CHIMENTOS
Los signos del horóscopo que más éxito y cuidado deberá tener en el amor y el trabajo, según Jimena La Torre: «Aries, Tauro, Géminis, Cáncer y Leo»

Enero comenzó a vivir la segunda quincena del mes y con ello se vienen importantes, y marcados cambios desde el punto de vista del horóscopo. Uno de los puntos que más interpela a las personas es el amor, dinero y trabajo.
En ese aspecto, la que expuso cómo le irá a las personas, en lo que concierne su suerte, éxito y fortuna, fue Jimena La Torre. La especialista en los astros destacó cómo se desarrollarán los próximos días, con semanas positivas.
Aries: “Enero es un tiempo de poner acción las cosas, pero con estrategia. Habrá oportunidades laborales y desafíos que exigirán foco y paciencia. En el plano afectivo, será clave bajar la impulsividad y escuchar más”.
Tauro: “Atraviesa un período de reorganización, la advertencia indica que es momento de revisar acuerdos, especialmente en temas económicos. En el amor, se abre una etapa de mayor estabilidad si se animan a expresar lo que sienten.
QUÉ OCURRIRÁ CON LOS SIGNOS DEL HORÓSCOPO EN ENERO, SEGÚN JIMENA LA TORRE
Géminis: “Vivirá semanas de movimiento y propuestas. Es un buen momento para aprender, comunicar y cerrar etapas pendientes. Cuidado con la dispersión: elegir bien en qué enfocarse marcará la diferencia”.
Cáncer: “Sentirá una fuerte conexión con lo emocional. Se recomienda priorizar el bienestar personal y no cargar con responsabilidades ajenas. En el trabajo, se avecinan cambios que, aunque incómodos, traerán crecimiento”.
Leo: “Estará presente el protagonismo y exposición. Es una etapa ideal para mostrar talento y liderazgo, pero sin caer en el orgullo excesivo. En lo sentimental, habrá conversaciones necesarias que pueden fortalecer vínculos”.
horóscopo, Jimena La Torre
CHIMENTOS
El mundo sensible de Cayetana Cabezas, la actriz española que se luce en Machos alfa y quiere triunfar en Argentina

Ni bien llega a su encuentro con Teleshow, Cayetana Cabezas ofrece sus disculpas por una disfonía que la tiene a maltraer. Es su primera vez en Buenos Aires para la actriz española, y el cambio de estación, el aire acondicionado y la alergia a las plataneras hicieron mella en su salud. Pero nada puede con su energía ni con su entusiasmo y ofrece una predisposición para conocer su historia de vida y de actuación con la pasión de quien se deja atravesar por las emociones. Y cuando ya no siente lo mismo, no tiene dudas en pegar el volantazo.
La cita con este medio es en uno de los salones del Alvear Palace Hotel, cuya estampa señorial marida a la perfección con su impronta de estrella de cine de otra época que transmite a cada paso. Sin embargo, su humildad sin divismos, dispuesta a conversar y contar su historia, reduce de inmediato esa hipotética distancia. Vamos a hablar, claro, del suceso de Machos alfa, la serie de Netflix que se propuso abordar con ironía y casi en tiempo real la deconstrucción de la masculinidad y trepó entre las más vistas en diferentes partes del mundo. Pero será apenas una excusa para ingresar a su historia, que, según sus propias palabras, poco tiene en común con la disparatada Blanca Martínez que encarna en la ficción.
Es su primera visita a Buenos Aires, una ciudad que define como “fascinante” y en la que lleva adelante una hoja de ruta en permanente construcción. Acaso por ese espíritu intrépido que iremos conociendo, se deja llevar y lo que en un principio tenía como único motivo acompañar a una amiga en un viaje por el arte contemporáneo, mutó en un improvisado viaje de promoción. El próximo estreno de la quinta temporada de Machos alfa es la excusa necesaria para saldar una cuenta pendiente con Buenos Aires y, quién sabe, trabajar en el corto plazo. “Quiero sembrar aquí lo que estoy haciendo allá”, se entusiasma.

