CHIMENTOS
Las bombas de Diego Díaz sobre las “finales” del campeonato: “La obligación total es de Boca, pero la sorpresa la va a dar…”

Las horas pasan y la ansiedad no deja de crecer. Este fin de semana, 8 equipos del fútbol argentina juegan su gran de volver a ser campeones: “River, Boca, Independiente, Central, Platense, Huracán, San Lorenzo y Argentinos Juniors se suben al ring”, empieza Diego Díaz, y desliza: “Qué campeonatito el argentino, eh…”
“Está llegando a su fin. ¿Es atractivo? ¿Es competitivo? Sí. Pero para mí en líneas generales por lo mediocre. Pero como en el fútbol argentino no le interesa absolutamente a nadie mejorar, entonces seguiremos con estas historias que ahora tienen estos mano a mano y penales”, empezó el analista y tira bombas de Paparazzi.
“Ahora, desde los octavos de final, un equipo defensivo se mete atrás, aguanta y su arquero ataja algunos penales y se metes en las definiciones importantes y podes salir campeón”, siguió Díaz.
“En esta consigna que tiene el fútbol argentino de que puede salir campeón cualquiera, a mí no me gusta. Para mí tiene que salir campeón el mejor de algo extenso, el que mejor juegue”, firmó.
“Al haber quedado afuera de la Copa Libertadores y la Sudamericana, Boca está obligado a salir campeón. No le queda ninguna otra alternativa. Otro que integraría para mí el top 3 de candidatos es Independiente, que también tiene una necesidad histórica porque hace más de 20 años que no corona”, explicó.
Y dejó bien en claro por qué los hinchas de Rosario Central la pueden pasar mal este fin de semana: “La sorpresa por lo bien que viene haciendo todo en el último tiempo de la mano de Kudelka puede ser Huracán. Hay que prestarle atención a los Quemeros”, terminó.
CHIMENTOS
Martín Bossi: “No quiero vender entradas con mi intimidad”

La escena previa al telón expone el pulso íntimo de uno de los referentes actuales del teatro argentino. En el camarín del teatro Astral, Martín Bossi ajusta los últimos detalles antes de subir al escenario como protagonista de “La cena de los tontos”, la comedia que protagoniza junto a Gustavo Bermúdez y Laurita Fernández y ha reforzado su nombre como sinónimo de humor en el mundo artístico.
En esta etapa de su carrera, Bossi se detiene a reflexionar sobre su oficio, sus ideas frente al auge de la cultura digital y la forma en que marca límites entre la vida pública y privada.
Espera puntual la cita con Teleshow luego de llegar desde la grabación del programa de Mirtha Legrand, de saco y pantalón negro y remera blanca. Se presenta con su nuevo look de bigote finito, casi una “anchoíta”, y bromea con que ahora es comisario. La nueva apariencia, sabe, cuenta con la aprobación de algunos, pero también tiene detractores. Ya explicará, durante la charla, los motivos para dejárselo.
El camarín no está atiborrado de recuerdos o fotografías: apenas dos, familiares, un cuadro con el escudo de Los Andes, algunas botellas de agua mineral, lo necesario para maquillarse, una alfombra gris, mullida, un sofá de tres cuerpos y dos sillas blancas. Allí, antes de cada función, se mueve un poco para relajarse: “Caliento el cuerpo, bailo, hago ejercicios de voz, me tomo un café y hago abdominales en la alfombra. Necesito preparar el instrumento; no me gusta entrar desde la calle directamente al escenario”.

