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CHIMENTOS

Julieta Prandi explotó de furia después del comunicado de Emanuel Ortega por sus infidelidades: “Violento, innecesario, no merece la pena contestarle”

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El escándalo por la separación de Julieta Prandi y Emanuel Ortega sumó un nuevo capítulo. Tras días de mucha incertidumbre, con la figura de Josefina Lynch señalada como tercera en discordia, la modelo regresó a la Argentina y disparó con todo. Blanqueó lo que pasó detrás de la ruptura, y aunque no entró en tantos detalles, advirtió que el músico rompió los códigos de la pareja.

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Pero en este tiempo pasó de todo. Después del comunicado que compartió Prandi hace poco más de diez días, donde anunció la separación, todos hablaron. La familia Ortega se metió en medio de la pelea y, más allá de defender al cantante, apuntó fuerte contra la conductora. Incluso aparecieron personas cercanas a una u otra parte del matrimonio, con una polémica aparición de Juan Alberto Mateyko que generó mucho revuelo.

Este viernes, Emanuel decidió compartir un comunicado defendiéndose de todas las acusaciones de infidelidad, horas después del regreso de Prandi a la Argentina -pasó unos días en Brasil, el destino al que la pareja se iba a ir de luna de miel antes de su ruptura-. Sin embargo, ahora que se volvió a instalar en el país, la rubia volvió a responder fuerte a las críticas que recibió en estos días.

Porque Julieta también fue muy atacada en estos días. Se la tildó de tóxica, que los celos que tenía por las mujeres que se acercaban a Emanuel eran insoportables y hasta se habló de que le llegó a revisar el teléfono a su marido. La modelo en tanto fue tajante: él destrozó su confianza. “Teníamos como acuerdo, que entre otras cosas tiene que ver con la honestidad, con no ocultar ni mentir nunca. Después de todo lo que vi, quería total sinceridad”, lanzó, aunque sin precisar demasiado.

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JULIETA PRANDI DESTROZÓ A JUAN ALBERTO MATEYKO POR DEFENDER A EMANUEL ORTEGA EN SUS INFIDELIDADES

Pero la historia siguió explotando mucho más por estas horas. Y es que uno de los focos a los que apuntó Julieta fue a las durísimas críticas que hizo Mateyko, con un posteo donde habló de una “dictadura” y defendiendo a Ortega. Al ser cercano a la familia del músico desde hace tantos años, el conductor iba a situarse de dicha vereda, aunque nadie imaginó que con un posteo así.

Si bien Prandi ya había hablado de la publicación de Mateyko en la nota a LAM, ahora subió la apuesta y en una charla con Santiago Riva Roy para DDM lo atendió fuerte. Según contó el periodista, la rubia no piensa entrar en una pelea directa con el locutor, aunque sí cuestionó con firmeza sus argumentos.

“Dice Julieta que ni siquiera merece la pena contestarle, que tiene un discurso muy violento en afán de apoyar a Emanuel y que le parece innecesario”, reveló sobre el mensaje que recibió de Prandi. Sin embargo, hubo otra frase que llamó especialmente la atención: “Contale a Mateyko lo que vos sabés, a ver si lo sigue defendiendo”, disparó.

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La frase de Julieta, si bien no tenía intenciones de generar mayor polémica, cayó de lleno contra Ortega y sus manejos. Incluso sugirió que Mateyko no estaría al tanto de todo lo que realmente sucedió. Y hasta cuestionó la forma en la que se metió dentro de la pareja y los tratos que tenía el matrimonio antes de esta separación.

Más allá de su enojo con Mateyko, el mensaje que hizo llegar Prandi también dejó entrever el desgaste que atraviesa en medio de la mediatización de su separación. En ese contexto, la modelo cerró sus palabras con una frase breve, pero cargada de angustia: “Te lo juro, no puedo más”.

 

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TEMAS


 

Julieta Prandi, Emanuel Ortega, Mateyko

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CHIMENTOS

Fiorel, la hija de Piero, a dos semanas de la muerte de su padre: “La música es un mantra y un refugio”

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La artista habló en exclusiva con Teleshow sobre la influencia de su padre, su formación en el Teatro Colón y el concierto que presentará en San Telmo (Gentileza de prensa)

Fiorel creció en una casa donde las canciones no eran sólo parte del paisaje: también eran una forma de conversar, de compartir inquietudes y de mirar el mundo. Hija de Piero y Mariana Schettini, la cantante lleva en su historia familiar un legado ligado a la música popular argentina, aunque desde muy chica comenzó a buscar una voz propia.

