CHIMENTOS
El recuerdo íntimo de Delfina Pulen, la hija en la ficción de la Locomotora Oliveras: “Tenía mucha luz, te motivaba”

Compartieron imàgenes inèditas del detràs de escena de la Locomotora Oiveras como actriz
A los 18 años, Delfina Pulen vuelve, una y otra vez, a esos días de rodaje que marcaron un antes y un después en su vida. En el barro, la ficción carcelaria de Netflix que expande el universo de El Marginal, no fue solo su debut en una producción de alcance internacional: fue el escenario donde, en medio de escenas atravesadas por el dolor y la crudeza, construyó un vínculo entrañable con Alejandra Locomotora Oliveras, la campeona mundial que interpretó a “Rocky”, su madre en la ficción.
Las secuencias que compartieron generaron un fuerte impacto entre los seguidores de la boxeadora, especialmente tras su fallecimiento, pero detrás de esa intensidad narrativa hubo abrazos sinceros, conversaciones interminables y gestos de una humanidad que Delfina hoy recuerda con profunda emoción.
Tenía 17 años cuando cruzó por primera vez el portón del predio de grabación. “Estaba paralizada. Era mi primer proyecto grande y sentía que no iba a estar a la altura”, confesó. La escena que debía grabar era intensa, atravesada por el dolor, por vínculos rotos, por heridas abiertas. Pero antes de cualquier ensayo, llegó el gesto que cambió todo.
La joven actriz Delfina Pulen recordò còmo era Locomotora Oliveras fuera de càmaras
“Ella es así como la veían en redes y como se decía que era. Tenía mucha luz, tenía como algo adentro que te motivaba de verdad a seguir. Fue mi primer proyecto, entonces estaba muy nerviosa cuando llegué al set y me recibió con un abrazo, con un beso. Me empezó a charlar, me pidió mi número. La verdad que fue un lujo poder trabajar con ella y que sea mi primera experiencia con ella”.
En esas palabras se condensa la dimensión de lo vivido: el temblor de quien pisa por primera vez un set de semejante magnitud y el alivio inmediato de encontrarse con una figura consagrada que, lejos de cualquier distancia, eligió la cercanía. Delfina no habla solo de una compañera de elenco, habla de alguien que la sostuvo en un momento decisivo.
La intimidad del camarín fue el escenario de otras escenas, invisibles para la cámara pero imborrables para ella: “Me preguntaban de qué hablábamos cuando nos maquillaban. Y ella me contaba su vida entera. Yo me la sé de memoria”, dijo entre risas. “Arrancaba: ‘No, porque cuando yo tenía quince años me pasó esto…’ y seguía. Tenía una historia tan fuerte, tan de lucha, que te quedabas escuchándola”.
La admiración no era solo profesional: “La humildad con la que ella trabajaba la voy a destacar siempre. Jamás se sentía más que los demás, siempre llevaba un muy lindo ritmo de trabajo y de compañerismo”, para tambíén realzar “la fuerza con la que ella siempre estaba todo el tiempo haciendo cosas. Después del rodaje, se tenía que ir a la facultad y de acá para allá, siempre ayudándote”.
Y entonces comparte una anécdota: “Yo soy de zona norte y tuvimos que ir a grabar a zona sur. Era un predio enorme. Cuando terminamos, teníamos que salir hasta una parada de colectivo para pedir un auto y volver. Y ella, toda amorosa, nos dijo: ‘No, yo las llevo’. Nos subimos y nos alcanzó hasta ahí”.
Es que en ese trayecto breve, se dio algo más profundo; “En el auto me preguntaba cómo había hecho el casting, qué estudiaba, qué soñaba. Se interesaba de verdad. No parecía que la había conocido ese día. Parecía una amistad de años”.

La vocación de Delfina empezó mucho antes de ese rodaje: “Desde que nací fui muy expresiva”, relató. “Mamá siempre dice que se dio cuenta enseguida de que me gustaba el escenario, bailar, cantar, actuar”. A los cinco años comenzó danza clásica. A los seis, comedia musical y no paró más, porque “nunca dudé de que era lo que amaba”.
A los ocho ganó una beca para formarse en la escuela de Valeria Lynch. “Estuve un año estudiando danza clásica y jazz. Fue un montón para mí, tan chiquita”. Más adelante continuó en Centro Anthropos y hoy se perfecciona en actuación frente a cámara en ActuarteStudio. “Siempre me estoy preparando. Siento que nunca es suficiente”.
Su historia personal también tiene capítulos sensibles. Sus padres se separaron cuando ella tenía apenas seis meses. “Literalmente recién nacida”, aclaró. Creció con su madre, a quien define como su pilar: “Siempre me apoyó. Siempre me impulsó. Si yo dudaba, ella me decía: ‘Sí podés’. Tenemos un lazo muy fuerte”.

