CHIMENTOS
Christian Petersen habló a fondo de la excursión al Lanín que casi le cuesta la vida: “Quizás me puse muy al límite”

El pasado 6 de enero marcó un punto de inflexión en la vida de Christian Petersen: luego de casi un mes de internación, el reconocido chef pudo finalmente regresar a su casa y empezar a reconstruir su rutina. Todo se había desencadenado el 12 de diciembre, cuando una inesperada descompensación durante una exigente excursión al volcán Lanín, ubicado en San Martín de los Andes, terminó convirtiéndose en una grave emergencia de salud y derivó en una larga hospitalización. Ya instalado en su hogar, y apenas unos días después de recibir el alta, Petersen repasó lo sucedido y compartió su experiencia de recuperación.
En una charla íntima con La Nación, el cocinero contó que la idea de escalar el Lanín había surgido después de un viaje previo a San Martín de los Andes, donde Petersen colaboró con una fundación liderada por su tío Tommy Petersen, ídolo de su infancia y figura en Los Pumas. La excursión, lejos de ser una travesía planificada para el silencio y el encuentro con uno mismo, lo sorprendió por la cantidad de gente y el bullicio, algo que no esperaba tras un año especialmente duro: la muerte de un socio, amenazas sindicales, mucho estrés y el peso de acompañar a su familia y su empresa en la adversidad. “Fui a probarme con el Lanín. Yo no lo conocía”, aseguró, y enumeró su experiencia en la subida a los refugios de Bariloche y su entrenamiento físico diario.
Durante el ascenso, Petersen sintió que necesitaba bajarse. El guía lo convenció de seguir hasta la base, pero allí la ansiedad y la falta de aire se transformaron en un ataque de pánico y una sensación de claustrofobia. “Me agarró entonces un ‘me quiero bajar ya’. Por suerte en el grupo me comprendieron. Había una azafata de Aerolíneas, Julieta, que me calmó. Quizás me puse demasiado al límite, quizás no me escuché”, reflexionó el reconocido chef, que aprendió de la experiencia límite y hoy recomienda hacerse chequeos más exhaustivos antes de intentar un desafío de ese tipo.
Al llegar abajo, la prefectura notó su estado alterado y lo trasladó al hospital. Allí comenzó una odisea médica con una batería de posibles síntomas en su cuerpo: intoxicación previa en Brasil, posible dengue o zika, un virus en el corazón, neumonía sin terminar de curar, estrés y la exigencia física de la montaña. Todo esto desencadenó una arritmia severa y el fallo multiorgánico. Petersen recuerda que lo pusieron en respirador y que, durante casi 30 días, estuvo prácticamente sin registrar nada. Cuando despertó en el Hospital Alemán, ya en Buenos Aires, se encontró rodeado de su familia y amigos, quienes le transmitieron el amor y la energía que necesitaba en ese delicado momento. “Me agarraron muchas ganas de vivir. Me desperté sintiendo mucho amor. Mi familia entraba mucho a la terapia a darme energías”, recordó al respecto.
En su relato, el cocinero agradeció especialmente al médico Víctor Perrone, a los equipos médicos de San Martín y del Alemán, y al apoyo de colegas, amigos y empresarios que estuvieron presentes. “Tengo todavía mil mensajes sin contestar. Médicos que se ofrecieron, empresas que me hacían pronto pago porque sabían que estaba internado. Nosotros tratamos de que siempre hable nuestro trabajo. Tenemos más de 56 años de trayectoria que empezó con mi madre. Yo ya llevo cuarenta”, contó. También remarcó la importancia de dejarse ayudar: “Mi llamado de atención es escuchar más a mi familia y cuidarme más. Tengo un chiste en mi casa, que tengo muy buenos consejos para los demás y no para mí. Lo que más aprendí es que tengo que ser más amigo mío, descansar, ir más despacio”.

Según el propio Petersen, la recuperación ha sido lenta y desafiante. Salí con mucha dificultad para caminar, con muchos temblores en la mano. Te diría que al 5% de lo que soy físicamente. Voy mejorando casi un 10% por semana. Ayer quise agarrar la bici y no la pude levantar, y yo hacía todos los días 60, 70 kilómetros. Hoy estoy al 20%, aprendiendo a reeducar mis neuronas, mis nervios, mis músculos. Perdí casi 18 kilos“, reconoció a poco tiempo de recibir el alta médica. Y continuó: ”Por suerte, tengo un gimnasio en casa y mis hijos entrenan conmigo. Trabajo menos, más tranquilo, y me tomo los fines de semana para descansar. Creo que estoy mejor que antes. Pero no tengo más rueda de auxilio”.
En su relato, Petersen sintió que había tenido suficiente con su experiencia en el gran volcán cordillerano y negó la posibilidad de volver a intentar el ascenso. Las barrancas de San Isidro son las únicas montañas que voy a subir. ‘Volvemos el año que viene’, me dijo el guía. No vuelvo ni loco. Dejame al lado del río, de la barranca. Confirmé que soy un camalote, sanisidrense a morir”, destacó.

