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CHIMENTOS

Así son los días de Denisse González junto a Bautista Mascia en la clínica: mate, juegos de mesa y manualidades

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Bauti Mascia abrió la puerta a la intimidad de Denisse González en la clínica (Instagram)

En una mezcla de angustia e incertidumbre, Denisse González atraviesa su internación desde una clínica. En ese marco, este sábado, Bautista Mascia, el ganador de Gran Hermano 2023, abrió una ventana a esos días a través de sus redes. Lo que mostró no fue dramatismo, sino la textura real de compartir esta situación junto a su pareja: el mate compartido, los juegos de mesa sobre la cama, el suero en el brazo y dos personas que encontraron la manera de hacer tiempo dentro de cuatro paredes.

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La internación llegó sin aviso. El motivo fue un descenso en el nivel de plaquetas, una condición que requiere monitoreo y que obligó a González a quedarse en la clínica mientras su cuerpo recupera los valores normales. Con la pulsera de internación puesta y el pijama como uniforme de estos días, Denisse fue construyendo una rutina dentro de lo que no tiene nada de rutinario. Bautista no se fue.

Las imágenes que compartió en sus redes muestran esa permanencia con más elocuencia que cualquier texto. En una de las fotos, los dos están recostados en la cama de la habitación: él de negro, con un vaso en la mano, ella apoyada sobre su hombro y sonriendo. Detrás, el panel médico con sus cables y conexiones. En otra toma, solo se ven los pies de ambos entrelazados sobre la cama, él con pantalón oscuro, ella con medias blancas de la clínica y la bata puesta.

Mujer rubia sentada en sofá negro de cuero con pulsera de hospital. Termo y mate en mesa de madera. Ascensores y carteles de información
Denisse cambió de aire en uno de los pasillos de la clínica en la que se encuentra internada
Dos pares de piernas con calcetines blancos y pantalones oscuros sobre camas de hospital con sábanas blancas y azules, en una habitación de clínica
Bauti no se movió del lado de su novia
Hombre y mujer sentados frente a una mesa blanca, realizando una manualidad con pequeñas piezas de colores. Hay botellas, un termo y equipo médico en la pared
Para pasar el tiempo, la pareja apostó por la manualidades
Cuaderno abierto con un dibujo de un gato blanco sonriente rodeado de pétalos morados, y la palabra "Plaquetitas" escrita debajo
El dibujo que hizo el ganador de Gran Hermano en medio de la incertidumbre

También hubo mate. Una foto captura el momento en que Denisse, con la pulsera bien visible en la muñeca, sostiene el mate mientras Bautista lo ceba. Los dos sentados, las piernas cruzadas, como si la habitación fuera cualquier lugar del mundo.

Fue él quien escribió primero en redes. La frase fue directa: “Cada día más cerca de curarte.” Denisse no tardó en responder, y lo hizo con una cita que llevaba más peso del que parecía: “Como dice una de las personas que más amo, ‘un día más cerca de la curación’.”

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Pero la clínica no fueron solo esos momentos. Los amigos también aparecieron. Una de las visitas llegó con un ramo de flores blancas —liliums y alstroemerias— que Denisse recibió en la cama, con la cabeza inclinada hacia el papel que las envolvía. Otra amiga se sentó con ella frente a la mesa de la habitación y las dos se enfrascaron en un mosaico de piedritas de colores, con los kits de bolsitas multicolores desparramados sobre la superficie blanca y los rostros inclinados con una concentración que no tenía nada que ver con la clínica.

Alguien, en algún momento de esos días, abrió un cuaderno y dibujó una figura: un gatito rodeado de pétalos violetas, con expresión tranquila y una firma debajo que decía “Plaquetitas”. El dibujo quedó registrado en una de las fotos como uno de esos gestos pequeños que no necesitan explicación.

