CHIMENTOS
Quiénes son los artistas destacados que se presentan este domingo en Lollapalooza: Sabrina Carpenter, Doechii y Deftones

Las expectativas por el tercer día de Lollapalooza Argentina 2026 giran en torno a tres figuras internacionales que brillarán en el Hipódromo de San Isidro: Sabrina Carpenter, Doechii y Deftones. Este evento destaca la diversidad de estilos y consolida la cita como uno de los puntos más atractivos de la temporada musical en Buenos Aires.
Este domingo 15 de marzo, las presentaciones principales estarán a cargo de la cantante y actriz estadounidense Sabrina Carpenter, la rapera Doechii y la banda Deftones, exponente del rock alternativo. Juntos, estos artistas representan la convergencia de géneros musicales y generaciones, atrayendo a miles de asistentes interesados en el pop, el rap y el rock.
La estrella pop, intérprete de “Please, please, please” regresa al país tras su impactante visita de 2023, cuando participó en la gira de Taylor Swift por Buenos Aires. Aquella ocasión marcó el inicio de una relación cercana con el público local, que se reforzó a través de gestos como compartir imágenes luciendo la camiseta nacional y el merchandising oficial de su colega.
Durante su estadía anterior, la cantante de Quakertown se destacó con temas como “Nonsense” y “Read your Mind”, además de rendir tributo a ABBA, una de sus referencias musicales. Su vínculo se profundizó al manifestar públicamente su afinidad por la cultura local: “Mis fans saben que tengo una terrible obsesión con la yerba mate, un té argentino”, reveló, consolidando así su acercamiento a Sudamérica y principalmente a la audiencia argentina.
Por su parte, Doechii se consagra como una de las grandes figuras de Lollapalooza 2026, impulsando el auge de la nueva generación del rap estadounidense. Su trayectoria dio un salto en 2020, cuando publicó desde su casa una primera versión del sencillo “Anxiety”, canción que pronto se popularizó en redes sociales y que actualmente integra su álbum Alligator Bites Never Heal.

El momento de máxima viralización llegó con un video de Will Smith y Tatyana Ali recreando una escena de El Príncipe del Rap usando el tema de Doechii como banda sonora. Desde entonces, “Anxiety” suma más de 238 millones de reproducciones en Spotify y alcanzó el primer puesto en las listas estadounidenses, posicionando a la rapera como referente global y rostro clave en comunidades digitales.
El recorrido estilístico de la jornada también suma a Deftones, banda de rock alternativo estadounidense reconocida por una carrera de varias décadas y un marcado legado internacional. Los músicos californianos regresan a Buenos Aires para reencontrarse con uno de sus públicos más fieles en la región y renovar su presencia en el circuito de festivales.
La actuación se anuncia como un repaso por los principales himnos de la banda y una oportunidad para experimentar su particular potencia sonora en formato de festival, con matices instrumentales que definen su sello dentro de la escena global.
Arts / Culture / Entertainment,North America
CHIMENTOS
Así es la casa de Andrea del Boca: reliquias, arte clásico y una deco vintage con más de 45 años de historia

La participación de Andrea del Boca en Gran Hermano Generación Dorada despertó una fuerte curiosidad en el público. Mientras la icónica actriz atraviesa una nueva etapa mediática dentro de la casa más famosa del país, en sus redes sociales también dejó ver algunos detalles de su vida privada, incluido el hogar donde vive desde hace más de 45 años.
A través de distintas publicaciones en Instagram, la protagonista de innumerables telenovelas mostró rincones de su vivienda, un espacio que combina elegancia clásica, recuerdos familiares y una fuerte estética vintage. La propiedad conserva un estilo muy personal, donde cada objeto parece tener una historia que contar.
En las imágenes compartidas por la actriz se pueden apreciar ambientes amplios, techos altos y una decoración que remite a las casas tradicionales. El living, uno de los espacios más representativos, tiene como protagonista una imponente chimenea de piedra maciza que funciona como punto central del ambiente.
Allí se la puede ver posando con naturalidad mientras alrededor se despliega una cuidada composición de objetos: esculturas decorativas, cuadros clásicos, lámparas con pantallas claras y muebles de madera oscura. Entre ellos se destaca una mesa esquinera octogonal, que aporta carácter y refuerza la estética vintage del lugar.
El piso de parquet, parcialmente cubierto por una alfombra de estilo oriental, completa un conjunto que transmite calidez y tradición. La combinación de materiales nobles y elementos antiguos genera un equilibrio visual que recuerda a las residencias elegantes de décadas pasadas.
Otro de los rasgos que más llama la atención del hogar de la actriz es la abundancia de obras de arte y reliquias decorativas. Las paredes funcionan casi como una galería personal, donde conviven cuadros enmarcados, esculturas y objetos que parecen haber sido cuidadosamente seleccionados a lo largo de los años.
En una de las fotografías se observa también un antiguo reloj que aporta personalidad al espacio, acompañado por largas cortinas claras que cubren una de las paredes y aportan luminosidad al ambiente. Los detalles clásicos dominan la escena y refuerzan el estilo vintage que atraviesa toda la casa.
Más allá de la estética, uno de los elementos más significativos del hogar es la presencia constante de recuerdos familiares. En diferentes rincones se pueden ver portarretratos de distintos tamaños con marcos dorados que exhiben momentos importantes de la vida de la actriz.
Entre esas imágenes aparece con frecuencia su padre, el reconocido director Nicolás del Boca, una figura fundamental tanto en su carrera artística como en su historia personal. De esta manera, la casa no solo funciona como un espacio de vida cotidiana, sino también como un verdadero archivo emocional donde se entrelazan su trayectoria, su familia y sus recuerdos.
Andrea del Boca
CHIMENTOS
“¿Qué significa?”: el tatuaje de Luana Fernández que encendió la polémica en Gran Hermano Generación Dorada

