POLITICA
Tras el escándalo de Grabois, Diputados reanuda el debate por la Ley de Defensa de la Soberanía

El debate en Diputados por el proyecto de Defensa de la Soberanía Nacional volverá a tomar impulso este martes, pero con un nuevo foco de tensión: tras el escándalo que obligó a levantar la primera reunión de las comisiones que analizan la iniciativa, se presentó un pedido para expulsar a Juan Grabois de la Cámara de Diputados por su comportamiento durante el encuentro.
La nueva reunión está prevista para este martes a las 15:30 y será encabezada por Carlos Zapata, presidente de la Comisión de Defensa; Laura Rodríguez Machado, titular de Legislación Penal; y Juliana Santillán, al frente de Relaciones Exteriores. Los bloques tuvieron tiempo hasta este lunes para proponer a los invitados que participarán del debate, que además incluirá la exposición de funcionarios del Poder Ejecutivo.
La presentación contra Grabois se produce luego del fuerte enfrentamiento que protagonizó durante la primera reunión. El diputado de Unión por la Patria tuvo un cruce cara a cara con los libertarios Gerardo Huesen y Jairo Guzmán y también lanzó fuertes insultos contra otros representantes del oficialismo: calificó de “tontita” a Santillán y de “facho de mierda” al propio Zapata, quien presidía la reunión y finalmente decidió levantarla.
Ahora, Zapata buscará encauzar el tratamiento del proyecto enviado por el Gobierno, en una jornada en la que el oficialismo intentará retomar la discusión sobre la soberanía de las Islas Malvinas y avanzar con la convocatoria de los distintos sectores que participarán del debate.
El miércoles habrá un nuevo plenario con representantes de la Casa Rosada. El canciller Pablo Quirno podría participar de la reunión informativa.
La presidenta de la Comisión de Legislación Penal, Laura Rodríguez Machado, le dijo a TN: “Estamos haciendo un trabajo con seriedad para asegurar los fundamentos técnicos de una ley necesaria para defender la soberanía de nuestras Islas Malvinas. Espero que todos los diputados tengan el mismo objetivo: una discusión respetuosa donde se analizan propuestas u objeciones para llegar a un mejor texto, como siempre hemos hecho. Pero en este tema en particular nos convoca la historia de Malvinas, su soberanía y su mejor defensa”.
Para este martes están invitados Jerónimo Guerrero Iraóla del CECIM, Daniel Guzmán del Observatorio Malvinas, la Directora Ejecutiva del CELS Paula Litvachky, Luciano Anzelini, Doctor UBA Ciencias Sociales. Magister en Estudios Internacionales de la Universidad Torcuato Di Tella, Sergio Eissa, Doctor en Ciencia Política Universidad de San Martin, Raúl Gustavo Ferreyra, David Angueira, Intendente Municipalidad de Punta Indio, Daniel Filmus, exministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, Mariana Altieri, Licenciada en Ciencia Política y Doctora en Ciencias Sociales, Guillermo Carmona, exdiputado Naciona y exsecretario de Malvinas, Antártida y Atlántico Sur, Pablo Testori Schroeder, especialista en criminalística, Fernando Morales, Perito Naval y Victor Sierra, representante del Centro de Ex Combatientes del Atlántico Sur.
El proyecto en discusión
La iniciativa enviada por el Poder Ejecutivo al Congreso busca endurecer el régimen vigente contra quienes lleven a cabo actividades vinculadas con la explotación no autorizada de recursos naturales en las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos correspondientes.
POLITICA
Creían que era una coreografía en su honor, pero cinco hombres armados saltaron de un camión para matarlo: así fue el magnicidio de Anwar el-Sadat

Era uno de los hombres más custodiados del planeta. Sin embargo, cinco personas quedaron frente a él, armadas hasta los dientes, y lanzaron granadas y le dispararon hasta agotar los cargadores de los AK-47.
Ocho guardaespaldas personales, cuatro cercos de seguridad alrededor del palco principal. El presidente egipcio Anwar el-Sadat estaba bien protegido. Sabía que tenía muchos enemigos y que las decisiones que había tomado los últimos años habían enfurecido a los extremistas musulmanes de su país.
