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Matías Santoianni, entre la emoción y la gratitud: “Nosotros no somos una primera necesidad, la gente quiere comer”

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Nico Vázquez presentó a Matías Santoianni como nuevo integrante de la obra Rocky

Hay regresos que no empiezan con un aplauso, sino con un silencio. El de Matías Santoianni duró más de dos años. Dos años sin sets, sin marquesinas, sin esa electricidad que solo se siente cuando el telón está por levantarse. Y, sin embargo, fue en ese tiempo suspendido donde empezó a gestarse el renacimiento.

La llamada llegó cuando menos la esperaba. Del otro lado estaba Nico Vázquez, convocándolo para sumarse a la versión teatral de Rocky, convertida en un fenómeno escénico sin precedentes. La propuesta había nacido de un gesto simple pero decisivo: un amigo en común, Cristian, acercó su nombre cuando el proyecto recién comenzaba a tomar forma. Nico ya tenía el elenco prácticamente cerrado, pero prometió que lo tendría en cuenta si surgía una oportunidad. Y cumplió.

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La incredulidad fue total. Cuando sonó el teléfono y escuchó su voz, pensó que era una broma. Cortó. Volvieron a llamarlo. “Boludo, soy yo, Nico”. Volvió a cortar. Solo cuando entró la videollamada y vio su cara en la pantalla entendió que no era una ilusión. Que la vida, de golpe, volvía a abrir una puerta. “Me puse a llorar”, recuerda. Y volvió a cortar el video, desbordado por una emoción que no entraba en el cuerpo.

No era solo un trabajo. Era volver a sentirse actor.

Matías Santoianni comparte un emotivo momento en el escenario con Sandro, reflejando su recorrido actoral y personal junto a grandes figuras del espectáculo.

Se conocían de antes, de los tiempos de Polka, de proyectos compartidos, de camaradería y códigos. Pero esta vez el gesto fue más profundo. “El actor no es muy generoso, por lo general. Y él conmigo tuvo gestos tremendos”, admitió, agradecido. Porque lo devolvió a un lugar que sentía casi perdido.

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La incorporación no fue sencilla. Cuando se sumó, la obra ya llevaba 140 funciones. Un engranaje aceitado, una maquinaria donde más de ochenta personas —entre actores y técnicos— movían cada pieza con precisión milimétrica. No había espacio para ensayos tradicionales: la puesta, el ring, la escenografía 360, la complejidad técnica lo impedían. Entonces se armó un plan artesanal: todo noviembre sentado en la platea, viendo la obra todos los días, tomando notas, dibujando recorridos, aprendiendo los textos de sus dos personajes —Gazzo, uno de los matones, y Miguel, un colaborador del entrenamiento— como quien estudia un mapa antes de entrar en combate.

El debut llegó casi sin aviso. Faltaba una semana para el final de la temporada cuando Vázquez le propuso salir. Y salió. “Hice como un toro”, resume. Esa noche no solo volvió a actuar: volvió a latir con el público. Mil personas por función. Mil respiraciones contenidas. Mil aplausos que caen como una ola.

La energía lo transportó inevitablemente a otra etapa de su vida, cuando compartía experiencias con Sandro, cuando el fervor era multitudinario y eléctrico. “Está rozando lo que me pasaba con Sandro”, confiesa, consciente del peso de esa comparación. También evoca su vínculo con Cacho Castaña, amistades que —asegura— nunca buscó estratégicamente. “Se dieron”, dice, fiel a su perfil bajo. Iba a la casa de Roberto Sánchez sin que nadie lo supiera. Sin fotos. Sin exhibiciones. En tiempos donde hoy todo se publica, él eligió siempre el misterio.

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Matías Santoianni sonríe a cámara
Matías Santoianni sonríe a cámara en un retrato que captura parte de su extenso recorrido actoral y personal, junto a grandes figuras de la escena.

