CHIMENTOS
Carlos Rottemberg habla del libro que escribió por sus 50 años de teatro: “Es incómodo, toca temas políticamente incorrectos”

Carlos Rottemberg tiene 69 años, tres hijos y cincuenta años de oficio como productor encima. A los 8 años definió su vocación. A los 18 años entendió que el teatro era su destino de vida. A esa edad —corría 1975— su primera reunión de negocios fue con Alejandro Romay, nada menos. Más de veinte millones de espectadores después, es el propietario del Multiteatro y fue uno de los referentes más reconocidos de la Asociación Argentina de Empresarios Teatrales (AADET).
Ahora suma un nuevo capítulo a su historia: Pasen y lean, su tercer libro, publicado por Editorial Losada, donde repasa medio siglo de vida teatral con nombres propios, anécdotas sin filtro y algunas preguntas que él mismo define como políticamente incorrectas.
La presentación oficial será este martes11 de agosto a las 18 horas en el Teatro Liceo, con la presencia de Any Ventura y Pablo Sirvén, y la lectura del prólogo a cargo de Saula Benavente, viuda de Luis Brandoni, quien falleció el 20 de abril pasado, apenas días después de haber escrito este texto y leérselo por teléfono a su autor.

— ¿Qué te motivó a escribir este tercer libro autobiográfico?
— El primero, hace casi 30 años, fue un pretexto para aprender a usar la computadora. Daniel Divinsky, de Ediciones de la Flor, se enteró de que yo estaba practicando mi biografía para mí mismo y me dijo que la quería publicar. Así salió No hay más localidades. El segundo, Vivir entre butacas, lo escribieron los periodistas Hugo Paredero y Carlos Ulanovsky por encargo de Paidós para celebrar mis 40 años en la actividad. Yo no escribí nada: me enteré del resultado como cualquier lector, con unos 60 o 70 testimonios de gente del medio que hablaban de mi carrera. Este tercero nació de otra manera. Terminé una nota con el periodista Alejandro Cruz para La Nación y él me dijo: “¿Por qué no escribís la continuación de No hay más localidades?” Yo le dije que para qué, si la gente ya tenía los dos anteriores. Pero en el verano, en Mar del Plata, casi sin darme cuenta, empecé a escribirlo. Cuando terminó el verano, lo terminé.
— El libro arranca con una trompada emocional: el prólogo es de Luis Brandoni. ¿Cómo se gestó?
— La editorial me pidió un prólogo y yo quise que lo escribiera una periodista que me conociera pero que no tuviera ningún vínculo cotidiano conmigo, para que no tuviera que sentarse con ningún compromiso. Me acordé de Laura Ventura, que hace diez años se fue de Argentina. La contacté y aceptó. Eso ya estaba cerrado cuando, en febrero, invité a Brandoni al Estrella de Mar en Mar del Plata. Ese día me dice: “Pibe, ¿es verdad que estás escribiendo un libro? El prólogo te lo hago yo”. Ya tenía cerrado el de Laura, pero era ni más ni menos que Beto Brandoni proponiéndomelo. Hablé con Laura y me dijo: “¿Cuál es el problema? Hablá con la editorial y dejá dos prólogos”. La editorial aceptó. El viernes 3 de abril, Viernes Santo, me llamó Beto y me leyó el prólogo por teléfono. Me emocioné, le agradecí, y le dije que se lo mandara a la editorial, cosa que hizo Saula (Benavente, la pareja del actor). Nadie podía imaginarse que ese iba a ser el último regalo de mi amigo. El 11 de abril, una semana después, tuvo el accidente que derivó en su muerte.
— ¿Quién fue tu maestro como productor?
— Cuando alguien me pregunta quién fue el que más me enseñó, la respuesta es Guillermo Bredeston. Es el único al que llamé maestro. Fuimos socios, pero además amigos. Nunca firmamos un papel. Siempre de palabra.