A pesar de la exigencia y la pasión que siempre lo impulsaron, Petersen aprendió que la vida puede cambiar en un instante y que el verdadero éxito está en valorar cada día, apoyarse en los afectos y aprender a cuidar de uno mismo. Su travesía en el Lanín fue el límite, pero también el punto de partida para una etapa en la que la salud, la familia y la gratitud ocupan el centro de la escena. Y en ese camino transita, en plena rehabilitación, disfrutando de los pequeños avances diarios y reincorporándose de a poco al trabajo. Disfrutando de la nueva oportunidad que le dio la vida.
CHIMENTOS
La inesperada reacción de Griselda Siciliani al pasacalles que le colocó Luciano Castro frente a su casa

El mundo del espectáculo argentino volvió a sacudirse este fin de semana con un gesto inesperado de Luciano Castro. El actor mandó a colocar un pasacalles frente a la casa de Griselda Siciliani con un mensaje tan directo como explosivo: “Te amo Griselda hasta el final. Te extraño mucho”.
La imagen se viralizó rápidamente tras ser difundida por LAM y encendió todo tipo de especulaciones. La declaración no fue privada ni discreta. Al contrario: fue pública, visible y sin margen para interpretaciones ambiguas.
Un gesto romántico de alto impacto que, inevitablemente, expuso a la destinataria. Sin embargo, lo que terminó generando más ruido no fue el pasacalles en sí, sino la reacción de Griselda Siciliani. O, mejor dicho, su ausencia total de reacción.
Desde que el video comenzó a circular en redes y portales, la actriz eligió el silencio absoluto. No hubo publicaciones, stories, indirectas ni movimientos sospechosos en Instagram. Tampoco likes estratégicos ni frases crípticas. Nada. Un mutismo que, en el universo del espectáculo argentino, funciona casi como una declaración en sí misma.
En un contexto donde todo suele decirse, aclararse o desmentirse públicamente, el silencio no es neutral. Para muchos, se trata de una respuesta contundente; para otros, de una jugada medida y consciente. Porque cuando alguien recibe una declaración de amor tan explícita y decide no pronunciarse, las lecturas se multiplican.
El pasacalles no fue un mensaje íntimo ni una charla puertas adentro. Fue un gesto callejero, romántico y mediático, de esos que inevitablemente ponen al otro en el centro de la escena. Y ahí surge la pregunta que recorre los pasillos del ambiente artístico: ¿Griselda estaba preparada —o dispuesta— a recibir una demostración así?
Quienes conocen de cerca a Siciliani aseguran que la actriz evita el melodrama público y cuida con recelo su vida privada. A diferencia de Castro, que suele exteriorizar emociones sin demasiados filtros, ella mantiene un perfil mucho más reservado. En ese sentido, su silencio podría ser una forma elegante de no convalidar la escena ni alimentar el show mediático.
Mientras Luciano Castro eligió gritar lo que siente, Griselda Siciliani optó por callar. El contraste entre el romanticismo explícito de él y la reserva absoluta de ella no pasó desapercibido y volvió a instalar la duda: ¿se trata de un cierre definitivo o de un capítulo en pausa?
Por ahora, no hubo desmentidas ni confirmaciones. Solo una certeza que resuena fuerte: ante el pasacalles y la declaración pública, Griselda Siciliani respondió con silencio. Y en estas historias, muchas veces, el silencio dice más que cualquier palabra.
Luciano Castro, Griselda Siciliani
CHIMENTOS
Noelia Marzol recordó el día en que su esposo canceló su boda 24 horas antes de la ceremonia: “Tenía una ira tremenda”

