Connect with us

CHIMENTOS

Eleonora Wexler: “Vivía atrapada en la mujer y la madre que debía ser”

Published

on


A Solas, Eleonora Wexler en A Solas: «Me costó mucho aceptar quién soy»

Que “los personajes saben ser oportunos” ha sido una vieja intuición que hoy –y luego de mucho preguntarse “¿Qué tengo que contar? ¿Qué debo encarnar?”– rubrica entre las tantas certezas que aquí irá desplegando. Entonces su Lona Hessel –de una impronta que siquiera Ibsen discurrió jamás– empuña discursos de justicia y verdad que rasgan la trama de Los pilares de la sociedad, una pieza de 1877 que “compendia palabras tan resonantes en el presente que penosamente delatan lo poco que hemos evolucionado como especie”. Es así que entre analogías, y desde este lado de esa piel que le propone este clásico que desnuda de un tirón la hipocresía social sobre el escenario del Presidente Alvear, Eleonora Wexler (51) se atreve a recorrer esos episodios de su propia historia que la empujaron a ajusticiar su identidad a la voz de los “¡¿Quién soy?!” más que estridentes.

Eleonora Wexler como Lana Hessel en una escena de “Los pilares de la sociedad”, junto a Martín Seefeld y Mara Bestelli sobre el escenario del Teatro Presidente Alvear
Eleonora Wexler, en la piel
Eleonora Wexler, en la piel de Lona Hessel, y Martín Seefeld, como Karsten Bernick, en “Los pilares de la sociedad”, de Henrik Ibsen, coadaptada y dirigida por Jorge Suárez
Eleonora Wexler, como Lona Hessel,
Eleonora Wexler, como Lona Hessel, en escena con Gerardo Chendo, en la piel de Johan Tonessen, y Martín Seefeld, interpretando a Karsten Bernick, en “Los pilares de la sociedad” (Teatro Presidente Alvear)

Podríamos decir que el primer gran replanteo, tan precoz como su carrera, fue a los catorce. Por entonces tenía la experiencia de ocho roles en terrenos del cine, el teatro y la televisión, y también “una pesada sensación” que se le hizo duda. “Siempre fui una niña corrida, muy distinta. Y algo en torno a mi ‘ser actriz’ ya no generaba deseo. Había perdido la pulsión. Tal vez, en ese ‘adolescer’, no sabía definir qué quería, pero sí lo que ya no. Y no quería trabajar, tampoco estudiar teatro”, lee a la distancia y sin quitarle mérito al maestro Hugo Midón (1944-2011) ni a su Río Plateado. “Esa era una emoción hasta corporal… Como un ‘no quiero, ya no quiero’. Y… ¿Sabés? Creo que me había olvidado de jugar”, define. “Y ligo esto a lo que pasó en el ensayo de esta obra. Desde el primer día, Jorge Suárez (62) en su rol de director, se encargó de arrojarnos a juego sin red. ‘¡No importa el resultado, yo los quiero al borde!’, decía. “Entonces entendés que ese miedo a ‘no fallar’ es lo que detiene el juego”. Un juego sacro y motor para el actor.

Eleonora Wexler junto a Jorge
Eleonora Wexler junto a Jorge Suárez y Eduardo Gondell, director y director adjunto de “Los pilares de la sociedad” (Teatro Presidenre Alvear), y Martín Seefled, Mara Bestelli y Gerardo Chendo

A propósito de ese permiso, Eleonora cuela que acaba de terminar un curso de clown al que arribó “buscando otras herramientas en territorios en los que no sabía cuál sería mi forma de expresión”. Y fue en las clases de Gabriel Chame Buendía (64) que dice haber aprendido a “jugar con y desde el fracaso”. Parte de “toda una teoría maravillosa con clave en el error. Porque el payaso encuentra y desarrolla su modo de contar siendo ‘loser’”, explica con fascinación “de este viaje alucinante” y confirmándose, una vez más, que nunca hubiese encontrado “un plan B” de haber quedado al costado del camino aquella vez. Sí, podría haber sido estudiante de cine, por su fascinación. Podría haber sido escritora, como aficionada al ejercicio que fue abandonando al crecer. “Podría aprender lo que fuese para sobrevivir, claro… Pero a nada podría ponerle el cuerpo como a esta vocación”.

Eleonora Wexler en tiempos de
Eleonora Wexler en tiempos de su adolescencia

En definitiva, y de regreso a esa primera introspección de la que hablamos, Wexler “sentía que no lograba encajar o pertenecer a ningún contexto. Y justamente en el inicio de la escuela secundaria, buscaba desesperada una adolescencia más ‘normal’ o al menos ‘parecida’ a la de mis pares”, analiza. La posibilidad de reemplazar a Liliana Simoni en Alta sociedad (1986) dispersó la crisis. Fue por una semana, mismo lapso que se tomó para decidirlo. “Y pisar ese escenario fue una cuestión sensorial. Todo volvió a encender…”, recuerda respecto de esa llama que, finalmente, no solo haría cenizas varias etapas sino también la experiencia de un viaje de egresados. “Hoy sé que ese tránsito fue parte del intento de encontrarme a mí misma y por primera vez en mi vida”, refiere este pasaje que resulta el prólogo de un portazo que coronaría su búsqueda.

