CHIMENTOS
Eduardo Carrera, el escandaloso participante de Gran Hermano 2003 que busca revancha en Generación Dorada

El regreso de Eduardo Carrera a la casa de Gran Hermano Generación Dorada significó el reencuentro del reality con uno de sus personajes más controversiales. La nueva edición del programa, estrenada el último lunes, apostó a figuras reconocidas del mundo de la televisión, los realities y las redes sociales, y la vuelta de Carrera generó un fuerte eco en la audiencia.
Presentado como un trotamundos del reality, asume este retorno con un objetivo claro: la revancha. Su historia dentro del formato se remonta a más de dos décadas, cuando participó en la edición de Gran Hermano Argentina 2003 e incluso en la versión española del ciclo. Ahora, con una vida más estable y alejada del foco mediático, enfrenta su tercera oportunidad en el juego, decidido a mostrar una faceta distinta.
Actualmente Carrera trabaja en un consultorio dental y es padre, rol que reconoce como fundamental para haber alcanzado una madurez diferente a la de sus primeras incursiones televisivas. Ante las cámaras, se define como una persona graciosa y ocurrente, cualidades que espera usar como herramientas para suavizar la convivencia y conectar con la nueva generación de espectadores. “Soy una persona optimista, trato de estar siempre de buen humor”, sostiene, en un intento por distanciarse de la imagen polémica que lo acompañó años atrás.
El ingreso de Carrera a esta Generación Dorada fue interpretado como un guiño a la historia del programa y una apuesta por entrelazar las raíces del formato con el fenómeno actual. Incluso desde la producción se alimentó la expectativa de que sus anécdotas y su estrategia renovada aporten contenido valioso para la audiencia de 2026.
No obstante, el regreso de Carrera reavivó rápidamente antiguos debates. En redes sociales, usuarios y seguidores del reality no tardaron en recordar los episodios polémicos que protagonizó en 2003, cuando tenía 33 años y permaneció 84 días en la casa antes de convertirse en el sexto eliminado. Aquella edición estuvo marcada no solo por la dinámica del juego, sino también por situaciones de violencia que involucraron directamente al propio Carrera.
Durante su estadía en la casa, el participante mantuvo un romance con su compañera Romina Orthusteguy, quien llegaría al tercer puesto frente a la vencedora de esa edición, Viviana Colmenero. La relación entre Carrera y Orthusteguy, que solo duró mientras compartieron el encierro, quedó registrada por sus altos niveles de conflictividad. Varias cámaras captaron situaciones tensas y episodios de violencia que hasta hoy circulan en redes sociales.

Uno de los momentos más recordados ocurrió durante los festejos de Año Nuevo, al comenzar 2003. En medio de una fuerte discusión con Romina, Carrera estalló un vaso contra el piso, un gesto que fue sancionado por la producción con la nominación directa a placa. Finalmente, esa acción lo dejó fuera del juego tras recibir el 21% de los votos el 7 de enero de ese año.
El archivo audiovisual y los relatos de la propia Orthusteguy profundizaron la polémica. En uno de los contenidos rescatados por usuarios de X (ex Twitter), se puede ver el episodio del vaso. En otra grabación, ya con Carrera fuera del juego, Romina le relata a Gastón Trezeguet una serie de situaciones vividas con su pareja dentro de la casa: tironeos, amenazas, empujones y gritos, todos registrados por las cámaras del canal. Estas escenas volvieron a circular y a alimentar la discusión pública sobre el perfil de Carrera, justo en el momento de su retorno a la pantalla.
Las repercusiones sobre el regreso del exparticipante no tardaron en llegar desde diversos frentes. Una de las voces más influyentes fue la de Viviana Colmenero, ganadora de esa edicón de GH, quien a través de su cuenta de Twitter expresó: “Eduardo se emociona mucho, llora de mentira y de verdad. Se ríe mucho porque está todo el día actuando. Miente muy pero muy bien y fabula también. Es experto en manipulación. Conmigo no pudo obviamente, me decía: ‘Vivi vos sos muy inteligente’. Ese es el dato que les puedo dar”. Su testimonio apuntó directamente al carácter del participante, subrayando rasgos de manipulación y actuación constante.

