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Por qué Carmiña Masi odia a Georgina Barbarossa tras su expulsión de Gran Hermano: “La más…”

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Si hay algo que dejó en claro de un tiempo a esta parte la ex participante paraguaya de Gran Hermano es que no tiene filtros ni se guarda nada. Por eso, el hecho de que le preguntaran sobre una conductora en particular de Telefe no fue la excepción. Por el contrario, la destrozó en vivo.

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Invitada a All Access por Dgo, Carmiña Masi fue clara y directa a la hora de opinar sobre Georgina Barbarossa, quien la tuvo en el living de su programa y, según ella, le dio una buena imagen. “Me cayó muy mal”, lanzó de una la ex hermanita.

A lo que luego, la comunicadora nacida en Paraguay arremetió: “Primero, me parece la más xenófoba de la Argentina hasta el momento. Porque si bien lo mío ya se sabía por qué me fui, me pusieron a un costado como si fuera leprosa. Pero después fue una chica que estaba acusada”.

“Que si bien todavía no fue juzgada ni nada, creo que fue una ex Gran Hermano, le decía pobrecita como la viuda negra. Víctima ella cuando se vio todo lo que hizo. Y después de que fui da una nota diciendo ´la traté como un perro´. Ojalá me hubiese tratado como un perro”, continuó Carmiña.

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CARMIÑA MASI SE LA TIENE JURADA A GEORGINA

Asimismo, sin freno en su descargo, Masi sumó: “Si ella cree que así se lo trata a los perros me parece que ella no está muy bien de las cosas que dijo. Creo que le molestó que no pudo conmigo si me querían liquidar, liquidar. Y yo soy buena respondiendo también porque me dedico a esto”.

“Creo que ella sola se expuso y en su forma de ser que no la tenía. Realmente pensé que era mejor. Pero habla más de ella que de mí. Atacarme así por querer quedar bien no le salió bien. La obligaron a  llevarme. Un día antes dijo ´ni loca la entrevisto´. ´Vos no decidís´, le dijeron”, remató Carmiña.

 

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Carmiña Masi, Georgina Barbarossa

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CHIMENTOS

Nico Cabré superó su primer Ironman, el desafío más exigente de su vida deportiva: “Hoy soy más corredor que actor”

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La pasión de Nicolás Cabré por el deporte se sintió ya en varias provincias del país

La imagen de Nicolás Cabré con la medalla en la mano y el gesto agotado resume el punto más alto de una historia de perseverancia. El actor argentino, conocido por su extensa trayectoria en la televisión y el cine, se enfrentó a uno de los desafíos más exigentes de su vida: completar el Ironman 70.3 San Juan. El relato, compartido por él mismo en redes sociales y acompañado de una fotografía, revela la dimensión física y emocional de la jornada.

Desde el inicio, dejó en claro que el compromiso con el deporte ya no es un simple pasatiempo. La jornada arrancó temprano en el Dique Punta Negra, bajo el sol intenso de la provincia de San Juan. Junto a más de 1.200 atletas de 35 países, el actor se sumó a la largada para recorrer 1,9 kilómetros de natación, 90 kilómetros de ciclismo y 21 kilómetros de running, etapas que componen el formato Ironman 70.3.

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La exigencia del evento se manifestó desde el principio, aunque atravesó las fases acuática y de ciclismo dentro de lo esperado. El quiebre llegó en el tramo de pedestrismo, cuando el cuerpo comenzó a pasar factura. En su propia crónica, el actor expuso: “Nadé normal, hice la bici normal y cuando me tocó correr exploté por todos lados”. La crudeza de la experiencia lo llevó a considerar el abandono en repetidas ocasiones, especialmente desde el kilómetro dos del recorrido final.

Durante la fase de running, enfrentó una crisis física que lo obligó a alternar caminatas y trote lento. “Tuve que parar y caminar mil veces y otras millones de veces pensé en abandonar. Ya desde el km 2 podría haber abandonado, pero me propuse terminar de la manera que sea. Caminé, troté, y volví a parar, de hecho pasé caminando por la llegada”. narró el actor, dando cuenta de la lucha interna vivida durante la competencia.

