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A 45 años de una jornada histórica: Boca campeón con Maradona, el descenso de San Lorenzo y el último partido de Labruna en River

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El sueño de los hinchas de Boca hecho realidad: ser campeones con Diego Maradona en el equipo

Diez era el número de moda. Desde la abrumadora irrupción de Diego Armando Maradona y mucho más en aquel 1981, cuando se vistió de azul y oro. Y diez es también la cantidad de kilómetros, según el catastro (palabra desangelada como pocas, pero elocuente) que distancian a dos estadios de la capital, que fueron los escenarios de la vibrante tarde del sábado 15 de agosto de ese año. Los dos lados de la moneda. Las dos caras del teatro, comedia y tragedia, una vez más, representando una tarde de fútbol, que terminaría siendo inolvidable.

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La gloria y el drama futbolero en 90 minutos. Aquella jornada plena de especulaciones, ansiedades e incertidumbres. Con dos focos bien diferenciados. En la Bombonera, Boca recibía a Racing, sabiendo que con un punto le bastaba para ser campeón, relegando al sorpresivo y excelente Ferro de Carlos Griguol, que jugaba su suerte ante Platense en cancha de Atlanta. Por otro lado, la angustia del descenso. Con el agregado de la inédita posibilidad de un equipo grande que podía perder la categoría, ya que San Lorenzo se jugaba mano a mano con Argentinos Juniors, el último boleto para la supervivencia.

En la previa, pocos podían pensar que estos equipos llegarían así a la última fecha del torneo, tanto arriba como abajo, por sus antecedentes de 1980. Quizás si en el caso de San Lorenzo, que había sufrido bastante en la parte baja de la tabla, salvándose a una fecha del final. Para Argentinos Juniors, había sido la mejor temporada de su historia, bajo el influjo de la magia de Maradona.

Un portero con camiseta naranja y número 1 se lanza, un jugador con camiseta azul y amarilla y número 10 patea un balón, se observa una red de fútbol, un estadio lleno de público
Alberto Vivalda ya se movió hacia su izquierda, mientras que Diego la acaricia de zurda para convertir el penal que sería decisivo para el título

Boca atravesó un vía crucis el año ‘80. Fue el traumático post Lorenzo, luego del exitoso ciclo de cuatro años. Quedaron jugadores lesionados y desmotivados, que realizaron una pésima primera rueda, donde la palabra descenso rondó por Brandsen 805. Con las revanchas llegaron las mejoras físicas y anímicas, para terminar de manera decorosa. En diciembre hubo elecciones, donde concluyeron los 20 años de presidencia de Alberto J. Armando.

La nueva conducción trató de encarar un proyecto ambicioso, con interesantes incorporaciones como la de Miguel Brindisi y el regreso de Marcelo Trobbiani, pero todo se convulsionó cuando Diego expresó sus ganas de jugar en Boca, a fines de enero. Empezó la ingeniería para conseguir los recursos, que fueron apareciendo, para hacer realidad el sueño deportivo, porque en el plano económico, fue una pesadilla.

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Árbitro con tarjeta amarilla, jugador de Argentina número 10, jugador de Boca Juniors número 11. Campo de fútbol con público en estadio
Hugo Perotti y Julio Olarticoechea miran asombrados. Parece una amarilla, pero es roja. Una de las cinco que mostró Abel Gnecco aquella tarde. Ellos dos fueron expulsados a los cinco minutos

Aquel 1980 fue glorioso para Argentinos Juniors. En el Metropolitano, obtuvo por primera vez en su historia el subcampeonato, que festejó merecidamente como un título. En el Nacional, fue una aplanadora en la fase de grupos, clasificándose para la ronda final con varias fechas de antelación. Diego tuvo un rendimiento esplendoroso, marcando 18 goles en 13 partidos (incluidos los cuatro al Loco Gatti en la tarde del “Gordito Gate”). Pero no pudo estar en el tramo decisivo, porque Menotti había decidido que los futbolistas convocados al Mundialito de Uruguay, a disputarse pocos días más tarde, no podían estar con sus equipos en esa instancia. Y el Bicho se quedó sin genio, sin ilusiones y eliminado en los cuartos de final por Racing de Córdoba.

