CHIMENTOS
La angelita Romina Scalora vivió un momento de terror: “Le robaron al taxista y me tuve que tirar del auto en movimiento”

Una de las angelitas de Ángel de Brito encendió las alarmas en la noche del martes 28 de octubre. En la previa de Halloween, la panelista de LAM vivió un momento de real terror en el viaje de regreso a su casa luego del programa. Hablamos de Romina Scalora, La Romi, quien contó todo lo ocurrido en Twitter.
Aún asustada por el momento de inseguridad que sufrió, Romi agarró el celular e hizo catarsis en redes sociales tras superar una situación de peligro en las calles porteñas. «Le acaban de robar al taxista con el que viajaba en zona Flores”, contó Scalora, luego de un día normal en LAM que terminó de manera inesperada.
“Le rompieron el vidrio que obvio me saltó hasta a mi, le metieron un chumbo y le sacaron el celular», avanzó la panelista que cada sábado deleita a su núcleo duro de seguidores con su genial “Vivo de borrachos” en su canal de YouTube.
La Romi sumó un dato alarmante sobre el episodio que le tocó vivir cuando solo quería volver tranquila a su casa. «El taxista salió a toda velocidad a correrlos y yo me tuve que tirar con el coche en movimiento», contó, aunque aclaró que afortunadamente no se lastimó: «Estoy bien. Cuídense. Está muy jodido».
EL PICANTE CRUCE DE ROMINA SCALORA Y SANTIAGO RIVA ROY
A inicios de septiembre, Romina Scalora y Santiago Riva Roy se sacaron chispas en Bondi Live y dejaron a la vista un juego entre los dos que arrancó de manera muy picante. Todo empezó cuando ella contó cómo fue la reacción del cronista de LAM cuando ella intentó “algo”.
«Yo lo agarré de atrás, le quise dar un besito y me corrió la cara. Yo le pregunté a él ‘¿vos tenés pareja?’ y me dijo que no. Si anda chongueando con otra, no sé. Yo voy por lo mío. No sé, conmigo se comió los mocos», lanzó Romi, y lo apuró: «Yo no pierdo el tiempo, qué te pensás. No te voy a estar esperando toda la vida, Riva Roy».
A lo que su compañero se defendió: «Es mentira. Yo fui a darle un beso al cachete, no es que le saqué la cara. Y ella no venía a darme un beso. Lo de chaparmela lo dije en chiste. Como se nota que no hay temas en el espectáculo».
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CHIMENTOS
Santiago Fillol, el guionista argentino de Sirat, la película candidata al Oscar: “Es un privilegio no buscado”

Siempre hay un argentino mezclado en un evento mundial. Y en este caso, aún con su acento ya levemente español, Santiago Fillol se encuentra en el centro de atención internacional como coguionista de Sirat, la película española candidata al Oscar a Mejor Película Extranjera, junto al director Oliver Laxe. Nacido en Córdoba en 1977, formado en Letras, Ciencias de la Comunicación y realización cinematográfica, este guionista y también director reside en Barcelona desde el año 2000, cuando recibió una beca de la Universidad Pompeu Fabra y hoy se ha consolidado como una figura clave del cine contemporáneo de la península.
A pocas horas de conocer si los votos le sonreirán a Sirat, un film rodado en Marruecos (donde vive Laxe) sobre un padre y un hijo que buscan a la hija del hombre, desaparecida luego de una rave, Fillol habló vía Zoom con Teleshow desde Los Ángeles sobre sus comienzos, su experiencia española, su mirada de la industria del cine argentino -con el que mantiene sólidos vínculos y colaboraciones- y las expectativas por el Oscar.
—¿Cómo nació tu amor por el cine? ¿En tu familia eran muy cinéfilos?
—No necesariamente, pero a mi mamá le encantaba ir al cine. En esa época, ella —que es abogada— me llevaba a Tribunales todo el tiempo; así era el niño entre los pasillos de Tribunales. Entre trámite y trámite, se metía en el Gran Rex o en el Colón. Y tenía la costumbre de entrar a las películas comenzadas. Le daba igual el punto en el que entremos. Mi modo de narrar cine quizá viene de que como mi mamá me hacía entrar a media película, yo debía reconstruir lo que había pasado. Después, quedábamos escondidos en las butacas y, cuando se vaciaba la sala, volvíamos al inicio hasta llegar al punto de entrada. Esa rutina se repetía.
Veíamos de todo. Era la época de los cineclubes y de los videoclubes. Mi mamá era socia de todos en Córdoba; el Videoclub Córdoba fue uno de los primeros con sección de cine de autor. Le gustaba mucho Rohmer, así que el cine francés tenía un lugar especial. También recuerdo películas de Kieslowski. Si había escenas complicadas, nos tapaba los ojos o nos mandaba a la cocina y después nos llamaba cuando podíamos regresar; así, escuchábamos y nuestra curiosidad crecía. Otro ritual era el de los viernes, cuando alquilaba dos películas para ella y nos dejaba seleccionar otras dos a los hijos. Somos tres hermanos, así que negociábamos cuál elegía cada uno. De allí creo que nace mi amor por el cine, que luego creció en la universidad.