No todas las opiniones fueron críticas. Marisa Brel, periodista y analista que participó en los debates del ciclo, salió en defensa de Carrera en redes sociales. Al comentar el video donde se lo ve estallando el vaso, escribió: “Por un solo momento lo condenaron toda la vida. El pibe es un amor”. En otro tuit, Brel añadió: “A mí me encantaba Eduardo Carrera, siempre lamenté que por una situación que se enojó con quien era su novia en la casa, rompió una copa y para siempre lo tildaron de violento. Yo trabajé en ese Gran Hermano, el tercero entre 2002 y 2003, y en la casa era muy divertido y gran jugador”. Estas declaraciones aportaron una visión diferente sobre la convivencia y el humor del participante dentro del juego.
Para entender el recorrido y la personalidad de Carrera, resulta relevante repasar su perfil biográfico. Nacido el 9 de febrero de 1969, en el momento de su debut televisivo estaba desocupado y sin pareja. Era el mayor de los participantes de la edición 2003 y, según la presentación oficial, se diferenciaba por no asumir el rol paternal que suele atribuirse a los de mayor edad en los grupos. Él mismo se describía como ansioso y un poco irresponsable, pero también como alguien optimista y de buen humor.

En el plano familiar, sus padres se separaron cuando tenía tres años, y fue criado por su padre y su abuela junto a su hermano y hermana. Su infancia estuvo marcada por el fútbol y la vida en la calle, con poco interés por el estudio. “No me gustaba mucho la escuela, y me la pasaba en la esquina jugando a la pelota”, confesó sobre aquellos años.
Su pasión por el deporte se complementó siempre con rutinas de gimnasio y salidas a correr. También disfrutaba del cine, de bailar y de la buena comida, hábitos que sostuvo a lo largo del tiempo. Al ingresar a la casa de Gran Hermano, su expectativa era clara: “Se abre un nuevo horizonte. Es una oportunidad que no voy a desaprovechar”. Ese espíritu desafiante y vitalista lo acompañó tanto en sus primeras experiencias como en este nuevo regreso al reality.
Tras su salida de la casa más famosa, tomó un rumbo profesional vinculado al mundo artístico. Decidió formarse como actor y rápidamente consiguió un rol como contrafigura de Sebastián Estevanez en la telenovela Pensionados.
Poco después, aceptó una propuesta laboral internacional y se trasladó a Ecuador. Allí logró consolidar una carrera en la televisión local, integrándose al elenco de una novela muy exitosa de ese país. La proyección de su trabajo lo posicionó como un referente en la ficción ecuatoriana, al punto de que se barajó la posibilidad de que, al año siguiente, interpretara a Maxwell Sheffield, el productor millonario, en la versión local de La niñera.
Este recorrido profesional agregó nuevas facetas al perfil público de Carrera, quien con el paso del tiempo volvió a transitar un camino lejos del universo mediático, hasta que su desembarco en Gran Hermano Generación Dorada reabrió el debate sobre los límites del entretenimiento televisivo, la capacidad de redención y la memoria colectiva de la audiencia. La convivencia, la estrategia y, sobre todo, la reacción social ante su figura vuelven a ponerse a prueba en una edición que promete revivir viejas polémicas y, tal vez, ofrecer nuevas respuestas.
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CHIMENTOS
Una participante de Ahora Caigo contó que se distanció de sus amigas y Darío Barassi la aconsejó: “Puliendo las amistades”

