POLITICA
De Adorni a Santilli: la decisión de Milei para reordenar el poder político del Gobierno

La designación de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete en reemplazo de Manuel Adorni es, antes que un cambio de nombres, una declaración de intenciones sobre la etapa que el gobierno de Javier Milei quiere abrir. Con Santilli al frente de la Jefatura de Gabinete, el Presidente vuelve a concentrar allí la articulación política que le permitió sostener durante los últimos dos años las principales negociaciones con gobernadores y bloques legislativos. Al mismo tiempo, desactiva el eje alrededor del cual el peronismo había logrado ordenar buena parte de su ofensiva parlamentaria durante los últimos 110 días.
No es un dato menor. Santilli fue primero el candidato que le permitió al oficialismo revertir una derrota de más de 13 puntos en la provincia de Buenos Aires en las elecciones de medio término. Después, ya como ministro del Interior, se convirtió en el principal interlocutor con los gobernadores aliados y en uno de los negociadores centrales para construir las mayorías que hicieron posible la sanción de siete proyectos durante las sesiones extraordinarias del último verano. Ese recorrido es el que Milei decidió llevar ahora a la Jefatura de Gabinete. El objetivo aparece definido: volver a colocar la negociación política en el centro de la gestión mientras el Gobierno busca encarar la segunda mitad del mandato con la mirada puesta en 2027.
El Presidente eligió una comparación precisa para explicar el movimiento. En una entrevista concedida anoche a Luis Majul por LN+, Milei señaló que la designación de Santilli “es un movimiento equivalente al que en su momento hicimos con Guillermo Francos, porque lo que vamos a hacer ahora, nuevamente, es fusionar el Ministerio del Interior con la Jefatura de Gabinete”.

La referencia no es casual. Francos fue el segundo jefe de Gabinete de la gestión —el primero había sido Nicolás Posse— y llegó al cargo después de conducir el Ministerio del Interior, concentrando ambas estructuras bajo una misma conducción. Ese esquema permitió centralizar la relación con las provincias y la negociación parlamentaria. Cuando Francos dejó el cargo, Adorni —figura con fuerte exposición pública y ex vocero presidencial, pero sin experiencia previa en la negociación política— ocupó ese lugar desde una lógica diferente. Con Santilli, Milei recupera un diseño en el que la Jefatura de Gabinete vuelve a tener como prioridad la construcción política y la coordinación con gobernadores y legisladores.
Cómo se llegó hasta acá
La salida de Adorni no fue, en los términos que el propio Milei se encargó de subrayar públicamente, una decisión del Presidente. Fue una decisión de Adorni. Durante 110 días, Milei resistió las presiones para pedirle la renuncia a su jefe de Gabinete, convencido de que hacerlo hubiera significado —según sus propias palabras— “condenar a un inocente”, un acto de utilitarismo político que no estaba dispuesto a convalidar.
Pero la situación judicial avanzaba en paralelo. La Justicia investiga a Adorni y a su entorno por viajes al exterior y por presuntas inconsistencias e incompatibilidades en su situación patrimonial. Mientras el juez Ariel Lijo y el fiscal Gerardo Pollicita impulsaban distintas medidas en la causa, el Gobierno debía administrar un escenario cada vez más incómodo: la posibilidad de que el jefe de Gabinete enfrentara una eventual indagatoria mientras seguía ocupando el cargo más importante del gabinete nacional después del Presidente. La salida terminó resolviendo ese dilema. Junto con la renuncia a la Jefatura de Gabinete, Adorni también dejó su cargo como director del Estado en el directorio de YPF.
Las amenazas que, según relató Milei, llegaron a alcanzar a la esposa y a los hijos del funcionario terminaron acelerando la decisión. Fue entonces cuando Adorni le comunicó al Presidente que su renuncia era indeclinable. “Con la familia no se jode”, resumió Milei durante la entrevista.
Esa fue la explicación pública del desenlace. Sin embargo, el proceso que condujo a la decisión fue bastante más complejo que el reflejado en el comunicado oficial.
Fuentes con acceso al círculo de decisión del Gobierno confirmaron a Infobae que, durante las semanas previas, distintos ministros dejaban trascender que la continuidad de Adorni comenzaba a generar costos políticos difíciles de administrar. Javier y Karina Milei escucharon esos planteos. La preocupación no pasaba únicamente por la investigación judicial sino por el impacto que el caso había adquirido sobre la agenda política del oficialismo. Las novedades vinculadas al expediente desplazaban los anuncios económicos, condicionaban la estrategia comunicacional y le permitían al peronismo concentrar la discusión parlamentaria alrededor de la figura del jefe de Gabinete. En ese contexto, la posibilidad de un recambio comenzó a ganar espacio dentro del Gobierno.