Primer plano de Nicolás Cabré, un hombre con barba y camiseta verde, sonriendo y mostrando una medalla blanca de "Finisher 2026"
Nicolás Cabré posa sonriente y orgulloso mostrando su medalla de «Finisher 2026» tras completar el exigente triatlón Ironman.

La determinación de completar el desafío, más allá del resultado deportivo, se volvió el eje central de la experiencia. Cabré reconoció que registró el peor tiempo de todos los triatlones en los que participó, pero relativizó la importancia de la marca: “Que fue en el que peor tiempo hice de todos los que hice. Pero si me preguntan, no sé si fue el que peor me salió o si fue el mejor de todos. Esta reflexión no solo visibiliza la crudeza del esfuerzo físico, sino también la transformación personal que implica afrontar y superar límites.

La jornada de competencia estuvo marcada por el calor intenso, aunque con condiciones óptimas por la ausencia de viento. El recorrido se desplegó desde el Dique Punta Negra, siguió por rutas sanjuaninas y concluyó en el Teatro del Bicentenario, en pleno corazón de la capital provincial. En este escenario, Cabré no fue el único protagonista: Pablo Bien y Clara Debiassi se consagraron como ganadores en las ramas masculina y femenina, respectivamente, consolidando la relevancia internacional del evento.

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Uno de los motores que sostuvo al actor en los momentos críticos fue el apoyo emocional de su familia. En el equipo deportivo que utilizó durante el triatlón llevaba grabados los nombres “Ru” y “Ro”, en referencia a su hija Rufina y a su pareja Rocío Pardo. El lazo afectivo se volvió tangible en la largada, a través de una imagen compartida de su esposa, en que se lee el texto: “Felicitaciones amor de mi vida. Te admiro en todas tus facetas”. La presencia simbólica de sus seres queridos funcionó como impulso decisivo para resistir el agotamiento.

El entorno social y deportivo también jugó un papel relevante. Durante el recorrido, especialmente en los tramos de running, decenas de sanjuaninos se acercaron a saludarlo, aplaudirlo y gritarle frases de aliento como “¡Vamos Nico!” o “¡Dale, Cabré!”. El afecto espontáneo del público fue clave en los momentos en que el cansancio amenazaba con vencerlo. Su participación ayudó a amplificar la repercusión del evento, atrayendo tanto a fanáticos del triatlón como a quienes se acercaron por la curiosidad de verlo competir.

Nicolás Cabré, con gorro amarillo de nadador y gafas, sonríe a cámara entre otros atletas en trajes de neopreno, bajo un cartel de "ROLLING START" al amanecer
Nicolás Cabré posa sonriente y concentrado, previo a comenzar el Ironman, en una imagen capturada por su esposa, Rocío Pardo.

Cabe recordar que el vínculo de Cabré con el deporte tiene raíces personales profundas. Según relató en entrevistas previas, comenzó a correr a los 37 años como una herramienta para dejar de fumar. La práctica del running, que en principio surgió como un recurso para cuidar la salud, se convirtió con el tiempo en una nueva forma de vida. El actor llegó a afirmar: “La realidad es que hoy soy más corredor que actor”, subrayando el impacto positivo de la actividad física en su bienestar general.

El running y el triatlón no solo le proporcionaron un círculo de amistades diferente, sino que también le impusieron una disciplina que lo mantiene alejado de hábitos nocivos. Cabré atribuye al deporte la capacidad de haberle “salvado la vida”, al brindarle objetivos claros y una red de contención social ajena a los escenarios habituales de la farándula.

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La experiencia de San Juan le permitió poner a prueba, una vez más, esa transformación. Frente al cansancio extremo y la sensación de derrota inminente, el actor apeló a los valores adquiridos en su recorrido deportivo: constancia, humildad y resiliencia. El hecho de haber completado el Ironman 70.3, aún en condiciones desfavorables y con el peor tiempo de su historial, refuerza la idea de que cada competencia representa una batalla interna única.

