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CHIMENTOS

Luis Ventura perdió un juicio millonario y quedó al borde de la bancarrota

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Tras cuatro años de litigio, Mariano Israelit le ganó el juicio a Luis Ventura por acusarlo de llevarle droga a Diego Maradona.

En 2021, Luis Ventura dijo en «Fantino a la tarde» (América TV) que Israelit «le llevaba la merca, que no joda más. Esa es la realidad. Te lo digo yo, y tengo testigos de acá adentro de esta empresa«.

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CHIMENTOS

De la comedia al drama, Nazareno Casero se la juega con Bebé Reno en el teatro argentino: “Es un trabajo empático”

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El actor habló en exclusiva con Teleshow sobre el unipersonal que lo pone a prueba como nunca, la expectativa del público tras el éxito en Netflix (Crédito: Agencia Coral)

Nazareno Casero está acostumbrado a saltar al vacío: lo hizo de chico en la tele junto a su padre, lo repitió en el cine con papeles consagratorios y ahora, en uno de los desafíos más intensos de su carrera, se sube solo al escenario para encarnar Bebé Reno, el unipersonal de Richard Gadd que conmovió a millones y aterriza en Buenos Aires con una impronta local. Esta vez, Nazareno no solo juega con la exposición y la incomodidad, sino que se zambulle en la mente de un hombre acosado, obsesionado y vulnerable, en una obra que mezcla el humor y el horror con la honestidad brutal de lo vivido en carne propia. En exclusiva con Teleshow, el actor cuenta cómo es transitar este fenómeno teatral desde adentro, el vértigo de enfrentar a la platea solo y lo que significa llevar su propio apellido al límite del riesgo.

Habituado a los universos delirantes y a los saltos de género, desde los sketches de Cha Cha Cha junto al mítico Alfredo Casero, hasta los reconocimientos por Crónica de una fuga y largometrajes como Arizona sur, Nazareno se prepara de cara al estreno de Bebé Reno con una mochila cargada de experiencia, pero también con la humildad de quien se sabe ante una propuesta distinta a todo lo anterior. La obra, que tiene fecha de estreno el próximo 28 de abril en icónica sala Pablo Neruda del Paseo la Plaza, exige un cuerpo a cuerpo con el dolor, la risa y el tabú: el actor debe sostener la historia, el ritmo y la tensión sin red, mientras el público oscila entre el nerviosismo, la empatía y la carcajada.

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En este presente, donde los Casero siguen marcando agenda, Nazareno se anima a romper el molde y a desafiar el legado familiar bajo la dirección de Indio Romero. Bebé Reno no es solo un salto artístico, sino también un viaje personal: un espacio donde lo incómodo y lo universal se dan la mano, y donde el actor se enfrenta a un público que, más que nunca, espera salir del teatro tan conmovido como sorprendido. Con la energía de quien nunca elige el camino fácil, el actor vuelve a demostrar que el escenario es, para él, el mejor lugar para reinventarse.

Un hombre con cabello corto y barba ligera, vestido con una camiseta negra, sostiene un libro titulado "Baby Reindeer" frente a un fondo beige
Nazarena Casero se prepara para llevar adelante el unipersonal de Richard Gadd (Crédito: Agencia Coral)

—¿Cómo te sentís con la propuesta de “Bebé Reno”? ¿Qué fue lo primero que pensaste al leerla?

—Al principio, cuando te llega una propuesta así es algo que está buenísimo, porque es una obra muy compleja, que requiere mucho del actor y de ejecutar eso, pero también por lo que significa hacer un unipersonal, pasar la página. Para mí es un halago, un mimo muy grande. Cuando empezás a meterte en la obra y hacés el guion te das cuenta de lo compleja que es, es un gran laburo. Es alucinante lo que escribió Richard Gadd.

—¿Tomaste como un desafío tener que ponerte en la piel de un personaje tan complejo y con una historia tan personal como la de Gadd?

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—Sí, además la historia es muy puntiaguda, porque toca para todos lados. Habla de comportamiento humano, de relaciones humanas. Y no solo eso, sino que la serie fue un éxito, entonces claramente genera un interés en el público.

—¿Te pareció difícil abordar vivencias tan extremas como las que cuenta Gadd, especialmente el caso de acoso que dispara el unipersonal?

—Es una historia muy personal la que él cuenta. Uno tiene la suerte de no haber vivido algo tan propio como lo que vive el protagonista, pero en su historia también uno ve situaciones familiares. El argentino tiene algo con el espacio personal del otro. Somos cariñosos, nos interesa lo que le pasa al otro, nos metemos, somos chusmas. Hay una familiaridad en el aire, independientemente de si vivís o no una situación de acoso de tal magnitud.

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Richard Gadd, con sudadera gris, y un hombre mayor de pelo canoso y camisa a cuadros posan frente a una pared verde azulado claro
Casero e Indio Romero, quien se encarga de la dirección del unipersoanl que se estrenará el 28 de abril (Crédito: Agencia Coral)

—¿Sentís que hay un choque cultural en el trato, considerando que Gadd es escocés y los argentinos somos distintos para vincularnos?

Nosotros somos bastante especiales. Tuve la suerte de viajar y conocer otras culturas, y la verdad es que tenemos una manera de ser que genera mucha curiosidad en el extranjero. Nuestros límites son muy difusos. Entre amigos nos decimos barbaridades, pero lo hacemos con cariño y confianza. En otros lugares del mundo eso se ve distinto. Tenemos una tolerancia a muchas cosas, somos resilientes, lo que nos fue llevando la vida y la coyuntura. De alguna manera, vivimos situaciones que naturalizamos.

—¿Cómo fue el proceso de ensayo y preparación para un personaje tan complejo, que mezcla temas difíciles con humor?

Creo que el humor está en todos lados. Hay definiciones que dicen que el humor son cosas correctas puestas en el lugar incorrecto. Incluso podés encontrar humor en un velorio. Obviamente ante el dolor propio o ajeno se interpone eso, pero el humor está aunque no te genere una carcajada. Cualquier situación, si la descontextualizás, puede ser graciosa y terrible a la vez. Él desde su óptica puede contar lo que le pasa absorbiendo el impacto, lo que le sucede a Gadd le cambia la vida, pero tiene la fortaleza de encontrar comicidad en algo tan grave.