Eleonora Wexler y su hija
Eleonora Wexler y su hija Miranda Wassington
Eleonora Wexler y su hija
Eleonora Wexler y su hija Miranda Wassington, apasionada por los caballos desde muy pequeña
Eleonora Wexler orgullosa de otro
Eleonora Wexler orgullosa de otro logro de su hija Miranda Wassington en terrenos de la equitación
Eleonora Wexler orgullosa de otro
Eleonora Wexler orgullosa de otro logro de su hija Miranda Wassington en terrenos de la equitación

Habla del “poder inexplicable” de las vocaciones en los ámbitos menos afines. Y antes de dar un vistazo a la casa de los Wexler en Parque Patricios (nuestro próximo stop), la pasión de su hija servirá de introducción. “Es un misterio que pude entender viendo a mi hija”, dice Eleonora. “Cuando en el barrio (Vicente López) no había plazas, con las madres del jardín nos reuníamos en el Hípico, donde los chicos tenían jueguitos para pasar la tarde. Y ya a sus dos años y pico, Miru (Miranda Wassington, 21) con una convicción que asustaba, insistió hasta lograr dar una vuelta en pony… ¡Nunca más se bajó!”, relata señalando a esta amazona elegida “por su actuación, presentación, disciplina y estilo” en el Sudamericano de Equitación de Porto Alegre 2023, para citar solo un ejemplo de sus logros en la metier. “¿De dónde nació su pasión? ¿Cuál sería el origen de su fascinación por los caballos?… No lo sé. Pero entendí de qué va ese fuego encendido observándola a ella”. Y ese ‘observar’ será quid en su próximo relato.

1974. Eleonora Wexler y su
1974. Eleonora Wexler y su padre, Ricardo Wexler, en la casa natal de San Cristóbal, antes de mudarse a Parque Patricios
Eleonora Wexler a sus cuatro
Eleonora Wexler a sus cuatro años, siete antes de su debut televisivo en “Lorenza” (1981)

Ricardo Wexler fue visitador médico, comercializó computadoras, hoy es productor de seguros y “capaz de venderte hasta lo inimaginable”, bromea Eleonora. Pero, y principalmente, un gran observador. “Él supo verme por primera vez. Él miró a esa nena-petardo, que imitaba a Mirtha Legrand y a Raffaella Carrá en las reuniones, que bailaba en cualquier situación, asustaba con sus saltos mortales entre los muebles del living, que soñaba con protagonizar una serie de época –“como hasta el día de hoy” y que no lograba concentrarse en los argumentos de los espectáculos a los que asistía por las desesperadas ansias de ser llamada a participar en el escenario”, cuenta.

Eleonora Wexler en brazos de
Eleonora Wexler en brazos de su padre, Ricardo Wexler, ex visitador médico, vendedor y hoy productor de seguros

Hasta que a puertas del Lola Membrives, y luego de haber probado a más de dos mil chicas en el casting que buscaba a la Annie nacional, el coreógrafo Oscar Lobera anunció: “¡Esto ya cerró!”. Claro, pero hablaba con un Wexler. Nada desanimaría a Ricardo y mucho menos si llevaba a su hija tomada de la mano. “Dale, hacéla pasar porque va a quedar”, vaticinó seguro. Así comenzó todo, con el protagónico del emblemático musical estrenado en Broadway en 1977 y arribado al país en 1984 con producción de Lidia Pinky Satragno (1935-2022). No había que ser Juan Carlos Mesa (1930-2016) ni Gustavo Yankelevich (75) para advertir un futuro en esa chiquita, y Mesa de noticias (ATC, 1983-1985) la acunó para siempre en las pantallas.

Recuerda “un hogar con perfume de arte”, con música de fondo, con tareas de colegio alternadas con guiones, con planes de cine y paseos por calle Lavalle en las tardes de películas, “porque mi viejo tenía una historia ahí: Él dice que el cine salvó su vida”, anticipa. “Vino de una infancia complicada, criado en la calle y añorando la familia calentita que luego supo formar. Y en aquellos tiempos, en los que tanto faltaba, encerrarse en una sala de cine era un buen refugio para él… Hasta dice que aprendió a hablar inglés con los continuados”, dispara conmovida. Ya llegarían los tiempos en los que al viejo se le expandiera el pecho al verla trabajar con “los grandes que siempre admiré”, como dijo Ricardo alguna vez referenciando a Alfredo Alcón (1930-2014), su compañero en La tempestad (2000) o a Oscar Martínez (76), con quien protagonizó la obra El descenso del monte Morgan (2010) y Noche y día (Eltrece, 2014), por citar algún ejemplo.

