CHIMENTOS
La divertida reacción de Patricia Sosa al ser interrumpida por un celular en pleno show

Un episodio inesperado marcó el reciente recital de Patricia Sosa cuando, en pleno show, el sonido insistente de un celular interrumpió su presentación. Lejos de incomodarse, la cantante sorprendió al público al tomar el teléfono y atender la llamada desde el escenario, generando una ola de risas, aplausos y un momento viral que recorrió las redes sociales.
El incidente ocurrió mientras Sosa interpretaba una de sus canciones. El timbre del celular de un espectador se hizo notar en la sala, captando la atención de todos. En lugar de ignorar la situación o mostrar molestia, la artista optó por una reacción creativa: se acercó al espectador, tomó el teléfono y, con naturalidad, respondió la llamada ante la audiencia. “Te decía que no es el momento, soy Patricia. ¿Cómo te llamás vos? Gabriel está mirando acá el show mío”, expresó desde el escenario, provocando carcajadas generalizadas.
Con tono humorístico, continuó: “Esperá, yo te voy a pasar, pero no vas a escuchar nada, llamalo después, a no ser que sea de vida o muerte claro”. La espontaneidad de Sosa transformó lo que pudo haber sido un momento incómodo en uno de los pasajes más celebrados de la noche.
La reacción del público fue inmediata: entre risas y aplausos, la actitud de la cantante reforzó su imagen de cercanía y calidez. El episodio, que rápidamente se viralizó en redes sociales, mostró una faceta lúdica y empática de la artista, capaz de convertir un imprevisto en un acto de comedia en vivo.
Más allá de los escenarios, Patricia Sosa se caracteriza por una profunda espiritualidad y una visión particular sobre su carrera. Practicante de la meditación desde 1996, considera su talento como un don que debe compartirse. “Tomé conciencia de que tengo un don. Los dones son otorgados y los dones otorgados son para compartirlos”, afirmó en una charla con Infobae. Esta filosofía la impulsa a participar activamente en causas sociales y a responder a cada invitación para cantar en distintos ámbitos. “A mí me gusta participar de lo social. Y con el canto participo muchísimo, porque al lugar que me llaman para ir a tocar, voy”, sostuvo.

En su relación con la música, Sosa describe una experiencia casi trascendental: “Cuando estoy cantando, soy más oyente que intérprete”. Para ella, la voz y el sonido que transmite no le pertenecen, sino que le han sido confiados para cuidar y compartir. Esta perspectiva la lleva a relegar el ego y a priorizar el propósito de su arte.
La artista viene de lanzar Alquimia, el primer álbum en dueto de su carrera. La unión de la cantante junto a Manuel Mijares marca un nuevo capítulo en la música latinoamericana. Ambos artistas, reconocidos por la solidez de sus trayectorias y la potencia de sus voces, se reúnen para dar vida a un álbum que toma canciones ya consagradas y dotarlas de una nueva perspectiva artística.
Respecto a este proceso artístico, Sosa afirmó: “Aprendí que hay que adaptarse a las nuevas cosas sin abandonar tu esencia. Viendo el resultado, suena maravilloso. Es como si hubiéramos cantado juntos, todo el tiempo mirándonos a los ojos. Y las voces pegaron muy bien, muy buena la elección de Afo de decir “es este el cantante que debería cantar con vos”“.
Disfruta de la vida en la ruta, del contacto directo con su público y de la oportunidad de seguir entregando su música. “Me muero si no estoy de gira. Me muero, ¿eh? No, no me gusta. Envejezco, me pongo de mal humor”, confiesa. Para Sosa, el escenario es un espacio donde el tiempo se detiene y solo existe la música.
Lejos de contemplar el retiro, la cantante reafirma su deseo de permanecer activa y cercana a su gente, convencida de que su lugar está sobre el escenario, compartiendo su don hasta el final.
CHIMENTOS
María Vázquez y Adolfo Cambiaso con amigos en la playa: mates y charlas al atardecer

Como todos los veranos, María Vázquez y Adolfo Cambiaso disfrutan sus vacaciones en Punta del Este. Con perfil bajo y entre amigos, transcurren sus días de relax bajo el sol y cerca del mar. María confirma su reinado absoluto sobre el estilo veraniego con la elección de su bikini, una imagen que se multiplica en la arena y ante las miradas de todos. La modelo, siempre en sintonía con las tendencias, no necesitó más que su naturalidad y una actitud segura para volver a marcar el pulso de la temporada.
En la primera imagen, se la ve caminar por la playa con paso relajado, pero decidido. Elige un bikini de tono marrón tostado: un diseño que se apoya en lo clásico pero encuentra en los cortes mínimos y la elección del color una declaración de modernidad. Sobre el traje de baño, una túnica larga y blanca, de tela ligera, flota con cada movimiento, acompañando la silueta y sumando un aire despreocupado, casi cinematográfico.