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—¿Estás buscando volcar algo de vos o tu mirada al personaje, o seguís estrictamente el original?

Ahora lo más importante es la cantidad de texto que tiene el personaje. Hay mucho texto y uno tiene que aprenderse la letra, no le podés escapar. Si no sabés la letra, no le podés dar el significado que tiene la obra. Hay que trabajar mucho lo emocional, lo actoral, lo performático, y es un esfuerzo que tiene su peligro porque me voy solo al escenario por más de una hora. Pero estoy feliz, porque sin duda es el desafío más grande que me toca hacer desde que actúo, y dentro de todo ese trabajo hay mucho goce.

Bebé reno - Baby Reindeer - Netflix
El fenómeno de «Bebé Reno» partió de la obra unipersonal del escocés Richard Gadd, quien también interpretó la adaptación en la pantalla chica (Netflix)

—¿Te ayuda a ponerte en los zapatos de otro, a empatizar con historias que no viviste en carne propia?

Sí, es un trabajo empático. La definición es esa: sentir lo que el otro vive sin tener que vivirlo uno mismo. Poder jugar ese rato a estar en esa situación, sentirlo y hacerlo sentir a otros, es de lo que más agradezco de actuar. Y estoy aprendiendo mucho junto al director Indio Romero y el equipo, tomando clases y resolviendo cosas nuevas para poder manejar todo este mundo. Es una aventura increíble y me siento muy afortunado.

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—¿Qué te genera compartir cartelera porteña con tu hermana Minerva, que estrena Anastasia casi a la par de tu debut con Bebé Reno?

Me encanta. Minerva es muy talentosa, muy dulce y es muy buena. Me parece que está bárbaro lo que va a hacer, me contó y me encantó lo que me contó. Es un laburo soñado, va a estar buenísimo y me encanta poder verla crecer. Somos muy unidos y estoy muy contento, muy contento con ella.

Dos hombres en un estudio gris. Uno de pie, con camisa a cuadros, entrega un documento a otro, sentado en una silla de madera y vistiendo una sudadera gris. Ambos sonríen
De la mano de Indio Romero, Casero se anima a un guion crudo y actual, donde la empatía y el riesgo son protagonistas de su trabajo actoral (Crédito: Agencia Coral)

—¿Qué expectativas tenés de este proyecto y qué te gustaría que el público se lleve después de verte en el escenario?

Hay una frase que dice: “La expectativa genera sufrimiento”. Aprendí que no puedo poner demasiadas expectativas porque si no, ni me subo al escenario. Sí creo que es una obra que tiene mucho para contar, una montaña rusa de situaciones y emociones. Lo que espero es poder transmitirle a la gente el significado de la historia y que quienes vengan se vayan tocados, ya sea porque les gustó, porque les impactó, o porque se identificaron. La obra tiene mucho para dar y estamos trabajando para que el público se lleve lo mejor.

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CHIMENTOS

El horóscopo de hoy: miércoles 1 de abril

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ARIES (del 21 de marzo al 20 de abril)

La Luna llena en Libra ilumina tu eje vincular. Las relaciones toman protagonismo y algo se revela: una verdad, una necesidad o un desequilibrio que ya no podés ignorar. Es un momento de toma de conciencia en el amor y en los acuerdos con otros.

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TAURO (del 21 de abril al 20 de mayo)

Esta Luna llena pone el foco en tu rutina y en tu cuerpo. Algo en tu día a día llega a un punto de culminación: hábitos, trabajo o formas de cuidarte. Es momento de ver qué te sostiene y qué ya no te hace bien.

GEMINIS (del 21 de mayo al 21 de junio)

La energía se vuelve creativa y emocional. Esta Luna llena activa el disfrute, el romance y la expresión personal. Puede haber definiciones en el amor o una necesidad de mostrar lo que sentís sin filtros.

CANCER (del 22 de junio al 22 de julio)

La Luna llena ilumina tu mundo interno: hogar, familia, emociones profundas. Algo se mueve en lo íntimo, puede haber cierres o revelaciones dentro del ámbito familiar. Necesidad de equilibrio entre lo público y lo privado.

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LEO (del 23 de julio al 22 de agosto)

Esta Luna llena activa la comunicación. Palabras que se dicen, conversaciones importantes o decisiones que llegan a su punto máximo. Es un momento de claridad mental y emocional: lo que se callaba, ahora se expresa.

VIRGO (del 23 de agosto al 21 de septiembre)

La Luna llena pone el foco en tus recursos y en tu valor personal. Puede haber definiciones económicas o una toma de conciencia sobre cuánto das y cuánto recibís. Es tiempo de equilibrio en el dar y recibir.

LIBRA (del 22 de septiembre al 22 de octubre)

La Luna llena en tu signo marca un punto culminante personal. Algo en vos se revela con fuerza: emociones, decisiones, cambios de identidad. Es un momento de cierre y renacimiento, donde ya no podés ser el mismo de antes.

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ESCORPIO (del 23 de octubre al 21 de noviembre)

Esta Luna llena activa tu mundo inconsciente. Emociones profundas salen a la superficie, pidiendo ser vistas y liberadas. Es un momento de cierre interno, de soltar cargas y de hacer espacio para lo nuevo.

SAGITARIO (del 22 de noviembre al 22 de diciembre)

La Luna llena ilumina tus vínculos sociales y proyectos a futuro. Puede haber definiciones con amistades o grupos. También es un momento para ver si tus deseos están alineados con las personas que te rodean.

CAPRICORNIO (del 23 de diciembre al 21 de enero)

Esta Luna llena impacta en tu vida profesional. Algo llega a un punto de culminación en tu carrera o en tu imagen pública. Es momento de equilibrar las exigencias externas con tus necesidades emocionales.

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ACUARIO (del 22 de enero al 21 de febrero)

La Luna llena expande tu mirada. Se iluminan temas de estudios, viajes o creencias. Puede haber una revelación importante que te haga ver las cosas desde otro lugar. Es un momento de apertura y comprensión.

PISCIS (del 22 de febrero al 20 de marzo)

Esta Luna llena activa emociones intensas. Se iluminan temas de intimidad, entrega y transformación. Puede haber cierres en vínculos profundos o una toma de conciencia sobre lo que compartís con otros.

