CHIMENTOS
Sofí Morandi se prepara para un nuevo desafío en su carrera: “Siempre soñé con hacer esta obra”

El reloj marca las horas previas al debut y Sofi Morandi se detiene frente a la oportunidad largamente anhelada: Las Cosas Maravillosas retorna a la cartelera de Buenos Aires, y esta vez el deseo se convierte en realidad. “Siempre soñé con poder hacerla, cada vez que iba a ver una función me imaginaba ahí”, confiesa la actriz a Teleshow. Y se dispone a hablar del proyecto con que se estrenará este lunes 2 de febrero en el Metropolitan y con el que se propone llegar al menos hasta abril.
“Es una experiencia teatral que habla del amor, la solidaridad y las cosas básicas de la vida que a todos nos parecen maravillosas”, define Morandi a horas de que se levante el telón. Y desde su sencillez, ese concepto abre un juego tan personal como infinito. Los nervios y el entusiasmo no se disipan al subir a escena y cada función propone una apuesta inédita en su recorrido como actriz: la cercanía con el público y la construcción colectiva de una experiencia luminosa, en el rol de narradora de una trama conmovedora, bajo la dirección de Mey Scapola.
Morandi encara este desafío después de pasar una larga estadía en Uruguay, donde participó en la filmación de la tercera temporada de Porno y helado, la serie dirigida y protagonizada por Martín Piroyanski. La actriz describió el rodaje como una suerte de “viaje de egresados”, ya que el equipo uruguayo y los actores argentinos habían generado un ambiente de confianza y diversión a lo largo de los años.
“Fue una experiencia hermosa” sintetiza sobre su experiencia en un destino cada vez más visitado por las producciones locales. Y ahora se prepara para un desafío distinto a todos los que experimentó en su carrera como actriz. Una suerte de unipersonal interactivo, una terapia colectiva con protagonistas itinerantes, que invita a la reflexión y a la sensibilidad escapando a los lugares comunes.
—¿Cómo te llegó la propuesta para sumarte a esta obra?
—La propuesta me llega a través del productor Tommy Rottemberg y la directora Mey Scápola y es una obra que ni bien la vi la primera vez con Peter Lanzani, me encantó. Después la vi un montón de veces con diferentes protagonistas: Franco Massini, Cande Vetrano, Natalie Pérez, Fer Dente. Me fascinó porque es muy distinta a las otras obras que había visto, me imaginaba que podía ser una obra re linda para hacer, pero no me sentía preparada o segura y no tenía ninguna propuesta todavía. Y finalmente esa propuesta llegó.

—¿Por qué sentís que es una obra distinta a las demás?
—Tiene como un misterio alrededor…se genera una interacción con el público, que es muy importante, es como una especie de experiencia teatral. Eso la hace súper original y, a la vez, el libro es algo muy tierno, tiene momentos de humor, de comedia, y también de reflexión. La gente es parte de la obra, literalmente hay sillas arriba del escenario, y como las salas en el Multiteatro son chicas, es más íntima y se genera algo colectivo, muy emocionante y novedoso.
—¿Qué te produjo la primera vez que la fuiste a ver?
—Me produjo asombro, sorpresa, porque no esperaba ser parte. En un momento me encontré participando de la obra. Si bien el público no es protagonista, todos estábamos ayudando al narrador a contar la historia. Desde ese momento, te sentás en la butaca y entendés el registro, decís: “Estamos todos acá escuchando lo que tiene para contar la narradora”. Eso me gustó. Después me generó mucha ternura. La obra tiene un lado muy luminoso de la vida. Si bien habla de suicidio, depresión, salud mental, no va al golpe bajo. Y cuando termina, te vas contento.