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A los 23 años, después de ocho años en el Coro de Niños del Teatro Colón y de haber explorado distintos géneros, encontró en el folklore un territorio donde puede reunir sus raíces, sus preguntas y una sensibilidad personal. En diálogo exclusivo con Teleshow, habló sobre su recorrido artístico y el proyecto que hoy la encuentra frente a un nuevo desafío.

Fiorella de Benedictis, conocida artísticamente como Fiorel, también creció compartiendo la música con sus hermanos, Juan de Benedictis y Giuliano. A través de Juan, es tía de Ámbar, la hija de Juana Viale. En ese entorno familiar, atravesado por artistas, canciones y conversaciones sobre el oficio, Piero ocupó un lugar central en su formación. Sin embargo, Fiorel no busca repetir la historia de su padre ni quedar limitada a ese apellido: toma esa herencia como una raíz y la transforma en una búsqueda propia.

Después de acercarse al jazz y de transitar diferentes experiencias musicales, encontró en el folklore argentino una manera de cantar aquello que la conmueve y de conectar con una tradición que también puede abrirse a nuevas formas de interpretación.

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Esa búsqueda se refleja en Crezco del viento, el proyecto que presentará el domingo 25 de octubre en La Carbonera, en San Telmo, junto a Sol Portillo, en vientos, y Martín Quaglia, en guitarra, bajo la producción de Darío Arellano. La propuesta reúne canciones, poesía, tradición e improvisación para recorrer distintos paisajes de la música popular argentina y abrir un espacio de encuentro con el público.

En una etapa atravesada por la reciente muerte de Piero, la música adquiere para Fiorel una dimensión todavía más íntima: es una manera de seguir adelante, de abrazar lo aprendido y de mantener cerca una presencia que forma parte de su historia, mientras construye con libertad el camino que eligió para sí misma.

Una persona con cabello largo toca una guitarra acústica con los ojos cerrados frente a un micrófono en un escenario iluminado
Fiorel construye una identidad musical propia a partir de sus raíces familiares y su vínculo con el folklore argentino ( Gentileza de prensa)

—¿Cuál es tu primer recuerdo ligado a la música?

—Canto desde muy chiquita. Desde que tengo recuerdos de que me gustaba pararme arriba de la mesa, agarrar cualquier cosa como si fuera un micrófono y cantar. Después, a los ocho años, entré a un coro de niños del Teatro Colón y empecé a participar en óperas, festivales y distintos conciertos. Desde entonces, la música pasó a ocupar un lugar muy importante en mi vida. De alguna manera, siento que está presente desde siempre.

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—¿Siempre sentiste una inclinación por el camino artístico?

—Sí, siempre estuvo esa inclinación. Recuerdo un momento de lucidez, cuando tenía alrededor de siete u ocho años, en el que empecé a pensar que dedicarse a la música podía ser complicado. Me lo cuestionaba y pensaba si debía elegir otra opción, tener un plan B. En un momento me dije: “Si vos te dedicás a otra cosa, es por miedo, porque en verdad lo que más te gusta hacer es cantar”. A lo largo del camino aparecieron miedos, por supuesto, pero siempre tuve la certeza de que este era un lugar sagrado y seguro que quería seguir cuidando.

Una persona con cabello largo toca una guitarra acústica con los ojos cerrados frente a un micrófono en un escenario iluminado
La cantante Fiorel se presentará el domingo 25 de octubre en La Carbonera, en San Telmo ( Gentileza de prensa)

—En tu casa la música siempre estuvo muy presente, principalmente por tu papá. ¿Él te apoyó desde el comienzo o fueron descubriendo juntos que también querías dedicarte a esto de manera profesional?