Luego de las fotos, Bossi se sienta en el sofá y comienza la charla.
—¿Cómo sigue el presente de “La cena de los tontos” y cuál es tu perspectiva de este éxito?
—Vamos a seguir cuatro meses acá. Empezamos pensando en estar solamente ocho semanas, pero por la venta que se está dando, nos propusieron quedarnos unos cuatro meses. Y después, casi seguro, arrancaremos una gira por todo el país. La obra ya suma más de doscientos diez mil espectadores y es la más vista de las que están en carteler, combinando Buenos Aires y Mar del Plata. Sigue sorprendiéndome lo que pasa. Es una gran obra y lo ves en la reacción del público cada función.
—¿A qué atribuís ese fenómeno? ¿Por qué tanta gente conecta con esta propuesta ahora?
—Creo que hoy hacer reír es un acto profundo de rebeldía. Subirse al escenario y proponer humor, conseguir que la gente viva una aventura diferente y apague el celular durante casi dos horas, es un lujo. Ahora están de moda todos los shorts, TikTok, los videos cortos, los clips de veinte o treinta segundos, todo muy automático. El teatro, en contraste, es una aventura casi analógica: sentarte a mirar, dejarte llevar y no depender de una pantalla. Es algo que ha quedado de las épocas en que éramos muy felices. El teatro resiste para aquellos que miran a través de los ojos y no de un algoritmo.
—¿No convivís con el universo digital, TikTok o los reels de Instagram?
—Uso redes. Pero para mí es como el chocolate: si lo comés está bien, pero si te empachás te hace mal. Tiene ventajas, pero detrás de todo esto está el ser humano, y el ser humano es un bicho al que le tengo desconfianza. La nueva religión es el algoritmo. Y el algoritmo no quiere que tengas cultura ni que recibas buena información, lo que hace es bajarte la cultura para venderte cualquier cosa. Lo mismo pasa en la industria del entretenimiento en todo el mundo: inundar el consumo con productos baratos de bajo costo cultural y alto precio. No digo todos.
—¿Creés que el algoritmo moldea los gustos del público?
—Es claro que todo está direccionado. Te muestran siempre los mismos diez o quince personajes y eso te llena la cabeza. Aunque no todo es negativo, también hay gente talentosa. La tecnología tiene partes positivas y trato de aprovechar esas ventajas.

—Tus videos en redes suelen viralizarse, como el de Freddie Mercury versus Bad Bunny. ¿Cómo surgió?
—Eso ya lo hacía antes, en 2014, con Emilio Tamer en nuestros espectáculos: mezclábamos música clásica y reguetón. De hecho, teníamos un show en una plataforma que se llama “Teoría de la Involución”, donde refutábamos a Darwin, jugábamos con la “involución” cultural y cuestionábamos si realmente evolucionamos. El video que se viralizó lo grabé en Miami y allá fue polémico porque Bad Bunny es casi una religión. Pero fue solo una opinión, nada más.
—¿Te impactó ver que llenó River varias noches?
—No juzgo los gustos. Pero creo que para que algunos estén considerados entre los más importantes, hay que trabajar mucho sobre la cultura de la gente. Eso es tarea del algoritmo y del marketing, se nota bien claro hacia dónde llevan todo.
—¿Te influye el contexto social al crear tus espectáculos?
—Sí cuando hago algo personal, ahí se siente el pulso del país. “La cena de los tontos” es para disfrutar, no para analizar cada función, pero mis otros espectáculos parten más de mi mirada, ahí el entorno pesa más.

Trayectoria, televisión y el impacto de las nuevas plataformas
—En tu carrera alternaste el teatro, principalmente, con algo de cine. ¿Y la televisión? ¿Qué lugar tiene para vos, si es que hay algún espacio para los actores?
—La última vez que hice televisión fue en 2009. A partir de ahí decidí que mi contenido lo decido yo y elegí el teatro como plataforma central. Siempre digo que soy un “teatragramer”. No es que rechace la televisión, pero hoy hay menos espacios y tampoco es que reciba propuestas todo el tiempo. Algunas llegan, como ser jurado de algún reality. Y yo, con el respeto que le tengo a todos los formatos, no soy quién para juzgar a nadie. Soy un alumno más. Entonces, ponerme en el lugar de decir: “Esto está bien, esto está mal”, no. No tengo autoridad para hacerlo, de ninguna manera.
—¿Te hubiera gustado tener un gran espacio en la televisión de antes, de los ‘80 o los ‘90?
—En otra época era el camino. Hoy tal vez subo un video en redes y lo ven tres millones de personas. Después llega mucha gente al teatro por eso. Para mí la televisión sigue siendo útil para promocionar, pero el show propio ya no es esencial. Me entusiasman los formatos audiovisuales. Ahora, por ejemplo, estoy a punto de filmar una serie; no puedo contar nada aún, ni siquiera la plataforma. Pero hacer series me gusta mucho.
—El bigote llama la atención. ¿Te lo dejaste por ese proyecto?
—Sí, es por lo próximo. El director me pidió que me dejara bigote para el personaje. Yo, si tengo que engordar para un papel, lo hago. Si tengo que pelarme, me pelo. En cine o series se pueden usar postizos, pero a veces es mejor hacerlo natural. La gente pregunta mucho por el bigote, pero todo forma parte de la caracterización actoral.
—¿Y en general, los que te ven levantan el dedo o te lo bajan?
—Muchos lo levantan, otros no. Las redes, ¿viste? Si yo le diera bola al bullying de las redes… Decí que ya estoy formado y me chupa un huevo las cosas que me dicen. Tan feas, tan lindas, pero tan feas a veces. Por suerte entiendo el juego, si no, imaginate.
—¿En la serie vas a ahondar en la veta del humor o vas a hacer un drama?
—No es de humor. Pero no puedo decir más.