—¿Cómo fue el proceso de ensayos y el trabajo con la dirección de Mey Scápola?
—Por suerte ya conocía a Mey, la admiraba mucho como actriz, me parecía un diez. No la conocía como directora y la verdad es que hizo el proceso muy claro. Es muy decidida a la hora de expresarse, que es algo que tienen los directores que también son actores, y a mí me gusta ser dirigida por gente así, porque sabe cómo expresarte lo que quiere ver arriba del escenario. No te dice cómo hacerlo, pero te sabe guiar. Así que me sentí súper contenida y fue muy lindo el proceso. Después vino el desafío de estudiarme toda una letra, porque es una hora hablando yo sola. Entonces, hasta no aprenderme de memoria la página uno, no pasaba a la página dos. Y así hasta la 60.
—¿Cómo vivís el recorrido desde tus inicios como influencer hasta esta etapa en el teatro?
—Estoy súper agradecida con eso y no de un lado egocéntrico, sino sincero. Y orgullosa de seguir esa necesidad de hacer cosas o de escucharme qué tengo ganas de hacer y qué no, según el momento. Hace unos años no estaba lista para hacer esta obra, pero este año me sentí lista dentro de mi cabeza. Esto es algo que nunca hice, es un desafío, es algo nuevo, voy intentando llenar la mochila con más herramientas y soy medio ñoña con esas cosas. Siempre pienso los proyectos en base a si me va a hacer crecer, si me gusta, si me divierte. Divertirme lo priorizo también, aunque suene naif. Y así, sigo eligiendo.

—Se te ve desbordante de felicidad con esta nueva etapa…
—¡Ay, sí! Muy feliz y también muy nerviosa (risas).
—¿Qué significa para vos “Las Cosas Maravillosas”?
—Para mí es una experiencia teatral que habla del amor, la solidaridad y las cosas básicas de la vida que a todos nos parecen maravillosas.
—¿Cómo cuáles?
—Como, por ejemplo, sabe cuál es el tango favorito de tu abuelo.
*Las cosas maravillosas. Estreno lunes 2 de febrero en el Metropolitan, Corrientes 1283. Funciones viernes y sábado
CHIMENTOS
Ricky Martin y Juan Castro, el romance clandestino que marcó los 90 y terminó con un final trágico: «Era una relación a distancia»

Un touch and go y todo pasaba por Miami. O a escondidas en Buenos Aires, cuando las cuatro paredes de un hotel eran testigos de una pasión desbordante y desmedida en el apogeo de los años 90. Lo de Ricky Martin y Juan Castro fue de esos amores que no se explican en palabras, que solo lo entienden quienes los viven. Porque a veces los sentimientos se comprenden cuando se desarrollan en acciones. En lo que generan. Y así fue entre ellos: un hilo rojo conectaba al cantante puertorriqueño con el periodista argentino. Como bien le dijo Ronnie Arias a Paparazzi: “Habría que haber estado en esas sábanas”.
El final de uno de sus protagonistas fue trágico. El verano de 2004 quedó marcado por la dramática muerte de Juan Castro. El periodista cayó desde el balcón de su departamento en Palermo y, tras pasar tres días en terapia intensiva, falleció con apenas 33 años.
El shock de la noticia fue total; la farándula argentina quedó consternada. El mundo habló del inesperado desenlace que tuvo un joven y talentosísimo periodista argentino. A escondidas, Ricky Martin transitaba en absoluta soledad uno de los dolores más grandes que debió enfrentar, una herida que hoy sigue abierta por lo que Juan marcó en su vida, en su camino, y en especial, en su descubrimiento personal.
Quienes conocieron el costado íntimo del cantante y el periodista confirman que el amor existió. Ricky estuvo muy enamorado de Juan, a punto tal que si alguno de los dos viajaba, ya sea a Buenos Aires o a Miami, coordinaban para encontrarse. Su relación era especial y no solo se reducía a una noche: era un vínculo amoroso (y muy fogoso) a la distancia. El boricua hacía de todo para verlo. Incluso llegó a esconderse en el baúl de un auto para colarse en un hotel y no ser visto por la prensa.
«Fue una linda persona y un gran profesional. Lo recuerdo con mucho amor y mucho cariño”, fue una de las pocas frases, por no decir la única, en la que Ricky se animó a confesar y reconocer que existió un vínculo con Castro.
El hermano mellizo de Juan, Mariano Castro -que falleció en octubre del 2025, a los 54 años-, llegó a decir, en una nota con El Trece, que simplemente «eran dos pibes” y “se cagaban de risa”. Pero en aquella época la sociedad era otra. Si bien Juan era un adelantado, que llegó a los medios para deconstruir y romper tantos prejuicios que existían sobre la homosexualidad, eligió seguir la postura de Ricky Martin, quien era toda una estrella mundial: recién en el 2010, y con una carta pública, el músico confesó su verdadera orientación sexual. “Cuánto tabú había en los 90 con eso de ser gay«, destacó Mariano Castro en relación a cómo su hemarnó vivió este romance oculto.
Ronnie Arias, uno de los pocos testigos de la pasión que existió entre Castro y Ricky, contó en una entrevista cuál era el modus operandi de dos jóvenes que se permitieron vivir una pasión desmedida, con sus corazones conectados en un mismo camino.