— Además, lo acompañaste hasta el mismo momento de su muerte luego de una larga e injusta enfermedad…
— Guillermo estuvo muchos años postrado. Su familia, Nora (Cárpena), y sus hijas Lorena y Nachi, estuvieron permanentemente con él. Yo lo iba a buscar, dábamos la vuelta en el auto, con el celular en altavoz, y organizaba quiénes iban a participar de la charla para que él pudiera escuchar, porque su problema era que no podía hablar. Se alimentaba con un botón gástrico, pero lo disfrutaba. Entonces yo lo repetía, y su familia lo preparaba para esas salidas que eran ir hasta el centro, hasta los teatros. Y yo sabía por Nora que Guillermo quería comer pizza. El tema era el temor a que se atragantara. Un día no le hice caso a Nora. Le dije a Guillermo: “¿Hacemos una macana juntos?” Me dijo que sí con la cabeza. Le corté la pizza en pedacitos chiquitos, miguitas casi, y se comió no una sino dos porciones. Cuando volví a su casa y se lo dije a Nora, me empezó a gastar: “¿Pero cómo hiciste eso?“… ”Pero mirá cómo volvió. Volvió con todo”, le dije. . Fue una de esas cosas que a mí me quedaron para siempre. Y también tuve el privilegio de ser el depositario de ir a retirar sus cenizas de la cochería.
— ¿Es cierto que cuando tenés invitados a cenar a tu casa los recibís en pijama?
— No soy excéntrico, que quede claro. Eso empezó hace más de treinta años con Alejandro Romay. Un día tuve un episodio de estado vagal, una bajada de presión que te obliga a estar en cama. El médico me dijo que me duchara, tomara una pastilla y me quedara acostado. Esa noche tenía una cena en casa y no la suspendí, pero no tenía fuerzas para vestirme. Me quedé en pijama. Al día siguiente, Mirtha lo contó en su programa del mediodía, que yo producía: “Anoche comimos sobre la cama. Me recibió en pijama”. No fue premeditado. Quedó, y la gente empezó a venir en pantuflas a casa justamente por eso. Incluso esta semana Diego Ramos lo contó al aire y al día siguiente me dejó una notita con un paquetito que decía: “La comida estuvo riquísima. En pijama, y te regalo uno”. A Mirtha, cada vez que viene la recibo en pijama y me dice en la puerta: “Mirá cómo vengo toda producida y mirá cómo estás vos”. Y yo siempre le contesto lo mismo: “Pero hoy me duché”.

— Si, como se suele repetir, Mirtha y Susana son las divas de la televisión y Graciela Borges la del cine, ¿quién es la gran diva del teatro?
— Te voy a dar un dato que muy poca gente tiene. La actriz que más entradas vendió en estos cincuenta años de teatro es Thelma Biral. Hizo temporadas enormes, todos los años llenando teatros. Lo último fue Brujas, pero antes de eso ya era la actriz más taquillera que tuvo el teatro en las últimas cinco décadas. No se conoce mucho, porque el teatro tiene mucho menos dinamismo mediático que el cine y la televisión. Después está Moria, que llena teatros casi todos los años con una continuidad notable. Y desde el punto de vista del prestigio, en su momento se lo llevó Norma Aleandro. Pero el teatro reparte distinto. Hay un capítulo que llamé “cooperativismo” justamente por eso.
— Escribiste que este libro es más incómodo que el primero. ¿En qué sentido?
— Es que tiene 30 años más de historia y es incómodo porque toca ciertos temas que hoy se llaman políticamente incorrectos, incluso algunos que no me convendría contar sobre mi propia actividad. Con nombres propios, siendo siempre cuidadoso en las formas, pero sin esconder nada. Como cuando me refiero al futuro del teatro industrial, como que a veces pienso si a la calle Corrientes, con el teatro, no le puede pasar lo mismo que a Lavalle con el cine. Cuando lo retomé en abril para editarlo, después de haberlo dejado un mes, le dije a mi mujer: “Sentí que por primera vez hubo alguien con un grabador escuchando todo lo que pasa en la oficina y todo lo que se dice”. Eso me gustó. Lo sentí honesto. Y lo escribí cien por ciento yo, sin que nadie me corrija una coma. Además, la mayor parte de las trescientas páginas las grabé en el celular y después volcaba el audio a texto. Por eso es un libro que escribí en el teléfono y lo hice oralmente.