El propio Presidente admitió anoche que antes de definirse por Santilli se analizaron tres alternativas. No reveló cuáles fueron. Sin embargo, durante las últimas horas habían circulado dentro del oficialismo los nombres del canciller Pablo Quirno y del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem.
La reconstrucción realizada por Infobae a partir de fuentes con acceso directo al núcleo de poder agrega otro dato. Entre las opciones que más interés despertaban en la Secretaría General de la Presidencia figuró precisamente la posibilidad de trasladar a Martín Menem a la Jefatura de Gabinete. Javier Milei terminó inclinándose por Santilli. Ignacio Devitt quedó absorbido dentro de la nueva estructura, limitado a las funciones que ya venía desempeñando, mientras Santiago Caputo terminó acompañando la decisión.
Hay otro elemento que atravesó las conversaciones de las últimas horas y que el Gobierno nunca desmintió de manera categórica. En la carta mediante la cual Adorni formalizó su renuncia aparece una referencia a un “compromiso secreto” asumido al momento de aceptar el cargo, a pedido del propio Presidente. Según dejó trascender el ex jefe de Gabinete, ese compromiso consistía en sostener un delicado equilibrio entre Karina Milei y Santiago Caputo dentro del funcionamiento cotidiano del Gobierno. Que esa referencia haya permanecido en el texto sin aclaraciones posteriores ofrece una señal reveladora sobre la dinámica interna del poder en la Casa Rosada.
La comunicación, rediseñada
Uno de los cambios más significativos del nuevo diseño del gabinete, aunque no sea el más visible, afecta la estructura de comunicación del Gobierno.
La Secretaría de Comunicación y Medios, que durante la gestión de Adorni dependía de la Jefatura de Gabinete, vuelve ahora a la órbita de la Secretaría General de la Presidencia. Fabián Fernández quedará al frente de esa estructura. Al mismo tiempo, el nuevo vocero presidencial, Adrián Ravier, reportará directamente al Presidente.

