CHIMENTOS
Pampita se suma a Infobae con un ciclo de entrevistas

El lanzamiento de “Lo de Pampita” en la plataforma digital Infobae representa la apuesta por un ciclo de entrevistas centrado en el costado humano de las grandes figuras del espectáculo, el deporte, la música y la cultura. Al frente del programa está Carolina “Pampita” Ardohain, quien inaugura este espacio de conversaciones profundas este miércoles 1° de abril con Graciela Alfano como primera invitada. Su presencia anticipa una charla en la que se abordarán sucesos trascendentes y emociones que han definido su recorrido.
“Lo de Pampita” es una nueva propuesta en Infobae que explora el lado personal de los personajes públicos, más allá de su exposición mediática. El ciclo busca diferenciarse por ofrecer diálogos auténticos y cercanos, donde la conductora recibe a referentes de distintos ámbitos para compartir historias, anécdotas y emociones en un clima de confianza. Su objetivo central es invitar a invitados destacados a compartir aquello que habitualmente permanece fuera de cámara, propiciando encuentros donde la vulnerabilidad y la empatía cobran protagonismo.
El programa se caracteriza por su formato reflexivo, alejado de las preguntas rápidas o superficiales. Cada episodio está diseñado para profundizar en los momentos clave de la vida de los invitados: desde sus orígenes profesionales hasta los desafíos, miedos y logros que marcaron su trayectoria, tanto en lo personal como en lo artístico.
Como ella misma dice: “Durante años me hicieron las preguntas a mí, pero esta vez las preguntas las hago yo, porque la verdad no siempre es evidente y las apariencias pueden engañar. En cada encuentro, una historia. En cada silencio, una revelación. Famosos en su versión más auténtica”.
Una apuesta por la autenticidad y las historias personales
La esencia de “Lo de Pampita” está en descubrir quién es la persona detrás de la figura. Lejos de las preguntas de ocasión o los titulares rápidos, la propuesta se centra en generar un espacio de conversación genuina, donde cada invitado pueda correrse del personaje público y conectar con su historia personal.
Uno de los ejes centrales del ciclo es dar lugar a sentimientos y experiencias que suelen quedar ocultos. Poner en palabras aquello que muchas veces queda fuera de cámara: los miedos, las inseguridades, los fracasos y las decisiones difíciles que moldearon a cada uno de los entrevistados.
El rol de Pampita como conductora y su búsqueda de empatía
Carolina Ardohain se posiciona en el centro del ciclo con una experiencia consolidada en el espectáculo y la conducción. Su conocimiento del medio y su propio recorrido le otorgan recursos para establecer una comunicación sincera, dinámicas profundas y una atmósfera de confianza.
El estilo de Pampita apuesta por la cercanía y la comprensión emocional en la conducción. Con su experiencia frente a cámara y su propia historia dentro del mundo mediático, la conductora buscará generar un clima de confianza que habilite respuestas auténticas. Esta dinámica permite a las figuras abrirse, narrar historias menos conocidas y distanciarse de su imagen pública para acercarse a su realidad.

Fama, visibilidad y redescubrimiento personal
Entre los temas recurrentes del programa, se destaca la reflexión sobre la fama y la exposición mediática. Las entrevistas abren interrogantes sobre cómo se construye la imagen pública, los desafíos de sostenerla y el impacto que tiene en la vida cotidiana de quienes están siempre ante la mirada del público.
Las conversaciones buscan iluminar no solo los logros, sino también las dudas y los dilemas que acompañan el reconocimiento social. El ciclo analiza cómo los entrevistados equilibran su vida pública y privada y cómo redefinen su identidad con el tiempo y la experiencia.
El presente de las figuras detrás del personaje
La propuesta no se limita a la revisión retrospectiva; también se interesa por la mirada actual de los entrevistados, sus anhelos y el momento que atraviesan hoy. El programa buscará responder una pregunta clave: quiénes son hoy. Qué los moviliza, cuáles son sus prioridades y cómo se ven a sí mismos en esta etapa de sus vidas.
A través de estas conversaciones, cada figura expone su visión contemporánea, contribuyendo a un retrato más completo. Así, “Lo de Pampita” permitirá que el espectador acceda a una perspectiva real y renovada de sus protagonistas.
CHIMENTOS
Por qué Carmiña Masi odia a Georgina Barbarossa tras su expulsión de Gran Hermano: “La más…”

