CHIMENTOS
Yanina Latorre contó la escandalosa verdad de las hijas de Wanda Nara y Mauro Icardi en un espectáculo para adultos: «Cabizbajas»

La presencia de las hijas de Wanda Nara y Mauro Icardi en un show para adultos, el Movistar Arena que «encabezó» el streamer Martín Cirio, sigue provocando un gran revuelo. Después de que se acusara a la mediática de llevar a las nenas a un espectáculo inapropiado para menores de edad y que eso generara una gran polémica en torno a la educación que la rubia les da a sus nenas, Yanina Latorre, testigo directa de los hechos, dio su versión de los acontecimientos.
«Cuando me la encuentro de frente a Wanda ella estaba con sus hijas» confesó Yanina. El encuentro se dio en uno de los pasillos del estadio ubicado en Villa Crespo, junto a la cancha de Atlanta. «Hoy se armó una revolución con este tema, y yo la voy a defender» avisó la panelista de LAM que en un puñado de semanas abandonará el ciclo para ocupar de lleno el rol de conductora.
«Yo estaba ahí. Las pibas no vieron el show. De verdad. Cuando me la cruzo, que está grabado en el video, saludo, y estaba la nena de Demichelis, que es una responsabilidad para ella porque no es un show apto para menores. El tipo habla de pija, coger, culo, todo igual» admitió Yanina. Una de las máximas críticas para la ex vedette era precisamente esa: por qué había llevado a las nenas a un lugar así.
Sin embargo, Yanina puso la cara por ella. «Cuando saludo a las nenas estaban medio como cabizbajas, y ella dice «y… no están contentas porque mamá no las dejó ver el show porque es para adultos». Estaban con su niñera. Las chicas solamente la vieron a ella aparecer y cantar. Nada más», remarcó. La explicación de Latorre no calmó a las fieras: para muchos, las nenas presenciaron cuando se hablaba de su papá con términos como «manisero».
YANINA LATORRE CONTO LA VERDAD DE LAS HIJAS DE WANDA NARA Y MAURO ICARDI EN UN SHOW PARA ADULTOS
«La verdad, entiende todo Wanda» sentenció Latorre, y después intentó darle contenido a su aseveración. «Yo se que nos peleamos, que estoy bloqueada en el Instagram, que vamos y venimos, pero ella no se lo toma a personal. Y ahí se equivoca la China, porque ella sí toma todo a personal, está odiada con media farándula y le hizo juicio a mi, a Angel, a este, al otro, al de más allá, le hizo a Martín Cirio. No entiende, y tiene una única persona con la que habla que no tiene tanta llegada como otros».
«En cambio, Wanda podés estar peleada pero te habla y te pasa data» remató Latorre destacando «las bondades» de haberse encontrado con la conductora de Masterchef, con quien, efectivamente, protagoniza un ida y vuelta permanente ya que a veces Yanina hasta ofició de vocera suya -las épocas del Wandagate- y después se enfrentaron feo al punto de bloquearse y perder toda comunicación. En fin, queda claro que los amores y los odios no son eternos en la farándula.
Wanda Nara, Mauro Icadi, hijas de Wanda Nara y Mauro Icardi
CHIMENTOS
Escándalo en el final de MasterChef Celebrity: un participante se fue a los gritos y denunció que “está todo arreglado”

La recta final de MasterChef Celebrity llegó cargada de tensión y, como suele pasar en los realities más vistos, el clima terminó explotando. Cuando todo parecía encaminado hacia una definición prolija, un fuerte escándalo sacudió una de las últimas grabaciones y dejó a la producción en estado de alerta.
“Llega la final de MasterChef y como en toda final de reality, se picó todo”, lanzó Paula Varela, al revelar lo que ocurrió puertas adentro del programa. Según contó la panelista, el conflicto se desató cuando uno de los participantes quedó afuera de manera inesperada, pese a estar convencido de que tenía asegurado su lugar en la final.