Denisse Gonzalez, una mujer rubia con gafas, recostada en una cama de clínica, sostiene un ramo de flores blancas envuelto en papel morado
Con la intención de alegara a su novia, el uruguayo le regaló flores
Mujer rubia en cama de clínica con vía intravenosa, armando un set de construcción Lego sobre una mesa con un manual, piezas, un portátil y un móvil
Para pasar el tiempo en la clínca decidió armar un set de bloques
Mano de una persona sosteniendo tres cartas del juego Exploding Kittens, con más cartas esparcidas sobre una manta de color gris
Los juego de mesa también tuvieron un rol clave en las horas en la clínca
Mujer rubia acostada en cama de clínica, cubierta con manta oscura. Tiene una pulsera identificatoria y una vía intravenosa en su brazo. Mochila y aparatos médicos en la pared
«Cada día más cerca de curarte», escribió Mascia en el pie de foto de la publicación

Los ratos solos también tuvieron su lugar. Una imagen muestra a Denisse en el sillón del pasillo de la clínica, en pijama a rayas, con auriculares puestos y el teléfono en la mano. El mate y el termo estaban sobre la mesa a su lado, las pantuflas en el piso. Otra foto la captura en la cama, con la computadora abierta mostrando una película animada, un set de Lego Disney a medio armar sobre la mesita y el teléfono en la mano.

Hubo también una partida de cartas. El juego fue Exploding Kittens, con sus ilustraciones disparatadas —el Tacocat, el Gato Patata Peluda, el Gato Potaarcoíris— desparramadas sobre la cama. Una mano sostiene las cartas en primer plano; al fondo, las piernas de Denisse sobre la cama.

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Y al final del día, cuando se apagaron las luces de la habitación, una última foto: Denisse durmiendo en la cama de la clínica, el suero conectado al brazo, una almohada personal entre las sábanas blancas del hospital y la mochila colgada en la puerta de madera.



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CHIMENTOS

El infortunio que la condenó, una carrera arruinada de golpe y una vida que se apagó de a poco: la tragedia de María Amuchástegui, la mujer que no escapó del mito

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A mediados de 1986, mientras el país seguía de festejo por la consagración de la Selección Argentina en el Mundial de México con Diego Maradona, en el Congreso se debatía el divorcio vincular y la moneda vigente era el austral, un chimento escatológico sobre María Amuchástegui corrió como la pólvora, se multiplicó por el boca a boca y se instaló en la memoria colectiva, llevándose puesta la carrera de la pionera del fitness.

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María estaba en la cima del éxito y era famosísima. Le daba clases particulares a Susana Giménez y otras celebridades. Mucho antes de los tutoriales de YouTube, era ella quien se metía en las casas de las personas para ponerlas en movimiento con su programa Buen día, María. “Uno, dos, tres… ¡ocho más!”, arengaba sonriente y a los gritos desde la colchoneta, con sus polainas, calzas metalizadas y vincha, motivando a la audiencia a seguir sudando frente a la tele para tonificar el cuerpo.

Hasta que un día, alguien dijo que a la conductora se le había escapado un gas mientras enseñaba un ejercicio. Según contó, aquella mañana María estaba haciendo un «combinado», un movimiento abdominal bastante traicionero y comprometido, con las piernas en alto, que la dejó expuesta en una mala pasada gastrointestinal. Fue un escándalo, nadie lo pudo parar, y Amuchástegui quedó marcada.

María Amuchástegui se formó en Estados Unidos y trajo a la Argentina el furor por el fitness.

“Se lo tiró y, muerta de vergüenza, se fue corriendo del estudio, rota en llanto y tapándose el rostro”, cuchicheaban entre risas mujeres y hombres, niños y niñas, abuelas y empleados de comercio, bancarios, perros y gatos. “El doctor Borocotó enseguida salió del paso y habló de los gases matinales, tan normales”, completaban el chisme en verdulerías, almacenes, escuelas, oficinas, por teléfono de línea, desde Ushuaia hasta La Quiaca, sobre la presunta reacción del compañero de la gimnasta.

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La flatulencia que le adjudicaron a María fue tomando dimensiones épicas y cada vez más datos agrandaban lo que supuestamente había ocurrido en ATC, donde Amuchástegui tenía su exitoso programa de gimnasia y salud. 