El rediseño vuelve a distribuir responsabilidades que durante varios meses estuvieron concentradas en un mismo funcionario. Adorni reunía bajo su conducción la Vocería Presidencial, la política de comunicación y la coordinación general del gabinete, una combinación poco frecuente para un jefe de Gabinete. Esa acumulación había resultado funcional mientras la centralidad pública del funcionario fortalecía la comunicación del Gobierno. Cuando la investigación judicial pasó a ocupar el centro de la escena, esa misma concentración comenzó a exponer al resto de la administración. El nuevo esquema separa nuevamente esas funciones entre distintas áreas del Ejecutivo.
El peronismo pierde su principal eje de articulación
La salida de Adorni reordena también el tablero en el Congreso, donde el peronismo había encontrado en el caso una herramienta de articulación que le resultaba difícil construir por otros medios. En medio de una interna que atraviesa al espacio —con la confrontación entre Cristina Kirchner, Máximo Kirchner y el gobernador Axel Kicillof condicionando buena parte de las decisiones políticas—, el kirchnerismo había logrado, sin embargo, ordenar detrás del caso Adorni a prácticamente todas las vertientes del peronismo y sumar el acompañamiento de varios aliados habituales del oficialismo.
La ofensiva alcanzó su punto de mayor tensión la semana pasada, cuando Patricia Bullrich debió maniobrar para impedir que la sesión prevista en el Senado desembocara en el tratamiento de una moción de censura contra el jefe de Gabinete. La discusión parlamentaria había adquirido un volumen político que amenazaba con desplazar el resto de la agenda oficial. Para evitarlo, Bullrich trabajó para sostener el respaldo de la UCR, de los bloques provinciales y de los dos senadores macristas que terminaron acompañando la estrategia del Gobierno.
La renuncia de Adorni modificó por completo ese escenario. Las iniciativas impulsadas en el Senado para interpelarlo y promover una moción de censura quedaron automáticamente sin objeto: esos mecanismos constitucionales sólo pueden aplicarse sobre funcionarios en ejercicio. Al menos tres senadores con voz, voto e influencia en la Cámara alta confirmaron a Infobae que esa estrategia parlamentaria quedó definitivamente desactivada.
La incógnita pasa ahora por saber si el peronismo conseguirá construir otro eje con la misma capacidad para ordenar a sus distintos sectores. Por ahora, las tensiones internas no parecen facilitar ese objetivo.
Los 530 días
Patricia Bullrich estuvo al margen de la negociación que terminó con la designación de Santilli. Pero sí transmitió una definición política sobre el momento que atraviesa el Gobierno. El jueves pasado, durante una conversación con Karina Milei, la senadora fue explícita: lo importante son los 530 días que restan hasta el final del mandato.
Para Bullrich, la consolidación del proyecto libertario depende de la posibilidad de obtener la reelección presidencial, porque entiende que sólo un segundo mandato permitiría consolidar las reformas impulsadas desde diciembre de 2023. La senadora es consciente de que algunas de sus posiciones públicas generan incomodidad dentro del oficialismo, incluso entre los propios hermanos Milei. Sin embargo, volvió a sostener el mismo argumento que había expresado públicamente días antes: “Ni los valores ni la valentía se negocian cuando hay peligros para el proyecto de Milei”.

Con Santilli ya instalado en la Jefatura de Gabinete, el Gobierno busca volver a poner en movimiento una agenda legislativa que había quedado condicionada por la crisis política de las últimas semanas. Entre las prioridades aparecen la denominada Ley Hojarasca, el proyecto sobre inviolabilidad de la propiedad privada, decenas de pliegos de jueces pendientes de tratamiento en el Senado y la reforma política, cuyo núcleo está compuesto por dos iniciativas impulsadas personalmente por Javier y Karina Milei: la eliminación de las PASO y Ficha Limpia, destinada a impedir que personas con condena firme por corrupción puedan competir como candidatos.
Santilli llega con el mandato de reconstruir puentes con gobernadores y legisladores, reordenar la negociación política y devolverle al Ejecutivo capacidad para avanzar sobre esos proyectos. Sus propias aspiraciones políticas —la posibilidad de competir por la gobernación bonaerense dentro de unos meses— son conocidas desde hace tiempo y forman parte del escenario con el que trabaja la Casa Rosada.
Los 530 días que le quedan al gobierno de Milei son, al mismo tiempo, un horizonte y una presión. La salida de Adorni cerró la etapa en la que la Casa Rosada debió administrar el costo político de la situación de uno de sus principales funcionarios. La llegada de Santilli abre otra, con una prioridad distinta: volver a poner el centro de gravedad en el Congreso y en la construcción de mayorías para las reformas pendientes. Allí se jugará buena parte del tramo final del mandato y de las posibilidades del oficialismo de proyectarse hacia 2027.
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Malvinas: el Gobierno presentó un reclamo en un tribunal internacional para frenar el proyecto petrolero Sea Lion