La edición 2026 consolidó su lugar como uno de los eventos deportivos de mayor prestigio en Argentina y Sudamérica. Con la participación de más de 1.200 atletas de 35 países, la competencia se desarrolló en un clima de fiesta popular. El calor intenso y la ausencia de viento permitieron un ritmo veloz en las disciplinas de natación y ciclismo, aunque el running se transformó en el tramo más desafiante para muchos de los competidores.

En el último día del año, Nicolás y Rufina Cabré protagonizaron una divertida acrobacia en la piscina (Instagram)

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El paso de Nicolás Cabré por el Ironman 70.3 San Juan quedó grabado en la memoria de los asistentes. Más allá del resultado deportivo, su experiencia personal, el acompañamiento del público y la exposición mediática contribuyeron a realzar el valor simbólico del evento. La postal final: un actor que, lejos de cámaras y reflectores, decidió enfrentar uno de los desafíos más exigentes del deporte mundial.



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Pampita se suma a Infobae con un ciclo de entrevistas

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El lanzamiento de “Lo de Pampita” en la plataforma digital Infobae representa la apuesta por un ciclo de entrevistas centrado en el costado humano de las grandes figuras del espectáculo, el deporte, la música y la cultura. Al frente del programa está Carolina “Pampita” Ardohain, quien inaugura este espacio de conversaciones profundas este miércoles 1° de abril con Graciela Alfano como primera invitada. Su presencia anticipa una charla en la que se abordarán sucesos trascendentes y emociones que han definido su recorrido.

“Lo de Pampita” es una nueva propuesta en Infobae que explora el lado personal de los personajes públicos, más allá de su exposición mediática. El ciclo busca diferenciarse por ofrecer diálogos auténticos y cercanos, donde la conductora recibe a referentes de distintos ámbitos para compartir historias, anécdotas y emociones en un clima de confianza. Su objetivo central es invitar a invitados destacados a compartir aquello que habitualmente permanece fuera de cámara, propiciando encuentros donde la vulnerabilidad y la empatía cobran protagonismo.

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El programa se caracteriza por su formato reflexivo, alejado de las preguntas rápidas o superficiales. Cada episodio está diseñado para profundizar en los momentos clave de la vida de los invitados: desde sus orígenes profesionales hasta los desafíos, miedos y logros que marcaron su trayectoria, tanto en lo personal como en lo artístico.

Como ella misma dice: “Durante años me hicieron las preguntas a mí, pero esta vez las preguntas las hago yo, porque la verdad no siempre es evidente y las apariencias pueden engañar. En cada encuentro, una historia. En cada silencio, una revelación. Famosos en su versión más auténtica”.

Una apuesta por la autenticidad y las historias personales

La esencia de “Lo de Pampita” está en descubrir quién es la persona detrás de la figura. Lejos de las preguntas de ocasión o los titulares rápidos, la propuesta se centra en generar un espacio de conversación genuina, donde cada invitado pueda correrse del personaje público y conectar con su historia personal.

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Uno de los ejes centrales del ciclo es dar lugar a sentimientos y experiencias que suelen quedar ocultos. Poner en palabras aquello que muchas veces queda fuera de cámara: los miedos, las inseguridades, los fracasos y las decisiones difíciles que moldearon a cada uno de los entrevistados.

El rol de Pampita como conductora y su búsqueda de empatía

Carolina Ardohain se posiciona en el centro del ciclo con una experiencia consolidada en el espectáculo y la conducción. Su conocimiento del medio y su propio recorrido le otorgan recursos para establecer una comunicación sincera, dinámicas profundas y una atmósfera de confianza.

El estilo de Pampita apuesta por la cercanía y la comprensión emocional en la conducción. Con su experiencia frente a cámara y su propia historia dentro del mundo mediático, la conductora buscará generar un clima de confianza que habilite respuestas auténticas. Esta dinámica permite a las figuras abrirse, narrar historias menos conocidas y distanciarse de su imagen pública para acercarse a su realidad.

