CHIMENTOS
Qué ver en Netflix, la miniserie de 7 episodios que está entre las más elegidas del 2026: «Chico come universo»

Netflix, la plataforma líder en streaming, encuentra otro éxito con Chico come universo, la miniserie dramática australiana de 7 episodios que se convirtió en tendencia global por su mezcla de emoción, nostalgia y crudeza.
Ambientada en los suburbios de Brisbane durante los años 80, la historia sigue a Eli Bell, un niño que debe aprender a sobrevivir en un entorno hostil marcado por la ausencia de su padre, problemas familiares y peligros silenciosos.
Lo que distingue a esta serie dentro del catálogo de Netflix es su origen: está inspirada en una novela semibiográfica del escritor Trent Dalton, basada en sus experiencias personales de infancia. Esa autenticidad aporta una profundidad emocional poco común en producciones similares.
Con apenas 7 capítulos de alrededor de 55 minutos cada uno, Chico come universo apuesta por una narrativa ágil pero intensa, que no necesita largas temporadas para atrapar al espectador. Esa brevedad se ha convertido en una de sus mayores fortalezas frente a maratones interminables.
LA MINISERIE DE NETFLIX QUE SE UBICA ENTRE UNA DE LAS MÁS ELEGIDAS
La miniserie no solo conquistó al público sino también a la crítica: fue nominada en múltiples premios en Australia y recibe menciones constantes en los rankings de lo más visto en Netflix en varios países de habla hispana.
El elenco, liderado por Felix Cameron como Eli, junto a figuras como Travis Fimmel y Phoebe Tonkin, ofrece actuaciones sinceras que realzan los matices de una trama que mezcla drama familiar con toques de thriller y realismo social.
Si todavía no la viste, esta miniserie se presenta como una de las producciones más potentes del año: retrata con sensibilidad las grietas de una familia en crisis y convierte la resiliencia en su bandera principal.
Netflix, miniserie
CHIMENTOS
Dani La Chepi, entre el miedo y la ovación: la vida detrás de Miranda en “Papá por siempre”

Las luces del Teatro Liceo se apagan y, por un instante, el murmullo expectante del público se vuelve un latido colectivo. En ese silencio previo a la música, a los cambios vertiginosos de escenografía y al vértigo de las transformaciones imposibles, Dani La Chepi respira hondo detrás del telón. No es solo otra función de Papá por siempre. Es, cada noche, una conquista personal. Una batalla íntima contra esa voz que la acompañó toda la vida susurrándole: “No sé si es lo mío”.
La comedia musical —basada en la novela de Anne Fine publicada en 1987 y popularizada mundialmente por Robin Williams en la película de 1993 dirigida por Chris Columbus— encuentra en esta versión argentina un despliegue artístico de alto voltaje. Bajo la dirección general de Ariel del Mastro, con la adaptación de Macarena del Mastro y Marcelo Kotliar, y la dirección actoral de Marcelo Caballero, el mismo equipo que marcó el pulso de éxitos como Escuela de rock vuelve a demostrar que el musical puede ser espectáculo y emoción a la vez. Proyecciones, efectos lumínicos, una orquesta en vivo que respira al compás de cada escena y cambios de escenografía que suceden casi a la vista del público convierten la obra en un engranaje perfecto. Pero, en el centro de esa maquinaria, hay algo más frágil y más humano: la verdad de quienes la habitan.
Campi brilla en el rol de Daniel Hillard y en su inolvidable transformación en Mrs. Doubtfire. Su composición es minuciosa, entrañable, técnicamente impecable. En cuestión de segundos pasa del padre desesperado y torpe a la niñera británica de acento impostado y ternura infinita. Es un desafío físico y actoral monumental. Y sin embargo, el corazón emocional de la historia late con fuerza en el personaje de Miranda, la madre que decide poner un límite y separarse. Allí está Dani.

