DEPORTE
Delem, el técnico brasileño que pudo cambiar la historia de Messi para siempre

junto a Varacka, Onega y Artime
La historia de River Plate y de la selección argentina no puede contarse sin mencionar a Vladem Lázaro Ruiz Quevedo, más conocido como Delem, el brasileño que dejó una huella imborrable en el club como jugador, entrenador y formador de nuevas generaciones de futbolistas exitosos. Fue uno de los moldeadores de un estilo de juego vistoso y elegante que al día de hoy identifica fuertemente el gusto del hincha del club de Nuñez. “Trajo a River el inconfundible estilo de futbol de su Brasil natal. Amante de la pelota, socio del toque, especialista en pegada – para él entrarle mal al balón era un pecado- asiduo visitante del área rival, leal amigo del gol. Delem hizo un culto irrenunciable del buen futbol. Y lo hizo en dos etapas: la del futbolista criterioso, lujoso, destacado; y la del técnico, especialmente de las inferiores”, lo describe así el club en el libro “River. El Campeón del Siglo”, publicado en 2000.

pelota
Ese año de la publicación, Delem fue protagonista de un hecho que pudo cambiar la historia y el destino de Lionel Messi cuando estuvo a punto de fichar con River. La Pulga, con algo más de 12 años, y su amigo Leandro Giménez deslumbraron en una práctica al entrenador Eduardo Abrahamian. Su equipo ganó 15 a 0. Según publicó años después el diario catalán Sport, el niño rosarino había concretado goles que dejaron a Abrahamian maravillado y por eso fue de inmediato a buscar a Delem, el hombre que supervisaba todo lo que pasaba en las inferiores de River. El brasileño vio el potencial de ese chico zurdo y pequeño, conversó con los familiares, lo quiso retener, hizo gestiones para ficharlo y que se quedara en el club. Pero, finalmente, la negación de Newell´s al no darle el pase frustraron lo que pudo haber sido una de las incorporaciones más trascendentes del club y del futbol local. El propio Messi lo reconoció en una entrevista realizada por el periodista Sebastián Pollo Vignolo: “Fui a probarme a River por un técnico que había en ese momento en Newell’s, estaba la escuela de Rosario de River. Me dijeron si quería ir a River y dije vamos… Me trajeron a Buenos Aires y me acuerdo que eran chicos más grandes, jugué con la categoría 85, yo era así de chiquito. Jugué 15 o 20 minutos porque me tenían ahí y no me ponían, no me ponían, era un partido que estaba lleno de pibes. Me dijeron ‘volvé dentro de 10 días con tu categoría’. Y volví e hicieron otro partido con gente de mi edad. Me acuerdo que hice como 3 o 4 goles. Entonces me dicen ‘te tenés que quedar, quedate, quedate. Trae el pase y hacemos todo’. Estaba el tema de mi tratamiento también, y me dicen que nos iban a ayudar, que se iban a hacer cargo del tratamiento, cosa que Newell’s nunca me lo pagó. Mi vieja renegaba para que nos puedan ayudar con mi tratamiento, era complicado en esa época. Nosotros no podíamos. Mi viejo hacía un esfuerzo grandísimo para poder pagarlo, la obra social y el trabajo lo ayudaron para que pueda ir pagando algunas cuotas. Y cuando fui a buscar el pase a Newell’s, me sacaron cagando…. ‘¿Cómo te vamos a dar el pase?’ Me acuerdo que peleamos, peleamos y el pase nunca me lo dieron, y después salió lo de Barcelona».