 

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CHIMENTOS

Graciela Alfano en “Lo de Pampita”: “No sé quién es Susana Giménez, sorry”

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“Durante años me hicieron las preguntas a mí, pero esta vez las preguntas las hago yo”, dice Pampita, a la hora de presentar su ingreso a Infobae Studio con Lo de Pampita, un ciclo de entrevistas íntimas que busca ir más allá del personaje público. “Las apariencias pueden engañar. En cada encuentro hay una historia, y en cada silencio, una revelación”, resume sobre la esencia del programa.

Para el debut, eligió a una figura que garantiza impacto: Graciela Alfano. Sin filtros y con su estilo frontal, la actriz y exvedette recorre su vida personal, sus conflictos mediáticos, su visión sobre el feminismo, el poder, el sexo y el amor. Y deja definiciones que rápidamente prometen viralizarse.

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Aquí, los momentos más destacados de la charla:

Pampita propone hablar de presidentes: «Menem», dice. «Bueno, a mí me encantaban las patillas, ¿viste? -respone Graciela-. A Olivos no iba porque iban todas. Y yo siempre fui como muy estrella, ¿viste? Ya de chiquita era estrella. Si fueron todas, yo no voy».

—¡Bienvenida, Graciela!

—Qué placer, Caro, estar en este programa tuyo. La verdad me siento elegida de alguna manera, ¿no? Porque si bien nosotras no nos conocemos… coincidimos en algunos lugares, pero viste que la gente cree que los que estamos en la televisión estamos todo el día juntos. Pero lo que sí recuerdo son algunas actitudes tuyas tan… dignas, de persona que está en su eje. Y eso siempre causa un gran respeto en mí. Una persona que puede transitar el dolor, que puede ser resiliente, que lo que dice lo piensa de alguna manera. Es muy luminosa esa parte tuya, me genera un gran respeto, y tu capacidad de laburo.

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—Bueno, en eso somos muy parecidas, nos identificamos bastante.

—Sí. Y en la belleza también…

—¡Estás diosa!

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—¡Vos también!

—Verte así de cerca, digo: “¡Guauuuuu, qué bomba!“

—Yo siento que muchas veces has sido atacada, y en esto me identifico. Como me identifico con algunas chicas, actrices, conductoras, modelos que están en el ambiente, que son extremadamente bellas como vos y que son atacadas nada más que porque son lindas.

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—Hablemos de las lindas. Vos siempre las defendés. ¿Qué pasa con las lindas?

—Lo primero que se ve es que son atacadas por eso. Hay personas que no tienen como asumida su envidia, ¿no? Porque tenemos que entender que todos sentimos envidia en algún momento… Nuestra cabeza es como un edificio, una empresa; si hay algunos empleados que no te gustan, los desterrás, se van al inconsciente. Pero del inconsciente te entran a dar en la cañería y un día te generan una humedad que no sabés qué hacer. Esas humedades son las que uno tiene que trabajar… Entonces, cuando la envidia va al fondo, uno empieza a negociar con ese empleado… Y cuando hay falta de respeto de gente que ni te conoce. Yo a veces miro las redes y digo: “Pero ¿qué son estas personas ridículas?“ Realmente tienen que trabajar su envidia para estar menos torturadas, ¿no?

—La defendiste mucho a Eugenia Suárez.

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—Yo le digo la China, no la conozco. Nunca la vi en mi vida.

—¿Y qué te pasa con ella?

—Ustedes pasaron cosas personales. Yo no, yo no la conocía. Pero un día escuché que alguien, creo que era Wanda, dijo: “¡Che, qué prostituta, se llevó puesto!“ A ver, primero y fundamental, no se puede criticar a una mujer por lo que hace o deja de hacer con su sexo. Y además estaba denigrando a chicas que trabajan, son trabajadoras sexuales que se están ganando su vida, que puede ser gente que está muy bien y que son muy serias. Me parece que era una falta de respeto total. Y dije: ”Paremos un poco la mano, nivelemos un poco esto, porque le están dando a alguien que es demasiado». Y además, perdón, ¿y los hombres qué son? ¿El está absolutamente ajeno a lo que le sucede? ¿Viene alguien y se lo lleva? ¡No, boludo!

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—Eso de poner la responsabilidad solo a la mujer.

—No, querido, vos pusiste “Me gusta”, llamaste por teléfono, tomaste la habitación… No, flaco, el que tenés el contrato firmado con la mina sos vos. Y viste que parece que no.

—Y cuando hacés eso, ¿qué te dice la gente?

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—A mí me chupa un poco un huevo.

(Risas) Porque están las sororas, que se ponen de un lado; las feministas, que se ponen de otro.

—Un momento, vamos por partes. Las sororas tienen una sororidad selectiva, porque si sos sorora no vas a bancar que a una mina le digan prostituta. Después arreglamos las cosas de otra manera, pero el insulto no. Y el feminismo… lo voy a defender, obvio, hizo algo muy bueno, que es levantar la alfombra de ese hetero patriarcal que estaba ahí, pero ¿sabés lo que generó?

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—¿Qué generó?

—¿Vos tenés alguna idea de lo que es la… machoesfera. Ahora hay una tendencia en internet que son los machos que dicen que están podridos de las mujeres, que estamos tan crecidas. Entonces, entre ellos se dan manija y hablan, ¿sabés de qué? ¡Yo me caigo muerta, no lo puedo creer! ¡De la monogamia unilateral! ¿Sabés qué es eso? Ellos dicen que una mujer que está enamorada no puede mirar a otro, qué sé yo, esta historia de que ellos pueden tener varias. Es más, hay uno que dice: “Mi novia me pone los condones cuando me voy de viaje”. Yo dudo que eso sea cierto…

—Volviendo a Eugenia, ¿te agradeció que la defendiste? ¿Te escribió algo?

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—Nos hablamos. En un momento me mandó sus productos para hacer gimnasia y le dije: “Yo no necesito nada. Yo las cosas las hago porque se me da la gana, pero te lo agradezco”. Entonces ella mandaba un mensaje y yo ahí la alfanicé un poco porque no podés no responder nada…

—¿Qué es “alfanizar”? ¿Cómo sería?

Alfanizar es desarrollar una buena autoestima, o mejor: autoamor enloquecido por uno mismo.

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—¿Como una coraza?

