CHIMENTOS
El escándalo que armó Darío Barassi tras echar a una persona de la tribuna de su programa: «Ese gordo es igual a mí»

Darío Barassi protagonizó un momento insólito en Ahora Caigo al pedir que sacaran del estudio al hermano de una participante. Todo comenzó como una broma, pero terminó sorprendiendo a la tribuna y dejando un silencio incómodo en el aire. El conductor, fiel a su estilo provocador, no dudó en convertir una simple coincidencia física en un show aparte.
La participante, Abril, había contado que estudia la licenciatura en criminalística y una tecnicatura en investigación criminal, y que su familia la acompañaba en el programa. En ese contexto, el presentador notó a un hombre en la tribuna con un parecido más que evidente y lanzó, entre risas: “Estoy odiado con ese gordo que es igual a mí. Hay un gordo que es igual a mí. Hay que sacarlo ya”.
El comentario, lejos de pasar desapercibido, encendió la reacción del público. Darío no se detuvo ahí y quiso confirmar el parentesco: “¿Es tu hermano?”, preguntó, mientras el estudio explotaba de risas. Cuando la concursante asintió, el humorista redobló la apuesta con un remate explosivo que dejó a todos sin aliento.
En tono de parodia y con su habitual dramatismo, Barassi lanzó: “Bueno, mi amor, te vamos a matar y después tu hermana estudiará qué pasó”. La frase, aunque dicha en broma, desató un instante de sorpresa entre los presentes y reforzó la incomodidad del hombre aludido, que terminó siendo “expulsado” simbólicamente del set.
EL ENOJO DE DARÍO BARASSI CON ALGUIEN DE LA TRIBUNA
Darío, al notar el impacto de su comentario, rápidamente pidió que el hermano volviera a su asiento y aclaró que todo formaba parte de su humor desbordado. El público aplaudió el gesto y el clima volvió a relajarse.
Ya con la risa nuevamente instalada en el estudio, el animador cerró el episodio con una frase que se volvió viral: “Estoy odiado”. Una escena más del impredecible mundo del conductor, que transforma cualquier situación en un show inesperado.
Darío Barassi
CHIMENTOS
El Chino Leunis contó cómo empezó su relación con su actual esposa: “Los dos estábamos casados”

Leandro Chino Leunis contó que conoció a su actual esposa Magdalena Martínez Picabea cuando ambos participaban de un curso de coaching y estaban casados. De acuerdo con su relato, el conductor se anotó allí como una cuestión “más interna, como para tener más recursos”. En ese grupo numeroso, compartieron afinidad desde el primer momento, aunque cada uno atravesaba su propio camino personal y la relación era solo de compañerismo.
Con el paso de los meses y a raíz de procesos personales intensos, ambos se separaron casi al mismo tiempo. “Ella se separa en agosto y yo me separo en septiembre”, recordó Leunis en su visita al Pelado López en Juego chino (Telefe). Fue en noviembre cuando comenzaron a compartir sus vivencias más sinceras, potenciados por un entorno que ayudaba a soltarse: “Ahí estás en un lugar donde hablás de tus miserias”, explicó.
En cada uno de los relatos, ambos mostraron sus lados vulnerables y reconocieron similitudes en las historias personales. En ese contexto de ejercicios y charlas profundas, la relación fue surgiendo con naturalidad. Una invitación sencilla, “Che, vamos a tomar algo”, marcó el comienzo de una pareja que hoy lleva siete años.
Leunis siguió con su relato y aseguró que la relación se dio sin demasiada planificación, llevada por una sensación de certeza difícil de explicar: “Siento que hay algo muy lindo que me pasó en el momento, que es como algún velo que se me puso delante para que avance sin pensar demasiado”.
La pareja fue construyendo su vínculo con gestos cotidianos y compartiendo gustos y hábitos. Leunis confesó que es muy romántico y que, con Magdalena, armaron una lista de canciones que los viene acompañando a lo largo de los años juntos. “Después de siete años, son como 150 canciones”, contó. Esa selección, que suelen escuchar en el auto o en momentos particulares, tiene un orden cronológico que les permite recordar etapas y emociones de la relación casi en tiempo real.
La complicidad se refleja también en la manera en que ambos entienden el amor. Consultado sobre el significado de su pareja, Leunis fue directo: “Tengo una linda sociedad con ella en todo sentido”. Destacó la importancia de esa conexión y, aunque aseguró que su hija ocupa un lugar especial en su vida, subrayó que en Magdalena encontró a su “persona favorita”.

