CHIMENTOS
Gimena Accardi cambió todos sus planes por Nico Vázquez y Dai Fernández: “Le advirtieron que estaba muy expuesta y no fue a bailar»

Desde que Nico Vázquez blanqueó que está en una relación con Dai Fernández, cambió todo en la novela mediática que hace meses tiene a Gimena Accardi en el foco de los flashes y portales. Y en los últimos días, Gimena quedó una vez en el centro del escrutinio público al asistir a un evento y hablar del romance del momento.
Con muy buena predisposición y una sonrisa, Gimena Accardi dio una nota a Sálvese quien pueda (América) y se refirió a la nueva historia romántica que inició su ex marido, con quien estuvo 18 años en pareja. “Si él está bien, yo estoy bien. Básicamente eso, le deseo lo mejor de todo corazón a él, a Dai”, sostuvo, muy reina.
Gime aseguró que jamás tuvo sospechas de Nico y Dai e incluso lanzó un comentario que dio lugar a un sinfín de especulaciones: “Quiero creer que es de ahora”. Sin embargo, más tarde en Infama revelaron que la actriz, si bien se mostró muy relajada, ya empezó a modificar sus planes y decisiones a causa de este romance que inició Nico.
“Mujeres hermosas, Emilia Attías y Accardi, ellas coincidieron en un evento, hay fotos donde se las puede ver juntas, y es el día en que Gime tuvo que poner la cara cuando todos le preguntaron qué opinaba del romance de Nico y Dai”, comentó Karina Iavícoli, antes de ventilar el chimento en la picada de Infama.
GIMENA ACCARDI Y EL PLAN QUE DEBIÓ CANCELAR A CAUSA DE NICO VÁZQUEZ Y DAI FERNÁNDEZ
“La verdad es que ella, una reina, les deseó lo mejor, aunque también dejó entrever que ‘quería creer que habían empezado a salir ahora’”, comentó Iavícoli sobre la actitud que mostró Gime Accardi durante las notas. Pero nada fue tan natural, hubo otro trasfondo ante este nuevo panorama.
Así lo relató la panelista de Infama: “Ahora, lo que a mí me cuentan es que esa noche Gimena iba a ir a bailar a Tequila con Emilia, pero parece ser que sus amigas le advirtieron que ese día estaba muy expuesta, que iba a tener que dar muchas explicaciones, así que pegó la vuelta y se fue a su casa”.
Gimena Accardi
CHIMENTOS
¡Conmovedor! Miriam Lanzoni confesó que le diagnosticaron psoriasis: «Noches enteras sin dormir envuelta en un film»

Así como hicieron muchos famosos y no tanto de cerrar el año que se fue con un sentido posteo a modo de balance de lo vivido los últimos 12 meses, Miriam Lanzoni también recurrió a las redes sociales para manifestarse y compartir con sus miles de seguidores un drama personal contra el que tuvo que batallar.
Y así como muchas luchas internas se llevan en silencio sucedió con la actriz que a fin de mostrar su lado vulnerable y solidarizarse con otras personas que bien puedan atravesar por algo similar, la ex esposa de Alejandro Fantino compartió el problema de salud que tuvo en el 2025.
Así, junto a un reel que resumía el proceso desde que se encontró con ronchas en todo el cuerpo hasta que le dieron un parte y el recorrido hacia la sanación, Lanzoni manifestó: “Balance 2025: No existe fuerza más poderosa que la verdad. Me pasaron muchas cosas espectaculares este año, fiel a mi estilo busqué siempre la excelencia en todo, amé, reí, lloré mucho, me frustré, me emocioné”.
“Pero hubo algo muy significativo, una señora PSORIASIS. Por momentos me costaba mirarme, meses enteros de tratamientos, de no poder creer que mi piel se viera así, había días que me levantaba y estaba con más lesiones que piel sana, me dolía mirarme así”, siguió Miriam.
LA DE MIRIAM LANZONI, UN LUCHA PERSONAL COMPARTIDA
Fuerte y estremecedor relato que la actriz continuó: “Noches interminables sin dormir por la picazón, por tener que dormir envuelta en film, suspender proyectos de trabajo porque no había como disimular todo mi cuerpo y mi rostro asi, y porque era impensado hacerlo con esto como parte mía…”.
“Sentí mucha vergüenza que me vieran en esta versión, mucha. ¿Y saben que? ¡Hoy es lo que más agradezco de este 2025! Por eso lo quiero compartir con ustedes. Las mejores oportunidades vienen disfrazadas de ogros que asustan. Me puso de rodillas ante Dios, me hizo abrazarme muy fuerte, me llevó a lugares muy oscuros para darle luz, me regalo auto conocimiento, piedad y benevolencia conmigo misma, ternura, comprensión y un poder inconmensurable”, sumó.
En ese mismo texto Lanzoni tipeó: “Me hizo re confirmar que mi valor no desciende por nada, todo lo maravilloso que soy y he construido no se viene abajo por unas manchas ni por nada. Porque además mi tipo de Psoriasis tiene origen en la cabeza, con las emociones, tiene línea directa con el estrés, y parte de curarla fue re aprender muchas cosas fabulosas”.
“De no haber sido así, me hubiese resistido como lo venía haciendo. A los cabeza dura como yo, a veces nos toca terapia de choque extremo, y lo celebro y agradezco con el alma. Y un capítulo aparte para mi doctora, que no solo me acompañó con los mejores tratamientos, complementos, para curarla, sino por su humanidad y amor”, cerró Miriam.
Miriam Lanzoni
CHIMENTOS
Martín Bossi en Mar del Plata: “Vengo de una generación donde la vara estaba muy alta, hoy está muy baja”