No deja de ser una paradoja que recién a sus 46 años Cayetana conozca un país tan presente en su formación -con el prestigioso estudio creado por el argentino Juan Carlos Corazza en Madrid- y en su presente. Además de actriz -y de arquitecta, ya hablaremos de eso-, la española escribe. Y el relato que la ocupa por estos días es una historia de migrantes entre España y Argentina. “¿Pero cómo estoy escribiendo sobre esas calles y esa ciudad que no conozco? Tengo que ir”, pensó como un impulso. Y ahora, en estas noches otoñales de la ciudad de la furia, se hace un espacio para continuar esa historia.
—¿Por qué surgió Argentina o Buenos Aires como esa otra patria a la cual ir en la ficción?
—Creo que es una cosa histórica que va más allá de lo que pase ahora en mi vida. Ambos países hemos sido receptores y hemos sido emisores. Nos hemos acogido, nos hemos entregado, acompañado y a lo largo de la historia, han ido cambiando los roles. Nos hemos ido acompañando como hemos podido y eso forja un vínculo.
—¿Y con qué te encontraste cuando llegaste?
—Me pasó algo muy fuerte. Llegué el día 22 de marzo y no relacioné que estaba tan cerca del 24. Conozco a Manuel Gonçalves, que es hijo de desaparecidos, y yo estaba escribiendo una historia que tenía que ver con la historia de Manuel. Y justo llego aquí en el cincuenta aniversario del golpe. Son esas cosas mágicas que ocurren.

—¿Tenés algún referente argentino en la escritura o la actuación?
—Sí, Augusto Fernandes. Él me dio clase de análisis de texto como nadie en mi vida me lo había dado. Tenía una manera de adentrarse en la historia. Es un hombre que además, sabía mucho de astrología. Y entonces fue fascinante empezar a ver las obras de otra manera a través de los ojos de él. Me encantó su visión, me abrió un mundo. Creo que hay una manera especial de crear aquí en Argentina, porque se ha tenido que crear en todas las circunstancias. Además de la trayectoria que tenéis con respecto al método actoral, algo que no ocurre en ninguna otra parte del mundo, hay muy buenas historias también. En la dificultad surge lo creativo. Y este es un país que atraviesa dificultades desde hace tiempo y de manera intermitente.
La vida de Cayetana también es una vida de migraciones. Nació en Madrid, se crio y vivió hasta los 17 en Ourense y volvió a la capital española para emprender su vida adulta. “Creo que el ancla siempre está donde está tu gente, donde está tu raíz, no necesariamente donde pasas más tiempo. Y Galicia es como mi base”, sentencia con un dejo de nostalgia. Y cuenta de otro viaje fundacional, en un internado de Inglaterra a sus once años, donde tomó las primeras clases de actuación. “Fue como una especie de refugio, porque no hablaba inglés y de pronto sentí que podía comunicarme sin tener que utilizar el idioma”, recuerda sobre aquel período en un internado.
Pero la actriz iba a tener que esperar. A la hora de iniciarse en la vida adulta, Cayetana se decidió por un destino más tradicional, acorde a ciertos mandatos de la época. “Estudié arquitectura porque me gustaba, porque quería ejercerla, pero luego descubrí que no me gustaba. Suele pasar eso de que estudias una carrera, sueñas con que la vas a ejercer de una manera y luego la vida te va marcando la pauta de que no es tan así”.

—¿Qué fue lo que no te gustó?
—En la profesión se hablaba mucho de dinero y yo quería hablar de arte, de poesía, de composición, de encuentro, de humanidad, de cómo la arquitectura puede cambiarte la vida, puede ayudarte a vivir mejor, a encontrarte con el otro en un espacio donde te sientas a gusto para compartir. Yo no quería hablar de presupuestos y me pasaba la vida hablando de presupuestos. Y de pronto lo más poético de aquel sueño que tenía se cayó.
—¿La artista estaba guardada o tuviste que salir a buscarla?
—A ver, yo nunca pensé en la carrera actoral como algo que me fuese a dar de comer. El gusanillo de la interpretación siempre estuvo, pero dedicarme a ello no estaba en el plan. Hasta que de pronto cogí un montón de fuerza y me propuse estudiar teatro.