Las tardes de Ahora Caigo (El Trece) tienen su propio ritmo y un protagonista indiscutido: Darío Barassi. Con su humor ácido, sus ocurrencias y su capacidad para improvisar, el conductor logra que cada emisión sea una mezcla de diversión, espontaneidad y momentos inesperados que atrapan tanto a los presentes en el estudio como a quienes siguen el ciclo desde sus casas. En el programa de este martes, Barassi protagonizó un intercambio especialmente divertido y reflexivo con una de las participantes, Delfina, una joven de 23 años que se presentó como ingeniera en alimentos y que rápidamente despertó el interés del conductor al hablar sobre sus amistades, siempre dispuesto a indagar en la vida de los concursantes.
La charla comenzó con una pregunta que ya es marca de Barassi: “¿Tu grupo de amigas? ¿Sos amiguera o no tanto?”. Por su parte, Delfina respondió con sinceridad: “Tengo mi mejor amiga de toda la infancia, que se llama Solcho”, comentó, y sumó una dedicatoria para el conductor: “Te ama, te amamos”. Barassi, sin perder el ritmo, devolvió el cumplido y fue por más: “¿Sos más de amigas, de una amiguita, dos amigas?”. Acto seguido, la joven fue contundente: “De una, porque… después te traicionan”.
El tono del programa cambió y la música de tensión acompañó la confesión. “¿Qué pasó acá, Delfi? ¿Una te traicionó o un grupo te traicionó? Todo un grupo. ¿Por qué? Ahora quiero saber. ¿Hay algún pibe metido en el medio?”, indagó Barassi, a lo que la participante negó categóricamente: “No”. El conductor, curioso, insistió: “¿Y por qué fue? ¿Querés contar…?”. La competidora explicó, un poco incómoda: “Se la mandaron. Pero no fue con un pibe”. Barassi buscó detalles: “¿Con qué fue? Quiero saber”. Ella, entre risas nerviosas, agregó: “Ay, no sé cómo explicarlo”. Finalmente, la participante resumió la situación: “Me dejaron de lado”.
Barassi interpretó la situación y puso en palabras lo que muchos sienten en algún momento de la vida: “¿Pero por una cuestión que es social, como que se empezaron a hacer una movida…?”. Delfina asintió: “No, como que yo estaba todo el día o laburo y estudio y nunca tenía tiempo”. Barassi concluyó: “Nunca tiene tiempo, la dejamos de lado. No la bancamos. Bueno, bueno, pero está bien ir puliendo las amistades”.
El conductor, lejos de limitarse a escuchar, aprovechó el momento para compartir una lección sobre los vínculos. “Y que queden las que sí valen la pena. Aparte, ojo, dentro de todo el grupo seguro que algunas también lo valen, pero se dejan llevar medio por la manada y…”. Delfina coincidió: “Sí, eso es lo malo”. El presentador, en tono paternal, le sugirió: “Bueno, por eso. Pero podés ir una por una. Con las que te interesa a vos, las encarás y decís: ‘Che, for…, dale’. Bueno, me gusta. Ay, muy paternal estuve, chicos”. El público respondió con risas y Delfina reconoció: “Sí, la verdad que sí”.

El momento continuó con el desarrollo normal del juego, pero la participación de Delfina dejó una huella especial. Barassi, fiel a su estilo, no dudó en lanzar otra de sus preguntas inesperadas. “Cristóbal Colón, ¿sabés quién es?”, bromeó mientras la música de tensión ambientaba el estudio. Delfina, entre risas, pidió la siguiente pregunta, pero finalmente respondió: “Sí sé quién es, pero…”, a lo que el conductor la ayudó: “Es conocido en la historia, ¿por qué? Por descubrir…”. Delfina respondió, divertida: “América”. Barassi, con su clásico humor, resopló y dio pie a la siguiente etapa del programa.
Así, Ahora Caigo volvió a demostrar por qué es uno de los programas más frescos y genuinos de la televisión argentina. Entre anécdotas, juegos y reflexiones, Barassi y sus participantes logran que cada tarde sea única, con momentos que van del humor a la emoción y que, como en el caso de Delfina, dejan enseñanzas sobre la amistad, el crecimiento personal y la importancia de animarse a ser uno mismo, sin miedo a quedarse con quienes realmente valen la pena.
CHIMENTOS
El peor día en la vida de Emilia Mernes: un ex la acusó de tóxica y celebró porque «tarde o temprano todo sale a la luz»