—Papá, sin duda, trajo la música a casa y siempre me apoyó. También lo hizo desde su sinceridad, que fue algo que me ayudó mucho a construirme. Él no me regalaba flores porque sí, sino que me decía con transparencia lo que sentía. Eso siempre me ayudó porque, cuando uno crece y sostiene una práctica, también tiene que aprender a mirarse. Su compañía fue muy importante para mí. Siempre estuvo presente y me ayudó a entender lo que significaba seguir este camino.

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Fiorel, entre la herencia de Piero y su propia voz: “La música es un mantra y un refugio”
Fiorel transforma la herencia musical de Piero en una búsqueda artística ligada a sus propias inquietudes (Instagram)

—¿Compartían canciones, proyectos y conversaciones sobre la música?

—Sí, totalmente. Yo siempre llegaba con mis inquietudes y las charlábamos. Les dábamos una vuelta y las pensábamos juntos. Me encantaba compartir todo con papá porque también eran intereses que teníamos en común. Su opinión, su escucha y su observación eran una parte fundamental de ese proceso. Era algo muy lindo poder acercarle lo que estaba pensando y conversar sobre eso con él.

—¿Cómo fue el proceso de construir tu propia identidad artística?

—Creo que hubo un antes y un después cuando fui por primera vez a una peña que era un homenaje a Mercedes Sosa. Fue hace cuatro o cinco años, cuando yo estaba estudiando jazz. En ese momento, mi motivación estaba más relacionada con ser la mejor, con la forma y con el ego. Pero cuando llegué a esa peña, entendí que todos estábamos reunidos para homenajear a la Negra, para cantar sus canciones y atravesarlas desde los sentimientos que nos acompañan en la vida. Fue una revelación. Pensé: “Esto es hermoso, yo quiero navegar estas aguas”.

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Una persona con cabello largo toca una guitarra acústica con los ojos cerrados frente a un micrófono en un escenario iluminado
Fiorel compartirá escenario con Sol Portillo y Martín Quaglia durante la presentación de Crezco del viento ( Gentileza de prensa)

—¿Y qué pasó?

—A partir de entonces empecé a nutrirme mucho de las canciones. Papá también tenía muchas composiciones de ese estilo, que nombran distintas situaciones de la vida y ayudan a transitarlas. Ahí empecé a sentir que estaba haciendo algo propio, y que tal vez eso se podía percibir en la manera en que disfruto cantar esas canciones.

—Antes mencionaste que estudiaste jazz. ¿Qué fue lo que te llevó a elegir ese género?

—Terminé mi etapa en el Teatro Colón alrededor de los 18 años, al mismo tiempo que terminaba la secundaria, y después ingresé a una escuela de música popular de Buenos Aires. Siempre me gustó toda la música, por eso me costaba mucho encasillarme. Sentía que tenía que elegir un género para poder profundizar, y el jazz fue uno de esos caminos. Es una música muy rica para investigar y transitar, aunque uno no la haga de manera permanente. Tiene muchísimo lenguaje y muchas herramientas. En la facultad formaba parte de un ensamble de jazz y lo estudiaba, pero tenía otras motivaciones. Todavía no sentía que estuviera expresando algo completamente propio.

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Una persona con cabello largo toca una guitarra acústica con los ojos cerrados frente a un micrófono en un escenario iluminado
«Con mi papá compartíamos gustos por artistas más actuales del folklore argentino», sostuvo (Gentileza de prensa)

—¿Cómo influyó esa peña que mencioniaste en la decisión de avanzar en el folklore?

—La peña fue muy importante, pero también influyó un disco que grabé con papá hace unos cinco años. Fue lo primero que grabé en mi vida y se llamó Folklore a mi manera, igual que un disco que él había hecho. Era un trabajo de folklore, pero desde su manera de interpretarlo. Recuerdo que, cuando papá salió de estar internado, organizamos una juntada para acercarlo nuevamente a la música y para que nos acompañara en un ambiente de guitarreada, donde siempre aparece algo lindo. Él me influenció muchísimo. Me acercó a Mercedes Sosa, Juan Falú, Silvio Rodríguez y Eduardo Falú. También compartíamos gustos por artistas más actuales, como Silvana Estrada, Silvia Pérez Cruz y Marta Gómez. Y, por supuesto, Atahualpa Yupanqui. Compartíamos mucho el gusto por el folklore, pero también ciertas formas de pensar y de reflexionar sobre la vida.