El escenario es un lugar cruelmente honesto. Allí, bajo la luz inclemente, las máscaras caen y la verdad de cada artista queda expuesta. Así lo recuerda un humorista que se atrevió a mirar hacia adentro para responder una duda existencial: “Yo arranqué en teatro siendo imitador, copiando. Yo decía: ¿Me querrán por esto? ¿Me querrán porque yo copio a los demás?” La pregunta zumbaba en los oídos de Martín Bossi, cada noche tras el telón, cuando el aplauso se confundía con la duda.
Amparado en el paso del tiempo, Martín se emociona sin temor a contarlo todo. “No fue fácil sacarse esas máscaras. No fue un salto, sino una travesía de acompañamiento: el coach, los amigos, la familia, toda la gente que tengo alrededor, que son muchos”, recapitula. A su lado, el imitador dejó de ser eco para buscar su propia voz. “Empecé a hacer shows que tenían que ver más con el humor y con el stand up y con la labor de showman, sin máscaras. Y me siguieron queriendo.” Del otro lado, el público, claro. El amor incondicional, ese que sorprende y desarma.
El vértigo de animarse a nuevos terrenos no se detuvo ahí. “Me fui a probar con comedia musical, a ver qué me pasaba, si podía hacerlo. Apareció Kinky Boots. Y la hice”, continúa con su itinerario que desemboca en La cena de los tontos, el gran éxito de Buenos Aires que repite noche a noche en Mar del Plata.

La apuesta era clara: salirse de lo seguro, arriesgarse a fallar. Le faltaba, todavía, una “comedia de raza, pura”, para probarse de verdad, para ver si lo elegían por ser él, sin red, sin ser otro. “Soy un afortunado que haya tanta incondicional en el amor. En el amor.”, repite Bossi. Ahí, de nuevo, la gratitud no es un gesto vacío, sino la confirmación de que el afecto, cuando es genuino, sostiene más que cualquier éxito fugaz. “El público no se deja engañar. Reconoce el esfuerzo, el trabajo, los años de estudio. Y yo sigo estudiando, sigo preparándome, porque el oficio no termina nunca”, remarca el actor.
El miedo no viene de la crítica ni del fracaso. Llega, más bien, con la idea del final. “El otro día una persona me preguntaba por el tema de la muerte y el final, y yo digo que estoy bien, porque todo lo que me gustó, lo hice muchas veces”. Las facetas son diversas que definen su personalidad inquieta: actuar, cantar, jugar al fútbol, al tenis, amar, comer dulce de leche, veranear. “He sido un tipo de repeticiones en lo que me gusta”, ratifica Y, sin embargo, hay un temor simple y demoledor: “Cuando me muera no voy a poder seguir aprendiendo y lo que yo quiero es seguir aprendiendo”, reflexiona desde lo más profundo de su ser.

