POLITICA
La visita de Juan Pablo II que quedó en la historia: estuvo 33 horas en el país y 2 millones de personas fueron a verlo

Desde unas horas antes ya estaba todo preparado en la pista del aeropuerto de Ezeiza. Los miembros de la Junta Militar esperaban en el palco erigido a un costado, también la banda musical. Hacía frío y había mucho viento. Eso, a último momento, complicó los planes. La alfombra dispuesta al pie de la escalera comenzó a volarse. Decenas de voluntarios corrieron a sostenerla.
A las 8.50 del 11 de junio de 1982, aterrizó el avión de Alitalia que traía al papa Juan Pablo II a la Argentina; el primer papa en ejercicio en visitar el país (los que luego sería Pío IX y Pío XII habían estado brevemente antes de ser papas).
El viaje había sido organizado con urgencia en medio de la Guerra de Malvinas.
A las 9.02, el papa bajó por la escalera, dio unos pasos, se arrodilló y besó el suelo argentino. Unos segundos después, dos obispos argentinos y el Gral. Galtieri, presidente de facto, se acercaron a saludarlo.
Las terrazas de los espigones de Ezeiza rebalsaban de gente que agitaba banderas y gritaba.
Empezaban 33 horas fragorosas de una visita exprés pero fundamental. Muchos sostienen que la llegada de Juan Pablo II a la Argentina fue clave para precipitar el fin de la Guerra de Malvinas. No sólo por sus conversaciones privadas con los militares argentinos sino por el mensaje y el ánimo que dejó en la población. Durante cada aparición pública, el papa insistió con el mensaje de paz. Una paz justa, digna y duradera. Clamaba para que se terminara el dolor.
En 1980, una misión vaticana negoció con el gobierno y con la corona inglesa una visita de Juan Pablo II a Gran Bretaña. El papa polaco se distinguía de sus antecesores no sólo por la nacionalidad sino por su itinerancia: llevaba su mensaje a todos los continentes. El atentado contra él perpetrado por Alí Agca el 13 de mayo de 1981 pareció frenar ese impulso viajero. Pero apenas se repuso, Juan Pablo II retomó sus periplos; con su llegada a la Argentina llegaba a los 200.000 kilómetros recorridos desde el inicio de su gestión.
El problema con el viaje británico fue que, fijado dos años antes, cayó en medio de la Guerra de Malvinas. El papa viajaría a Inglaterra entre el 28 de mayo y el 2 de junio. Cuando se confirmó, en la Argentina hubo grandes enojos y protestas. La junta militar (y buena parte de la población) guardaba la esperanza de que Juan Pablo II suspendiera la visita británica. Pero desde el Vaticano repetían que sólo era un viaje pastoral, que nada tenía que ver con la política y que no había posibilidades de que no se realizara.
Los militares trataron de que los medios criticaran al Vaticano, de iniciar una campaña de prensa, pero no lo consiguieron. Hubo quejas diplomáticas que no se hicieron públicas y múltiples presiones.
Los cardenales argentinos Juan Carlos Aramburu y Raúl Primatesta viajaron a la santa sede para notificar personalmente al papa de la molestia que la gente expresaba por su viaje a Inglaterra. Es muy probable también que llevaran algún mensaje secreto del gobierno nacional.
El malestar argentino surtió efecto. El papa, en una carta manuscrita que dio a conocer el 25 de mayo, se dirigió a los argentinos. Explicaba que el viaje a Inglaterra había sido coordinado con mucha antelación, que no podía desilusionar a los fieles que lo esperaban, afirmaba que esperaba ir pronto a dar misa a Luján para todos los argentinos, aclarando que esa que sería una breve visita no descartaba que se organizara otra más larga y completa para después, y llamaba a la paz: “Mis días de permanencia en Gran Bretaña seguirán siendo una incesante plegaria en favor de la paz”, afirmaba la misiva.