Una persona con cabello largo toca una guitarra acústica con los ojos cerrados frente a un micrófono en un escenario iluminado
La artista encontró en el folklore argentino una forma de expresar sus emociones y construir su identidad musical (Gentileza de prensa)

—Entonces, además de una pasión compartida, la música también era un punto de encuentro entre ustedes a través de los artistas y de las ideas.

—Sí, exactamente. También compartíamos pensamientos y formas de reflexionar. No era solamente escuchar música, sino conversar sobre lo que esas canciones nos generaban.

—¿Cómo nació Crezco del viento, el proyecto que vas a presentar el 25 en San Telmo?

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—En principio, Crezco del viento fue una propuesta de divulgación que también funcionó como mi tesis de la facultad. Era una tesis de investigación sobre el folklore y se convirtió en un concierto que hicimos en junio. Ahora ya no es tanto una propuesta de divulgación. Crezco del viento es una canción mía que busca nombrar esa sensación de aventurarse hacia el riesgo que trae todo lo que uno desea. Tiene que ver con atravesar una incomodidad, asumir un desafío y pasar por algo para conseguir otra cosa que uno considera valiosa. Pensaba que en la palabra “aventurarse” también había algo de viento, y de ahí surgió el nombre.

Una persona con cabello largo toca una guitarra acústica con los ojos cerrados frente a un micrófono en un escenario iluminado
Fiorel define a su show como «un espacio para expresar» lo que siente. (Gentileza de prensa)

—¿A qué te referís?

—Hay canciones que me transmiten esa sensación de aventura, que de repente toman vuelo y hacen sentir ese riesgo. También trabajamos mucho con la improvisación. El ensamble incluye a Sol Portillo y a Martín Quaglia en guitarra, y ahora se sumó Diego Sosa en charango. Tenemos una estructura que nos da una base segura, pero también hay mucho vuelo. Cada ejecución es distinta porque uno no está igual todos los días. Nos permitimos tener un espacio para expresar lo que sentimos en ese momento. Y ahí aparecen el riesgo y la entrega.

—¿La improvisación funciona también como una forma de catarsis para ustedes?

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—Totalmente. Además, las letras funcionan como un punto de partida para una conversación interesante. Las canciones hablan del tiempo, la muerte, la vida, la tristeza, la distancia y la familia. También cantamos canciones de papá porque conviven muy bien con este repertorio. Tengo una inquietud muy grande por la comunicación y por compartir estas canciones. Algunas personas ya las conocen y otras no, pero siempre está bueno refrescarlas y tenerlas a mano para que nos acompañen en la vida.

Una persona con cabello largo toca una guitarra acústica con los ojos cerrados frente a un micrófono en un escenario iluminado
«Tengo una inquietud muy grande por la comunicación y por compartir estas canciones», expresa la artista a este medio ( Gentileza de prensa)

—¿Qué te gustaría que el público se lleve después de escuchar este repertorio?

—Ojalá las canciones abran una reflexión. Espero que, además de ser un momento de disfrute, aparezca la posibilidad de incorporar una herramienta nueva. Tengo amigos que no pertenecen al mundo del folklore y vienen a escuchar. Después me dicen: “Yo no suelo prestar atención a las letras, pero hay algo en la manera en que tocan que me permite seguirles el hilo y me siento nombrado, me siento interpelado”. Eso es lo que más me gusta. Ojalá aparezca algo que les permita abrir un pensamiento, una reflexión y llevarse un tesoro nuevo, un lugar seguro.

Fiorel, entre la herencia de Piero y su propia voz: “La música es un mantra y un refugio”
Fiorel mantiene presente la obra de su padre mientras desarrolla un camino artístico independiente (Instagram)

—Hace poco falleció tu papá. ¿Cómo estás atravesando este proceso y de qué manera te acompaña la música, especialmente de cara al show que vas a presentar?

—Acá estamos… Es doloroso y duro, por supuesto, pero me siento muy acompañada por todo lo que él dejó y por tanta obra. El 14 de noviembre voy a hacer un homenaje a papá y, al cantar sus canciones. Lo siento cerca porque su obra siempre nombró aquello que uno siente mientras atraviesa la vida. Su manera de decir las cosas y de escucharlo siempre me lo trae un poco más cerca. También siento que nuestra relación, a lo largo de toda su vida, me fortaleció y me dio herramientas para transitar este momento.

