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ECONOMIA

A cuánto llegarán el dólar y la inflación en febrero y en el resto del año, según los principales analistas de mercado

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El REM del Banco Central muestra las proyecciones del mercado para la evolución de los precios y del tipo de cambio en el corto plazo (Imagen ilustrativa Infobae)

Las proyecciones de los analistas económicos vuelven a ubicar a la inflación y al tipo de cambio en el centro de la escena. Mientras el proceso de desaceleración de los precios continúa, las estimaciones privadas desconfían de que el IPC caiga por debajo del 2% antes de abril. En paralelo, el mercado ajustó sus previsiones sobre la evolución del dólar oficial para el corto plazo. Los datos surgen del último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), elaborado por el Banco Central con estimaciones de consultoras, centros de estudio y entidades financieras.

El informe recoge las previsiones para febrero y los meses siguientes, tanto en materia de inflación como de tipo de cambio mayorista. En ambos casos, los analistas esperan movimientos graduales, aunque con diferencias respecto de las estimaciones previas.

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Según el REM, los participantes del relevamiento estimaron que la inflación mensual en febrero se ubicará en 2,1%. La cifra refleja una desaceleración respecto de enero, mes para el cual las consultoras calcularon una suba de precios de 2,4%.

De acuerdo con el informe, la baja esperada para febrero no implica, sin embargo, una caída abrupta del ritmo inflacionario. Las proyecciones muestran que la inflación mensual continuaría por encima del 2% durante el primer trimestre del año.

Para marzo, el conjunto de analistas prevé una inflación de 2,2%, mientras que recién en abril el índice mensual descendería por debajo de ese nivel, con una estimación de 1,9%. A partir de allí, el sendero proyectado mantiene una tendencia descendente, aunque sin cambios bruscos en el corto plazo.

En términos anuales, el REM también ajustó levemente las previsiones. La inflación acumulada para los doce meses del 2026 fue estimada en 22,4%, lo que representa una corrección al alza de 2,3 puntos respecto del relevamiento anterior.

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Además de la inflación, el REM incluye las previsiones sobre el tipo de cambio mayorista. En este punto, los analistas proyectan que el dólar continuará avanzando de manera paulatina durante febrero y los meses siguientes.

Para febrero, el tipo de cambio mayorista fue estimado en $1.475 por dólar, una cifra que resulta $39,7 inferior a la prevista en el relevamiento anterior.

Hacia marzo, los analistas esperan que el dólar mayorista alcance los $1.502, mientras que para abril la proyección se ubica en $1.526. En los meses siguientes, el REM anticipa una continuidad en ese sendero: $1.549 en mayo, $1.577 en junio y $1.604 en julio.

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Para el cierre de 2026, el conjunto de consultoras y entidades financieras relevadas por el Banco Central estima que el dólar mayorista se ubicará en torno a los $1.750. Esa cifra marca una diferencia significativa frente a las proyecciones oficiales incluidas en el Presupuesto (el Gobierno estima que el dólar estará a $1.423 en diciembre).

El Relevamiento de Expectativas de Mercado también incluye las previsiones de los analistas respecto de la tasa de política monetaria. En ese frente, el consenso del mercado anticipa una continuidad del proceso de reducción gradual, en línea con la desaceleración esperada de la inflación.

Según el REM, la tasa de interés nominal anual (TNA) se ubicaría en 31,80% en febrero, lo que implica una baja frente al nivel vigente en enero. Para marzo, las consultoras proyectan una nueva reducción, hasta 30,14%, mientras que para abril la tasa descendería a 28,65%.

El sendero previsto para los meses siguientes mantiene esa tendencia. En mayo, la tasa se ubicaría en 27,60%, en junio en 26,15%, y en julio en 25%, siempre de acuerdo con las estimaciones promedio del relevamiento.

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Hacia fin de año, los analistas esperan que la tasa de política monetaria continúe ajustándose a la baja, en un contexto de inflación descendente y con una menor presión sobre las variables financieras.

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ECONOMIA

Aprobaron la reforma laboral: ¿se puede cobrar el sueldo en Bitcoin o luncheon ticekts?