La primera oferta de los negociadores vaticano fue que Juan Pablo II volaría directamente desde Londres a Buenos Aires, para no mostrar parcialidad en el conflicto bélico.
Pero la Junta pidió más tiempo y la llegada papal se postergó hasta el 11 de junio. Sería breve e intensa pero los militares argentinos la consideraron como una victoria diplomática pese a que el papa se encargó de aclarar que no sería una mediación sino un viaje pastoral organizado in extremis.
Desde que se arregló la llegada del pontífice en abril hasta su arribo en junio, la situación en las Islas Malvinas había cambiado mucho. Aunque en la Argentina se desconociera, algunos analistas internacionales se preguntaban si todavía habría guerra para cuando el papa pisara Buenos Aires. Su gira, breve y de una intensidad maniática, fragorosa, debía ganarle al avance británico.

Un día y medio después de que Juan Pablo II abandonara el país, se produjo la capitulación argentina: ¿Cuánto tuvo que ver la presencia del papa en el país?
Muchos años después, Galtieri le aseguró al Tata Yofre que esa visita de día y medio perjudicó su accionar y las chances argentinas. Esa afirmación no parece tener el más mínimo sustento fáctico. La posición argentina y su capacidad de rechazar los avances ingleses sobre Puerto Argentino, a esa altura, no eran demasiadas ni alentadoras, pese al exitismo tropical que pudiera reinar en la Casa Rosada, en algunas redacciones y en las calles de las grandes ciudades del país.
Unos días antes de la llegada de Juan Pablo II, un grupo de civiles encabezados por Adolfo Critto, un sociólogo católico con contactos políticos, trabajaron por un plan de paz: “El Plan Critto, escrito pensando en la llegada del papa, consistía en un llamamiento público de Galtieri de retirada de tropas, explicándole al país la imposibilidad de seguir combatiendo con un enemigo superior en preparación y tecnología”, se cuenta en Malvinas. La Trama Secreta, un clásico de la no ficción argentina escrito apenas terminada la guerra por Cardozo, Kirschbaum y Van der Kooy. Ese plan tenía en cuenta subrayar los hechos que se veían como positivos: haber puesto en primer plano la causa justa, la lucha por la soberanía, se habían hecho sacrificios, se había logrado unir al país. Esas cosas había que preservarlas en una mesa de negociaciones porque no tenía sentido seguir combatiendo contra un enemigo muy poderoso y que tenía el total respaldo de Estados Unidos.
El Plan Critto sostenía que había que aprovechar la presencia del papa para que él diera un marco de paz, serenidad y comprensión cristiana, al retiro de tropas y al hecho de dar por concluidos los enfrentamientos.
Al principio pareció que Galtieri podía aceptar la propuesta (que todavía no se había consultado con fuentes vaticanas); pero los líderes de la Armada la rechazaron de plano.

En los primeros días de junio de 1982, como avanzada vaticana, llegó Paul Marcinkus, el obispo norteamericano que era uno de los hombres más poderosos de la Iglesia. Manejaba sus finanzas y fue llamado El Banquero de Dios, estuvo involucrado en la caída del Banco Ambrosiano y algunos hasta lo señalaron como responsable de la muerte de Juan Pablo I. Lo cierto es que Marcinkus era muy poderoso y cercano a Juan Pablo II: la visita era tan sensible, en un momento tan álgido, que envió a alguien de su mayor confianza y con poder de decisión para lidiar con los militares argentinos, para poner reglas de juego claras, para tratar de influir en sus decisiones bélicas y para ahorrarle momentos incómodos a Juan Pablo II.
Ya aterrizado en Ezeiza, Juan Pablo II dio unas palabras desde un atril ubicado en la pista: instaló el concepto que repetiría a lo largo de su estadía, la paz. Acompañó en el dolor a las víctimas y a sus familiares (habló también de la incertidumbre de los que no sabían el destino de sus seres queridos, ampliando para quien quisiera entender, el mensaje a los desaparecidos aunque sin mencionarlos) y le exigió a ambos gobiernos y a los organismos internacionales que pongan fin a la guerra.