De imitador a protagonista del humor teatral
—El salto de imitador a showman y actor marcó tu trayectoria. ¿Cómo fue ese proceso?
—Fue una decisión difícil. Era fácil quedarse cómodo imitando toda la vida, y a los 50 años hacer a Messi o a Fito Páez, pero entendí que quería buscar otras cosas y dejar esa zona de confort. No juzgo a quienes siguen con la imitación, está bien. Pero vivir detrás de una máscara no era justo en mi caso: quería mostrar el mundo según mi visión, con mis personajes y mis shows. Me incliné más hacia el showman que hacia la imitación. Hago comedia y comicidad. Si tengo que usar la imitación como recurso, la uso, pero ya no me define. Hubo un momento en que tuve que soltar eso. Ahora hago humor, doy mi opinión, no me escondo más detrás de nada. Hoy soy yo, sin máscaras.
—¿Pensás explorar el drama o cambiar el tono?
—No, no tengo esa idea ahora. Estoy disfrutando de la comedia. Si surge un papel dramático en cine, lo haré; pero no pienso (imposta la voz) “ahora hago drama para mostrar otra faceta”. Esa huevada de decir “ahora soy un actor serio” no la tengo en la cabeza. Simplemente dejé de jugar al nene escondiéndome atrás una máscara y huyendo compulsivamente de la verdad con una máscara en la cara, porque en realidad lo que yo hacía era huir. Era mentir para decir la verdad. Me ponía una máscara para contar mi verdad. Bueno, me saqué la máscara, puse pelotas.
—¿Cuál es el feedback que más te importa: el del público o el de tus colegas?
—Bueno, yo amo a mis colegas, pero no les creo nada. Ellos tampoco me creen a mí, así que estamos a mano. Claro, si trabajo con alguien como Laurita Fernández o Gustavo Bermúdez, escucho sus consejos y los valoro. Porque hay colegas y colegas. Estoy siendo un poco injusto, porque algunos me ayudaron mucho, y a otros muy zalameros los ves venir. Pero el público me importa más. Acá, cantidad de gente del medio me ha dicho, horrorizada, “vos rompés la cuarta pared, eso no se hace”. Y me río. Si yo tengo que romper la cuarta, la quinta o la sexta pared, lo hago: tengo mi forma de trabajar. No soy Oscar Martínez ni Julio Chávez, soy un showman haciendo comedia.