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—¿Por qué?

—Hace tres años estuvo internado y muy grave. Eso también fue una especie de aviso: la vida es corta y nunca se sabe realmente cuándo termina. Agradezco mucho esa y otras situaciones que me permitieron valorar cada encuentro. Eso también me genera mucha paz.

Una persona con cabello largo toca una guitarra acústica con los ojos cerrados frente a un micrófono en un escenario iluminado
Las canciones de Crezco del viento recorren temas como la vida, la muerte, la distancia y la familia (Gentileza de prensa)

—¿Sentiste el apoyo de tu familia y el cariño de sus seguidores durante este momento tan difícil?

—Sí. Mucha gente se acercó a mí y a mi familia, que también está muy atravesada por todo esto. Nos llegó el cariño de muchas personas. A papá lo querían muchísimo y eso se siente. Siempre es lindo recibir el cariño de los demás, sobre todo en momentos como este. Así que acá estamos.

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—¿Qué le recomendarías a alguien que quiere acercarse al folklore pero todavía no sabe por dónde empezar?

—Que deje que la curiosidad lo lleve hacia donde algo le resuene. Que siga el rastro de esa curiosidad y abra el camino al que lo conduzcan su intuición y sus inquietudes. También puede venir el domingo. Siempre están las peñas y los cantores que interpretamos canciones nuevas. Mercedes Sosa es un lugar seguro, al igual que Atahualpa Yupanqui y Raúl Carnota. Hay muchísimos referentes. Es lindo dejarse llevar por un lugar que no sea solamente lo masivo. El folklore y la guitarra también tienen algo muy especial. Cuando aparece una guitarra en una reunión, en lugar de formarse grupos aislados que conversan por separado, se arma una conversación colectiva. A través de las temáticas de esas canciones puede surgir otro tipo de intercambio. Ojalá eso nunca se pierda, porque es un tesoro gigante.

Una persona con cabello largo toca una guitarra acústica con los ojos cerrados frente a un micrófono en un escenario iluminado
«Es un lugar seguro para conectar con lo que uno siente y para comunicarse», reflexiona Fiorel sobre la música ( Gentileza de prensa)

—Si tuvieras que definir en una frase qué significa la música para vos y qué lugar ocupa hoy en tu vida, ¿cuál sería?

—Es un mantra y un refugio. Creo que esas son las dos palabras: mantra y refugio. Es un lugar seguro para conectar con lo que uno siente y para comunicarse.

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CHIMENTOS

Juan José Campanella habla de la serie sobre la tragedia que atravesó Matías Bagnato: “A veces el mal no tiene redención”

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La Masacre de Flores, Matías Bagnato tenía 16 años cuando sobrevivió al incendio intencional que mató a sus padres, sus dos hermanos y un amigo de la familia

A las cuatro de la madrugada del 17 de febrero de 1994, Matías Bagnato sobrevivió al incendio intencional que terminó con la vida de sus padres, sus dos hermanos y un amigo en la casa familiar del barrio porteño de Flores. Tenía dieciséis años. Logró salir de las llamas, pero quedó frente a una escena que definiría su existencia: José Bagnato y Alicia Plaza, sus padres; Fernando y Alejandro, sus hermanos; y Nicolás amigo de la familia, murieron en el ataque. La investigación determinó que el responsable fue Fructuoso Álvarez González, quien recibió una condena a prisión perpetua.

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La tragedia dejó a Matías sin su núcleo familiar y lo obligó a atravesar la adolescencia bajo el peso de un crimen que volvió a alcanzarlo años después, cuando Álvarez González recuperó la libertad y retomó las amenazas. Su abuela se convirtió en un sostén decisivo de esa etapa y murió durante la pandemia. Entre el duelo, el temor por sus seres queridos y la búsqueda de justicia, Bagnato construyó una vida pública como sobreviviente y referente de los derechos de las víctimas.

