CHIMENTOS
Luchi Patrone y Tato Algorta, a pura complicidad y desafío en #Detaquito

El estudio se llena de nervios y risas mientras se preparan para competir en las distintas categorías del juego, que incluyen deportes, geografía, historia, espectáculos y ciencia. Con el botón de respuesta entre ambos, la estrategia y la rapidez se vuelven esenciales. “Acordate que no podés contestar hasta que toques esto”, anticipa Tato Algorta al comienzo del juego y señala el botón roj
40 fotos: el cóctel de bienvenida al embajador de los Estados Unidos, Peter Lamelas, organizado por AmCham
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La primera pregunta de la tarde incluye al mundo del espectáculo: “‘No era jamón, era japaleta.’ ¿Quién dijo esta frase de la farándula argentina?“ Ante la consigna, Tato aprieta el botón de respuesta: “No tengo ni idea, pero me la voy a jugar. Arranco con toda”, lanza antes de responder al azar que es Aníbal Pachano quien pronunció cierta frase célebre. Pero inmediatamente interviene Luchi Patrone: “Te tiré para que la adivines mal. Te la robo. Moria Casán”. La respuesta resulta correcta y la ronda se llena de carcajadas: “Jajaja. Era muy Moria esa frase para mí.”, celebra Luchi, mientras Tato reclama con humor: “Empezamos mal. Yo les dije que tiene suerte”.
Ambos dejan que la espontaneidad maneje el desarrollo del programa. “Estoy un poquito nervioso”, reconoce Tato, y Luchi se suma: “Yo también estoy nerviosa”. Cuando llega una pregunta sobre deportes: ¿Quién es el último argentino en ganar un Grand Slam? La energía aumenta: “Esta es la mía”, se anticipa Tato y agrega: “Creo que no necesitaría ni opciones, pero por las dudas vamos a escucharlas…”, y da la respuesta que lo consagra: “La opción correcta es Juan Martín del Potro fue el último en ganar un Grand Slam y fue un US Open”. La producción ratifica y el punto suma: “¡Vamos!“, festeja Tato, mientras Luchi concede: “Era la intuición”.
La amistad y la rivalidad se cruzan en bromas sobre sus supuestas habilidades deportivas. “Yo soy muy buena en los deportes, la verdad. Pero responder bien es otra cosa. Vos me ponés a hacer gimnasia, me sale. Jugué al handball, voley, básquet, de todo. Si me pongo, va bien. Pero acá, responder es otra cosa”, reflexiona Luchi con humildad y humor. Tato suma: “Yo me tengo mucha fe en Deportes, así que rezá para que no toque mucho de ese tema”.
El recorrido por las preguntas revela momentos de vulnerabilidad, como cuando hablan de su desempeño escolar. “¿Cómo te iba en el colegio?, nunca te pregunté eso”, pregunta Tato. “No, no, es un tema que no tenemos que traer a la mesa”, sonríe Luchi. “¿Es un tema tabú?”, acota Tato, mientras Luchi recuerda: “Siempre aprobaba todo; a fin de año estaba ahí para rendir y aprobaba todo”.

El desafío de geografía los enfrenta a una pregunta clásica: ¿Cuál de los siguientes países no tiene salida al mar: Bolivia, Chile, Turquía o Egipto? Luchi, tentada por la duda, responde “Egipto”, pero Tato detecta el error y agrega pedagógicamente: “La respuesta correcta es Bolivia”. Luchi se ríe de sí misma: “Iba a decir Bolivia pero me arrepentí”, y la anécdota hace crecer la confianza y la distensión entre ambos.
En medio del juego, las apuestas empiezan a surgir. “¿Qué apostamos?”, tira Luchi. “Luchi cocina poco, pero cuando cocina, cocina bien. Podría cocinar algo”, sugiere él. Ella retruca: “No, un almuerzo después de acá”.
Las preguntas de ciencia ponen a prueba el conocimiento de ambos y generan incertidumbre: “¿Qué gas constituye la mayor parte del aire que respiramos?”, lee la producción. Tato se apresura: “La respuesta correcta es oxígeno”. Sin embargo, Luchi tiene la última palabra: “Nitrógeno”, responde con seguridad. Y la producción confirma que su respuesta es correcta. Seguido de un baile para festejar el acierto Luchi comenta: “Eso es porque estas canchereando mucho amigo”.