Cabe recordar que la pareja celebró su boda en septiembre de 2021 en San Isidro, en una ceremonia íntima rodeada de familiares y amigos cercanos. El evento marcó la consolidación de la familia ensamblada que armaron juntos: Leunis es papá de Delfina, fruto de su relación anterior con la locutora Karin Rodríguez, mientras que Magdalena tiene cuatro hijos. En el último aniversario, el conductor reflejó la fecha especial y agradeció no solo el camino recorrido sino todo lo que les espera transitar juntos: “Increíble que ya pasaron 4 años desde ese día tan maravilloso. Día a día la historia se pone mejor”, escribió el ex MasterChef Celebrity.
“Tenemos un vínculo con Maca muy lindo, de mucha sinceridad, de mucha franqueza y compartirnos sentimientos, emociones. No hay lado B. Lo que hablamos es lo que es y tenemos mucha confianza en nosotros. Nos permite poder hablar de todo y compartir todo. Eso me parece lo más importante», contó por entonces Leunis en una entrevista con Infobae.
La historia del Chino Leunis y Magdalena Martínez Picabea narra un recorrido de autoconocimiento, acompañamiento mutuo y la construcción de una familia donde los matices, la música y la honestidad emocional ocupan un lugar central.
CHIMENTOS
Dejar el azúcar una semana puede generar cambios que pocos imaginan

Reducir o eliminar el azúcar durante una semana es uno de los desafíos más populares en hábitos saludables, y los resultados pueden empezar a sentirse más rápido de lo que muchos imaginan.
Durante los primeros días, es común experimentar síntomas de abstinencia. El cuerpo, acostumbrado al consumo frecuente de azúcar, puede reaccionar con irritabilidad, ansiedad o fatiga. Esto se debe a los cambios en los niveles de glucosa en sangre y a la adaptación del organismo.
Sin embargo, después de ese período inicial, comienzan a aparecer los beneficios. Uno de los primeros cambios es la estabilización de la energía. Al evitar los picos y caídas bruscas de azúcar en sangre, muchas personas sienten mayor constancia a lo largo del día.
Otro efecto frecuente es la mejora en la calidad del sueño. El consumo elevado de azúcar puede alterar los ritmos del descanso, por lo que reducirlo ayuda a lograr un sueño más profundo.
También puede notarse una disminución en la hinchazón abdominal. Esto se debe a que muchos alimentos azucarados procesados contienen ingredientes que favorecen la retención de líquidos.
Además, el paladar empieza a cambiar. Al reducir el consumo de azúcar, los sabores naturales de los alimentos se perciben con mayor intensidad, lo que puede ayudar a mantener hábitos más saludables a largo plazo.
Cambios que podés notar si dejás el azúcar
- Más energía estable durante el día
- Menos ansiedad por alimentos dulces
- Mejor descanso nocturno
- Disminución de la hinchazón
- Mayor sensibilidad a los sabores naturales
Dejar el azúcar por una semana no solo es posible, sino que puede ser el primer paso hacia un cambio más profundo. Aunque los primeros días pueden ser desafiantes, los beneficios suelen aparecer rápido y motivar a sostener el hábito en el tiempo.
Azúcar
CHIMENTOS
Alexiev Gandman, el argentino detrás del inolvidable arte gigante de Art Attack: “Decidí tirarme a la pileta”