Eran tiempos de rumores largos que se amasaban de a poco y, una vez instalados, se amalgamaban con la realidad. La versión del gas de María fue leudando hasta que llegó a las portadas de las revistas y a la tele. Y cuando alguien quiso indagar e ir a las fuentes, no aparecieron pruebas. No había ni un solo registro en video del accidente del que nadie tenía ni una sola duda de que había ocurrido. Incluso había quienes aseguraban haberlo visto en pantalla. Pero ni los archivistas más concienzudos lograron encontrarlo. Había nacido el mito urbano más potente (y destructor) de la historia de la televisión argentina.

EL INCREÍBLE CASO DE LO QUE DICEN QUE HIZO MARÍA AMUCHÁSTEGUI

El 28 de agosto de 1986, la gimnasta apareció en la tapa de la revista La Semana, con un tapado de piel y cubriéndose la cara. “El increíble caso de lo que dicen que hizo María Amuchástegui”, decía el titular. En sus páginas, la palabra más buscada. “Me enteré hace más o menos un mes. Mis amigas comenzaron a llamarme. Al principio, no entendía lo que me decían. Ellas mismas se sentían avergonzadas”, dijo.

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“Después me contaron que La noticia rebelde levantó el malentendido y el asunto creció. No sé por qué lo habrán hecho y quién habrá sido… Podrían haber inventado algo más veraz”, avanzó María, sobre el segundo rumor que quedó establecido. Y que había sido el legendario programa humorístico de Jorge Guinzburg, Adolfo Castelo, Carlos Abrebaya, Nicolás Repetto y Raúl Becerra el culpable en amplificar el asunto, al aparecer al aire portando máscaras antigases y bromeando al respecto. Cosa que, insólitamente, tampoco ocurrió.

“Nada de esto ha sido cierto. Nada de esto ha pertenecido a la realidad. Y todo, absolutamente todo, configura un extrañísimo caso de creencia colectiva a partir de un hecho inexistente”, aclaraba incluso aquella crónica que detectó el origen de esta bola de nieve en un chisme entre empleados de otra emisora, Canal 11: “Me dijeron que se escuchó un ruido rarísimo en el programa de Amuchástegui mientras hacía gimnasia. ¿Habrá sido un…?”. Eso fue todo. 

MARÍA, LA ESTRELLA QUE SE APAGÓ

Lo que no fue chiste fue el drama que en carne propia sufrió la conductora, hasta ese entonces, la cara de primerísimas marcas de la época. Para hacerse una idea, María era la Messi del gym. Con su sonrisa de dientes brillantes vendía leches, quesos, dulces diet, videos, fascículos, zapatillas, mallas para aerobics, todo lo imaginable dentro del mundo de lo saludable en los 80. Pero los contratos se cayeron, las marcas se retiraron. Nadie quería quedarse pegado.

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La estrella de María se apagó luego del evento desafortunado. “El blooper le perjudicó la carrera. Después de eso, presenté su programa en el 7, en el 9, en América, y me dijeron que no. En los canales, nunca me lo comentaron en forma directa, pero uno tiene amigos y te das cuenta por qué bochan un programa si usás la sensibilidad”, dijo su productor Adrián Amenábar, que insistió durante años con el producto hasta que se rindió.

De esa flatulencia que nunca existió tampoco logró escapar el único hijo de Amuchástegui. Juan José Alberdi, que nació en 1988 (dos años después del supuesto hecho), sufrió un infierno de burlas y bromas pesadas, especialmente en la secundaria. “El bullying, el acoso y el hostigamiento eran el pan de cada día. Era la ley de la selva. Fue muy duro”, dijo sobre ese martirio que su mamá no pudo frenar y que intentaba ayudarlo a minimizar. “No le des bola, si te reís les sacás el poder”, le decía. Ella, que nunca expresó públicamente ni adelante de su hijo su bronca por el derrumbe, puertas adentro y cuando él no la veía, se descargaba. Años más tarde, enfermó de cáncer. “Si hay alguien que conocía su cuerpo era mamá”, dijo su hijo.