Su carrera es extensa: desde aquel debut en 1993 junto a Carlos Calvo en Amigos son los amigos, pasando por Alta Comedia, Sin Condena, Incorregible Corazón, hasta el fenómeno masivo de Gasoleros, que lo convirtió en rostro popular, y ficciones como Padre Coraje. Cada proyecto fue una escuela. Cada escenario, un aprendizaje. Pero hoy siente que el teatro ocupa un lugar distinto. “Es una película en vivo”, describe sobre Rocky. La textura, los colores, el realismo del ring, la adrenalina que atraviesa la sala. No es solo una obra: es una experiencia.

Y mientras su presente vuelve a llenarse de luces, su vida personal se sostiene en un eje opuesto: la calma.

—¿Disfrutás la soledad?

—Sí, me encanta.

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No lo dice desde el aislamiento, sino desde la plenitud. La soledad es un espacio de reencuentro. “Me hace conocerme más”, explica. Aunque reconoce que tiene su trampa: uno se acostumbra, se vuelve más selectivo, le cuesta salir. Pero la disfruta. Piensa. Se escucha. Se permite emocionarse.

En su casa con parque encuentra una escena que lo reconcilia con el tiempo. Tiene 52 años. Sus padres ya fallecieron. Y cada tarde, cuando el reloj marca las seis, se descubre repitiendo un gesto que de chico observaba con ironía: regar el césped.

“Miraba a mi viejo y pensaba: ‘Qué boludo, regando a esta hora’. Y hoy a las seis de la tarde estoy yo con la manguera en la mano”.

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Matías Santoianni, el reconocido actor,
Matías Santoianni, el reconocido actor, comparte un momento especial con Topa, reflejando su exitoso recorrido personal y profesional.

La vida, entiende, es un círculo perfecto. Escucha radio AM porque su padre la escuchaba. Se detiene en esos rituales mínimos que antes parecían insignificantes. Le gusta la nostalgia. Le gusta emocionarse. Le gusta pasarla bien.

“Yo tengo un mundo muy chiquito”, afirma. Y no lo dice con resignación, sino con orgullo.

No necesita cinco baños —“tenemos un culo solo”, lanza con humor— ni siete casas. Si llega a fin de mes, está bien. A los 52 años, sabe que el tiempo es finito. “La garantía se cortó”, bromea. No aspira a ser más millonario ni más famoso. Y si quisiera fama inmediata, sabría cómo hacerlo: bastaría con sentarse en algún ciclo de chimentos y lanzar una bomba escandalosa. Inventar un romance imposible. Total, ¿quién lo comprobaría? Pero no es su juego.

“No lo sé jugar”, reconoce sin juzgar a quienes sí lo hacen. Hay quienes viven pendientes de los likes, de generar noticia permanente, de inventar una imagen más para sostener la atención. Él prefiere otra cosa. Dedicar su tiempo a sus amigos. A su casa. A escuchar música. A leer. A informarse. A aprender.

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Promociona su trabajo cuando corresponde. Hoy, Rocky. Pero su intimidad la preserva.

Matías Santoianni posa sonriente junto
Matías Santoianni posa sonriente junto a dos destacadas figuras del espectáculo, Pichu Straneo y Cacho Castaña, compartiendo un momento de camaradería y alegría en un encuentro especial.

En un mundo donde la exposición parece obligatoria y el escándalo cotiza en alza, Santoianni elige el pasto regado a las seis de la tarde. La radio de fondo. El aplauso sincero de mil personas que se emocionan frente a un escenario. Y la certeza de que el verdadero lujo no está en acumular, sino en disfrutar.

El compromiso con el público y el sentido del teatro como ceremonia también ocupan un lugar destacado en su visión. Santoianni enfatiza la importancia de valorar el esfuerzo de quienes asisten a cada función: “Ya es un milagro que la gente vaya al teatro como hoy está la situación, que está complicado. Porque hoy nosotros no somos una primera necesidad, la gente quiere comer primero”. Para el actor, el deber de quienes están sobre el escenario es “darle lo mejor a la gente”, conscientes de que la experiencia teatral implica una preparación y una expectativa especial para cada espectador.