La ronda avanza hacia las últimas preguntas con el marcador ajustado. Los nervios crecen y llega la siguiente pregunta sobre Historia: “¿Quién fue el último Faraón de Egipto?”. “Ahora sí, el papelón está asegurado”, se ataja Tato. Entre risas Luchi acompaña el sentimiento: “Ahora sí, ya está, me doy por vencida”. Luchi se anticipa a apretar el botón de respuesta y contestar con seguridad: “Cleopatra”. Ante el acierto de su compañera Tato se agarra la cabeza y comenta: “¡No, no, a suerte que tiene!”.
La pregunta final determina como cierra la competencia: “¿De quién es el tema musical ‘Diva Virtual’: Daddy Yankee, Don Omar, Macano o Luis Fonsi?“. La decisión se vuelve estratégica y la pulseada por el botón se intensifica. Finalmente, Luchi tira el batacazo: “Don Omar”. Y confirma el triunfo: “Chequea cómo se menea, amigo. ¡Amigo, te descosí!, decí la verdad”. Tato acepta la derrota y recuerda la apuesta inicial: “¡Ay, no! ¡Tengo que pagar el almuerzo!”
La complicidad, el compañerismo y la diversión perduran más allá de la competencia en #Detaquito. “No pasa nada. ¿Querés revancha? Hacemos revancha”, propone Luchi, dejando abierta una promesa para el próximo encuentro. Tato concluye, fiel a su humor: “Voy a soñar con Don Omar y Daddy Yankee”.
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CHIMENTOS
La vuelta de Claudio Orellano en LAM: “Me sorprende que después de tantos años la gente en la calle me recuerde”

Claudio Orellano inició su camino en los medios de comunicación durante la década de 1980, desempeñándose en emisoras como Radio Argentina y Rivadavia, así como en Canal Nueve. Ese recorrido le permitió posicionarse en la escena radial y televisiva antes del salto al medio que reconfiguró su carrera.
Su trayectoria quedó marcada en la industria televisiva argentina cuando asumió la conducción del noticiero central de Crónica TV en 1994, un puesto que acompañó el nacimiento del canal y constituyó su despegue profesional. Orellano permaneció en ese rol hasta el año 2000, período en el que el equipo obtuvo seis premios Martín Fierro consecutivos, estableciendo un registro poco frecuente para un ciclo informativo.
La gestión de Crónica TV durante los años 90 consolidó una nueva lógica de producción periodística en televisión abierta, con la imagen y el estilo de Orellano al frente del formato central del canal. Orellano mantenía comunicación directa con Héctor Ricardo García, fundador de la señal, al momento de proponer correcciones en la rutina diaria del noticiero.
Al presentar su renuncia en 2000, Orellano reorientó su carrera hacia la locución profesional y se integró como voz institucional en el programa Intrusos y en eventos de Boca Juniors, donde ejerció como “voz del estadio”. Hoy, la noticia es que su voz se escucha en LAM (América), el ciclo que encabeza Ángel de Brito.
—¿Cómo fue tu llegada a LAM?
—Fui invitado a Bondi por Ángel de Brito, para hablar de mí, hablar un poco de Crónica TV, querían que también aborde el tema de Anabela Ascar. Ángel me encantó, me trató muy bien. Además fue una charla muy animada, afectiva, y yo me fui muy contento.
—¿Cómo surgió la propuesta para incorporarte al programa?
—Empezó a surgir con fuerza la versión porque me llama una productora de Bondi, y me dice ella: “¿No te interesaría estar en el programa? Vos serías un buen ingreso para el programa, una buena voz”. Le digo: “Mirá, si tenés ganas de decir algo, decilo, yo no tengo problema”. Yo como que ahora trato de no inflar mi ansiedad. Cuando me hacen este tipo de propuestas, yo lo tomo todo con tranquilidad.
—¿Cómo fue la bienvenida y tu adaptación al equipo?
—Me convocaron sin vueltas. Me mandaron el contrato, que es hasta fin de año. Empecé un lunes y la verdad que me recibieron muy bien. Ángel, un capo. Muy bien las chicas, muy bien las productoras. Me dieron una bienvenida enorme. Me siento muy contenido. Ángel me dijo: “Tenés libertad para hacer lo que quieras”. En ese sentido es muy piola. Ahora lo que estoy haciendo es tomar atención, viendo cómo se maneja el programa. Me siento cómodo y las dos horas se me pasan volando.