Amuchástegui insistió durante el resto de su vida en que el rumor del supuesto accidente en ATC era absolutamente falso. Los programas iban grabados, nunca se encontró el video y todo un país lo dio por cierto.

El presunto accidente se convirtió en el elefante en la habitación cada vez que a Amuchástegui le hacían una nota. Una y otra vez, la misma pregunta: “¿Es verdad que…?”. Y María no se cansaba de explicar, con toda la paciencia del mundo, que cómo iba a ser cierto, si todos los programas salían al aire ya grabados. “Y claro, si el accidente hubiese ocurrido, no hubiera salido al aire —razonaba—. Figurate que cuando en la grabación se filtra algún ruido, se hace todo de nuevo. Lo mismo cuando hay una falla en la parte musical. Si hubiera sucedido, hubiéramos hecho lo mismo que hacemos cuando hay algo que no nos gusta: lo borramos y volvemos a grabar”.

¿Hubo boicot? Así lo sostiene su hijo, hoy al frente de un espacio terapéutico que contiene a adolescentes víctimas de bullying. “¿Por qué lo hicieron? Es un misterio”. Alberdi piensa que su madre, una figura importante en un medio difícil, pagó caro el hecho de ser mujer en los 80. También señala que había cierto prejuicio o molestia con la clase social de Amuchástegui, cuya abuela era nieta de Justo José de Urquiza. ¿Alguien se la tenía jurada? María, que también tenía gimnasios en Buenos Aires, siempre se la recordó como a una mujer súper exigente con su trabajo, que no se callaba nada, que ganaba mucha plata y era influyente. Y eso, en ese entonces, caía mal. 

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EL ACCIDENTE IMPOSIBLE QUE NADIE VIO Y TODOS RECUERDAN

¿Y qué dijeron quienes estaban cerca de la conductora cuando todo estalló? Juan Carlos López, su maquillador de aquella época, le aseguró al periodista Cicco que “las tarimas hacían más ruido que otra cosa”. “Nunca salió. Para mí fue un invento. Nadie se refiere a María hoy como la precursora del fitness sino por el gas, y eso es lamentable. Fue tapado por un chiste que, en dos minutos, tiró todo al diablo”, lamentó.

Elena Cánepa, una de las chicas que hacían gimnasia en Buen día María y que estaba de viaje en ese momento, contó que al volver la enloquecieron a preguntas. “Yo decía que era imposible. Pero me decían: ‘Una amiga lo vio’. Cuando iba a ver a la amiga me decía que otra lo había visto. Nunca encontré a nadie que lo hubiese visto. Seguramente, María creaba envidias. Siempre la gente que se destaca es envidiada”.

El director del programa también habló, muchos años más tarde. Además de recordar a María como “una mina muy pero muy fina” y “cuidadosa de todos esos detalles”, aseguró que se trabajaba con un micrófono solapero, no con uno de aire. “Si un ruido retumba en el suelo, lo escuchás. Cuando algo salía mal, parábamos y grabábamos de nuevo”, precisó. Técnicamente, el asunto era imposible. Y sin embargo…

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María Amuchástegui. (Archivo)
En 2005, Amuchástegui se reinventó y lanzó un disco propio, Camino de espejos. (Foto: Archivo Paparazzi)

Durante 30 años, todos negaron esa famosa flatulencia que condenó a una mujer que lo tenía todo: talento, carisma, fama, dinero, belleza, fama, familia y amor. Todos lo negaron menos una persona, que juró haber sido testigo: uno de los gimnastas que la acompañaban en las coreos, al fondo. Lo contó dos veces: en la tele, en una entrevista para El Rayo, a Dolores Barreiro, y a Cicco, quien durante años vivió obsesionado con escribir un libro sobre María Amuchástegui. 

“El pedo se lo tiró. Yo estaba atrás. Y es tal cual como se dijo. Estábamos haciendo repeticiones de abdominales y se escuchó el ruido. Tal vez, si nadie hacía referencia a eso, hubiese pasado. Pero ella se puso de pie, y salió corriendo del estudio. Estaba escandalizada. ¿Qué rumor ni qué rumor? ¡Si yo lo vi con mis propios ojos!”. Eso contó Aníbal Silveyra, cuando ya era un actor de musicales en ascenso.