Si hay algo que dejó en claro de un tiempo a esta parte la ex participante paraguaya de Gran Hermano es que no tiene filtros ni se guarda nada. Por eso, el hecho de que le preguntaran sobre una conductora en particular de Telefe no fue la excepción. Por el contrario, la destrozó en vivo.
Invitada a All Access por Dgo, Carmiña Masi fue clara y directa a la hora de opinar sobre Georgina Barbarossa, quien la tuvo en el living de su programa y, según ella, le dio una buena imagen. “Me cayó muy mal”, lanzó de una la ex hermanita.
A lo que luego, la comunicadora nacida en Paraguay arremetió: “Primero, me parece la más xenófoba de la Argentina hasta el momento. Porque si bien lo mío ya se sabía por qué me fui, me pusieron a un costado como si fuera leprosa. Pero después fue una chica que estaba acusada”.
“Que si bien todavía no fue juzgada ni nada, creo que fue una ex Gran Hermano, le decía pobrecita como la viuda negra. Víctima ella cuando se vio todo lo que hizo. Y después de que fui da una nota diciendo ´la traté como un perro´. Ojalá me hubiese tratado como un perro”, continuó Carmiña.
CARMIÑA MASI SE LA TIENE JURADA A GEORGINA
Asimismo, sin freno en su descargo, Masi sumó: “Si ella cree que así se lo trata a los perros me parece que ella no está muy bien de las cosas que dijo. Creo que le molestó que no pudo conmigo si me querían liquidar, liquidar. Y yo soy buena respondiendo también porque me dedico a esto”.
“Creo que ella sola se expuso y en su forma de ser que no la tenía. Realmente pensé que era mejor. Pero habla más de ella que de mí. Atacarme así por querer quedar bien no le salió bien. La obligaron a llevarme. Un día antes dijo ´ni loca la entrevisto´. ´Vos no decidís´, le dijeron”, remató Carmiña.
Carmiña Masi, Georgina Barbarossa
CHIMENTOS
La traición de los 10 millones de dólares que Susana Giménez nunca perdonó: el cenicero en la cara de Roviralta, la sangre y los insultos que escandalizaron al país

“¿Cuándo te vas a ir de acá? ¡Hijo de puta, ladrón!”, fue una de las frases de Susana Giménez que quedó para la historia en el mundo del espectáculo. Corría el año 1998, más exactamente un caluroso 13 de febrero, en el marco de la vuelta de un viaje de la diva a Miami. Su mansión de la calle Dardo Rocha, en Barrio Parque, se transformó en un subversivo escenario de discusión, insultos y agresiones con Huberto Roviralta, su ex marido.
En lo que se recuerda como uno de los divorcios millonarios más exorbitantes de la farándula argentina, todo comenzó con una historia de amor intensa. Susana y Roviralta se casaron a solo tres meses de haberse conocido y terminó de la peor manera. La histórica conductora de Telefe perdió 10.000.000 de dólares, y la pelea escaló a niveles de agresiones impensados con insultos, humillaciones y un cenicero que la propia diva le arrojó en la cara a Roviralta.
En 1987 la carrera de Susana tuvo su explosión definitiva, un año de consagración total. Por aquel entonces, la pantalla de ATC irrumpió con un programa que marcó para siempre un antes y después: Hola, Susana. Su nombre solo bastó para transformarse en un suceso fidedigno, que generó ganancias millonarias en la vida profesional y personal de Giménez.
Inspirado en el mismo formato que Raffaella Carrá realizaba en la RAI, los concursos telefónicos fueron la apertura a niveles inconmensurables de dinero. Sumado a las diferentes entrevistas a famosos y las apuestas con conciertos musicales, hicieron del ciclo un combo exitoso, inequívoco de fracaso, que le dio un vuelo infinito a Susana. La enorme exposición que tenía como estrella de la televisión hizo que, simultáneamente, logre llenar cada una de las funciones de la obra musical Sugar, que protagonizaba con Ricardo Darín y Arturo Puig.