Después, Juan Pablo II se dirigió a la Catedral porteña. Al costado de la autopista y de las avenidas, lo saludaban multitudes. En cada vereda había cientos y hasta miles de personas que agitaban sus manos, pañuelos y banderas para expresarle su cariño. Desde su cabina blindada, el sumo pontífice saludaba y repartía bendiciones -en algunos medios se especuló sobre lo que debían dolerle los brazos por las noches. No sólo en las calles se amontonaba la gente, también en los balcones que corrían riesgo de desmoronarse ante tanto peso.
Una de las estrellas de la visita fue el Papamóvil. El vehículo con el que hizo sus traslados públicos fue una sensación. Una camioneta Ford F-350 que estaba destinada a ser un remolque de la ACA, se transformó en el transporte papal. Lo rodeaba una cabina blindada. En el interior, en el centro, un sillón que giraba para que el papa pudiera saludar a los fieles mientras atravesaba las avenidas porteñas y autopistas.
De la Catedral caminó hasta la Casa Rosada. Hubo una reunión con la Junta Militar. Fue puramente protocolar. Después tuvo otra privada, sólo con Galtieri. No hubo versiones oficiales sobre lo hablado pero se supone que el papa pidió para que no hubiera más muertos ni familias segadas, y que dio a entender que él sabía cuál era la verdadera situación en Malvinas. Además, le recordó que el gobierno argentino no había aceptado el laudo arbitral en el caso del Beagle.
Después, salió al balcón de la Casa Rosada desde el que Galtieri meses antes había vociferado “Si quieren venir que vengan”, y bendijo a la multitud.
Luego, el papa inició su camino hacia Luján, donde desde hacía días, pese al frío y la lluvia, lo esperaban miles.
Otra vez el Papamóvil y las multitudes al costado de las avenidas, las banderas, los gritos y los balcones desbordados. Cruzó toda la Avenida Rivadavia y en Morón tomó un tren especialmente acondicionado hasta Luján.
La misa frente a la Basílica la escucharon más de 800.000 personas y en la emisión televisiva por cadena nacional batió récords de encendido. En Luján se describió como “el peregrino de los momentos difíciles”.
Luego emprendió el regreso a Buenos Aires para el descanso en la Nunciatura porteña, para poder encarar sus últimas horas en el país.
La segunda misa, la del sábado 12 de junio, fue en el Monumento a los Españoles, mismo lugar en la que tendrá lugar la ceremonia de León XIV el lunes que viene. Esa mañana concurrieron dos millones de personas a la Avenida del Libertador a la misa de Corpus Christi. Una multitud extraordinaria que los diarios destacaron como la mayor convocatoria de la historia argentina hasta el momento.
La cantidad de gente desbordó las expectativas y, también, a la seguridad. A Galtieri le costó más de 10 minutos acceder al palco pese a que el auto oficial lo había dejado a menos de 15 metros.
El Papamóvil avanzaba también con dificultad, pero mucho más complejo era el trabajo de las motos que le abrían camino. Esos hombres de custodia no dudaron en arrollar a varios transeúntes que se cruzaban en el camino. Hubo decenas de heridos y fracturados por el accionar de esta custodia que abría el paso.
Algunos de los heridos y desmayados eran sacados del lugar en camillas. Desde el Papamóvil, Juan Pablo II le daba la bendición a los que pasaban descompuestos frente a él.
El mensaje fue nuevamente de paz. Una paz duradera, digna, honrosa. La gente reaccionó de buena manera. Se escuchó muchas veces a la lo largo de la ceremonia el grito de “¡Queremos la paz!”. Pese a la cerrazón informativa y la euforia de buena parte de los medios (y las noticias falsas que hablaban de miles de bajas del lado inglés y de constantes triunfos argentinos) que la población iba entendiendo. La guerra hacía su trabajo y los argentinos no querían atravesar más dolor ni muerte.
