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Del césped de Rhode Island al cemento de Nueva York: la historia del US Open, el Grand Slam que cambió de sedes, nombres y superficies

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Hay algo curioso en la historia del US Open. Para entender el torneo que hoy se asocia inmediatamente con las luces de Nueva York, las tribunas del Arthur Ashe Stadium y los partidos que terminan de madrugada, hay que salir de Flushing Meadows y viajar unos 300 kilómetros hacia el norte, hasta Rhode Island.

A fines del siglo XIX, cuando el tenis todavía era una actividad recreativa de élite y las raquetas, las pelotas y la vestimenta tenían poco que ver con el escenario actual, comenzaba allí la historia de uno de los cuatro grandes torneos del ATP Tour.

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La primera edición se disputó en agosto de 1881, en las canchas de césped del Newport Casino, en Rhode Island. El torneo se llamaba U.S. National Championships y estaba reservado a jugadores de clubes afiliados a la asociación nacional estadounidense de tenis. El cuadro de singles tuvo 25 participantes y Richard Sears derrotó en la final a William Glyn por 6-0, 6-3 y 6-2. Sears ganó las primeras siete ediciones, entre 1881 y 1887, y todavía comparte el récord histórico de títulos masculinos con William Larned y Bill Tilden.

Las mujeres tuvieron su propio certamen seis años después. En 1887 se disputó el primer Campeonato Nacional Femenino en el Philadelphia Cricket Club, también sobre césped. La campeona fue Ellen Hansell, de 17 años y quien derrotó a Laura Knight por 6-1 y 6-0.

El US Open en sus inicios (Crédito: US Open / International Tennis Hall of Fame)

De Newport a Nueva York

La primera gran mudanza llegó en 1915. El campeonato masculino abandonó Newport y se trasladó a Nueva York, al West Side Tennis Club de Forest Hills, en Queens. Después volvería temporalmente a Filadelfia entre 1921 y 1923, antes de regresar en 1924 a Forest Hills, donde se quedaría durante más de medio siglo.

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Durante buena parte de ese recorrido, una característica que hoy resulta extraña se mantuvo intacta: el torneo se jugaba sobre césped. Fue la superficie del campeonato desde 1881 hasta 1974, por lo que durante décadas el torneo estadounidense compartió con Wimbledon una identidad que luego quedaría asociada exclusivamente al Grand Slam británico.

El cambio llegó en 1975. Los organizadores abandonaron el césped y utilizaron Har-Tru, una arcilla verde estadounidense. El experimento duró apenas tres ediciones: Manuel Orantes fue campeón en 1975, Jimmy Connors en 1976 y Guillermo Vilas en 1977.

En 1978 llegó la última gran transformación. El torneo abandonó Forest Hills, se instaló en Flushing Meadows y adoptó las canchas duras que hasta hoy definen su identidad.

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Connors ganó aquella primera edición en la nueva sede y consiguió una marca única: fue el único jugador en la historia del US Open en conquistar el título sobre sus tres superficies. Fue campeón sobre césped en 1974, sobre Har-Tru en 1976 y sobre cancha dura en 1978, 1982 y 1983.

US Open, el torneo de las innovaciones

Durante décadas, el certamen se conoció como U.S. National Championships. En 1917, en plena Primera Guerra Mundial, pasó a llamarse National Patriotic Tournament.

El cambio decisivo llegó en 1968, con el nacimiento de la Era Abierta. Los profesionales pudieron competir junto con los amateurs en los grandes torneos y el campeonato estadounidense adoptó el nombre que lo acompañaría desde entonces: US Open. Arthur Ashe fue el campeón masculino de aquella primera edición y Virginia Wade ganó el torneo femenino.

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Arthur Ashe, campeón en 1968 y que dio su nombre a la cancha principal del US Open (Credito: Instagram/  Arthur Ashe)

El cambio no fue solamente de nombre. En 1973, el US Open se convirtió en el primer Grand Slam en ofrecer igualdad de premios entre hombres y mujeres: los campeones de singles, Margaret Court y John Newcombe, recibieron 25 mil dólares cada uno y las bolsas totales de ambos torneos fueron de 100 mil dólares. Fue uno de los grandes hitos de igualdad en la historia del tenis y una transformación impulsada en buena medida por Billie Jean King.

Hay otra particularidad que diferencia al US Open de los otros tres Grand Slam: nunca dejó de jugarse. Mientras Wimbledon, Roland Garros y el Abierto de Australia tuvieron interrupciones durante las Guerras Mundiales, el campeonato estadounidense se disputó todos los años desde su primera edición en 1881.

Incluso en 2020, cuando la pandemia de COVID-19 obligó a modificar buena parte del calendario deportivo mundial, el US Open consiguió llevarse adelante en Nueva York, aunque sin público y bajo protocolos sanitarios extraordinarios.

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La transformación también alcanzó la manera de jugar. En 1970, el US Open se convirtió en el primer Grand Slam en incorporar el tie-break. La innovación había sido desarrollada por el exjugador y dirigente Jimmy Van Alen y buscaba poner un límite a los sets interminables.

El sistema original no era exactamente el actual: el torneo utilizó inicialmente un tie-break de nueve puntos, que en 1975 fue reemplazado por el formato de 12 puntos.

El US Open también fue pionero en llevar el tenis a la noche. En 1975 se disputaron por primera vez partidos bajo luz artificial en un Grand Slam, todavía en Forest Hills. Con el tiempo, las sesiones nocturnas se convertirían en una de las grandes marcas del torneo.