“Hubo un gran escándalo en la grabación de MasterChef. No voy a decir si es un hombre o una mujer para no adelantar, pero uno o una de los participantes estaba muy confiado/a de que llegaba a la final y… no”, explicó Varela, dejando en claro que el golpe fue tan duro como sorpresivo para esa persona.
La reacción no tardó en llegar y fue tan explosiva como incómoda para todos los presentes. “Lo/a limpiaron y se recontra enojó. Se fue al grito de ‘acá hay arreglo’”, relató la periodista, dando cuenta del nivel de enojo y de las graves acusaciones que lanzó el participante al abandonar el set.
INESPERADO CONFLICTO EN LA FINAL DE MASTERCHEF
Pero el conflicto no terminó ahí. Siempre según Varela, el enojo fue tan grande que la persona tomó una decisión extrema: “Yo no voy a venir a la grabación de la final”, habría dicho, plantándose frente a la producción y rompiendo con una tradición habitual del ciclo.
Incluso, la periodista deslizó una versión todavía más fuerte: “Esta/este personaje se plantó y dijo que no va a estar en la final. Incluso creo, esto creo yo, que ya se tomó un vuelo a algún lado para tener la excusa y no estar presente”.
A días de la gran definición, el escándalo suma un condimento inesperado a una edición que ya venía cargada de emociones. Ahora, todas las miradas están puestas en saber si el participante cumplirá su amenaza o si, finalmente, dará el presente en la noche más importante del reality.
MasterChef Celebrity, Wanda Nara
CHIMENTOS
Beto Casella tras su regreso a la tele con BTV: “Hay relaciones inquebrantables, que no dependen del canal o del programa”

En las noches de América TV, Beto Casella regresó al centro de la pantalla con BTV, Buena Televisión, su nuevo ciclo tras dos décadas como figura en Bendita. Este retorno no solo marca la vuelta de una de las caras más reconocidas de la televisión argentina, sino también una apuesta renovada en la franja nocturna del canal.
El programa se estrenó en el horario de las 22:00, presentando un panel que es un mix de figuras de larga trayectoria con caras nuevas. Entre ellos, Pachu Peña, Any Ventura, Ale Maglietti, Aníbal Pachano, Mariela Fernández, Agustín Guardis, Walter Queijeiro, Enzo Aguilar, Gabriel Cartaña y Leo Raff, con la locución de Mariano Flax y la colaboración diaria de Franco Casella y la voz de Blonda. Con BTV, además, Mandarina Contenidos suma su cuarto programa a la grilla de América TV.
Con la pintura aún fresca de la primera semana de emisión, Casella (casado con Carolina Wyner, dos hijos de una etapa anterior -Franco y Juan Pablo- y tres nietos –Gabriel y los mellizos Milena y Federico-) conversó con Teleshow acerca de los desafíos de este lanzamiento, las diferencias con las etapas previas y su vida detrás de cámaras.

—¿Cómo estás viviendo estos primeros días de BTV y cuál es tu balance inicial de la experiencia?
—Estamos bárbaro, porque la prueba de los primeros programas había que pasarla y, sobre todo, había que ver qué contenido armás, cuánto material lográs, que no existan problemas técnicos. El feeling con el panel era la prioridad; la verdad, todo funcionó muy bien y ese es nuestro foco ahora: encontrar un producto que nos divierta a todos y nos guste, sin que el rating sea una preocupación desde el inicio.
—¿El rating no es una variable determinante? ¿No seguís el minuto a minuto?
—No, no, no. Me entero del rating por Enzo Aguilar en la radio, pero cuando llego a casa ni lo chequeo. No soy de mirar el minuto a minuto, no tengo el rating en el celular; preferimos hacer un programa con tranquilidad.
—¿Cuál es la principal diferencia entre BTV y lo que fue Bendita durante tanto tiempo?
—En Bendita, el informe que resume el día era mi debilidad, la pata periodística. Ahora, en cambio, hacemos informes temáticos, atemporales; no tanto sobre Wanda o China, aunque si se produce una pelea entre Moria y Cinthia Fernández, mostramos ese momento. También buscamos sumar música, invitados, contenido nuevo. Más de la mitad del programa no tendrá que ver con el ciclo anterior. La intención es ofrecer una propuesta auténticamente nocturna, para ese horario de las diez.