Desde el ya mítico domingo 22 de febrero de 1981, cuando Maradona hizo su debut en Boca, el cuadro de Silvio Marzolini se fue encaramando en los primeros puestos, aunque con altibajos. Una persistente lesión en una pierna, obligó a tomar la decisión de parar al crack por varias fechas en ese tramo inicial, donde Miguel Ángel Brindisi reverdeció los laureles de una trayectoria impecable, brillando como en los tiempos del Huracán del ‘73. Jugó e hizo goles, como para que la ausencia del genio no fuese tan marcada.

Once jugadores de fútbol con uniformes verdes, blancos y grises posan en fila, algunos de pie y otros de rodillas, en un campo de césped frente a gradas con público
Formación de Ferro de aquella tarde en cancha de Atlanta donde enfrentó a Platense. Peleó hasta el final y fue segundo a punto. Esos once que salían de memoria. Carlos Arregui, Mario Gómez, Oscar Garré, Héctor Cuper, Juan Rocchia y Carlos Barisio. Agachados: Gerónimo Saccardi, Miguel Juárez, Julio Jiménez, Adolfino Cañete y Claudio Crocco

Ya con Diego de regreso, Boca vivió una de sus noches más trascendentes, el 10 de abril cuando venció a River por 3-0 en la Bombonera. El clásico rival era, en la previa, el gran adversario a vencer, por la enorme constelación de estrellas que alumbraban el firmamento blanco cruzado por una banda roja. Había llegado Mario Alberto Kempes para sumarse a un plantel que ya contaba, entre otros, con Ubaldo Fillol, Daniel Passarella, Alberto Tarantni, Norberto Alonso y Ramón Díaz.

Sin embargo, los Millonarios quedaron rápidamente fuera de la pelea, por el irregular desempeño y, sobre todo, por la dolorosa e inesperada eliminación, a una fecha del final de la fase de grupos de la Copa Libertadores, ante Deportivo Cali en el Monumental. El máximo trofeo continental seguía siendo su gran deuda, que saldaría cinco años más tarde.

En silencio, ese lugar de perseguidor, lo ocupó Ferro Carril Oeste. A principios del ‘80 había asumido la dirección técnico Carlos Timoteo Griguol, quien inició un paciente trabajo. Un año más tarde, los primeros frutos ya podían apreciarse, en un equipo sólido, perfectamente trabajado, que tenía aceitados todos sus movimientos como una pieza de relojería. “Ya se cae”, sentenciaban los sabiondos, esos que, por suerte, fallan casi siempre.

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Fotografía en blanco y negro de un partido de fútbol. Un guardameta con el número 1 se lanza en el área. Hay jugadores, público y vallas publicitarias
El histórico penal que Mario Alles le detuvo a Eduardo Delgado. Clave para la salvación de Argentinos Juniors y el descenso de San Lorenzo

Al concluir la primera rueda, Boca era el líder con 28 puntos, seguido por Ferro con 24. River estaba sexto a 10 de la punta. San Lorenzo se mantenía en mitad de tabla, con apenas una unidad menos que los Millonarios y nadie podía pensar lo que ocurriría de allí en adelante. Una enorme crisis institucional, que lo había hecho perder su legendario Gasómetro de Avenida La Plata, se derramó también dentro de la cancha. Comenzó a no sumar puntos y a sufrir varias goleadas duras, como el 4-0 ante Boca y River o el 6-2 frente a Instituto en Córdoba.

Ferro no solo no se cayó, sino que, cuando faltaban cinco fechas, le dio alcance a Boca en el primer puesto, con el bonus track que su arquero, Carlos Barisio, alcanzaba el récord, aún sin batir, de mayor cantidad de minutos sin recibir goles en primera división. A tres jornadas del final, se enfrentaron en la Bombonera en El partido del torneo. Fue de una enorme paridad, que se quebró recién a 10 minutos del final, con una perfecta definición de Hugo Perotti, tras una maravillosa habilitación de Maradona, en medio de un campo de juego complicado por el barro.