Jorge de los Ríos
Delem quedó esperando ese pase que nunca llegó. “Un día un señor de Mar del Plata le dice que tenía que ver a un jugador muy joven que estaba en Jujuy y que era un fenómeno. Era Ariel Ortega, lo trajo a Buenos Aires junto a sus padres y hermanos, y los ubicó en un departamento que estaba en Roosevelt y Cabildo para que pudiera empezar en River. Así era él”, dice su viuda Ana María Tuti Pintos. El resultado de su más de una década dirigiendo las inferiores de River en los 90 fue de 5 campeonatos de la AFA, 6 campeonatos y 4 subcampeonatos internacionales. Desarrolló una generación tras otra de jugadores con gran capacidad técnica, pensantes, habilidosos y protagonistas. De su cantera surgieron jugadores que marcaron a River y a los distintos seleccionados argentinos. Empezando por Pablo Aimar mano derecha del actual técnico Lionel Scaloni y quien jugara los mundiales Corea-Japón 2002 y Alemania 2006. Pero también vale recordar a otros jugadores que formó, además del Burrito Ortega (Mundiales Estados Unidos 1994, Francia 1998 y Corea-Japón 2002); como a Hernán Crespo (Mundiales Francia 1998, Corea-Japón 2002 y Alemania 2006); Javier Saviola (Mundial Alemania 2006, campeón mundial Sub-20-2001 y Medalla de Oro en los Juegos Olímpicos Atenas 2004); Javier Mascherano (Mundiales Alemania 2006, Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y Rusia 2018 y 2 Medallas de Oro en las Juegos Olímpicos de Atenas 2004 y Beijín 2008); Martín Demichelis (Mundiales Sudáfrica 2010 y Brasil 2014); Juan Pablo Sorín (Mundial Alemania 2006); Matías Almeyda (Mundiales Francia 1998 y Corea-Japón 2002); Andrés D’Alessandro (Campeón Mundial Sub 20 en 2001, Medalla de Oro en los Juegos Olímpicos Atenas 2004); Gonzalo Higuain (Mundiales Sudáfrica 2010, Brasil 2014 y Rusia 2018); y Marcelo Gallardo (Mundial Francia 1998), entre otros.

Como Director General del Futbol Amateur de River durante esos años, Delem se transformó en el gran cazatalentos del club. Dirigió un equipo de profesionales, entre técnicos, preparadores físicos y de atención médica, psicológica y nutricional, que tenía la responsabilidad de conducir a las divisiones inferiores del club y promocionar jugadores para nutrir a la Primera. Las instrucciones por escrito que bajó a su gente de confianza, y que su familia aún guarda, eran claras en cuanto a la visión que tenía del futbol y a cómo formar a los jóvenes jugadores. Escribió Delem para su cuerpo técnico:
El chico debe sentir verdadero placer por el juego.
Hacemos hincapié en su momento en el rendimiento del equipo, si jugamos bien o mal. No si ganamos o perdemos.
Aprender solo a ganar, es una forma de perder.
Aquí se gana también, aunque se haya perdido en el juego.
El futbol es “La alegría de jugar y aprender”.
Buscamos al jugador con esas condiciones, que no se las dio nadie pues nacieron con ellas.
El objetivo no es ganar campeonatos sino desarrollar jugadores.

Y con relación a los jugadores definía lo siguiente:
Tienen condiciones innatas y los ayudamos a que produzcan más en el futuro.
Debemos plantearle una adecuada preparación.
Nuestra función es corregirles sus falencias.
Pulirle sus condiciones.
Inculcarle el esfuerzo personal por “intentar” superarse.
Debemos reconocer al jugador talentoso, a los que poseen una técnica diferente, a los que se ubican en los espacios libres para recibir jugando de a 2 toques y movilidad. A los que se divierten con una gambeta u otra habilidad en el lugar y en el momento oportuno, pero con alegría.