El sombrero de ala ancha, tejido en paja clara, protege su rostro mientras potencia el aura de misterio. Los lentes de sol negros, de formato redondo, completan la imagen de una mujer que entiende el valor de los accesorios. En un brazo, un bolso de mimbre con las iniciales “MV”, y sobre este, una prenda de estampado animal print, que aporta un guiño desenfadado y lúdico al conjunto. En la otra mano, una botella de agua y un mate que comparte con sus seres queridos.
A su alrededor, la vida es ruido. Al fondo, grupos de veraneantes sentados sobre la arena, una pelota de fútbol cerca, y un cartel que invita a clases de surf y clubes para niños. Cada elemento cuenta una historia: la de una playa activa, donde la moda y el relax se encuentran sin esfuerzo.
En las siguientes imágenes, la escena se vuelve más íntima. María se sienta en la arena junto a Adolfo Cambiaso, su marido, y una joven rubia. Ella se apoya con naturalidad sobre los brazos, el cuerpo bronceado al descubierto, el bikini en primer plano. El rostro, enmarcado por el cabello recogido, refleja serenidad.
En otro momento, el sombrero vuelve a ser protagonista. Ahora, la modelo se recuesta, permitiendo que el ala cubra parcialmente su rostro. El mar, calmo, acompaña la escena. La cercanía de Adolfo —reconocible por su perfil — aporta una sensación de complicidad.
El color de la bikini de María Vázquez resalta bajo la luz de la tarde, mientras ella conversa, sonríe y toma mate. Un termo con calcomanías y mensajes visibles (“Cerca de Dios, cerca de la vida”) se suma a la composición. La presencia de una toalla con diseño animal print, una mochila azul y objetos personales esparcidos en la arena refuerzan la idea de una jornada sin apuro ni poses impostadas.
La modelo se distingue por la elección de cada complemento: las uñas pintadas de rojo oscuro, un collar delicado y la seguridad de quien sabe que la verdadera tendencia no se impone; se vive. ¿No es acaso esa la clave que busca la moda cada verano?
En cada toma, la relación entre María Vázquez y Adolfo Cambiaso se intuye en detalles: una conversación, una mirada, la cercanía física. No hay artificio. Solo una pareja que, ante la vastedad del Atlántico, encuentra en lo cotidiano una forma de celebrar el presente. Y mientras tanto, la cámara capta ese instante que, sin proponérselo, se convierte en referente de estilo para miles.
Fotos: RS Fotos
Las imágenes no dejan dudas: la moda de playa 2026 ya tiene rostro, y se llama naturalidad.
CHIMENTOS
Con ironía y sin filtros, L-Gante chicaneó a Wanda Nara por un viejo escándalo

L-Gante volvió a sorprender a sus seguidores con un posteo que no tardó en generar revuelo. Fiel a su estilo provocador, el cantante eligió despedir el año con una chicana directa a Wanda Nara, recordando uno de los escándalos más comentados de los últimos tiempos: la famosa “casa de los sueños”.
El referente de la cumbia 420 compartió imágenes de su casa. Mostró distintos ambientes como el living, la cocina y el jardín con pileta. Todo parecía un simple tour hogareño, hasta que llegó la frase que encendió las alarmas: “La casa de mis sueños”, escribió L-Gante sobre el video, en una clara ironía que sus seguidores entendieron al instante.
La referencia no fue casual. La expresión remite directamente a la propiedad de Nordelta que Wanda Nara había definido públicamente como “la casa de mis sueños” y que, tras la escandalosa separación, terminó siendo comprada por Mauro Icardi para instalarse allí junto a la China Suárez.
Un episodio que marcó uno de los picos más altos del triángulo mediático y que todavía resuena en el mundo del espectáculo. Lejos de quedarse ahí, L-Gante redobló la apuesta minutos después con otra historia. Esta vez mostró su habitación, equipada con un estudio de grabación y un jacuzzi vidriado, y sumó una nueva frase cargada de ironía: “Y la habitación de mis sueños. Amén”.
El mensaje volvió a ser interpretado como una burla directa y consciente. Las reacciones no tardaron en llegar. En redes sociales, los usuarios celebraron la picardía del cantante y destacaron que “no se olvidó de nada”, mientras otros señalaron que la chicana apuntó directo a uno de los momentos más sensibles para Wanda Nara.
Cabe recordar que la llamada “casa de los sueños” se convirtió en un verdadero símbolo del conflicto. Se trata de una propiedad de lujo en Nordelta, valuada en millones de dólares, que pasó de ser un proyecto familiar a representar uno de los golpes más duros tras la ruptura.
La frase quedó grabada en la memoria colectiva y cada vez que alguien la menciona, el escándalo vuelve a reflotar. Con este posteo, L-Gante dejó en claro que el pasado sigue presente y que, al menos para él, algunas historias todavía merecen ser recordadas con sarcasmo. Una chicana filosa, directa y efectiva que volvió a poner a Wanda Nara en el centro de un capítulo que, para muchos, sigue abierto.
L-Gante, Wanda Nara
CHIMENTOS
“Bicho” Gómez: “Si los grandes de la comedia no nacieron en el circo, en algún momento pasaron por ahí”