El diálogo fluye y Bossi se detiene en la raíz de su historia. “Vengo de una generación donde la vara estaba muy alta. Hoy la vara está muy baja.” La comparación no es nostalgia, sino diagnóstico. “Hoy debido a la incultura que hay, debido al Instagram y a que somos mucho más incultos, y me incluyo, por ahí no hace falta tanto para llenar un estadio o ser una estrella pop”. El artista no se excluye del fenómeno. Se confiesa parte de una época en la que el éxito parece más fácil y la exigencia, menor. “Yo gracias a Dios, para poder vivir de esto tuve que estudiar mucho.”, confiesa a Teleshow.
El teatro Neptuno de Mar del Plata retumba cada noche con la ovación del público. Martín Bossi junto a Gustavo Bermúdez y Laurita Fernández en La cena de los tontos se consagra primero en recaudaciones y primero en espectadores según los datos recientes de AADET (Asociación de Empresarios Teatrales de la Argentina), sellando así el liderazgo indiscutido en la incipiente temporada de verano 2026.

La comedia francesa, escrita por Francis Veber, con producción a cargo de Adrián Suar y Guillermo Francella y la dirección de Marcos Carnevale, revalida lo cosechado durante el año en Buenos Aires, donde la vieron más de 150 mil espectadores. Con un elenco que completan Esteban Prol, Guillermo Arango y Robertino “El Romi” Benemino el público responde con fervor y un esquema se repite: localidades agotadas y los aplausos de una platea de pie.
Para Martín Bossi y el resto del elenco, cada función es una fiesta. La emoción desborda el escenario y se traslada al hall del teatro, donde la multitud espera ansiosa a los artistas. La marea de gente es tal que la calle Santa Fe se ve interrumpida cada noche.
El éxito es tal que el teatro Neptuno, propiedad del empresario Carlos Rottemberg, ha decidido sumar nuevas funciones. Las presentaciones de “La cena de los tontos” continuarán de martes a domingos en la icónica sala de la calle Santa Fe. Por ahora, la respuesta parece estar en cada noche de aplausos, en cada butaca ocupada y en cada emoción compartida.

Durante la charla con Teleshow, el actor también comparte detalles sobre su rutina diaria, su vínculo con la ciudad balnearia y el significado de cumplir 20 años de trayectoria, en este destino.
“La rutina en Mar del Plata es mi cable a tierra”, reconoce y pone dos ejemplos que lo conectan con su esencia: “Ayer a la mañana jugué al tenis. Hoy jugué a la pelota, me prendí en un fulbito con unos chicos del barrio”, dice, resaltando cómo el ejercicio se volvió parte vital de sus días.
En este escenario que se acerca a la plenitud, Martín rescata a la familia y los afectos cercanos que ocupan un lugar central durante la temporada. “Ahora estoy con mi tío Horacio, mi primo Iván, mi otro primo Román, que trabaja conmigo. Vienen mis amigos a visitarme, viene mi mamá”, describe el intérprete, valorando la tranquilidad que le ofrece su entorno. Y que termina de cobrar forma con la atmósfera de la ciudad

“Hacer teatro en Mar del Plata es la comidita después, si hay alguna fiestita en algún balneario y un traguito. Es levantarse, desayunar y seguir. Es una bendición muy grande, muy grande. La verdad que estoy disfrutando esta temporada que arrancamos a sala llena”, explica.
En esta nueva temporada, Bossi celebra dos décadas sobre los escenarios de La Feliz, una cifra que lo impulsa a hacer un balance. “El saldo es que no me descubrieron todavía, así que puedo seguir trabajando de esto”, bromea, fiel a su estilo. Y su estilo también incluye la seriedad: “En Calle Corrientes llevo quince, y en Mar del Plata, veinte. Lejos de creerme un distinto, le agradezco a Dios, a ustedes, los periodistas que han sido socios de mi trabajo, y al público”, se sincera.