—¿Sentís que nunca te fuiste de la televisión?
—A mí lo que me sorprende es que después de veinticinco años que me fui de Crónica y veintitrés que dejé la TV abierta, después hice cosas en TV por cable, hice Campeones en el garage, algunos programas deportivos… y cuando me encuentro con la gente en la calle, en cualquier lugar, me recuerda momentos de mi paso por Crónica TV, ahí te das cuenta que no te fuiste.
—¿Te llamaron de Crónica para volver?
—El año pasado me llamaron porque estaban por hacer un libro y un video de la historia de Crónica TV, una charla de reportaje que no salió al aire, pero duró una hora y media, contando cosas de Crónica TV. Después me llamó Hugo Ferrer, para que le hiciera un relatp de cómo se vivió en Crónica TV el 18 de julio del 94, el día del atentado a la AMIA. Hice la entrevista, de cómo fueron los primeros minutos de la cobertura. Lo único que le cuestioné a Hugo en ese momento es que él pone: “Claudio era la voz de las placas”. No era la voz de las placas, era el conductor.
—¿Se habló de una posible vuelta?
—En un momento, cuando fui de visita, tomó mucha fuerza la posibilidad de que yo vuelva. Quiero reconocer a Facundo Pedrini, Director de Noticas del canal, que puso mucha energía para que yo vuelva. Hubo rumores que en marzo o abril de 2024 iba a volver, pero después no pasó nada. Por eso, ante esas posibilidades de trabajo, siempre me mantengo cauto. Cuando fui a esa participación, fue una conmoción en el canal y la gente llamaba. Me fui muy contento ese día.