Advertisement
Eleonora Wexler a sus diez
Eleonora Wexler a sus diez años, ya había brillado en el musical “Annie” (1983), en “Cosa de magia” (1984) y lo hacía en “Mesa de noticias” (ATC, 1983)
Eleonora Wexler, su madre Cristina
Eleonora Wexler, su madre Cristina (ex maestra), su padre Ricardo y su hermana Luciana, dos años menor que ella

Cristina, en cambio, “siempre fue más retraída. Tímida y, tal vez, acomplejada en términos de sacar su leona interna”, pinta Eleonora a esta maestra de grado. “Pero con el paso del tiempo, y a pesar de esos conflictos con ella misma, supo lograr una apertura, una sabiduría, una evolución que hoy admiro y disfruto. Las dos pudimos reencontrarnos mucho más desde que fui mamá. Recién entonces pude abrazarla y comprenderla en su totalidad”, cuenta. “Realmente agradezco tener a mis padres cerca… ¡Muchísimo! Porque mirá que los he peleado demasiado”, suelta dando inicio a ese episodio que adelantamos al mencionar el portazo definitorio que dio al irse de casa con apenas dieciocho, cuando “la capacidad de juego se perdió entre las exigencias que siempre marcaron a mi familia”.

Eleonora Wexler y Cristina, su
Eleonora Wexler y Cristina, su madre
Eleonora Wexler, su mamá y
Eleonora Wexler, su mamá y las mascotas de la familia

Da cuenta de haber atravesado “una adolescencia compleja, una etapa torturada”, que relampagueaba fatal entre los suyos. “Y a eso agrégale cierto defecto, capacidad o lo que fuese, de irme en cada personaje. Con esto quiero decir que en el afán de encarnar los roles, los incorporaba. Hablaba o reaccionaba como otra persona…¡Me iba! Y los jugaba en cada uno de mis ámbitos. ¡Era un montón! Fui brava, realmente brava”, se define esta “noviera” que vivió su primer noviazgo a los quince y con un hombre de veintiuno. Es así que en medio de esas tormentas, “sentí que no podía crecer”, recuerda Eleonora. “Que vivía demasiado observada, controlada, juzgada”, suma quien paradójicamente creció expuesta a la mirada pública. Pero la crítica familiar pesaba “distinto”, dice creyendo, hoy, que “tal vez el tema era más de ellos con ellos que conmigo. Con lo que hubiesen querido ser y no se atrevieron, o no quisieron, o no pudieron en el plano de sus deseos”. A fin de cuentas, Wexler se percibió “limitada y hasta presionada para hacer todo muy bien, en casa y sobre cualquier escenario”. La exigencia “fue una gran maestra”, claro. “Pero la sobreexigencia muchas veces me llevó hacia un lugar de frustración. Porque nunca terminaba de ‘alcanzar’ nada. Y eso me costó demasiado”.

Eleonora Wexler, su madre Cristina,
Eleonora Wexler, su madre Cristina, su padre Ricardo y su hermana Luciana, recién graduada como Cirujana de Cuello y Cabeza, quien carga a Miranda (hija de la actriz)

“Fue de repente. Así, tan impulsiva como siempre, pensé: ‘Ya no quiero esto para mí’. Hice un bolso y me fui. Pero me fui sin decir una palabra”, cuenta Wexler revisando aquella tarde del 92. “Era brava, contestataria, con independencia económica para alquilarme un departamento en pleno barrio de Once y tan picante, mucho más que ahora, como para cortar el diálogo con mis padres durante un montón de veces”, dice. “Imagino su dolor, lo que habrán sentido: ‘¿Qué se hace? ¿Cómo se hace? ¿Qué hicimos mal? ¿En qué fallamos?’ Pero… A veces son caminos y cada uno hace lo que mejor que puede. Eso pude entenderlo recién al crecer”. Eleonora comenzó así a vagar “un mundo adulto, peligroso, donde vi de todo y en el que pude haberme perdido”, describe. “Pero en el que también confirmé la importancia de los valores firmes y de la protección que nos dan las bases construidas en casa”, dice sumando a eso la “fundamental disciplina que da el deporte”, en su caso la gimnasia deportiva, desde los siete a los doce años, en Club GEBA (Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires). “Así forjé el sentido del compromiso hacia los objetivos. Ese ‘estar fresca para rendir al máximo’”, que luego llevó a los sets. “Simplemente buenas herramientas… ¿No? Como las que intento darle a mi hija para enfrentar sus decisiones”.