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La Ley de Reforma Laboral, que acaba de ser aprobada en forma defininitiva por el Senado, introduce cambios significativos en las formas de pago de los salarios, incluyendo la posibilidad de abonar sueldos en criptomonedas, al igual que también se refiere al «pago en especie» o luncheon tickets.

Reforma laboral: pago de salario en especies, bitcoins o dólares

Actualmente, existe un límite para pagar salarios en especie, que no puede superar el 20% del total. Esto está establecido por la Ley de Contrato de Trabajo y no fue modificado por la Ley de Modernización Laboral.

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La normativa mantiene vigente el artículo 107 de la Ley de Contrato de Trabajo, que exige que la remuneración pactada en convenciones colectivas se exprese en dinero. Además, el artículo 105 define que las prestaciones complementarias pueden pagarse en especie, pero solo como complementos y no reemplazando el salario, pudiendo representar hasta el 20% del total.

Es considerado el salario en especie a la parte de la remuneración que se paga mediante bienes, servicios o beneficios no monetarios, suministrados de forma gratuita o a precio reducido.

En cuanto a las criptomonedas o bitcoins, en Argentina no son consideradas dinero en efectivo ni moneda de curso legal, sino activos financieros o bienes inmateriales.

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Funcionan como una «dación en pago» (es decir, pago en especie), por lo que solo pueden formar parte del 20% previsto para las especies.

Si bien entonces el bitcoin sería una forma de pago en especie que solo podría formar parte de la proporción del 20% que autoriza la ley, la reforma laboral sí habilita el pago en moneda extranjera con el propósito de permitir el pago del salario en dólares.

¿Qué pasa con el pago de sueldo con luncheon ticekts?

Los tickets canasta —conocidos también como Luncheon tickets— fueron durante años una modalidad extendida en el mercado laboral argentino. El artículo 103 bis de la Ley de Contrato de Trabajo los contemplaba como beneficios sociales de carácter «no remunerativo», lo que implicaba que no estaban alcanzados por aportes previsionales ni incidían en el cálculo del aguinaldo o las indemnizaciones.

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En sus inicios, el sistema fue presentado como una herramienta para estimular el consumo y, al mismo tiempo, aliviar la carga laboral de las empresas. Sin embargo, con el paso del tiempo comenzó a cuestionarse su utilización como mecanismo para desalarizar una porción de los ingresos de los trabajadores.

Ese esquema cambió en 2007, cuando la Ley 26.341 eliminó la posibilidad de utilizar vales alimentarios como forma de pago salarial y estableció que debían incorporarse al salario remunerativo. Dos años después, la Corte Suprema reforzó ese criterio al sostener que los tickets «forman parte del sueldo», en la medida en que constituyen una contraprestación por el trabajo realizado y no una mera prestación social.

Con la reforma laboral, el Gobierno sostiene que un sistema de vales alimentarios «actualizado y transparente» podría contribuir a fomentar la formalización laboral y facilitar el acceso a bienes esenciales sin elevar de manera directa el costo empresario.

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Para Javier Sabin, de EY Argentina, «hubo un cambio en la redacción del inciso a) del artículo 103 bis que proclama los beneficios sociales. Estos son conceptos no remunerativos que no devengan cargas sociales, ni se consideran remuneración a los fines laborales (aguinaldo, indemnización, etc.)».

Antes incluía a los servicios de comedor de la empresa y ahora «los servicios de alimentación del trabajador, dentro del establecimiento del empleador o en establecimientos gastronómicos cercanos durante la jornada laboral contratados por el empleador, en ese último caso, conforme a los límites que determine la Autoridad de Aplicación».

«Deberemos esperar la reglamentación para ver si habilita la emisión de vales alimentarios que permitan el pago en establecimientos gastronómicos cercanos o la metodología que termina imperando (por ejemplo, tarjetas de comida con utilización en comercios cercanos de rubros definidos y con un rango horario limitado)», comenta.

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En cambio, para Julio Lalanne, abogado laboralista de la alta dirección, «no sería posible considerar los luncheon tickets beneficios no remuneratorios como era en la década de los 90. Esa era la ventaja para el empleado: no pagaba cargas sociales a su respecto».