— ¿Podría suceder que Corrientes terminara sin teatros como Lavalle sin cines?
— Me preocupa. En los años 50 empezaron a demolerse los teatros de la calle Corrientes: el Apolo, el Politama, el Marconi en Rivadavia. Edificios clásicos inmensos. A tal punto llegó la situación que se sancionó la ley 14800, que impide al propietario de un teatro demolerlo si no construye otro de similares características. Esa ley, que nunca se reglamentó, es la que muchos creen que frenó las demoliciones. Pero lo que realmente las detuvo fue la aparición de la televisión abierta en los 50. Cuando uno piensa en las compañías que sostenían esos edificios enormes, hay que entender que existían cabezas de compañía que eran el paraguas de todo el equipo: Olmedo, Porcel, Calabró, Juan Carlos Mesa, China Zorrilla, Luis Brandoni, Pepe Soriano, Antonio Gasalla. Cada vez que muere o deja la actividad una cabeza de compañía, se está cayendo un futuro espectáculo con continuidad y convocatoria. Y no se está reponiendo. Esa popularidad la dio la tele abierta y duró muchos años. El día que murió Beto Brandoni dije: “Uy, otra cabeza de compañía”.Se lo comenté a un colega tuyo: “Dentro de unos años a ustedes les van a faltar las personalidades para hacer las necrológicas”. Es un paralelismo con lo que le pasa al teatro.
— ¿La dedicación al trabajo te pasó factura en lo personal?
— Al contrario, tengo una familia maravillosa como prioridad. Yo concibo la vida fácil: hablemos, no demos vueltas, no dejemos la agenda para mañana. Y sobre todo, no tener un discurso en público y otro en privado. La principal manera de vivir mejor es tener el mismo discurso en todos lados. Con eso me mantengo siempre en 13/8 de presión. Cuando terminé el primer libro, hace treinta años, escribí: “Tengo un hijo, escribí un libro, no planto un árbol porque no quiero la incomodidad de agacharme”. Ahora lo refloto al principio y digo: “Tengo tres hijos, con este son tres libros y sigo sin agacharme a plantar el árbol”.

— ¿Te ves reflejado en tu hijo mayor, Tomás?
— Dejé hace dos años dejaron de presentar a Tomás como “el hijo de Carlos”, para presentarme como el padre de Tomás. No hay mejor piropo para un padre que encima tiene un hijo que eligió dedicarse a lo mismo. Que digan “te presento al papá de Tomás” es el gran premio. Tomás labura, puede estar trabajando mientras yo vengo a Pergamino a acompañar la presentación de un teatro que no es mío. Hoy yo le pregunto cosas a él sobre cómo se maneja la empresa que en su momento fundé, pero que él hace crecer. Los dos más chicos, Nicolás y Matilda, también están metidos en los musicales. Tengo un video de la nena haciendo control de con el cuentaganado en el Gran Rex la semana pasada, con una concentración maravillosa a los siete años.
— Hay un capítulo sobre las cosas a las que hay que decirles que no. ¿Qué fue lo mejor que rechazaste?
— No te voy a dar un caso puntual, pero sí te digo esto: cuando vos como periodista te enterás de una programación, eso no es más que el 10% de los proyectos que se barajaron para que decante esa programación. Decir que no es la mayoría. Lo que no se ve, lo que no se pone en cartel, lo que se frustra, lo que no se arma: eso es la mayoría. Para armar una programación de 20 títulos al año, deben aparecer 200. A mí no me gusta hasta no poner el dedo, que es la firma. Hay un simbolismo ahí del cumplimiento de la palabra. Todos los días aparece alguien con la mejor intención diciéndome que tiene un gran proyecto. Y todos los días hay que decir que no a la mayoría. Hay un 90 y un 10 entre lo que se dice y lo que se hace. Por eso todos tienen primicias que después no se concretan.

— ¿Por qué apostar a un premio propio de la industria, el Premio Pinti de AADET, cuando ya existen el ACE, el María Guerrero y el Martín Fierro de teatro?
— Yo apoyo todos los premios. Los diplomas del ACE se entregan en el Multiteatro. Vamos al María Guerrero, hacemos el Estrella de Mar. El año pasado surgió el Martín Fierro de teatro y ahí estuve sentadito. Y ahora surgió esta idea de la propia industria, que me pareció muy buena. Dejé la conducción de AADET hace tres años, pero me parece muy bien que el sector quiera tener su propio reconocimiento. Lo más importante es la condición que pusimos: que los socios de la entidad no sean los votantes, y que cada año haya 25 jurados distintos. Eso le da una gran transparencia.
— La última: si se hiciera una obra de teatro sobre tu vida, ¿quién te gustaría que te interpretara?
— Te voy a contestar como empresario. Salvo que sea un figurón muy popular, no creo que mi historia vaya a vender entradas. Mejor ahorrate la guita.
tomás, brandoni y carlos rottemberg
CHIMENTOS
Maru Botana contó toda la verdad del romance de Franco Colapinto con su hija Sofía: “Como yerno…”