Pero ese 6 de octubre de 1981, 45 años atrás, parecía un día de tregua; era una celebración. Se conmemoraba el octavo aniversario de la Guerra de Yom Kipur. Un gran desfile militar recorría El Cairo. Tropas a paso de ganso, carros de combate, tanques, camiones, unidades especiales pasaban frente al palco presidencial. Allí sentados, saludaban y hacían la venia el presidente egipcio, el vicepresidente Hosni Mubarak, ministros, legisladores. Líderes religiosos, embajadores extranjeros, algunos militares norteamericanos. Como espectadores, más de 100.000 egipcios.
Unos paracaidistas se lanzan desde el aire y caen prolijamente en la marca asignada en el suelo. Los recibe una ovación. Caminan hacia el palco, se paran frente al presidente y lo saludan con respeto.
De pronto, una flota de aviones Mirage 5 atravesó el cielo. Los presentes levantaron sus cabezas para verlos pasar, para apreciar esa danza aérea. Fue la señal esperada, la distracción que necesitaban los atacantes. Cuando todos, público y autoridades, bajaron sus cabezas hacia lo que pasaba en el terreno, vieron que de un camión militar que justo pasaba frente al palco principal, saltaron cinco hombres. El presidente egipcio se puso de pie convencido de que se trataba de otra especie de coreografía en su honor, una muestra de respeto. En el momento en el que se aprestaba a realizar un saludo marcial, una detonación. Uno de los hombres que saltó del camión lanzó una granada hacia el palco. Después, otros dos lanzamientos, pero las granadas no explotaron. No importó. Una tormenta de balas. Vaciaron los cargadores de sus armas. El objetivo principal era Anwar El Sadat. Recibió múltiples impactos de bala. También fueron alcanzados muchos otros de los que estaban junto a él, decenas. Los disparos se dirigían hacia todos lados para disuadir o impedir una posible respuesta. En el palco había centenares de personas desparramadas en el suelo. Algunos habían caído por los proyectiles; otros hicieron cuerpo a tierra intentando preservar su vida. Había sangre, gritos, corridas. Las balas no se detenían. Ahora también disparaban otros soldados que habían quedado en el camión. El líder del ataque, el primero que había saltado del camión y el que inició el fuego contra el presidente, eufórico y con la voz deformada por el odio, gritaba: “¡Maté al faraón!”.
Parecía increíble, pero no había respuesta al ataque pese a estar rodeados de gran parte del ejército egipcio y de su arsenal. El factor sorpresa. Un minuto después comenzó el contraataque. Una figura espectral con uniforme militar y varias condecoraciones colgando de la solapa, totalmente ensangrentado, se puso de pie y comenzó a dar órdenes a las tropas oficiales para que respondieran: era el ministro de Defensa que había sido alcanzado por uno de los proyectiles. Uno de los atacantes murió y los otros cuatro fueron heridos. Los detuvieron.
Ya era tarde; el contraataque no sirvió de mucho. El traje de Anwar el Sadar se había teñido de rojo. En andas, lo sacaron acostado y agonizante del palco y en un auto con varios vehículos como custodios por delante y por detrás, salieron raudos al hospital más cercano. La caravana atravesó frenética la capital con la ilusión de salvar la vida del presidente. Una docena de médicos lo recibió en el quirófano, pero había poco que hacer. Las balas habían hecho su trabajo. Dos horas después se declaró la muerte del presidente egipcio.
Hubo diez muertos en el palco. Un obispo copto, jefes del ejército, el embajador cubano en El Cairo, algún ministro, militares extranjeros. Y más de treinta heridos, entre ellos Hosni Mubarak, el vicepresidente. Eso agregaba una nueva incertidumbre. Si no sobrevivía, ¿quién sucedería a Sadat? Interinamente, para evitar la sensación de debilidad y acefalía, asumió Sufi Abu Taleb, uno de los líderes del nuevo parlamento, que ocupó la presidencia provisoria durante ocho días.
En las tribunas, el pánico provocó corridas y avalanchas. Decenas de espectadores murieron aplastados y hubo otros que fueron atropellados por carros de combate que trataban de llegar al lugar de los ataques. El desconcierto, el dolor y el pánico se instalaron en El Cairo durante un buen tiempo.
La noticia de la muerte de Sadat corrió rápido por el mundo. Las principales agencias de noticias la difundieron a las tres horas del ataque. En Egipto la confirmación tardó bastante más. Hasta que los canales de televisión y las radios suspendieron las noticias sobre los hechos y comenzaron a pasar recitados de versículos del Corán de manera continua. En ese momento los egipcios comprendieron lo que había sucedido.