Paradojas del destino: años más tarde el propio Silveyra padeció el convertirse en meme y en hazmerreír tras protagonizar Un buen día, considerada la “mejor peor película argentina».

EL OCASO DE MARÍA AMUCHÁSTEGUI Y SU TRISTE FINAL

“Nunca se me escapó. Vos lo sabés mejor que nadie. Ni frente a la cámara ni afuera. Tengo control absoluto”, fue una de las últimas explicaciones que dio María —ya con la sonrisa cansada— al propio Guinzburg allá por 1999, en La Biblia y el Calefón. 

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Había sido la Jane Fonda argentina y ya no hacía tele. Ahora se limitaba aparecer, cada tanto y cuando la llamaban, en programas como Sábado bus, CQC, Cuestión de peso y, más tarde, la ficción Graduados, donde interpretó a una profesora de danzas. Pero antes, había intentado un nuevo resurgir en el terreno de la música: en 2005 lanzó un disco de canciones de amor llamado Camino de espejos, que en la radio ni lo pasaron porque el pasado no la soltaba.

Años más tarde, Guinzburg, ya enfermo y hastiado de explicar que La noticia rebelde no había tenido nada que ver, contó que todavía había gente que le recordaba lo que le habían hecho a María con sus compañeros. “Le cagaron la carrera”, le reprochaban. “Y sí…”, respondía él. Tiempo después aclararía por qué: “Ya no quiero explicar más que no tuvimos nada que ver. Que la gente se haga la película que quiera”.

Antes de la cancelación, María Amuchástegui contruyó en los años ochenta un imperio en torno al mundo del finess.

Recién en 2016 María reapareció y se mostró radiante en el casamiento de su hijo. Un año más tarde, quedó internada en el Sanatorio de La Trinidad por un ACV. Poco antes le habían encontrado un tumor maligno en un brazo. Aunque se lo amputaron, ya era tarde: el cáncer había hecho metástasis en un pulmón. Tras dos meses internada, murió el 19 de julio de 2017, a los 64 años.

Para entonces, aquel supuesto accidente llevaba más de 30 años instalado en la memoria colectiva. Las máscaras de gas de La noticia rebelde, el estruendoso ruido del gas: detalles de una misma historia que, con el tiempo, se fundieron en un único recuerdo.

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¿Cómo se llama cuando varias personas recuerdan de la misma manera algo que nunca ocurrió? Efecto Mandela. Y quizá no haya mejor ejemplo en nuestro país que el de María Amuchástegui, la primera cancelada del medio por algo que nunca pasó.

 

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CHIMENTOS

Teresa Donato y el desafío de contar la historia de una sobreviviente de la dictadura: “Te enfrenta con tu propia miseria”

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Video promocional con fragmentos de la obra de teatro Mi vida anterior. Las imágenes muestran a Dennis Smith en el escenario interpretando el unipersonal basado en el libro Desaparecida dos veces, de Teresa Donato

Durante cuatro años, Teresa Donato escuchó a Ana María Massochi sin hacer demasiadas preguntas. Había confianza, vinos, charlas extensas y una historia que todavía resultaba difícil de poner en palabras: la de una mujer que había sido oficial montonera, había permanecido secuestrada y, tras sobrevivir, había logrado rehacer su vida con su hijo lejos de la Argentina.

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Ana María había elegido a Teresa como confidente de esa parte desconocida de su vida. Desconocida para muchos de los que la rodeaban en ese presente en San Pablo, Brasil, donde es una prestigiosa empresaria gastronómica.