Consultado sobre su relación con la gente, señala las transformaciones en la popularidad contemporánea: “Hoy ver una estrella no es un acontecimiento. Te ven desayunar, te ven haciendo cualquier cosa. Ser famoso es fácil ahora, no hace falta ser talentoso. Eso también favoreció que los que somos populares por nuestro trabajo podemos estar un poco más tranquilos”, analiza.
También subraya la universalidad de las emociones que trabaja en el escenario: “La inocencia que interpreto en La cena de los tontos es lo mismo en Buenos Aires, Mar del Plata o cualquier lado. Amor, odio, decepción… son lo mismo en todos lados. Mi humor es claro y mi trabajo también”, remarca a Teleshow a modo de balance del personaje que encarna noche a noche. “Construir una carrera a base de trabajo es muy difícil. Mi branding y mi marketing es solamente mi trabajo, no hay otra cosa”, confiesa.
Tras 20 años de funciones, Bossi repasa su recorrido con gratitud: “Voy haciendo un balance y cada vez que salgo al escenario, el teatro está lleno. Veo un amor desmesurado constantemente para conmigo. Es un regalo de Dios, y no fue fácil. No es fácil”, cuenta con una voz entrecortada por la emoción que lo invade.

Cada noche en el teatro Neptuno comparte cartel con un elenco versátil que le permitió descubrir nuevas dinámicas. “Le tengo una gran admiración a Gustavo. Soy amigo hace bastante. Es una especie de hermano mayor, un maestro, un tipo muy recto, muy correcto, que me sigue enseñando. Yo aprendo de él, y aprendo de Laura, y la verdad hemos hecho un equipo tan lindo que entro al teatro con muchas ganas de trabajar”, relata.
Acostumbrado al unipersonal, compartir cartel con otras figuras lo llevó a ponerse a prueba. “Compartir la responsabilidad de entretener con otros fue una enseñanza para mí. No fue fácil confiar en la mirada del otro y aprendí que puedo hacerlo. Me hizo crecer como persona”, admite.

La respuesta del público quedó reflejada en las salas llenas y la fuerte demanda de entradas. Bossi lo sintetiza ante Teleshow: “Arrancamos a lleno, con una preventa monstruosa. De hecho, agregaron martes, miércoles, jueves y viernes. Es un delirio, y estamos muy agradecidos todos los que hacemos este espectáculo”.
Sobre el futuro inmediato tras el verano, anticipó: “Ya se está hablando la posibilidad, porque es tanta la demanda y tanta la gente que no lo vio en Buenos Aires, de poder hacer ocho semanas en el Astral a partir de abril y después despedirnos con una gira por todo el país”, se entusiasma como un niño que logró anotar un gol de media cancha.

Con la experiencia de dos décadas sobre las tablas, y una trayectoria en franco ascenso, Bossi elige mirar para adelante. Así lo confía a Teleshow en una idea que se repitió durante toda la charla: la búsqueda permanente del aprendizaje. Con la convicción de que reinventarse cada día es la clave de su recorrido artístico y el motivo de cada uno de esos aplausos que lo emocionan noche a noche.
CHIMENTOS
La muerte de Daniel Mendoza: el amor clandestino que terminó en la tragedia más impactante que recuerde la farándula