—Si viene una pareja tuya y te dice: “Carolina, cómo te estimo”, vos decís: “Me va a largar”. Nadie te estima. Entonces es lógico que tengamos un autoamor desesperado, porque el narcisista es justamente todo lo contrario. El narcisista no se quiere, por eso necesita la validación de los demás. El que se auto-ama no: ya sabés quién sos, sabés tus valores, tus desvalores, sos dueño de tu vida y de todo. Entonces, no es que digo: “Me chupa un huevo lo que decís”. No, de ninguna manera. Respeto que el otro tenga la opinión que quiera tener sobre mí, porque finalmente son proyecciones. Si el otro te está proyectando algo, que proyecte lo que se le da la gana (risas).

—Esperá, con Susana, ¿qué pasó?

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—No, yo ya me desintoxiqué de eso (ríe), me detoxé completamente y nada.

—¿Pero algo te ofendió, te dijo algo que te dolió?

—Sí, claro, ¡cómo no me va a doler!

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—¿Qué dijo?

—Estaba con un resentimiento espantoso yo… A ver -de nuevo-, tengamos en cuenta que yo a Susana la conozco como te conozco a vos, por la tele, qué sé yo. Ni ella me conoce a mí. Pero me invitó a distintos programas y me dice: “¡Ay, qué linda!, ¡ícono!” Y de pronto, de la noche a la mañana encuentro unas puteadas, pero… haciéndose la buena (risas). Me atacó por todos los flancos posibles y yo no podía creer lo que escuchaba.

—¿De la nada?

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—De la nada.

—¿Pero no compartieron un amor, nada?

—Nada de nada. Creo que fue un tapado, una pelotudez que yo dije: “Che, me pidieron un tapado prestado”, que era de ella, de Graciela Borges, la verdad que no tengo ni idea ni me importa. Y de pronto sale con esta catarata. Moria me llama y me dice: “¿Estás escuchando lo mejor que te puede pasar en la vida? ¿Estás viendo el mismo programa que yo?” Le dije: “¿Sos boluda??” Me dice: “No, imaginate, ahora tenés todos los portales”. Le digo: “¿Pero vos escuchá lo que estás diciendo? ¡La quiero matar!” (ríe)

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—Por lo de aquella foto de María Julia, que vos dijiste que el tapado era tuyo y en realidad era de Graciela Borges, ¿ese fue el tema?

—Yo creo que sí, le preguntaron por eso, pero hubo una catarata de cosas, todo completamente loco.

—Ahí hay algo de años, ¿o no?

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—Bueno, pero ella después dice que yo la torturé (ríe) no sé con qué… De hecho dije: “Yo no me puedo hacer cargo de su sufrimiento. ¡Lo lamento, vieja, hacete cargo del tuyo!” De hecho, sí tuve un exabrupto, dije: “Vieja de mierda”; la verdad que me salió del alma y bueno, pero sos una vieja de mierda, listo.

—En su momento ella igual te había puesto como en un lugar donde hacías macumba, magia negra, todo eso…

—También dijo eso.

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—¿La pudiste perdonar?

—(Piensa…) A ver, ella no solo dijo eso, dijo que yo no tenía carrera, que no tenía talento, que no había hecho nada, que no existía (ríe). Ah, no, perdón, que si tenía un tapado, que vivía de la caridad de mi marido. Yo seguía escuchando y decía: “¡Qué piojosa!”. Me dijo de todo; ahora lo puedo ver con distancia. Pero me hizo una especie de detox porque indudablemente cuando traés esas cosas a colación, y hay una especie de resentimiento y una cosa, pero viste lo que yo te decía, yo me detoxeo, ya está, porque ella queda con su odio y yo la verdad no me imprimí y sigue sin imprimirme. Para mí no existe, no es nadie.

—No te esperabas eso, volverte a pelear con Susana a estas alturas es como…

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—Yo no entendía nada. ¿Qué le pasa, señora? Pero bueno, de nuevo, me detoxé y ya no le doy más… Yo digo que todo lo que tenés adentro, decía Freud, se pudre y vos te pudrís con eso. Entonces, yo no me quedo con nada. Lo que sale, sale. Después ya está. ¿Quién sos? No te conozco. No sé. O sea, ¡no sé quién es Susana Giménez, sorry! (ríe). Si ella abre la puerta para hablar de mi carrera, bueno, ¿y vos qué hiciste? Imitaste mal a Raffaella Carrà, le dije alguna boludez así y se terminó. ¡Chau, ya está y a otra cosa!

—¿Te gustaría una entrevista con Susana para arreglarlo, cara a cara?

—No, para nada. No tengo nada que arreglar con esa persona. No me interesa. Ni lo necesita mi persona, ni quiero exponerme. Mirá, Carolina, hay una cosa que me pasa y lo dice un rabino: “A la gente no la cambiás, cambiá de gente”. Entonces, cuando una persona se muestra con esa virulencia, ese odio… bueno, respeto el odio que me tiene, ¡pero lo quiero lejos! (risas). Todo lo que te moleste, lejos. Hay tanto en la vida para disfrutar, para divertirse, que realmente conectarse con esas cosas me parece, ufffff (resopla).

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—Ahora quiero ir un poco al pasado para conocerte bien, ¿te parece?

—¿Estás preparada para la historia?

—Dale. Si te digo de dónde venís, ¿qué me decís?

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—¿De dónde vengo? De otro planeta, indudable. Yo no soy de este planeta (risas). De eso tengo una convicción. ¿Viste cuando te dicen: “Uno viene de no sé…”? Bueno, yo no sé de dónde, pero soy de algún planeta por allá arriba. Pero me divierto acá, ¿eh? A mí no me la hacen difícil acá. Yo ya encontré la Matrix, encontré como la vueltita de la Matrix y la disfruto. Se puede disfrutar también.

—Jugás el juego…

—Sí, porque el juego se trata… esto te lo da la meditación. Se trata de no caer en esas emociones que te llevan a lugares de mierda, que te hacen sufrir. Y eso no quiere decir que no te agarre. O sea, si Susana me putea, obviamente que me viene una ira. Esa ira viene, no la reprimo, pero espero que pase, la miro y mientras la miro, me miro. Cada persona que me ha generado algún problema -y son incontables- yo siempre subí de escalón. Pero no para crecer en mi carrera o para crecer en mi dinero, ni con mi nombre: ¡para crecer yo! Estoy en un lugar que ya pasé por todas esas etapas donde una cosa me puede desequilibrar y puedo decir que no me desequilibra nada, porque ya la entendí. Y de nuevo, no quiere decir que no te agarre tristeza, que no te agarre un bajón, pero enseguida lo sé manejar. Entonces, cuando sabés manejar esas emociones, ¿qué te queda? ¡La alegría! Y hay una cosa que es interesante: yo me levanto cada mañana y sonrío, porque yo pasé por dos operaciones de cáncer muy difíciles.