—¿Te gustaría volver a hacer noticieros?
—Si me llamaran, volvería, pero a mí me gustaría ir a otro canal a hacer noticias. Me llama poderosamente la atención que no me hayan llamado de ningún noticiero en todo este tiempo, de otro canal. Hay otra gente que se ha ido y después aparecían en otros. Yo nunca pude recalar en un informativo. En la primera etapa de América, mil veces le pedí a Liliana Parodi que me pusiera en el noticiero, pero no ocurrió. Sé cómo trabajar en América, no es Crónica TV. Ahora, por ejemplo, leo la tanda muy abajo, que no es mi costumbre, soy un tipo muy estridente en general. Pero la tanda la tengo que leer abajo porque así lo pide el productor comercial y está muy bien.
—¿Qué te entusiasma?
—Me ha pasado que en el último tiempo cada vez veo menos televisión. Me la pasaba viendo fútbol y series. Así como me gustaría estar en un canal de noticias, no veo canales de noticias prácticamente. También veo que hay profesionales en los informativos que no están preparados. Veo mucha gente nueva a la que le falta información o no se preocupa en buscarla. Cuando hay un hecho histórico, como el conflicto en Medio Oriente, hoy la gente se informa por Twitter o por X, o por los famosos shorts. A mí me gusta decir cortos, o cuando dicen el streaming… En realidad, el streaming es el canal digital. Bondi es un canal de televisión digital. Hoy los canales digitales compiten con los canales de noticias.
—¿Cómo vivís la pasión por el oficio?
—Hoy es distinto. Yo soy un fanático de la radio. Cuando estuve en Nacional a la madrugada, todas las tardes escuchaba a Mario Wainfeld. A veces, lo llamaba y le agregaba un dato y siempre me agradecía los aportes. Ahora me pasa que no escucho radio, increíblemente. Lo que veo mucho son los portales, me obligo a verlo. A la noche cuando me tiro, me pongo a leer cosas, me pongo a ver los famosos shorts, videos cortos, también. Y si veo que hay una entrevista que me interesa, me la veo entera, aunque dure cuarenta minutos.
—¿Pensás que son etapas?
—Quizás no tanto como cuando era más pibe, pero era un fanático de la radio y hoy no escucho prácticamente radio. Cuando quiero escuchar música tengo Spotify y YouTube. Tal vez suceda, que a veces uno vuelve a la radio o a determinado programa que le gusta. Y ojo, tengo la aplicación en el celular. Si un día me agarra, hago un programa de radio.
—¿Cómo fue tu primera vez en la radio?
—Yo me recibí el 28 de diciembre, el día de los Santos Inocentes del 82. El 29 fui de visita a Radio Buenos Aires a ver a César Gómez, para decirle que me había recibido de locutor. Me agarra un locutor del informativo y me dice: “Che, voy a leer el noticiero a las tres y media de la tarde, ¿querés leerlo conmigo?” “Bueno, dale”. Me puse a leer el noticiero ahí en Radio Buenos Aires. Pero en rigor, el debut profesional fue en un partido de fútbol, que me llevó César a Radio Fútbol Color, lo hacía Miguel Ángel de Renzis, llamado ‘el relator de la doble emoción’. Empezamos a hacer la tanda ahí con César, en un partido entre Independiente y Talleres de Córdoba, 15 de enero del 83. Ese fue mi debut profesional.
—¿Qué pasó después?
—Después fue lo de Noches de Cuadrilátero, transmisiones de boxeo en Radio Argentina, con Hernán Santamiccoli. Y después llegó la gran oportunidad, cuando todavía trabajaba en el banco. Me entero de un casting en el estudio CAB, en la calle Montevideo, para dos programas: Radio Reloj, que iba a conducir Ariel Delgado, y Enhorabuena, que lo hacía Cacho Fontana. Nos presentamos fácil doscientos cincuenta locutores. Imaginate que era nuevo, joven. Había tipos muy famosos. Y resulta que Cacho me eligió. Me eligió a mí y a tres más.
—¿Cómo fue dejar el banco por los medios?
—Cacho Fontana me pagaba cuatro mil pesos y yo cobraba en el banco mil cuatrocientos, mil quinientos. El banco me ofreció trabajar a la tarde, de trece a veinte, pero no acepté. No quería laburar doce horas y media. Después trabajé en Crónica doce horas, así que mejor ni hablo (se ríe)

—¿De dónde viene tu amor por la radio?
—En parte porque con mi abuelo escuchaba radio, me crié con mis abuelos. Escuchaba el Fontana Show. Para mí, llegar a trabajar con Cacho fue un orgullo. Con Ariel Delgado también, hicimos Radio Reloj en el 83 y después nos juntamos en Crónica TV en el 96.
—¿Hay alguna anécdota con Cacho Fontana que recuerdes?
—Un día me llama Cacho al canal y me dice: “Claudio, ¿cómo te va, hola?” Yo le decía “maestro”. “Che, decime cuánto te tengo que pagar las publicidades que grabaste”. “Nada”, le digo. “No tenés que pagarme nada. Para mí es un orgullo grabarte tu publicidad”. Un día se aparece por el estudio con un sobre muy fino, donde había una corbata de seda italiana y una esquela que decía: “Al amigo con cariño, Norberto Palese”. Me sorprendió con eso Cacho.
CHIMENTOS
La verdad detrás del video viral de Nico Vázquez que involucró a Gimena Accardi

