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Las mejores fotos de Diego Torres y su novia en una playa paradisíaca: buceo con tiburones, besos y todo el sol

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Diego Torres y su novia Martina Díaz Radonic disfrutaron de un paraíso caribeño. Los mejores momentos en video: playa, buceo y mucho amor y humor

Diego Torres y su novia, Martina Díaz Radonic, agente inmobiliaria, escaparon al Caribe y compartieron en sus redes sociales una serie de imágenes y videos de sus vacaciones en una playa de arena blanca y aguas turquesas, rodeada de formaciones rocosas calcáreas de tonos crema que delimitan el litoral.

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Las postales recorren distintos momentos del viaje: caminatas solitarias por la orilla, sesiones de buceo y snorkel, travesías en lancha y retratos de pareja al atardecer. Torres aparece en varias tomas sin remera, con el tatuaje de trazos negros que le cubre el brazo derecho y parte del pecho visible en prácticamente todas las imágenes, junto a una pulsera negra en la muñeca izquierda. En una selfie tomada desde el agua, el cantante aparece en primer plano con el cabello mojado y un pendiente plateado en forma de estrella en la oreja, mientras al fondo se distingue la silueta de una persona recostada sobre un flotador en el mar iluminado por una luz rasante.

Diego Torres y Martina Díaz Radonic, a bordo de una lancha durante sus vacaciones en el Caribe. Él la rodea con el brazo mientras el cielo vira a tonos anaranjados sobre el mar
Diego Torres y Martina Díaz Radonic, en un retrato de pareja con el mar caribeño de fondo y expresión distendida
Diego Torres y Martina Díaz Radonic, en un retrato de pareja con el mar caribeño de fondo y expresión distendida
Torres y Díaz Radonic, con el cabello mojado y abrazados frente a cámara, en las aguas cristalinas del Caribe
Torres y Díaz Radonic, con el cabello mojado y abrazados frente a cámara, en las aguas cristalinas del Caribe

En dos fotos distintas, Torres posa sentado sobre rocas costeras sin remera y con una malla negra corta: en una de ellas, las formaciones grises lo enmarcan frente al mar abierto; en la otra, se ubica sobre rocas calcáreas amarillentas a la orilla del agua, con la costa y los acantilados blancos extendiéndose hacia el fondo bajo un cielo con nubes dispersas.

La pareja también se fotografió a bordo de una lancha de tapizado marrón claro. Torres, con una malla verde, rodea con el brazo los hombros de Díaz Radonic, quien lleva un bikini blanco de triángulo, un short de jean celeste y anteojos de sol de montura negra redonda, y sonríe hacia la cámara mientras el cielo vira a tonos anaranjados sobre el mar. En otras dos tomas en playa abierta, se los ve abrazados sobre la arena blanca, con el agua turquesa y un cielo azul intenso como fondo, y las huellas de sus pasos marcadas en la orilla. Una de ellas, capturada al caer el sol, muestra sus siluetas recortadas contra el horizonte iluminado en amarillo y naranja, con un velero en la distancia.

Diego Torres y Martina Díaz Radonic, recostados sobre colchonetas inflables en aguas cristalinas del Caribe. En el fondo arenoso, una inscripción formada con piedras que reza "I Love you"
Diego Torres y Martina Díaz Radonic, recostados sobre colchonetas inflables en aguas cristalinas del Caribe. En el fondo arenoso, una inscripción formada con piedras que reza «I Love you»
Un collage de la experiencia submarina de la pareja: aletas, aguas transparentes, un banco de peces plateados, una tortuga marina y un tiburón de aleta blanca sobre el fondo coralino
Un collage de la experiencia submarina de la pareja: aletas, aguas transparentes, un banco de peces plateados, una tortuga marina y un tiburón de aleta blanca sobre el fondo coralino
Las siluetas de Torres y Díaz Radonic, abrazados frente al mar en calma, con el horizonte iluminado en amarillo y naranja y un velero en la distancia
Las siluetas de Torres y Díaz Radonic, abrazados frente al mar en calma, con el horizonte iluminado en amarillo y naranja y un velero en la distancia

Una de las imágenes más llamativas del álbum muestra a Díaz Radonic en equilibrio de manos sobre la arena húmeda de la orilla, con las piernas abiertas en el aire y un bikini amarillo mostaza, con las formaciones rocosas calcáreas y el agua turquesa extendiéndose detrás de ella bajo un cielo con nubes de gran volumen. En los retratos de pareja en tierra, ambos aparecen con el cabello mojado y abrazados: en uno, ella lleva un bikini naranja; en otro, un bikini blanco, mientras él viste una remera negra, y los dos miran a cámara con expresión relajada frente a un espejo de agua y vegetación densa.