Claro que hubo situaciones turbias que debió sortear con todo aquel legado. Y, entre tanto, aflora un recuerdo hasta entonces solapado. Wexler habla de cierto director de cine y una cita espeluznante “con la excusa de hablar acerca de una película”, relata. “Fue en un colegio enorme. Un lugar rarísimo. Y, de repente, en una sala había una mesa raramente dispuesta como otros tantos objetos, como si todo estuviese ‘preparado para’. No sé, va apareciendo en mi memoria a medida que te lo cuento… Fue una situación muy confusa y enseguida tuve una extraña sensación: ‘No habría ninguna charla sobre una película’… Nunca fui miedosa, pero ese día puedo asegurarte que sentí terror”, asegura Wexler. “Y me fui. Escapé. ¿Qué había sido todo eso? ¿Dónde hubiese terminado? ¿Qué hacía yo, inocentemente, inserta en esa situación?”, se pregunta a la distancia.

Eleonora Wexler, su hija Miranda
Eleonora Wexler, su hija Miranda Wassington, sus padres Cristina y Ricardo, y su hermana Luciana durante un viaje familiar a Disney World

De nada se arrepiente. Es de quienes creen que “todo es útil para crecer”. Hasta que alguien decidió ceder. Con quien sabe qué excusa por el barrio, “el primero en buscarme fue papá. Supongo que mamá estaría más dolida”, cuenta. “Recuerdo que tocó el timbre, subió al departamento, hubo una cercanía pero el abrazo… El abrazo llegó mucho después”, cuenta. Fue a inicios de sus treinta, recién entrada su relación con el empresario Leonardo Wassington que, sostiene, “apareció un sentido de construcción muy diferente”. Según señala: “Corrí el foco de mí. Dejé de lado el ‘yo, yo, yo’. Entonces empecé a ser y estar menos ‘individual’, y a abrazar la idea de ‘un otro’. Lección que se coronaría con el nacimiento de Miru”, apunta en referencia a la hija de ambos, fruto de un vínculo de catorce años.

Eleonora Wexler y su hermana
Eleonora Wexler y su hermana Luciana, dos años menor que ella, en el living de su casa de Parque Patricios
Eleonora Wexler y su hermana,
Eleonora Wexler y su hermana, la Dra. Luciana Wexler, en compañía de su padre Ricardo

Por supuesto que la maternidad marcó un punto de inflexión en su historia personal: “Antepuso para siempre la figura del otro por sobre la mía. Y así pude volver a revisar mi contexto e iniciar un entramando más potente, de compañía legítima, de entendimiento, de respeto y, en conclusión, de aceptación. Finalmente, el amor”, analiza. De hecho, subraya, “hasta cambió el vínculo distante que había mantenido con mi hermana”. Eleonora se refiere a la Dra. Luciana Wexler (49), especializada en cirugía de cuello y cabeza, hoy volcada a la medicina estética, “un campo más liviano o amable. Decisión que también tuvo que ver con la sensibilidad que desató la llegada de mis sobrinos y la necesidad de no enfrentarse ya a la crudeza de determinadas situaciones”.

Eleonora Wexler y su hija,
Eleonora Wexler y su hija, Miranda Wassington, nacida el 23 de marzo de 2003
Eleonora Wexler y su hija
Eleonora Wexler y su hija Miranda Wassington, hoy de 21 años
Eleonora Wexler y su hija
Eleonora Wexler y su hija Miranda Wassington

Nunca registró fantasía alguna, deseo o necesidad de ser mamá. “Hasta que un día, en el séptimo año de relación con el papá de Miru (con quien se casó el 2000 al sentir “un impulso de celebración”) dije: ‘Ey, algo está pasando… Creo que quiero’. Entonces fui respetando esas emociones que asomaban al natural. El embarazo se dio casi sorpresivamente y tan plácidamente que me sentí poderosa, hermosa, enérgica, activa. Nada, ni siquiera ninguna de las propuestas laborales que me acercaban, pudo correrme de ese eje de felicidad”, relata la, por entonces, cultora de la corriente filosófica de la kinesióloga alemana Brígida Morgenroth, fundadora de la primera Sociedad de Psicoprofilaxis para el Parto y difusora de la Gimnasia Especial para Embarazadas, método de trabajo adaptado a las posibilidades reales de cada cuerpo durante la gestación.

“Al principio, la maternidad se dio en el marco de una gran expansión profesional y de algunas dudas”, señala. “Miru era pequeña y, a su modo, dejaba entrever algún reclamo. No es dato menor que se tratase de una hija única, con un gran idilio por un padre presente y una madre expuesta… Algún día voy a preguntarle si a ella le pesaron esas consecuencias, pero yo intenté acompañar. Sé que lo hice…”, revisa. Miranda (o “mi amazona”, como la llama mamá) tiene 21 años, “un carácter complejo, varias búsquedas, una franqueza admirable y claridad en sus deseos”, describe Eleonora. Y más allá de su afición a los equinos, estudia Gestión deportiva (UADE). “Todo se trató de ir encontrándome en el rol… Sí, no me resultó nada fácil ser mamá. Porque amerita un trabajo enorme de conocimiento, de entender que tu hijo a veces tiene mucho que ver con vos y otras, absolutamente nada”.