Tiene una hermana mayor, Agostina, cuatro años más grande: “Somos muy unidas, muy cómplices”. Y una hermana menor por parte de su padre. “Con mi papá tuvimos buena relación hasta que fui preadolescente. Después nos distanciamos. Este último año retomamos y está mucho mejor”.
Habló con honestidad también del presente de sus mayores: “Con ambas parejas de parte de mis padres nunca pude tener un buen vínculo. Con la pareja de mi madre no me llevo bien. Y luego con la pareja de mi padre nunca me llevé mal, pero siempre me distancié. Si bien arranqué desde muy chiquita a tener padrastro y madrastra, nunca pude sentirlos parte de mi familia”.
La llegada a En el barro fue inesperada. En 2023, con 16 años, estaba enfocada en el modelaje. “Yo estaba bastante centrada en eso. Igual siempre hice comedia musical, pero en ese momento mi cabeza estaba ahí”. Aplicó a distintas agencias. Meses después, en 2024, mientras cursaba el último año del colegio, la aceptaron en una agencia orientada a actuación y publicidad.

“Yo pensaba que solo me iban a mandar castings para publicidades. Y un día, cuando volví del colegio, mamá me dice: ‘Te mandaron un casting para una serie’”. La escena era fuerte. “Me dio miedo. Le dije a mi mamá: ‘Yo no soy actriz, no sé si voy a poder’. Y ella me respondió: ‘Sí, sos actriz. Dalo todo. Si no quedás, no pasa nada’”.
Envió el casting. Dos días después, la llamaron: había quedado. “Me dijeron que a fin de octubre ya empezábamos a grabar. No lo podía creer”, y allí llegaría otra batalla interna.
Su mayor desafío era llorar frente a cámara: “Fue todo el tiempo estar pensando cómo podía hacer para mejorar, por ejemplo, tener que llorar en la escena, que es algo con bastante dificultad, porque hay que meterse mucho en personaje. Pero la verdad es que cuando estuve ahí se me fueron todos los nervios, porque una vez que empezás a ensayar, te va saliendo cada vez mejor y aparte, porque los directores y toda la gente que trabaja ahí son muy amorosos”.

Cuando la serie se estrenó y su escena comenzó a circular, la repercusión fue inmediata. “Yo estaba muy emocionada esperando que saliera. Todo el tiempo estaba pensando en eso”, admitió. “Y si tuve tanta gente que me apoya y tantos lindos comentarios, qué será el futuro, ¿no? ”.
Sabe que formar parte de ese universo implica una exposición internacional. Pero lo que más la moviliza es otra cosa. “Hubo un momento en mi vida en donde de verdad no creía que fuera posible y no confiaba mucho en mí. De verdad no creía posible que esto pasara. Y hoy estoy constantemente emocionada. Pienso: ‘Bueno, ¿y ahora qué sigue?’”.

Sobre sus próximos pasos, es clara: “Estoy abierta a todo. Me sigo formando, estoy en el curso de ingreso a la universidad. Sé que van a venir nuevas oportunidades. Lo siento. Y las voy a encarar con el corazón abierto”.
En el recuerdo de aquel rodaje, entre luces, lágrimas de ficción y silencios intensos, queda la imagen de una campeona que la abrazó sin condiciones y de una joven actriz que encontró, casi sin buscarlo, una maestra de vida.
“Lo que más me enseñó fue la humildad”, dice Delfina. “Y la fuerza. Esa fuerza de seguir siempre, porque son fundamentales”.
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Afirman fraude en Gran Hermano: un jugador ingresó un objeto sin avisar y es una de las reglas prohibidas