La fila para pegarle a Emilia Mernes crece prácticamente minuto a minuto. De buenas a primeras, o de la noche a la mañana, todo el mundo parece haber confabulado para desatar una «tormenta perfecta» que azota con fuerza y poder devastador a la novia del Duki, señalada por propios y extraños como una de las muchachas más envidiadas del ambiente musical. ¿Por qué será?
Hace unas semanas fue Tini Stoessel la que habló de «víboras» que la dejaron «hecha concha». No la nombró, pero todos le apuntaron a Emilia, a quien acusan de haberle robado «buena parte de su equipo de trabajo». Pero para muchos ese no es motivo para tanta enquina y tanta bronca. Algo más tiene que haber, sensación que se profundizó en las últimas horas cuando hubo una avalancha de mujeres famosas que ¡pimba! de un momento a otro dejaron de seguir a la entrerriana.
María Becerra, se sabe, hizo causa común con Tini y también le apretó el botón maldito de Insta. Después llegó una avalancha de famosas que incluyó a dos de las siempre polémicas «mujeres del seleccionado nacional», nada más y nada menos que Antonella Roccuzzo, la esposa de Lionel Messi, y a Valu Cervantes, pareja y madre de los hijos del también campeón mundial Enzo Fernández. Hubo más, bastantes más, pero ellas se llevaron todas las miradas.
Yanina Latorre metió la cuchara en el tema, y cuando parecía no haber mucho más para agregar en este embrollo los usuarios de las redes descubrieron que un ex de Emilia, antes llamado Joel Pimentel y ahora conocido como Joel Deleón, tuiteó algo que hizo recordar otro posteo suyo, donde consideraba que la pareja naufragó porque la otra persona era tóxica.
UN EX DE EMILIA MERNES SALIO A DECIR LO SUYO EN EL PEOR DIA DE LA VIDA DE LA CANTANTE
DeLeón escribió «tarde o temprano todo sale a la luz», frase que llevó a sus seguidores a pedirle que «contara todo». «Serví la olla, querido, y danos de comer a todos» le rogaron. «Di, hace años pero estaba loco» respondió él. Sin embargo, sus fans no se quedaron quietos y hurgaron y hurgaron hasta que lograron el hallazgo: eso que había dicho él en su momento, cuando aún era Joel Pimentel. Y sí, bastante «pimentel» tenía lo que dijo.
«Estuve con alguien por como 1 año y medio y cortamos hace como un mes, algo así. Esta persona me mentía, me tenía ahí cuando ella quería, así que por estar tan entregado siento que de alguna manera estaba siendo conrtolado, parte de eso fue mi culpa. Esta persona hablaba pura mierda de todo el mundo y en las redes se hace la amiga de todos y por por ciego no le decía nada. Había una persona que siempre se metía en medio y ni le importaba un carajo que destruía lo que había, que en su momento fue muy lindo. Por eso mismo a veces sentía desconfianza y me hacía la cabeza a veces que está muy mal. Me llamaba tóxico porque le hacía preguntas, pero la tóxica era ella» escribió aquella vez. Y aunque no la nombró -al fin de cuentas, nadie lo hace- ninguno dudó a quién se refería.
Emilia Mernes, Duki, Joel Deleón
CHIMENTOS
Benjamín Vicuña habló de su paternidad a distancia y contó si conversó con Mauro Icardi