Su regreso no es solo artístico. Es vital. Es la confirmación de que el teatro sigue siendo ese territorio donde todo es real: la respiración compartida, el error posible, la emoción que no se edita. Allí, bajo las luces, Matías Santoianni volvió a encontrarse con el actor. Y, en el silencio de su casa, volvió a encontrarse consigo mismo.

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Carmiña Masi rompió el silencio y contó cómo la tratan en la calle tras su expulsión de Gran Hermano por sus dichos racistas

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Luego de su escandalosa expulsión de Gran Hermano Generación Dorada, Carmiña Masi volvió a estar en el centro de la escena mediática. La periodista paraguaya fue eliminada del reality tras realizar comentarios racistas contra Jenny Mavinga, lo que generó una fuerte repercusión en redes sociales y en los medios.

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Sin embargo, lejos de desaparecer del radar público, la ex participante sorprendió al contar cómo es el trato que recibe de la gente desde que abandonó la casa.

Este domingo, Masi recorrió el barrio de San Telmo y compartió su experiencia a través de sus redes sociales. Según relató en sus historias de Instagram, varias personas se le acercaron para expresarle su apoyo y cariño, algo que ella misma admitió que no esperaba.

“Esto es algo que nunca pensé que iba a decir… Hoy paseando por San Telmo, se me acercaba la gente y me daba su apoyo. Gracias en serio porque es muy raro, muy loco para mí todo esto todavía”, expresó la periodista, visiblemente sorprendida por la reacción del público.

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En su relato, Carmiña también aseguró que muchos seguidores incluso le manifestaron su desacuerdo con la decisión del reality de expulsarla. “Ni mencionar que hay gente que me dice ‘no te tenías que ir, ojalá vuelvas a la casa’. Argentinos diciendo que ya está, que hay mucha exageración de los medios”, comentó.

De todas formas, la ex participante también se refirió al rol de los programas y portales de espectáculos en medio del escándalo que protagonizó. “Igual insisto que la gente de los medios hace su trabajo exagerando, porque no tienen la vara de la moral”, lanzó, dejando entrever su postura frente a la cobertura mediática del caso.

Al cierre de su descargo, Masi agradeció especialmente a un fanático que tuvo un gesto particular durante su paseo. “Le quiero agradecer a ese chico que se me acercó y me regaló un llavero de una estrella culona, y a toda la gente que de verdad me pidió una foto, me pidió un beso y un abrazo. Sigue siendo muy loco, así que gracias, chicos. Expulsada”, concluyó con ironía.

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Mientras tanto, en paralelo a las críticas que recibió tras su paso por el reality de Telefe, comenzó a circular una versión que podría marcar un nuevo rumbo en su carrera. Según trascendió en el mundo del espectáculo, Carmiña estaría cerca de conseguir una importante oportunidad laboral vinculada al universo Gran Hermano.

De acuerdo con lo que reveló la periodista Paula Varela en el programa Intrusos, la mediática habría recibido una propuesta para conducir el House Organ de Gran Hermano Paraguay, que se grabaría en la misma casa ubicada en Buenos Aires donde se desarrolla actualmente la edición argentina. Si finalmente se concreta el proyecto, la polémica participante podría volver a la pantalla, aunque esta vez desde otro rol: el de conductora.

 

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Carmiña Masi

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La argentina Violeta Kreimer ganó un Oscar por Mejor Cortometraje de Ficción

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Las productoras Violeta Kreimer y Valentina Merli, ganadoras del Oscar al Mejor Corto de Ficción por el filme francés ‘Two People Exchanging Saliva’.

En una de las sorpresas de la noche, el premio a Mejor Cortometraje de Ficción (Live Action) terminó en empate. El primer ganador anunciado fue The Singers, dirigido por Sam Davis. Adaptado de un relato de Ivan Turgenev, el corto transcurre en un bar de barrio donde un grupo de hombres busca redención y conexión emocional a través de un concurso de canto improvisado. La obra fue especialmente destacada por su humanidad y por haber sido filmada íntegramente en 35 mm con sonido directo.