«¿Uno a qué le da más importancia? ¿Al amor o a la amistad con un tipo? Un amigo va con vos a la pizzería … discute sobre los recorridos de los colectivos … Uno está con los amigos cuando está recontra aburrido. En cambio, ¡Por amor uno se mata! Nadie se suicida porque un amigo se muda; sin embargo la gente se suicida por amor, de manera que yo creo que es mucho más importante en la vida de un hombre el amor. Yo le cambio al mejor de mis amigos por media novia».
Alejandro Dolina.
Buenos Aires, Argentina, lunes 17 de agosto de 1992: el día amanece frío, como corresponde a un invierno más crudo de lo que se pronosticaba durante el otoño, pero enseguida una noticia lo pone caliente y en estado de ebullición. Es feriado. Hay muy poca gente en la calle, circulan menos colectivos, las oficinas públicas y las escuelas están cerradas. Hombres y mujeres tardan más en sacarse las lagañas y prepararse un desayuno algo tardío. En eso están cuando una información los sacude de manera violenta para cortar bostezos humeantes y detener brazos que se hubieran extendido hasta el infinito: «Daniel Mendoza se quitó la vida en su departamento de Belgrano con un certero disparo al corazón».
En realidad, en medio de esa escena espantosa y dantesca, se comprueba que el revolver, que Mendoza había comprado un día antes en el shopping Alto Palermo, fue accionado dos veces. El primer balazo fue a parar contra el techo. El segundo lo liquidó prácticamente en el acto, terminando con una vida intensa y agitada como pocas: con tan sólo 48 años (iba a cumplir 49 en dos meses, el 4 de octubre) había tenido muchas parejas, seis hijos, había entrevistado a las personalidades más importantes de la Argentina y el mundo, se había consagrado como uno de los periodistas más importantes del país y era uno de los principales conductores de la televisión de la época.
Mendoza tenía una personalidad fuerte y avasallante. «A veces parecía agresivo porque tenía impulsos fuertes, a veces gritaba y siempre, siempre, terminaba haciendo lo que quería» contaron, sin apuro, aquellos que fueron sus compañeros de trabajo. Era un hombre que vivía a mil y que no aceptaba imposiciones ni medias tintas. Todo era blanco o negro, te quiero o te odio, ahora o nunca. Y alguien que le dijo que no, o que sí pero no, o que más o menos, o que pudo ser pero prerfiero otra cosa, fue el principio de su final. Nunca, se dice hasta el día de hoy, pudo soportar ese rechazo.
Desde el mismo momento en que se conoció la muerte de Daniel Mendoza hubo otra persona, una mujer famosa, que quedó ubicada en primer plano y fue, un poco, la coprotagonista de la trágica historia. Andrea Frigerio, hoy algo alejada de los medios, era en ese entonces una de las modelos y panelistas televisivas más bonitas del país y por qué no del planeta. Era tan linda -más linda que una estrella- que las pasarelas y las portadas de las revistas de moda le habían quedado chicas. Su salto a la tele se dio con naturalidad. Su ingreso a la tumultuosa vida sentimental de Mendoza también.
La historia fue de esas que garpan dos pesos con cincuenta. El hombre mayor, experimentado, seguro, exitoso, protector, proveedor y aplomado con la jovencita que está dando sus primeros pasos en un mundo caníbal y angurriento. Más cantado que «A mi manera». Cuando Mendoza empuñó el arma y se apuntó contra sí mismo decidido a convertirse en leyenda, ella estaba a 13 días de cumplir 32 años, 16 menos de los que tenía su amante. El ardiente romance no sorprendió a nadie. Mucho menos a la esposa de Mendoza, María Cossio, que conocía de sus andanzas y de su imparable poder de seducción.
Durante los 18 años que estuvo con el conductor, Cossio tuvo que aguantarse primero las críticas de su familia por la diferencia de edad (él era más grande que ella) y todos los rumores que involucraban a él con otras mujeres. Una de esas aventuras no sólo incluyo un rumor, sino también un hijo, Danelito, al que Mendoza reconoció cuatro años antes del final. Lo había tenido con la azafata Daniela González. Antes, en su primer matrimonio, tuvo una nena, Jimena, con la también periodista y analista mediática Virginia Hanglin, hermana de Rolando «Laly» Hanglin, otra personalidad mega famosa de aquel momento.
