cristiano en la Selección Nacional. «En realidad, no quiero poco, quiero mucho. Por suerte, él también cree en mí. Creía en Al Nassr y aquí también.
8. Respecto a no saludar a la afición. Ya hemos hablado de eso. Alguien que juega más de 230 partidos con la Selección Nacional no recibe lecciones de amor por Portugal de mi parte. Fue un momento de frustración que no borra nada. Es el jugador que más autógrafos da, más selfies se toma y más cariño muestra a la afición. No inventemos problemas donde no los hay. Cuando no estamos contentos, reaccionamos. Eso es todo.»
Ninguna de esas notas, por lo tanto, decía que el entrenador se hubiera disculpado conmigo. Era la segunda vez que rompía mi palabra.
Decidí abandonar el campo de entrenamiento sin esperar otra promesa incumplida. Para mí, la verdad sigue siendo lo más importante en las relaciones interpersonales. Por mucho que duela, quiero que me digan la verdad.
De hecho, en una conversación que tuve con el presidente de la Federación Portuguesa de Fútbol y el entrenador la mañana de esa rueda de prensa, que seguramente pueden confirmar, reafirmé que si no me querían allí, simplemente debían decírmelo. Solo necesitaban ser sinceros conmigo. Yo lo aceptaría y prometí que prepararíamos algo hermoso, como sueño que sucederá, y nadie se enfadaría.
Lo recuerdo como si fuera ayer. Respondieron al unísono que no. Que mi lugar estaba en la Selección Nacional.
N unca, en ningún momento, he interferido en ninguna decisión técnica o táctica de ningún entrenador o seleccionador nacional en casi 25 años de mi carrera. Acepto, para bien o para mal, lo que proponen hacer. Respeto la decisión, y cuando rompen mi palabra, siento que mi lugar no está ahí.
También les debo una disculpa a mis compañeros de la selección nacional por abandonar la concentración. A pesar de la absoluta falta de confianza en la palabra del entrenador, como cualquiera que haya presenciado estas conversaciones puede atestiguar, no debí haberlo hecho. La responsabilidad es exclusivamente mía.
Me disculpo una vez más con el pueblo portugués, pero romper mi palabra tiene un impacto determinante en mí. Sentí que, a partir de ese momento, mi permanencia solo perjudicaría al equipo, e hice lo que siempre dije que haría si no me sentía útil: hice las maletas y me fui.
Las consecuencias de mis actos deben ser evaluadas y sancionadas por la Federación Portuguesa de Fútbol. Creo que el castigo no debe atenuarse. No soy un jugador cualquiera; soy el capitán del equipo, y eso es un factor agravante. Ya me he disculpado, pero sé que los actos deben tener consecuencias. Cualquiera en el fútbol, como yo, sabe que, independientemente de la posición individual, las reglas son las mismas para todos.
En este sentido, he oído mucho sobre partidos de despedida, que necesito una despedida digna, y que la Federación quiere darme esa oportunidad.
Aprendí en la vida, a menudo con hambre y sin nada que comer, que nadie le da nada a nadie gratis. Puedo prometer a todos mis seguidores, naturalmente y especialmente a todo el pueblo portugués, que jugaremos uno o más partidos de despedida; habrá tiempo para eso.
Pero cuando pienso en la selección nacional, en lo que realmente pienso es en competir. Eso es lo que pensé el día que recibí la noticia de la muerte de mi padre. Estaba en el campo de entrenamiento con nuestra selección nacional y decidí quedarme allí hasta que terminara el partido del día siguiente. Hice por el país lo que nunca haría por ningún club.
Por lo tanto, si estoy en buena forma física, jugando para mi club y, con suerte, marcando goles, después de cumplir mi sanción, estaré disponible, como siempre lo he estado, para competir y ganar con nuestra Selección Nacional.
Créanme, esta es la pura verdad».
Cristiano Ronaldo
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Leo Messi, capitán hasta el final, así fue su última arenga a Argentina: ‘De esa manera disfrutamos’

Lionel Messi quiso ejercer de capitán hasta el último momento. Antes de saltar al césped del Monumental para disputar ante Benín su último partido con la selección argentina, el ’10’ reunió a sus compañeros a la salida del túnel y encabezó la arenga previa al encuentro.
Las cámaras captaron el tramo final de su mensaje, recogido por La Nación. Pese a tratarse de un amistoso y de una noche pensada como homenaje, Messi pidió concentración al grupo y repitió la idea que ha guiado toda su carrera: jugar bien, ganar y disfrutar.
«… vamos a concentrarnos, jugando bien, pasándola bien, con la pelota, haciendo goles, ganando. De esa manera disfrutamos, eh», se le escuchó decir a sus compañeros justo antes de que el equipo saliera al campo, con él al frente por última vez.
Una noche de despedida
La arenga puso el broche a una jornada cargada de emoción en Buenos Aires. Por la mañana, Messi recibió el doctorado Honoris Causa de la Universidad de Buenos Aires. Por la tarde, una multitud acompañó al autobús de la selección en su trayecto hasta el estadio, y la AFA invitó a los campeones del mundo de Qatar 2022 a acompañar al capitán.
El rosarino, de 39 años, anunció su retirada de la selección el 31 de agosto, después de perder la final del Mundial 2026 ante España. «Me vacié, ya no tengo más para dar», escribió entonces. Llegaba a su último partido como el jugador con más títulos, más partidos (207) y más goles (125) en la historia de la Albiceleste, 21 años después de su debut con la absoluta.
En el once de Lionel Scaloni le acompañaron muchos de los futbolistas con los que lo ganó todo, entre ellos Nicolás Otamendi, que también se despide esta noche de la selección.
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