CHIMENTOS
Se develó el acuerdo que Luciana Salazar tenía con Martín Redrado

Luciana Salazar se ha convertido en el centro de atención en estos días, pues un nuevo capítulo se ha desbloqueado en la pelea que enfrenta con Martín Redrado. Fotografías y documentos, son las nuevas pruebas que la blonda ha evidenciado, causando un gran revuelo.
Luciana Salazar está dispuesta a ir por todo contra Martín Redrado y lograr que cumpla con supuesto acuerdo que firmaron hace unos años. Según lo que supo, dicho acuerdo existe y está plasmado en un documento firmando ante escribano público.
Si bien el economista niega dicho documento, pues jamás se ha presentado a constatar que la firma que aparece es de él o no, lo cierto es que las imágenes que la modelo compartió en sus redes sociales, podrían indicar que ella ha estado contando la verdad todo este tiempo.
Ahora, con el caso nuevamente en la mira de todos los medios de comunicación, las verdades han comenzado a salir a luz y están sorprendiendo. Gabriel Levinas, en Viviana en Vivo, se encargó de hablar sobre otro acuerdo que existía entre la expareja.

“Redrado hizo un convenio en el 2014 con Luciana Salazar para que ella publique tweets sobre economía y temas de los que no sabía nada, y si ganaba determinado candidato presidencial, él le iba a dar tanto dinero”, expresaba el panelista, dejando asombrado a más de uno.
«Si ganaba determinado candidato presidencial, él le iba a dar tanto dinero».
“Investigando un poco, es muy probable que el candidato no supiera nada de esto. Esto está por escrito y forma parte de una acusación en la justicia que Redrado le hace a ella”, agregaba el periodista. Al parecer, hay mucha información sobre Luli y Martín que aún espera por ser descubierta.
Trabajo
El enfrentamiento entre Luciana Salazar y Martín Redrado ha despertado un sinfín de comentarios, tanto a favor como en contra de los protagonistas. Yanina Latorre es una de las más afectadas en esto, pues cuenta con una denuncia por parte de la modelo.
A Luciana no le agradó que en los últimos días, Yanina saliera en favor de Redrado y colocara en dudas los ingresos que tiene para llevar su gran estilo de vida. Sin embargo, son muchos del medio que no pueden evitar preguntarse sobre este tema.
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Luciana Salazar, Martín Redrado
CHIMENTOS
Qué ver en Netflix, la miniserie de 7 episodios que promete ser el gran batacazo del año: «Sra. Playmen»

La nueva miniserie italiana de Netflix, Sra. Playmen, se perfila como uno de los estrenos más atractivos del catálogo para los fanáticos de los dramas históricos basados en hechos reales. Esta producción de siete episodios combina empoderamiento, periodismo y revolución cultural en la Roma de los años 70, ofreciendo una mirada única sobre una figura femenina adelantada a su tiempo.
Protagonizada por Carolina Crescentini, Sra. Playmen está inspirada en la vida real de Adelina Tattilo, quien tras la traición de su marido se ve obligada a hacerse cargo de la revista erótica Playmen, un proyecto pionero que desafió la moral conservadora del contexto italiano de la época.
Desde el primer capítulo, la trama atrapa con la transformación de Playmen de una publicación menor a un símbolo de libertad y controversia cultural, en medio de una sociedad que aún debatía sobre censura, sexualidad y rol de la mujer en los medios.
A lo largo de sus siete episodios, la miniserie explora no solo el ascenso de la revista, sino también los conflictos personales y profesionales de Tattilo, quien debe navegar presiones legales, críticas públicas y disputas internas para mantener vivo su proyecto.
LA MINISERIE DE NETFLIX CON MAS REPRODUCCIONES
La narrativa propuesta por Netflix no elude los temas más complejos de la época: divorcio, homosexualidad, aborto y las tensiones éticas dentro de una Italia marcada por su conservadurismo, elementos que enriquecen la experiencia del espectador y posicionan la serie como un relato histórico con fuerte carga social.
Aunque Sra. Playmen se enmarca en un contexto específico, su enfoque en el empoderamiento femenino y el desafío al status quo la convierte en una miniserie con resonancia global, ideal para quienes buscan historias basadas en hechos reales pero narradas con un ritmo dramático envolvente.
Disponible en Netflix en múltiples idiomas y con subtítulos, esta producción italiana promete ser una de las propuestas culturales más comentadas del año para quienes disfrutan de series con fuerte trasfondo histórico y personajes memorables.
Netflix, miniserie
CHIMENTOS
El desafortunado comentario de Yanina Zilli contra Daniela de Lucía, tras la muerte de su padre: “Jugamos con lo personal”