“Lo de ellos fue un flechazo. Yo no los presenté. Yo lo que fui es testigo de un par de salidas de ellos y cubrí la entrada a algunos hoteles… Se escondían. A Ricky lo metíamos en el baúl del auto al hotel”, recordó el actor, que en ese momento formaba parte de la señal E! Entertainment.
En este romance clandestino, era el boricua quien tenía los sentimientos más a flor de piel: “Siempre digo que Ricky estaba más enamorado de Juan. Era imposible no enamorarse de Juan: era energía pura -sentenció Ronnie-. Creo que era una relación a distancia, una relación en plazos. Venía Ricky, se veían. Juan viajaba a Miami, se veían. Era un touch and go, nunca fueron pareja”.
Sin haber formalizado su vínculo, tan solo disfrutando de un flechazo de dos personas que tuvieron la fortuna de coincidir, vivieron, percibieron y atravesaron el desarrollo del amor. En el 2001, Castro marcó un precedente al animarse a contar, con total naturalidad, cuál era su elección. Así lo replicó durante una entrevista en Sábado Bus.
“Lo que tenía que ser un secreto, ni yo sentía que fuera algo que estaba mal en mí lo que hacía entre cuatro paredes de mi dormitorio, y porque también se me cantó decirlo. Lo que generó en los otros es un tema de los otros. Lo que más me gustó fue que esa semana mi viejo me llamó y me dijo: ‘Vos sos un valiente’”, destacó Juan.
Como tantas historias que marcaron a fuego a una generación, lo de Ricky Martin y Juan Castro quedó suspendido en el tiempo, envuelto en silencios, secretos y un contexto que no permitía vivir el amor con libertad. Fue intenso, real y profundamente humano, atravesado por el miedo, la pasión y las limitaciones de una época que obligó a esconder lo que hoy podría decirse sin culpa. Juan se fue demasiado pronto y Ricky siguió su camino, pero ese hilo rojo del que hablan quienes los conocieron nunca se cortó del todo: permanece en la memoria, en los gestos no dichos y en la certeza de que, aun a escondidas, hubo un amor que existió y dejó huella.
Ricky Martin, Juan Castro
CHIMENTOS
Daniela Celis y Thiago Medina tomaron una drástica decisión para la crianza de sus hijas: “Todo vale la pena”

Daniela Celis y Thiago Medina volvieron a captar la atención del público, pero esta vez lejos del romance y las redes sociales. La pareja sorprendió al contar la drástica decisión que tomó para la crianza de sus hijas, las mellizas Aimé y Laia: criarlas sin pantallas durante sus primeros años de vida. Una elección que, aunque exige esfuerzo y constancia, aseguran que “todo vale la pena”.
A través de sus redes sociales, Daniela compartió un mensaje sincero y reflexivo que rápidamente generó repercusión. “Dos años criando sin pantallas. Sí, es muy difícil: mucha creatividad, dedicación, paciencia y amor. Pero es acá donde todo vale la pena”, escribió la ex participante de Gran Hermano, junto a imágenes de sus hijas jugando a la rayuela, rodeadas de juegos tradicionales y sin dispositivos electrónicos.
Lejos de tablets, celulares y televisión, la familia apuesta por la convivencia, el juego compartido y la estimulación analógica. En el reciente festejo por el segundo cumpleaños de las niñas, la postal fue clara: globos, juguetes clásicos, peluches y risas, sin pantallas a la vista. Para Daniela y Thiago, la clave está en el tiempo presente y el vínculo directo.
La decisión no está exenta de desafíos. La propia Celis reconoció que sostener este tipo de crianza requiere un compromiso diario, especialmente en un contexto donde la tecnología atraviesa la vida cotidiana desde edades cada vez más tempranas. Sin embargo, el balance es positivo: “Una rayuela y toda la tarde alcanza”, resumió.
Esta postura no es aislada dentro del mundo del espectáculo. Natalia Oreiro fue una de las figuras que públicamente manifestó una mirada similar. La actriz reveló que su hijo Atahualpa, con casi 14 años, recién tendrá un celular sin conexión a internet. “No es un ‘porque no’, sino explicar por qué no”, explicó.
En la misma línea, Nicole Neumann también se mostró firme respecto al uso de pantallas en la infancia. La modelo contó que prefiere fomentar la lectura, el juego y las actividades creativas antes que recurrir a dispositivos electrónicos. “Yo prefiero jugarle, leerle y que elija libros”, señaló en más de una oportunidad.
Las decisiones de estas familias famosas encuentran respaldo en la comunidad médica. La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los niños menores de cuatro años no superen una hora diaria de exposición a pantallas, y que los menores de dos años directamente no tengan contacto con ellas.
Daniela Celis, Thiago Medina
CHIMENTOS
En busca del sexo perdido: la comedia que conquista la calle Corrientes con una actriz que se reinventa “en su doble vida”