Con el tiempo, Massochi le hizo un pedido a Donato que cambió el rumbo de ese vínculo: que escribiera su historia. Su hijo le había pedido que se la cuente pero ella no podía poner en palabras tanto horror. “Escribila, mamá”, le dijo. Y en ese momento Ana María supo que la única persona que podía ponerle voz a sus recuerdos era Teresa. De ese trabajo de entrevistas nació el libro Desaparecida dos veces y, junto al actor Dennis Smith, compartieron la autoría de la obra teatral Mi vida anterior, que lleva al escenario una experiencia atravesada por la militancia, el terror, el exilio y las marcas que deja la supervivencia.

Donato reconstruyó su pasado, en donde recogió en primera persona sus recuerdos y el peso que aquellos años todavía tienen en su vida.

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En diálogo con Teleshow, la periodista, guionista y dramaturga habló del origen de la historia, del proceso compartido con Smith y de la reacción que genera un unipersonal que no busca dar respuestas sencillas. “Es una obra llena de grises, no es un panfleto, porque muestra la fragilidad de la condición humana”, dirá a lo largo de la entrevista para darle luz a todas las aristas que convergen en un solo dolor.

Uno de los momentos más duros de la obra, en el que la protagonista sufre torturas y violaciones en el centro clandestino del terrorismo de estado en los años 70 en Argentina

—¿Cómo conociste a Ana María y cuándo empezó a aparecer su historia?

—La conocí en diciembre de 2018, en San Pablo, por un amigo en común. Enseguida hubo onda. A los pocos días, ella empezó a decirme: “Vos no tenés idea de quién soy yo”. Después me contó que había sido oficial montonera, que había estado desaparecida y que en Brasil nadie sabía nada, ni siquiera Pedro, nuestro amigo en común. Me pidió que no dijera nada. A los periodistas y escritores cuando nos cuentan una historia así se nos paran todas las antenas. Pero ella era una amiga, o una futura amiga, y yo solo escuchaba. Así estuve cuatro años.

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Donato explica que Massochi no siempre podía relatar los hechos de manera lineal y que, a veces, se incomodaba cuando le pedía precisiones. Sin embargo, con el correr de los encuentros, la autora percibió que había una necesidad de hablar de aquello que había quedado fuera de las conversaciones familiares.

—¿Cuándo te pidió que escribieras el libro?

—En 2022 me dijo que su hijo le había pedido conocer su historia, pero que no tenía coraje para escucharla en vivo porque sabía que le iba a doler mucho. Entonces le propuso: “¿Por qué no escribís un libro, mamá?”.

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Teresa Donato conoció a Ana María Massochi a través de un amigo en común en Brasil. Desde ese encuentro entablaron una profunda amistad donde la empresaria gastronómica le relata su historia de dolor y resiliencia de los años 70 en Argentina
Durante la presentación del libro Desaparecida dos veces, Teresa Donato compartió el escenario con la protagonista de la historia real, Ana María Massochi

Ella cayó a mi casa y me dijo: “O lo escribís vos o no lo escribe nadie, porque yo de esto no hablé con nadie y por algo lo hablé con vos”. Yo nunca había escrito un libro. Venía del audiovisual, de los guiones y del periodismo, pero no de un libro. Me llevó tres años. Estuve unos dos años y medio entrevistándola, con idas y vueltas.

—¿Cómo apareció la posibilidad de llevar toda esa narrativa al teatro?

—Una amiga me dijo que con ese material tenía que hacer una obra. Se lo conté a Dennis y me preguntó de qué se trataba. Le dije que era la historia de una oficial montonera, desaparecida, sobreviviente, que se salva porque un militar se enamora de ella. Pero tenía muchos condimentos y ella era muy interesante como personaje, también desde lo dramatúrgico.

Al principio habían pensado que una actriz encarnara a Ana. Mientras el texto avanzaba, sin embargo, Smith expresó su deseo de asumir el desafío. Donato cuenta que el material de base incluía unas 1.500 páginas de entrevistas ya editadas, de las que debieron seleccionar escenas, voces y situaciones para construir la pieza.

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—¿Cómo fue escribir Mi vida anterior entre los dos?