En una chrla exclusiva con Teleshow, cuando de le pregunta cuánto tiene de su personaje, responde sin titubeos: “Todo”. Y en esa palabra cabe una biografía entera. .“Porque cada escena, cada cosa que le pasa a Miranda la vivo… O sea, voy analizándome también. Es algo muy extraño. Todo, hasta las discusiones del principio, de vivir con un hijo más, tener que maternar a un tipo, que es la historia de muchas”.
La obra, así, resuena en el público por la sinceridad de sus conflictos y la humanidad de sus personajes: “Con un tipo bueno que pierde trabajos todo el tiempo, que hace lo que quiere, que es muy egocéntrico. Que piensa en su carrera más que en su vida. La mina la está remando sola, está pidiendo ayuda y el chabón no la escucha”.
Miranda es la mujer que sostiene, que trabaja. La que siente que materna no solo a sus hijos sino también a su pareja. La que, agotada, pronuncia la frase que cambia todo: “Me quiero separar”. En la superficie, podría parecer la antagonista de la historia. Pero a medida que la trama avanza, la obra revela otra capa: la de una mujer que viene remando sola desde hace tiempo.

“Al principio parece la mala”, explica Dani. “Pero después te das cuenta de que la viene peleando hace rato. Que pidió ayuda. Que se cansó. Y eso le pasa a muchas”
Cada noche, cuando interpreta esas discusiones iniciales, algo se le mueve por dentro. Porque no actúa desde la teoría. Actúa desde la experiencia. Son nueve cambios de vestuiario los que atraviesa en la obra, una maquinaria aceitada en la que no hay un segundo que quede librado al azar.
Además de la obra son parte nombres como el de Albana Fuentes, quien luego del suceso que fue La Sirenita encarna a Lydia, la hija mayor, en tanto que Pablo Albella, figura de las redes sociales, debuta en el género como André.

El camino hasta ese escenario no fue lineal ni seguro. Cuando su representante le acercó la propuesta, su reacción fue casi automática: negarse. “Comedia musical lo mío no”, pensó. Después supo que el protagonista sería Campi: “Hipertalentoso, capocómico, una carrera intachable. Yo había visto la serie de Fito -donde el actro hace de padre del músico- y flashé, Yo decía: ‘No tengo chance’”.
Sin embargo, fue a la audición. Y después a otra. Y otra más. “En un momento dije: ‘Ya está, es todo lo que puedo dar’”. Hasta que llegó el llamado definitivo. Ariel del Mastro en persona convocándola a seguir. Y entonces, el vértigo se volvió real.
A partir de allí comenzó una transformación radical. Clases de canto con Seba Mazzoni. Ejercicios vocales con sorbete bajo la supervisión paciente y firme de Mery Hernández, su compañera de camarín y ahora también su profesora. Correcciones milimétricas. Disciplina alimentaria. Técnica corporal. La aparición de Macarena del Mastro con anotaciones precisas, el pianista marcando tonos, el equipo completo sosteniendo un estándar altísimo.

“Yo nunca había hecho comedia musical. Llamé a Seba y le dije: ‘No sé si voy a poder’. Y él me repetía: ‘Confiá’”. Esa palabra —confiar— fue la más difícil.
Durante años, Dani construyó una carrera marcada por la autogestión. “Yo soy muy independiente en todo sentido, en mi vida, criando a mi hija, todo. Me hice solita”.
“Mi mamá me mandó a danza por el pie plano”, rememoró. “Y yo ya era payasa en casa, siempre hacía reír ante las desgracias de la familia. Y cuando me mandó a danza tenía seis, siete años. Después me llevaban a una mega profesora, no sé dónde era Palermo, Caballito… y nos tomábamos tres colectivos para llegar o mi viejo me esperaba en la puerta y mi vieja obviamente me acompañaba. Yo fui un par de clases y dije: ¿Cómo hago para pagarme las clases de actuación? Y como empecé a laburar a los 16 en la tele, era trabajo, trabajo, trabajo y el colegio. Y después ya está, ya le di para adelante y me autogestioné“.