«La Corte declaró inválida esa pretensión hace mucho tiempo y la ley de reforma laboral no innovó a este respecto. Por otra parte, no hay ya empresas que se dediquen a comercializa esos tickets. Por lo tanto, me parece que es una alternativa viable hoy», afirma.

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ECONOMIA

Jornada financiera: las acciones cayeron hasta 8% y el riesgo país superó los 570 puntos

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Los activos argentinos no pudieron escapar del sesgo bajista de Wall Street.

La última rueda operativa de febrero arrojó pérdidas para las acciones y los títulos públicos argentinos y una nueva baja para los precios del dólar. Una tendencia negativa en los principales índices de Wall Street -con bajas de más de 1%- condicionó la evolución de la cotización de los activos domésticos.

El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires cayó 4,1% en pesos, en los 2.642.105 puntos, un piso desde el 28 de octubre. En febrero la caída del panel líder superó el 18% en pesos y el 10% en dólares.

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Fuente: Rava Bursátil-precios en pesos.
Fuente: Rava Bursátil-precios en pesos.

En Wall Street el ADR de la petrolera YPF cayó 2,8%, en los USD 35,28, luego de haber presentado el jueves al cierre de los negocios el balance correspondiente al cuarto trimestre de 2025.

La petrolera bajo control estatal registró pérdidas por USD 649 millones en el cuarto trimestre, y de USD 799 millones en todo el 2025, debido a cambios en los precios del petróleo y sus derivados y una desaceleración en las ventas de gas.

Los bonos soberanos en dólares -Bonares y Globales cayeron 0,8% en promedio, con un riesgo país de JP Morgan que aumentó 18 unidades para la Argentina, a 572 puntos básicos. Por la mañana el índice tocó los 576 puntos, un máximo desde el 14 de enero.

El Tesoro terminó el jueves de colocar un nuevo título denominado en dólares Bonar 2027 (AO27), con una adjudicación de USD 250 millones en dos días con un rendimiento del 5,89 por ciento. Sin embargo, la aparición de este nuevo competidor para los títulos que ya son negociados en la plaza les quitó demanda y presionó a la caída de cotizaciones, afectadas además por la aversión al riesgo emergente en el exterior.

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“La semana estuvo marcada por la actividad del Tesoro en los mercados de deuda, donde se destaca la colocación del nuevo Bonar 2027 (AO27) y el resultado de la licitación en moneda local, en un contexto de compresión de tasas”, indicó el equipo de Research de Puente.

“Se seguirá de cerca el ritmo de compras de divisas por parte del BCRA para evaluar la evolución de las reservas internacionales”, mientras que ”tras la inyección de pesos resultante de la última licitación y la ausencia de nueva oferta de tasa fija, se observará la evolución de los rendimientos en el mercado secundario», agregaron desde Puente.

«Considerando el enorme flujo que se observa por las colocaciones de deuda y otras fuentes y encontrándonos a dos semanas del inicio de la cosecha gruesa, no esperamos movimientos cambiarios bruscos. En este sentido, durante la semana el Tesoro Nacional realizó una exitosa colocación de un nuevo Bonar 2027 lo que refuerza, aún más, nuestra hipótesis de una calma en el frente cambiario y un riesgo país controlado con posibilidad de compresión hacia el promedio de América Latina (287 puntos básicos)“, señaló un informe de IEB.

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Un importante volumen en el mercado de contado por USD 521 millones ayudó a apuntalar la oferta y habilitar una baja del dólar después de tres ruedas seguidas en alza. Así, el tipo de cambio mayorista cerró a 1.397 pesos, con baja de once pesos o un 0,8%, tras haberse operado en un máximo intradiario de 1.420 pesos.