Eleonora Wexler y su hija
Eleonora Wexler y su hija Miranda Wassington, fanáticas de River Plate
Eleonora Wexler y su hija
Eleonora Wexler y su hija Miranda Wassington, estudiante de Gestión Deportiva

Wexler apunta al fin de su relación con Wassington. “Yo me separé cuando mi hija tenía siete años y eso significó para mí un costo inmenso”, asegura en torno de un divorcio con algo de raíz en cierto rechazo que su carrera (“y este medio”) provocaban al empresario. “Sentí culpa por la ‘pérdida’ de la familia. Sentí culpa por ser actriz. Sentí culpa por no ser una mamá ‘normal’. Dudaba respecto de lo bien que pudiese estar Miranda, de si tenía el colchón de contención que ella necesitaba… De si yo era buena madre. Se jugaba en mí algo de la propia aceptación que también se daba en el ámbito de mis parejas”. Dice que afirmar “Esta soy yo”, fue resultado de un extenso trabajo. No sólo a través de la terapia convencional (en la que se había embarcado a sus quince años, incursionando además en la corriente EMDR), sino “de todo camino que me ayudase a evolucionar”. La meditación, la Swásthya Yoga (sistematizada por el Maestro DeRose, basada en el Yôga Antiguo o Preclásico que procura el desarrollo integral del individuo), la biodecodificación, la astrología de la que es gran adepta o mismo las sesiones de Ballroom Jazz, “a través de las que encuentro una perfecta conexión”, también contribuyeron a “encontrarme”, señala esta “busca” nata. “Existe un campo energético inimaginable, tanto como el mundo a descubrir en nosotros mismos. Y soy muy curiosa para omitirlo”.

Eleonora Wexler en las puertas
Eleonora Wexler en las puertas del Templo Kalighat, en Calcuta, India
Eleonora Wexler con al actor
Eleonora Wexler con al actor indio Víctor Banerjee, con quien protagonizó “Pensando en él” (2018) del director Pablo César, junto a ellos, en la proyección del Festival Internacional de Cine de Calcuta

Y, entre paréntesis, su paso por Goa y Calcuta, en La India (2015, 2017 y 2024), como invitada al Festival Internacional de Cine, no han sido despreciables en esta ecuación. Porque, como asiente, nadie regresa con la misma mirada con la que se ha ido. “Encontré personas de inmensa profundidad. Vi comunidades funcionantes y fusionadas. Descubrí ‘otra pobreza’, entendí el desapego material y aprendí de ‘entrega’. Pero de entrega genuina”, repasa. Indefectiblemente se activó en ella, según expresa, “otra conciencia” y “cierta paz espiritual”. Lecciones que acomodó en el arte de valorar y conectar con lo más simple. “Hoy procuro mis momentos de silencio. Disfruto de mi espacio, de mi casa, de mi verde, de mis rituales con piedras, de aromas, de la naturaleza que me resulta indispensable (dice tener “buena mano para el jardín” y diálogos con sus plantas), y de mis animales”, enumera sin dejar de mencionar a Afrodita, la gata que llegó a celebrar veintitrés años, sus perros y hasta a Dolce y Gabbana, los cobayos que llegaron en pandemia. “Me gusta, me hace bien, me reconforta estar sola conmigo. De a ratos es una gran necesidad”.

Eleonora Wexler de visita en
Eleonora Wexler de visita en la casa de Calcuta, la India, en la que vivió y trabajó la Madre Teresa
Eleonora Wexler y el director
Eleonora Wexler y el director Pablo César, invitados de honor en casa de la familia Banerjee, del actor que protagonizó con ella “Pensando en él” (2018)
Eleonora Wexler en su paso
Eleonora Wexler en su paso por el templo jainista de Calcuta o Parshwanath, en la India

Cuenta que ya no debe “vender nada” y linkea ese ‘vicio’, tal vez, a la suerte de un trabajo infantil que la situó en la dependencia del aplauso: “Como si la necesidad de aprobación o de complacer, en casa y los escenarios, hubiese quedado sellada”, reflexiona hoy, “más liviana”. Finalmente, Eleonora pudo gritar: “Esta soy yo: la mamá posible, la mujer posible”. Y eso significa reconocer y asumir “todo eso que tengo para ofrecer”. Porque como explica: “Cuando intentás ser alguien que no sos, quedás atrapada. Y creo que durante muchísimo tiempo estuve atrapada en ‘la madre que debía ser’, en ‘la mujer que debía ser’, en lo que ‘debía’ haber hecho. Y esta soy: la que te habla, la que ves. Ésta, con una vocación marcada, una pasión definida, mis luces y mis sombras… Y no ha sido fácil aceptarme”.