—La escribimos juntos. Yo no solté el libro y ni le dije “hacé lo que quieras”. Al contrario, íbamos trabajando: ‘vos hacés el hijo, yo hago la madre’; después al revés. Sumábamos cosas de un lado y del otro. Éramos muy cuidadosos: el que tocaba algo que había escrito el otro lo ponía en color y después lo debatíamos. Le pusimos mucho trabajo. La primera vez que la leímos entera, los dos nos largamos a llorar. Hacía un año que estábamos con el tema, escribiendo y reescribiendo, y aun así nos conmovió. Ahí pensamos que, si a nosotros nos pasaba eso, quizás también le podía pasar a otros.

—Dennis interpreta a todos los personajes. ¿Qué buscaban con esa decisión?

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—Él dijo algo muy importante: podía hacer de mamá, de hijo, de padre, pero quería poner al actor detrás de la obra. No quería que salieran diciendo solamente “qué bien que hace de mamá” o “qué bien que hace de papá”. La protagonista tenía que estar adelante de nuestros propios egos y de las ganas de mostrarnos. Al principio teníamos miedo de que no se notara, pero cuando la vi armada pensé que no iba a haber dudas. Hay veces que, con las obras y los libros, chocan los planetas para bien. Creo que tiene que ver con el amor y la pasión que le pusimos al material y a la historia.

El estreno también tuvo un momento especial para Massochi. Antes de que la obra se presentara formalmente, ella había invitado a amigos y familiares que, en muchos casos, conocían apenas fragmentos de lo que le había sucedido. Su hijo sabía que había estado secuestrada y que un militar había tenido influencia en su destino, pero no conocía todos los detalles.

Junto al actor y escritor, la periodista llevó adelante la puesta en escena de una obra fundamental para la memoria colectiva del país. Mi vida anterior, una pieza que combina emoción, resiliencia y humanidad en 75 minutos
Los coautores de la obra teatral Mi vida anterior compartieron el trabajo conjunto de adaptar el texto del libro Desaparecida dos veces, escrito por la dramaturga y guionista argentina

—¿Cómo reaccionó Ana al ver la obra?

—Vio un ensayo general. Ella ya había invitado a amigos y familiares que se iban a enterar ahí de quién había sido. Cuando hicimos un semimontado, vinieron unas 40 personas. Al final de la obra lloraban de una manera muy fuerte. Ana era como que pedía perdón. Al día siguiente, gran parte de ese grupo fue a saludar a los desaparecidos que están en el Parque de la Memoria y que tienen que ver con esta historia. Fue muy emocionante.

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—La obra no presenta a Ana como una heroína intachable ni propone una lectura cómoda

—No es un panfleto, aunque queda claro de qué lado estamos. Es, en todo caso, una pancarta gris. Lo que incomoda a los espectadores y a nosotros mismos es que no nos deja sentarnos cómodos en el lugar del héroe y generar empatía con él. Te enfrenta con tu propia miseria, con lo que uno realmente es capaz de hacer. Tenemos casi 600 mensajes en Alternativa Teatral y muchos dicen: “Me fui pensando”, “Me quedé hablando con mi pareja”, “Me quedé hablando con mi hijo”. Ana no es una heroína. Todos nuestros grises hay que bancárselos. Ni traidora ni heroína, solo una mujer que hizo lo que pudo.

La autora señala que una parte de la potencia del relato está en no simplificar las decisiones tomadas bajo condiciones de violencia y cautiverio. Massochi estuvo casi ocho meses secuestrada sobreviviendo literalmente en un pozo, con torturas y violaciones. En un segmento de la obra, la protagonista – interpretada por Dennis- relata que cuando el torturador la sacaba de ese pozo para abusar de ella, “al menos ligaba una ducha tibia”. Ese temor continuó aun cuando logró rehacer su vida en Brasil.

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—¿Qué fue lo más difícil de contar?

—Hay cosas que hicimos con mucho miedo y mucho respeto. En un momento aparece una frase sobre no saber si algo era placer o asco, pero también sobre que era lo único parecido a la vida que había en ese lugar. ¿Cómo se juzga a alguien que atravesó esos horrores? Todavía se piensa que los sobrevivientes son traidores, como si hubieran elegido lo que les pasó. Y no. Nadie levanta la mano para decir que quiere que lo elijan, que lo torturen o que lo violen. Hay que entender el horror vivido en carne propia.