En un artículo publicado por Clarín en diciembre de 2005, Delem escribió: “El objetivo principal del cuerpo técnico de las divisiones inferiores es preparar a un chico para que llegue en óptimas condiciones a Primera División. El DT, junto a los médicos, al preparador físico y psicólogos deben trabajar en conjunto. Es vital realizar un seguimiento individual sobre cada deportista. Algunos llegan al club bien alimentados y otros no tanto. Entonces nosotros debemos darle el apoyo necesario. El cuerpo técnico también tiene que estar sobre los padres. Es común que quieran saber si su hijo va a llegar y, sin querer, les trasmiten esa presión. Siempre rescato el caso de Javier Saviola. Su padre era una persona muy ubicada que jamás se metió en nuestro programa de trabajo para consultarnos acerca del Conejito. Y eso que tenía condiciones de sobra. Lo mismo sucedió con los familiares de Crespo, Gallardo y Aimar, entre otros. Así debe ser el trato, pero también hay que tener en cuenta que hoy en día hay mucha necesidad y eso impulsa a la gente a actuar de ese modo”.

Con esa forma de trabajar, Delem mantenía un meticuloso archivo con el desempeño de cada uno de sus jugadores, becas otorgadas, situación contractual y cumplimiento de los estudios. Por ejemplo, en 2000 la recomendación a la Comisión Directiva del club en el informe técnico del arquero Juan Pablo Carrizo: “Buenas condiciones para el puesto, ágil, seguro de manos, bien en el juego aéreo, buen físico, jugador de selección Sub 17. Se sugiere su incorporación”. Y en un informe sobre los convenios con representantes aún no aprobados donde para el caso de Demichelis describía la propuesta en tiempos de un peso argentino por un dólar: “$ 50 mil a convenir y $ 100 mil a los 15 partidos jugados en primera división, un 30% de una futura transferencia. Alojamiento y alimentación a cargo de River”.

Nacido en 1935 en São Paulo, Delem inició su carrera en Gremio de Porto Alegre y luego brilló en Vasco da Gama de Río de Janeiro, donde conquistó el Campeonato Carioca y el Torneo Río-São Paulo en 1958. En 1961 llegó a River y jugó hasta 1969 convirtiendo 35 goles en 98 partidos. Protagonizó una línea de ataque única: en 1961 el equipo millonario presentó su primera delantera compuesta íntegramente por jugadores extranjeros: el uruguayo Domingo Pérez; el español Pelillo y los brasileños Moacir, Roberto Frojuelo y Delem. Fue empate en un tanto ante Atlanta como visitante en la cancha de Villa Crespo. Tras su destacada etapa en Núñez, el delantero brasileño se incorporó en 1969 a América de Río de Janeiro para finalizar su carrera jugando en la Universidad Católica de Chile.

Su nombre quedó grabado en la memoria de los superclásicos, y en la historia del futbol argentino, por aquel famoso penal que Antonio Roma le atajó en 1962 adelantándose de la línea del gol (hoy no pasaría la prueba del VAR), hecho que definió el campeonato a favor de Boca. Pero Delem fue mucho más que ese disparo polémico, logró con el tiempo construir una sincera amistad compartida con Roma que hizo olvidar aquel momento. Incluso jugaron juntos en el llamado “Equipo de las estrellas” compuesto por ex jugadores de River y Boca que hicieron una gira por todo el país llegando, incluso, a Sudáfrica como parte de las acciones para terminar con el apartheid. El día que jugaron allí fue el mismo de cuando se produjo el golpe de Estado en 1976. “Me llamó por teléfono temprano y me dijo no salgas a la calle, hay una revolución”, comenta Tuti.