Mirando a ese pasado, destacó que “ahora me doy cuenta lo hermoso que es prepararte para lo que quieras ser. Por eso le digo a mi hija: ‘Vos sé lo que quieres ser’. Ahora empezó a estudiar canto. ‘Y tómatelo en serio, porque cuesta. Y todo cuesta, y te cuesta esfuerzo, y te vas a aburrir y vas a decir: Esto es una cagada’. Pero es como los jugadores. Para jugar en la Selección tienen que entrenar y tienen que jugar en un montón de equipos de mierda, mejores, y un día, si tenés la suerte, alguien te ve y dale para adelante”.
Empezó a trabajar a los 16, se abrió camino sola, se hizo fuerte en la radio, en la televisión, en las redes sociales. Pero el síndrome del “no sé si es lo mío” la acompañó siempre. “Me llaman para algo y veo el fracaso antes de empezar”, admitió.
Una frase de su hija de doce años —aprendida del psicólogo Gabriel Cartañá— la empujó a dar el salto: “Hacelo con miedo, pero hacelo”. Y lo hizo.

Las primeras funciones fueron pura adrenalina. “Ni miraba al público. Yo estoy acostumbrada a romper la cuarta pared, a ver las caras. Acá no. Recién ahora, después de varias semanas, estoy empezando a disfrutar”.
Ese disfrute tiene un momento preciso: el final. Cuando la historia revela que el amor no siempre alcanza si no se cuida. Cuando el personaje de Campi enfrenta sus errores y Miranda deja ver su vulnerabilidad. En ese instante, Dani espía al público.
“He visto nenas abrazadas a sus mamás llorando. Madres susurrándoles al oído. Y yo pienso: esto no es solo teatro”. A la salida, las palabras la conmueven. “Me dicen: ‘Lo que lloré con tu canción’. O ‘Yo vivo lo mismo con mi mamá’. Eso es mágico”.

Muchos descubren allí una faceta desconocida: la cantante. “No sabía que cantabas así”, le repiten. Y entonces recuerda a Cacho Castaña, quien durante años le insistía: “Manicomio, vos no sabés la voz que tenés. Cuidala. Estudiá”. Ella dudaba. Siempre dudaba.
“No vengo de una familia de elogios”, confiesa. Su padre, exigente, le decía que el tango se canta cuando se vive. “Cuando vivas, vas a saber cómo cantar ‘Uno’”. Hoy siente que empieza a entender esa frase.
Su madre, en cambio, la mira con lágrimas en los ojos desde la platea y luego recorre el barrio invitando a todos. Tiene 80 años y fue una joven que soñó con ser artista cuando esa palabra estaba mal vista. “Tocaba la guitarra, quería ser modelo. Es una belleza mi vieja. Y en ese momento ser artista era de puta. Trabajaba en una fábrica y tenía 30, sí, 30 y era la solterona. Y ahí conoció a mi papá, que la llevó la madre de ella, le dijo: ‘Este es el verdulero’ y se la encajó. Y lo conoció y a los seis meses se casaron. Yo creo que ella se ve en mí. Es un poco su sueño también”.

La niña de Boulogne que hacía reír en medio de las desgracias familiares hoy se para en un escenario histórico y sostiene un musical de gran despliegue técnico y emocional. Y, al mirar hacia atrás, se habla a sí misma: “Le diría que confíe más, que no se castigue tanto, que no se lastime tanto, que disfrute más de la vida y que disfrute cada cosa que le pasa. Porque se terminó enfermando. Y no está bueno”.
Esa caída la obligó a mirarse, a hacer terapia, a reconstruirse. Tal vez por eso hoy cada función tiene un sabor distinto. Las dobles funciones que antes la asustaban ahora la energizan. “Termina la primera y quiero hacer la segunda. Y si hay una tercera, la hago”.
Papá por siempre es espectáculo, es risa, es nostalgia. Es Campi desplegando su virtuosismo. Es un elenco joven que aporta frescura. Es una producción que combina técnica y corazón. Pero, para Dani La Chepi, es sobre todo el escenario donde dejó de preguntarse si era lo suyo y empezó a afirmarlo con el cuerpo entero.
Porque ahora, cuando cae el telón y las luces se encienden, ya no duda. Ahora sabe que está exactamente donde tiene que estar.
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CHIMENTOS
¿Reconciliación o formalidad? así fue la incómoda y fría vuelta de Jimena Monteverde a la mesa de Mirtha Legrand