Es en ese mismísimo tren que asoma el último de los episodios en su camino de los ‘¿Quién soy?’: la década sin amor. O, mejor dicho, los diez años en los que Wexler no se ha logrado enamorarse. “¡Y sobreviví!”, bromea. “Por ahí estuve medio enamorada… Pero lo que no experimenté en todo ese tiempo fue la posibilidad de una construcción que me hiciera sentir plena. Fue complejo. No es que sufría… Bueno, hubo momentos en los que sí sufrí”, corrige con gracia. Pero en balance, y en tiempos en los que irremediablemente la mirada vuelve a uno, “aprendí”, asegura. “Aprendí a estar conmigo, a acomodar los miedos a la entrega, a que me lastimasen, a ese ‘no ser elegida’. Porque me habían lastimado, sí. Fue desarmando ese bloqueo en trabajo conmigo misma, en un espacio en el que validé esto de lo que hablábamos: el amor es no intentar vender nada ni quedar sujeta a un rol que cumplir ni, por todo eso, sentirse perdida”. Ya no necesito venderme ante nadie. Hoy me paro ante cualquiera: ‘Esta soy. Me tomas o me dejas’”.

Advertisement
Eleonora Wexler y su pareja,
Eleonora Wexler y su pareja, Sebastián Blutrach, productor teatral, dueño del Teatro Picadero y director de AADET (Asociación Argentina de Empresarios Teatrales)
Eleonora Wexler celebrando sus cincuenta
Eleonora Wexler celebrando sus cincuenta años junto a su pareja, el productor teatral Sebastián Blutrach, con quien lleva dos años de amor

El productor teatral Sebastián Blutrach (56) no ha dudado una décima de segundo. “Entonces ya ‘soy quien soy’, compartiendo la vida con otro”, dice. Eleonora y el propietario del Teatro Picadero, además presidente de AADET (Asociación Argentina de Empresarios Teatrales) y padre de dos hijos adultos, se conocieron en 2013, “y luego nos hicimos muy amigos”, relata. Hasta, claro está, se miraron diferente. ¿Qué vio Wexler? “Un amor diferente. Un gran tipo, un profesional admirable, un compañero que sabe escuchar, con quien puedo conversar y desnudarme en los sentimientos, a veces, más terribles. Y entonces aquí vamos, acompañándonos en estos senderos de compartir, de completar, de construir, de hacernos mejor personas. Algo que había ya había olvidado”. Aunque para algo sí reserva una memoria de elefante: no ceder ante la convivencia. “Y eso tiene mucho que ver con el camino de la honestidad, de la autenticidad de mi sentir”, explica. “Todavía hay algo de ese mundo personal, privado, silencioso, que me gusta demasiado. Supongo que a él también… Y está bueno salir a buscarnos”.

Cincuenta y un año después, ¿quién es Eleonora Wexler? “Ésta”, responde sin pausa. “Esta que va de encuentros con una hija adulta, con un oficio que me enciende y el privilegio de ejércelo en estos tiempos, con menos expectativas puestas en los ‘debería’, con más consciencia en el disfrute y un compañero que tanto esperé”, enumera. Es entonces que una línea de Ibsen en la voz de su Lana se nos hace oportuna, tanto como le es el personaje: “Sin justicia, sin honestidad y sin amor, no hay sociedad posible”, recita. A la que hoy, remata tan aprendida: “…Ni vida”.

Advertisement
Advertisement

CHIMENTOS

¿En crisis? La fuerte revelación sobre Lali Espósito y su relación con Pedro Rosemblat: “El periodista no está en el documental de ella y llamó la atención”

Published

on


El documental de Lali Espósito llegó para contar el trasfondo y la vida privada de una de las más grandes estrellas del país y del mundo. Como era de esperar, la producción despertó un fuerte interés desde el primer minuto, aunque en paralelo también comenzaron a surgir algunas polémicas. Y el foco se corrió hacia Pedro Rosemblat, su novio.

Advertisement

Con el análisis del documental y al entender cierto contexto del mismo, inesperadamente surgió un debate abierto sobre la vida de Lali. El primero en marcarlo fue Pampito, quien al ver el material, se percató de un detalle que no pasó desapercibido: el papá de la cantante, Carlos, brilla por su ausencia.

“Me llamó mucho la atención que estaba leyendo algunos comentarios y que no aparece el papá de Lali en todo documental”, contó. Su frase funcionó como disparador de un tema que quedó sembrado como un tema de discusión en la mesa de Puro Show. ¿Cuál es el manejo familiar de fondo? ¿Qué pasa con Lali?

“Porque está está la mamá, aparece la hermana, el hermano que no le gusta figurar y está un poquito, pero el papá no aparece. Tampoco se lo ha visto cerca de Lali. Quizás es una decisión del señor de correrse”, siguió Pampito. Esta ausencia no solo es notoria, también significativa dentro de un relato que siempre tuvo a la madre de Lali como figura central.