El nombre de Franco Colapinto volvió a quedar inesperadamente ligado al de Sofía Solá, la hija de Maru Botana, y esta vez fue la propia cocinera quien aportó una serie de declaraciones que alimentaron todavía más las especulaciones. Todo comenzó cuando los usuarios de las redes sociales detectaron varios likes del piloto argentino en publicaciones de la joven.
La repercusión llegó hasta Puro Show, donde Maru fue consultada por la llamativa interacción virtual. Lejos de esquivar el tema, la cocinera habló con absoluta naturalidad y dejó en claro, primero, que sigue de cerca la carrera del piloto argentino y que tiene una particular simpatía por él: “Me encanta. Colapinto me encanta. Fan total”, reconoció.
Pero la conversación tomó otro color cuando apareció el nombre de Sofía y la consulta puntual sobre los “me gusta” que Franco habría dejado en sus publicaciones. Maru se mostró sorprendida por la información, aunque rápidamente quedó claro que el vínculo con el corredor no es simplemente el de una admiradora que lo sigue desde lejos.
De hecho, Botana reveló que conoce personalmente a Colapinto y que también tiene trato con su familia. “Lo quiero mucho a Franco, a su familia, lo fui a ver de hecho a Barcelona. Lo conozco porque es muy fan de algunas tortas mías”, contó entre risas, dejando al descubierto una cercanía que hasta ahora no había tomado semejante dimensión pública.
MARU BOTANA HABLÓ DEL RUMOR DE ROMANCE DE SU HIJA CON FRANCO COLAPINTO
Y hubo un dato más que terminó de darle un giro particular a sus declaraciones. Maru contó que la madre del piloto suele acercarse a comprar sus productos: “Suele ir su mamá a comprar tortas”. Fue entonces cuando, entre la simpatía y el humor, lanzó una frase que rápidamente llamó la atención: “Como yerno sería divino”.
La declaración de Botana, naturalmente, no pasó inadvertida. Sobre todo porque llega después de que las redes sociales pusieran bajo la lupa las interacciones de Colapinto con Sofía Solá. Sin confirmar ningún romance ni vínculo sentimental entre ambos, Maru dejó flotando una aprobación bastante explícita hacia el joven piloto.
“No lo conozco tanto a Franco, pero conozco a su familia y son un amor. Él está aprobado”, cerró Maru Botana. Una frase que, en medio de los rumores que nacieron en las redes, terminó funcionando como un inesperado certificado de aprobación familiar para Colapinto.
CHIMENTOS
Zoe Bogach celebró la compra de su nuevo departamento: «No tengo idea de qué es el ABL»