La misa fue transmitida una vez más por cadena oficial. Al iniciar la transmisión se escuchó, como durante toda la Dictadura, la voz del locutor oficial, Juan Mentesana. Los diarios consignan que cuando mencionó a los miembros de la Junta Militar se escucharon varios silbidos entre la multitud. Muy cerca del escenario, a la izquierda del altar, había una amplia delegación de las Madres de Plaza de Mayo que tampoco pasó desapercibida y fue bendecida por el papa.
Juan Pablo II les pidió a los jóvenes argentinos que se unieran con los jóvenes británicos. “Ellos también en los últimos días han aplaudido y han sido igualmente sensibles a toda invocación de paz, de concordia. No dejen que el odio marchite la energía generosa y la capacidad de entendimiento que todos llevan adentro”, dijo frente a la multitud.

El mar de gente respondía con aplausos y agitando banderas argentinas y con los colores papales. La ovación más grande fue cuando recordó que los jóvenes británicos le habían pedido que intercediera para lograr el fin de la guerra. Otra vez el rugido: “¡Queremos la paz!”.
Más allá de esas explosiones para remarcar o festejar algún aspecto de la homilía, la ceremonia se siguió en un respetuoso silencio; tanto que muchas veces, de fondo, se escuchaba el ulular de las sirenas de las ambulancias que iban y venían de los hospitales trasladando los múltiples pacientes surgidos de la multitud y los empujones y las avalanchas espontáneas; el trabajo había empezado porque varios de los que acamparon, mojados y soportando el frío terrible, fueron atendidos por hipotermia. Tanto trabajo tuvieron los médicos que hasta hubo dos partos: dos mujeres embarazadas dieron a luz en medio de la ceremonia.
Después de “Juan Pablo Segundo, te quiere todo el mundo”, el otro cántico más repetido durante esa jornada fue “Camilla, camilla”, de gente que pedía asistencia de manera constante.
A la hora de la comunión, el papa la brindó a los diáconos que lo ayudaron en la ceremonia y a un grupo de personalidades que estaban en el palco principal. Por una rampa accedieron al escenario/altar los miembros de la Junta Militar para recibir la comunión de manos de Juan Pablo II; también lo hizo Jorge Rafael Videla. Imágenes que hoy producen escozor.
Con la masa en movimiento, se produjeron momentos de caos. Había 2000 sacerdotes distribuidos en diferentes lugares para dar la comunión a los fieles. Pero fueron pocos los que pudieron recibir su hostia consagrada. Algunos de los curas se desmayaron por los apretujones, otros fueron arrollados por los que querían acercarse.
Otra frustración fue la del coro. Un coro de cientos de voces había ensayado para la ocasión con un órgano. Pero varios de los integrantes del conjunto vocal no pudieron llegar al escenario. Tampoco lo hizo el órgano que quedó a 50 metros pero que fueron infranqueables por la cantidad de gente que impedía el paso.
“Me siento espiritualmente feliz. Interpreto que así lo está también nuestro pueblo. Hemos compartido pocas pero intensas horas de nuestras vidas con el sucesor de Pedro que, como Vicario de Cristo, reconfortó sin dudas nuestro espíritu con la fe y la esperanza en estas inolvidables jornadas”, dijo Galtieri apenas terminada la misa que consideraba la visita un gran éxito político propio. Lo que Galtieri no decía era que el avance inglés era indetenible, tanto que los comunicados oficiales, minutos antes de que empezara la misa de Juan Pablo II, se bajaron del exitismo furioso para anunciar ataques ingleses y dificultades en las defensas argentinas.
El jefe de la aeronáutica Basilio Lami Dozo, en medio de la visita y con la guerra casi perdida, intentó acomodarse para los días venideros sabiendo que la derrota era inevitable y que ya antes de ella, la dictadura padecía una crisis terminal. El 12 de junio declaró: “Una vez terminada la guerra no volveremos a cometer los errores del pasado y se instalará en el país una democracia pluralista”.