Lejos de ser un privilegio exclusivo de las ciudades de veraneo, el teatro sigue vivo y vibrante en la mítica calle Corrientes, de la ciudad de Buenos Aires. Allí, sin importar las altas temperaturas del verano porteño, el público va y viene entre salas que ofrecen desde historias de fantasía hasta estallidos de carcajadas. Entre tantas propuestas a precios accesibles hay una obra que sobresale por su humor ácido, sus situaciones disparatadas y las risas que se escuchan incluso fuera de la sala. Se trata de En busca del sexo perdido, una comedia bizarra que, detrás de la diversión, invita a la reflexión sobre los mandatos y las búsquedas personales. Teleshow conversó con su directora, Gisella Sirera, y una de sus protagonistas, Eliana Villanueva, para conocer sobre su labor y los secretos detrás de este fenómeno de la cartelera.
La historia, que se lleva a cabo en la Sala Cortázar de Paseo La Plaza, transcurre en una clínica donde la sala de espera se convierte en el epicentro de enredos y neurosis: una paciente hipocondríaca en busca de respuestas, dos doctores más pendientes de sus propios dilemas que de los pacientes, una visitadora médica alerta a cada detalle y una recepcionista con pocas ganas de trabajar. Entre diagnósticos absurdos, situaciones disparatadas y un humor que no da respiro, la obra utiliza el delirio para reírse de los mandatos sociales y la obsesión por la identidad.
La creación y dirección de Sirera, atravesada por experiencias personales y la mirada aguda sobre la vida cotidiana, suma además el trabajo de un elenco que combina entrega y complicidad noche tras noche. En ese mismo escenario, una de las actrices, Villanueva, redescubre la pasión por el teatro y la fuerza del público, aportando su propia historia a una comedia que hace del caos y la identificación una fórmula de éxito.

—¿Hace cuánto tiempo se dedican al teatro y qué las llevó a elegir este camino?
—Gisella Sirera: Yo hago teatro desde que tengo diez años, o sea… hace tiempo que hago más teatro de lo que llevo viva, y tengo 40. Estoy en todos los lugares donde se puede estar, porque damos clase en varios lugares, entonces estamos todo el tiempo en movimiento.
—Eliana Villanueva: Comencé desde muy chica, cuando actuaba en todos lados. Pero después seguí la carrera de Letras y trabajé muchos años en una empresa. Volví a la actuación después de la pandemia, harta de lo virtual y con ganas de volver a los vínculos presenciales. Así empecé, y tuve la suerte de dar con Gisella, que siempre está generando cosas.

—Eliana, en tu caso la actuación no es tu trabajo principal. ¿Cómo combinás tus otras actividades con el teatro?
—Trabajo en Recursos Humanos de día en una empresa de Telecomunicaciones, y de noche soy actriz. Es como ser la tía de Hannah Montana (risas). Todo se trata de comunicación y creo que ambas cosas se potencian. En la compañía valoran mucho el desarrollo personal, y lo artístico me ayuda a expresarme mejor a través del humor. Me gusta tener cada vez más herramientas para contagiar risa, que me parece tan curativa e importante. El humor sana, mejora y te permite encontrarle una vuelta de tuerca a las cosas.