Cossio y Mendoza tuvieron cuatro hijas: Marina, la hoy presentadora de noticias Mercedes, Dolores y Macarena. Prácticamente nunca habló, y la vez que lo hizo fue para dar una versión algo diferente de los hechos. Quizás porque nunca quiso saber nada con Frigerio, contó que a «Daniel me decía que ya había logrado todo en su vida y en su carrera, y que ya no había cosas que lo motivaran ni lo provocaran». Fue la única que enarboló esa bandera. Todo el resto del mundillo periodístico -que quedó en Shock absoluto ya que él era una de las principales figuras de la televisión- se interesó más por la historia con Frigerio.
«Despertar al país». Ese era el título del programa que compartían en lo que ahora se llama Televisión Pública pero en ese momento era ATC (Argentina Televisora Color) y antes se había llamado Canal 7, «el viejo Canal 7». Allí empezaron a gustarse, a frecuentarse y a verse clandestinamente y a escondidas del resto. Alguien se enteró más temprano que tarde y el rumor se volvió imparable. Se hizo «viral» aunque internet, twitter, youtube y las redes sociales no figuraban en la cabeza ni de los más revolucionarios. A poco ellos empezaron a hablar, y en el verano hasta se mostraron. Sí, aunque él seguía casado con María Cossio apareció en Buzios en una «escapada de amor» con Frigerio. Eran otros tiempos. ¿Sí, ahora no pasa lo mismo?
LA MUERTE DE DANIEL MENDOZA: LA HISTORIA DE AMOR CLANDESTINO QUE SACUDIO AL PAIS
Las fotos en Brasil armaron revuelo en Buenos Aires. Las habladurías de la prensa se hicieron imparables, ella lo apuró «para que definiera su situación» y él no se la terminó de jugar. Entonces apareció en escena Lucas Bochino, el hombre que la rescató de ese momento difícil y se volvió otra obsesión para Mendoza. Bochino era más joven que él (incluso era más jóven que ella también) y le proporcionaba a Frigerio la calma, la serenidad y el soseigo que contrastaban con ese vendaval de personalidad y pasión que le ofrecía Daniel. Las cartas estaban echadas y Mendoza no pudo superar esa «derrota».
«Yo fui muy clara con él. Le dije «arreglá lo tuyo y después vemos qué pasa, por ahí me encontrás libre, por ahí no. La decisión final no va a ser solo tuya, cincuenta y cincuenta para cada uno». El sabía todo lo de Lucas porque se lo conté yo, pero no quería entender. Vivía obsesionada conmigo» afirmó Frigerio, sin pelos en la lengua, cuando tuvo que dar la cara después de la tragedia. También habló de los tiempos que fueron mejores. «Formamos un equipo invencible. Yo me divertía mucho con él, estaba deslumbrada. La relación fue intensa el primer año, después fui cortando de a poquito. Nunca fuimos pareja, lo nuestro fue un amor clandestino…».
LA MUERTE DE DANIEL MENDOZA: EL FATAL DESENLACE
Los hechos se precipitaron. Para abril, mayo y junio la situación se había vuelto tensa. Según se contó en esa época, Mendoza le pagaba a un taxista para que la esperara en la puerta de la casa y siguiera todos sus movimientos. En agosto, ella le avisó que se iba dos semanas afuera. La revista Gente recostruyó el diálogo, el último diálogo entre Daniel y Andrea.
Mendoza: Te vas…
Frigerio: Me voy, lo necesito, no puedo más…
Mendoza: Cuánto tiempo…
Frigerio: Más o menos una semana…
Mendoza: ¿Adónde?
Frigerio: No sé, no te lo puedo decir. Quizás a Chile, o a Brasil, quizás Mar del Plata. No lo sé…
Mendoza: ¿Te vas con Bochino?
Frigerio: Sí…
Los destinos, finalmente, fueron dos. Primero Nueva York y más tarde Jamaica. Allí se enteraría ella, a través de los medios que había en esa época, de lo que pasó. En Buenos Aires los hechos de desencadenaron como en un dominó que va derribando todas sus fichas hasta que cae la última. El quedó contrariado por esa decisión, silenciado por el ensordecedor bochinche del desamor y el despecho. Tuvo un episodio extraño con su mujer, con quien había protagonizado un intento desesperado por reconciliarse, y ella le quitó un arma de fuego que él había agarrado. Fue como una señal que no todos atendieron.
Mendoza habló con Víctor Sueiro, uno de sus más grandes amigos, y le preguntó dónde quedaba el corazón. También consultó un libro de anatomía que apareció a pocos metros de su cuerpo ya inerte y derrotado por ese balazo mortal. No dejó cartas ni escritos. Tan solo algunos saludos para personas que habían estado muy cerca de él, un legado periodístico y un archivo de trabajo que aun hoy siguen vigentes y un accionar que muy probablemente le pueda dar la razón a aquella reflexión ya amarillenta de Alejandro Dolina.
Daniel Mendoza, Andrea Frigerio
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