En las últimas horas, Luana Fernández volvió a quedar en el centro de la polémica dentro de Gran Hermano Generación Dorada. Un clip del reality que se viralizó rápidamente en redes sociales dejó ver un misterioso tatuaje en su brazo que despertó todo tipo de teorías entre los seguidores del programa.
La situación ocurrió en un momento cotidiano dentro de la casa. Mientras Luana estaba recostada conversando con su compañera Lolo Poggio, el participante notó un diseño en su brazo que llamó su atención y decidió preguntarle directamente. “¿Qué es o qué significa ‘Wifi’?”, le dijo con curiosidad al ver el tatuaje. La reacción de Luana fue inmediata y sorprendió a muchos.
Sin dar explicaciones, se limitó a responder con un seco “No”, dejando en claro que no tenía intención de hablar sobre el tema. Ese breve intercambio fue suficiente para que el fragmento del programa comenzara a circular rápidamente en redes sociales. Los fanáticos del reality analizaron el video cuadro por cuadro y comenzaron a especular sobre el posible significado del tatuaje.
Muchos usuarios vincularon la palabra “Wifi” con la organización que supo liderar el influencer uruguayo Yao Cabrera, conocida justamente como “La Mansión WIFI”, un grupo que alcanzó gran popularidad en redes sociales hace algunos años y que luego quedó envuelto en fuertes polémicas judiciales.
El nombre de Cabrera volvió a resonar en relación con la participante cuando el mánager Jorge Zonzini recordó públicamente que Luana figura mencionada en una de las causas vinculadas al influencer.
Según explicó Zonzini en distintas entrevistas, la joven aparece nombrada dentro de la investigación que se abrió alrededor del entorno del creador de contenido. En ese expediente se investigaron presuntos delitos como trata de personas, reducción a la servidumbre y explotación.
Cabrera fue condenado a cuatro años de prisión por reducción a la servidumbre en una causa que investigó hechos ocurridos entre fines de 2019 y comienzos de 2020. La investigación también incluyó denuncias relacionadas con la llamada “Mansión WIFI”, un grupo de jóvenes influencers que generaban contenido para redes sociales.
El caso tuvo gran repercusión mediática porque también derivó en otras investigaciones por presunta corrupción de menores, facilitación de la prostitución y lavado de dinero. En este contexto, el tatuaje que se vio en el brazo de Luana dentro de la casa de Gran Hermano despertó sospechas entre los seguidores del reality, que rápidamente comenzaron a relacionarlo con aquella organización.
Hasta el momento, la participante no dio explicaciones sobre el significado del diseño ni respondió a las especulaciones que circulan en redes sociales. Mientras tanto, el episodio volvió a alimentar la polémica alrededor de su figura dentro del reality, donde desde su ingreso se convirtió en una de las jugadoras más comentadas por el público.
Luana Fernández
CHIMENTOS
Santiago Fillol, el guionista argentino de Sirat, la película candidata al Oscar: “Es un privilegio no buscado”