En las últimas horas, un video publicado por Nico Vázquez generó revuelo en redes sociales y desató una inesperada ola de especulaciones. El actor compartió en sus historias un momento familiar muy especial: la emoción por la graduación online de su hermana, Soledad, que se recibió como coach.
Sin embargo, lo que debía ser simplemente un festejo íntimo terminó convirtiéndose en tema de conversación en internet. En el video se escucha la risa de una mujer que está detrás de cámara, lo que despertó la curiosidad de los seguidores. Muchos usuarios aseguraron que esa voz pertenecía a Gimena Accardi, expareja del actor tras una relación de 18 años.
Los comentarios no tardaron en multiplicarse y algunos incluso comenzaron a especular con un supuesto reencuentro o acercamiento entre los actores. Frente al crecimiento de la versión, la propia Accardi decidió salir a aclarar la situación.
La actriz fue consultada por el programa Los Profesionales cuando salía de los estudios de Olga y respondió con total naturalidad sobre el video que se había vuelto viral. “No soy yo, es la novia de Nico, por supuesto”, explicó sin rodeos, en referencia a Dai Fernández, actual pareja del actor y también su compañera en la obra teatral Rocky (obra teatral argentina).
Lejos de mostrarse molesta por la confusión, Accardi se tomó la situación con humor y reconoció que ella misma había visto la viralización del clip en redes sociales. “Buenísimo que me lo preguntes porque vi que fui viral porque es muy parecida la risa, pero no, no soy yo”, comentó entre risas.
CÓMO NACIÓ LA CONFUSIÓN EN REDES:
El video que compartió Vázquez mostraba el momento exacto en que su hermana recibía la noticia de su certificación como coach durante una videollamada. Mientras la familia celebraba el logro, se escuchaba de fondo la risa de una mujer que estaba filmando la escena.
Ese detalle fue suficiente para que muchos usuarios en redes sociales interpretaran que la voz pertenecía a Accardi, lo que rápidamente alimentó rumores de una posible reconciliación o al menos de un reencuentro en el ámbito familiar.
Sin embargo, la actriz dejó en claro que no tenía nada que ver con el video y que todo se trató de una simple coincidencia. “No era nada malo, solo que la gente confundió la risa”, aseguró, restándole dramatismo a la situación.
Tras casi dos décadas juntos, la pareja decidió poner fin a su relación y desde entonces ambos continuaron con sus proyectos personales y profesionales. Hoy, el actor mantiene una relación con Dai Fernández, con quien además comparte escenario en el teatro y una química pocas veces vista.
Nico Vázquez
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Julieta Cayetina y su regreso a las tablas: “No solo trabajo con el humor, es parte de mi vida”