Todas las noches, en el Teatro Holiday de Villa Carlos Paz, Marcos “Bicho” Gómez sale a escena entre los aullidos de las chicas que pueblan las butacas: junto a él están Nicolás Cabré y Mariano Martínez. Lo que se lleva el actor y clown, eso sí, es una catarata de aplausos. “Y está muy bien, porque a las chicas que pueden aullar por mí ya se les puede salir la dentadura”, bromea.
Los tres comparten cartel en la comedia “Ni media palabra”, de Pardo Producciones, dirigida por el propio Cabré y su flamante esposa, Rocío Pardo. Y la temporada de verano, para ellos, comenzó fuerte: según las cifras oficiales de AADET (Asociación Argentina de Empresarios/as Teatrales y Musicales) que divulgó la productora, la obra encabeza los rankings de recaudación, espectadores y porcentaje de sala llena.
— ¿Cómo vivís este momento tan especial en Villa Carlos Paz con el éxito que está teniendo “Ni media palabra”?
— Estrenamos el jueves pasado. Con la obra tenemos muy buenas expectativas, arrancamos muy bien y el público nos acompaña, la comedia gustó mucho. El reencuentro de Mariano y Nico era muy esperado y cuando viene la gente, se lleva la satisfacción de reencontrarse, no solo con ellos, sino con una gran comedia, un producto muy cuidado. Así que estoy muy, muy contento.
— ¿Cómo es compartir escenario con Mariano Martínez y Nicolás Cabré en este formato de trío, y cómo recibiste la convocatoria?
— La verdad, muy bien. Primero fue la convocatoria de Nico: me llamó y me contó que estaríamos nosotros tres. Más allá del reencuentro de ellos, que es hermoso verlos juntos dentro y fuera del escenario, me sumaron a mí, siendo de otra generación, y me tratan con mucho cariño y respeto. Se armó un lindo trío y, con el proyecto de que la comedia siga todo el año, yendo a Buenos Aires, de gira y tal vez a Mar del Plata, se conforma un grupo hermoso. Todo ese tiempo juntos pinta para que nos llevemos recontra bien.
— Ya tenías experiencia previa con ellos, ¿no?
— Con Mariano llevo tres temporadas trabajando juntos arriba del escenario, esta es la cuarta. Con Nico también, aunque antes dirigió la comedia “Tom, Dick y Harry”, pero luego se sumó al elenco.
— ¿Cómo es el recibimiento del público hacia vos, entre dos galanes como Nico y Mariano?
— Las chicas pueden aullar por ellos, pero cuando aparezco yo parece que todo el teatro aplaude (ríe). Y está muy bien, porque a las chicas que pueden aullar por mí ya se le puede salir la dentadura (carcajadas). Y yo también, veo a Mariano Martínez sin camisa todos los días en el camarín y lo aplaudo (ríe). Más allá de eso, siento mucho cariño del público, esa calidez y amor es muy lindo.