—Imagino hoy el orgullo familiar…
—Son un poco mayores y los visito cada tiempo, pero es muy lindo esa especie de tráfico, ¿no? De habernos pasado las ganas. Porque mi hermano Esteban es músico y mi hermana Virginia hace cine de animación, y mi papá es economista y mi mamá abogada. Como que nos pasaron sus deseos frustrados de qué es lo que le hubieran gustado hacer, y se convirtieron en nuestros mecenas. Cuando nosotros estábamos eligiendo qué carrera seguir, ellos fueron muy contundentes: no elijan algo que crean que les puede llegar a ir bien, porque uno nunca sabe si te va a ir bien o mal. Lo único que hay que elegir es lo que más te gusta. Eso nos impulsó mucho a los tres.
—Tus estudios universitarios y tu relación con la literatura y el cine, ¿cómo se dieron?
—Estudié Comunicación y también Letras Modernas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Córdoba. Me gustaba ese cruce entre literatura y cine: pensar en algunos escritores como cineastas y, al revés, en cineastas como escritores. Juan José Saer y Antonio Di Benedetto, por ejemplo, me parecen cineastas que escriben, que ponen el teleobjetivo y el gran angular en la lapicera. Reconozco en Saer y Di Benedetto un trabajo de imágenes que también siento en las cadencias de Lucrecia Martel. En mi familia, sobre todo las mujeres, iban dejando novelas como un desafío: “Esto no sé si es para ustedes ahora”. Eso nos motivaba a leerlas igual. Saer lo leí por mi mamá; las primeras películas, también fueron por ella.