Advertisement

LAS DUDAS SOBRE EL ROMANCE ENTRE LALI ESPÓSITO Y PEDRO ROSEMBLAT

Por su parte, Nancy Duré agregó un detalle clave del rol que juega la mamá de Lali dentro de la estructura de la artista. “La madre la acompañaba del primer momento. Ha sido su representante. Siempre la estuvo acompañando todo en todo momento, pero al padre (Carlos) nunca lo vi”, aseguró.

Pero el debate no se quedó ahí. Matías Vázquez sumó otro dato que sorprendió todavía más: la ausencia de Rosemblat dentro de esta producción. “Este documental lo hizo el primo de Lali y también me llama la atención que Pedro no aparece. La actual pareja no está en el documental tampoco”.

La mención de Pedro abrió un nuevo flanco, sobre todo porque Lali y el periodista están hace ya más de dos años en pareja y siempre se mostraron públicamente. “No estuvo en el estreno como es eso no me apareció por lo que estuve viendo en las fotos de quienes habían ido”, agregó Pochi de Gossipeame para encender las alarmas de los fans. ¿Hay una crisis que todavía no salió a la luz? ¿Qué pasa que él no aparece?

Advertisement

 

Lali Espósito, Pedro Rosemblat

Advertisement
Continue Reading

CHIMENTOS

El paso de Rocío Pardo por el Bailando: del debut con el Dipy a la renuncia en vivo con Ulises Bueno

Published

on


Marcelo Tinelli presenta a Rocío Pardo en el Bailando, año 2017

Por estos días, Rocío Pardo ocupa las primeras planas de los medios del espectáculo por su casamiento con Nicolás Cabré. Luego de la ceremonia civil, los recién casados se preparan para el festejo en un ambiente de ensueño, del que guardan los detalles bajo siete llaves. A la visibilidad que tuvo la bailarina a partir de su romance con el actor, del que pronto se cumplirán dos años, la antecede un largo camino artístico en su Carlos Paz natal. Y un desembarco en Buenos Aires en la entonces pista más famosa del país que hoy adquiere una relevancia en retrospectiva.

Su debut en el programa conducido por Marcelo Tinelli ocurrió el 8 de junio de 2017, en el ciclo denominado por entonces simplemente como Bailando, que terminó con la consagración de Flor Vigna y Gonzalo Gerber. Su partenaire fue el cantante de cumbia conocido como El Dipy, y la joven se destacó en la pista con una performance de estilo disco que recibió elogios del jurado.

Advertisement
Rocío Pardo y su perfdormance junto a El Dipy en el Bailando 2017 (Video: YouTube. El Trece)

Durante la transmisión, el conductor Marcelo Tinelli interactuó con Pardo, quien explicó cómo había llegado al certamen: “Hice la audición y mi papá trabaja con Federico Hoppe y el Chato Prada”, confesó la bailarina en relación a Miguel, histórico productor de Carlos Paz. Tinelli bromeó: “Estoy pintado al óleo, soy el único que no me enteró de nada”, dijo con su habitual estilo sobreactuado. Y agregó: “Vos la tenés que romper, porque sos la hija del dueño del teatro”.

En ese momento, el productor Federico Hoppe intervino para aclarar: “Nosotros conocemos al papá de ella, que es Miguel Pardo, dueño de varios de los teatros de Carlos Paz… pero nada tiene que ver la unión con el padre con esto. Ella está acá porque pasó la audición”, aclaró el productor. El camino de Rocío y el Dipy duró 82 días y fueron eliminados en la gala de reggaetón romántico.

Rocío Pardo y El Dipy en su debut en el Bailando 2017 bajo la atenta mirada de Marcelo Tinelli

En ese momento, Rocío Pardo tenía 22 años y ya contaba con formación en danza clásica y contemporánea, habiendo estudiado en las escuelas de Sandra Racedo y Eugenia Calamita, y obtenido becas en otros países como Brasil, España y Nueva York, donde perfeccionó su técnica. Además, había participado en la obra de Flavio Mendoza Stravaganza en 2015 y dirigía la pieza teatral Pabellón Tornú, montada en un neuropsiquiátrico en las afueras de Carlos Paz.

Advertisement
Rocío Pardo y Ulises Bueno en la Academia, en el año 2021

Rocío siguió haciendo su camino buscando su propio sello más que ampararse en la comodidad del apellido. En mayo de 2021, regresó a la televisión nacional para participar en La Academia, el certamen de baile y talentos dependiente de ShowMatch, esta vez acompañada por Ulises Bueno, con quien mantenía una relación sentimental. La pareja debutó bailando el ritmo “Cubo” al compás de “Bad” de Michael Jackson y “Toxic” de Britney Spears. El jurado les otorgó un total de 22 puntos en su primera presentación, con Pampita destacando su actuación y sumando 8 puntos a la calificación general.