No hubo que pensar ni investigar demasiado sobre los autores del ataque. La mayoría de los habitantes egipcios y buena parte de los analistas internacionales de inmediato supieron que se trataba de un atentado que provenía de la Yihad Islámica de Egipto.
En otras ciudades del país hubo levantamientos militares que fueron sofocados con esfuerzo por las fuerzas oficialistas.
El jefe de la operación fue Khalid al-Islambuli, un oficial del ejército egipcio que encontró en el desfile el momento ideal para llevar a cabo su viejo plan de liquidar al presidente de su país.
Lo increíble es que la unidad que comandaba Islambouli no era parte de la nómina original de la celebración. Pero otra brigada se vio imposibilitada de participar y fueron llamados él y sus hombres para ocupar ese lugar.
El que fue señalado como ideólogo del magnicidio fue Abdessalam Farrag. Lo apresaron a las pocas horas. Una serie de arrestos en todo el país sembró el terror. El herido Hosni Mubarak reemplazó en el poder a Sadat; ocho días después, pasó del hospital al palacio presidencial. Gobernó con mano firme, descabezó a todos los opositores y se convirtió en un dictador que recién cayó con los alzamientos de la Primavera Egipcia en 2011.
Los asesinos declararon que habían matado al presidente debido a los Acuerdos de Camp David de 1977, que bajo la tutela de Jimmy Carter habían firmado Sadat y Beguin, presidente israelí, para resolver acuerdos limítrofes, finalizar la guerra y negociar la paz. Los extremistas egipcios lo vieron como una traición, como una enorme humillación nacional. Sadat y Beguin, a raíz de ese acuerdo, ganaron el Premio Nobel de la Paz en 1978.
El primer paso público fue una visita de Sadat a Israel. Era la primera vez que un mandatario del mundo árabe visitaba Israel, con el agravante de que formalmente las dos naciones todavía se encontraban en guerra. Luego llegó Camp David. Otros jerarcas árabes criticaron a Sadat; la Liga Árabe, que tenía sede en El Cairo, decidió mudarse y expulsar a Egipto. El libio Gadafi se convirtió en líder de la región.
En esos años, Egipto se alineó con Estados Unidos y repudió a los soviéticos. Se alineó con claridad en uno de los bandos de la Guerra Fría.
Sucesor de un hombre fuerte como Nasser, en el plano interno Sadat democratizó el país. Estableció un sistema legislativo bicameral y creó diversos institutos democráticos usuales en los países europeos, pero poco frecuentes en esas tierras. Lo hizo luego de convencer a su población y de ganar un plebiscito con más del 94% de los votos y un altísimo porcentaje de participación.
Pero los pocos que se oponían comenzaron a conspirar contra él y contra la modernización del país. Hubo varios intentos de golpe de Estado. El gobierno egipcio ordenó detenciones masivas y casi todo el arco opositor fue encarcelado luego de que se estableciera el estado de excepción en el país, una especie de estado de sitio muy riguroso que hizo retroceder las libertades civiles y políticas con la excusa del estado de conmoción interior.
El atentado sorprendió, también, por este motivo. Creían que los principales focos de insurrección y de oposición habían sido controlados con estos miles de arrestos. Pero dentro del ejército egipcio crecía el malestar entre un grupo de fundamentalistas que esperaban su momento para actuar.
También creían que el cerco de seguridad que había crecido alrededor de Sadat para protegerlo era invulnerable. Nadie imaginó que cinco hombres armados quedarían parados frente a él a decenas de metros de distancia sin ninguna oposición.
23 militares y civiles apuntados como cómplices o partícipes necesarios de la conspiración fueron condenados a largas penas de prisión; la gran mayoría recibió cadena perpetua y la accesoria de trabajos forzados.
Seis meses y un día después de la muerte de Anwar el Sadat fueron ejecutados cinco hombres luego de ser sometidos a una corte marcial pública. Los cuatro atacantes directos sobrevivientes y Abdessalam Farrag como autor intelectual. Los tres civiles fueron ahorcados. Khalid al-Islambuli, por ser teniente, y un coronel fueron sometidos a un pelotón de fusilamiento. Como eran militares, fueron ejecutados por sus compañeros de armas.
El magnicidio parece un hábito familiar en la familia Islambuli. En 1995, su hermano menor atacó al entonces presidente egipcio, Hosni Mubarak. Junto a un grupo comando, emboscaron el auto y dispararon contra él. El vehículo blindado resistió y Mubarak volvió a salir vivo de un intento de asesinato por parte de la familia Islambuli.