—¿En la vida diaria, tenés buen humor? Porque hay un estereotipo del humorista cuando baja del escenario…
—Es un cliché eso. Esa cosa snob de antes de: “yo soy un payaso, pero afuera soy retraído. Pero cuando se prende la cámara, hay algo que sucede que yo soy un payaso”. Me parece vergonzoso. No, uno es como es. En el escenario tengo el humor que tiene el personaje que estoy haciendo. En la vida soy yo desde que nací. Si se muere alguien importante, no voy a tener buen humor. Si me deja mi novia, no voy a tener buen humor. Si pierde Los Andes como el otro día contra Temperley en el último minuto, no tengo buen humor. Pero en líneas generales no soy un tipo hosco. No me creo especial por trabajar de esto, ni hago la parodia del artista. Le huyo a las fiestas, a las inauguraciones, a los premios y a todo ese “show business”, aunque me lo cuestione mi prensa. Yo iba a todas las entregas de premios, me ponía un esmoquin y agradecía a Dios. Iba todos los sábados a una premiere, la fiesta de la revista esta, la fiesta de la revista otra. Y vamos acá, y vamos para allá. Y siempre me cruzaba con la misma gente y siempre lo mismo. Y un día dije: “Pará, quiero estar donde quiero estar”. ¡Qué paja aparecer con tu novia de la mano y que todos te saquen fotos en los banners! Esas cosas no las consumo. Y no me siento especial por tener este trabajo; actúo porque me gusta y después tengo una vida muy común.
Familia, vida personal y la intimidad fuera del escenario
—Tu vida personal suele ser un enigma. ¿Eso fue decisión propia?
—Un poco sí y un poco no. La única relación “viral” fue cuando estaba en VideoMatch, con Momi, porque no existía Instagram en ese momento. Después de eso, cerré filas sobre mi vida privada. En más de veinticinco años de carrera, tal vez tuve relaciones largas, de cinco años, y nadie se enteró. Me han vinculado con gente y preguntado: “¿Por qué no formás una familia? Y mi novia comiendo pochoclos, cagándose de risa en su casa, esperándome. Entonces digo: “Nunca van a saber”. No lo quiero compartir, pero no porque sea algo especial, porque lo guardo para mí y porque no quiero vender entradas con mi intimidad. Viste que hay una línea de actores que la noticia es si se separó, si no se separó, si se tatuó, si se compró un perro, si engañó a la novia, si llora, si se quiebra, si como sano y que el posteo llorando y bueno… Y está muy bien.
—Este verano te vincularon con Alicia Barbasola, pero no dijiste ni un si ni un no…
—Y ahora, hace un mes, me fui de vacaciones con un grupo de amigos y me vincularon con una amiga. Y hace cuatro meses con Laurita. Lo que pasa es que se van olvidando. Y después me vincularon con Sabrina Rojas. Y hace ocho años me fui de vacaciones con Fede Hope y me vincularon con Hope. Me vincularon con la señora de Carna, me vincularon con… Y ya pierde seriedad. Yo me río y sigo. Porque también entendí que somos socios con los medios: potencian lo que hago y después inventan historias sobre mi vida personal. Hace poquito se ve que un colega tuyo estaba por ahí tomando un daiquiri, y le mandó un mesaje a una chica de un programa: “Lo vi a Bossi llegar con una mina, mirá”. Y la foto es yo caminando con una piba. Es como si me vieran entrando a un banco y dijeran: “fue a robar un banco”. Para mi familia y amigos es casi un chiste, porque la división entre mi vida pública y privada es total. Para mi es como si hablaran de otra persona.

—¿Mantenés rutinas fuera del teatro, te reunís seguido con amigos o familia?
—Sí, soy familiero, juego al tenis, conservo mis amigos de siempre, tengo una vida completamente normal. Pero bueno, elegí la mejor parte de esto que es el escenario y tengo la posibilidad de poder evitar algunas cosas que antes, cuando era más chico, no podía, porque tuve que hacer todos los deberes.
Aprendizaje y vocación: de la escuela al teatro
—Antes de empezar la charla hablábamos del caso que sucedió en un colegio de Santa Fe y del bullying en la adolescencia. ¿Cómo fue tu experiencia escolar y cuánto te marcó?
—Fue traumática. La secundaria, sobre todo en el colegio de curas al que fui, fue lo peor. Prefiero no nombrar el lugar ni a los directivos, pero viví muchas situaciones difíciles: discriminación, autoritarismo. Mi papá tenía Parkinson, estaba muy enfermo y yo me llevaba materias y no podía enfrentar la realidad de encararlo y decirle que me estaba llevando materias. Pedí ayuda y no me la dieron. Y repetí. Y por no querer enfrentar a mi papá, andaba dando vuelta por la calle en cuarto año. Y un día, bueno, me encontraron en la calle. Y me acuerdo que mi mamá les dijo: “Por favor, no lo echen del colegio, reincorpórenlo, es un chico que está hace mucho tiempo acá”. Las autoridades, no me olvido más, tres autoridades que prefiero no nombrarlas, le dijeron a mis padres que yo era un especulador y que en la vida nunca iba a lograr nada y que en el instituto no querían gente tan mediocre. Yo tenía catorce o quince años.
—¿Eso te definió artísticamente, te motivó a buscar tu camino?
—Mucho. No me gustaban las formas rígidas, cuestionaba la religión y la autoridad. Encontré mi lugar al pasar a un colegio estatal muy humilde, el Vicente Sierra, cerca de Pasco y Salta (Barrio San José, Temperley). Allí, profesoras como Nancy Erretti, de Lengua me acercaron a “Cien años de soledad” de García Márquez y me dieron amor y contención. Y ahí hice mi primer show y descubrí mi vocación artística.
Fotos: Gustavo Gavotti
martín bossi
CHIMENTOS
Qué ver en Netflix, la miniserie de 6 episodios que rompió el enfoque en el mundo digital: «Vinagre de manzana»