Los videos registran a la pareja en momentos de intimidad a orillas del mar, sobre la playa de arena blanquísima, donde se los ve en mimos y caricias con el sonido del agua de fondo. En uno de esos registros, Torres le pregunta a su novia: “¿Estás contenta, amor, de convivir conmigo?”. Ella responde que no, entre risas. “¡Ah, mirá cómo te agarré!”, reacciona él. El intercambio termina con Díaz Radonic haciéndole un “fuck you” en tono completamente jocoso, mientras ambos ríen.

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Martina Díaz Radonic, parada de manos sobre la arena húmeda de la orilla, con las piernas abiertas en el aire y un bikini amarillo mostaza. Las formaciones rocosas y el agua turquesa se extienden detrás de ella
Martina Díaz Radonic, parada de manos sobre la arena húmeda de la orilla, con las piernas abiertas en el aire y un bikini amarillo mostaza. Las formaciones rocosas y el agua turquesa se extienden detrás de ella
Diego Torres, de espaldas y sin remera, recorre la orilla de una playa de arena blanca. Su tatuaje de trazos negros, que le cubre el brazo derecho, es visible en el perfil
Diego Torres, de espaldas y sin remera, recorre la orilla de una playa de arena blanca. Su tatuaje de trazos negros, que le cubre el brazo derecho, es visible en el perfil
La pareja, abrazada y con el cabello mojado, posa frente a cámara con el mar y la vegetación densa de fondo
La pareja, abrazada y con el cabello mojado, posa frente a cámara con el mar y la vegetación densa de fondo

La otra secuencia los muestra durante una excursión de snorkel desde una lancha, en aguas cristalinas donde compartieron el espacio con tortugas marinas, tiburones y rayas. Las tomas subacuáticas capturan también bancos de peces plateados, una tortuga de caparazón marrón y naranja en primer plano, un pez de gran tamaño de color verde azulado con la boca abierta y un tiburón de aleta blanca que se desplaza sobre el fondo coralino. En las imágenes de buceo, ella lleva aletas rosas y traje de baño negro, mientras él usa aletas negras y malla oscura. Un buzo con traje amarillo y tanque de aire aparece también en escena, con una cámara en mano, frente al banco de peces.

Una secuencia tomada con GoPro muestra a los dos flotando sobre colchonetas inflables en aguas de fondo arenoso: Torres sobre una de rayas verdes y blancas con los ojos cerrados, y Díaz Radonic sobre una de rayas azules y blancas, con una sonrisa amplia y la cámara en la mano. Una imagen intercalada, también subacuática, los muestra abrazados en la superficie, con un texto formado por piedras en el fondo marino que no resulta completamente legible en las fotos publicadas.

Diego Torres y Martina Díaz Radonic, en un retrato de pareja con el mar caribeño de fondo y expresión distendida
Diego Torres y Martina Díaz Radonic, en un retrato de pareja con el mar caribeño de fondo y expresión distendida
El cantautor, en un momento descontracturado, con una mueca para la cámara durante las vacaciones
El cantautor, en un momento descontracturado, con una mueca para la cámara durante las vacaciones
Torres, sin remera y con una malla negra corta, sentado sobre rocas en la orilla, con la vista fija en el horizonte y el mar abierto como único fondo
Torres, sin remera y con una malla negra corta, sentado sobre rocas en la orilla, con la vista fija en el horizonte y el mar abierto como único fondo

El cantante argentino, conocido por temas como Color Esperanza, lleva varios años en pareja con Martina Díaz Radonic. Ambos suelen compartir momentos de su vida cotidiana en redes sociales, aunque en esta ocasión el viaje al Caribe generó una respuesta especialmente entusiasta entre sus seguidores.



diego torres

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Mario Pergolini recordó su encuentro con Keith Richards: “Fue una desilusión”

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Mario Pergolini relató la anécdota junto a Agustín Aristarán y Evelyn Botto (Video: Otro Día Perdido, Eltrece)

Mario Pergolini creyó estar ante un momento histórico cuando Keith Richards dejó su famoso vaso de “destornillador” naranja sobre una mesa, con el vaso a medio terminar, en el backstage de uno de los shows de los Rolling Stones en Buenos Aires. Lo que parecía una oportunidad irrepetible —tomar un sorbo de la bebida de uno de los guitarristas más icónicos del rock mundial— terminó siendo una de las mayores desilusiones de su vida. El conductor lo contó en Otro Día Perdido, el programa que conduce por la pantalla de Eltrece, en el día que recibió al mítico Ronnie Wood en el estudio, y la historia se convirtió en uno de esos relatos de backstage que muy pocos tienen el privilegio de protagonizar.