—¿Qué te llevó a seguir ese impulso?
—En un momento se murió una de mis tías de cáncer, fue algo muy fulminante. Y ella fue la que me dijo cuando estábamos en el hospital: “Ponte a hacer lo que tienes que hacer”. Al mes de su muerte, cerré el estudio de arquitectura y cerré también muchas etapas que no me ayudaban a avanzar hacia lo que quería ser.
—¿Costó empezar de cero e insertarse en un ambiente como este?
—Mira, es una profesión que castiga la edad. Entonces, ya empezar entre comillas tarde te hace sentir que vas tarde para todo. El funcionamiento de la industria premia mucho la juventud, le da mucho lugar y hoy parece que las artistas mayores no tienen personajes per se que no sean vinculados a hombres; por supuesto que esto está cambiando, pero es algo real, las cifras están ahí. Entonces, cuando una empieza un poco más tarde, parece que va como rengueando.

—¿Cómo lograste hacerte un lugar en este contexto que describís?
—Gracias al teatro. El teatro te recuerda por qué estás en esta profesión, porque solo tiene una dirección, que es para adelante. No puedes cortar ni repetir, solo tienes que actuar, apoyarte en el compañero que está ahí, en su mirada. La magia del cine tiene que ver con un equipo mucho más grande que hace que eso ocurra. Pero en el teatro llega un momento en el que el actor está solo. Ok, también está el técnico de luces, la escenografía, pero si se te va el texto, estás tú solo delante del público y solo lo puedes salvar tú con el compañero.
—Por la pasión con la que hablas pienso que nunca te arrepentiste de la decisión de cerrar el estudio.
—Para nada. No hay un solo día que haya pensado que este no es el camino.
En ese itinerario sinuoso construido entre las tablas y los sets de filmación, su interpretación de Blanca Martínez en Machos alfa significó esa rúbrica que no necesitaba ni exigía, sino que simplemente sucedió. La serie de Netflix de alcance internacional le abrió puertas que no imaginaba, como esas que está golpeando en Argentina. También es una posibilidad para reflexionar desde el humor y la sátira de una problemática que no tiene idioma. “Una lleva años trabajando con el pico y la pala pero de repente aparece Machos alfa y te pone en el mapa actoral. Es maravilloso tener una oportunidad así, y poder aprovecharla”.
—¿Cómo te llevaste con este primer éxito a gran escala?
—Es importante verlo como una parte más del proceso. Esta carrera no es lineal, un día puedes pegarla con una serie y al otro no tener trabajo. Y no es una cuestión de que estás arriba y luego caes, sino que es así: hay que tener la musculatura de ni cuando estés arriba pienses que eso va a ser, ni cuando estés abajo pienses que eso va a ser tu vida. ¿Cómo se hace? No sé, ahí estamos (risas). Porque no es fácil.

—¿Por qué tiene tanto éxito la serie?
—Creo que Machos alfa tiene unos creadores (N de la R: los hermanos Laura y Alberto Caballero) que han dado con la tecla del humor. Los guiones son brillantes, muy divertidos, ligeros y a la vez con contenido. Y esa es una magia no muy frecuente.
—¿Cómo dialoga esa sátira o ese humor con la realidad del movimiento feminista? ¿Te pasó que se haya malinterpretado algo que dice o hace tu personaje?
—Mi personaje es una cosa loquísima, es extremísimo y nunca se prestó a confusión. Creo que se entiende todo porque es tan loco que no se entiende nada. Es la exesposa de uno de los protagonistas, pero al mismo tiempo está instalada en su casa. Es muy divertido hacer el personaje de Blanca, porque tiene un egoísmo que no es socialmente correcto, es alguien a la que todo le da lo mismo. Y yo intento ser una persona bastante correcta socialmente.
—¿Y Machos alfa es socialmente correcto o invita también a replantearse las cosas desde ese otro lugar?