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Lo de Pampita portada

Fama, visibilidad y redescubrimiento personal

Entre los temas recurrentes del programa, se destaca la reflexión sobre la fama y la exposición mediática. Las entrevistas abren interrogantes sobre cómo se construye la imagen pública, los desafíos de sostenerla y el impacto que tiene en la vida cotidiana de quienes están siempre ante la mirada del público.

Las conversaciones buscan iluminar no solo los logros, sino también las dudas y los dilemas que acompañan el reconocimiento social. El ciclo analiza cómo los entrevistados equilibran su vida pública y privada y cómo redefinen su identidad con el tiempo y la experiencia.

El presente de las figuras detrás del personaje

La propuesta no se limita a la revisión retrospectiva; también se interesa por la mirada actual de los entrevistados, sus anhelos y el momento que atraviesan hoy. El programa buscará responder una pregunta clave: quiénes son hoy. Qué los moviliza, cuáles son sus prioridades y cómo se ven a sí mismos en esta etapa de sus vidas.

A través de estas conversaciones, cada figura expone su visión contemporánea, contribuyendo a un retrato más completo. Así, “Lo de Pampita” permitirá que el espectador acceda a una perspectiva real y renovada de sus protagonistas.

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La traición de los 10 millones de dólares que Susana Giménez nunca perdonó: el cenicero en la cara de Roviralta, la sangre y los insultos que escandalizaron al país

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¿Cuándo te vas a ir de acá? ¡Hijo de puta, ladrón!”, fue una de las frases de Susana Giménez que quedó para la historia en el mundo del espectáculo. Corría el año 1998, más exactamente un caluroso 13 de febrero, en el marco de la vuelta de un viaje de la diva a Miami. Su mansión de la calle Dardo Rocha, en Barrio Parque, se transformó en un subversivo escenario de discusión, insultos y agresiones con Huberto Roviralta, su ex marido.

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En lo que se recuerda como uno de los divorcios millonarios más exorbitantes de la farándula argentina, todo comenzó con una historia de amor intensa. Susana y Roviralta se casaron a solo tres meses de haberse conocido y terminó de la peor manera. La histórica conductora de Telefe perdió 10.000.000 de dólares, y la pelea escaló a niveles de agresiones impensados con insultos, humillaciones y un cenicero que la propia diva le arrojó en la cara a Roviralta.

Huberto Roviralta y la foto luego del escándalo con Susana Giménez. (Archivo).

En 1987 la carrera de Susana tuvo su explosión definitiva, un año de consagración total. Por aquel entonces, la pantalla de ATC irrumpió con un programa que marcó para siempre un antes y después: Hola, Susana. Su nombre solo bastó para transformarse en un suceso fidedigno, que generó ganancias millonarias en la vida profesional y personal de Giménez.

Inspirado en el mismo formato que Raffaella Carrá realizaba en la RAI, los concursos telefónicos fueron la apertura a niveles inconmensurables de dinero. Sumado a las diferentes entrevistas a famosos y las apuestas con conciertos musicales, hicieron del ciclo un combo exitoso, inequívoco de fracaso, que le dio un vuelo infinito a Susana. La enorme exposición que tenía como estrella de la televisión hizo que, simultáneamente, logre llenar cada una de las funciones de la obra musical Sugar, que protagonizaba con Ricardo Darín y Arturo Puig.

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Huberto Roviralta y Susana Giménez de viaje, en medio de unas vacaciones. (Archivo).

La popularidad crecía y Susana era catalogada como la mujer del año. Estaba en su prime. De forma paralela el país atravesaba con un hito como la promulgación de la ley de divorcio. Y Susana abrió camino (y mentes) demostrando que se podía ser amiga de un ex —Ricardo Darín—, incluso hasta compartir trabajo. En 1978 comenzaron su romance, que duró 13 años, y si bien nunca se llegaron a casar, todo iba cuesta arriba para la diva, que a su vez venía de salir de una traumática relación como la que vivió con Carlos Monzón.