El presente de Benjamín Vicuña como padre está signado por la distancia y la transformación constante de su realidad familiar. En un escenario atravesado por mudanzas internacionales, acuerdos complejos y la exposición mediática, el actor chileno compartió su mirada sobre lo que implica ejercer la paternidad cuando la cotidianeidad con sus hijos depende de variables ajenas a su control y de la aceptación de nuevas dinámicas.
A partir de la separación de Eugenia La China Suárez en 2021, la vida de Vicuña y sus hijos Magnolia y Amancio quedó atravesada por la necesidad de adaptarse a un esquema de crianza que trasciende fronteras y que, según sus propias palabras, exige una profunda aceptación de la circunstancia. “La aceptación es un término y un concepto muy importante en la vida de todos”, expresó en charla con la prensa, marcando así el tono de su proceso personal frente a los cambios que afronta.
El actor reconoció que, desde afuera, la situación puede parecer más tranquila de lo que realmente es. “No, es otra película”, admitió entre risas, dejando entrever que la calma aparente esconde una complejidad que solo los protagonistas conocen en profundidad. Su testimonio revela que la convivencia con la distancia es un ejercicio de acomodarse y aceptar la realidad tal como se presenta, sin caer en la idealización ni en la negación de las dificultades.
La mudanza de la China Suárez con sus hijos a Turquía, donde vive junto a su pareja, el futbolista Mauro Icardi, supuso un desafío adicional para los acuerdos de coparentalidad. El traslado internacional implicó renegociar los tiempos de convivencia, las visitas y la manera de mantener el vínculo vivo a pesar de la distancia física. El actor describió este proceso como parte de una nueva realidad que, lejos de ser elegida, debe ser asumida con madurez y resiliencia, aunque dejó en claro: “A mí me encantaría que vuelva todo a su lugar”.
En ese sentido, evitó explayarse sobre detalles privados relacionados con los acuerdos o el régimen alimenticio, y sostuvo: “No quiero más ni hablar en una entrevista ni de régimen alimenticio ni de cosas, porque no corresponde”. Esta decisión se inscribe en un intento por preservar la intimidad de sus hijos y evitar que cuestiones sensibles se ventilen en los medios, priorizando el bienestar de Magnolia y Amancio por sobre cualquier otra consideración.
La relación entre Vicuña y Suárez no estuvo exenta de tensiones mediáticas tras la ruptura. La exposición pública de sus desacuerdos sobre la crianza y la logística para compartir tiempo con los hijos fue una constante en los meses posteriores a la separación. Los viajes, las mudanzas y las nuevas relaciones sentimentales de ambos padres pusieron a prueba la capacidad de diálogo y el alcance de los acuerdos.
Uno de los aspectos más complejos fue el traslado de Suárez y los niños a Turquía. Esta mudanza significó que Magnolia y Amancio comenzaran a vivir en un entorno cultural y geográfico distinto, lejos de su padre, de sus hermanos y de la cotidianeidad previa. Para Vicuña, esto representó una instancia de resignificación de su rol y la necesidad de buscar nuevas formas de estar presente en la vida de sus hijos, aunque no sea en el día a día.
Las diferencias entre los padres también se reflejaron en la manera de exponer o no exponer ciertos temas ante el público. Mientras que algunos episodios de conflicto trascendieron a los medios, Vicuña planteó la importancia de no mediatizar aspectos íntimos, declarando que “esto ya ni siquiera es mi vida privada, ya ni siquiera tiene que ver con mis cosas o mis decisiones como adulto, sino que son niños”.

La presencia de Mauro en la vida cotidiana de Magnolia y Amancio es un elemento central en el nuevo esquema familiar. La pareja de la actriz comparte gran parte de la convivencia diaria con los niños, lo que plantea desafíos y preguntas para el propio Vicuña en su rol de padre biológico. Consultado sobre si mantuvo alguna conversación directa con Icardi acerca de la crianza, el actor fue categórico: “No, no tuve esa conversación, no”.
La falta de diálogo directo entre ambos hombres revela una dinámica en la que las transiciones y acuerdos se dan más por la fuerza de los hechos que por negociaciones explícitas. Vicuña admitió que, aunque reconoce la importancia de establecer algún tipo de comunicación en torno a la figura de Icardi como referente cotidiano de sus hijos, hasta el momento ese contacto no ocurrió. “Seguramente se va a dar, como se ha dado en otras circunstancias”, anticipó al dejar la puerta abierta a futuras instancias de diálogo.
La posibilidad de que Icardi cambie de club y país suma una capa de incertidumbre a la vida familiar. El actor expresó su preocupación por la estabilidad de los niños en caso de que deban mudarse nuevamente, al plantear que cualquier decisión de ese tipo impacta directamente en el vínculo con sus hijos.

“Por supuesto que hay comunicación porque es la mamá de mis hijos”, afirmó al subrayar la prioridad que le otorgan a la crianza conjunta y al bienestar de los menores.
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