—Invita claramente a replantearse qué nos pasa. Porque es verdad que creo que hemos dado muchos pasos con respecto a la igualdad, pero queda muchísimo por andar y me parece que fundamentalmente hombres, pero también mujeres, todavía no tienen integrada la conciencia del machismo existente. Por ejemplo, el mansplaining es el pan nuestro de cada día. Qué es eso de llegar a un sitio y que un tío te diga cómo hacer las cosas. ¿Por qué das por hecho que yo no tengo ni idea? A mí no se me ocurriría explicarle a nadie cómo hacer las cosas, no soy profesora de nadie.
CHIMENTOS
El horóscopo de hoy: domingo 29 de marzo

ARIES (del 21 de marzo al 20 de abril):
Durante el tránsito de la Luna por Virgo, sentirás una fuerte necesidad de organizar tu vida y poner en orden tus prioridades. Este es un momento ideal para enfocarte en tareas prácticas, mejorar tus hábitos de salud y establecer rutinas que te ayuden a ser más eficiente. La atención al detalle será clave, y podrías encontrar satisfacción al completar tareas pendientes.
TAURO (del 21 de abril al 20 de mayo):
Con la Luna en Virgo, te sentirás más consciente de tus emociones y relaciones. Este tránsito te motiva a mejorar la comunicación con tus seres queridos y buscar estabilidad en tus vínculos. Es un buen momento para reflexionar sobre tus deseos y necesidades, y para establecer un equilibrio entre tus intereses personales y los de los demás.
GÉMINIS (del 21 de mayo al 21 de junio):
La energía de Virgo te impulsa a analizar tus pensamientos y emociones. Durante este tránsito, es un buen momento para planificar y trabajar en proyectos que requieren atención al detalle. Te sentirás más organizado y enfocado, lo que te permitirá avanzar en tus metas personales y profesionales. Aprovecha para comunicar tus ideas con claridad.
CÁNCER (del 22 de junio al 22 de julio):
Sentirás una fuerte conexión con tus emociones y tu entorno familiar. La Luna en Virgo te inspira a crear un ambiente más armonioso en casa. Es un buen momento para abordar temas familiares y resolver conflictos. Además, te motivarás a cuidar de ti mismo y de tus seres queridos, buscando formas de nutrir tus relaciones.
LEO (del 23 de julio al 22 de agosto):
Este tránsito te hace sentir más enfocado en tus objetivos personales y profesionales. La energía de Virgo te ayudará a ser más receptivo a la crítica constructiva y a la autoevaluación. Aprovecha esto para establecer metas claras y trabajar en tu desarrollo personal. Te sentirás impulsado a brillar y a mostrar tus habilidades.
VIRGO (del 23 de agosto al 21 de septiembre):
¡Es tu momento! Con la Luna en tu signo, te sentirás más seguro y capaz de abordar cualquier desafío que se presente. Este tránsito potencia tu intuición y te motiva a enfocarte en tus necesidades personales. Es un buen momento para hacer cambios en tu vida y para cuidar de tu bienestar físico y emocional.
LIBRA (del 22 de septiembre al 22 de octubre):
La Luna en Virgo te invita a ser más introspectivo. Durante este tránsito, reflexionarás sobre tus relaciones y cómo puedes mejorar tu bienestar emocional. Es un buen momento para evaluar tus vínculos y buscar un equilibrio en tus interacciones. Te sentirás más inclinado a cuidar de ti mismo y de los demás.
ESCORPIO (del 23 de octubre al 21 de noviembre):
La energía de Virgo te invita a conectarte más con tu entorno social. Durante este tránsito, sentirás la motivación para colaborar y trabajar en equipo, buscando soluciones prácticas a los problemas. Es un buen momento para fortalecer tus redes y para involucrarte en actividades grupales que fomenten la creatividad y la comunicación.
SAGITARIO (del 22 de noviembre al 22 de diciembre):
Te sentirás impulsado a establecer metas a largo plazo y a trabajar en tu desarrollo personal. La energía de Virgo te ayudará a ser más disciplinado y a poner en práctica tus sueños. Aprovecha este tiempo para planificar tus objetivos y trabajar en ellos con determinación. La atención al detalle será clave para tu éxito.