Después de semanas de rumores, versiones cruzadas y una despedida cargada de nostalgia, Jimena Monteverde regresó al programa de Mirtha Legrand. Sin embargo, lo que parecía un esperado reencuentro terminó dejando más preguntas que certezas.
La chef había dejado su participación habitual en La Noche de Mirtha tras comenzar una nueva etapa profesional al frente de su propio ciclo, La Cocina Rebelde, también en El Trece. El conflicto de horarios —y la decisión del canal de mantener su programa en vivo por el buen rating— hicieron imposible su presencia física en las grabaciones de los viernes.
La salida no fue sencilla. Días atrás, la propia Jimena confesó que la situación la afectó profundamente y que se sintió “tironeada” entre ambos proyectos. Incluso reveló que atravesó una crisis nerviosa al enterarse de que debía dejar los almuerzos, algo que la desbordó emocionalmente.
En ese contexto, trascendió que Mirtha habría pedido especialmente que Monteverde continuara vinculada al ciclo. La relación entre ambas siempre se mostró cercana, con intercambios espontáneos y bromas que se volvieron un clásico del programa. Pero el regreso no fue como muchos imaginaban.
EL INCÓMODO REENCUENTRO ENTRE MIRTHA LEGRAND Y JIMENA MONTEVERDE:
Durante la última emisión, La Chiqui lanzó el clásico: “¿Qué comemos hoy, Jimena?”, y en lugar de aparecer caminando hacia la mesa, salió al aire un tape pregrabado. Desde la cocina, Monteverde presentó el menú de la noche —revuelto gramajo reversionado, lomo con puré y flan de dulce de leche— con tono correcto y profesional.
Sin diálogo en vivo. Sin miradas cómplices. Sin chistes. La participación fue breve y estrictamente formal. Un regreso que cumplió con la presencia, pero que dejó en evidencia que la dinámica ya no es la misma. La frescura que caracterizaba sus intercambios quedó reemplazada por un formato grabado que, si bien resuelve lo operativo, enfría lo emocional.
Detrás del cambio también asoma la interna entre productoras: el ciclo de Jimena es de Kuarzo, mientras que los programas de Mirtha y Juana Viale pertenecen a Story Lab. Ambas estructuras conviven en el mismo canal, pero ya no trabajan con la misma sintonía que en el pasado.
Por ahora, todo indica que Monteverde continuará apareciendo en este formato grabado. Un acuerdo que mantiene el vínculo, pero que confirma que algo se rompió en el camino. ¿Es apenas una etapa de transición o la señal de una distancia definitiva? En televisión, como en la vida, los silencios también dicen mucho.
Jimena Monteverde, Mirtha Legrand
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Quiénes fueron los invitados sorpresa de Bad Bunny para su segundo show en el estadio Monumental

Tras una primera noche soñada, en la que homenajeó a la cultura argentina, recordó a Soda Stereo y lanzó un guiño a Lionel Messi, Bad Bunny enloqueció a más de 70.000 fans. Fiel a su estilo, Benito Antonio Martínez Ocasio hipnotizó a sus seguidores con sus hits y convirtió el estadio de River Plate en una fiesta. Así las cosas, este sábado, la expectativa para su segunda presentación era gigante. Fue así como Cazzu, Duki, Khea y Mora sorprendieron a los fanáticos y causaron furor con sus canciones.
A diferencia del show de este viernes, esta segunda presentación inició a las 20, una hora antes de lo previsto. La decisión se tomó debido al pronóstico del tiempo que anunciaba tormentas y potencial actividad eléctrica para las últimas horas del sábado y la madrugada del domingo. Así, la producción de DF Entertainment y Dale Play Live resolvieron adelantar el inicio para evitar coincidir con el posible incidente climático.