Fue protagonista directo del proceso que llevó en aquella década del 60 a definir un estilo de juego que identifica hasta hoy al público de River: un juego vistoso, cuidadoso de la pelota, basado en habilidad en lugar de la fuerza bruta. Y en ese estilo de juego tuvo que ver la dupla conformada con Didí como técnico y Delem como asistente directo. Didí era Waldir Pereira uno de los mediocampistas más grandes de la historia y una figura central del fútbol brasileño y mundial. Integró los dos seleccionados brasileños que ganaron la copa del Mundo 1958 (fue elegido el mejor jugador del torneo) y la de Chile en 1962. Didí fue el cerebro del Brasil bicampeón del mundo, líder junto a Pelé, Garrincha y Djalma Santos. Tras retirarse, tuvo una amplia carrera como técnico. Primero con la selección de Perú, país al que clasificó para su primer Mundial, el de México 1970. Luego llegó a River, equipo que dirigió entre 1970 y 1972 y donde impuso el jogo bonito. Delem fue su asistente técnico, lo había conocido en la selección brasileña del 60 donde jugó también con Pelé integrando esa famosa delantera, pero con funciones de media punta. Si bien Delem no fue al Mundial porque ya estaba jugando en River, en la etapa preparatoria disputó siete partidos internacionales convirtiendo cinco goles. Hubo uno emblemático, el de la Copa del Atlántico jugado en el Maracaná el 12 de julio de 1960 con el triunfo de Brasil por 5 a 1 contra Argentina. Los goles de Brasil fueron de Chinesinho, Pelé, Pepe (2) y Delem que integraba la línea ofensiva no como un 9 clásico sino como organizador ofensivo con gol, algo típico del esquema brasileño de la época. Aportaba pausa, pase final y definición, complementando a los jugadores más veloces o desbordantes. “Cada vez que Pelé venía a Buenos Aires, lo llamaba para juntarse y tener largas charlas”, agrega Tuti.

Su regreso a River fue como técnico y figura central como formador de las inferiores del club, en la detección de talentos que pasaron por las pruebas en Núñez. Esa capacidad de ver más allá de la edad y del físico, de reconocer la inteligencia y la técnica fue su sello distintivo siempre desde un bajo perfil y su calidez humana. La escuela “Didí–Delem” en River no fue una institución formal sino una corriente futbolística muy clara. Compartieron una misma mirada sobre el fútbol: la técnica antes que el físico, el talento como punto de partida, el mediocampo como cerebro del equipo, y la libertad creativa de los jugadores. Después de los tres años de trabajar con Didí y de recibirse en la Escuela de Directores Técnicos de la AFA en 1972, la dirigencia de River le confió a Delem el primer equipo para darle continuidad al proyecto. Eran los tiempos en que el elenco millonario atravesaba una etapa sin títulos desde 1958 y la Comisión Directiva de entonces optó por alguien de la casa, con fuerte ascendencia en el plantel y el club. Asumió como técnico en 1973 y permaneció en el cargo hasta que lo reemplazó Pipo Rossi. En ese período promovió a uno de los mediocampos más famosos de la historia del club integrado por Norberto Alonso, J.J. López y Reinaldo Merlo que condujeron al equipo al campeonato de 1975.