A fines de septiembre, el Gobierno había intimado al Reino Unido a que impidiera el inicio o la continuación de las actividades de explotación de hidrocarburos del proyecto Sea Lion en las Islas Malvinas. Ese período terminó ayer y la Argentina recurrió al Tribunal Internacional del Derecho del Mar (TIDM), en Alemania, a través de una presentación de la Cancillería.
El Gobierno anunció, a través de un comunicado de la Oficina del Presidente, la presentación ante el Tribunal Internacional del Derecho del Mar “una solicitud de medidas provisionales para impedir la explotación de hidrocarburos por el Reino Unido en la plataforma continental de la Cuenca Malvinas Norte”.
Explicó que el pedido “busca preservar los derechos soberanos argentinos sobre su plataforma continental y evitar que las actividades autorizadas de manera unilateral e ilegal por el Reino Unido agraven la controversia reconocida por las Naciones Unidas”.
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Con poco margen, el Gobierno busca acelerar acuerdos para evitar las sesiones extraordinarias: dudas en el Senado

Con tan solo siete semanas restantes de actividad, el Gobierno se fijó la misión de lograr aprobar en el Congreso no solo la eliminación de las PASO, sino también el Presupuesto 2027 y la ley de Defensa de la Soberanía Nacional, entre otras iniciativas que todavía esperan su tratamiento, y el objetivo es lograrlo antes de que finalice el periodo normal para evitar tener que convocar a extraordinarias, aunque todo dependerá del apoyo de los aliados.
Este martes será un día clave para el oficialismo en el camino para conseguir esa meta, ya que comenzará a analizar el respaldo que tienen los principales proyectos y el avance de las negociaciones con las provincias.
Por un lado, a partir de las 13:00, volverá a reunirse la mesa política en la Casa Rosada, después de dos semanas sin verse debido a distintos problemas de agenda, para planificar la estrategia parlamentaria.
“Esta vez, a priori, no se invitó a ningún ministro, vamos a ser los de siempre. La idea es hablar de Soberanía Nacional, del Presupuesto y de la sesión del 15. Y después saldrán, como siempre, algunos temas de gestión o de política”, anticipó a Infobae uno de los integrantes de este grupo.

La referencia es al intento de la oposición de conseguir quórum en la Cámara de Diputados para debatir iniciativas vinculadas con discapacidad y la morosidad, además del Decreto 70/2023 que volvió a la agenda a partir de los fallos de la Corte Suprema de Justicia que, primero, habilitaron el artículo que estableció la venta ilimitada de tierras a extranjeros y, después, dictaron una cautelar para frenarlo.
El titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, viene trabajando desde hace varios días para impedir que el kirchnerismo llegue al número necesario para que comience la discusión en el recinto.
Una de las movidas que hizo fue la de convocar a otra sesión para el 21 de octubre en la que se van a tratar todos estos mismos temas, pero con textos que fueron elaborados por el Poder Ejecutivo o sus aliados.
Al mismo tiempo, la cúpula libertaria empieza a poner a prueba los principios de acuerdo con los gobernadores: mientras negocian los términos para las elecciones del año que viene, les reclaman que acompañen en el Congreso la eliminación de las PASO y el Presupuesto.
En Balcarce 50 consideran que la primera de esa medida tendría que ser sancionada completamente antes de que termine el periodo ordinario, incluso por las presiones de la Cámara Electoral Nacional, que ya advirtió que necesitará tiempo para adaptar el sistema a todos los cambios que plantea la denominada reforma política.

En cuanto a la ley general de ingresos y gastos, los cálculos del oficialismo es que la propuesta tenga dictamen antes del 7 de noviembre, previo a la llegada del papa León XIV, y llevarlo a votación el 17. De esa manera, si no hay ningún imprevisto en el medio, habría tiempo para que la iniciativa pase al Senado y se apruebe antes del verano.
Este martes, irá a la Cámara baja a explicar y defender el texto el secretario de Hacienda, Carlos Guberman, en el Marco de una reunión de la comisión de Presupuesto y Hacienda, que preside el libertario Alberto Benegas Lynch.
Según pudo saber este medio, el diputado oficialista tiene previsto responder el pedido que hicieron algunos bloques aliados para que el Ejecutivo especifique de dónde sacará el dinero para hacer frente a las partidas para el proyecto de discapacidad que redactó el Ministerio de Salud.
En algunas conversaciones informales, Guberman ya les aseguró a los representantes de esos bloques que “la plata siempre estuvo“, ya que surge del superávit con el que cuenta la administración nacional.