La risa como refugio, la ironía como escudo y la ternura como salvavidas: Julieta Cayetina vuelve a apostar por el humor para hablar de lo incómodo, de lo triste y de esas microtragedias cotidianas que, aunque duelen, rara vez nos transforman del todo. Al final las tragedias no mejoran a nadie, la comedia dramática que escribió, dirige y lleva a cabo con un elenco de lujo, regresa a Timbre 4 y promete hacer pensar y reír en partes iguales. En una charla íntima y exclusiva con Teleshow, Cayetina abre su universo creativo, revela cómo sus propios recuerdos y vínculos familiares se colaron en la obra y cuenta por qué confía en el humor como la mejor herramienta para atravesar la vida.
La historia nos traslada a fines de los años 80, donde Berta y Luisa, encarnadas por Miriam Odorico y Cinthia Guerra, dos viudas que sobreviven a fuerza de chismes y rutinas, heredan un hotel rutero venido a menos. Sus días, y sus certezas, se ven sacudidos con la llegada de Cecilia, una joven embarazada dispuesta a romper esquemas y a parir en ese lugar. La aparición de Cecilia, encarnada por Dalma Maradona, empuja a las protagonistas a tomar decisiones inesperadas, enfrentarse a sus propios límites y redescubrir, con humor y ternura, su sexualidad y sus ganas de vivir intensamente.
El reestreno de la obra es este sábado 7 de marzo en Timbre 4, el espacio cultural de Boedo que se ha convertido en uno de los polos teatrales más atractivos de Buenos Aires. Allí, Cayetina apuesta una vez más a la dramaturgia honesta, el trabajo en equipo y la posibilidad de generar identificación en distintas generaciones de espectadores. Y, con el regreso a las tablas, su creadora desmantela todas las intimidades y detalles del proceso creativo que llevó a cabo para darle vida.

—El título de la obra es muy fuerte y directo. ¿Cómo nació esa frase y qué significa para vos?
—En realidad tiene un doble sentido. Cuando se habla de tragedias no me refiero a las tragedias grandes de la vida, esos golpes fuertes, sino a las microtragedias, esas situaciones cotidianas que uno exagera y dice: “Uy, me pasó tal cosa” y se instala en esa sensación de tragedia. Pensás que va a cambiar la actitud de alguien, pero la persona sigue siendo la misma. Surgió en una charla con amigas, hablando de alguien que había pasado por una de esas microtragedias y todas decían: “Seguro que ahora va a cambiar”, pero al final seguía igual, haciendo lo mismo y lo malo. Así que un poco surgió de eso, de que al final las tragedias no cambian a nadie.
—En la obra aparecen situaciones difíciles atravesadas por el humor. ¿Por qué decidiste combinar esos elementos?
—En realidad es una comedia, no tiene drama. Toca temas que uno podría pensar como difíciles, como la viudez o la muerte, pero creo que todo depende del punto de vista. Yo quería hablar de esos momentos de la vida, mostrar que quedar viuda no significa que la vida se termina. La obra está situada a fines de los 80 porque me interesaba trabajar en otro contexto, incluir recursos de la época como los avisos fúnebres del diario, en vez de, por ejemplo, Tinder para buscar pareja. Yo soy de esa década, me crie con mis abuelas, la radio a todo volumen, leyendo el diario, y quería explorar esos recursos y esos momentos desde el humor.

—Le das la oportunidad a quienes no vivieron esa época de conocerla. ¿Pensaste para qué público era la obra?
—Sí, lo hicimos mucho en los ensayos. Estuve casi tres años escribiéndola y nos preguntábamos quién iba a venir a verla. Me sorprendió muchísimo la cantidad de gente joven que se acerca, le interesa la temática y disfruta la obra. Pensé que sería para público de cuarenta para arriba, pero viene mucha gente de veinte y de treinta años. Cosas como el teléfono fijo de dial para los más jóvenes es toda una novedad y les encanta descubrirlo.
—¿Qué fue lo que más te desafió a la hora de construir esta obra?
—Soy muy exigente y, aún con la obra en escena, sigo ajustando y mejorando cosas. Además, abrí el proceso a las actrices, para que pudieran aportar ideas y sugerencias. Me gusta mucho el trabajo en equipo. El mayor desafío fue abordar temas como la sexualidad o la muerte desde el humor, sin caer en lo burdo. Sabía que iba a dirigir la obra mientras la escribía, así que fui muy atenta a que el humor no fuera forzado ni básico, sino que tuviera gracia y que la gente se riera desde ese lugar.