—¿Qué lugar ocupa Lucrecia Martel y qué otros referentes tenés en el cine argentino?
—Lucrecia Martel es un faro, no solo para mí, sino para quienes buscan pensar las imágenes y repensar cómo comunicarnos o compartir relatos. Martel es un oráculo; si tienes dudas, puedes buscar respuestas en ella, incluso indirectas. Es uno de los ejercicios más bellos hoy. La película que me inventó un universo fue “La Ciénaga”. Esa obra nos sigue habitando a todos. Martel produjo una alquimia especial, tocó el imaginario colectivo. Cada vez que uno recuerda esa piscina, aparecen imágenes familiares y sensaciones ocultas. Existen muchos cineastas talentosos en Argentina, desde los independientes hasta los más visibles. En Córdoba, Ramiro Sonsini, Mauro Aparicio, Martín Sapia o Pablo Martín Weber; en el cine nacional, la última de Roselli o Laura Citarella me resultan extraordinarias. Ojalá haya apoyo financiero para que todo ese talento encuentre proyección.
—Por lo que decís, mantenés lazos artísticos y colaboraciones con cineastas y proyectos de Argentina.
—Sí. Para mí es superimportante y es de las formas más lindas de volver al país. Yo medio que, en la universidad, me siento un poco el consulado argentino (ríe) A veces mis alumnos me dicen: “Bueno, pero esto es una clase de Cine y Literatura o Cine y Literatura Argentina” (ríe) Me hacen chistes los alumnos de Barcelona, y es muy lindo compartirlo desde ahí. Estoy estoy siempre vinculado y trabajando con cineastas de Argentina, sí.
—¿Y cómo ves la situación actual del cine argentino como industria?
—Lo percibo como un momento triste. El desmantelamiento del Instituto Nacional de Cine es una noticia grave, no solo para la gente en Argentina sino también para quienes valoran esa libertad y esa forma de imaginar el futuro que distingue a los cineastas argentinos. Una de las experiencias más dolorosas de acompañar el recorrido internacional de Sirat fue notar la escasa presencia de películas argentinas. No es por falta de talento, sino porque se ha decidido dejar de apoyar a los creadores, y eso es, creo, un error. Argentina tenía una representación prodigiosa en el exterior; ojalá se replantee y regresen las ayudas que permitan brillar a nuevas generaciones.
—¿Cómo fue tu inserción en el cine español?
—Cuando vine a España, fue tras obtener una beca, en un contexto completamente diferente: antes del corralito, cuando los pesos aún equivalían a dólares y se podían cambiar por pesetas. Vivir en España era incluso más barato que en Argentina. Pero no pensé “me voy del país”. Fue una inserción muy natural, casi orgánica, como suele suceder en muchas universidades. Accedí por una beca al doctorado en comunicación audiovisual y la Universidad Pompeu Fabra vivía un momento intenso. Había grandes maestros como Joaquín Jordá, José Luis Guerín, Nuria Bou, Xavi Pérez y Jordi Bayo; ahí no solo se pensaban películas, también se hacían. En ese entorno conocí a mi “familia de cine”: personas como Isaac Lacuesta y especialmente a Oliver Laxe. Con Laxe nos cruzamos en la universidad hace ya veinte años.
—¿Por qué esa sociedad autoral tan fuerte con Laxe?
—Estas cosas ocurren en esos espacios; las escuelas de cine a menudo generan lazos de familia. Es similar a lo que sucede con Mariano Llinás y Santiago Mitre, o con Laura Citarella y Dolores Fonzi: algunos vínculos se vuelven un canal abierto, donde se comparten imágenes e ideas. Oliver es como un hermano con quien construimos una familia fílmica, junto al director de fotografía Mauro Herza y Amanda Villavieja, quien ahora está nominada al Oscar a Mejor Sonido. El equipo de sonido, con Laia y Yasmina, fue fundamental en Sirat: como dice Martel, el sonido toca el cuerpo y en nuestra película es crucial. Este universo surge de la Universidad Pompeu Fabra, donde comenzamos haciendo películas pequeñas. Nuestra consigna siempre fue arriesgar y no calcular, hacer cada película como si fuera la última. Ese espíritu sigue vigente.
—¿Qué significa para ustedes, el equipo de Sirat, la nominación al Oscar?
—La nominación es un privilegio no buscado, un bello accidente. Lo esencial fue atrevernos a hacer una película desde la intuición y sin cálculos, sosteniendo cosas que no sabemos cómo sostener. El fenómeno ocurre porque hoy el público busca experiencias más que relatos; el cine es espacio de vibración, el cuerpo se vuelve membrana de la vivencia. El reconocimiento y la nominación ya son un gran premio. En estos días que presentamos la película aquí, compartirla con el público estadounidense resulta fascinante y conmueve percibir su impacto.

—¿Cómo nació Sirat, qué te atrajo del universo de la película?
—Pensamos que la ficción es un lugar para experimentar. Es un gimnasio del alma, donde podemos vivir situaciones que la vida real no nos dejaría afrontar. Se trata más de cuerpo que de mente: es silenciar el pensamiento y abrir el corazón, lograr que la sala de cine se transforme en espacio de rito. Eso intentamos con Sirat. Buscábamos que la búsqueda exterior de la hija se transformara en una búsqueda interior, que el viaje de un personaje se volviera introspectivo. ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Cómo caminar cuando todo ha perdido sentido? La vida es una gran guionista que jamás avisa cuándo corta el hilo. Plasmar eso en pantalla nos pareció esencial.
—¿Qué importancia tuvo el respaldo de Pedro Almodóvar y la productora El Deseo en la concreción de Sirat?
—Trabajar con la productora de Agustín Almodóvar, Esther García y Pedro Almodóvar fue extraordinario. El nombre lo explica todo: El Deseo realmente sigue el deseo del cineasta y ayuda a plasmarlo en pantalla. Es un lujo; trabajan como y con artistas. En lo personal, contar con un equipo tan comprometido y sentir que ese modo de crear tiene reconocimiento, ya es un premio en sí mismo.
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CHIMENTOS
La inesperada pregunta de Mirtha Legrand a Moria Casán sobre su relación con Susana Giménez