Siempre hay un argentino mezclado en un evento mundial. Y en este caso, aún con su acento ya levemente español, Santiago Fillol se encuentra en el centro de atención internacional como coguionista de Sirat, la película española candidata al Oscar a Mejor Película Extranjera, junto al director Oliver Laxe. Nacido en Córdoba en 1977, formado en Letras, Ciencias de la Comunicación y realización cinematográfica, este guionista y también director reside en Barcelona desde el año 2000, cuando recibió una beca de la Universidad Pompeu Fabra y hoy se ha consolidado como una figura clave del cine contemporáneo de la península.
A pocas horas de conocer si los votos le sonreirán a Sirat, un film rodado en Marruecos (donde vive Laxe) sobre un padre y un hijo que buscan a la hija del hombre, desaparecida luego de una rave, Fillol habló vía Zoom con Teleshow desde Los Ángeles sobre sus comienzos, su experiencia española, su mirada de la industria del cine argentino -con el que mantiene sólidos vínculos y colaboraciones- y las expectativas por el Oscar.
—¿Cómo nació tu amor por el cine? ¿En tu familia eran muy cinéfilos?
—No necesariamente, pero a mi mamá le encantaba ir al cine. En esa época, ella —que es abogada— me llevaba a Tribunales todo el tiempo; así era el niño entre los pasillos de Tribunales. Entre trámite y trámite, se metía en el Gran Rex o en el Colón. Y tenía la costumbre de entrar a las películas comenzadas. Le daba igual el punto en el que entremos. Mi modo de narrar cine quizá viene de que como mi mamá me hacía entrar a media película, yo debía reconstruir lo que había pasado. Después, quedábamos escondidos en las butacas y, cuando se vaciaba la sala, volvíamos al inicio hasta llegar al punto de entrada. Esa rutina se repetía.
Veíamos de todo. Era la época de los cineclubes y de los videoclubes. Mi mamá era socia de todos en Córdoba; el Videoclub Córdoba fue uno de los primeros con sección de cine de autor. Le gustaba mucho Rohmer, así que el cine francés tenía un lugar especial. También recuerdo películas de Kieslowski. Si había escenas complicadas, nos tapaba los ojos o nos mandaba a la cocina y después nos llamaba cuando podíamos regresar; así, escuchábamos y nuestra curiosidad crecía. Otro ritual era el de los viernes, cuando alquilaba dos películas para ella y nos dejaba seleccionar otras dos a los hijos. Somos tres hermanos, así que negociábamos cuál elegía cada uno. De allí creo que nace mi amor por el cine, que luego creció en la universidad.

—Imagino hoy el orgullo familiar…
—Son un poco mayores y los visito cada tiempo, pero es muy lindo esa especie de tráfico, ¿no? De habernos pasado las ganas. Porque mi hermano Esteban es músico y mi hermana Virginia hace cine de animación, y mi papá es economista y mi mamá abogada. Como que nos pasaron sus deseos frustrados de qué es lo que le hubieran gustado hacer, y se convirtieron en nuestros mecenas. Cuando nosotros estábamos eligiendo qué carrera seguir, ellos fueron muy contundentes: no elijan algo que crean que les puede llegar a ir bien, porque uno nunca sabe si te va a ir bien o mal. Lo único que hay que elegir es lo que más te gusta. Eso nos impulsó mucho a los tres.
—Tus estudios universitarios y tu relación con la literatura y el cine, ¿cómo se dieron?
—Estudié Comunicación y también Letras Modernas en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Córdoba. Me gustaba ese cruce entre literatura y cine: pensar en algunos escritores como cineastas y, al revés, en cineastas como escritores. Juan José Saer y Antonio Di Benedetto, por ejemplo, me parecen cineastas que escriben, que ponen el teleobjetivo y el gran angular en la lapicera. Reconozco en Saer y Di Benedetto un trabajo de imágenes que también siento en las cadencias de Lucrecia Martel. En mi familia, sobre todo las mujeres, iban dejando novelas como un desafío: “Esto no sé si es para ustedes ahora”. Eso nos motivaba a leerlas igual. Saer lo leí por mi mamá; las primeras películas, también fueron por ella.