Precisamente, en ese año pasó a dirigir Huracán, equipo que estaba lejos del campeón de 1973 de César Luis Menotti, transitaba una etapa de reconstrucción. Buscó sostener la identidad ofensiva del “Globo” y fiel a su sello brasileño, apostó por el juego técnico y ofensivo dirigiendo a Miguel Ángel Brindisi, René Houseman y Osvaldo Ardiles. Después vino Vélez (1976–1977), donde el objetivo principal fue ordenar el equipo y sostener la categoría, algo que logró. En 1978, se fue a Arabia Saudita para hacerse cargo junto a Didí del club Al-Ahli; y en 1979 regresó al país para tomar la dirección de Argentinos Juniors donde dirigió a un Diego Armando Maradona todavía golpeado por haber quedado fuera de la convocatoria para el Mundial del 78. Fue el único brasileño que condujo al Diez. “Diego lo llamaba então que en portugués quiere decir ‘entonces’ porque Delem usaba mucho então como muletilla. Y Claudia le decía ‘maestro’. Tuvieron una linda relación de afecto y respeto. Fuimos al bautismo de Giannina y cuando Diego se casó e hizo esa fiesta multitudinaria en el Luna Park nos invitó con una mesa para toda nuestra familia”, recuerda Tuti.
Más tarde, en 1980, Delem llegó a San Lorenzo, un ciclo de solo siete partidos. Intentó mantener su sello ofensivo, pero la falta de tiempo y un contexto adverso limitaron su trabajo. El presidente del club, Moisés Annán, con gran influencia en la AFA, lo echó y por un juicio que le inició Delem a raíz del incumplimiento de contrato estuvo, en los hechos, censurado por la asociación presidida por Julio Grondona, situación que le impidió durante varios años encontrar trabajo en otro club. Finalmente, en 1985 pudo tomar la conducción del equipo de Gimnasia y Esgrima de Jujuy, y al año siguiente el de Gimnasia y Esgrima de Mendoza.
Su trabajo silencioso consolidó a River como una de las canteras más prestigiosas de América. Después de trabajar más de una década en la detección de talentos en el semillero que, por otra parte, llevó a River a ganar campeonatos y millones de dólares, en 2001 José María Aguilar, y su mano derecha Mario Israel, lo desafectaron al asumir la presidencia del club de Núñez. “Nunca me dieron una explicación”, se lamentó siempre Delem. Ese modelo basado en las inferiores trasformó a River en uno de los más importantes exportadores de jugadores del mundo, hasta que el dinero se acabó y la institución ingresó al túnel de una crisis financiera y de operaciones poco transparentes cuyo final previsible fue el descenso de categoría en 2011.
En sus últimos años incursionó en televisión. Fue en 2002 cuando formó parte del programa “Camino a la Gloria”, emitido por Canal 13 y conducido por Mario Pergolini, donde se buscaba descubrir a un joven talento futbolístico con la promesa de tener una prueba en el Real Madrid. Se presentaron 12 mil chicos en el Campo de Polo de Palermo para las pruebas iniciales. El jurado estaba compuesto por Roberto Perfumo, Carlos Mc Allister, José Basualdo y Javier Castrili. Delem era el evaluador técnico de los participantes. Su frase “toque y movilidad” era lo que repetía constantemente a los jóvenes ilusionados con jugar en España.

La idea del fútbol que enseñó Delem tiene total vigencia en el gusto de miles de hinchas de River y de muchos otros clubes que aman y aprecian el buen juego. Fue un puente entre Brasil y Argentina, y un hombre que supo dejar huella en dos generaciones distintas, primero como jugador y luego como maestro de futuros cracks. Y también en aquella historia con Messi, que pudo haber sido uno de sus cracks, aparece su figura como protagonista privilegiado. Delem fue el arquitecto silencioso de un alma futbolística de River, el hombre que convirtió la cantera millonaria en un semillero de estrellas que influenciaron con sus estilos en las distintas selecciones nacionales donde fueron convocados. Vivió siempre en la sencilla casa de sus suegros en Arribeños y Monroe, a unas 10 cuadras de su amado River. El corazón le dijo basta tempranamente a los 71 años en Buenos Aires en 2007, dejando un profundo vacío en esa Argentina que amó tanto como a su Brasil natal, en su esposa Tuti y en sus hijos Christian y Marilia. Su mejor herencia es el legado dejado a varias generaciones de grandes futbolistas que fueron y son protagonistas de esa pasión mundial como es el fútbol, o mejor dicho de esa sensación inexplicable de jugar a la pelota y ser feliz.
DEPORTE
Por qué levantamos los brazos al ganar: la ciencia detrás del lenguaje corporal de la victoria