Desde el día en que se conocieron, Noelia Marzol y Ramiro Arias comenzaron a vivir una historia de amor que no tiene fin. En el transcurso de la misma, la bailarina y el exfutbolista tuvieron dos hijos, inmortalizando su amor y afianzando aún más su vínculo. Sin embargo, no todo fue color de rosa. Este sábado, la actriz recordó el insólito momento que atravesó en su relación cuando el deportista le pidió cancelar su casamiento tan solo 24 horas antes.
Todo comenzó cuando la bailarina asistió al programa de Mirtha Legrand y recordó dicho momento. “Me canceló el casamiento Mirtha, 24 horas antes. Era en época de pandemia, era bastante más complicado organizar un casamiento, era con un grupo muy reducido de personas, al aire libre, recién estábamos saliendo de esa etapa. me costó mucho conseguir el turno en el registro civil, Todo lo que conllevaba casarse apenas se levantaba la cuarentena”, comenzó diciendo Marzol.
Luego, Noelia procedió a contextualizar la época en la que sucedió el hecho. “Yo estaba haciendo Sex en ese momento de José María Muscari y estaba por arrancar la segunda función y entró mi marido al teatro, lo cual ya era bastante dudoso porque él solía venir, pero un sábado a la noche, ya tarde, que él entra al teatro con cara de pánico. Entonces, él es muy transparente con todas sus expresiones”, relató la joven.
La actriz resaltó que la expresión de su pareja le llamaba mucho la atención y recordó cómo fue que este le pidió suspender el compromiso: “Le dije, ¿qué te pasa? Contame ya qué te está pasando porque se te nota demasiado de la cara que me venís a dar una mala noticia. Decime, !¿mi familia está bien?“. ”Sí, están todos bien, no te preocupes. Pero bueno, mañana no nos podemos casar. Todo listo. Yo estaba embarazada encima, lo cual implicaba también que el vestido ya no me iba a entrar“.
Fue entonces cuando Marzol explicó el argumento de Arias para su decisión: “El tema era que al otro día iba a jugar el partido por el ascenso, que en Nacional B son los partidos en donde sacan lo lo mejor y lo peor de cada uno, porque se juega la vida ahí. El que gana asciende a primera y el que no, sigue jugando en la B. Entonces, me dijo: ”No puedo faltar, no puedo faltar a este partido. Necesito jugarlo. Nos tenemos que ir a Rosario».
“Una locura total. Le dije: ”¿Pero cómo me venís a plantear esto? ¿Cómo no se lo dijiste al técnico antes?“. ”No, bueno, surgió así“. Así que fue muy gracioso porque me acuerdo que mi mamá me vino a consolar porque yo estaba retriste en casa, se fue a Rosario a jugar ese partido y me acuerdo que estábamos mirando el partido con mi mamá y las dos tipos así de la mano agarradas diciendo: ”Ojalá pierdan y no ascienda». Y fue un partido encima eterno, porque hicieron alargue, entonces alargaron dos veces el tiempo, fueron a penales. La primera rueda de penales salió empatado, tuvieron que extenderlo de vuelta. Él pateó penal y así, pero comiéndome las uñas, ¡ay, que no entre! ¡No, metió el gol! Así que recuerdo todo eso entre un poco de angustia y gracia, porque después pasó el tiempo y bueno, fue una situación superanecdótica», comentó la joven.

“¿Pero ascendió o no ascendió?“, quiso saber una de las invitadas de Mirtha. Rápidamente, y con alegría, Marzol dijo: ”No ascendieron, ¡no, obvio! Con la energía que estaba tirando. Era muy importante para él, pero, bueno, yo estaba con una ira tremenda. Así que, bueno, después de eso volví a casa y le dije: “Bueno, ahora si te querés casar conmigo, vas a tener que volver a organizar todo vos. Llamás a la modista para que arregle el vestido, llamás a los invitados, sacás el registro de vuelta sin él”.
Marzol reconoció que el enojo y la decepción fueron inevitables entonces, aunque esa experiencia, con el paso del tiempo, se transformó en motivo de humor al recordarla con su pareja.
En su presente, Marzol comparte en redes sociales aspectos de su vida familiar junto a su hijo Donatello, de cuatro años. Recientemente, durante unas vacaciones en Mar del Plata, el niño sufrió un contratiempo al tener contacto con una aguaviva en la playa. Marzol “aplicó primeros auxilios” usando crema calmante y documentó el incidente para alertar a otros padres sobre los riesgos habituales en el mar.
Hoy, Marzol asume los desafíos cotidianos del hogar y de la pareja con una mirada práctica, dispuesta a improvisar y a aprender de cada episodio inesperado que trae la vida familiar.
CHIMENTOS
Ricky Martin y Juan Castro, el romance clandestino que marcó los 90 y terminó con un final trágico: «Era una relación a distancia»