CAPRICORNIO (del 23 de diciembre al 21 de enero):
Este tránsito te hará más consciente de tus emociones en el ámbito profesional. La Luna en Virgo te motiva a establecer límites y cuidar tu bienestar emocional. Es un buen momento para evaluar tu situación laboral y hacer los ajustes necesarios. Te sentirás impulsado a trabajar en proyectos que te apasionen y que te permitan crecer.
ACUARIO (del 22 de enero al 21 de febrero):
La Luna en Virgo te inspira a buscar conocimiento y aprendizaje. Durante este tránsito, sentirás un impulso por explorar nuevas ideas y proyectos. Es un buen momento para ampliar tus horizontes y compartir tus descubrimientos con los demás. La curiosidad te llevará a nuevas experiencias que enriquecerán tu vida.
PISCIS (del 22 de febrero al 20 de marzo):
Te sentirás más conectado con tus emociones y sensibilidad. La energía de Virgo te ayudará a poner en práctica tus sueños y a trabajar en tu bienestar personal. Este es un buen momento para desarrollar proyectos creativos y para cuidar de tu salud emocional. Te sentirás inspirado a establecer límites que te protejan y a rodearte de personas que te apoyen.
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Teo López Puccio debuta en el Picadero con una obra que fusiona matemática, música y humor: “Era un desafío”

Teo López Puccio, hijo de Ana Moraitis y Carlos López Puccio— fundador de Les Luthiers— debutará en el Teatro Picadero con Problema I, una obra escrita y protagonizada por él que fusiona humor, matemática y música. A sus 27 años, Teo ya trazó un recorrido diverso en el mundo teatral: participó como director musical, compositor, músico y actor en proyectos de referentes como Mariano Tenconi Blanco, Mariana Chaud, Gustavo Tarrío, Juanse Rauch y Marcos Krivocapich.
Su talento fue reconocido en 2022, cuando quedó seleccionado en la Bienal de Arte Joven con los creadores de Dirección desconocida. Más tarde, con Familia no tipo y La Nube Maligna, recibió, junto a Mariana Chaud y Pablo Viotti, nominaciones a los Premios Hugo en las categorías “Mejores letras” y “Mejor música original”. Además, consiguió una nominación personal a “Mejor Dirección Musical” en los Premios ACE y, junto al equipo, obtuvo un ACE al mejor espectáculo infantil.
Ahora, con Problema I, Teo redobla la apuesta y se lanza a escena con una propuesta que promete integrar sus pasiones y su sello personal, combinando el ingenio matemático, la música y el humor en un espectáculo singular. Días antes del estreno habló con Teleshow de esta nueva apuesta arriba del escenario.

—Con solo 27 años dirigiste, protagonizaste y escribiste obras, ¿cómo sucedió?
—Depende de dónde agarre la pregunta, porque tengo una especie de vida de músico y de actor en el mundo del teatro y otra vida como matemático, ligado a la vida académica. Vengo de una familia muy de artistas, mi viejo es humorista, laburó en Les Luthiers, siempre estaba de chico tras bambalinas mirando cómo era el mundo del teatro, de los espectáculos. Mi mamá es cantante, entonces, estoy muy estimulado con el arte desde chico, sin presión por parte de ellos. A los ocho años empecé a tocar el piano, me llevaron a clases de teatro y todo eso me gustaba, me causaba disfrute, desde chiquito tenía intereses, sobre todo por la música, y el teatro también, pero eso lo dejé. Sin embargo, con la música seguí hasta mi adolescencia, seguí tomando clases y tocando el piano, componiendo.
—¿Cómo fue tu primer acercamiento al teatro?
—Primero empecé a ir a unos cursos, un cursito de poesía en mi colegio. Parece que no tiene nada que ver, pero a través de la poesía conocí gente que hacía eventos de poesía performática, que iban y leían en voz alta y me empecé a animar, empecé a salir, empecé a ir ahí y volví a encontrar con gente que me había cruzado cuando era muy chico haciendo cursos de teatro y a partir de ahí surgió todo el mundo del teatro. Como que desde la poesía conocí mucha gente que me empezó a proponer cosas, particularmente Marcos Krivocapich, que hoy es el director del unipersonal que voy a estrenar en abril. Fue como mi primer amigo del mundo del teatro y me propuso hacer una obra con un piano y títeres. Llamó a un par de amigas de él y terminamos haciendo un espectáculo de café concert que funcionó durante varios años y que terminó consolidando una compañía que tenemos hoy en día, que es Estudio QP.