El ingreso de Kennys Palacios a Gran Hermano Generación Dorada no pasó desapercibido por sus seguidores ni por los que observaban cada detalle del reality. Desde la tribuna, su amigo Mariano de la Canal le entregó discretamente un objeto que quedó fuera de cámara, y las imágenes del momento desataron inmediatamente especulaciones en redes sociales.
Según se pudo reconstruir, aquel regalo era un amuleto de la suerte, algo que no está explícitamente prohibido por el reglamento del programa. Sin embargo, lo llamativo no fue el objeto en sí, sino el hecho de que nadie lo mencionó ni se hizo público que Kennys lo llevaba consigo al entrar.
En Gran Hermano, una de las normas más estrictas es que los participantes no pueden ingresar con objetos personales que no hayan sido aprobados por la producción, para garantizar igualdad en el aislamiento previo y evitar cualquier tipo de ventaja externa. Aunque un amuleto no altera el juego, el gesto levantó sospechas porque la entrega se dio de forma casi clandestina, fuera de cámara.
La ausencia de explicación al momento de ingresar alimentó teorías de fraude. Usuarios en redes y varios panelistas sostienen que si algo no está expresamente autorizado, debería haber sido informado públicamente. El hecho de que esto no sucediera colocó a la producción de Telefe bajo la lupa de los seguidores más críticos.
GRAN HERMANO Y LAS POLÉMICAS QUE SE GENERARON
La polémica se engrosa porque en los últimos días además se hablaron de otras irregularidades en torno a Kennys, como supuestas ventajas por no aislarse en tiempo y forma o por conocer detalles antes que otros, aunque estas versiones se movieron sobre todo en programas de espectáculos.
Para muchos fanáticos del formato, el episodio del amuleto es un símbolo de una tendencia más amplia: la percepción de que algunos participantes mediáticos reciben un trato especial frente a las reglas que otros deben respetar sin excepciones.
Ni la producción ni Kennys Palacios se pronunciaron de manera oficial sobre lo ocurrido con el objeto. Pero la sombra de la duda ya está instalada en la audiencia, que espera respuestas claras para que no queden dudas sobre la transparencia y equidad del programa.
Gran Hermano, Kennys Palacios
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Le dieron la razón a Wanda Nara y aplastó a Mauro Icardi con una lapidaria frase: “Jaque mate”

Los entramados secretos de esa historia se erigen en un misterio, en la mayoría de los casos. A pesar que Wanda Nara y Mauro Icardi abren las puertas a su intimidad con su fascinación por publicar contenidos en sus redes sociales, y toda la información que envían a los medios, una enorme cantidad de datos de la privacidad permanecen bajo la alfombra.
Existen infinidad de tópicos que continúan confusos, como la famosa división de bienes, la verdadera fortuna a repartir, la fecha real de la separación, la noche de infidelidad del futbolista con la China Suárez, entre otros. Ahora acaba de emerger a la luz una circunstancia sensible.
Uno de los frentes más bélicos se lleva a cabo en el plano judicial, donde la blonda y el futbolista dirimen conflictos innumerables, de toda índole, ya sea en lo financiero, como hasta por violencia y hostigamiento. La famosa viene reclamando a los gritos un eje fundamental: la cuota alimentaria.
Las abogadas de Mauro repetían hasta el hartazgo que no existían deudas, inclusive aseveraban que los letrados de la mediática nunca realizaron la presentación indicada. Hasta ahora. Se acaba de confirmar que un juez tomó una determinación conclusiva.
WANDA NARA LE GANÓ A MAURO ICARDI 150 MIL DÓLARES
Este viernes se filtró que un juzgado intimó a Icardi a saldar sus montos impagos en concepto de manutención de sus dos hijas, Isabella y Francesca. Y el dato explosivo se vincula con la cifra, dado que obligaron al delantero a abonar ahora 150 mil dólares.
Luego de la confirmación de la sentencia, Ana Rosenfeld salió a mandar mensajes contra Mauro y publicó en su Instagram frases muy picantes. “Gana en silencio, deja que piensen que estás perdiendo”, escribió y agregó: “Tribunales queda en la calle Lavalle 1212”.
La letrada de Nara también encendió la mecha de otra bomba y escupió: «Muévete en silencio. Solo habla cuando sea el momento de decir ‘Jaque Mate’”. Teléfono para Icardi.
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Hernán Piquín: “Hoy vivo entre España y Argentina, allá recargo energía pero extraño y vuelvo acá”