El recuerdo de Art Attack despierta nostalgia y admiración en varias generaciones que crecieron frente a la pantalla, inspiradas por un programa que convirtió la creatividad y las manualidades en un verdadero fenómeno global. Aunque el ciclo debutó en 1990 y tuvo muchas versiones, en Latinoamérica marcó especialmente por la impronta local y la llegada de figuras icónicas. Si Rui Torres se ganó el cariño del público como presentador, Alexiev Gandman supo dejar su huella con su talento y despliegue en la sección de “arte gigante”. A más de una década de su paso por el programa, el artista argentino habló en exclusiva con Teleshow para contar cómo fue vivir desde adentro el fenómeno.
Durante seis años, Gandman fue el responsable de deslumbrar a la audiencia con creaciones a escala monumental, utilizando objetos cotidianos y paisajes como lienzos. Desde 2009 hasta 2016, su trabajo frente y detrás de cámara lo llevó a convertirse en referente de la creatividad televisiva, aportando una mirada fresca y desafiante a un formato que parecía haberlo mostrado todo. En cada episodio, el desafío de pensar y plasmar obras sobre el suelo requería ingenio, planificación y la capacidad de sorprender incluso a quienes ya conocían el universo de Art Attack.
El impacto de Art Attack fue mucho más allá de la pantalla chica: se convirtió en una marca registrada de la infancia y en un semillero de vocaciones artísticas para miles de chicos y chicas en todo el continente. Y a una década de sus últimos momentos en el ciclo, Alexiev revive los secretos de producción, el detrás de escena y las anécdotas que hicieron posible llevar a la pantalla ideas tan ambiciosas como inspiradoras, y reflexiona sobre el legado de un programa que, aún hoy, sigue marcando tendencia en las redes y en el corazón de quienes crecieron soñando con ser parte de ese mundo de colores, texturas y creatividad sin límites.
—¿Cómo nació tu pasión por el arte? ¿Fue algo que adquiriste de chico o surgió a partir de alguna experiencia o familiar en particular?
—Desde chiquito dibujo. Antes de los cuatro o cinco años dibujamos todos, pero en la primaria me la pasaba dibujando: todos los cuadernos llenos de dibujos. Mi mamá, al ver esto, me mandó ya en segundo grado a un taller barrial de dibujo y pintura, y siempre me dediqué a eso. En la secundaria, todos los márgenes de las carpetas estaban llenos de dibujos. Mis compañeros me pedían que les hiciera caricaturas de los profesores, y empecé a trabajar en la revista del centro de estudiantes haciendo ilustraciones. Así que no fue algo que decidí de un día para el otro, sino que me salió naturalmente.
—¿En qué momento decidiste dedicarte profesionalmente al arte o a estudiarlo de manera formal?
—En la secundaria tenía la idea, pero hice Industrial y, cuando había que elegir especialización, podría haber seguido en el colegio Fernando Fader, pero pensé que como artista me iba a morir de hambre. Es un pensamiento impuesto, no es que mis viejos lo pensaban. Así que seguí Electrónica. Pero después, cuando terminé la secundaria, decidí estudiar algo que tuviera que ver con el arte y me recibí de diseñador gráfico.
—¿Cómo surgió la propuesta de integrar Art Attack? Además de este proyecto, también sos profesor, ilustrador y tenés más de 170 libros publicados.
—Sí, tengo más de 170 libros publicados, sobre todo de arte ilustrado. Cuando me llamaron para Art Attack era docente y ya tenía muchos libros editados. Trabajé mucho en publicidad como director de arte e ilustrador, así que supongo que ese mix hizo que pensaran en mí para el programa. Originalmente me convocaron como director de arte, para estar detrás de cámara, generando imágenes, buscando materiales y armando la pre y postproducción.

—¿Cómo fue que te pasaron al frente de cámara para hacer las obras de arte gigante?
—El programa original era inglés y Disney compró el formato. Cuando me convocaron para ser director de arte, empezamos a armar las artes gigantes, mientras hacían casting para quien iba a estar frente a cámara. Un día me llaman y me dicen que veían en las pruebas que se me daba bien dibujar y que sería más natural que lo hiciera yo. Nunca había hecho teatro ni tenía fantasía de estar frente a cámara, yo me imaginaba en mi taller, no mostrando lo que hacía. Pero me encantan los desafíos y, aunque me ponía nervioso, acepté. Me pusieron un coach para la parte actoral y decidí tirarme a la pileta. Creo que funcionó.
—¿Cómo era el proceso creativo? ¿Tenías que practicar varias veces, planificar los dibujos, elegir las locaciones?
—Sí, todos los estudios eran los de Non Stop en Munro, bastante grandes. Los exteriores se grababan en lugares a no más de dos horas de viaje, por organización. Había una parte de preproducción: yo hacía todos los dibujos chicos, unos 110 o 120 por temporada, y Disney elegía 27 para cada año. Después pasaba el guion a la gente, aunque mi personaje no hablaba y sí había una parte actoral, y se elegían las locaciones. Una vez definido dónde grabar, pensaba qué materiales eran lógicos para cada lugar. Conseguíamos todo y lo armábamos en estudio para probarlo, hacer fotos, ver si funcionaba o cambiar algo. Después, grabábamos en exteriores. Generalmente sólo grabábamos dos o tres meses en verano por la cantidad de luz solar que necesitábamos.
—¿Cómo combinabas el trabajo en Art Attack con tu labor como profesor y tus otros proyectos?
—Era un año continuo, sin vacaciones. Durante el año daba clases y hacía la preproducción. Los tres meses de grabación eran en verano, cuando no tenía clases. A veces se superponían cosas, como tener que regrabar capítulos por temas técnicos, pero trataba de planificar todo. Siempre tuve varios “kioscos” a la vez y me las arreglaba.
—¿Y el tema de los materiales? ¿Eran prestados o los compraba Disney?
—Todos los materiales se compraban y, después, Disney los donaba a distintas entidades de bien público. Solo lo que era imposible de recuperar, como azúcar o glicerina, no se donaba.