La mesa de La noche de Mirtha volvió a regalar un momento televisivo que rápidamente se viralizó. Durante la emisión, Mirtha Legrand sorprendió a una de sus invitadas con una pregunta directa que dejó a todos atentos: quiso saber qué pasaba realmente entre Moria Casán y Susana Giménez.
Fiel a su estilo frontal, la conductora no dudó en plantear el tema que desde hace tiempo circula como rumor en el mundo del espectáculo. Sin rodeos, le preguntó a la diva si estaba enojada con Susana, una consulta que generó expectativa en la mesa.
La reacción de Moria fue inmediata. Lejos de esquivar el tema, respondió con claridad y negó de manera categórica cualquier conflicto con la conductora. “No, no estoy enojada con Susana Giménez, te juro. ¿Cómo iba a estar enojada?”, expresó con firmeza, intentando dejar atrás las versiones que hablan de un supuesto distanciamiento entre ambas figuras del espectáculo argentino.
Ante la respuesta, Mirtha explicó el motivo de su consulta. Según contó, en más de una oportunidad la propia Susana le manifestó su desconcierto sobre la supuesta mala relación con Moria. “Cada tanto me dice: ‘¿Qué le pasa a Moria? ¿Qué le hice? La voy a llamar… ¿Por qué está enojada conmigo?’”, reveló la conductora, dejando en claro que el rumor también llegó a oídos de la diva de los teléfonos.
MORIA CASÁN HABLÓ DE SU RELACIÓN CON SUSANA GIMÉNEZ:
Frente a esto, Moria intentó aclarar de dónde podrían surgir esas interpretaciones. Según explicó, muchas veces sus comentarios públicos son tomados de otra manera por su estilo particular. “Lo que pasa es que me vienen a preguntar por Susana. Yo soy como una opinóloga nacional. Tengo un sentido del humor con sarcasmo e ironía y a veces se puede interpretar como algo ofensivo”, explicó.
En ese sentido, reconoció que en ocasiones puede decir algo en tono humorístico que luego se malinterpreta. Sin embargo, aseguró que no hay ningún problema personal entre ellas. “Yo no me doy cuenta que ofendo y si ofendo, pido disculpas”, agregó.
Lejos de alimentar cualquier tipo de enfrentamiento mediático, Moria también aprovechó el momento para destacar la figura de Susana Giménez dentro del mundo del espectáculo. “Es buena persona, es una excelente persona”, afirmó.
Además, recordó que en varias oportunidades participó de su programa, lo que para ella demuestra que la relación entre ambas siempre fue cordial. Así, en plena mesa televisiva y ante millones de espectadores, Moria Casán intentó despejar las dudas sobre su vínculo con Susana Giménez y ponerle fin a un rumor que desde hace tiempo circula en el ambiente artístico.
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Lollapalooza, día 2: Chappell Roan hipnotizó con una mágica puesta y Lewis Capaldi emocionó con su sensibilidad

Mientras el sol del mediodía abraza cada esquina del Hipódromo de San Isidro, miles de fans invaden el campo de Lollapalooza Argentina. El reloj marca las 12.30 y los primeros amantes de la música buscan reservar su lugar en las vallas con el deseo de ver lo más cerca posibles a las figuras del día 2: Chappell Roan, Lewis Capaldi, Addison Rae y Paulo Londra, el único headliner argentino.
En la previa a estos shows inolvidables, Tobika, Joaquina y Marttein inauguran la tarde y captan la atención del público con estilos diversos. En el escenario Samsung Stage, el joven de 19 años, cuyo nombre real es Tobías Nahuel Sielicki, fusiona ritmos folclóricos y urbanos en una presentación que marca el pulso inicial.
Su propuesta se caracteriza por la integración de elementos del folklore argentino y latinoamericano con sonidos urbanos contemporáneos, logrando un estilo en constante evolución.