—¿Te resultó sencillo combinar el humor con temas difíciles o cotidianos en el escenario?
—Para mí es algo natural, porque no solo trabajo con el humor, sino que es parte de mi vida. En mi familia siempre usamos la ironía y el humor para atravesar situaciones, incluso las difíciles. Me resulta más fácil escribir desde el humor que desde el drama. Hasta en mis textos más tristes le encuentro algún matiz humorístico, porque así veo la vida.
—¿Tuviste alguna inspiración particular para la trama o los personajes?
—Me crie con mi abuela y sus amigas. Siempre las acompañaba a cenar, al cementerio, a tomar algo. Era mi plan favorito y me llenaba de energía escuchar sus historias y anécdotas. Empecé a escribir ideas, frases, imágenes disparadoras que luego se transformaron en escenas. Estudié mucha dramaturgia y tuve la suerte de contar con la supervisión de dos grandes como Mauricio Kartun y Mariano Tenconi Blanco. Me ayudaron mucho, sobre todo a editar y a enfocarme en lo importante. Había mucho material y aprendí a recortar, a dejar solo lo que suma.

—¿Pensaste en tus actrices mientras escribías la obra?
—Sí, con Dalma (Maradona) somos amigas hace varios años y siempre quisimos hacer algo juntas. Atravesamos juntas los embarazos de nuestros hijos, nuestros hijos tienen la misma edad y también nos tomamos la maternidad con humor. Cuando escribí la obra, el personaje de Dalma, Cecilia, está embarazada y un día, en la radio, le dije: “Tengo una noticia buena y una mala”. Sabía que ella quería hacer teatro y este formato le iba a servir, porque con sus hijas tan chiquitas una obra comercial o de más días por semana se le iba a complicar. Le propuse hacer la obra y le avisé que iba a estar embarazada todo el tiempo sobre el escenario. Miriam Odorico es una actriz que admiro mucho, es súper exigente, siempre busca la excelencia y está predispuesta a trabajar en equipo. Este año se sumó Cinthia Guerra, que la vi en otra obra y me impactó su presencia escénica y su energía. Así que el trío es espectacular y la sinergia entre las tres es hermosa.
—¿Sentís que con esta obra lograron que el escenario sea un lugar para reírse de lo incómodo o lo triste, y que la gente salga pensando o con algo positivo?
—Nos pasa mucho que la gente nos escribe después de la función o deja comentarios muy lindos en Internet. Nos cuentan desde qué lugar la obra los movilizó. Viene gente joven que quiere traer a sus madres, o madres que quieren traer a sus amigas. Hay gente que ya vino tres veces. No me gusta decir que quiero dar una enseñanza, pero sí compartir mi mirada del mundo. Si a alguien le sirve para despertar algo, aunque sea una fibra, me llena de emoción y gratitud. Si lográs que alguien se quede pensando es espectacular, pero no escribo con esa intención, sino desde mi búsqueda y mis experiencias. Si eso toca a alguien, es un regalo.

—¿Cómo te sentís con el reestreno y qué esperás de esta nueva temporada?
—Estoy feliz del elenco, de estar en Timbre 4, de apostar a un reestreno. Hacer teatro no es fácil, pero tenemos la suerte de vivir en una ciudad con mucha oferta y precios accesibles. Para mí lo importante es que la sala esté llena de risas y que la gente pueda venir a disfrutar. Hago hincapié en las entradas accesibles porque quiero que todos puedan venir. Son pocos los que pueden vivir del teatro, pero la satisfacción no pasa solo por el número de venta, sino por ver la sala llena y la gente disfrutando, aunque sea con descuentos o invitaciones.
—¿Qué otros proyectos tenés a futuro?
—Estoy escribiendo un libro, aunque todavía no puedo contar mucho, pero ya tiene editorial y espero que pronto se publique. También estoy trabajando en proyectos audiovisuales y estudiando dramaturgia. Desde que fui madre, se despertó mucho mi necesidad de escribir y ahora me estoy dando el espacio para desarrollarme en eso, además de mis otros trabajos. Estoy muy contenta y agradecida por poder hacerlo.
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