Netflix vuelve a apostar por las historias basadas en hechos reales con “Vinagre de manzana”, una miniserie de 6 episodios que combina drama, suspenso y un caso impactante que sacudió al mundo del bienestar.
La trama sigue a Belle Gibson, una influencer que construyó una comunidad enorme en redes sociales al asegurar que había superado un cáncer terminal gracias a métodos naturales. Su historia inspiró a miles… hasta que comenzaron a aparecer dudas.
A lo largo de los capítulos, la serie muestra cómo su figura crece de forma meteórica. Libros, aplicaciones y millones de seguidores convierten su relato en un fenómeno global que parece imposible de frenar.
Pero detrás de ese éxito se esconde un entramado oscuro. La narrativa expone cómo las mentiras empiezan a acumularse y a afectar no solo a su entorno, sino también a personas vulnerables que confiaron en sus promesas.
LA MINISERIE PERFECTA PARA VER EN UN PAR DE HORAS ESTE FIN DE SEMANA
Uno de los puntos fuertes que propuso Netflix es el enfoque en el mundo digital. La miniserie pone el foco en el poder de las redes sociales y en lo fácil que puede ser construir una verdad ficticia que millones deciden creer.
Con un ritmo ágil y capítulos intensos, “Vinagre de manzana” logra sostener la tensión mientras intercala distintas historias que terminan cruzándose en un desenlace tan impactante como inevitable.
Además, el relato se inspira en un caso real que terminó en escándalo judicial, lo que le suma un condimento extra para quienes buscan contenido basado en hechos verídicos.
En definitiva, esta miniserie de Netflix es ideal para maratonear: corta, atrapante y con una historia que deja pensando sobre los límites entre la verdad, la manipulación y el poder de la influencia digital.
Netflix
CHIMENTOS
Barby Franco se accidentó con su Tesla en la Ruta 3: el choque involucró a otros dos vehículos

Barby Franco vivió un momento de tensión en la Ruta 3, a la altura de Cañuelas, cuando el vehículo que conducía se vio involucrado en un accidente de tránsito que requirió la intervención del Comando de Patrullas y asistencia médica en el lugar.
El incidente, ocurrido el viernes 3 de abril, generó preocupación por la presencia de la modelo y por la magnitud del hecho, que incluyó a varios vehículos y una menor de edad entre los pasajeros.
Según el parte policial al que pudo acceder Teleshow, Franco se encontraba detrás del volante de su Tesla modelo Cyberbeast acompañada por Sarah Burlando, su hija fruto de su relación con el abogado y Miriam Alderete (53). La modelo relató que se desplazaba por la ruta en dirección a San Miguel del Monte cuando una camioneta se le cruzó de frente y luego se retiró del lugar. Ante esta situación, Franco debió frenar de forma brusca, lo que provocó que otros dos autos la colisionaran desde atrás: primero una camioneta Ford Maverick, ocupada por dos personas y luego un Toyota Corolla.