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Todo ocurrió durante una de las primeras visitas de los Rolling Stones a la Argentina, en el marco de los shows que organizaba Rock & Pop, la radio ligada a Pergolini en aquellos años. El propio conductor describió la escena con lujo de detalles: Richards bajó rodeado de su equipo de seguridad, con su característico andar y su forma de hablar tan particular, y de inmediato se apoderó del ambiente. “Era como el diablo bajando para vos”, recordó el animador, divertido.

El guitarrista tenía en la mano su célebre destornillador naranja, la bebida que lo acompañó durante décadas y que mezcla vodka con jugo de naranja, aunque en proporciones que varían según quien cuente la historia. La sala tenía poca gente. En ese contexto íntimo, Richards dejó el vaso sobre la mesa, se alejó unos instantes y el conductor vio la oportunidad. “Estaba con Eduardo, un amigo, y dijimos: ‘bajémonos el destornillador’”, relató, refiriéndose a tomar un trago del vaso abandonado.

Keith Richards, Liv Tyler y Paul McCartney. Richards (KMazur/WireImage)

La lógica detrás de la decisión fue explicada por el propio Rada con una comparación que Pergolini adoptó de inmediato: era como si el Papa dejara el cáliz con el vino consagrado y alguien aprovechara para tomarlo. “Si deja el cáliz con el vino, se las toma, pasa alguien al lado y dice: ‘Me tomo la que bendijo el Papa’”, ilustró Pergolini ante la risa de sus compañeros. La idea era clara: compartir aunque sea un instante con el aura del músico, ser parte, por un segundo, de las mismas huestes del rock and roll. “Un Rolling más”, sintetizó Aristarán.

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El acuerdo fue sencillo: medio vaso cada uno, para dejarle al guitarrista lo que quedaba. Ambos bebieron con la convicción de quien toma una poción mágica. Pero la magia no llegó. Pergolini se quedó esperando algún tipo de reacción, algún efecto que justificara el acto. Nada. “Es como cuando estás esperando la poción mágica de las películas, que el tipo toma y no reaccionás. No te volvés el superhéroe ni nada”, graficó.

El hecho ocurrió durante las primeras visitas de los Rolling Stones a la Argentina en el marco de recitales ligados a Rock & Pop (Getty)
El hecho ocurrió durante las primeras visitas de los Rolling Stones a la Argentina en el marco de recitales ligados a Rock & Pop (Getty)

La explicación llegó después, con el golpe final de la anécdota: el vaso no tenía alcohol. El famoso destornillador de Richards era, en ese momento, puro jugo de naranja. Las teorías sobre por qué no había vodka circularon entre los tres conductores durante el programa: quizás el equipo del músico ya le ponía jugo solo, sin alcohol, ante la evidencia de que su cuerpo no necesitaba —o no toleraba— más. “Ya ni pega”, apuntó Botto. “Puede ser”, admitió Aristarán.

El desenlace fue tan lapidario como cómico. Pergolini y su amigo se habían tomado, con toda la ceremonia de un ritual sagrado, medio vaso de jugo de naranja cada uno. “Una desilusión. Cara de culo toda la noche”, cerró el conductor, entre las risas de sus compañeros. Aristarán remató con una conclusión filosófica: “Por eso no sos del todo malo vos. No llegaste a tomar el elixir adecuado”.

La anécdota, contada décadas después en tono de humor, dice bastante sobre aquella época dorada del rock en la Argentina, cuando los músicos más grandes del mundo llegaban a Buenos Aires y la cercanía con ellos dependía más del azar y la audacia que de cualquier protocolo. Pergolini, que fue una de las figuras centrales de la industria del entretenimiento y la radio en los años noventa, supo estar en ese backstage. Solo que el elixir no estaba donde esperaba.