Cuando un atleta cruza la línea de llegada o un futbolista celebra el gol que define un campeonato, el cuerpo se expande casi de manera automática: brazos en alto, pecho abierto, columna erguida.
Esa postura de expansión corporal, omnipresente en el deporte de alto rendimiento, no puede explicarse únicamente como un reflejo primitivo heredado de otros primates, según advierte Stéphanie Caillies, profesora de psicología cognitiva en la Universidad de Reims-Champagne Ardenne, consultada por el diario deportivo francés L’Équipe.
La postura de expansión corporal se asocia en la investigación psicológica a emociones positivas de alta intensidad: alegría, orgullo y triunfo. Sin embargo, Caillies advierte que la misma postura puede comunicar una amenaza si se combina con expresiones faciales agresivas. “Una misma postura expansiva con un visaje agresivo puede significar: me preparo para golpear”, señaló la investigadora en declaraciones recogidas por L’Équipe.
La lectura de cualquier gesto corporal depende, según la especialista, de sus características cinemáticas, velocidad, trayectoria y del entorno en que ocurre. En el deporte de competición, ese contexto viene cargado de normas sociales que generan un repertorio gestual propio, distinguible del lenguaje corporal cotidiano.
El debate entre origen innato y aprendizaje social

Un trabajo publicado en 2008 por Jessica Tracy y David Matsumoto argumentó que, si personas no videntes de nacimiento adoptan posturas de victoria sin haberlas visto nunca, eso prueba su carácter innato. Caillies rechaza esa lectura: “Esas personas han evolucionado en una cultura que ha moldeado su forma de pensar. Han internalizado reglas que influyen en sus movimientos aunque no las hayan ‘visto’ literalmente”.
La especialista fundamenta su posición en la teoría de la cognición corporizada, según la cual el pensamiento no depende solo del cerebro, sino de un sistema que incluye también el cuerpo y el entorno.
Bajo ese marco teórico, una persona no vidente puede incorporar normas de expresión emocional a través del tacto, el oído y la descripción verbal, y luego reproducir esos gestos sin que ello indique que son biológicamente predeterminados.
La comparación con los chimpancés y sus límites
Los trabajos con chimpancés muestran que estos primates también despliegan expansiones corporales parecidas, lo que podría sugerir un origen evolutivo compartido. Caillies matiza esa analogía: en los grandes simios, la postura suele indicar dominancia o un cambio de jerarquía dentro del grupo, con una dimensión amenazante ausente, o mucho menos marcada, en el atleta humano que celebra una victoria.
“Podría decirse que el deportista que gana también cambia de estatus, pero es más complejo porque existe además una comunicación emocional: comparto la alegría del éxito con los miembros de mi grupo, lo que puede generar adhesión, admiración y reforzar la cohesión social”, puntualizó la investigadora. Esa dimensión grupal y afectiva del gesto distingue, a su juicio, la celebración humana del comportamiento de dominancia observado en otros primates.
La conclusión de Caillies es que la postura de victoria resulta de “la interacción entre predisposiciones biológicas y aprendizajes sociales”, sin que ninguna de las dos variables pueda reclamar la explicación completa.
El cuerpo humano impone restricciones físicas a los movimientos posibles, pero dentro de ese margen la cultura, transmitida mediante descripciones, relatos y convenciones compartidas, moldea qué gestos se producen y qué significados se les atribuyen.
Predisposición biológica y cultura, sin jerarquía entre ambas
La investigadora menciona además que existen ciertas variables individuales, como pueden ser los rasgos específicos de la personalidad de cada individuo y el género, que también ejercen una influencia en este tipo de expresiones.
Todavía es necesario investigar para poder determinar si los códigos gestuales asociados con la victoria son exactamente iguales entre deportistas de ambos sexos o si, por el contrario, se observan diferencias sistemáticas en la manera en la que hombres y mujeres manifiestan el triunfo cuando se encuentran en situaciones competitivas.
Middle East,Soccer,Sport
DEPORTE
Julián Álvarez quedó afuera de los convocados del Atlético de Madrid: los motivos