La popularidad crecía y Susana era catalogada como la mujer del año. Estaba en su prime. De forma paralela el país atravesaba con un hito como la promulgación de la ley de divorcio. Y Susana abrió camino (y mentes) demostrando que se podía ser amiga de un ex —Ricardo Darín—, incluso hasta compartir trabajo. En 1978 comenzaron su romance, que duró 13 años, y si bien nunca se llegaron a casar, todo iba cuesta arriba para la diva, que a su vez venía de salir de una traumática relación como la que vivió con Carlos Monzón.
DEL ÉXITO SUPREMO DE SUSANA GIMÉNEZ COMO DIVA DE LA TV, AL ESCÁNDALO MEDIÁTICO MÁS GRANDE DE LA HISTORIA
La figura de Alejandro Romay llevándola a Canal 9 no hizo más que ubicarla en el foco de todos los flashes. El glamour, la ropa de Gino Bogani, el rating que acumula cifras récords: las mujeres argentinas desde sus casas ya comenzaban a atender los llamados telefónicos con el tan característico “Hola, Susana”, por las dudas de que fuera ella quien estaba al otro lado. Ese subidón la llevó al estrellato máximo y se dio su pase a Telefe con un contrato acaudalado de 1.000.000 de dólares por mes, que la transformó en la estrella mejor paga de la televisión.
A finales de 1987, a la vuelta del Roof Garden del Alvear, adonde Susana brillaba por completo, vivía un “morocho con aires de nene bien”: Huberto Rivarola. Alejado por completo de la vida ostentosa de Susana, el hombre manejaba un Fiat 147, pero se codeaba con algunos aires de ricachones: jugaba al polo y su mamá tenía su casa en uno de los country más paquetes de Tortugas.
En una noche de pura conexión, Roviralta y Giménez coincidieron en un baile y todo fluyó de maravillas. La diva nunca antes había sentido algo igual y Huberto le pidió casamiento al mes de conocerse. Sí, de película pero real. El 5 de diciembre de 1988 la pareja pasó por el Registro Civil de la calle Uruguay; ella con una sonrisa de oreja a oreja, sin saber que años más tarde se borraría por completo, y por ese entonces, su flamante marido tuvo un cambio de vida de 180°. La fiesta fue en el Hotel Alvear y asistieron 500 personas.
Durante los años posteriores pasó de todo. Llegó la década dorada del amor con viajes a Miami, el Caribe, paseos en moto de agua, o las ostentosas vacaciones por Egipto y la icónica imagen de los enamorados paseando en camello. Parecía todo tan perfecto que el estallido de su separación, el 30 de enero de 1998, acordando los términos de divorcio en el restaurante de Ocean Drive de Miami, pasó a ser la antesala de un escándalo sin igual.
Los rumores más fuertes señalaban infidelidades de Roviralta a Susana, que estaba en su pico máximo de trabajo. “Sus tiempos y metas eran diferentes. Ella era una mega celebridad, la número uno en el país, que trabajaba muchísimo, porque hacía televisión todos los días y también hacía teatro. Susana siempre trabajó y mucho, y él se dedicaba al polo, no tenía una actividad como la de un médico o un albañil. Y algunos se preguntaban de qué trabajaba”, afirmó Daniel Gómez Rinaldi en una entrevista con Infobae.
La bomba terminó de explotar con el divorcio. Lo que parecía ser un acuerdo legal de común acuerdo, tuvo tensiones máximas cuando los abogados de Huberto plantearon una presunta infidelidad de Susana, y la defensa del mediático ante el rumor de un engaño fue tajante. “Nunca le fue infiel”, reconoció. El patrimonio de la diva oscilaba los 100 millones de dólares y Roviralta, ni lerdo ni perezoso, reclamaba la mitad de todo porque el 90% de esas ganancias se gestaron durante su matrimonio de 10 años. Básicamente, pretendía obtener dinero por trabajos que jamás hizo y que Susana se ganó a base de años de esfuerzo, dedicación y trabajo.