Un touch and go y todo pasaba por Miami. O a escondidas en Buenos Aires, cuando las cuatro paredes de un hotel eran testigos de una pasión desbordante y desmedida en el apogeo de los años 90. Lo de Ricky Martin y Juan Castro fue de esos amores que no se explican en palabras, que solo lo entienden quienes los viven. Porque a veces los sentimientos se comprenden cuando se desarrollan en acciones. En lo que generan. Y así fue entre ellos: un hilo rojo conectaba al cantante puertorriqueño con el periodista argentino. Como bien le dijo Ronnie Arias a Paparazzi: “Habría que haber estado en esas sábanas”.
El final de uno de sus protagonistas fue trágico. El verano de 2004 quedó marcado por la dramática muerte de Juan Castro. El periodista cayó desde el balcón de su departamento en Palermo y, tras pasar tres días en terapia intensiva, falleció con apenas 33 años.
El shock de la noticia fue total; la farándula argentina quedó consternada. El mundo habló del inesperado desenlace que tuvo un joven y talentosísimo periodista argentino. A escondidas, Ricky Martin transitaba en absoluta soledad uno de los dolores más grandes que debió enfrentar, una herida que hoy sigue abierta por lo que Juan marcó en su vida, en su camino, y en especial, en su descubrimiento personal.
Quienes conocieron el costado íntimo del cantante y el periodista confirman que el amor existió. Ricky estuvo muy enamorado de Juan, a punto tal que si alguno de los dos viajaba, ya sea a Buenos Aires o a Miami, coordinaban para encontrarse. Su relación era especial y no solo se reducía a una noche: era un vínculo amoroso (y muy fogoso) a la distancia. El boricua hacía de todo para verlo. Incluso llegó a esconderse en el baúl de un auto para colarse en un hotel y no ser visto por la prensa.
«Fue una linda persona y un gran profesional. Lo recuerdo con mucho amor y mucho cariño”, fue una de las pocas frases, por no decir la única, en la que Ricky se animó a confesar y reconocer que existió un vínculo con Castro.
El hermano mellizo de Juan, Mariano Castro -que falleció en octubre del 2025, a los 54 años-, llegó a decir, en una nota con El Trece, que simplemente «eran dos pibes” y “se cagaban de risa”. Pero en aquella época la sociedad era otra. Si bien Juan era un adelantado, que llegó a los medios para deconstruir y romper tantos prejuicios que existían sobre la homosexualidad, eligió seguir la postura de Ricky Martin, quien era toda una estrella mundial: recién en el 2010, y con una carta pública, el músico confesó su verdadera orientación sexual. “Cuánto tabú había en los 90 con eso de ser gay«, destacó Mariano Castro en relación a cómo su hemarnó vivió este romance oculto.
Ronnie Arias, uno de los pocos testigos de la pasión que existió entre Castro y Ricky, contó en una entrevista cuál era el modus operandi de dos jóvenes que se permitieron vivir una pasión desmedida, con sus corazones conectados en un mismo camino.

“Lo de ellos fue un flechazo. Yo no los presenté. Yo lo que fui es testigo de un par de salidas de ellos y cubrí la entrada a algunos hoteles… Se escondían. A Ricky lo metíamos en el baúl del auto al hotel”, recordó el actor, que en ese momento formaba parte de la señal E! Entertainment.
En este romance clandestino, era el boricua quien tenía los sentimientos más a flor de piel: “Siempre digo que Ricky estaba más enamorado de Juan. Era imposible no enamorarse de Juan: era energía pura -sentenció Ronnie-. Creo que era una relación a distancia, una relación en plazos. Venía Ricky, se veían. Juan viajaba a Miami, se veían. Era un touch and go, nunca fueron pareja”.
Sin haber formalizado su vínculo, tan solo disfrutando de un flechazo de dos personas que tuvieron la fortuna de coincidir, vivieron, percibieron y atravesaron el desarrollo del amor. En el 2001, Castro marcó un precedente al animarse a contar, con total naturalidad, cuál era su elección. Así lo replicó durante una entrevista en Sábado Bus.
“Lo que tenía que ser un secreto, ni yo sentía que fuera algo que estaba mal en mí lo que hacía entre cuatro paredes de mi dormitorio, y porque también se me cantó decirlo. Lo que generó en los otros es un tema de los otros. Lo que más me gustó fue que esa semana mi viejo me llamó y me dijo: ‘Vos sos un valiente’”, destacó Juan.
Como tantas historias que marcaron a fuego a una generación, lo de Ricky Martin y Juan Castro quedó suspendido en el tiempo, envuelto en silencios, secretos y un contexto que no permitía vivir el amor con libertad. Fue intenso, real y profundamente humano, atravesado por el miedo, la pasión y las limitaciones de una época que obligó a esconder lo que hoy podría decirse sin culpa. Juan se fue demasiado pronto y Ricky siguió su camino, pero ese hilo rojo del que hablan quienes los conocieron nunca se cortó del todo: permanece en la memoria, en los gestos no dichos y en la certeza de que, aun a escondidas, hubo un amor que existió y dejó huella.
Ricky Martin, Juan Castro
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