“La divisa operó durante la jornada con mucha volatilidad y tocando máximos intradiarios en $1.420, buena parte del día se negoció en torno a la zona de $1.410, donde se concentró el mayor volumen de negocios y que funcionó como eje de equilibrio intradiario. Sin embargo, hacia el tramo final del MULC se aceleró la oferta, el tipo de cambio quebró los niveles defendidos durante el día y profundizó la corrección, finalizando en $1.397, cortando así la racha de ruedas consecutivas de recuperación”, describió Francisco Díaz Mayer, jefe de Operaciones de ABC Mercado de Cambios.

A lo largo de la semana exhibió una suba de 21 pesos o 1,5 por ciento. Asimismo a lo largo de febrero el tipo de cambio oficial descontó 50 pesos o 3,5 por ciento. Y en 2026 mantiene una pérdida nominal de 58 pesos o 4 por ciento.

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El BCRA estableció un techo para las bandas cambiarias en $1.606,99, que dejó al dólar comercial a 209,99 pesos o 15% de ese límite para la flotación.

La volatilidad del dólar mayorista repercutió en los precios al público. En el Banco Nación el billete minorista cerró a $1.420, con una baja de cinco pesos o 0,4% en el día, aunque llegó a ofrecerse a 1.435 pesos al mediodía.

En la semana, el dólar al público acumuló una suba de 25 pesos o 1,8%, tras tres alzas consecutivas entre el martes y el jueves. En febrero retrocedió 45 pesos o 3,1 por ciento.

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El dólar blue operó a $1.425 para la venta, sin variación respecto del jueves y con una baja de cinco pesos en la semana, que se amplía a 45 pesos o 3,1% en febrero, y a 105 pesos o 6,9% en lo que va de 2026.

El BCRA realizó este viernes compras en el mercado de cambios por USD 31 millones (5,9% del volumen operado) y acumuló un total comprado USD 2.713 millones en el primer bimestre, a un promedio de USD 70 millones por día (16,7% del volumen operado).

Las reservas internacionales brutas bajaron en USD 596 millones, hasta USD 45.560 millones, debido a movimientos técnicos de bancos que retiran encajes -regresarán a cuentas del BCRA en el inicio de marzo-, además de un pago de USD 15 millones a organismos multilaterales. El lunes 2 de marzo el BCRA pagará USD 1.004 millones por el vencimiento de los Bopreal.

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ECONOMIA

Los argentinos olfatearon que el dólar estaba barato y se disparó la compra de divisas en bancos

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Y un día volvió la «normalidad» al mercado financiero: los argentinos abandonaron su calma y volvieron a su actividad preferida, la compra de dólares. El balance cambiario del Banco Central indica que en enero hubo una demanda de u$s3.146 millones por parte de los pequeños ahorristas.

De ese monto, hay u$s2.203 que corresponden a compras de billetes verdes en el sistema bancario, mientras que el resto se explica por los gastos con tarjeta de crédito de los turistas argentinos en el exterior, las compras de productos y servicios online.

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El egreso de divisas por turismo, como era de esperar para esta época del año, fue particularmente elevado, con u$s844 millones en pagos con tarjeta, más u$s147 millones asociados a servicios de transporte de pasajeros y u$s146 millones a giros al exterior de operadores turísticos.

Como siempre, el BCRA se encargó de aclarar que una parte sustancial de esos dólares quedan depositados dentro del sistema financiero argentino, por lo que no debe confundirse la cifra con la formación de activos externos -lo que popularmente se conoce como «fuga de capitales»-.

Además, informó también que los turistas pagan un 60% de sus gastos del exterior directamente con dólares de sus proias cuentas bancarias, lo que implica que no tiene un impacto directo sobre las reservas del Central.

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Pasó la calma post electoral

Lo que llama la atención es que, luego del notable bajón en la demanda de dólares que se había producido en el momento post electoral, ahora se está regresando a niveles parecidos a los de mediados del año pasado.

El momento de mayor alivio para el gobierno fue en noviembre, cuando los ahorristas «apenas» demandaron u$s1.596 millones, de los cuales u$s1.088 correspondieron a compra de billetes para atesoramiento «bajo el colchón».

Son cifras que lucen pequeñas en comparación con el momento de máxima tensión pre-electoral. Ante la incertidumbre por una eventual devaluación posterior a las legislativas, los argentinos demandaron en octubre u$s5.068 millones, con un récord de compras por u$s4.196 millones en «cash».