El tema “Chika Hippie” se consolidó rápidamente como uno de los audios más reproducidos en TikTok, viralizando frases entre los jóvenes y situando a Tobika como referencia para nuevas generaciones. Su universo creativo se nutre tanto de la música como de la literatura, destacando la influencia de autores como Jorge Luis Borges y Selva Almada, además de referencias musicales que van de Spinetta a Rosalía y C. Tangana.
Las letras de Tobika exploran la bohemia porteña y la mirada íntima sobre la cotidianeidad juvenil. El artista se apoya en experiencias personales y estímulos digitales que lo han llevado de la viralidad a los escenarios multitudinarios.
El inicio de la segunda jornada de Lollapalooza Argentina también estuvo caracterizado por la energía de Joaquina, quien destaca con su sensibilidad pop. Con 21 años, y ganadora de un Latin Grammy a Mejor Nuevo Artista, la joven debutó en el escenario con los sonidos de al romper la burbuja (2025), una colección de canciones pop/folk íntimas sobre la adolescencia y la adultez, y su EP los mejores años (notas de diario) (2023).

Su disco, que cuenta con canciones como “Pesimista”, “Todo y nada”, “Aeropuerto” y “Desahogo”, expone temas que van desde el autoempoderamiento hasta la introspección, reflejando las vivencias de una generación joven. Joaquina mostró una sensibilidad directa en sus letras y una capacidad de conectar emocionalmente con su audiencia.
Desde sus primeros años, estuvo rodeada de influencias del pop y rock internacional, forjando un camino artístico propio que la llevó al reconocimiento en la industria musical.

En paralelo, en el escenario Alternative Stage, Marttein aportó experimentación sonora. El público vivió una experiencia dinámica y fresca, reflejando el auge de la música digital en la región.
El repertorio de Marttein abarca discos como Antro, Guerra, Némesis y MARTTEIN, donde explora temáticas nocturnas y un paisaje sonoro dominado por bajos potentes y baterías plásticas. A través del trabajo colaborativo y la constante experimentación, se consolidó como una figura innovadora en el panorama actual, aportando un enfoque crítico y local a los relatos urbanos.
Con el correr de los minutos, Terra, Nasa Histoires, Lany, Imbermind y Tim0 alentaron la tarde con diferentes propuestas que recorrían todo tipo de géneros musicales. A las 17 llegó el momento de Ángela Torres, quien salió a escena en el Samsung Stage y fue recibida con gritos y gestos de emoción por su fans.

La sobrina de Diego Torres vive el mayor momento de éxito en su carrera tras el lanzamiento de NO ME OLVIDES, su primer álbum de estudio. En esta etapa, Ángela centra su carrera en la música tras haber incursionado en la actuación y los escenarios. Canciones como “OOPS!”, “NO ME OLVIDES” y “FAVORITA” exploran el pop con una sonoridad enérgica, mientras que sus letras exponen matices de oscuridad y contrastes personales.
Composiciones como “PLACARD”, “LUZ ROJA”, “MAL”, “DEMASIADO”, “VÉRTIGO” y “SUPERHÉROE” adoptan un tono melancólico, con baladas que abordan el dolor, la nostalgia y la vulnerabilidad emocional. Por su parte, “FRIKI” y “DONDEESTANMISAMIGOS” apuestan por un enfoque electrónico y nocturno, apropiado para el ambiente de la pista, aunque mantienen la introspección presente a lo largo del álbum.
A unos metros, en el Alternative Stage, un grupo de bailarines irrumpió en plena tarde mientras un grupo de músicos tocaba bombos, convirtiendo el ambiente en una celebración de folclore. Fue entonces cuando, ante la mirada de miles de fans, quienes sostenían sus teléfonos para inmortalizar cada momento, Soledad salió a escena luciendo un top rojo, short del mismo color, botas negras y su pelo trenzado. Con más de 10 músicos, y un grupo de bailarines, la oriunda de Arequito puso a bailar a miles de fanáticos. Desde niños con boinas en los hombros de sus padres, a jóvenes revoleando pañuelos, la cantante reunió a una multitud a sus pies.
Como si fuera poco, minutos después, la artista sorprendió al invitar a Ale Sergi y Juliana Gattas al escenario e interpretar juntos “Que Nadie Sepa Mi Sufrir”. Reflejando el vínculo que habían construido en la voz, los cantantes mostraron su talento vocal. En simultáneo, en el otro extremo del predio, Marina brillaba en el escenario Flow. “Muchísimas gracias, soy muy afortunada. Es un hermoso día. Estoy muy feliz de estar aquí”, dijo ante una marea de gente.