—¿Te reconocía la gente por tus apariciones en Art Attack?
—En ese momento, poco y nada, porque mis alumnos eran del terciario y no veían el programa. Ahora me pasa que muchos de mis alumnos actuales me vieron en la tele cuando eran chicos y me piden sacarse una foto. Les digo: “Cuando aprueben, nos sacamos la foto”. Es muy divertido y me encanta.
—¿Pudiste conocer a otros conductores de Art Attack de otros países?
—No tuve relación con Rui Torres ni con Neil Buchanan, pero sí con los conductores locales de las temporadas que hicimos nosotros. Con Emiliano Pandelo de Argentina seguimos siendo amigos, con Dani de Brasil siempre nos hablamos, y también con el de Italia. Todos vinieron a grabar acá, así que a la mayoría los conocí. La sección de arte gigante era la misma para todos los países, pero cada uno tenía su conductor local.

—¿Cuál fue el segmento de arte gigante que más te costó realizar?
—Dificultades técnicas, pocas. La diferencia entre pintar con colores y pintar con elementos no es tanta. Lo que sí era pesado era usar materiales que, por ejemplo, que cargás mucho te cansás. Los mayores problemas eran técnicos o climáticos: grabábamos en verano, con mucho calor, a veces en lugares inhóspitos. También tenía que evitar broncearme para no tener problemas de continuidad, así que cada dos horas había que reponer protector solar y maquillaje. Eso hacía que las grabaciones fueran más lentas.
—¿Después de tanto trabajo nunca te cansaste de hacer arte gigante?
—No, porque como hacía muchas cosas distintas, cambiar el chip me cambiaba la cabeza. No sentía rutina. Además, me organizaba para tener escapadas y estar con mi familia en lugares verdes durante la temporada de grabación, así que también disfrutaba.

—¿Si te volvieran a proponer volver a Art Attack o un programa propio, te gustaría?
—La experiencia me gustó mucho. Quedé en muy buenos términos con Disney y después les propuse varios proyectos que no prosperaron porque la empresa pasó por cambios y la transición del cable a la plataforma. Pero siempre estoy abierto a desafíos nuevos, todo lo que me saca de la zona de confort me divierte y lo acepto.
—¿Hoy en qué proyectos estás trabajando? ¿Algún libro nuevo, curso o actividad artística?
—Libros, muchísimos. Ahora estoy haciendo dos para Sigmar, uno para Granica sobre los mundiales, con preguntas y respuestas, y otro de busca y encuentra para Artemisa. Estoy armando un libro de “Destruye este libro” con ciencia y escribiendo cuentos de terror para chicos. También hice un juego de cartas que estamos puliendo. Y, además, sigo dando clases en el instituto.

—¿Qué consejo le darías a alguien que te vio en Art Attack y quiere apostar por la creatividad o el arte?
—Lo más importante es divertirse. Cuando uno hace cosas que disfruta, es más fácil que eso se transforme en una carrera y hasta en un negocio. Si te divertís, los que leen o ven lo que hacés también lo van a disfrutar. Si hacés cosas por obligación, termina siendo frustrante y no hay fórmula mágica. Lo esencial es que te guste y te diviertas con lo que hacés.
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