Esa misma tarde en Caballito, donde hacía de local, San Lorenzo respiró al vencer 2-1 a River, quedando un punto arriba de Sarmiento y a dos de Argentinos Juniors. En la anteúltima los Bichos derrotaron a Unión y el cuadro de Junín a Estudiantes, al tiempo que el Ciclón igualó en cero con Vélez. La fecha final sería dramática. Colón ya había bajado a la B y el segundo puesto del descenso se lo disputarán entre cuatro equipos: Sarmiento y San Lorenzo (28), Talleres y Argentinos Juniors (27).

Revista abierta con múltiples fotografías de futbolistas en campo verde, camisetas blancas, rojas y naranjas, y público en tribunas
Excelente título de la revista El Gráfico para la dolorosa crónica del descenso del primer equipo grande en la historia del fútbol argentino

Tras ganarle a Ferro en la Bombonera, Boca fue a Rosario para jugar con Central, con tres puntos de ventaja y el sueño de la vuelta olímpica. El estadio de Arroyito venía siendo una piedra en el zapato azul y oro y aquella tarde no fue la excepción. Perdió 1-0 y Maradona estrelló un penal en el travesaño. Ferro por su parte, desperdició una chance inmejorable. Al terminar el primer tiempo, vencía en su estadio 3-0 a Huracán, que hizo una remontada increíble para alcanzar un 3-3 que le sacó un punto decisivo al elenco de Caballito.

Y así llegó aquel día. Sábado 15 de agosto de 1981. Una tremenda definición arriba y abajo en la tabla, adelantado 24 horas a su habitualidad de domingo, para que la Selección tuviese un día más en su preparación para la inminente gira por Europa. En tiempos sin televisación en directo (Boca – Racing se vio en diferido a las 22), la radio fue la gran protagonista de esa tarde vibrante, donde también en Avellaneda se vivió un momento importante y no tan recordado: en el encuentro que Independiente y River empataron en un tanto, fue el último partido oficial de Ángel Labruna como entrenador de los Millonarios, cerrando un magnífico ciclo con seis títulos en la misma cantidad de años.

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De los cuatro implicados con el descenso, Sarmiento enseguida respiró aliviado. No solo por enfrentar al ya descendido Colón, sino porque a los 15 minutos ganaba 2-0, como preludio de su cómodo éxito por 3-0. Talleres, en duelo cordobés, derrotó a Instituto 2-1 sin mayores sobresaltos. Todo quedaba encerrado en Caballito. En ese mano a mano tremendo entre San Lorenzo y Argentinos Juniors, con la ventaja para el Ciclón, que se salvaba con dos de los tres resultados.

Pedro Magallanes llevaba menos de cuatro años en primera división, pero ya había sido dos veces campeón con Independiente, disputado la Copa Libertadores y saboreado el placer de ser compañero de Maradona en 1980. Continuó en Argentinos Juniors y le tocó sufrir esa temporada. Iba a ser protagonista crucial de aquella tarde, en las dos jugadas claves, como lo recordó para Infobae: “Yo no era de bajar en los córners, pero el técnico me había pedido que ese día si lo hiciera, para marcar a Osvaldo Rinaldi. Iban pocos minutos y en un tiro de esquina para ellos, salté, él me empujó, abrí los brazos y la pelota me dio en la mano. Espósito dio penal y me quería morir, por suerte Mario Alles se le atajó a Eduardo Delgado y la cosa siguió 0 a 0, hasta que un contragolpe, corrí una pelota junto con el Hueso Glaría, que era bravo y te cortaba los cuádriceps (risas), y me le metí en diagonal, me tocó y fue penal para nosotros. Yo era el encargado, pero cuando me levanté lo vi al Loco Salinas con la pelota bajo el brazo y le dije: ‘Lo llegás a errar y nos matan a todos’. Me miró y respondió: ‘Un tucumano no erra penales’. Lo metió y arrancamos a sufrir porque nos pelotearon sin parar. Ganamos 1-0 y nos salvamos, por eso quiero tanto esa foto que nos sacaron junto al Loco y Puchero Varacka, el director técnico, donde se me ve con una cruz de cinta en el pecho, porque soy muy creyente”.