DEL ÉXITO SUPREMO DE SUSANA GIMÉNEZ COMO DIVA DE LA TV, AL ESCÁNDALO MEDIÁTICO MÁS GRANDE DE LA HISTORIA

La figura de Alejandro Romay llevándola a Canal 9 no hizo más que ubicarla en el foco de todos los flashes. El glamour, la ropa de Gino Bogani, el rating que acumula cifras récords: las mujeres argentinas desde sus casas ya comenzaban a atender los llamados telefónicos con el tan característico “Hola, Susana”, por las dudas de que fuera ella quien estaba al otro lado. Ese subidón la llevó al estrellato máximo y se dio su pase a Telefe con un contrato acaudalado de 1.000.000 de dólares por mes, que la transformó en la estrella mejor paga de la televisión.

A finales de 1987, a la vuelta del Roof Garden del Alvear, adonde Susana brillaba por completo, vivía un “morocho con aires de nene bien”: Huberto Rivarola. Alejado por completo de la vida ostentosa de Susana, el hombre manejaba un Fiat 147, pero se codeaba con algunos aires de ricachones: jugaba al polo y su mamá tenía su casa en uno de los country más paquetes de Tortugas.

Huberto Roviralta, en su momento un hombre del polo, acompañado por Susana Giménez. (Archivo).

En una noche de pura conexión, Roviralta y Giménez coincidieron en un baile y todo fluyó de maravillas. La diva nunca antes había sentido algo igual y Huberto le pidió casamiento al mes de conocerse. Sí, de película pero real. El 5 de diciembre de 1988 la pareja pasó por el Registro Civil de la calle Uruguay; ella con una sonrisa de oreja a oreja, sin saber que años más tarde se borraría por completo, y por ese entonces, su flamante marido tuvo un cambio de vida de 180°. La fiesta fue en el Hotel Alvear y asistieron 500 personas.

Susana Giménez vestida de novia en su casamiento en el Hotel Alvear. (Archivo).

Durante los años posteriores pasó de todo. Llegó la década dorada del amor con viajes a Miami, el Caribe, paseos en moto de agua, o las ostentosas vacaciones por Egipto y la icónica imagen de los enamorados paseando en camello. Parecía todo tan perfecto que el estallido de su separación, el 30 de enero de 1998, acordando los términos de divorcio en el restaurante de Ocean Drive de Miami, pasó a ser la antesala de un escándalo sin igual.

Susana Giménez y Huberto Roviralta, enamorados en la antesala de un escándalo histórico. (Archivo).

Los rumores más fuertes señalaban infidelidades de Roviralta a Susana, que estaba en su pico máximo de trabajo. “Sus tiempos y metas eran diferentes. Ella era una mega celebridad, la número uno en el país, que trabajaba muchísimo, porque hacía televisión todos los días y también hacía teatro. Susana siempre trabajó y mucho, y él se dedicaba al polo, no tenía una actividad como la de un médico o un albañil. Y algunos se preguntaban de qué trabajaba”, afirmó Daniel Gómez Rinaldi en una entrevista con Infobae.

La bomba terminó de explotar con el divorcio. Lo que parecía ser un acuerdo legal de común acuerdo, tuvo tensiones máximas cuando los abogados de Huberto plantearon una presunta infidelidad de Susana, y la defensa del mediático ante el rumor de un engaño fue tajante. “Nunca le fue infiel”, reconoció. El patrimonio de la diva oscilaba los 100 millones de dólares y Roviralta, ni lerdo ni perezoso, reclamaba la mitad de todo porque el 90% de esas ganancias se gestaron durante su matrimonio de 10 años. Básicamente, pretendía obtener dinero por trabajos que jamás hizo y que Susana se ganó a base de años de esfuerzo, dedicación y trabajo.

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Susana Giménez y Huberto Roviralta, felices. (Archivo).

El precio de la libertad que tuvo que pagar Susana fue cuantioso: un cheque de 10.000.000 de la divisa norteamericana. Para la figura de Telefe esa no fue una separación más. De esa forma pudo, de forma oficial y sin tener que ocultarse, vivir su romance con Jorge Corcho Rodríguez, el cual tuvo inicio el 98.