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Una escena de la final del US Open 2020, que se jugó sin público. Dominic Thiem fue campeón al vencer a Alexander Zverev

Renée Richards, una historia que trascendió al tenis

El 1 de septiembre de 1977, Renée Richards ingresó a la cancha de Forest Hills para jugar la primera ronda del cuadro femenino. Nacida como Richard Raskind en Nueva York, había competido previamente en el campeonato como hombre. Después de su transición, las autoridades del tenis estadounidense intentaron impedirle participar en el cuadro femenino y le exigieron un test cromosómico.

Richards llevó el caso a la Justicia y, el 16 de agosto de 1977, el juez Alfred M. Ascione falló a su favor. Consideró injusta y discriminatoria la exigencia del test y permitió que pudiera competir como mujer.

Días después, Richards salió a la cancha del US Open. La rival fue Virginia Wade, campeona de Wimbledon ese mismo año. La británica ganó 6-1 y 6-4, pero el resultado quedó relegado por la dimensión histórica del acontecimiento: Richards se convirtió en la primera tenista trans en disputar el cuadro femenino de un Grand Slam.

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Su participación no terminó en aquella derrota. Junto con Betty Ann Stuart llegó hasta la final de dobles femenino, donde perdió frente a Martina Navratilova y Betty Stöve.

Renée Richards (Crédito: Globe Photos/ZUMAPRESS.com)

De Forest Hills al Arthur Ashe Stadium

La mudanza a Flushing Meadows en 1978 transformó definitivamente la dimensión del torneo. En 1997 se inauguró el Arthur Ashe Stadium, que pasó a ser el escenario principal del US Open y uno de los estadios de tenis más grandes del mundo, con capacidad para más de 23 mil espectadores.

En 2016 llegó otra transformación decisiva: el techo retráctil del Arthur Ashe Stadium permitió disputar partidos incluso bajo la lluvia.

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El complejo tampoco dejó de transformarse. En 2006, la sede pasó a llamarse USTA Billie Jean King National Tennis Center, en homenaje a una de las grandes figuras de la historia del tenis estadounidense. El torneo que había comenzado en un club de Rhode Island se había convertido en una gigantesca ciudad deportiva dentro de Nueva York.

El Arthur Ashe Stadium, escenario principal del US Open

Los nombres que hicieron historia

Por ese recorrido pasaron algunos de los nombres más importantes del tenis. Entre los argentinos aparecen Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini y Juan Martín del Potro, tres campeones que dejaron su huella en Nueva York.

Vilas ganó el título en 1977, en la última edición disputada en Forest Hills. Sabatini se consagró en 1990, cuando derrotó a Steffi Graf en la final. Del Potro protagonizó en 2009 una de las finales más recordadas de la Era Abierta al derrotar a Roger Federer, que buscaba su sexto título consecutivo en La Gran Manzana.

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Los récords absolutos, sin embargo, pertenecen a otras épocas. Richard Sears, William Larned y Bill Tilden ganaron siete títulos cada uno en la etapa previa a la Era Abierta. Sears consiguió los siete primeros, entre 1881 y 1887. Larned ganó siete entre 1901 y 1911 y Tilden conquistó seis consecutivos entre 1920 y 1925, antes de sumar otro en 1929.

En la Era Abierta, el récord masculino quedó en cinco títulos y los dueños son Jimmy Connors, Pete Sampras y Roger Federer. Connors los consiguió en 1974, 1976, 1978, 1982 y 1983; Sampras, en 1990, 1993, 1995, 1996 y 2002; y Federer conquistó cinco consecutivos entre 2004 y 2008.

Entre las mujeres, Molla Bjurstedt Mallory conserva el récord absoluto con ocho campeonatos: 1915, 1916, 1917, 1918, 1920, 1921, 1922 y 1926.

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En la Era Abierta, Chris Evert y Serena Williams alcanzaron seis títulos cada una. Evert los consiguió en 1975, 1976, 1977, 1978, 1980 y 1982. Serena Williams fue campeona en 1999, 2002, 2008, 2012, 2013 y 2014.

Uno de sus hitos más importantes de la carrera de Juan Martín del Potro: el US Open de 2009 (Crédito: Reuters)

El US Open cambió casi todo. Cambió de ciudad, de sede y de superficie. También de nombre, de formato y de reglas. Abandonó el césped, experimentó con la arcilla y encontró en las canchas duras su identidad definitiva.

Abrió las puertas a los profesionales, fue pionero en la igualdad de premios y convirtió las sesiones nocturnas en parte de su propia identidad. También atravesó guerras, transformaciones sociales, revoluciones tecnológicas y una pandemia.

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Pero hay algo que no cambió: desde aquel primer campeonato de 1881 en Newport hasta las noches de Flushing Meadows, el torneo continúa poniendo a los mejores tenistas del mundo frente a frente y dejando que sean ellos quienes escriban la siguiente página.

North America,Sport,Tennis

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Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

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Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.

Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.

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La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.

La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.

El debate entre origen innato y aprendizaje social

La investigación psicológica asocia la expansión corporal con emociones positivas como alegría, orgullo y triunfo en el deporte (Erik Williams-Imagn Images/REUTERS)

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.

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La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.

Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.

La comparación con los chimpancés y sus límites

La lectura del lenguaje corporal depende de la velocidad, la trayectoria y el contexto social en que ocurre el gesto deportivo (REUTERS/Dylan Martinez)

Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.

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Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.

La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.

El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.

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Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas

Lionel Messi celebra con los brazos arriba, durante un partido del Inter Miami (Crédito: Nathan Ray Seebeck-Imagn Images)

La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.

Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.

Middle East,Soccer,Sport

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Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

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Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.

“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.

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El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.

Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista

Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.

La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina

Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).

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Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.

Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.

Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.

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El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

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Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.

El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.

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La reacción que lo dice todo

La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.

La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.

La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.

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Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows

Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.

Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.

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En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.

“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.

Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.

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