DEPORTE
A cinco años de la muerte del Lole Reutemann: por qué logró algo más importante que un título de Fórmula 1

El martes 7 de julio de 2021 Carlos Alberto Reutemann pasó a la eternidad. Un lustro después se debe valorar su gesta tanto arriba como abajo del auto. El santafesino acarició la gloria en 1981 cuando perdió el título de Fórmula 1 por solo un punto en la definición disputada en un circuito armado en el estacionamiento del Caesars Palace de Las Vegas. Aunque, el recordado Lole dejó un ejemplo de profesionalismo, valores y principios que van más allá de un resultado deportivo cuyo legado es inquebrantable.
A lo largo de su historia, el recordado Lole forjó un camino plagado de honestidad que lo convirtieron en un caballero. Su ejemplo trascendió al deporte y se ganó un respeto en el ambiente de la F1 y del automovilismo nacional que aún continúa.
“Cada cosa que conseguí en mi vida me costó un huevo y la mitad del otro”, dijo Reutemann en una entrevista con CORSA en 2007. Cuánta verdad en sus palabras para alguien que de “chico hacía cinco kilómetros a caballo para ir a una escuela rural”, como recordó una vez. De aquellos días en el campo de Santa Fe a acariciar la gloria en el glamour de la Fórmula 1 y a tener una carrera política de 30 años. En sus inicios podría haberse consolidado en lo económico en el automovilismo nacional, pero apostó por ir a Europa detrás del gran sueño. La luchó y llegó a la cúspide del automovilismo. Y se transformó en un ícono del deporte argentino.
“Llevaba su nacionalidad con mucho estilo y mucha dignidad”, le recordó Sir Jackie Stewart en una entrevista con Infobae. Para Lole, representar al país fue lo máximo y se sacrificó para poder llegar a la F1. “En 1970 en la Argentina se ganaba buena plata. En el Sport Prototipos, los pilotos cobraban muy buenos sueldos. Ellos sacaban por mes lo que yo a duras penas pude ganar en un año en Europa. Recuerdo que a fines del año 1970 me vine de Europa con 1.200 dólares. Hasta en determinado momento pasaba hambre”, confesó.
Aquel sacrificio en sus inicios en Europa no fue un hecho aislado. Siempre fue un trabajador a pleno del automovilismo y su talento al volante lo potenció con esas interminables horas de pruebas en las que se convirtió en uno de los mejores tester de la historia y un especialista para poner a punto un auto.
Se convirtió en ídolo en los años setenta y también le quedó pendiente poder ganar de local, donde más de 80.000 personas lo bancaron en esos veranos inolvidables y en cada salida a pista erizó la piel de una multitud. Sus lágrimas por el abandono en 1980 en su debut en Williams fue una muestra de cuánto amaba correr en su tierra y ese 13 de enero supo que quemó uno de sus últimos cartuchos por ganar de local.
Al año siguiente dio otra muestra de dignidad deportiva y no cedió ante las órdenes de Williams para que lo deje pasar a Alan Jones en Brasil. Pese al cartel venció bajo la lluvia en el extinto circuito de Jacarepaguá. Esa carrera bue una bisagra en la lucha por el título, pero dejó un mensaje de que las victorias no se regalan.
Hace 45 años lideró el Campeonato Mundial de Conductores hasta la última fecha. Su rival, Nelson Piquet, aprovechó un auto fuera de reglamento en las primeras fechas para sumar puntos que le valieron el título. En la definición del título, Carlos tuvo la hidalguía de los grandes y evitó cualquier maniobra polémica.
En su campaña en la F1 obtuvo 12 victorias puntuables, seis poles positions y récords de vuelta, y 45 podios sobre 146 carreras (uno cada tres competencias). En diez años acumuló más de 300 puntos, cifra que, en un mismo período e igual sistema de puntaje, sólo la superó Jackie Stewart. Es el único piloto en haber hecho podios en la F1, el Mundial de Rally y el de Endurance, en su época el de Sport Prototipos.
Según un artículo publicado en la edición 765 de la revista CORSA, en 1980, a nivel mundial la Argentina fue el segundo país en audiencia con 10.000.000 de espectadores de promedio en cada una de las 15 competencias de ese año. En esa época nuestra población era de 27.800.000 habitantes. Es decir, más de un tercio de la gente siguió a Lole. Se ubicó detrás de Brasil (120.000.000 de habitantes en 1980) con 12.000.000 de televidentes por fecha. Aquí, Argentina Televisora Color (hoy TV Pública) transmitió las carreras en directo o en diferido a través de una red de canales del interior y repetidoras que abarcaron todo el país.
Fue tal el furor generado por el santafesino que obligó a cambiar el horario de un Superclásico. El domingo 27 de septiembre de 1981, pudo haber sido campeón de F1. Fue en Canadá, una fecha antes del final. La carrera fue por la tarde de Argentina (como ahora) y el Boca Juniors–River Plate en La Bombonera por el Campeonato Nacional se jugó a la mañana, con Maradona, Brindisi, Gatti y Passarella, Kempes y Fillol, del otro.
Luego de vencer en Mónaco en 1980 y ser tercero en Bélgica, continuó una racha de 15 carreras seguidas en las que sumó puntos en 1980 y 1981, un récord que recién batió el alemán Michael Schumacher entre 2001 y 2003 con una cosecha al hilo en 24 competencias y con el mejor auto de esos años como la Ferrari.
Dejó su sello en las escuderías en las que estuvo y hay una en la que sigue siendo muy querido, Ferrari: en 1991 volvió a Maranello y lo recibieron como un campeón. Cuatro años más tarde desde Italia trajeron una Ferrari 412 T1 con la que giró en el Autódromo de Buenos Aires en el marco de la vuelta de la F1 a Argentina. También se abrazó con Williams pese a lo ocurrido 14 años antes.
El respeto que se ganó en el ambiente vale mucho más que cualquier título y sigue siendo recordado por sus valores como deportista. Por eso siempre fue bien recibido en los Grandes Premios cada vez que quiso asistir en cualquier parte del mundo.
Carlos Alberto Reutemann fue uno de los mejores deportistas argentinos en la historia. En una época sin redes sociales ni seguidores virtuales, ni tendencias; en el mundo real Carlos dejó un sello. Su nombre es sinónimo de respeto en el ambiente internacional. La persona trascendió al deportista y a un año de su partida física, Lole dejó un legado más importante que el haber sido campeón: es el Caballero de la Fórmula 1.
DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
Middle East,Soccer,Sport
DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
North America,Sport,Tennis
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