La gala de nominación de Gran Hermano Generación Dorada (Telefe) de este miércoles estuvo marcada por una fuerte discusión que terminó convirtiéndose en uno de los momentos más tensos de la semana dentro de la casa. Luego de que se definiera la llamada “placa planta”, un intercambio entre participantes derivó en un comentario de Yanina Zilli que provocó un profundo malestar en Daniela de Lucía, quien terminó visiblemente afectada en pleno vivo.
La escena se dio minutos después de que se conociera la lista de jugadores nominados en esta votación especial, una dinámica pensada para apuntar contra los participantes que, según la mirada de sus compañeros, no están generando suficiente juego dentro del reality. En ese clima de tensión, algunos jugadores comenzaron a debatir sobre el comportamiento de distintos integrantes de la casa.
En ese contexto, una participante apuntó contra Yipio y cuestionó algunas actitudes que habría tenido durante la convivencia. Según su relato, la jugadora había mostrado comportamientos “patoteros” en determinadas situaciones dentro del juego. La acusación abrió un debate inmediato entre los presentes.
Yanina Zilli fue una de las primeras en tomar la palabra para respaldar esa postura y dar su versión de los hechos frente a todos. “Coincido. No me gustó, porque no es un penal… El primer día que nos organizamos con el tema de la cocina, me empezó a gritar como una desquiciada”, sostuvo, visiblemente molesta.
Sus palabras generaron reacciones diversas dentro de la casa. Algunos participantes escuchaban en silencio, mientras otros comenzaron a intervenir en la conversación. Fue entonces cuando Daniela de Lucía decidió intervenir para defender a Yipio y aportar su propia mirada sobre lo sucedido. La participante, que había regresado recientemente a la competencia tras atravesar una situación personal muy delicada, intentó desmentir la acusación. “Fuimos testigos y no es por saltar a defenderla. Jamás existió ese patoterismo”, afirmó con firmeza.
Sin embargo, la respuesta de Zilli encendió aún más el clima dentro de la casa. En medio del intercambio, la exvedette lanzó una frase que rápidamente generó incomodidad entre los demás jugadores. “Si vos no estabas… Vos estabas en el velorio de tu papá… Vos no podés hablar si no estás”, dijo en referencia al reciente fallecimiento del padre de Daniela. El comentario provocó un silencio inmediato. En el fondo comenzaron a escucharse voces de desaprobación de algunos compañeros que intentaban frenar la discusión. “¡No, no, no!”, se oyó mientras el ambiente se cargaba de tensión.

La frase tocó una fibra especialmente sensible para Daniela de Lucía. Días antes, la participante se había ausentado del programa luego de recibir la noticia del fallecimiento de su padre y había regresado a la casa poco tiempo después para continuar en competencia. Aunque intentó mantener la compostura, la emoción terminó desbordándola. Con la voz entrecortada y visiblemente afectada, tomó la palabra para responderle a Zilli frente a todos. “Bueno, jugamos con lo personal”, expresó primero, marcando el límite que, según su mirada, se había cruzado en ese momento. Luego continuó con un descargo que conmovió a varios de los presentes. “Yo a este juego sí lo juego con la mente y el corazón. Y hay límites personales claros, como saltar en vivo con una frase así”, sostuvo.
Daniela también quiso dejar en claro que nunca utilizó su situación personal como estrategia dentro del reality. “No me quiero hacer la víctima”, aclaró, antes de recordar el momento en que recibió la noticia del fallecimiento de su padre mientras participaba del programa. “Cuando recibí la noticia y antes de irme de esta casa, dije: ‘No me voy sin votar’”, relató. Con esas palabras, la participante buscó remarcar que, incluso en un momento tan doloroso, decidió cumplir con su compromiso dentro del juego. Mientras hablaba, las lágrimas comenzaron a aparecer y su voz se quebró en varios momentos. A pesar de la emoción, continuó con su reflexión frente a sus compañeros. “Si hay alguien que juega esto soy yo. Y si estoy acá es porque tengo corazón”, concluyó.

El momento generó gestos de apoyo de algunos participantes, que escuchaban con atención el descargo. Sin embargo, la discusión no terminó ahí. Lejos de retractarse, Yanina Zilli mantuvo su postura inicial y volvió a remarcar su argumento. “No podés opinar si no estás acá. Vos no estabas acá”, insistió, reafirmando lo que había dicho previamente.
La escena se convirtió rápidamente en uno de los momentos más comentados de la gala y dejó al descubierto las tensiones que empiezan a intensificarse dentro de la casa a medida que avanza el juego. En un reality donde las estrategias, los cruces y las discusiones forman parte de la convivencia diaria, la frase de Zilli abrió un debate entre los participantes sobre los límites del juego y el uso de situaciones personales en medio de las discusiones.
CHIMENTOS
Qué pasó en las últimas horas de Alberto Olmedo: la noticia que no esperaba y el grito desesperado antes de la caída