El documental incluye el testimonio de personas del entorno íntimo de Bagnato, algunas de las cuales hablan públicamente por primera vez

Más de tres décadas después, La Masacre de Flores, la serie documental de tres episodios que HBO Max estrenó este 22 de octubre, vuelve sobre el caso desde esa herida que nunca se cerró del todo. Dirigida por Augusto Tejada y con Juan José Campanella como productor ejecutivo, la producción recupera el crimen, el recorrido judicial y la vida posterior de su único sobreviviente. La serie reúne el testimonio de Bagnato, material de archivo y las voces de familiares, periodistas, abogados e integrantes del tribunal.

Una fotografía impresa de un hombre joven recostado sobre el hombro de una mujer mayor dentro de un vehículo
La serie pone el foco en la reconstrucción personal de Bagnato tras el crimen y en su posterior activismo por los derechos de las víctimas

Para Campanella, el centro del relato no queda reducido a aquella madrugada. El productor conoce a Bagnato desde hace casi 20 años, cuando ambos coincidieron en el trabajo por la Ley de Víctimas junto a familiares de la tragedia de Once. En diálogo con Teleshow, explicó por qué la docuserie pone el foco en las sucesivas reconstrucciones personales de Matías, qué elementos desconocidos del caso revela y de qué manera se abordó a quien provocó el ataque.

Matías Bagnato sobrevivió al incendio intencional de 1994 en el que murieron sus padres, sus dos hermanos y un amigo de la familia
Matías Bagnato sobrevivió al incendio intencional de 1994 en el que murieron sus padres, sus dos hermanos y un amigo de la familia

—¿Qué vínculo tenías con Matías antes de este proyecto y qué te generó conocer su historia en profundidad?

—Conozco a Matías hace casi 20 años. Nos conocimos cuando yo estaba muy metido con la gente de la tragedia de Once y empezaron a reunirse para lograr la Ley de Víctimas; también estaba Carolina Píparo. Ahí lo conocí, ya como activista. Seguí el caso y, cada vez que Fructuoso estaba por salir, salíamos todos en Twitter y en otros espacios. Es una historia que tenemos bastante hablada. Pero hay muchos detalles que uno no conocía y, además, verlo todo junto y ordenado tiene otra dimensión emocional.

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—¿Cómo conviven esa emoción y la mirada profesional al hacer un documental?

—Es raro cuando uno trabaja en algo así porque el profesional toma posesión del cuerpo y de las emociones. Hay que tomar decisiones artesanales o artísticas. Para mí fue tener esa reacción personal y, al mismo tiempo, trabajar sobre la forma de contarla.

—¿Qué distingue a este documental de otras historias sobre crímenes reales?

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—No es una historia de true crime. Lo que ocurrió en el incendio aparece en el primer capítulo, porque para mí es el primer acto de la historia. Matías tuvo desde entonces dos reencarnaciones y ahora, con el caso terminado, necesita una tercera. Es una persona que tuvo que nacer de nuevo todo el tiempo. La historia de resiliencia y supervivencia era lo importante; por eso ocupa los dos capítulos finales.

Matías y Juan José, la serie reúne testimonios, material de archivo y voces de familiares, periodistas, abogados e integrantes del tribunal
Matías y Juan José, la serie reúne testimonios, material de archivo y voces de familiares, periodistas, abogados e integrantes del tribunal

—¿A qué te referís con esas reencarnaciones?

—Él termina el incendio como un chico de dieciséis años, en calzoncillos, mirando arder la casa con toda su familia adentro. Tiene que reinventarse para tener una vida con los problemas de una persona normal. Después lo logra y, años más tarde, reaparece este hombre con sus amenazas. Entonces tiene que reinventarse como activista por los derechos de las víctimas. Ese es el Matías que yo conocí. Ahora que terminaron sus dos causas, proteger a su familia y hacer justicia, tiene que encontrar otra forma de vivir porque ya no están los motores que lo sostuvieron durante treinta años.

La causa judicial tuvo nuevas instancias luego de la condena de Álvarez González. El acusado fue trasladado a España en 2004 para continuar allí el cumplimiento de su pena y murió detenido el 30 de abril de 2023.

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Benjamin Vicuña hijos Uruguay
La docuserie de HBO Max reconstruye el ataque, el proceso judicial y las décadas posteriores en la vida de su único sobreviviente

—Sin revelar demasiado, ¿con qué información se va a encontrar la gente cuando vea la serie?