—¿Qué lugar ocupa Lucrecia Martel y qué otros referentes tenés en el cine argentino?
—Lucrecia Martel es un faro, no solo para mí, sino para quienes buscan pensar las imágenes y repensar cómo comunicarnos o compartir relatos. Martel es un oráculo; si tienes dudas, puedes buscar respuestas en ella, incluso indirectas. Es uno de los ejercicios más bellos hoy. La película que me inventó un universo fue “La Ciénaga”. Esa obra nos sigue habitando a todos. Martel produjo una alquimia especial, tocó el imaginario colectivo. Cada vez que uno recuerda esa piscina, aparecen imágenes familiares y sensaciones ocultas. Existen muchos cineastas talentosos en Argentina, desde los independientes hasta los más visibles. En Córdoba, Ramiro Sonsini, Mauro Aparicio, Martín Sapia o Pablo Martín Weber; en el cine nacional, la última de Roselli o Laura Citarella me resultan extraordinarias. Ojalá haya apoyo financiero para que todo ese talento encuentre proyección.
—Por lo que decís, mantenés lazos artísticos y colaboraciones con cineastas y proyectos de Argentina.
—Sí. Para mí es superimportante y es de las formas más lindas de volver al país. Yo medio que, en la universidad, me siento un poco el consulado argentino (ríe) A veces mis alumnos me dicen: “Bueno, pero esto es una clase de Cine y Literatura o Cine y Literatura Argentina” (ríe) Me hacen chistes los alumnos de Barcelona, y es muy lindo compartirlo desde ahí. Estoy estoy siempre vinculado y trabajando con cineastas de Argentina, sí.
—¿Y cómo ves la situación actual del cine argentino como industria?
—Lo percibo como un momento triste. El desmantelamiento del Instituto Nacional de Cine es una noticia grave, no solo para la gente en Argentina sino también para quienes valoran esa libertad y esa forma de imaginar el futuro que distingue a los cineastas argentinos. Una de las experiencias más dolorosas de acompañar el recorrido internacional de Sirat fue notar la escasa presencia de películas argentinas. No es por falta de talento, sino porque se ha decidido dejar de apoyar a los creadores, y eso es, creo, un error. Argentina tenía una representación prodigiosa en el exterior; ojalá se replantee y regresen las ayudas que permitan brillar a nuevas generaciones.
—¿Cómo fue tu inserción en el cine español?
—Cuando vine a España, fue tras obtener una beca, en un contexto completamente diferente: antes del corralito, cuando los pesos aún equivalían a dólares y se podían cambiar por pesetas. Vivir en España era incluso más barato que en Argentina. Pero no pensé “me voy del país”. Fue una inserción muy natural, casi orgánica, como suele suceder en muchas universidades. Accedí por una beca al doctorado en comunicación audiovisual y la Universidad Pompeu Fabra vivía un momento intenso. Había grandes maestros como Joaquín Jordá, José Luis Guerín, Nuria Bou, Xavi Pérez y Jordi Bayo; ahí no solo se pensaban películas, también se hacían. En ese entorno conocí a mi “familia de cine”: personas como Isaac Lacuesta y especialmente a Oliver Laxe. Con Laxe nos cruzamos en la universidad hace ya veinte años.
—¿Por qué esa sociedad autoral tan fuerte con Laxe?
—Estas cosas ocurren en esos espacios; las escuelas de cine a menudo generan lazos de familia. Es similar a lo que sucede con Mariano Llinás y Santiago Mitre, o con Laura Citarella y Dolores Fonzi: algunos vínculos se vuelven un canal abierto, donde se comparten imágenes e ideas. Oliver es como un hermano con quien construimos una familia fílmica, junto al director de fotografía Mauro Herza y Amanda Villavieja, quien ahora está nominada al Oscar a Mejor Sonido. El equipo de sonido, con Laia y Yasmina, fue fundamental en Sirat: como dice Martel, el sonido toca el cuerpo y en nuestra película es crucial. Este universo surge de la Universidad Pompeu Fabra, donde comenzamos haciendo películas pequeñas. Nuestra consigna siempre fue arriesgar y no calcular, hacer cada película como si fuera la última. Ese espíritu sigue vigente.
—¿Qué significa para ustedes, el equipo de Sirat, la nominación al Oscar?
—La nominación es un privilegio no buscado, un bello accidente. Lo esencial fue atrevernos a hacer una película desde la intuición y sin cálculos, sosteniendo cosas que no sabemos cómo sostener. El fenómeno ocurre porque hoy el público busca experiencias más que relatos; el cine es espacio de vibración, el cuerpo se vuelve membrana de la vivencia. El reconocimiento y la nominación ya son un gran premio. En estos días que presentamos la película aquí, compartirla con el público estadounidense resulta fascinante y conmueve percibir su impacto.

—¿Cómo nació Sirat, qué te atrajo del universo de la película?
—Pensamos que la ficción es un lugar para experimentar. Es un gimnasio del alma, donde podemos vivir situaciones que la vida real no nos dejaría afrontar. Se trata más de cuerpo que de mente: es silenciar el pensamiento y abrir el corazón, lograr que la sala de cine se transforme en espacio de rito. Eso intentamos con Sirat. Buscábamos que la búsqueda exterior de la hija se transformara en una búsqueda interior, que el viaje de un personaje se volviera introspectivo. ¿Quién soy? ¿Dónde estoy? ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Cómo caminar cuando todo ha perdido sentido? La vida es una gran guionista que jamás avisa cuándo corta el hilo. Plasmar eso en pantalla nos pareció esencial.
—¿Qué importancia tuvo el respaldo de Pedro Almodóvar y la productora El Deseo en la concreción de Sirat?
—Trabajar con la productora de Agustín Almodóvar, Esther García y Pedro Almodóvar fue extraordinario. El nombre lo explica todo: El Deseo realmente sigue el deseo del cineasta y ayuda a plasmarlo en pantalla. Es un lujo; trabajan como y con artistas. En lo personal, contar con un equipo tan comprometido y sentir que ese modo de crear tiene reconocimiento, ya es un premio en sí mismo.
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