El segundo ganador fue Two People Exchanging Saliva (en español Dos personas intercambiando saliva; en francés, Deux personnes échangeant de la salive), dirigido por Alexandre Singh y Natalie Musteata. Ambientado en una París distópica, el cortometraje propone una sátira surrealista donde besarse es un crimen capital y la violencia física funciona como moneda de cambio social, una premisa provocadora que le dio un tono singular dentro de la categoría.

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La argentina Violeta Kreimer (primera
La argentina Violeta Kreimer (primera desde la izquierda) no lo puede creer: «Dos personas intercambiando saliva», el corto francés del que es una de sus productoras, acaba de ganar el Oscar al Mejor Cortometraje de Ficción (Foto REUTERS/Mike Blake)

Así, la productora argentina Violeta Kreimer, nacida en Vicente López y residente en París desde los 20 años, logró un Oscar al Mejor Cortometraje de Ficción con la producción Deux personnes échangeant de la salive, un filme francés que, sin embargo, lleva un inconfundible sello latinoamericano por el arraigo de su creadora. El cortometraje, que ya ha recorrido 70 festivales internacionales y obtenido 20 premios.

En su paso por la edición 2025 del Festival de Clermont-Ferrand, considerado el encuentro de cortometrajes más relevante del mundo, la obra —titulada en español Dos personas intercambiando saliva— recibió el Premio del Público, una distinción que Kreimer describe como prueba tangible del impacto del filme tras proyectarse en salas repletas. “Fue la constatación de que teníamos un público más amplio del que pensábamos”, declaró Kreimer en los días previos a la gala a La Nación.

Kreimer accedió a París tras una formación inicial en el Liceo Francés y una posterior especialización en ciencias políticas, estudios que terminó en la capital francesa. Antes de abocarse de lleno al cine, trabajó once años en arte contemporáneo, primero en el ámbito fotográfico y luego dirigiendo el taller del artista Xavier Veilhan, representante francés en la Bienal de Venecia 2017. Tras esa experiencia fundó la productora Misia Films junto a la italiana Valentina Merli, justo cuando comenzaba la pandemia de covid-19.

Las productoras Valentina Merli y
Las productoras Valentina Merli y Violeta Kreimer y la felicidad por la distinción de su corto «Dos personas intercambiando saliva»

El origen de Deux personnes échangeant de la salive no fue inmediato. El concepto se gestó durante el confinamiento: “El proyecto empezó siendo una serie que era al principio filmar dentro de las galerías cerradas… Cuando terminó el covid, quisimos seguir y comenzamos a filmar de noche. La serie existe y está online”, relató Kreimer. En ese proceso se sumaron el artista Alexandre Singh y la curadora Natalie Musteata, quienes desde hacía tiempo buscaban una oportunidad de colaboración. El acceso a espacios como las Galerías Lafayette se tradujo en una oportunidad única para desarrollar el germen del actual cortometraje.

La película introduce a los espectadores en un mundo distópico donde la gente paga con cachetazos y besarse se castiga con la muerte. El argumento sigue a una compradora compulsiva en una tienda de lujo que se enamora de una vendedora, enfrentando en esa sociedad las consecuencias de un afecto condenado.

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Valentina Merli y Violeta Kreimer
Valentina Merli y Violeta Kreimer posan junto a parte del equipo del filme premiado «Dos personas intercambiando saliva»

El impulso internacional del corto motivó el respaldo de figuras como Isabelle Huppert y Julianne Moore, que oficiaron como “madrinas” en la campaña para el Oscar. Según Kreimer, organizaron un evento en París donde invitaron a votantes de la Academia y a cineastas como Catherine Deneuve. “A Isabelle le encantó y tuvo luego un encuentro de media hora con los directores… Le propusimos ser madrina y con una generosidad absoluta aceptó. En el caso de Julianne Moore, vio el corto porque se lo mandó su agente y le mandó un mail a los directores para conocerse… le propusimos ser madrina y también aceptó”.