El precio de la libertad que tuvo que pagar Susana fue cuantioso: un cheque de 10.000.000 de la divisa norteamericana. Para la figura de Telefe esa no fue una separación más. De esa forma pudo, de forma oficial y sin tener que ocultarse, vivir su romance con Jorge Corcho Rodríguez, el cual tuvo inicio el 98.
Empero, en febrero de ese año, cuando Giménez volvió de un viaje de Miami a su mansión, afuera se encontraba Gómez Rinaldi realizando una cobertura para el programa Indiscreciones. De un momento a otro, Huberto apareció en una de las ventanas para mostrarle a los periodistas unos papeles, reconociendo que aún había pendientes por resolver. Su llegó a bordo de su Mercedes Benz, y apenas entró, se lo encontró y se dio la feroz discusión. “¿Cuándo te vas a ir de acá? ¡Hijo de puta, ladrón!”, se escuchó gritar a la mediática.
Lo que siguió luego fue la imagen de Rivarolta saliendo por el portón, buscando que la prensa lo vea: su cara ensangrentada lo decía todo. El rumor más fuerte instalado señala que Susana le arrojó un cenicero, pero en una conferencia de prensa ella contó que era una cajita de madera, peltre, traída de la India, y que era el primer objeto que tuvo a mano para defenderse de una situación que catalogó como “humillante y vergonzante”.
Las personas más cercanas a Giménez, Teté Coustarot, Pet Figueroa, su hija Mecha y su marido de ese momento, Eduardo Celasco, se quedaron para contener a la diva, mientras que Huberto se retiraba de la mansión por la tarde. “No es justo ventilar mi vida privada. Pero no puedo más. Lo que voy a hacer ahora es muy difícil. Necesito descomprimir porque así no se puede vivir ¿Si Huber lo hizo para sacarme plata? Quizá debe haber un interés, sí. Pero jamás hablamos entre nosotros de una cifra. No hay acuerdo prenupcial. Sí, le tiré un cenicero. Pero hace mucho que trato de salvar la pareja viviendo, no sé si llamarlo así, humillaciones. Sí, pudieron ser infidelidades…”, expuso Susana durante su descargo en el hotel Alvear.
Con los años, Susana logró reconstruir su vida sentimental y consolidar su carrera como una de las figuras más influyentes de la televisión argentina. El escándalo con Roviralta, sin embargo, quedó como un símbolo de una época donde la vida privada de los famosos empezaba a convertirse en espectáculo público, amplificado por cámaras, cronistas y una audiencia que seguía cada capítulo como si fuera una telenovela.
Hoy, casi tres décadas después, aquella frase que gritó en medio de la furia sigue resonando como un eco de aquel verano de 1998. No fue solo una pelea matrimonial: fue el final abrupto de una historia de amor que empezó como un cuento de hadas y terminó convertida en uno de los divorcios más escandalosos, y costosos, de la farándula. Porque detrás de los millones, los titulares y el mito televisivo, también estaba la historia de una mujer que decidió, a cualquier precio, recuperar su libertad.
Búsqueda de material e investigación de archivo: Gustavo Ramírez.
Jefa de archivo: María Luján Novella.
Archivo Atlántida.









Susana Giménez, Huberto Roviralta
CHIMENTOS
La dura sanción de Gran Hermano que enardeció la casa: “No jueguen con mi paciencia”