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Robo y fuga: Lali Espósito sufrió un alarmante episodio a días de su casamiento con Pedro Rosemblat

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Lo que debía quedar como uno de los recuerdos más pintorescos del casamiento de Lali Espósito y Pedro Rosemblat terminó convirtiéndose en una pequeña investigación doméstica. A pocos días de la celebración, el conductor reveló que su flamante esposa sufrió el robo de un accesorio muy particular durante la fiesta y, entre risas, expuso al responsable: nada menos que uno de los productores de su propio programa.

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La historia salió a la luz este martes en Industria Nacional, el ciclo que Rosemblat conduce en Gelatina. Allí, Pedro reconstruyó el episodio y puso el foco en una pieza que había lucido Lali durante la celebración: un casco de gemas que, por su extravagancia y valor simbólico, no pasó inadvertido. “Mariana tenía en su cabeza un casco de gemas que, a mí no me consta, pero quizás lo usó Cleopatra, quizás lo usó la reina de la Vendimia en el Siglo XIV, quizás lo usó Lady Di”, ironizó.

Sin embargo, el accesorio desapareció y la preocupación llegó al día siguiente. Según relató el conductor, fue la propia Lali quien advirtió que ya no tenía la pieza y comenzó a reconstruir qué había ocurrido durante la noche. “Al día siguiente, ella me dice: ‘No encuentro el casco, no encuentro el casco. Che, ¿vos viste que yo me saqué el casco? ¿En algún momento le di el casco a alguien?’”, contó.

La incógnita no tardó demasiado en despejarse. Rosemblat explicó que, a la mañana siguiente, comenzó a circular un video que terminó aportando la prueba que necesitaban para descubrir el destino del preciado complemento. Con cierta solemnidad y mucho sentido del humor, le pidió al operador que reprodujera las imágenes y las detuviera en el momento indicado.

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ROSEMBLAT CONTÓ EL ROBO QUE SUFRIÓ LALI ESPÓSITO EN SU BODA

El registro mostraba a un hombre subiéndose a un automóvil con el casquete de gemas colocado sobre la cabeza, como si se tratara de un souvenir más de la celebración. La secuencia dejó en evidencia al protagonista de la maniobra y permitió identificarlo sin demasiadas vueltas.

La sorpresa llegó con el nombre del responsable: Ian, productor del ciclo que conduce el propio Pedro. Así, el flamante matrimonio pudo resolver el misterio del accesorio desaparecido, aunque el episodio dejó una anécdota insólita: el hombre que se llevó una de las piezas más llamativas del look de Lali no era un invitado desconocido, sino alguien que trabaja a diario con su marido.

 

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En el día en que cumpliría 58 años, la frase de Ricardo Fort sobre su final que aún estremece: “Siempre pensé que me iba a morir joven”

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“El tren de Ricardo Fort pasa una vez”, la vida del hombre que eligió hacer de todo un show

Este 5 de noviembre se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de Ricardo Fort, empresario, productor y figura de la televisión argentina que convirtió su vida en espectáculo público. Nacido en Buenos Aires en 1968, hoy habría cumplido 58 años. Su muerte, el 25 de noviembre de 2013, cerró una carrera mediática breve, pero sus frases, videos y escenas continúan en las redes sociales y en la memoria popular.

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Conocido como El Comandante, Fort construyó una imagen asociada al lujo, los autos deportivos, los viajes a Miami, los guardaespaldas y las discusiones televisivas. Sin embargo, su biografía también tuvo pasajes más íntimos: una infancia atravesada por las diferencias con su padre, una relación estrecha con su madre, el deseo de convertirse en padre y una larga convivencia con el dolor físico.

La niñez marcada por el mandato familiar y el deseo de ser artista

Ricardo Aníbal Fort nació el 5 de noviembre de 1968. Era hijo de Carlos Augusto Fort y Marta Campa de Fort, y nieto de Felipe Fort, fundador de Felfort, la empresa de chocolates y golosinas creada en 1912. Creció en el seno de una familia económicamente consolidada, vinculada a una de las marcas históricas de la industria alimenticia argentina.

Su infancia transcurrió con privilegios materiales, aunque él mismo relató que existían tensiones familiares. Su madre, Marta Campa, cantante lírica, tuvo un lugar central en su vida. Fort habló de ella en numerosas entrevistas y la incorporó a sus programas de televisión, donde las conversaciones entre ambos se convirtieron en algunas de las escenas más recordadas de su carrera.