—De todas formas, tu sello personal se mantiene y atraviesa el programa, ¿lo sentís así?
—Eso va a ser inevitable. En todos los programas que hago, mi sello se va a notar, salvo que algún día tenga que cambiar completamente el estilo. Por ahora está claro: la gente dice “vamos a ver a Casella“, y eso se traslada de un canal al otro.
—¿Cómo vivís el reencuentro con panelistas históricos y la dinámica grupal en este nuevo equipo?
—Me llevé gente que sabe lo que hace y por qué está. Es bueno rodearse de personas queridas en el trabajo. El tiempo aporta mucha tranquilidad y hay cero tensión con los compañeros; cuando te toca hablar, tomás la palabra, y si no, nadie se inquieta.
—¿Extrañás algo de Bendita o de aquella etapa anterior?
—Del programa en sí, no extraño nada. Venía de un ciclo que ya sentía como un desgaste, más relacionado con el canal y su contexto que con el contenido en sí. Extraño a mis compañeros, sí, a aquellos que no pude traer. Después de veinte años de compartir todos los días, se generan lazos que van más allá de lo profesional. Hay relaciones que son inquebrantables y no dependen del canal o el programa. Si tras dieciocho años de compartir trabajo uno se va y el vínculo desaparece, no sé qué clase de relación era esa. Yo establezco lazos que duran toda la vida. Extraño a la Negra (Edith Hermida, que quedó al frente de Bendita). Nos extrañamos mutuamente, porque además nos lo decimos, estamos en contacto y nos extrañamos, y nos comprometemos, a veces, a volver a laburar juntos.

—Si no hubiera existido la oferta de América, ¿igual hubieras dejado Bendita y Canal 9?
—Sí, porque tengo esa suerte particular de que todos los años me llaman de todos los canales. Siempre iba a caer alguna propuesta atractiva. En América hay un desafío diferente. Viene de años con una especie de “maldición” en ese horario, así que lo acepté, pero creo que igual me hubiera ido.
—En la última semana recibiste mensajes y saludos de figuras como Charly García, Gustavo Santaolalla o Guillermo Francella. ¿Sentís esa reciprocidad de afecto hacia vos en el medio?
—Entre la radio y la televisión tengo cinco horas y media de aire diarias; abrís el corazón, la gente sabe cómo sos y cómo pensás. Mientras lográs entretener, incluso en momentos complicados como la pandemia, se establece una relación afectiva. Me sigue sorprendiendo que haciendo un programa liviano, tenía televidentes como Charly, Gieco, Santaolalla, Iorio o el Indio Solari. Eso se transforma en un afecto recíproco que valoro mucho, porque no es común que gente así te lo diga públicamente.
—¿Ese afecto lo sentís también dentro del canal, incluso más allá de situaciones puntuales como tu relación con Yanina Latorre?
—Sí, esto lo sabía antes de llegar, y no me preocupa. En un edificio pueden convivir vecinos sin saludarse, y el edificio no se desmorona. El resto me recibió con calidez auténtica, no por compromiso. Ángel de Brito, por ejemplo, me mandó un mensaje muy cariñoso. Pero con él ya nos enviábamos mensajes aún siendo competencia, tenemos una relación relajada. Cuando he visitado otros programas del canal, me sorprendió el recibimiento, como si hubiera llegado George Clooney, y todavía me abruma que me consideren alguien importante, porque tiendo a infravalorarme.

—¿No es falsa modestia?
—No. Tengo el síndrome del impostor. Nunca sentí que era más que mis compañeros de la facultad de periodismo. Tuve suerte, y quizá algo de intuición para aprovecharla, pero cada viernes pienso que esto podría terminar, como si cada semana fuera la última. Eso me permite moverme con tranquilidad, sin tensión. Mi carrera es larga y, mientras no se den cuenta, seguimos adelante (ríe). Con el control remoto te, te dicen: “Ya está”. Y cuando es ya está, viene un gerente y te dice la frase matadora que es: ‘Betito, tenemos un programón para vos, domingo a las nueve, ocho de la noche’
—Te mandan a Groenlandia.