—Le va a llamar la atención lo poco que sabe del caso. Todos preguntan eso y, cuando ven el documental, dicen: “Esto no lo sabía”. La gente conoce más que nada a Matías Bagnato, que cada seis meses aparecía en los medios para pedir que no liberaran a Fructuoso. Pero no se conocen los detalles de esa noche, las vueltas de tuerca, quiénes ayudaron, cómo fueron los primeros días, por qué ocurrió, las cosas que habían pasado antes. Y tampoco se conoce su lucha personal para sobrevivir durante los treinta años posteriores.

—¿Qué lugar ocupa su familia en ese recorrido?

—Matías nunca quiso hablar de muchas cosas para protegerla. Mencionaba a la abuela, pero no mucho más, porque temía que este hombre fuera detrás de ellos. En el documental aparece esa red de contención y de amor. Hay testimonios que no se conocían, como el de Berta, la chica que trabajaba en la casa y que hoy sigue con él; es como una hermana. Se conocía lo público, pero no el detrás de escena.

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—¿Matías marcó límites sobre lo que se podía contar?

—Solo me dio libertad: su objetivo era contar todo. La comunicación con el público lo mantuvo vivo. Trabajó en radio y encontró en ese vínculo una manera de sobrevivir. Se convirtió en un comunicador y prácticamente se desnuda en el documental.

Matías Bagnato recuerda a su abuela, que lo crió después de perder a toda su familia

—¿Cómo se trabajó sobre la figura de Fructuoso Álvarez González?

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—Se cuenta todo lo relevante para esta historia. La primera intención de quienes contamos historias es encontrar complejidad en los personajes, buscar los grises y evitar el blanco y negro. Pero con este hombre fue imposible. A veces el mal no tiene redención. Asusta que exista gente con ese nivel de frialdad y horror.

—¿Su familia participó del documental?

—Tiene dos hijas, pero no quisieron participar. Tampoco participó la familia del amigo de Matías que murió en el incendio. Se menciona que había otro chico, pero no se da el nombre ni se entra en detalles por decisión de sus familiares.

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—¿Cómo quedó el equipo después de terminar la serie?

—Estamos todos muy contentos. Matías es muy emotivo y el documental también. La historia nos pegó fuerte.



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CHIMENTOS

¡Se terminó! Tras 6 años juntos, la tremenda separación que sacude al mundo del espectáculo: “Es una decisión”

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Sonaba en el ambiente, esa versión de un desenlace conclusivo se esparcía por el aire y causaba picazón, una sensación de extrañeza absoluta. La idea de una separación de ese binomio lucía descabellado, como una posibilidad improbable, pero acaba de suceder.

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Hace varios meses, Ángel de Brito sorprendió al informar que Rodrigo Lussich y Adrián Pallares culminarían una etapa, que ya no funcionarían más como una dupla. Empero, los conductores de Intrusos desbarataron esas teorías.

Ahora, el uruguayo rompió con todos los esquemas y se animó a confirmar que se terminó la relación con Pallares. ¿Qué pasó? En una entrevista en Blender, con José María Listorti, el famoso dejó a todos asombrados al comunicar este cierre.

«El día que me vaya de Intrusos…», expresó Rodrigo, lo que provocó que Listorti le pregunte si existe la chance de bajarse del programa. Así, Lussich admitió: «No lo sé, no está definido. Cuando eso pase, seguramente no voy a hacer otro programa de chimentos, porque no hay nada mas arriba que Intrusos».

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LUSSICH CONFIRMÓ QUE YA NO TRABAJARÁ CON PALLARES

Y esa revelación, el uruguayo encendió la cerilla de la bomba al comunicar que se acabó para siempre el vínculo profesional. «Tuve la posibilidad de conducirlo con Adrián, veremos cómo se sigue. La dupla no va a seguir, como dupla terminamos el 31 de diciembre con Adrian», contó.

«¿Uno de los dos no sigue?», consultó José María, lo que activó en Lussich la confesión del origen de esta tajante determinación. «No es una decisión nuestra, es una decisión del canal», aseveró.

 

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