Empero, en febrero de ese año, cuando Giménez volvió de un viaje de Miami a su mansión, afuera se encontraba Gómez Rinaldi realizando una cobertura para el programa Indiscreciones. De un momento a otro, Huberto apareció en una de las ventanas para mostrarle a los periodistas unos papeles, reconociendo que aún había pendientes por resolver. Su llegó a bordo de su Mercedes Benz, y apenas entró, se lo encontró y se dio la feroz discusión. “¿Cuándo te vas a ir de acá? ¡Hijo de puta, ladrón!”, se escuchó gritar a la mediática.

Huberto Roviralta se retiró de la casa de Susana Giménez luego de la feroz discusión. (Archivo).

Lo que siguió luego fue la imagen de Rivarolta saliendo por el portón, buscando que la prensa lo vea: su cara ensangrentada lo decía todo. El rumor más fuerte instalado señala que Susana le arrojó un cenicero, pero en una conferencia de prensa ella contó que era una cajita de madera, peltre, traída de la India, y que era el primer objeto que tuvo a mano para defenderse de una situación que catalogó como “humillante y vergonzante”.

Las personas más cercanas a Giménez, Teté Coustarot, Pet Figueroa, su hija Mecha y su marido de ese momento, Eduardo Celasco, se quedaron para contener a la diva, mientras que Huberto se retiraba de la mansión por la tarde. “No es justo ventilar mi vida privada. Pero no puedo más. Lo que voy a hacer ahora es muy difícil. Necesito descomprimir porque así no se puede vivir ¿Si Huber lo hizo para sacarme plata? Quizá debe haber un interés, sí. Pero jamás hablamos entre nosotros de una cifra. No hay acuerdo prenupcial. Sí, le tiré un cenicero. Pero hace mucho que trato de salvar la pareja viviendo, no sé si llamarlo así, humillaciones. Sí, pudieron ser infidelidades…”, expuso Susana durante su descargo en el hotel Alvear.

Huberto Roviralta con el rostro manchado de sangre, tras acusar a Susana Giménez de tirarle un cenicero. (Archivo).

Con los años, Susana logró reconstruir su vida sentimental y consolidar su carrera como una de las figuras más influyentes de la televisión argentina. El escándalo con Roviralta, sin embargo, quedó como un símbolo de una época donde la vida privada de los famosos empezaba a convertirse en espectáculo público, amplificado por cámaras, cronistas y una audiencia que seguía cada capítulo como si fuera una telenovela.

Hoy, casi tres décadas después, aquella frase que gritó en medio de la furia sigue resonando como un eco de aquel verano de 1998. No fue solo una pelea matrimonial: fue el final abrupto de una historia de amor que empezó como un cuento de hadas y terminó convertida en uno de los divorcios más escandalosos, y costosos, de la farándula. Porque detrás de los millones, los titulares y el mito televisivo, también estaba la historia de una mujer que decidió, a cualquier precio, recuperar su libertad.

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Búsqueda de material e investigación de archivo: Gustavo Ramírez.
Jefa de archivo: María Luján Novella.
Archivo Atlántida
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Susana Giménez y Huberto Roviralta durante su relación. (Archivo).
Susana Giménez y Huberto Roviralta en celebrando su boda. (Archivo).
El amor entre Susana Giménez y Huberto Roviralta que terminó de la peor manera. (Archivo).
Huberto Roviralta y el look de su casamiento. (Archivo).
Susana Giménez y Huberto Roviralta en uno de sus viajes románticos. (Archivo).
Susana Giménez y Huberto Roviralta paseando con caballos. (Archivo).
Susana Giménez y Huberto Roviralta de vacaciones. (Archivo).
Susana Giménez y Huberto Roviralta en la nieve. (Archivo).
La felicidad de Susana Giménez y Huberto Roviralta en el agua. (Archivo).
Susana Giménez y Huberto Roviralta de paseo y enamorados. (Archivo).

 

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Susana Giménez, Huberto Roviralta

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