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—¿Me contás cómo es cuando te dan un diagnóstico así?

—Mirá cómo me río (risas) Yo me río de estas cosas.

—¿Te dolía algo?

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—Nada, nada…

—¿Era un chequeo de rutina?

—Yo tuve cáncer de riñón y cáncer de tiroides.

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—Lo del riñón, ¿cómo te lo descubren?

—La creatinina estaba perfecta porque este riñón mío, que es un genio, el derecho, trabajaba por los dos. La tiroides… la falta de tirosina yo la nivelaba con fuerza de voluntad. Básicamente, te sentís cansado… Engordaba, yo engordaba con nada. El agua la pesaba. Entonces, otro vecino mío, que es especialista en bariátrica del Austral, se quería hacer la operación, pero tenía que ir a hacerse todos los análisis de rutina antes de la operación. Como no se los iba a hacer, yo de buena amiga le dije: “Bueno, dámelos a mí, vamos a la ecografía y vamos a sacarnos sangre”. Fui a acompañar a un amigo que se tenía que hacer una ecografía y como él no fue, dije: “Bueno, me la hago”. Y ahí, cuando me muestran una foto y le vi la cara al pibe… Pero el chico que hace la ecografía no puede decir nada, tiene que hablar el médico, que me llama y me dice: “Voy para tu casa”. La puta madre. Le dije: “Decímelo por teléfono, ¡cómo voy para tu casa! ¡No aguanto un minuto!”. Al final voy yo a su casa porque no me aguantaba, y soy hiperquinética. Voy con mi amiga y él me dice, todo muy tranquilo: “Tenés un tumor de nueve centímetros dentro del riñón, y uno de tres centímetros en la tiroides”. Y yo, lo primero que dije -¿podés creer?- es: “Pero qué tengo, ¡¿un ocupa?!» Hice un chiste, ¿vos podés creer?

—Bueno, estabas en shock también.

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—Estaba en shock o qué sé yo. Yo salgo así con una negación. La miro a mi amiga, estaba llorando. Le digo: “¡Boluda, la que tengo que llorar soy yo!“ Entonces, ¿qué hago? Lo que hago siempre, tomo decisiones. Saqué los turnos para hacerme los análisis y mientras tanto hablé con mi escribano y mi abogado, porque iba a poner todos mis bienes a nombre de mis hijos y no quiero que paguen impuestos. Después empecé a pensar dónde me quería morir, en Las Maldivas, así que empecé a hacer la lista de los invitados. Ponía mis exs, las nuevas mujeres de mis exs, los hijos de mis exs, amigos, empecé a hacer una lista, pero de verdad. Y cuando empezaba a poner -será ridículo lo que voy a decir, pero es muy gracioso- “¿quién va en primera?”, me digo “Che, boluda, dejate de joder…”. La cuestión es que mientras estoy haciendo eso y pensando en darme un shot de heroína, pienso: “No la voy a llevar en el avión, lo único que me falta es que me metan en cana por narco (ríe)”. La compro en Asia, donde están Las Maldivas…

—¡Tenías todo planeado!

—¡Todo, olvidate! Básicamente para mis hijos, para que queden tranquilos y para morir como yo quiero. Yo siempre fui una persona que tomé mis decisiones en la vida, a mí nunca nadie me dio una orden.

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—¿Y la reacción de tus hijos?

—Y bueno, estaban todos como: “Bueno, mamá, pero esperá a ver qué pasa”. Y la verdad que fue una operación de cirugía mayor dificilísima. Encima el tumor estaba sobre el nervio vocal. O sea, me podía quedar muda. Pero salgo, 69 pirulos, flaca y todo, eso vino muy bien, en perfectas condiciones físicas pero hecha mierda. Tenía que hacer ciertos tratamientos y dije: “No, yo me voy al mar. Yo me meto en el mar todo el día, el mar me va a curar”. Nadar me hacía bien, me levantó, y por eso yo tengo esta devoción por este cuerpo que ven. Yo lo exhibo no porque es lindo, ¡porque es un cuerpo de la hostia! ¡Porque sin un riñón y sin la tiroides, funciona! Tengo una energía en estos 37 años al revés y tengo una alegría de vivir. Entonces, me beso y digo: “Cuerpito”.

—En todos esos días, ¿llegaste a pensar en la muerte?

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—Todo el tiempo.

—¿Qué hiciste en ese momento?

—Rezaba a todo, básicamente a todo. Mi virgen es la Virgen de Guadalupe. Viste que la Virgen de Guadalupe te persigue, es como una formación psíquica femenina que yo sé que está alrededor mío, me ha protegido mucho y, bueno, a ella le pedí. Le decía: “Si me tengo que ir, dame fuerza. Y si me tengo que quedar, bueno, okey, me quedo. Pero que sea lo que tenga que hacer, pero dame fuerza para poder atravesar eso”. Pero me ayudó mucho la muerte de mi madre.

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—Pongamos en contexto un poco a la gente: con tu mamá se llevaban mal, ¿no?

Pampita sonríe, vestida con un top brillante y falda negra, sentada en un sofá claro, junto a una persona rubia parcialmente visible a la izquierda
«Ah, ¿te gusta el trío?», se sorprende Pampita. «Sí, he tenido tríos, me gustan -responde Alfano-. ¿Con hombres o mujeres? Me da igual. Yo a las personas las veo personas. Puedo ponerme muy creativa tanto con una mujer como con un hombre».

—Nos llevamos mal toda la vida. Era tremenda, tremenda; aunque la adoraba. ¿Qué voy a hacer? Es la madre que tuve y me dio muchísimo. Y yo ya le di la vuelta manzana a todo esto. Pero en el momento en que va a morir, mi mamá era una mujer realmente muy difícil, no era fácil.

—“Mala”, dijiste en algún momento.