A la hora señalada, Bad Bunny salió a escena provocando el delirio de sus fans. Tal como en su primera presentación, el puertorriqueño inició con “Callaíta”, generando que todos sus fans cantaran con todas sus fuerzas. Tras una serie de canciones llegó uno de los momentos más atrapantes de la noche, el show en la Casita. Fue entonces cuando la cámara captó a dos de las figuras que dijeron presente en el recital: La Mosca y Callejero Fino. Inmediatamente, el video del intérprete de “Muchachos” se volvió tendencia en redes sociales, causando sorpresa en todos los usuarios que lo veían parado junto a Benito cuando cantaba “Velda”.

Otro de los momentos más impactantes del show llegó cuando Bad Bunny recibió a Mora en el Monumental. El intérprete de Debí Tirar Más Fotos cantó junto a su compatriota “Una vez”, la colaboración que lanzaron en 2020. Como si fuera poco, esta no era la única sorpresa que tenía preparada Benito. Tiempo después, el puertorriqueño dio paso a Khea, Duki y Cazzu para dar vida a “Loca remix”, desatando la locura de todos sus fans.

Los indicios que marcaban a Cazzu como una de las posibles invitadas comenzaron a sonar con fuerza días atrás, cuando los fans elaboraban teorías, teniendo en cuenta su colaboración. La confirmación llegó esta tarde, coincidente con el Día de San Valentín. Cuando el sol lanzaba sus últimos rayos sobre el estadio River Plate, la jujeña fue vista ensayando “Loca” en la prueba de sonido. La presencia de la artista argentina incrementó la expectativa en torno al reencuentro, especialmente porque ambos tuvieron un breve romance años atrás, cuando el cantante puertorriqueño empezaba a conquistar al público argentino.
“Ustedes son muy jóvenes, pero hubo un momento en que Bad Bunny le tenÍa unas re ganas a Cazzu”; “Si hoy Cazzu está en el show de Bad Bunny me puedo llegar a mwr de la envidia”; “Bad Bunny y Cazzu de nuevo juntos mi regalo de San Valentín”; ”Si la aparición de Cazzu hoy es para cantar loca remix puedo llegar a CONVULSIONAR de la envidia», fueron algunos de los mensajes que dejaron los fans en el video.
La relación entre Bad Bunny y Cazzu fue breve pero significativa en la escena musical y personal de ambos. Todo comenzó en 2017, cuando la cantante argentina fue invitada a participar en el remix de “Loca”, canción de Khea y Duki, donde también colaboró el artista puertorriqueño. Ese fue el contexto profesional en el que se conocieron, aunque el primer encuentro presencial ocurrió de forma inesperada en el escenario del Luna Park, en Buenos Aires, durante una presentación en 2018.
En la noche del viernes, otros de los artistas argentinos que dijeron presente fueron Tini Stoessel, María Becerra, J Rei, La Joaqui y Bizarrap. Respecto al paso del productor por el escenario de La Casita, el foco de la expectativa estuvo en los detalles de la vestimenta del argentino, que publicó en sus historias fotografías en el anillo interior del Estadio Monumental con un vaso colorado en una mano.
( RSFOTOS)
Allí, con un look clásico en él, gafas oscuras, gorra, una campera negra y bermudas verdes, además de una remera blanca larga, medias blancas y zapatillas deportivas azules y beige, dejó una clave númerica que ilusionó a sus fans. La gorra lleva el número “33” y las bermudas, el “30”. La suma de ambos números —63— fue interpretada como una posible referencia a una próxima “colaboración musical” entre ambos artistas, ya que la última serie lanzada por Bizarrap fue la Session #62, con JBalvin. Esta coincidencia despertó rumores sobre una potencial Session #63 con Bad Bunny, alimentados por la cronología del proyecto y la creciente demanda de los seguidores de la música urbana. En youtube circulan supuestas sesiones entre ambos, pero todas están hechas con IA.
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