—¿En qué estás trabajando ahora?

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—El 2 de octubre estrena Puta madre, un biodrama que escribí con Carolina Fernández. Es la historia real de una madre que tiene un hijo detenido por drogas y de todas las preguntas y la vida que atraviesa una mamá con la tristeza de la adicción de su hijo: querer verlo libre y sano, y que sus ilusiones se estrellen contra el piso. En este caso, ella está en escena y el hijo aparece grabado desde el penal. La escribimos juntas, basada en su experiencia y en su libro.

Mi vida anterior se puede ver el 1° de noviembre en el Teatro Argentino de La Plata, con entrada gratuita. En Buenos Aires, la temporada termina el 7 de noviembre en el Teatro Dumont 4040, los domingos a las 18. Las entradas se pueden adquirir por Alternativa Teatral.



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Camila Mayan reconoció el error que cometió por amor a Alexis Mac Allister y tiró una revelación contundente: «Fui muy…»

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Camila Mayan volvió a referirse a una de las decisiones más importantes —y también más difíciles de revisar con el paso del tiempo— de su historia con Alexis Mac Allister. Esta vez, la influencer reconoció que mudarse a Inglaterra por amor implicó dejar demasiado atrás y admitió que hoy actuaría de otra manera. Una reflexión que expuso cuánto cambió su mirada después de aquella experiencia sentimental.

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La charla surgió en Patria y Familia, el programa de Luzu en el que participa, cuando sus compañeros quisieron saber si volvería a instalarse en otro país por una relación. La pregunta la llevó a repasar su etapa en el exterior junto al futbolista y a reconocer que, en aquel momento, el enamoramiento pesó más que otras cuestiones que también merecían atención.

“No lo volvería a hacer de la misma forma, que dejé todo. Fui medio ingenua. Por suerte aprendí muchas cosas y tendría otro tipo de conversación si pasara. Uno aunque esté enamorado tiene que pensar en todo”, expresó Camila, con una autocrítica que dejó en claro que la experiencia modificó su manera de entender los vínculos y las decisiones personales.

Sus palabras no apuntaron necesariamente a negar lo que sintió entonces, sino a reconocer que el amor no debería convertirse en el único parámetro a la hora de definir un proyecto de vida. La posibilidad de mudarse al exterior puede representar una aventura compartida, pero también supone tomar decisiones sobre la familia, el trabajo, los estudios y la propia independencia, aspectos que hoy Mayan considera fundamentales.

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CAMILA MAYAN CONTÓ QUE NO VOLVERÍA A DEJAR TODO POR ALEXIS MAC ALLISTER

En ese sentido, la influencer contó que hablar con otras personas que atravesaron situaciones parecidas le permitió revisar su experiencia desde una perspectiva diferente. Escuchar otras historias y conocer las decisiones que habían tomado quienes también apostaron por una relación la ayudó a advertir que existían otras maneras de afrontar un cambio tan profundo.

“Conversé con personas que pasaron por situaciones similares y entendí que se manejaban distinto. Nunca me preocupé, pero con el diario del lunes… Dejar a tu familia me parece algo re heavy, igual que lo laboral o el estudio”, sostuvo. Con esa frase, puso el foco en el costo personal que puede implicar abandonar el entorno conocido para acompañar a una pareja en un proyecto en otro país.

Antes de instalarse en Inglaterra, Camila trabajaba en el área de Atención al Cliente de Mercado Envíos, donde brindaba asistencia tanto a compradores como a vendedores, y estudiaba Administración de Empresas, carrera que logró completar a distancia. Después de su separación de Mac Allister, reconstruyó su camino profesional y consolidó su presencia en las redes y los medios. Hoy, con la experiencia acumulada, su reflexión deja una enseñanza que va más allá de aquella relación: estar enamorada no significa tener que dejarlo todo sin evaluar qué lugar ocupa una misma en el futuro que está construyendo.

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Camila Mayan

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