La presencia de Pardo y Bueno en el programa generó repercusión tanto por su desempeño artístico como por la exposición de su relación. La pareja sorteó con éxito las dos primeras instancias, incluida “La imitación perfecta” inspirados en Joaquín Sabina, pero abruptamente abandonaron la competencia. ““Me ha salido una propuesta muy importante de trabajo para grabar feats (colaboraciones con otros artistas, en la jerga musical) con gente del exterior. Tengo que grabar mi próximo CD», señaló a la hora de justificar su renuncia.

Rocío Pardo y Ulises Bueno renunciaron a la Academia (Instagram)

Tinelli le deseó buenos augurios y dejó la puerta abierta para que vuelva la pareja: “Ojalá que trabajes bien, te vaya bien y en dos meses estés de nuevo acá. ¡Vamos, vamos Rocío también, vamos a meterle!”, dijo el conductor. Sin embargo, ese retorno nunca se produjo. El programa, que terminó consagrando a Noelia Marzol y Jonathan Lazarte, siguió su curso, mientras que los destinos de Ulises y Rocío permanecieron juntos hasta mediados de 2022, cuando pusieron fin a su relación después de una etapa de intensa exposición mediática y proyectos compartidos.

Advertisement

Antes, durante y después de su participación en la pista de ShowMatch, Rocío Pardo fue forjando sus sueños de artista que apuntaló con formación teórica y kilómetros sobre las tablas. Hoy la vida le sonríe después de dar el sí, y proyecta su vida personal y profesional junto a Nicolás Cabré luego de una gran celebración en su Carlos Paz natal. Y el público que la conoció en la tele tal vez recuerde aquellos primeros pasos en el big show de Marcelo Tinelli

La foto promocional de Ulises
La foto promocional de Ulises Bueno y Rocío Pardo para La Academia de ShowMatch (Jorge Luengo)

Continue Reading

CHIMENTOS

La sorpresiva decisión que tomaron Nicolás Cabré y Rocío Pardo antes de su boda: “Ambos eligieron tatuarse el nombre del otro antes del civil”

Published

on


Nicolás Cabré y Rocío Pardo dieron uno de los pasos más importantes de su historia como pareja. Como parte de una ceremonia discreta, se convirtieron formalmente en marido y mujer. Y aunque evitaron la exposición excesiva, hubo un gesto que decidió contarlo todo: la publicación conjunta en redes con las primeras imágenes del civil.

Advertisement

“03-12-25. Civil. Rodeados de amor”. Ese fue el mensaje elegido por Cabré y Pardo para acompañar el álbum del momento en el que firmaron la libreta, vestidos ambos de blanco y dejando ver toda su felicidad. También compartieron el clásico ritual de la lluvia de arroz -aunque con papelitos en esta oportunidad- a la salida del registro.

Entre los presentes hubo una protagonista especial: Rufina, la hija que Cabré tiene con la China Suárez. En los videos difundidos se la ve sonriente, acompañando de cerca a su papá y a Rocío, con quien mantiene un vínculo muy fuerte. Su presencia no pasó por alto para nadie, sobre todo porque la niña tiene un rol muy especial dentro de los festejos.

Si bien este primer paso se dio en un ambiente reservado, se viene mucho más: la gran celebración será el sábado 6 de diciembre en una estancia exclusiva del Valle de Punilla, Córdoba. Allí se espera la llegada de 260 invitados y una fiesta que se extenderá durante tres días. Se espera que Cabré y Rocío tengan una mega celebración este fin de semana.

Advertisement

LA DECISIÓN DE NICOLÁS CABRÉ Y ROCÍO PARDO ANTES DE DAR EL «SÍ, QUIERO»

La estancia elegida puede alojar a 28 personas y cuenta con habitaciones que rondan los 200 dólares por noche. Un escenario que refuerza la idea de un evento íntimo, planificado y pensado para que el disfrute sea tan protagonista como los novios. Está claro que Pardo y Nicolás tienen grandes planes para su boda, y cada demostración de amor es noticia.

De hecho Cabré y Pardo decidieron dar un importante paso días antes de pasar por el civil. Se trata de un gesto tan romántico como único, que demuestra la unión de la pareja y la gran apuesta al amor que están haciendo. ¿De qué se trata? De unos tatuajes que se hicieron para reconfirmar la historia que vienen escribiendo.

Según contó Pilar Smith en LAM, la pareja decidió tatuarse el nombre del otro como señal del compromiso con el que llegan a esta nueva etapa. Rocío lo hizo en el pie y Cabré optó por la pantorrilla, en la zona de los gemelos. Un detalle íntimo que terminó de sellar el clima de amor con el que llegaron al civil… y que se multiplicará en la celebración que se acerca.

Advertisement

 

Nicolás Cabré, Rocío Pardo

Advertisement
Continue Reading

Tendencias