Marina Lambrini Diamandis, conocida artísticamente como Marina y previamente como Marina and The Diamonds, es la voz detrás de temas como “Bubblegum Bitch” y “Primadonna”. El nombre “The Diamonds” hacía alusión a sus seguidores. Nacida en Gales y de ascendencia griega, inició su carrera en 2007 difundiendo canciones en Myspace.

Su álbum debut, “The Family Jewels”, apareció en febrero de 2010. El reconocimiento internacional llegó con su segundo trabajo, “Electra Heart”, publicado en 2012, que la posicionó entre las figuras destacadas del pop alternativo. Posteriormente, lanzó otros cuatro discos: “Froot”, “Love + Fear”, “Ancient Dreams in a Modern Land” y “Princess of Power”, este último editado en 2025. Su propuesta musical fusiona el pop con elementos de electrónica e indie, acompañada de letras que abordan la introspección y temáticas sociales. Además, ha plasmado en sus canciones vivencias personales vinculadas a problemas de ansiedad y depresión.
A las 19 fue el turno del único headliner argentino de la actual edición, Paulo Londra. El cordobés salió a escena desde lo alto de un cubo gigante con un look de jean, compuesto por pantalón, chaqueta con dibujos de estrellas y una remera blanca. Desde allí, el cantante interpretó sus primeros tres temas y luego bajó para estar lo más cerca posible del público.
Así, el joven se lució con sus hits en un show impactante de luces en el que demostró su talento y su conexión con el público. Como si fuera poco, minutos antes del cierre, Paulo sorprendió al invitar al escenario a María Becerra. Junto a la quilmeña, el joven interpretó “Ramen para dos”, la colaboración que estrenaron meses atrás.
Con la noche ya apoderándose del hipódromo, Addison Rae salió a escena con un traje de cuero negro largo, al estilo bata. Y en medio de una coreografía con hombres y mujeres, los bailarines le sacaron el tapado, dejando ver un conjunto de lencería completo, de color negro con detalles. Además de medias de panty.
Con ese outfit, la joven interpretó su repertorio con una presencia única, y una personalidad hipnotizante. Así se movió sobre el escenario con gracia y sensualidad, realizando performances íntimas con hombres y mujeres. “Te amo mucho Argentina, mis iniciales son AR. Veo muchas pelucas rosas, me encanta”, dijo ante la multitud, demostrando su carisma.

La cantante personifica el tránsito de la popularidad en redes al escenario musical global. Comenzó a ganar notoriedad en 2019 con sus vídeos de baile en TikTok, donde llegó a ubicarse entre las personalidades más seguidas.
Rae fortaleció su proceso artístico a través de colaboraciones como la realizada junto a Charli XCX en el EP “AR” de 2023. En 2024, presentó su álbum debut “Addison”, abrazando sonidos hyperpop y una nueva madurez como artista.
Tiempo después, la industria de la música reconoció este trabajo, y llegó la nominación a Mejor Artista Nuevo en los Premios Grammy 2026. Después de su aclamado paso por el festival de Viña del Mar, Addison Rae llega al Hipódromo de San Isidro con un espectáculo que reafirma su transformación de fenómeno digital a referente del pop contemporáneo.

Cuando el reloj marcó las 21.15 en el Samsung Stage, Lewis Capaldi salió al escenario entre una ola de aplausos. El joven afrontaba los primeros minutos de su debut en Lollapalooza Argentina fiel a su estilo, con la humildad y la simpleza como bandera.
A sus 28 años, el cantante escocés ha consolidado una carrera centrada en baladas profundas y una voz reconocible. El éxito de “Someone You Loved” en 2018 supuso un giro en su trayectoria y lo instaló en el centro del pop contemporáneo. Antes de la fama, Capaldi actuaba en pequeñas salas del Reino Unido, construyendo su perfil musical a través de la autenticidad y la perseverancia.
Un episodio decisivo fue el síndrome de Tourette, motivo de una pausa de dos años en su carrera, seguida de un aplaudido regreso en la edición 2025 de Glastonbury. Su capacidad de conectar con el público se refleja en las cifras: Capaldi ha cosechado 35.000 millones de reproducciones a nivel mundial.
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