Pocos meses después del asesinato de Anwar el Sadat, Irán rebautizó una de las calles principales de Teherán con el nombre de Khalid al-Islambuli. Durante los años siguientes, muchos grupos extremistas islámicos a lo largo de Medio Oriente fueron bautizados con el nombre del exmilitar egipcio que atacó a Sadat.
Los terroristas islámicos consideran como un mártir a Khalid al-Islambuli.
El intento de Sadat de pacificar Medio Oriente sucumbió con aquel ataque al palco presidencial que hoy cumple 45 años.
egipto, Asesinato
POLITICA
Comienza el juicio político al juez federal de Rosario Gastón Salmain, acusado de cobrar coimas

El suspendido juez federal de Rosario Gastón Salmain comenzará a ser juzgado este martes, a partir de las 9.30, por el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados, que deberá decidir si lo destituye bajo la acusación de recibir coimas.
El jurado decidió dejar sin efecto la citación del financista arrepentido Fernando Whpei, a raíz de los cuestionamientos planteados por los consejeros que actúan como fiscales, en lo que constituye un revés para la defensa de Salmain.
Salmain está procesado por los delitos de . incumplimiento de los deberes de funcionario público, cohecho pasivo agravado y prevaricato. Se lo acusa de manipular un expediente judicial para favorecer a un fideicomiso con la salida de 10 millones de dólares a cuentas del exterior, entre septiembre de 2023 y abril de 2024, a cambio de una coima de 200.000 dólares.
El empresario beneficiado, Fernando Whpei, fue quien detalló la maniobra al declarar como arrepentido en la causa donde se investiga a otro exjuez de Rosario, Marcelo Bailaque.
Como intermediario también quedó procesado un lobista judicial. En esa causa se dispuso la detención de Salmain, que no se hizo efectiva porque aún mantiene fueros como juez.
Por unanimidad, el Consejo de la Magistratura votó enjuiciarlo. Además, lo acusó por haber mentido en su currículum al omitir informar, en el concurso que derivó en su nombramiento, que había sido echado del Poder Judicial en 2002, donde trabajaba como empleado del fuero de la Seguridad Social, por haber ofrecido una coima para manipular un sorteo.
En su exposición, Salmain se excusó diciendo que no lo mencionó porque no se lo preguntaron y porque se trataba de un hecho antiguo. La defensa había logrado que se citara a declarar a Whpei, pero como está procesado en la misma causa de Salmain y fue denunciado penalmente, el jurado decidió suspender su declaración.
El Consejo de la Magistratura, encabezado por el ministro de la Corte Horacio Rosatti, lo suspendió por unanimidad. Y este martes, en el tercer jury que se lleva adelante este año, Salmain comenzará a ser juzgado por el Jurado de Enjuiciamiento de Magistrados.
El tribunal estará conformado por los jueces Marcelo Bartumeu Romero y Néstor Barral; las senadoras nacionales María Belén Monte de Oca y María Florencia López; los diputados nacionales Nicolás Mayoraz y Christian Alejandro Zulli; y la abogada Ana Beatriz Fernández.
recibir coimas,Justicia Federal,Conforme a
POLITICA
Fallo a favor del Gobierno: la Justicia rechazó el pedido de la oposición para frenar la derogación de la Ley de Tierras

El Juzgado Contencioso Administrativo Federal N° 1 desestimó una solicitud que buscaba frenar la derogación de la Ley de Tierras Rurales. La presentación judicial había sido impulsada por los diputados Miguel Ángel Pichetto y Nicolás Massot.
El magistrado Enrique Alonso Regueira determinó que los demandantes no probaron circunstancias graves que justifiquen una cautelar interina. De este modo, la desregulación dictada por el presidente Javier Milei mediante el DNU 70/2023 continúa vigente en todo el país.
Miguel Ángel Pichetto
Los legisladores advirtieron que la caída normativa habilita compras inmobiliarias extranjeras sin ningún tipo de tope. En su reclamo sostuvieron que “mientras la Justicia demora, se pueden concretar” ventas que generan un grave riesgo para el patrimonio nacional.
Ante este escenario, el tribunal otorgó un plazo de cinco días al Poder Ejecutivo para presentar un informe oficial. Paralelamente, diversos sectores parlamentarios convocaron a una sesión especial para el próximo 15 de octubre buscando derogar todo el decreto.
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EXTRANJEROS,Ley de Tierras,Miguel Ángel Pichetto,Nicolás Massot
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