—En medio del teatro y la música, aparece la matemática
—No era bueno en matemáticas para nada, no me gustaban los números en absoluto, pero mi viejo tiene una especie de interés por la ciencia, hizo unos años de ingeniería cuando era joven, un poco obligado por su familia, porque querían que tuviera una carrera seria. Eso en mi familia está: esa curiosidad sincera por cómo funciona el mundo, leer libros de divulgación. Entonces de chico también estaba expuesto a eso, desde un lugar del interés sincero y no científico, porque mi viejo no tiene necesariamente un conocimiento especial sobre esas cosas, pero sí es muy curioso. Desde chico sabía que pese a que no era bueno con los números, tenía mucho la curiosidad. el interés científico, la mirada científica del mundo de simplemente preguntarse cómo funcionan las cosas y estar abierto a entender explicaciones y ver dónde está la evidencia para entender por qué algunas cosas son ciertas y otras no.

—¿Cómo fue el flechazo con la matemática?
—Hacia el final de la secundaria empecé a ver que tenía un par de amigos que iban a las olimpiadas de matemáticas y se juntaban a hacer algo distinto a lo que nosotros hacíamos en las clases, ellos se juntaban a resolver problemas por gusto y algunos eran sobre hacer cálculos, pero muchos otros eran entender por qué algo funcionaba. Lo más lindo no eran las competiciones, sino cuando se juntaban a aprender después del colegio e intentaban entender mecanismos por los cuales algunas cosas ocurrían. Había muchos problemas de geometría y, a mí, que soy muy visual, me gustan las cosas que se pueden entender con los ojos, y la geometría conectó un par de cosas en mí que yo no sabía que me gustaban. Y la geometría es un lugar en donde definitivamente lo que estás haciendo es matemática, pero no es la matemática que uno se le viene a la cabeza, es más tipo: te doy una lista de instrucciones, imaginate que agarrás una regla, un compás, que hacés este dibujo, te doy unos pasos que seguís y fijate que por ahí, si seguís estas instrucciones, siempre estas tres líneas coinciden, sin importar dónde vos hayas puesto los puntos para empezar. De pronto uno dice: “Che, está raro, ¿por qué pasa esto?” y te das cuenta de que detrás de ese dibujo hay una especie de lógica y que se puede comprender con un poquito de razonamiento, pero no hay un cálculo perse, no hay una cuestión aritmética, hay más un razonamiento y con quince, sentí un flechazo. Sentí un flechazo con eso, de pronto me puse a buscar en Internet, charlaba con mis amigos, los que iban a olimpiadas y empecé a leer mucho de ese tema porque me encendía algo adentro mío que nada más había encendido.
—¿Es esa búsqueda de explicaciones lo que te llevó a hacer contenido en redes?
—Creo que no es tanto intentar explicar en sí, sino intentar comunicar el disfrute. Los años que yo pasé estudiando matemática en la UBA fueron fácilmente los mejores años de mi vida, porque la pasaba muy bien. Ahora, el contraste entre eso, entre lo bien que la pasa la gente a las que eso les produce pasión y la percepción pública general que la gente tiene de la ciencia y especialmente de la matemática, donde es una de esas disciplinas en donde la gente no le da vergüenza decir que es mala o que no le interesa, lo dice con naturalidad e incluso a veces hasta con orgullo. Intenté buscar la razón de eso y cuando lo racionalizo digo: ‘Por ahí falta más gente mostrando que se puede estar entusiasmado con algo así’, si la ciencia también es parte de la cultura heredada de la humanidad, lo que nos falta es contagiárnosla entre nosotros. Hago contenido corto ahora, te obliga a simplificar, necesitas hacer las cosas muy para llamar la atención y, para ser sinceros, en dos minutos no podes comunicar una idea verdaderamente profunda, entonces, en redes intentó explicar algo, pero lo más importante es mostrar que a alguien le interesa e intentar contagiar ese interés, ese entusiasmo y si te pica ese bicho, vas a tener toda la información disponible en el mundo.