“Yo le cuestioné eso. Si hubiera estado todo, ¿cómo se explica el escándalo que hubo en su momento? La propia Patricia Bullrich dijo que sintió que la estaban tomando de boluda”, cuestionó un legislador que no siempre vota en sintonía con La Libertad Avanza.
En el círculo más íntimo de la secretaria general, Karina Milei, creen que no hubo malas intenciones ni picardías de quienes, dentro del propio Gobierno, estaban en contra de las negociaciones con los otros espacios.
“Lo habíamos redactado hace tiempo, mucho antes de que comenzaran esas conversaciones, y simplemente nos olvidamos de cambiar esa parte del texto. Yo confío en que no pasó nada más que eso”, argumenta una persona de peso dentro del partidos
Además de la hermana del Presidente, Menem y Bullrich, de la mesa política participarán el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y su vice, Ignacio Devitt; el ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo; el asesor presidencial, Santiago Caputo; el subsecretario de Asuntos Gubernamentales y armador nacional, Eduardo “Lule” Menem, y el secretario de Comunicación y Prensa, Fabián Fernández.
En el encuentro se van a poner en consideración los avances en el vínculo con las provincias que viene llevando principalmente “El Colo”, que esta semana podría recibir a más gobernadores en su oficina.
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El Congreso, cruzado por desconfianzas y la renovada disputa por el temario que disparó la ley de Tierras

El Congreso expone una agenda intensa para esta semana, pero el foco político estará puesto casi exclusivamente sobre un tema, de arrastre: la ley de Tierras y, más precisamente, la disputa por el manejo del temario que disparó su último capítulo judicial. Se verá si el oficialismo logra celebrar su movida para frenar la convocatoria opositora o si aún así, como dicen los pronósticos, queda instalada la lectura sobre una marcha atrás libertaria en este terreno. Esa disputa está planteada en Diputados. En el Senado, los movimientos son menos visibles y, por supuesto, el mayor deseo del Gobierno está centrado en la negociación para bajar las PASO. Camino largo, cruzado por desconfianzas, que se extienden a tratativas electorales más amplias con gobernadores y remiten a las expectativas sobre la marcha de la economía.
El único dato a contracorriente, aislado y excepcional, lo constituye la posibilidad cierta de que la Cámara baja avance con la iniciativa sobre trazabilidad de medicamentos de alto riesgo. El proyecto tiene consenso general y nació de la confluencia de propuestas de diversos espacios -desde el bloque violeta hasta representantes de la oposición dura-, a partir de las reacciones iniciales producidas por la tragedia del fentanilo contaminado. Tuvo dictamen hace veinte días y llegaría al recinto la semana que viene, aunque como parte de la jugada oficialista. Otro tema será su aplicación, cuando se convierta en ley.
Por supuesto, el principal punto de la agenda impulsada por LLA y conversada con sus socios y aliados no es ese, sino la intención de cerrar el tema de la ley de Tierras, que le provocó costos en el Senado, fue repuesto por la Corte Suprema de Justicia con dos fallos sucesivos en pocos días -para rechazar un amparo y luego para dejar en pie un planteo similar- y finalmente reabrió la discusión en Diputados. La primera ficha fue movida por la oposición, que puso en la mira el DNU 70/2023 íntegramente y no sólo el artículo que habilita la venta de tierras a extranjeros sin las limitaciones de la referida ley.
Legisladores de diferentes bloques opositores motorizaron una sesión especial para el jueves de esta semana. Y agregaron otros temas desgastantes para el Gobierno: emergencia en discapacidad y morosidad en materia de endeudamiento familiar. Lo hicieron apenas conocido el fallo de la Corte Suprema que, al rechazar un amparo de ex combatientes de Malvinas, dejaba en pie el artículo del DNU que anula la ley de Tierras. Eso descolocó al oficialismo. Pero una segunda decisión de la Corte, que dejó en suspenso de manera provisoria la aplicación de ese punto del decreto, fue vivida por la LLA como oxígeno político.
La decisión judicial restó dramatismo inmediato, aunque no lo suficiente como para bajar el tema de la agenda. Tampoco alcanzó para que diputados de buena sintonía con Olivos -en particular los socios y los que responden a gobernadores- aceptaran exponerse para dejar sin quórum a la sesión opositora sin alguna salida presentable en un asunto tan sensible. Los negociadores libertarios, encabezados en este frente por Martín Menem, registraron entonces que debían dar una respuesta sin demora y finalmente optaron por una alternativa al menos llamativa: tratar lo que quedó de la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada y agregarle un capítulo sobre la ley de Tierras. Ahora, en lugar de anular esa norma -como planteaba el texto del Ejecutivo, podado en el Senado por falta de respaldo- sería incluida una limitación a la venta de tierras a personas y empresas extranjeras.
El alcance de la nueva propuesta será definido en el plenario de comisiones promovido para el miércoles por el oficialismo. Se verá entonces hasta qué punto cede el Gobierno y tendrá impacto un día después en el recinto. Salvo alguna sorpresa con el contenido del dictamen, en las filas opositoras dan por seguro que el jueves no lograrían quórum. Sería en ese caso, una sesión en minoría para exponer posiciones. La cuestión, de todos modos, no quedaría agotada.