— ¿Cómo describirías a tus compañeros?
— Mariano es un gran tipo, muy sencillo. Le cuento a Vero (Verónica Pecollo, su pareja) que me impacta caminar con él y ver cómo la gente lo mira y le grita lo lindo que es. Tiene naturalidad, el ego bien puesto, y compartimos grandes momentos que nos acercan cada vez más. De Nico destaco que maneja muy bien la comedia en escena y ahora, como director, se está descubriendo y lo hace muy bien. Tiene claro lo que quiere, lo que le gusta, y te da libertad para jugar. El ida y vuelta con alguien que te elige, sabe de comedia y acepta el aporte, es buenísimo. Nos vamos conociendo más cada día, son chicos muy talentosos y generosos.
— ¿Qué distingue a “Ni media palabra” de otras comedias en cartel?
— No es una comedia tradicional de puertas, no es una comedia que tenga solo un inicio y un final. Tiene un inicio de una manera y termina completamente diferente. En el medio la situación va cambiando, lo que al principio parece una cosa, después parece otra y termina de una manera totalmente distinta. Eso fue lo que más me gustó cuando me acercaron el libro, el humor es muy particular, me gusta mucho.
— Tu humor y tu registro físico siempre están presentes en tus trabajos. ¿Aquí también? ¿Cómo incorporás ese sello?
— Hago un personaje distinto a los que suelo hacer. Siempre hay algo físico que incorporo a mis personajes, aunque no sean acrobáticos. Hay algo en la postura, en la forma de caminar, es innato en mí.
— ¿De dónde viene esa inspiración para el humor físico? ¿Cuáles son tus referentes?
— Primero, soy cuarta generación de familia circense, siempre estuve haciendo acrobacias y moviendo el cuerpo. Pero sobre todo me inspiré en mi familia, grandes artistas, y en los payasos: mis tíos, mis primos, los amigos de mi viejo. Ese mundo clownesco que viví de chico me llevó a tener una vida muy lúdica. Admiro muchísimo a Chaplin, Buster Keaton, Cantinflas, Pepe Biondi, Sandrini, Tandarica en un momento, Jerry Lewis. Todos eran humoristas muy físicos. Muchos pasaron por el circo, como Biondi, Sandrini, Olmedo, Carlitos Balá, Marrone. Incluso el Teatro Nacional empezó en el circo. Si los grandes de la comedia no nacieron en el circo, en algún punto de su carrera pasaron por ahí. Mi inspiración son, primero, mi familia payasesca y después estos grandes.
— ¿Te entrenás específicamente para cuando tenés esa exigencia física?
— Ya no tanto. Siempre que voy a los doctores me dicen: “Vos te seguís moviendo”, les respondo que ya no tanto. Hay una memoria en el cuerpo, pero a medida que pasan los años esa memoria te avisa: “esto ya no”. Trabajo en el circo desde los cuatro años, era pequeño y ya estaba en el espectáculo, casi como un juego. Con el tiempo, ese juego se convirtió en profesión. Hice acrobacias hasta casi los cincuenta años, y el cuerpo mantiene hábitos y movimientos. Ahora, con más cerveza y vino tinto (ríe), pero algo queda. Solo hago Pilates o algo de ejercicio, cada tanto, para mantenerme.
— Mantenés el lazo con el circo, incluso hoy. ¿Cómo sostuviste esa relación?
— Toda mi familia sigue en el circo: hermanos, primos, tíos, amigos. Tengo una relación especial con mi primo Fabián, dueño de Cirque XXI, que ahora está en Necochea. Le ayudo a armar los espectáculos o a tener una visión de ellos. En vacaciones de invierno siempre hacemos temporada juntos, si tengo la posibilidad y los tiempos lo permiten. Es el reencuentro con mi familia y mis raíces. En ese contexto no soy “el Bicho Gómez” del teatro, no tengo camarín ni me traen agua: soy el Bicho, al le piden que haga un café o se cambie donde pueda. Me da la oportunidad de que mis hijos conozcan ese mundo que viví de chico. En las vacaciones los llevo y los invito a subirse al escenario. Este año, mi hija más chica, Renata, con seis años, me acompañó en escena, con su traje de lentejuelas, bailando y jugando. Eso es muy especial para mí.

— ¿Cómo es tu vida hoy, durante la temporada, compartiendo espacio y rutinas familiares en Carlos Paz?
— Estoy con la familia, por suerte tengo a Vero, que siempre me acompaña. Renata, la más chiquita, nos acompaña porque no le queda otra (risas). Los más grandes, Homero, que tiene dieciocho, y Rocío, veintiocho, a veces vienen, pero ya hacen su vida. Venir de temporada es como vacacionar con la familia: aprovechar los días libres, pasear por la sierra. En Buenos Aires están los colegios y trabajos, pero acá hay más espacio para estar juntos y disfrutar. Es una mezcla hermosa de vacaciones y trabajo.
— Dejando el teatro, vos hiciste en la tele un personaje muy recordado como “El Payaso Mala Onda” ¿cómo ves el presente del medio en relación a tu carrera?
— Con respecto a la carrera, creo que la tele ya no es que no me llama a mí, ya no llama más a nadie (risas). Ahora todo está puesto en los streaming y plataformas. Los canales ahora son más de información y panelistas, ya no se producen esos programas de antes. Cuando la tele vuelva a acomodarse habrá espacio para todos. Me gusta trabajar en tele porque da masividad, pero yo no nací ahí, nací en el teatro y vengo del circo. Formé parte de “La banda de la risa” y mucho teatro independiente en los 80 y 90, y fue ese trabajo teatral el que me llevó a la televisión. Siempre mi prioridad es el teatro: si hago televisión y se complica con una función, aclaro que el teatro es primero, es lo que me gusta y de lo que vivo.
bicho gómez
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