— Exacto, te van a correr de la semana, pero suele ser con esa sutileza que te sacan de pantalla. Y que sé que alguna vez me va a pasar y lo espero con tranquilidad.
—¿Pensaste qué te pasaría si un día la televisión quedara fuera de tu vida? ¿Te angustiaría?
—No, no. Le di mucho amor a la tele, pero no soy de los que dicen “le di mi vida”. Fuera de la tele, no hablo del medio, ni me junto con gente de la televisión a hablar de televisión. Prefiero conversar en un bar, hablar de cine, de fútbol o arreglar el mundo, y no me angustia en absoluto la idea de dejar la pantalla. Si ocurre, solo voy a agradecer las oportunidades recibidas. Estudié periodismo y mi único sueño era firmar una notita en una revista. Todo lo que vino después fue una gran yapa; nada lo planeé.
—No se te suele ver en eventos donde van famosos y hay fotógrafos. ¿Qué hace Beto Casella en sus horas libres?
—Soy muy social, tengo tres o cuatro grupos de amigos según la temática. Los de la infancia en el oeste, de Haedo, otro grupo del secundario y otros del ámbito televisivo, que es otro ambiente distinto. Me gusta disfrutar lo social, ver series, aprovechar el ocio; nunca sentí abstinencia si paso vacaciones sin aparecer en pantalla. Sinceramente, me costaría más alejarme de la radio, que es un amor especial, que de la televisión. Me veo aguantando más en la radio.
—¿Sos familiero?
—Muy familiero. Mi familia es de Calabria y, si no lo fuera, sería raro. Tengo dos hermanos mayores, mantenemos contacto permanente; perdí a mis padres, pero mientras estuvieron, ellos eran la autoridad. Adoro estar en contacto con mis hijos y, ahora, con mis nietos. Cuando crezcan un poco más seguro querré pasar aún más tiempo con ellos.
—¿Pensás en tus nietos cuando hacés televisión? ¿Te genera conciencia sobre el tipo de programa que ofrecés?
—Sí, me importa mucho qué imagen quedará de mí para hijos y nietos. Que puedan decir “el abuelo tuvo una carrera tranquila, sin grandes conflictos” o escuchar a alguien decir: “yo me reía con tu abuelo”. Para mí lo más valioso es lo que ocurre en la calle, ese contacto directo y escuchar de personas que perdieron a su madre, por ejemplo, “eras el único que la hacía reír por las noches”. Ojalá si alguien se cruza con mis nietos recuerde que los acompañé en algún momento.
—Sos muy activo en radio y redes sociales, ¿sentís el impacto de tus mensajes o reflexiones en la vida de la gente?
—Sí, en la radio tengo la costumbre de compartir un mensaje diario. Recibo mensajes por Instagram de mucha gente que me cuenta que tomó decisiones importantes después de escuchar el programa. Eso es muy importante para un comunicador. Si alguna vez alguien detiene a mis nietos para contarles que los ayudé a pensar o a cambiar el rumbo de sus vidas, sería un gran orgullo.
—¿Cómo percibís lo popular hoy en la televisión y el entretenimiento? ¿Dónde pensás que está ese pulso?
—Fui vendedor ambulante muchos años, puerta a puerta, y junto a haber crecido en un barrio humilde como Villa Luzuriaga, eso me dio una mirada sobre lo popular. Hago un ejercicio simple: si mezclás el público que me sigue, tanto en tele como en radio, me da un matrimonio de Lomas de Zamora de entre 35 a 45 años. En las redes veo que el segmento fuerte va de 25 a 45, pero en la tele el público es mayor. Siempre fue intuición; ahora las redes ayudan. Para darte una idea, durante un tiempo en Bendita poníamos algunos informes que contenían por ahí algo sexual o una entrevistada diciendo cosas fuertes. La quinta vez que alguien me escribió: “Che, Betito, yo estaba viendo el programa con mi nene y me dio un poquito de vergüenza”, voy y al día siguiente digo: “No pongan más sexo en el programa”. Igual, no porque tres personas te digan: “No me gusta ese personaje”, te lo vas a sacar de encima. Uno se da cuenta cuando hay una tendencia de mucha gente pensando así, pero esto es pura intuición.