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MARTA FORT A SOLAS - RICARDO FORT VARIAS
Ricardo Fort nació el 5 de noviembre de 1968 y habría cumplido 58 años en 2026

En cambio, el vínculo con su padre fue más complejo. Carlos Fort esperaba que su hijo siguiera el recorrido de la familia y se preparara para trabajar en la empresa. Ricardo, desde muy joven, parecía orientarse hacia otra dirección: le interesaban la música, el escenario y la posibilidad de hacerse conocido.

En una entrevista describió una etapa difícil de su adolescencia, cuando fue apartado de la cercanía cotidiana con su madre. “Yo era muy nene de mamá, era muy mimado y ella me superprotegía”, recordó.

Esa distancia entre las expectativas de su padre y sus propios deseos se convirtió en una constante. Fort no quería limitarse al rol de heredero. Quería cantar, actuar, producir obras y ocupar un lugar propio en el mundo del espectáculo. La riqueza familiar le dio herramientas para financiar proyectos, pero no resolvió su necesidad de reconocimiento.

Al terminar la escuela secundaria, viajó a Estados Unidos. Pasó tiempo en Los Ángeles y luego se instaló en Miami, ciudad que se transformó en parte de su identidad pública. Allí intentó desarrollar una carrera musical, frecuentó el ambiente nocturno y encontró un espacio donde podía vivir con mayor libertad lejos del mandato familiar.

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MARTA FORT A SOLAS Y SU MADRE
Ricardo Fort y su madre, Marta Fort Campa

Miami fue, para Fort, mucho más que un sitio de vacaciones. Era un lugar asociado a la independencia, la estética que admiraba y una vida sin las restricciones que sentía en Buenos Aires. Años después, su particular modo de nombrar la ciudad, “Maiameee”, quedaría incorporado al repertorio de frases que sus seguidores repiten hasta hoy.

La muerte de Carlos Fort en 2007 significó un cambio en su historia. Ricardo volvió a involucrarse en la empresa familiar, pero también empezó a invertir de forma más decidida en su carrera artística. La etapa que había imaginado durante años estaba por comenzar.

Antes de convertirse en una presencia cotidiana de la televisión, Fort había tomado una decisión determinante: quería ser padre. En 2004 nacieron sus hijos mellizos, Marta y Felipe Fort, mediante gestación por sustitución en California, Estados Unidos. Sus nombres fueron elegidos como homenaje a Marta Campa y a Felipe Fort, su abuelo.

Para Fort, la paternidad representó una dimensión íntima que contrastaba con la exhibición permanente de su vida. Mostró a sus hijos en algunas apariciones públicas y habló de ellos con frecuencia. También explicó que el deseo de formar una familia influyó en su decisión de dejar atrás una etapa de excesos. Reconoció haber tenido consumos problemáticos durante su juventud y señaló que el deseo de ser padre lo llevó a modificar hábitos. “Decidí ser padre y tener otro tipo de vida”, afirmó.

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MARTA FORT, A SOLAS / 1- FORT CON SUS HIJOS
Ricardo Fort y sus hijos, los mellizos Marta y Felipe (de apenas días), nacidos el 24 de febrero en Los Angeles, California, Estados Unidos

Su llegada masiva a la pantalla fue en 2009, con Reality Fort, emitido por América TV. El programa mostraba viajes, reuniones familiares, preparativos de eventos, vínculos sentimentales y la rutina de un hombre que buscaba hacer de su propia intimidad un producto televisivo. Fort entendió rápidamente que su vida podía ser el eje de un ciclo: él era el protagonista, pero también el productor de la historia que quería contar.

Su estilo llamó la atención. Los autos, los relojes, la ropa de marcas internacionales y la presencia de guardaespaldas formaban parte de un personaje construido a la vista de todos. Fort no ocultaba el dinero ni intentaba moderar su exhibición. Para él, esa era una forma de diferenciarse y de sostener una identidad reconocible.

La popularidad aumentó con sus participaciones en ShowMatch y en Bailando por un sueño. Como jurado, protagonizó discusiones con otros integrantes del programa y se convirtió en tema habitual de los ciclos de espectáculos. Sus peleas, sus romances y sus respuestas espontáneas alimentaban la conversación mediática.

Sin embargo, Fort sostenía que su objetivo no era ser conocido solo por las polémicas. “Nunca quise ser mediático; sí artista”, repetía. Esa idea atravesó buena parte de su carrera. Quería ser cantante, actor y productor; la televisión, en cambio, solía ubicarlo en el lugar de celebridad polémica.