El miércoles de la semana que viene, el oficialismo buscará coronar en sesión especial un paquete de proyectos que revierta los títulos impuestos por la oposición en distintos momentos. Además de tierras, figuran morosidad y emergencia en el área de discapacidad. Eso, fuera del apuntado proyecto de consenso: la trazabilidad de medicamentos de alto riesgo. En paralelo, pero en comisiones, caminarían Presupuesto y el proyecto sobre Malvinas. Son dos asuntos que demandan negociaciones diferentes y sumarían modificaciones antes de llegar al Senado.
En la Cámara alta, sigue pendiente, y como principal prueba, la reforma electoral, aunque las negociaciones no pasan centralmente por los despachos de la bancada oficialista, que encabeza Patricia Bullrich. En ese tablero, las fichas son movidas bajo la mirada de Karina Milei y el principal operador es Diego Santilli. Son visibles los síntomas de desconfianzas cruzadas, expuestas en reclamos de reaseguros por parte de socios -PRO, bloque oficial de la UCR- y jefes provinciales de trato fluido con el Gobierno.
Resultan curiosas las versiones que adjudican ahora posiciones más negociadoras a la secretaria General de la Presidencia y mayor dureza a operadores directos, como Eduardo “Lule” Menem -también, Martín Menem-, que se mueven en su órbita. Vistos en conjunto, exhiben más bien el juego con la mirada puesta en el 2027, que combina gestos de acercamiento y presiones en continuado.
Las conversaciones con los jefes provinciales -en grupo y, sobre todo, con cada uno por separado- incluyen naturalmente las necesidades financieras de los distritos. Además, de manera creciente, añaden el ingrediente de las garantías de contraprestación política. No se limita a una votación en el Congreso, más fácil de resolver con la atención a algún pedido específico. Se trata de allanar el camino al plan reeleccionista de Milei y, a la vez, acordar que la LLA no juegue en contra de la ambición de continuidad de cada gobernador en su distrito.
Allí, afloran los recelos sobre cómo asegurar los compromisos. Y en qué momento. Es algo que trasciende la cuestión de las fechas, es decir, el pedido de la Cámara Electoral para no estirar las definiciones nacionales y los pasos de gobernadores para adelantar sus comicios. Lo que juega de manera cada vez más evidente es la economía. El Gobierno necesitaría tiempo para ver si revierte o mejora el clima de estos meses y algunos jefes provinciales -además de sectores aliados- preferirían darse espacio para evaluar cómo evoluciona el cuadro. En otras palabras, especulaciones sobre el desgaste o la fortaleza de los interlocutores a la hora de cerrar trato político. Alimento para las desconfianzas.
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