Julián Álvarez quedó fuera de la convocatoria del Atlético de Madrid para el partido de este domingo ante la Real Sociedad, correspondiente a la quinta fecha de la Liga de España, tras sufrir una sobrecarga muscular que lo obligó a abandonar el entrenamiento del sábado antes de su conclusión.
“Julián no viaja a San Sebastián por una sobrecarga muscular por la que se retiró en la sesión de entrenamiento de ayer. Realizadas las pruebas pertinentes, los servicios médicos han descartado su presencia en el partido de hoy”, comunicó el club rojiblanco en la mañana del domingo, instantes antes de que la delegación partiera hacia el norte de España.
El delantero argentino de 26 años sintió las molestias en el tramo final de la práctica del sábado. Por precaución, el cuerpo técnico y los servicios médicos del club resolvieron no arriesgar su viaje a San Sebastián, donde por la noche se disputará el encuentro. Álvarez no es la única baja: Pablo Barrios y Alexander Sorloth también quedaron descartados por sendas lesiones musculares.
Simeone viaja con 23 jugadores y tres argentinos en la lista
Sin los tres lesionados, el entrenador Diego Simeone parte hacia Anoeta con 23 futbolistas, todos los disponibles del primer equipo más el defensor Jorge Domínguez y el mediocampista Jorge Castillo, ambos con ficha de las categorías inferiores. Entre los convocados figuran tres argentinos: el arquero Juan Musso, el defensor Cristian Romero y el extremo Giuliano Simeone. El puesto de Álvarez en el once inicial será cubierto previsiblemente por el canadiense Jonathan David, su recambio natural en la delantera, aunque Simeone también podría optar por el tridente conformado por Kang-in Lee, Álex Baena y Ademola Lookman, combinación que utilizó en el arranque de la temporada.
La sobrecarga pone en duda su participación en la ventana de amistosos de la Selección Argentina
Más allá del impacto inmediato en el conjunto colchonero, la situación genera inquietud de cara a la próxima ventana internacional. Entre el 21 de septiembre y el 6 de octubre, la selección argentina disputará sus primeros amistosos tras el Mundial 2026, con entre dos y tres partidos previstos cuyos rivales aún no se han confirmado oficialmente (Bolivia, Burkina Faso y Benín asoman como los posibles contrincantes).
Al tratarse de una sobrecarga y no de una lesión de mayor entidad, la evolución de Álvarez será determinante. El atacante había disputado el miércoles ante el Liverpool su primer partido como titular y completo en la temporada, por lo que el cuerpo médico actuará con cautela. Si no llega en condiciones para el próximo partido del Atlético en casa ante Osasuna, el objetivo sería tenerlo a punto para el clásico frente al Real Madrid, programado el siguiente domingo en el estadio Metropolitano, duelo en el que Barrios y Sorloth también son duda.
Este contratiempo se da luego de un período de transferencias agitado para la Araña, quien recibió múltiples sondeos (del PSG y el Arsenal, por citar dos de los interesados), pero su foco estuvo puesto en el posible salto al Barcelona. No obstante, el Colchonero no quiso negociar con la dirigencia blaugrana, en un duelo mediático que dejó en el medio al jugador, que fue abucheado por el público en su primer duelo de la temporada, cuando ingresó en el empate ante el Villarreal.
Cuando se había confirmado su continuidad y buscaba demostrar su compromiso pese al affaire del mercado de pases, Álvarez sufrió esta lesión, que pone en pausa su participación en el elenco que dirige Diego Simeone.
DEPORTE
El rapto de furia de Sabalenka tras perder la final del US Open: una raqueta destruida y un amenazante mensaje a la cámara