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Desde el equipo económico se asoció esa reacción al «riesgo kuka», que es como definen el temor de los ahorristas a una situación de inestabilidad financiera derivada de una turbulencia en el plano político. En los tres meses previos a la elección legislativa, se dolarizó la mitad de la base monetaria, mientras el índice de riesgo país se disparó hasta los 1.500 puntos.

Ya disipado el temor político tras las elecciones, en el gobierno celebraron lo que veían como una etapa de normalización, caracterizada por una recuperación en la demanda de pesos. Es decir, que los ahorristas, al constatar que no se produciría la temida devaluación, empezarían a desprenderse de sus dólares.

Sin embargo, eso no ocurrió: tras el bajón de noviembre -explicable como contracara de las altas compras previas- el público otra vez empezó a demandar dólares.

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Y lo paradójico de la situación es que, en la medida en que el tipo de cambio cae más -llegó en febrero a su punto más bajo, con una cotización de $1.365-, se refuerza el argumento de los economistas que denuncian una situación de «atraso cambiario».

Esto implica que cuando se conozca el balance cambiario de febrero, no sería extraño que la demanda minorista de dólares volviera a registrar un alza.

¿Del colchón al banco?

El otro aspecto en el que se produjo el regreso a la «normalidad» fue en la cuenta corriente, que arrojó un saldo negativo por u$s919 millones. Lo peor es que esto ocurrió en un momento en el que Toto Caputo celebra los récords de exportación, con un saldo de balanza comercial que dejó un superávit de u$s1.987 millones.

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Así, el rojo de la cuenta corriente acumulado de los últimos 12 meses arroja u$s1.850 millones. Salvo por el momento de la exportación de la cosecha gruesa -junio y julio- y por el «tax holiday» para la soja en septiembre, todos los meses registraron déficits.

El dato es seguido de cerca por los economistas, dado que todas las crisis devaluatorias estuvieron precedidas por un deterioro rápido de la cuenta corriente. De momento, en el gobierno no muestran preocupación por la demanda de dólares, aunque sí se nota un esfuerzo porque los billetes queden en el sistema bancario, que ya llegó a un nivel de depósitos por u$s38.000 millones.

Toto Caputo espera que se produzca la «dolarización endógena» gracias al incentivo de la ley de presunción de inocencia fiscal -los bancos no piden justificar ingresos a los depositantes de menos de u$s9.500- y por la suba de las tasas de interés para plazos fijos en dólares, que se estima ocurrirá como consecuencia de la emisión del nuevo bono del Tesoro que paga intereses mensuales.

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La lupa en la cuenta corriente

Es cierto que el déficit actual no es preocupante si se lo compara en términos históricos: equivale a menos de medio punto del PBI, cuando en momentos críticos se ha llegado a un rojo de seis puntos.

Sin embargo, esta situación no disipa las preocupaciones de los economistas críticos, que creen que inexorablemente el déficit volverá a agrandarse. La explicación es que en los últimos meses hubo un nivel inusualmente bajo de importaciones -en torno de u$s5.000 millones mensuales- como consecuencia del sobre-stockeo que habían realizado los comerciantes en el momento pre-electoral.

Pero la expectativa es que el saldo comercial volverá a adelgazar, mientras la salida de dólares por el rubro servicios se mantendrá firme -y el mundial de fútbol será un incentivo para ello-, al tiempo que los incentivos a la compra para atesoramiento continúan vigentes.

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Como contracara de ese déficit en cuenta corriente está el «sobrante» de dólares de la cuenta financiera -es decir, la que no toma en cuenta el comercio sino los movimientos de capitales-, que fue positiva por u$s3.147 millones. Ese dato obedece, principalmente, a la ola de emisiones de deuda, tanto corporativa como de los gobiernos provinciales.

Pero el riesgo sobre el que están advirtiendo los economistas es que el gobierno cometería un error si confiara en la continuidad de ese ingreso de capitales, dado que la historia muestra que ese flujo inversor puede rápidamente revertirse ante una situación de inestabilidad global.

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