DEPORTE
Silbidos, aplausos, un gesto de Paredes y el llamado de Riquelme: lo que no se vio de la vuelta de Sebastián Villa a la Bombonera

Fue antes del choque por Copa Sudamericana en La Bombonera
Los jugadores están en el campo de juego llevando a cabo la entrada en calor. Álvaro Montero, cuando se dirigió al arco, fue recibido con aplausos por casi todos los hinchas. Cuando asomó la cabeza Leandro Paredes, la cancha directamente se vino abajo. Cuando la voz del estadio (con el tema Nuestro amo juega al esclavo de Los Redonditos de Ricota como guiño al Indio Solari tras su fallecimiento) recitó los apellidos de los titulares de Boca, fueron muy reconocidos los juveniles Dylan Gorosito, Milton Delgado y Tomás Aranda, mientras que también imantó muchas palmas el uruguayo Miguel Merentiel. Sin embargo, todo estuvo más repartido cuando mencionaron a Sebastián Villa con la casaca 22. El regreso del ex Independiente Rivadavia, que dejó atrás una causa por violencia de género y se había postulado hace un par de mercados para jugar en River, no pasó desapercibido.
Si bien algunos fanáticos xeneizes lo aplaudieron, también se hicieron sentir algunos silbidos en la Bombonera cuando dijeron su apellido. Juan Román Riquelme, en las horas previas al debut del equipo en Copa Sudamericana, se había referido a la contratación de Villa, que demandó una inversión de 7 millones de dólares: “Cuando estuvo en el club, vivimos momentos bastantes raros. Muchas veces, cuando un compañero tenía que ir a declarar, lo mandaban un día en que no había partido. A Sebastián lo mandaban a declarar los días de partido. Con él fuimos muy claros: si era sentenciado acá no jugaba más. Ya cumplió su sentencia. El entrenador quería un delantero y reúne las condiciones. Ya tiene la ventaja que conoce todo”.
La banca del presidente, que hace algún tiempo lo señaló públicamente como “el mejor jugador del fútbol argentino”, fue un anticipo de lo que haría el subcampeón del mundo Leandro Paredes, que recibió una plaqueta por parte del Chelo Delgado antes del encuentro y una ovación cada vez que se acercó a un córner para lanzar un tiro de esquina. Fue al minuto 57 de partido que Villa retrocedió hasta la posición de Lautaro Blanco y ganó un lateral a favor, maniobra que fue reconocida con aplausos por la gente. Al unísono, Paredes levantó los brazos y también aplaudió en señal de arenga hacia el público. No fue un gesto más, fue todo un mensaje: “Hoy Villa juega para nosotros y hay que bancarlo a muerte”, pareció decir con su ademán.
Villa aplaudido en la bombonera
En un partido bastante discreto, donde a Boca pareció quedarle chica la diferencia pensando en la revancha que se disputará en Chile la próxima semana, Villa mostró las condiciones y el desnivel al que tenía acostumbrado al hincha xeneize. Parece tener una marcha más que el resto y, cuando encuentra espacios, da la sensación de que puede lastimar desde el plano personal o con una asistencia. No estuvo fino en los metros finales, pero es evidente que para el Vasco Arruabarrena será titular indiscutido. El DT lo sustituyó recién al minuto 90 para darle ingreso a Kevin Zenón. Ahí la atmósfera fue otra. Con el resultado en el bolsillo y una aceptable tarea del extremo de 30 años, los hinchas se dejaron llevar y primaron los aplausos por sobre algún silbido más aislado que los de arranque. De hecho, Villa levantó su mano para saludar a varios fanáticos que le gritaron desde la popular baja, donde se hizo un guiño al seleccionado nacional con una réplica de la bandera con la frase “Las Malvinas son argentinas” que desplegaron los jugadores en Atlanta tras eliminar a Inglaterra, y el sector de palcos.
“Para Sebastián es su vuelta, por momentos el campo no ayudaba mucho. Aporta el desequilibrio, la velocidad, el uno contra uno, con el tiempo se va a conocer con sus compañeros”, analizó Arruabarrena sobre Villa en conferencia. Y da la sensación de que va a ser un hombre clave dentro del plantel que aspirará a ser protagonista en el ámbito internacional tras la frustración por la eliminación de la Libertadores, pero también está obligado a luchar en el plano doméstico con el Torneo Clausura (debutará el domingo como visitante de Deportivo Riestra) y la Copa Argentina (irá ante Vélez por octavos de final).
“Hice un gran trabajo, un gran esfuerzo y creo que la gente lo vio. Por ahí pedirle disculpas a toda la hinchada, de pronto, si se sintieron ofendidos en algún momento, pero yo siempre quise estar aquí en mi casa y lo voy a demostrar dentro de la cancha”, fue lo que declaró Sebastián Villa post partido ante el micrófono de ESPN. La referencia no fue para su episodio con la justicia sino claramente para la que hoy seguro sea considerada una desafortunada frase de él mismo cuando afirmó que no tendría problema en jugar para River si lo buscaba Marcelo Gallardo (en ese entonces entrenador millonario).
Ya con un camperón para cubrirse del frío debido a que había salido de la cancha en los instantes finales, a Villa lo poncharon las cámaras de la transmisión oficial con un teléfono celular que le acercó un auxiliar. Del otro lado de la línea estaba el mismísimo Riquelme, que se tapó la boca para evitar la lectura de labios, pero seguramente lo felicitó por su reestreno con la camiseta azul y oro. Román, que vio el partido desde su palco junto a los entrenadores de la Reserva e inferiores Mariano Herrón, Pablo Ledesma y Claudio Morel Rodríguez, pasó el frío entre mate y mate, se marchó conforme con la victoria y confiado de que Villa, tarde o temprano, dará rédito deportivo.
El éxito futbolístico de Villa hará que sus errores del pasado no estén tan latentes. Su vuelta a la Bombonera fue un anticipo de cómo reaccionará el hincha en el futuro frente a su figura: si registra buenos rendimientos, marca goles y el equipo gana, aquella frase “si me llama Gallardo, viajo mañana” se perderá en el olvido.
DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
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DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
North America,Sport,Tennis
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