La figura de Hernán Piquín regresa a la escena nacional con “Me verás volver”, un espectáculo inspirado en las canciones de Soda Stereo que recorre teatros de Argentina antes de iniciar una gira internacional. Tras alternar su residencia entre Playa Granada, en España, y Buenos Aires, el bailarín y coreógrafo presentó su estreno en el Teatro Real de Córdoba y se prepara para debutar en el Teatro Astral el 6 de marzo. Luego, continuará con funciones por el interior y en países vecinos como Uruguay, Paraguay y, quizás, Bolivia.
En una entrevista exclusiva con Teleshow, Piquín compartió detalles sobre su regreso, su carrera, su vida personal y las emociones que atraviesan su nuevo montaje escénico, una propuesta que invita a un recorrido íntimo que une danza y música, rindiendo homenaje a un emblema del rock latinoamericano.
El artista relata cómo alterna su vida entre dos continentes, expresa su mirada tras episodios de inseguridad, rememora sus vivencias en el escenario y destaca la importancia de la disciplina para una trayectoria sostenida. Además, aborda el vínculo con su familia, sus deseos artísticos y el significado de realizar una obra inspirada en Soda Stereo.
—¿Volviste a radicarte en Argentina o seguís viviendo en España?
—No, en realidad vivo en los dos lados, en España y acá. El año pasado me separé y vine en abril para organizar y crear este espectáculo, que es “Me verás volver”. Me vuelvo a mediados de agosto. En septiembre tengo un viaje con mi mamá a Estados Unidos y después regreso a España unos meses.
—¿Tu pareja era Agustín Barajas, el mismo que presentaste cuando eras jurado en el Bailando?
—Sí, fue esa misma, pero ya terminó. Estuve cinco años con él y se terminó. Me vine para acá, a organizar todo esto, hablar del proyecto y hacer una audición con bailarines cordobeses. En diciembre empezamos los ensayos y en febrero las funciones en el Teatro Real de Córdoba. Esta es la última semana ahí; después vamos de gira por todo el país y por Uruguay, Paraguay y posiblemente Bolivia, hasta mediados de agosto.
—¿Por qué elegiste ese lugar en España para vivir parte del año?
—Me gustó mucho el lugar. Había ido de gira con Julio Bocca y pensé: “Algún día voy a vivir acá”. Se dio la posibilidad y decidí comprarme una casa ahí. Además, mi padre era español y me quedaron primos y tíos allá.

—¿El hecho de tener familia española ayudó a sentirte en casa fuera del país?
—Sí, es como estar en casa. Granada, en la parte de la playa, queda a unos 35 o 40 minutos de la ciudad. Es mi cable a tierra. Allá descanso y recargo energía: camino dos horas por día, nado y me desconecto.
—¿La inseguridad en Argentina influyó en tu decisión de pasar más tiempo afuera?
—Ya tenía el lugar en España antes de los hechos de inseguridad, pero la primera vez me dispararon catorce tiros para robarme. Eso me asustó mucho y decidí irme porque no me sentía protegido.
—Después de ese episodio, sufriste otro robo cerca de un banco, ¿no?
—Me volvieron a robar, sí, de una salida bancaria. Por eso decidí cambiar de aire y de energía. Nunca se esclareció nada, se perdió todo y nadie hizo nada.
—¿Esa situación te afectó económicamente o en tus planes?
—Era dinero para viajar y hacer otras cosas, pero ya está. Trato de no quedarme enganchado en los problemas. Aprendí la lección y no me detengo en el porqué.
—¿Extrañás algo particular de Argentina cuando estás afuera?
—Extraño todo: mis amigos, mi gente, mi casa, mi madre. Al principio, afuera me relajo después de seis meses de gira, pero después vuelvo a querer estar acá.
—En España, además de descansar, ¿trabajaste alguna vez?
—No, allá no trabajé, salvo una gira puntual con funciones de verano. Después regresé, porque quería quedarme y la pasé muy bien.
—¿Te encontraste con Noelia Pompa, tu compañera en el Bailando, por España?
—A Noelia en España no me la crucé nunca, creo que vive en un pueblito o en Madrid, pero nunca coincidimos.
—¿Terminaste bien con ella?
—Nunca terminé mal con Noelia, al contrario. Si nos vemos nos saludamos, a veces le doy “me gusta” en redes sociales. No somos amigos, pero tampoco nos peleamos. Con otros compañeros, como la Chipi o Macarena Rinaldi, sí nació la amistad. Con Noelia no, pero estoy contento con lo que haga.