Menos de 48 horas después de la partida de Juan Pablo II del país se producía la rendición argentina.
El papa cumplió su promesa y regresó al país en abril de 1987. El panorama ya era muy diferente. Un gobierno democrático y el conflicto del Beagle dirimido. Estuvo del 6 al 12 de abril. recorrió muchísimas ciudades (Mendoza, Córdoba, Tucumán, Viedma, Bahía Blanca, Salta, Corrientes, Paraná, Rosario), estuvo en el Colón y en el Luna Park. También tuvo su misa multitudinaria en la 9 de julio, fue la Misa de Ramos.
Esta visita no tuvo consecuencias políticas directas como la anterior, pero a la semana de su partida otra vez el país estaba movilizado y en las calles: se había producido el primer levantamiento Carapintada.
Juan Pablo II, Papa, Iglesia
POLITICA
Luis Caputo y Martín Llaryora acordaron compensar deudas por $143.000 millones

CÓRDOBA.- El ministro de Economía de la Nación, Luis Caputo, y el gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, acordaron compensar deudas por casi $143.000 millones. El saldo que le queda por pagar a la Provincia lo hará con un cronograma de pagos que se extenderá hasta diciembre de 2027.
La administración provincial, en tanto, mantiene sus reclamos por las diferencias del déficit de la Caja de Jubilaciones de 2025 y 2026 y preserva dos causas judiciales ante la Corte Suprema de Justicia.
El acuerdo prevé el reconocimiento de deudas nacionales a favor de Córdoba por $142.959 millones que se descontarán de obligaciones provinciales por $438.705 millones (Córdoba recibió un anticipo financiero por $400.000 millones hace unos meses). Los $295.746 millones a favor de Nación se pagarán mensualmente a y a tasa de interés del 15% nominal anual.
El acuerdo que firmarán los próximos días Caputo y Llaryora se encuadra en el Régimen de Extinción de Obligaciones Recíprocas. El principal componente de la deuda nacional reconocida a favor de Córdoba son $110.000 millones de Anses, correspondientes al anticipo para el actual ejercicio. El resto son por ajustes de la compensación del Consenso Fiscal.
Por su parte, Córdoba reconoce obligaciones con Nación por el anticipo financiero, sus intereses y un pago a cuenta de la deuda con el Club de París por $23.747 millones (que deben pagar todas las provincias). Los primeros $60.000 millones del plan de pagos vencerán el último día hábil de este mes.
Uno de los puntos centrales del convenio es a qué renuncia la Provincia: desistirá de los derechos y acciones vinculados exclusivamente con los conceptos y montos de las deudas nacionales incluidos en la compensación, incluidas las pretensiones impugnatorias y resarcitorias.
Sin embargo, el texto excluye expresamente de esa renuncia las diferencias a favor de Córdoba que surjan de la determinación definitiva de los déficits del sistema previsional provincial de 2025 y 2026, cuya cobertura corresponde al Estado nacional a través de Anses.
El convenio no agota las obligaciones entre ambas jurisdicciones, ya que Nación y Córdoba podrán incorporar otras deudas y créditos en futuros acuerdos, dentro de los plazos y condiciones del régimen.
A partir del acuerdo, la Provincia deberá suministrar información fehaciente sobre la evolución de sus finanzas públicas a la Secretaría de Hacienda. Anualmente, presentará el presupuesto aprobado o prorrogado del sector público no financiero, con su esquema de ahorro, inversión y financiamiento; un resumen de la normativa de Ingresos Brutos, Inmobiliario, Automotores y Sellos; e información sobre nuevas inversiones.
Gabriela Origlia,Conforme a
POLITICA
Las CTA le escribieron una carta al papa León XIV con críticas al gobierno de Javier Milei

En la previa a la visita del papa León XIV, las CTA le enviaron una carta pública con fuertes críticas al gobierno de Javier Milei. Allí advirtieron sobre la “grave situación de precarización y endeudamiento” que atraviesan los trabajadores en la Argentina.