Lejos de las críticas que suele recibir en redes sociales y de los conflictos que mantiene con su expareja, Zoe Bogach compartió con sus seguidores que compró su propio departamento. La influencer mostró parte de la jornada en la que firmó la documentación de la propiedad y celebró el inicio de esta nueva etapa.
Antes de llegar a la firma, Bogach publicó un video en el que contó, con humor, que aún se adapta a las responsabilidades económicas de tener una vivienda. “Estamos yendo a firmar una nueva adquisición de su hogar”, dijo, y luego reconoció: “Chicos, tengo que pagar un montón de cuentas que no tengo idea qué es esto… ¿el ABL?”.
Después de concretar la operación, compartió una imagen del living de su nuevo hogar. Aunque explicó que todavía debe equiparlo y hacer algunos arreglos, destacó que el hecho de tener una propiedad propia supera esas pendientes.
“Sin heladera, sin sillón, sin mesa, sin TV, con las paredes sin pintar, pero feliz”, escribió. A continuación, remarcó el motivo de su entusiasmo: “Porque una cosa sí tengo: casa propia. Ya no tengo que pagar alquiler”.
Bogach también mostró que tenía preparada una botella de vino para brindar por la compra y adelantó que su madre iba a conocer el departamento.
La compra del departamento se conoció un mes después de que Zoe Bogach quedara involucrada en una discusión en redes sociales por sus respuestas a comentarios sobre su cuerpo. La exparticipante de Gran Hermano realizó un descargo durante una transmisión en vivo de TikTok, donde rechazó las críticas que recibe por su delgadez, aunque varias de sus expresiones generaron cuestionamientos entre los usuarios.
Durante el vivo, la influencer sostuvo que prefiere que le hagan observaciones sobre su físico antes que recibir otros calificativos. “Prefiero que me comenten eso a que me comenten que soy una gorda”, afirmó. Luego se refirió a una usuaria que la había llamado “esqueleto” y respondió con una frase que fue señalada por numerosos usuarios: “Hay una chica, hoy, que me comentó que era un esqueleto y es una gorda”.
Bogach también cuestionó el peso de esa persona y planteó que podía darle consejos de alimentación. “Si quieren les paso tips de cómo alimentarse mejor para no llegar a ese peso”, expresó, antes de agregar que, desde su perspectiva, esa situación “tampoco es saludable”. Sus dichos circularon en distintas cuentas de redes sociales y motivaron críticas por el tono de su respuesta.
En el mismo descargo, defendió su imagen corporal y negó promover trastornos de la conducta alimentaria. “Yo tengo un peso saludable y la verdad es que me gusta mi cuerpo”, dijo. Más tarde, rechazó de forma explícita los señalamientos sobre una posible anorexia: “Yo no fomento la anorexia, yo no soy anoréxica”.
La creadora de contenido también cuestionó lo que consideró una diferencia de trato frente a los insultos que recibe en plataformas digitales. “¿Por qué yo no puedo hablar así y ustedes me pueden decir que soy una anoréxica, una flaca, una esquelética?”, planteó. Hacia el final de la transmisión, manifestó su cansancio por los comentarios sobre su cuerpo: “No me rompan las pelotas, posta, ya me hartaron con el tema de mi cuerpo. Déjenme ser flaca tranquila”.
El episodio se sumó a una exposición pública que Zoe Bogach arrastra desde hace meses, en especial desde que mostró los resultados de una cirugía estética de aumento mamario. En Instagram, gran parte de sus publicaciones acumularon comentarios sobre su nueva imagen y sobre la seguridad con la que empezó a mostrarse tanto en redes como en sus apariciones televisivas y en ciclos de streaming.
CHIMENTOS
Estalló el escándalo de Fede Bal y Barbie Vélez, a 10 años de su terrible separación con infidelidades y graves denuncias: «El peor momento de mi vida»

El escándalo que atravesaron Fede Bal y Barbie Vélez allá por el 2026 causó un enorme revuelo en el ámbito de la farándula. Primero la separación que atravesó la ex pareja, marcada por una infidelidad por parte del hijo de Carmen Barbieri, y luego la denuncia que le hizo por violencia de género, agresiones físicas y amenazas, pero el actor también hizo lo propio por daños y agresiones.
Ya para el 2017 la Justicia dictó el sobreseimiento para ambos; hace apenas unos meses, Bal volvió a referirse lo que fue todo aquel tema y Barbie salió a responderle duramente. Pero el que ahora tomó la palabra fue Alejandro Pucheta, el papá de Vélez.
En diálogo con Juan Etchegoyen, reconoció que es un tema que lo pone muy mal y que como papá no sabe controlar sus emociones: “Cada vez que veo o escucho algo de eso, automáticamente lo paso porque me hierve la sangre. De verdad, prefiero ni enterarme porque yo me conozco… veo algo y me enrosco. Mejor sigo caminando feliz y contento, pensando en mi nieto”.
Para Alejandro es un tema muy sensible todo lo que esté relacionado a Fede. Principalmente por cómo la pasó su hija, lo mal que la pasó y el hecho de imaginar detalles de lo que en su momento denunció Barby, lo pone realmente mal.
EL PAPÁ DE BARBIE VÉLEZ ROMPIÓ EL SILENCIO SOBRE FEDE BAL
«Fue el peor momento de mi vida. No puedo explicarlo que se siente como papá. Lo más sagrado que uno tiene en la vida es un hijo y para mí, fue un momento horrible», sostuvo Pucheta, visiblemente molesto y enojado con esta situación.
Al finalizar con su descargo, agregó que no está acostumbrado a la exposición que esto le genera y para preservarse él, pero también para cuidar a su hija, es que prefirió no hacerse eco en ningún medio y llamarse al silencio.
«Me llamaban de todos los programas. Yo soy un cuatro de copas y hasta me invitaron al programa de Mirtha Legrand para que te des una idea. Yo sentía que si salía a hablar, no se terminaba más y realmente quería que todo pase rápido”, sentenció.
Fede Bal, Barbie Vélez
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