—Entre lo artístico y sus ocupaciones laborales, ¿qué disfrutan más?
—GS: Son caminos diferentes, pero todos se cruzan y conectan. Yo me siento más cómoda dando clases, pero desde un lugar más egoísta siempre me gusta más dirigir. Me siento muy expuesta en la actuación y siento que me tengo que preparar mucho; si tengo que actuar, hago seminarios para retocar siempre.
—EV: Me parecen súper complementarias porque todo se trata de comunicación con las personas. Cuantas más herramientas tenés para comunicarte, ya sea el cuerpo, la expresión, el humor, mejor. No siento que compitan entre sí, aunque se den en horarios opuestos.
—Gisella, ¿qué inspiró la creación de “En busca del sexo perdido”?
—Como siempre digo, todas las comedias tienen una tragedia detrás. Perdí a mi mamá hace muy poquito y la tuve mucho tiempo internada. Para abstraerme de la realidad tan dolorosa, empecé a observar el entorno desde un lugar más bizarro y alocado. También hubo situaciones desafortunadas en el elenco y pensé: “¿Qué hacemos con esto? Vamos a tratar de ponerlo en algún lugar y sanarlo desde ahí”. Así nació la obra. Es una nueva versión de un título anterior, pero le cambié todo para que fuera más actual; armamos desde cero y la gente está respondiendo muy bien. Nos llevó tres meses. Fue una búsqueda que escribí toda por mí misma y los chicos se tiraron a la pileta. Fue muy natural porque todos confiaron en lo que yo podía proponer y el grupo se adaptó siempre.

—¿Cómo surgieron los personajes y cuánta realidad hay en ellos?
—Hay personajes, como los médicos, que me basé en cosas que vi realmente. En la comedia bizarra el plan es exprimir al máximo la parte más loca del personaje, llevarlo casi a la caricatura, pero también es una mezcla de experiencia personal e imaginación. Mucha gente del ámbito médico me dice “es tal cual”, y yo jamás tuve contacto con lo médico, pero parece que no estoy tan errada de la realidad. Es muy loco. Es el segundo año que estamos y la gente sigue eligiendo el título y la historia, es la primera vez que veo que, al terminar la función, hay gente que ya compró para el viernes siguiente. Eso es muy gratificante.

—¿Qué significa para ustedes estar en la emblemática calle Corrientes?
—GS: Para mí es un orgullo y una recompensa al esfuerzo de tantos años. La calle Corrientes tiene un peso histórico y cultural enorme para quienes hacemos teatro. Estar acá significa que el trabajo y la constancia valieron la pena y que el público sigue eligiendo lo que hacemos. Es un logro colectivo, del grupo y de cada función.
—EV: Es emocionante. Pienso: ‘¡Guau! Estoy acá en la calle Corrientes, la calle de las canciones, de los diarios, de los tangos’. Y la verdad que pienso en mi profe y que un día nos dijo: “¿Así que quieren estar en la calle Corrientes?. Bueno, van a estar ahí”.
—¿Qué les gustaría que se lleve el público después de ver la obra?
—GS: Que por un rato se olviden de los quilombos y líos de afuera, que se relajen, se rían y se sientan identificados. Si además viene un análisis más profundo, bienvenido, pero lo importante es que se rían y disfruten.
—EV: Que se diviertan mucho y vean situaciones cotidianas representadas en la obra. Y si es más ambicioso, que vayamos aprendiendo a reírnos de lo que vivimos, porque esa energía ayuda tanto en los buenos como en los malos momentos. Yo creo mucho en el humor; es la mejor medicina, no engorda, no tiene azúcar ni edulcorante, pero te endulza todo.

—¿Hasta dónde les gustaría llegar con la obra y la actuación?
—GS: Queremos llevar la obra al interior y adaptarla para hoteles y otros formatos. Es un año atípico por el Mundial, hay que planear bien las giras para que el esfuerzo valga la pena y poder llegar a más gente.
—EV: Con el grupo estamos planificando viajar por el país, conocer lugares y personas y que se diviertan con nosotros. Mi sueño es recorrer y llevar esa risa contagiosa a todos lados.
Así, cada viernes en la sala Cortázar, En busca del sexo perdido no solo arranca carcajadas, sino que también deja un mensaje sobre la importancia de reírse de uno mismo y animarse a mirar la vida, y hasta las propias crisis, desde un lugar más humano y generoso. Al final de cada función, entre aplausos y sonrisas, el público y el elenco se llevan la certeza de que, a veces, reírse juntos es la mejor manera de sanar.
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