—¿Cómo nace la idea de juntar todas tus pasiones en una sola cosa, que es Problema I?
—Vi que la cuenta de Instagram estaba funcionando muy bien. Me sorprendió tener una audiencia tan grande, en poco más de un año, y dije: “Che, esto está buenísimo, yo tengo ganas de aprovechar y hacer algo más afuera de las redes”. Hay muchas personas en mi situación que habrían tomado distintos caminos, pero yo tengo a mano el mundo del teatro, aunque no se vea en mi cuenta, es lo que hice durante los últimos siete años, es mi lenguaje natural, donde tengo muchos recursos a disposición y donde conocí a mucha gente muy buena para hacer algo bueno. Me pareció que hacer una obra de teatro era tanto un desafío como algo muy original que podía ofrecerle a la escena local.

—¿Cómo fue el proceso de escribirla con tu amigo?
—La verdad, estuvo muy bueno, porque Marcos es una persona también muy curiosa, le interesan las cosas, pero no es matemático, no sabe del tema como alguien que estudió una carrera, realmente me servía mucho de termómetro y nuestras primeras reuniones eran juntarnos, le contaba algo y él me decía: “Uy, qué interesante, a ver” y si veía ese brillo en sus ojos, yo seguía, seguía y hacía unos dibujos y le contaba cosas que me imaginaba y otras veces empezaba a hablar y él me decía: “Mmm… No, no, eso no” y si no podía convencerlo de que había algo interesante ahí, si no lo veía pedirme más, íbamos por otro lado. Así fuimos haciendo una larga lista de acciones, ideas, anécdotas, chistes, todas cosas relacionadas con la historia de la matemática. Y así hicimos una especie de línea de tiempo desde las primeras civilizaciones que escribieron números hasta los problemas abiertos que sigue habiendo en matemática hace poquitos años, y descartando un montón de cosas en el medio, pero paseando por toda la historia de la matemática. La obra tiene un poco ese dejo de nuestras conversaciones, de un viajero en el tiempo que va encontrando distintas cosas a lo largo de la historia, todas relacionadas con este misterio, que es: ¿qué es la matemática?
—¿Cómo te estás preparando para el estreno?
— La obra está bien. Estamos contentos. Estoy ensayando mucho, terminando de ordenar cosas, hago música para la obra también, pero también produjimos algunos videos, sonido, mucho diseño de cosas y hay objetos, luces, como que hay mucho truco escénico. Me gustaba también esto de salir de las redes, de intentar llevar a la gente a algo que para mí va muy en contra de la época que es poner a la gente en un lugar físico mirando a alguien en escena, sin poder usar tu celular durante hora y pico. De repente se habilitan un montón de cosas. ¿Y cómo hago que esto sea interesante? Bueno, quiero que haya luces, quiero que haya humor a través de sonido, a través de objetos que aparecen. Quiero explicar lo que es una sección cónica intentando encontrar la forma de que la gente lo vea en escena. ¿Cómo hago? Bueno, y ahí surgen un montón de cosas que valen más en el teatro que en cualquier medio grabado. La matemática tiene un poco eso de la sorpresa, de tipo: “Che, ¿cómo puede ser que esto funcione?”. Para mí la forma ideal de hacerlo era ensayar y practicar muchas cosas divertidas de ver.
—¿Le mostraste la obra a tu papá antes del estreno?
—A mi viejo le llevé algunas cosas, le mostré algunas cositas. Todo le divierte, todo le gusta. Y ni siquiera tenemos necesariamente el mismo sentido del humor. Hay cosas donde efectivamente él quizás no entiende por qué lo que yo estoy haciendo va a ser gracioso, pero hay algo de distintos consumos culturales a lo largo de los años. Pero conectamos mucho. Le pedí ayuda con unos chistes, estuvo bueno. le pasé el libreto entero y me dijo: “No, no, no lo quiero leer. Lo veo en el estreno. No te preocupes”. Me pareció lindo. Confía, igual le fui contando mucho del proceso.
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