—¡Me caigo, mamita, me caigo! ¡Agarrame la pierna!
—¡Yo te agarro, papito, yo te agarro! ¡Pero no puedo! No puedo…
El 5 de marzo de 1988 el cielo estuvo plomizo, espeso, cargado. Aquella mañana, el sol no salió en Mar del Plata. Y están quienes aseguran que, desde ese día, ya nunca más brilló como antes. A las 7:45 de ese sábado gris que se tiñó de negro, en la Argentina se apagaron las risas. Las nubes que amenazaban lluvia parecieron deshacerse en las lágrimas de un país que estaría obligado a despedir a uno de sus máximos ídolos populares.
Alberto Olmedo cayó al vacío desde el balcón del piso 11 del edificio Maral 39, ubicado frente a Playa Varese. El querido Negro, el mismo que había hecho reír a generaciones enteras en televisión, teatro y cine, ensayó allí una última broma: jugar en la cornisa. Fue un mal chiste, pero del destino. Tenía 54 años. Apenas un rato se había enterado que volvería a ser padre.
“Murió en el mejor momento de su vida, con la mina que quería y tomando champagne. Y no babeado en una cama, hecho mierda”, diría poco después Nancy Herrera, en unas palabras que aún 38 años después, estremecen. Ella era «la mina que quería» el Negro, la mujer con la que había mantenido una relación de ocho años atravesada por crisis, reconciliaciones y escándalos. Hoy, se la definiría como tóxica.
Meses antes del desenlace fatal, Herrera había protagonizado un romance con Cacho Fontana, íntimo amigo del Negro. La historia generó un cimbronazo mediático y ocupó las tapas de las revistas de actualidad. Pero sobre todo, provocó una profunda depresión en el humorista. A partir de entonces, fueron las dos caras del teatro: cuando se encendían las luces o la cámara empezaba a grabar, Olmedo sonreía; cuando se apagaba el reflector y bajaba el telón, Alberto se ensombrecía.
Ese verano del 88 los había vuelto a encontrar. El rosarino, que había sido el inocente El Capitán Piluso —símbolo de la infancia de toda una generación—, venía de cerrar en diciembre el picaresco ciclo No toca botón, uno de los programas más exitosos de la televisión argentina. En la temporada marplatense hacía función a sala llena cada noche en el Teatro Tronador, con la obra Éramos tan pobres. El público lo ovacionaba, lo abrazaba, lo mimaba. Su magnetismo estaba intacto.
Además, Olmedo iba a estrenar la película Atracción peculiar, que protagonizaba con su gran compinche: Jorge Porcel. El elenco lo completaban Beatriz Taibo, Silvia Pérez y Beatriz Salomón. El Negro, que había participado en más de 20 filmes, no llegó a verla terminada: murió dos días antes de que llegara a las salas.
OLMEDO Y LA CRÓNICA DE UNA TRAGEDIA NO ANUNCIADA
La noche del 4 de marzo el Negro cenó con amigos al salir del teatro. Se despidió temprano, sin sobremesa: le sobraban los motivos. En el departamento que alquilaba en el Maral 39 lo esperaba Nancy. En el espejo, un “Te amo” escrito con labial funcionó como prometedora bienvenida. Era el reencuentro que —ambos lo sabían— implicaba una reconciliación, muy esperada por Olmedo. Y había algo más: una dulce noticia que el humorista todavía desconocía.
En esas horas Alberto y Nancy volvieron a ser felices. Hubo risas, besos, abrazos. Y entonces, ella le contó que esperaba un hijo suyo: estaba embarazada de dos meses. Brindaron, tomaron champagne. Mucho. El Negro recuperó la sonrisa plena. La noche se estiró entre el alcohol y los excesos. Era, según quienes los conocían, uno de esos momentos en los que parecía que todo volvía a encajar.
Sin avisar, Olmedo salió al balcón. Ya era de día, aunque el sol no se asomaba. Observó el mar bajo ese cielo plomizo que parecía fundirse con el horizonte. Nadie puede explicar con certeza qué pasó después. Cruzó una pierna sobre la baranda húmeda por el rocío. Avanzó un poco más. Se sentó en el borde. El torso desnudo, las piernas hacia el vacío, las botas texanas buscando apoyo.
Fueron apenas segundos. Desde un departamento del piso superior alguien se despertó por los gritos. Y ese «¡Me caigo, mamita!», con el tono de lo irremediable. Y aquel «¡Yo te agarro, papito!», desprovisto de convicción y esperanza. Y el desenlace inmediato, fatal. Tan solo unos minutos después, Nancy se desvanecía en un llanto desgarrador, abrazada al cuerpo inerte de un Olmedo que, tras impactar sobre el jardín delantero del edificio, terminó sobre la vereda.
«¿Por qué hiciste esto, Negro? ¡¿Por qué?!», gritaba Herrera, mientras los primeros curiosos se acercaban al lugar. Todavía no eran conscientes de que serían testigos de un instante desolador del país.
La noticia corrió rápido, como corren las tragedias cuando golpean a los ídolos. La muerte de Alberto Olmedo fue un golpe seco, helado. Un hachazo invisible.
Nadie estaba preparado. Y desde aquel 5 de marzo de 1988 ya nada fue igual.
Los argentinos nos quedamos huérfanos de la alegría.
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