La convivencia en la casa de Gran Hermano: Generación Dorada (Telefe) volvió a entrar en zona de máxima tensión y, esta vez, el castigo golpeó donde más duele: la comida. Después de varias advertencias ignoradas y de una nueva desobediencia colectiva frente a una de las reglas más claras del reality, la voz de Gran Hermano decidió aplicar una sanción ejemplar para todos los participantes. El motivo fue contundente: volvieron a hablar de los gritos del exterior, algo expresamente prohibido por el reglamento. Y la respuesta del Big no dejó lugar para dudas. “No jueguen con mi paciencia”, lanzó, con un tono severo que dejó helada a toda la casa.
La escena se vivió durante una noche cargada de nervios, cuando Santiago del Moro interrumpió la dinámica habitual para anticipar que se venía una medida disciplinaria. “Desobedecieron la orden”, señaló el conductor, mientras en el estudio se comentaba el clima enrarecido que se había generado dentro del juego. Incluso antes del comunicado formal, ya estaba claro que esta vez el llamado de atención no iba a quedar en una simple advertencia.
La voz de Gran Hermano reunió a todos los jugadores y arrancó con un mensaje tajante: “Quiero compartir mi profundo malestar hacia todos ustedes por desoír o desatender, diría yo, las advertencias que les expreso”. La frase fue apenas el comienzo de un discurso cargado de enojo, en el que el dueño de la casa remarcó que no era la primera vez que debía intervenir por este mismo tema. “Hace pocos días me pronuncié respecto al protocolo que rige acerca de los gritos que provienen del exterior de la casa”, recordó, antes de insistir con una regla básica del programa: “Está absolutamente prohibido hablar sobre lo que escuchan. No se puede hacer ninguna mención al respecto”.
El mensaje apuntó no solo al incumplimiento puntual, sino también a una actitud repetida que, según dejó en claro, empezó a agotar su paciencia. “Esta competencia, señores, se juega puertas adentro. Los gritos, como ya lo he dicho, no tienen relevancia. Hagan de cuenta que no existen. No se dejen seducir por los cantos de sirena. Y realmente me cansa tener que repetir y repetir y repetir este tipo de mensajes”, disparó.
Lejos de suavizar el tono, el “Big” fue todavía más directo. “Quiero ser claro. No jueguen con mi paciencia”, advirtió. Y enseguida recordó que ya había comunicado previamente que, si se repetía la conducta, habría sanción. “En aquella ocasión les había comunicado que de reiterarse la desobediencia sobre la prohibición de hablar de los gritos, recibirían una sanción. No obstante, ayer muchos de ustedes volvieron a transgredir esta disposición”, señaló.
A partir de ahí llegó el anuncio que cambió de inmediato el humor de todos. “Debido a la reiteración de faltas, la sanción afectará a toda la casa”, comunicó, dejando en claro que se trataba de una penalización colectiva. Y entonces explicó de qué manera impactaría en la economía semanal del grupo: “De superar la prueba semanal, obtendrán la mitad del presupuesto asignado para la compra de mañana en el supermercado”. Es decir, incluso en el mejor escenario posible, perdieron automáticamente el derecho a acceder al presupuesto completo.
Pero la peor parte todavía no había llegado. “Pero atención, si llegaran a perderla, solo contarán con el 25%”, agregó. La reacción fue inmediata: gritos de sorpresa, caras largas y preocupación generalizada. En una casa donde la comida ya empieza a convertirse en un punto sensible, la posibilidad de tener apenas una cuarta parte del presupuesto apareció como una amenaza concreta a la convivencia.
Sin embargo, el castigo no terminó ahí. Cuando todavía resonaba el impacto de la reducción económica, Gran Hermano sumó otro golpe: “Les reduzco a la mitad el tiempo de la compra. Tendrán cinco minutos para realizarla”. La queja de los participantes no tardó en aparecer. “¿Cómo, tan poco?”, se escuchó desde la casa, mientras algunos intentaban dimensionar lo que significaba tener tan poco margen para decidir qué comprar.
El reglamento de Gran Hermano es claro respecto a los gritos del afuera: los participantes no deben comentarlos entre sí y, además, deben ingresar rápidamente a la casa para evitar cualquier tipo de contaminación con información externa. No se trata de un detalle menor, sino de una de las bases del aislamiento que sostiene el formato. Por eso, la insistencia en romper esa norma terminó derivando en una respuesta contundente.

En ese marco, el comunicado de Gran Hermano sonó casi como una advertencia final. “Les anuncio desde ya que no voy a dejar pasar este nuevo incumplimiento ni ningún otro”, dijo, antes de remarcar que tiene “la potestad de impartir sanciones individuales o colectivas” y que estas “no podrán ser cuestionadas y serán de acatamiento obligatorio”.
El cierre también fue terminante. “Esta es mi decisión. Espero que de ahora en más, con esto y con todo el resto, me tomen en serio”. La frase funcionó como un mensaje hacia adentro, pero también como una señal hacia afuera: la producción no está dispuesta a tolerar nuevas transgresiones en un momento del juego donde cada movimiento empieza a pesar más.
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