—Sí, sí…

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—¿Mala con la palabra, con las acciones, mala con qué?

—Conmigo. Mala conmigo, pero yo creo que las cosas pasan porque me tienen que pasar. A mí me tenía que tocar esa madre y yo tenía que tener este aprendizaje y lo tuve. Y la verdad que salí bien. En el momento más grave -una cosa que le agradezco además de haber sido el sparring– es que me enseñó el amor incondicional. Y se lo dije en el final: “Hagas lo que hagas, nunca vas a lograr que te odie. Nunca, porque te quiero con toda mi alma, te amo con toda mi alma, hagas lo que hagas”. Y eso es el amor incondicional, también me lo enseñó. Pero bueno, cuando viene a morir a casa, porque el médico me dice “tiene treinta, sesenta días. Okey…”.

—¿Cuántos fueron al final?

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—No, para mi desgracia duró un año y medio (risas). Yo estaba en el Bailando… en esa época. Hasta que por fin viene el momento que se llama paliativo: cuando el enfermo tiene un dolor muy grande que le inducen un estado de coma químico y luego deja de respirar y, por supuesto, muere. Mi madre era muy flaquita, pesaba treinta y dos kilos, no se le podía inyectar, había que ponerle un parche de morfina. Entonces me mira, ahí con el parche, y me dice: “¿Qué te pasa a vos?”. “Mamá, ¿cómo que me pasa? Mirá lo que tenés acá“, y mirá lo que me contesta: “Yo sé, con esto voy a entrar en estado de coma, después voy a dejar de respirar y así me voy a ir”. Y yo dije: “¿A vos te parece? Lo decís con esa gracia, ¿pero a vos te parece? Yo estoy angustiada, estoy mal”. Entonces me pregunta: “¿Yo tengo una hija inteligente o una hija estúpida?”. Le dije: “Tenés una hija inteligente, obviamente”. “¿Vos no tuviste tiempo de procesar que la muerte es un hecho natural, que un niño que está en la panza de la madre va a morir un día y no tuviste tiempo de procesar mi muerte, que soy tu madre y que es lo que tiene que pasar? Bueno, procesalo rápido porque nos queda un rato”. Y ahí me trajo a tierra. Se iba a morir, pero yo ya estaba allá en el momento de la muerte. Y ahí es donde me enseña el momento presente. Tenemos este momento, porque -querida Carolina-, ni vos ni yo sabemos si pasamos por esa puerta. No lo sabemos.

—¿Me lo vas a decir a mí?

—Por eso mismo, porque sabemos de qué hablamos. Entonces, cuando uno ve eso tan profundamente y lo tiene que procesar y tiene que procesarlo de una manera tan dura, ¿no? (solloza) Uno se vuelve un campeón en la vida, mi vida. Nosotras dos somos campeonas, mamá. Que te digan lo que te digan, que me digan lo que me digan, ¡ya estamos en otro nivel, donde van las águilas! Y donde vuelan las águilas, las moscas no se escuchan (solloza).

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—Sos una mujer muy sabia y te pasó de todo. ¿El accidente de tu hijo te asustó?

—¡Ay, Dios mío, qué cosa horrible!

—Dijiste que era la más horrible, a pesar de tus enfermedades, tus desamores, tus dolores de la infancia, que eso fue como lo que más te marcó.

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—Es que para eso uno no está preparado. Tuve que viajar a México. Cuando llego al hospital me dicen: “Está en terapia intensiva”, de las que no se puede pasar. “Pero, ¿cómo? ¿No es que tiene la mandíbula rota?” “No, no, la mandíbula rota, no, está roto el cráneo, el cerebro está desparramado” (solloza). Y ahí es como que me quedé en un silloncito, sentada como en un stand by, como si uno pudiera dejar de respirar y detenés el tiempo, ¿viste? Entonces me vio una enfermera que me dice: “Yo salgo a las seis de la mañana, ¿me espera y vamos a la Virgen de Guadalupe?” Yo voy donde me diga. En el medio viene Jorge Yoma, embajador en México. “Graciela, tenemos que empezar a hacer los papeles… por si te tenés que llevar un cajón” (solloza). Fuimos con la enfermera, nos sentamos ahí a rezar y en un momento aparece una señora que yo le veo el vestido y le hago una seña a la enfermera para que se corra, pero ella no se corre. Entonces, cuando salimos le digo: “Mire, discúlpeme, le hice la seña porque había una mujer acá parada.”. “¿Cómo era?” “No sé, no la miré, le vi el vestido verde con unos florones”. Y me dice: “Mire aquello”. ¡Miro y era la imagen de la Virgen Guadalupe! Entonces la enfermera me dice:

“Tu hijo se va a salvar”. Y yo me agarré de eso porque estaba gravísimo. Y ahí fue que pasó, porque tenía que pasar: se salvó y de ese recuerdo yo tengo lo que es la luz y la sombra de la vida. Cómo tenés que estar preparada. Me llevan a un programa donde estaba Luis Ventura, yo estoy contando esto y me ponen un tema “Scaramouche, Scaramouche”. Y ahí se ríen de mí y me dicen: “¿Qué brujería hiciste para hacer eso?”. Es cuando me preguntan si soy bruja. Y yo, si hubiera podido hacerlo, lo hago, olvidate.

—Una madre daría cualquier cosa…

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—Pero ¿vos podés creer que alguien se rió de mí en ese momento? Ahí me caí. Creo que estaba Patricia Mirasola, que me agarró porque no podía ni entenderlo. Después de pasar por esto, ¿encima tengo que bancarme que se rían de mí?

—Es que no tienen ni idea, porque no lo vivieron en carne propia. No todo el mundo puede sentir ni empatizar, porque no tienen ni idea de lo que es estar en esos zapatos. Y ojalá nunca tengan que pasar por eso.

—Ojalá que no, porque son pruebas muy, muy difíciles.

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—¿Pudiste perdonar a todos los que te causaron dolores en tu vida ?

—Mirá, básicamente no sé si llamarlo perdón, porque viste que es una palabra qué sé yo. Sí sé que puedo vivir con eso. No voy a tener a esa persona ocupando mi cabeza; yo digo que la cabeza es como un living y yo no tengo sentado a todo el mundo. No, vos no te vas a sentar. O sea, te zarpaste, me hiciste esto, pero sentado no te quedás. Aunque sí, con algunos tengo resentimiento. Digo: “¿Qué le pasó, boludo?”