La nota está firmada por la CTA de los Trabajadores y la CTA Autónoma, donde además afirman que la respuesta del Gobierno a los reclamos fue “represión de las protestas”. “Han disparado a mansalva con balas de goma y gases lacrimógenos contra jubilados, personas con discapacidad, niños y jóvenes, hasta casi asesinar a un fotógrafo y trabajador de prensa, como fue el caso de Pablo Grillo”, subrayaron.
En la misma línea, cuestionaron a Milei por sus modos: “Insulta, amenaza y sostiene permanentemente discursos de odio que tienen sus repercusiones en las redes y en la violencia física en el seno de nuestra sociedad, trayendo consecuencias como los femicidios en Argentina, la estigmatización virtual y la violencia simbólica”.
“En la actualidad, los trabajadores y las trabajadoras atraviesan una situación socialmente crítica”, indicaron en el escrito. “Casi la mitad de los ocupados lo hacen en condiciones de informalidad”, agregaron.
POLITICA
Jorge Macri envió los pliegos para el recambio de autoridades en el organismo electoral porteño

Tras la renuncia de las autoridades del Instituto de Gestión Electoral (IGE), el jefe de gobierno porteño, Jorge Macri, envió ayer a la Legislatura los pliegos de Federico Fahey Duarte y Tomás Aguerre para conducir el organismo.
El decreto 387/26 oficializó este jueves la salida de Adrián González, hasta ahora director titular, y la de Aguerre, director adjunto. La renuncia de González rige desde el 3 de septiembre, ya que al día siguiente el jefe de Gabinete, Diego Santilli, lo designó presidente del Correo Argentino. Aguerre, que había quedado al frente del IGE tras esa salida, dejó el cargo el martes pasado, aunque ahora es propuesto para volver a ocuparlo.
Para reemplazar a González, el mensaje 50/26, también presentado ayer, postula a Fahey Duarte, quien ya fue director titular entre julio de 2023 y abril de 2024, por lo que estuvo al frente del IGE durante las elecciones de 2023, cuando Horacio Rodríguez Larreta aún era jefe de gobierno. Hasta este martes, además, se desempeñaba como gerente operativo de Administración de Procesos Electorales del organismo.
Aguerre, por su parte, es director adjunto desde junio de 2024. Según la normativa, el director dura cinco años en el cargo y, si renuncia, lo reemplaza el adjunto hasta completar el mandato. Pero cuando ambos puestos quedan vacantes, como ocurre ahora, corresponde designar un nuevo titular y un adjunto con acuerdo de la Legislatura.
El ministro de Justicia porteño, Gabino Tapia, explicó a que Aguerre no continuó como titular “porque el procedimiento para completar el otro director [adjunto] era el mismo y se resolvió enviar un nuevo”. Confirmó, además, que Fahey Duarte y Aguerre ya fueron nombrados en comisión, a la espera de la designación definitiva de la Legislatura.
En el plano político, Aguerre es cercano al senador nacional Mariano Recalde, titular del Partido Justicialista porteño y referente de La Cámpora. Allegados a Recalde señalaron a que el peronismo propuso su nombre en un acuerdo parlamentario que contempla votar a ambos candidatos en conjunto.
Para concretarse, los nombramientos requieren el acuerdo de dos tercios del total de los miembros de la Legislatura: 40 votos sobre 60 diputados. El bloque oficialista Vamos por Más cuenta con 12 legisladores y deberá, como en cada proyecto, buscar consensos con otras bancadas. Fuerza por Buenos Aires, el bloque peronista, tiene 20 diputados.
La renovación de la cúpula del IGE cobra especial relevancia a menos de un año de los comicios. Según la Ley 6031, entre las competencias del organismo figuran:
Jorge Macri,presidente del Correo Argentino,Denise Chmois,Jorge Macri,Conforme a
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