—¿Cómo recordás la época del Bailando y los premios que ganaste?
—Nunca viví del rating; eso era para el programa. A mí me importaba el baile y siempre fui claro con Noelia: teníamos que cambiarle la cabeza a la gente, nadie debía reírse de nosotros. Tomé el programa como funciones en los mejores teatros y así ganamos dos años seguidos. Fue un placer trabajar con ella, había química, fue muy profesional.
—¿De qué trata tu nuevo espectáculo “Me verás volver”?
—El espectáculo cuenta una historia que nos puede haber pasado a todos. Dos personajes se conocen en un recital de Soda Stereo: una chica con sus amigas y un chico con sus amigos. Desde ahí se desarrolla todo. Hay escenas donde las amigas leen su diario, los amigos se burlan, los grupos los juntan, bailan en una plaza. Ella después pasa por una situación difícil y la acompañamos. Se enamoran, hacen el amor y finalmente ella le deja un regalo: la vida misma.
Empezamos en Córdoba en febrero, el teatro estuvo lleno casi todas las noches. La gente sale feliz, los comentarios en redes sociales son excelentes. El público transita emociones de risa, llanto, aplausos, canto y baile. El final es una fiesta; todo el teatro salta. Me emociona el recibimiento.
—¿Qué lugar ocupan Soda Stereo y Gustavo Cerati en tu vida y en este espectáculo?
—Soy de la época de los 80 y 90. Escuchaba Soda Stereo cuando iba al Colón, con el walkman y el cassette. No era hiperfanático, pero me gustaban las letras y la música; era la época, todos estábamos con eso. Las canciones guían cada escena del espectáculo, conectan con las emociones y los movimientos. Cada tema tiene un sentido fundamental en la historia.
—¿Tuviste miedo de que el público te hubiese olvidado tras tu tiempo alejado?
—No, porque nunca estuve mucho tiempo afuera. El año pasado estuve con un espectáculo de tango. Cuando me voy a España, es por tres o cuatro meses como máximo. Durante la pandemia sí me quedé más tiempo, pero en general siempre voy y vengo, no me alejo demasiado.
—Pasaste por un problema cardíaco, ¿te afectó en tu rutina de bailar?
—No, tuve una arritmia y me hice todos los análisis, pero no pasó a más. Fue un día que me mareé, fui al hospital y me dijeron eso, nada más. Después seguí bailando y haciendo giras, nunca me condicionó.
—Con 52 años, ¿cómo vivís el paso del tiempo para quienes dependen del cuerpo? ¿Pensás en el retiro?
—Ya con 52 uno piensa más en el retiro que en un próximo espectáculo, pero no me siento de mi edad, me siento superágil y la gente me lo dice. El día que me digan que no siga bailando, lo dejaré. El cuerpo se cansa; bailo desde los diez años. Cuando paso meses sin bailar, me dan ganas de hacerlo. Es contradictorio, pero también quiero empezar en la actuación. Tendré que escribir algún espectáculo con baile y actuación, y cuando decida hacerlo, me prepararé para no pasar vergüenza.

—¿La disciplina y la constancia son parte de tu secreto para perdurar?
—Sí, soy constante y disciplinado, si no, no estaría bailando con 52 años. Entré a los diez años al Teatro Colón y nací con esa disciplina. Llego tres horas antes al teatro para preparar el cuerpo; ahora tardo el doble en calentar para no lastimarme y poder cumplir con todas las funciones de la gira. También cuido la alimentación y los hábitos; esa es la manera de mantenerse.
—Comenzaste en el Teatro Colón. ¿Te gustaría dirigirlo alguna vez?
—No, el Colón es muy difícil. Ahora está Julio Bocca y lo felicito, es como un hermano para mí. Pero no me gustaría; es una estructura muy grande y complicada, muchos directores opinan y deciden. Hay ballet, coro, orquesta, y la programación depende del director general. Y el ballet está relegado. Prefiero dirigir alguna otra compañía.
—¿Cómo es tu relación con tu madre? ¿Por qué elegiste viajar con ella a Estados Unidos?
—Mi mamá es madre y amiga, nos contamos todo. No hay secretos entre nosotros. La llevo a Estados Unidos porque le pregunté qué quería conocer y me dijo “Las Vegas”. Así que le cumpliré ese deseo. Iremos unos días, visitaré amigos argentinos que viven allá y quizás pasemos por New York también.
Al presentar su homenaje, Piquín convierte la música en un puente entre el escenario y la emoción, completando cada escena con el ritmo y la intensidad propias de un tributo. La última nota de “Me verás volver” resuelve la historia y deja como huella la fuerza de cada movimiento, destacó a Teleshow.
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