Cuatro hombres en un estadio, uno con traje, tres semidesnudos. Uno lleva una cruz blanca en el pecho. Fondo de gradas con público
La fe de Pedro Magallanes, simbolizada en esa cruz en el pecho, con la que disputó el partido. Festeja la salvación de Argentinos Juniors junto al técnico José Varacka y su compañero Carlos Salinas

“Y su nombre flotando en el adiós” tituló certeramente la revista El Gráfico su crónica del doloroso descenso de San Lorenzo. Quizás el viejo Gasómetro se la vio venir y apuró su final un par de años antes, para no ser testigo de esa afrenta deportiva. Fue un impacto durísimo, pero que no solo no derribó al Ciclón, sino que lo fortificó, porque su paso por la Primera B fue maravilloso, reventando todas las canchas y logrando el ansiado regreso, apenas un año más tarde.

En la Bombonera se daba otro duelo apasionante. Boca solo necesitaba un punto para ser campeón, pero enfrente tenía a un Racing lleno de muy buenos jugadores (Olarticoechea, Calderón, Barbas, Berta, Carrasco, entre otros). Fue una lástima que el árbitro designado haya sido Abel Gnecco, quien mantuvo su tendencia de querer ser más protagonista que los propios jugadores. A los 18 minutos, ya había expulsado a cuatro futbolistas, dos por cada lado: Perotti, Córdoba, Olarticoechea y Carrasco.

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En medio de ese juego desvirtuado, a Boca le costaba abstraerse del clima de nerviosismo que imperaba en las tribunas. Solo la magia de Maradona aportaba un poco de claridad. A cinco del final del primer tiempo, tras una gran habilitación de Brindisi, penetró en el área, donde fue derribado por el arquero Vivalda. Él mismo tomó a su cargo la ejecución y la acarició con clase, para desatar el grito tan esperado.

Exactamente en el mismo momento, en cancha de Atlanta, Mario Gómez de tiro libre ponía en ventaja a Ferro sobre Platense, avisando que ellos no se iban a bajar de la ilusión hasta el final. Apenas comenzado el complemento, el uruguayo Julio César Jiménez, marcó el segundo y sus hinchas quedaron esperando los goles de Racing, que decretaran la derrota de Boca, forzando un desempate, programado en el Monumental, para el lunes 17.

Cuando faltaban dos minutos, llegó el empate de la Academia, con un golpe de cabeza de Omar Pedro Roldán, para darle más dramatismo futbolero a la tarde. Pero solo quedó tiempo para la expulsión de Roberto Passucci y nada más. Gnecco señaló el final y llegó la invasión. El pueblo de Boca volvía a soltar el archivado grito de campeón, paseando en andas a su máxima figura. Ese Diego Armando Maradona en pleno estado de gracia, que lo llevó de su mano a una conquista inolvidable. No solo porque él fue parte decisiva, sino porque por delante esperaban muchos años de ausencia de vueltas olímpicas…

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Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

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Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.

Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.

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La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.

La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.

El debate entre origen innato y aprendizaje social

La investigación psicológica asocia la expansión corporal con emociones positivas como alegría, orgullo y triunfo en el deporte (Erik Williams-Imagn Images/REUTERS)

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.

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La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.

Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.

La comparación con los chimpancés y sus límites

La lectura del lenguaje corporal depende de la velocidad, la trayectoria y el contexto social en que ocurre el gesto deportivo (REUTERS/Dylan Martinez)

Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.

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“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.

La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.

El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.

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Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas

Lionel Messi celebra con los brazos arriba, durante un partido del Inter Miami (Crédito: Nathan Ray Seebeck-Imagn Images)

La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.

Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.

Middle East,Soccer,Sport

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Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

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Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.

“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.

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El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.

Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista

Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.

La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina

Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).

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Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.

Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.

Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.

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El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

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Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.

El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.

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La reacción que lo dice todo

La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.

La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.

La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.

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Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows

Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.

Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.

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En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.

“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.

Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.

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