Como consecuencia del choque, uno de los conductores involucrados resultó con lesiones en su mano derecha y fue asistido por una ambulancia en el lugar, mientras que Barby y sus acompañantes no presentaron heridas de gravedad. El hecho dejó solo daños materiales y la inquietud propia de un accidente, pero la rápida intervención policial y médica permitió que la situación no pasara a mayores.
Hasta el momento, la influencer utilizó sus redes sociales únicamente para aclarar que tanto ella como su familia se encontraban bien. Mediante una story de fondo negro con letras blancas, Franco comentó: “Hola, estamos bien. Mañana les cuento todo. Fue un día complicado”.


El día que el Cybertruck de Barby Franco se convirtió en sinónimo de felicidad para un niño
Una historia de solidaridad y emoción se vivió en Las Flores, Buenos Aires, cuando la influencer Barby Franco cumplió el sueño de Amadeo, un niño apasionado por los autos. El deseo del pequeño de conocer un Cybertruck se hizo realidad gracias a la gestión de su madre, Sol Magnarelli, y la rápida respuesta de Franco, un gesto que tuvo gran repercusión en la comunidad e inspiró a miles de personas en las redes sociales.
Todo comenzó con el mensaje que Sol publicó en redes: “Hola. Soy de Las Flores. Mi hijo se sacó una foto de lejos con tu Cybertruck. Fue una emoción enorme para él encontrar uno de esos en su ciudad, es fanático de los autos. Si me leíste hasta acá quería pedirte de mamá a mamá, si es posible que le permitas conocer el auto por dentro, sólo eso. Perdoname el atrevimiento, pero ¿qué no haría una mamá por ver a su hijo feliz? Desde ya disculpame las molestias y gracias por traer esa nave a nuestra ciudad. Mi nene fue feliz de sólo verla». La petición tuvo una reacción inmediata: “Yendo”, fue la respuesta con la que Barby confirmó que acudiría al encuentro. Pocas horas después, la gratitud se multiplicó en un nuevo mensaje dirigido a la modelo: “Te merecés el cielo Barby, gracias”.
La llegada del Cybertruck a la casa de Amadeo se transformó en un acontecimiento inusual para el barrio. El niño, acompañado por su hermana Brunella, saltó de alegría al ver el vehículo, y Franco les llevó además una bolsa de alfajores para la familia. Amadeo fue invitado a subir, quedó fascinado con la pantalla de controles y los detalles del interior, y luego pudieron dar vueltas juntos en el Tesla. El paseo incluyó fotografías, risas y una imagen final de Barby y el niño, emocionados por la experiencia compartida.
Al terminar la visita, la madre de Amadeo difundió una nota escrita a mano por su hijo junto con una imagen de ese día. El agradecimiento del pequeño se viralizó rápidamente, y el video del encuentro multiplicó las muestras de apoyo y las reacciones emocionadas en redes, consolidando la historia como símbolo de empatía y esperanza.
El gesto solidario de Barby Franco con un niño que quería pasear en su cyber truck
En relación al vehículo, el Cybertruck destaca por su exclusividad en Argentina. Es uno de los modelos eléctricos más costosos del país, con un valor aproximado de USD 300.000, y la unidad que participó en la historia fue un regalo de Fernando Burlando, esposo de la influencer, quien también obsequió una versión pequeña para su hija Sarah. De acuerdo con Franco, solo tres Cybertrucks circularían en el país.
La experiencia dejó una huella imborrable en Amadeo, que plasmó su gratitud en unas líneas escritas, reflejando la emoción vivida durante aquel día y demostrando cómo un gesto sencillo puede encender la ilusión en quienes más lo necesitan.
Pero no fue la única emoción para la familia Burlando-Franco. Su hija Sarah, de tres años, recibió en Navidad un regalo soñado: una nueva habitación temática, ideada para organizar pijamadas con sus amigas. Las imágenes difundidas por Franco mostraron un espacio que simula una casa, con escaleras, tobogán integrado y varias camas, lo que generó gran asombro en la niña. La modelo destacó que la preparación llevó meses, pero que todo el esfuerzo valió la pena al ver la reacción de su hija. “No lo puede creer”, expresó Franco sobre el entusiasmo de Sarah.
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