Aryna Sabalenka destrozó su raqueta contra el suelo en el Arthur Ashe Stadium, con los ojos llorosos y la mirada perdida, apenas segundos después de que Elena Rybakina sellara el título del US Open con un 6-4, 5-7 y 6-2 que le costó 2 horas y 21 minutos. La bielorrusa, bicampeona defensora, no encontró la manera de disimular una frustración que ya había mostrado en otros escenarios, y esta vez lo hizo frente a las cámaras y a las miles de personas que colmaban las tribunas del estadio más grande del tenis mundial.
El saludo en la red fue breve, casi protocolario. En cuanto Sabalenka llegó a su banco, tomó la raqueta y la reventó contra el suelo sin dudarlo. La imagen se viralizó en cuestión de minutos y despertó la memoria colectiva de los aficionados, que recordaron aquel episodio de 2023 cuando, tras caer ante Coco Gauff también en la final de Nueva York, las cámaras la captaron descargando su bronca en los pasillos del recinto. La historia, en más de un sentido, se repitió.
La reacción que lo dice todo
La secuencia no terminó ahí. Mientras el equipo organizador montaba el escenario para la ceremonia de premiación, un camarógrafo se acercó a registrar el estado emocional de la bielorrusa. Ella, visiblemente afectada y con los ojos húmedos, hizo un ademán con la mano para que dejaran de filmarla y vociferó “fuck off” (“vete a la mierda”). No era enojo hacia el público ni hacia su rival: era el gesto de alguien que necesita un momento de intimidad que el deporte de élite pocas veces concede.
La propia Sabalenka, ya en el acto de premiación, intentó poner palabras a lo que sentía: “De verdad me sentí como en casa aquí y no puedo esperar para volver el próximo año. Ojalá pudiera haber jugado un poco mejor, pero supongo que el próximo año”, dijo. Una frase que mezcla el apego que siente por Flushing Meadows y la resignación de quien sabe que el margen fue mínimo, aunque el marcador no lo refleje del todo.
La derrota tiene una dimensión extra que pesa más allá del trofeo. Sabalenka buscaba convertirse en la primera jugadora desde Serena Williams en ganar tres ediciones consecutivas del US Open. Además, cayó precisamente ante la única rival que podía arrebatarle también el número uno del mundo: Rybakina llegó al partido ya como nueva líder del ranking WTA, un ascenso que completó con el título en la mano. Las 99 semanas de Sabalenka en lo más alto del circuito llegaron a su fin en el peor momento posible.
Rybakina frenó una racha de 19 victorias seguidas en Flushing Meadows
Del otro lado de la red, la kazaja construyó su victoria sin necesitar su mejor versión. Rybakina concretó tres de las 12 oportunidades de quiebre que generó, suficientes para inclinar la balanza a su favor. Su primera bola de servicio no estuvo a la altura habitual —pese a ser la líder en aces del circuito—, pero su juego de devolución fue constante e implacable, capaz de neutralizar la potencia de Sabalenka en los intercambios largos.
Con este título, Rybakina alcanzó su tercer Grand Slam —Wimbledon 2022, Abierto de Australia 2026 y ahora el US Open— y cortó la racha de 19 victorias consecutivas que Sabalenka acumulaba en Flushing Meadows desde aquella final perdida frente a Gauff. También igualó a la propia Sabalenka y a Mirra Andreeva, campeona de Roland Garros, con tres títulos en la temporada, la cifra más alta del circuito femenino. El cheque que se llevó fue de 5,5 millones de dólares, el mayor en la historia de un Grand Slam.
En la ceremonia, Rybakina tuvo palabras para su rival que resumieron el nivel del enfrentamiento: “Es muy difícil jugar contra ti; llevas todo al límite. Me estaba muriendo en la cancha contra ti. Solo intentaba llegar a todas las pelotas posibles. Felicitaciones por tus logros y a tu equipo; ustedes hacen un trabajo increíble. No encuentro las palabras ahora mismo, lo siento”, declaró la nueva número uno.
“Si hubiera guardado mis emociones dentro de mí, no habría podido decir una palabra en la pista o ahora mismo. Es realmente difícil controlar tus emociones cuando pierdes en la final de un Grand Slam y cuando estabas intentando lograr un tricampeonato. Quería liberar toda esa agresión y decepción afuera”, se justificó la bielorrusa.
Solo le falta Roland Garros para completar el Grand Slam de carrera. Sabalenka, mientras tanto, tendrá que esperar hasta el año que viene para intentar recuperar lo que perdió este sábado en Nueva York.
North America,Sport,Tennis
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