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MARTA FORT, A SOLAS / 12- CON GUSTAVO
Ricardo Fort junto a Gustavo Martínez, Marisa López y los mellizos, Marta y Felipe

En una de sus frases más citadas, respondió a una discusión sobre el rating con una línea que resumía su personaje: “Yo no manejo el rating. Yo manejo un Rolls-Royce”. La declaración se volvió un meme antes de que los memes se masificaran. Era una respuesta exagerada, pero también una forma de defender el mundo que había elegido mostrar.

Fort trasladó su ambición al teatro. En 2010 estrenó Fortuna, una obra que produjo y protagonizó en la calle Corrientes. Luego llegaron Fortuna II, Mi novia, mi novio y yo y Fort con caviar. Esos espectáculos le permitieron reunir elencos, cantar, bailar y sostener una presencia escénica fuera de los estudios televisivos.

En 2012 también condujo Fort Night Show, un programa de América TV que combinaba entrevistas, humor, musicales y juegos.

MARTA FORT, A SOLAS /  FORT DE NIÑO Y DE JOVEN
“Decidí ser padre y tener otro tipo de vida”, el lado más íntimo de Ricardo Fort

En ese período terminó de consolidar una filosofía de vida basada en la urgencia de cumplir los deseos. “El tren de Ricardo Fort pasa solo una vez en la vida”, dijo durante una emisión de Bailando por un sueño. La frase quedó asociada a su forma de entender el presente: no dejar pasar oportunidades, apostar por lo que quería y vivir bajo sus propias reglas

Mientras su fama crecía, los problemas de salud comenzaron a ocupar un lugar cada vez más importante. Fort padeció lesiones en la columna y en las rodillas, se sometió a varias intervenciones quirúrgicas y convivió con dolores que afectaron su movilidad. En sus últimas apariciones públicas, se lo veía caminar con dificultad, aunque trataba de mantener su ritmo de trabajo.

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Adelanto exclusivo del documental de Ricardo Fort
Ricardo Fort y Guido Süller de muy jòvenes, en la playa

La exposición de ese deterioro físico agregó un tono diferente a la imagen que había construido. El hombre que se mostraba rodeado de lujos también aparecía en escenas donde el dolor condicionaba cada movimiento. Fort habló de los tratamientos y de la medicación que necesitaba para afrontar sus problemas de salud.

En 2013 sufrió una fractura de fémur y fue internado en el Sanatorio de la Trinidad, en Palermo. Murió el 25 de noviembre de ese año, 20 días después de haber cumplido 45 años. Su entorno confirmó la información y los medios la difundieron: sufrió un paro cardiorrespiratorio en un cuadro asociado a una hemorragia digestiva.

Su fallecimiento causó impacto entre sus seguidores y en el mundo del espectáculo. Por entonces, Fort era una de las figuras más reconocibles de la televisión argentina. Había pasado de los videos caseros de viajes y fiestas a ocupar espacios centrales en programas de alto alcance, producir espectáculos y generar una comunidad de admiradores.

Ricardo Fort tendrá su serie: sus hijos Marta y Felipe autorizaron la realización de El Comandante
Sus frases, escenas televisivas y videos siguen circulando en redes sociales más de una década después de su muerte

Después de su muerte, una frase que había pronunciado años antes adquirió otra dimensión: “Siempre pensé que me iba a morir joven”. El comentario circuló ampliamente cuando se conoció la noticia de su fallecimiento y pasó a formar parte de los recuerdos sobre sus últimos años.

Su historia fue revisitada en documentales, podcasts y producciones audiovisuales. La docuserie El comandante Fort abordó los conflictos familiares, su relación con la fama, sus vínculos personales, la paternidad y el dolor físico que atravesó en la última etapa de su vida.

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“Siempre quise ser famoso”, la confesión que atravesó la vida de Ricardo Fort
“Siempre quise ser famoso”, la confesión que atravesó la vida de Ricardo Fort

Más de una década después, Ricardo Fort conserva una presencia inusual en las plataformas digitales. Sus frases aparecen en publicaciones, videos, audios y conversaciones. Para quienes lo siguieron en televisión, persiste el recuerdo del empresario que buscaba ser artista. Para quienes lo descubrieron después, es una figura que se adapta a la lógica de las redes sociales.

Cada 5 de noviembre, su vida vuelve a ser recordada a través de esas escenas, sus frases y el relato de un hombre que nunca dejó de perseguir el reconocimiento que imaginaba desde niño.

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