—¿Quiénes considerás actualmente representantes de lo popular? ¿Cambió la idea de popularidad?
—Antes, un artista era popular para todos: Héctor Larrea, Sandro, Palito Ortega. Eso cambió. Hoy la popularidad se fragmentó; puede ser popular Bad Bunny, también el Indio Solari o Calamaro, aunque sus públicos no se crucen nunca. Existen distintas formas de ser popular y de alcanzar la estelaridad, y el fenómeno no se parece en nada al de épocas en que había apenas cuatro canales y figuras enormes como Pepe Biondi, que medía 60 puntos de rating. Todo se segmentó: televisión, arte, noticias, entretenimiento. Ya no hay un solo lugar para lo popular, ni una vía clara para medirlo.
Beto Casella
CHIMENTOS
La famosa vedette que confesó que extraña su época de trabajar como «gato»: “Es una cosa hermosa que te hagan regalos”

Lo que comenzó como una charla distendida y hasta con algunas bromas, terminó convirtiéndose en una confesión tan inesperada como brutal. Ayelén Paleo protagonizó una escena insólita en pleno vivo, cuando creyó que no estaba en vivo y lanzó una serie de confesiones sobre su pasado que dejaron a todos en shock.
El episodio tuvo lugar durante su charla con El ejército de la mañana, el ciclo que se emite por Bondi. En medio de un intercambio a puras risas y sin casete, Pepe Ochoa recordó una anécdota vinculada a Luciana Salazar, a quien en otra oportunidad le había preguntado si era “gato”, en alusión a los rumores habituales del ambiente.
Sin dudarlo, Paleo tomó la posta y sorprendió a todos con una respuesta sin filtros. De esa sinceridad que es tan brutal que llegó a asustar a todos en el piso. «Ojalá mi amor sería gato, ya dejé todo eso afuera, me encantaría volver», disparó la exvedette. La confesión generó no solo asombro sino también risas incómodas en el streaming. Pero la famosa aumentó la apuesta.
Sin darse cuenta que tenía los micrófonos abiertos y pensando que no estaba saliendo en vivo, Ayelén siguió dando cada vez más detalles de su pasado sentimental. «Mi amor, que me lleguen regalos, me encantaría, en una época era, ahora soy una señora», lanzó. Y minutos después, lanzó la frase que terminó de encender el debate: «Abrirte de piernas con uno que te hace regalos es una cosa hermosa».
LA ESCANDALOSA CONFESIÓN DE AYELÉN PALEO SOBRE SU PASADO COMO VEDETTE
En ese contexto, Santiago Riva Roy quiso saber cuál había sido el regalo más caro que había recibido en esa etapa. Entre carcajadas y evasivas, Ayelén esquivó la respuesta: «¡Ay, no! ¡Fue hace tanto eso! ¿Por qué no les preguntás a tus compañeras que están ahí en LAM? Ellas seguro te van a saber responder mejor», en referencia al programa de Ángel de Brito.
Recién en ese momento, Paleo pareció tomar conciencia de lo que estaba pasando y los detalles que estaba dando al aire sin notarlo. Y entonces preguntó con cierta inocencia: «¿Esto va a salir al aire? Me muero». La respuesta de los conductores del ciclo fue inmediata: todo lo que había dicho llevaba más de una hora transmitiéndose en vivo.
En ese momento, Paleo no sabía donde esconderse de la vergüenza, aunque comenzó a reírse con cierto despojo y todo quedó como un blooper en vivo. Cabe destacar que la actriz fue noticia años atrás por su vínculo íntimo con Santiago Bal, quien en ese momento estaba casado con Carmen Barbieri. Fue uno de los escándalos más grandes del espectáculo, que ahora conoce un lado B.

Ayelén Paleo
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