—Ahora quiero hablar de Graciela y los hombres un poquito…

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—Ah, bueno. Todos los que hubo. Son tantos que no sé, no tengo idea.

—Hablemos primero de los padres de tus hijos. ¿Fueron grandes historias de amor?

—No.

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—¿Y cómo llegaste a formar familia, tener hijos?

—Bueno, con mi primer marido yo era muy adolescente; era un amor idealizado. Me quedo embarazada, tenemos a Nicolás, duramos cinco minutos. O sea, está Nicolás, que es fabuloso, pero la pareja estaba sobre bases muy idealizadas. Y con mi segundo, el padre de mis otros dos chicos, que también ocupa un lugar muy importante en la vida de mi hijo mayor y lo quieren muchísimo, yo no estaba en condiciones. Todavía no había desarrollado suficiente el amor por mí misma; ponía mi bienestar emocional en las manos de otro. Uno se tiene que hacer cargo del bienestar emocional; yo ponía demasiado en él. Y entonces, bueno, fue una experiencia buenísima. Nos quedan dos hijos, tres nietas. Fabuloso todo, pero no fue fácil. Yo me hago cargo de mi parte. Es más, yo no pude vivir una historia de amor. Creo que podría vivirla ahora que sí estoy ocupada en mi propio bienestar propio, que no necesito a ninguna persona a mi lado para obtenerlo. Yo estoy perfectamente feliz y ahora tal vez sí podría vivir algo. Este es el momento de la vida. Antes no, no estaba en condiciones.

—¿Tuviste el amor de tu vida? Ese que: “El amor de mi vida es tal”. ¿Tenés ese nombre ahí?

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—No, tuve calenturas, muchísimas. Caliente soy como la hostia… (risas)

—¿Pero no hubo ninguno que digas: “Este fue el que más amé, el amor de mi vida”?

—Era más sexo que nada. Yo era una cosa, ¡a lo bonzo me encendía! ¡Yo lo iba a tener a cualquier precio! ¡Listo, como sea! Después me duraba poco la cosa, era como que…

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—¿Se te pasaba?

—Se me pasaba, porque no había un conocimiento de esa persona y porque yo tengo como relación fundamental la amistad. Son mis grandes amigos los que han hecho que yo pueda pasar por todas las cosas difíciles que pasé en la vida. Y a ellos les doy una cantidad de horarios, una cantidad de tiempo… concentración, mi inteligencia, mi coach, todo lo que tengo.

—¿Esos son grandes amores en nuestras vidas?

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—Esos son… amigos.

—Te voy a hablar de algunos presidentes…

—Sí, debo tener alguno más que me olvidé (risas).

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—Menem.

—Sí, bueno, ya está. A mí me encantaban las patillas, ¿viste?

—¿Por qué no querías ir a Olivos?

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—Porque iban todas. Y yo siempre fui muy estrella, ¿viste? Ya de chiquita era estrella. Si fueron todas, yo no voy.

—Que venga él…

Pampita con top blanco brillante y falda negra, y Graciela Alfano con vestido negro de encaje, posan sonrientes en un sofá beige. Se ve una planta y una lámpara
¿Milei te gusta? «No sé, Milei tiene una cosa… que es fabulosa. Vos decís: ‘¿Este hombre cómo hizo para estar sentado de panelista y en dos años estar sentado en el sillón de presidente?”. Indudablemente hay un don… un carisma, una inteligencia, hay algo, ¿no? Un poco Karina también lo tiene», dice Alfano.

—No, que venga él, no: en barco, en helicóptero (risas).

—Ah, con todo, ¡una superproducción! (aplauden). ¿Es verdad que le dijiste: “Vos sos presidente hace dos minutos, yo soy Graciela Alfano hace un montón”?

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—Hace veinte años era la verdad. Además, “¿quién te creés vos? ¿Cómo me vas a dar una orden a mí?”

—Ya lo ponías ahí.

—¿Perdón? ¡De una! Si no, no juego a esto.

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—Esas patillas tenían algo, dijiste.

—Antes, porque a mí me gustaba más cuando era el caudillo: esa cosa, ese modelo que no había tenido. Porque yo buscaba modelos de hombres diferentes, ¿viste? A ver si encontraba…

—¿De qué tipo? ¿Con las patillas te parecía más chongo?

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—No sé, un caudillo del interior. Imaginate, yo ya lo veía viniendo con el caballo…

—Siempre fui así. Y pese a todas las críticas yo seguí haciendo lo que me daba la gana. Porque hay una cosa que tuve clara toda mi vida, que yo tenía que satisfacerme a mí misma. Uno de los grandes aprendizajes que me enseñó mi vieja -que era buenísimo- fue que a mí me tenía que importar más lo que yo pensaba del otro, que lo que el otro pensaba de mí. ¿Qué te importa lo que el otro piense de vos?

—¡Guau! Tu mamá era dura, pero te dejó unas cuantas enseñanzas.

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—Olvidate, yo le agradezco cada noche.

—Voy a volver a los presidentes. ¿Milei te gusta?

—No sé, Milei tiene una cosa… que es fabulosa. Vos decís: “¿Este hombre cómo hizo para estar sentado de panelista y en dos años estar sentado en el sillón de presidente?”. Indudablemente hay un don…

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—¿Un carisma?

—Hay un don, una inteligencia, hay algo, ¿no? Un poco Karina también… A mí, más que tener una relación con él me gustaría ver… conocer esa sustancia. Viste que dicen: “Cuando vos sos el más inteligente de los que están reunidos, te estás haciendo un problema porque estás dando cátedra”. Estas son personas que siento que tienen una inteligencia de alguna manera mayor que la mía, que tiene una formación diferente y que me interesa porque me interesa eso, crecer.

—¿De curiosa o te interesaría algo más? ¿El poder te atrae, te seduce?

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—Más poder que el que tengo yo, no hay más.

—Pero un tercer presidente estaría buenísimo también (risas). Entonces Milei no, ahí no.

—Ah, no sé, cuando llame, veré.

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—¿Y ahora en qué andás? ¿Quién está en tu vida? Te vi hace un tiempo en Uruguay con un señor.

—No, por favor, no nombremos.