La aclamada actriz Julianne Moore
La aclamada actriz Julianne Moore fue una de las que se sumó a la producción del cortometraje ganador; así lo informó el prestigioso medio de Hollywood, Variety

El proceso de selección para los Oscars se caracteriza por su rigor. “Son 250 cortos calificados que entran en la plataforma inicial; cada votante debe haber visto 42 cortos para poder votar la lista preliminar de 15 postulantes. Luego, tienen que ver esos 15 para poder votar a los 5 nominados”, detalló la productora.

La nominación adquiere para Kreimer un significado especial: “Lo que más me emocionó fue confirmar con este equipo que podíamos hacer un proyecto que trascendiera las fronteras, con tanto impacto y, en lo personal, ver la reacción de mi mamá y mis hijas, que saben que me dedico a la producción, pero que por primera vez puede sintetizarse en algo concreto que pueden entender”.



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La verdad del romance furtivo entre Andrea del Boca y Luis Miguel que revolucionó Gran Hermano: «Lo que pasó en Mónaco…»

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No es la primera vez que lo cuenta. O que lo deja entrever. Pero por supuesto: Gran Hermano es una caja de resonancia donde todo se magnifica. Cada palabra, cada gesto, cada confesión… Por eso, que Andrea del Boca haya mencionado en el reality su vínculo efímero pero apasionado con Luis Miguel, reaviva una historia que muchos no tenían presente. Y que la actriz se niega a olvidar.

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Sueña es un clásico de Luismi que se lanzó en 1996 para la versión en español de El Jorobado de Notre Dame, el clásico de Disney. Y cuando en la casa comenzó a sonar ese tema a todo volumen, Del Boca se paró adelante de sus compañeros y comenzó a cantarla.

Entonces, recordó: «Cuando estaba embarazada le pedí al médico si podía escuchar música en el parto. Elegí esta canción y justo nació mi hija en ese momento. Entonces es muy especial para mí, porque reúne todo: ‘El amor reancerá’. Apuesto a eso», dijo Del Boca.

Sí, hermosa la anécdota de la llegada de Anna del Boca. Muy conmovedora. Pero la clave, lo que en realidad a todos les importó, fue el lado B de la anécdota. «A Micky lo conocí hace muchísimos años en Mónaco. Tengo los mejores recuerdos. Lo que pasó en Mónaco queda en Mónaco«, dijo Andrea, pícara, hablando de aquel viejo affaire con Luis Miguel.

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Pues bien…

EL ROMANCE DE ANDREA DEL BOCA Y LUIS MIGUEL

En agosto del 2023 Andrea del Boca subió una foto a su Instagram donde se la observa sentada junto al Rey Sol; atrás aparece el conductor Juan Alberto Mateyko. «Monaco, World Music Awards, Mayo 1990. Lo que sucede en Mónaco, queda en Mónaco», escribió la actriz al pie de la imagen. Sí, las mismas palabras que usó en Gran Hermano.

Ese año, los dos transitaban el pico de popularidad de su carrera, ella como una actriz de novela y él, como el gran exponente de la canción romántica en América Latina. Además, estaban contratados por la misma compañía discográfica, que la convocó a Andrea para que le entregara a Luis Miguel el premio World Music Award. Allí se conocieron.

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Luis Miguel y Andrea del Boca; en el medio, Juan Alberto Mateyko. (Instagram)

Sobre lo que pasó entre ellos, furtivo y apasionado, breve pero intenso, Del Boca jamás se explayó. Alguna vez lo definió como «un caballero» y habló de «una semana inolvidable» en Mónaco. Y poco más.

Con el paso de los años, Mateyko aportó alguna información más. Por caso, contó que los tres coincidieron durante varias actividades del evento, y que fue testigo del clima cómplice entre la actriz y el cantante, a quienes describió como muy cercanos. Compartieron cenas y salidas durante los días que duró la ceremonia, lo que alimentó la versión de que entre Andrea y Luismi hubo más que una simple amistad.

¿Y Luis Miguel? Nada dijo. Porque los caballeros no tienen memoria. Aunque esta dama, nunca olvida…

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