—Estabas re enojada, quedó todo mal ahí.

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—No, ya se me pasó. El enojo es lo mejor que te puede pasar para sacarte de encima a un narcisista patológico. Tenés que estar enojada, pegarle una buena patada en el culo.

—¿Te fue infiel ese señor, el uruguayo?

—Peor que infiel, porque infiel se puede entender una charla, qué sé yo, pero una persona que te falta el respeto en la cara, no, querida, ¡no, no, no! Y en eso creo que las mujeres -mujeres y hombres, obviamente-, tenemos que respetarnos.

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—Hay tantos hombres…

—¿Quién decía, quién decía que los hombres son como ómnibus? En cinco minutos viene otro.

—Lo dijo Anna Wintour, la directora de Vogue. “Nunca te detengas por un hombre porque en cinco minutos pasa otro. Son como los ómnibus”.

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—Entonces, ¿para qué estar aguantando a alguien que te falta el respeto? Noooooo. ¡Su ruta! ¡Chau! ¡Otro!

—¿Cómo se banca un hombre o una mujer como vos?

—No se banca. Yo, ahora que aprendí, cuando entro en una relación… antes era la calentura, ahora no. Yo pongo en una lista qué es lo que yo estoy dispuesta a dar. Y la otra persona tiene que darme esto, exactamente lo que yo doy. Si yo te voy a dar fidelidad, quiero fidelidad. Si te voy a dar una relación abierta, tengo una relación abierta. ¡Nada de monogamia unilateral y esas pelotudeces! ¡Si yo quiero tríos, vos también tenés que querer tríos!

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—¿Vos querés tríos? ¿Te gusta el trío?

—Sí, he tenido tríos. Y me gusta.

—¿Trío con dos hombres o trío con hombre y mujer?

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—Me da igual. Yo a las personas las veo personas. Puedo ponerme muy creativa con una mujer como con un hombre, pero veo más la persona. Viste que las mujeres, lejos de ver, somos más de sentir.

—Yo no sabía que eras bisexual.

—Eh….

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—Abierta…

—Muy, muy sexual. Creo que cuando empiezo a ver las definiciones, yo digo: “Yo cada vez entro en más”.

—Decime los beneficios de tener sexo con una mujer.

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—Bueno, no te lo puedo decir porque cada persona tiene su sexualidad, vos tenés que tener la tuya. Ahora, algo que siempre digo es: no podés saber si te gusta el rabanito antes de que te lo metas en la boca. Toda persona puede tener una relación con una mujer, con una mujer, un hombre, con un hombre… instructivo (ríe).

—Para mí, si probás no volvés.

—Puede ser. El mundo femenino es muy particular, es distinto, es diferente. Cuando vos estuviste mucho con hombres, de pronto el mundo femenino tiene como otro tipo de sensualidad, ¿no? Es diferente.

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—¿Cómo es? ¿Más erótico, más suave…?

—Más suave y, además, te conoce. Nadie como otra mujer para conocer lo que se llama el manejo del clítoris. Como siempre digo, los hombres hablan del tamaño. Chicos, muchachos, empiecen a manejar el clítoris (ríe), porque el tamaño… o sea, puede estar muy lindo para mirar, lo ponemos, !pero el que no maneja esa parte de la mujer, olvidate! ¡Las mujeres sí lo sabemos! Entonces, de esa manera es diferente.

—¿Y te llegaste a enamorar de alguna mujer?

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—Mirá, yo te dije enamorarme, enamorarme… ¡Nunca me enamoré de nadie! (ríe) O sea…

—No puede ser.

—No, realmente, si yo tengo que ser honesta conmigo misma, pasé momentos fabulosos, me divertí. Yo soy una gran compañera de lo que sea. Ahora, realmente entrar en una emoción muy profunda, mi intimidad, y creo que eso me cuesta más. Debe ser por el abuso, que todavía las personas que hemos sido abusadas… tenemos una parte de nuestra intimidad fuera.

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—Se disocian.

—Poner un poquito, sí. Te vamos poniendo, vamos avanzando, vamos avanzando un poquito, pero siempre con un cuidado, porque eso queda para siempre. Es como pedirle a una persona que tiene una sola pierna que corra con las dos. Y conocer esas partes de uno también hace que uno no jorobe a nadie. Porque no voy a inventarle a una persona cosas que no siento. Este es el juego que vas a jugar conmigo. Te vas a divertir, la vas a pasar bomba, pero no sé si va a pasar lo que vos pensás que va a pasar.

—¿Cómo mirás a esa niña desprotegida tantos años en manos de un abusador? Te hubiera gustado que alguien la cuide, que alguien lo descubra a tiempo, alguien la proteja.

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—Vos sabés que esa personita aparece más de lo que uno cree. Aparece en los momentos en que de pronto hay un rechazo, pero momentáneo, ¿viste? Soy una señora grande, obviamente que a mí abandonar, no me abandona nadie, porque uno abandona a un niño, pero a mí comer, casa, comida, todo, ; yo voy a tener de todo: casa, comida, todo; nadie puede abandonar a un adulto. Pero de pronto podés sentir eso. ¿Y quién te hace sentir eso? Apareció la enana (hace una seña de alguien bajito). ¡Ah, estás acá!

—Está siempre, digamos.

—Está siempre.

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—¿Tenés ganas de meterte en un gran programa y generar discordia y…?

—¿Vos decís Gran Hermano?

—Sí

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—Gran Hermano, sí. Tengo unas ideas tremendas…

—¡Que hagan la vaquita y te lleven…!

—¡¿Qué vaquita?! ¡Si tienen una billetera esos!

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—¿Y qué pasa?

—Olvidate, lo están pensando. ¡Bueno, que la piensen! ¡Cuando la tengan, voy!

—Sería alucinante tenerte ahí. Además, sos un poco como la antítesis de Andrea (Del Boca) vos, ¿no? Son como muy opuestas y eso estaría interesante.

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—Totalmente opuestas. Sí, no tiene nada que ver. Perdón, y yo voy a ir con mi vestuario, olvidate.

—Pero ahí hay que estar cómodo, viste que estás todo el día…

—Pero yo estoy comodísima con mi encaje de Ivana Picallo, divina.(risas). Yo vivo cómoda con mis tacos de veinte centímetros, comodísima.

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Fotos: Gastón Taylor



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