ECONOMIA
Agustín Etchebarne: “Argentina se encamina hacia el crecimiento sostenible, un Banco Central sólido e inflación bajísima”

El economista especializado en desarrollo económico y comercialización estratégica analizó los avances y desafíos del actual modelo económico para la segunda mitad de gestión de Javier Milei, y anticipó los factores clave para consolidar un escenario de estabilidad y crecimiento.
— ¿Considera que el plan del equipo económico alcanzó un límite en su capacidad para reducir la inflación mensual, o estamos ante un proceso de ajuste de precios relativos que está cerca de completarse, especialmente en tarifas públicas?
— De ninguna manera. Creo que tuvimos una demora de ocho meses debido a las elecciones de medio término. En medio de una muy sucia campaña electoral, sumada a la presión de los devaluacionistas, lograron generar un temor que hizo que los argentinos dolarizaran casi el 50% del M2, es decir, de los pesos en circulación, más los depósitos, cajas de ahorro, etc. Esa caída brutal de la demanda de dinero obligó al Gobierno a secar el mercado, con altísimos encajes, provocando una suba desmesurada de las tasas de interés que frenaron la economía.
Una vez que Milei ganó las elecciones de octubre, el índice de riesgo país se desplomó junto con las tasas de interés, y paulatinamente volveremos a la tendencia a la baja en la inflación y a recomponer el crecimiento. Pero la disrupción del año pasado dejó costos y heridos.
Ahora iremos volviendo a la tendencia anterior y todavía falta terminar la fase final del ajuste de precios relativos, particularmente en tarifas y algunos servicios regulados. Cuando ese proceso termine, la inflación tenderá a converger hacia niveles internacionales mucho más bajos que los actuales.
“Una vez que Milei ganó las elecciones de octubre, el índice de riesgo país se desplomó junto con las tasas de interés, y paulatinamente volveremos a la tendencia a la baja en la inflación”
La clave sigue siendo mantener el superávit fiscal, la disciplina monetaria y la recomposición de reservas y del balance del Banco Central. Si esos pilares se sostienen, la desaceleración inflacionaria va a continuar.
— ¿Es posible, en el contexto argentino actual, compatibilizar simultáneamente una baja de la inflación, acumulación de reservas y aumento de la actividad, o existe un “trilema” que obliga a priorizar alguno de estos objetivos?
— No creo que exista un trilema estructural. Sí existen tensiones en el corto plazo, porque el proceso de reformas estructurales todavía está a mitad de camino, lo mismo que la reforma monetaria y cambiaria. Además, es inevitable que el cambio de sistema económico deje heridos, reestructuraciones de todo tipo y empresas que quiebren durante la transición. Una vez que ese proceso termina, las tres cosas son compatibles.
Argentina se encamina hacia el crecimiento sostenible, un Banco Central sólido e inflación bajísima, una vez que mejore la credibilidad y aumente la demanda de dinero, facilitando la acumulación de reservas. A su vez, eso generará las condiciones para la recuperación del crédito y la actividad de la construcción, que se sumará a otros sectores que ya están en expansión como el agro, la ganadería, la energía, el sector financiero y la economía del conocimiento.
El problema aparece cuando falta credibilidad o crece la incertidumbre en períodos electorales, por el temor racional a que vuelva el kirchnerismo. En ese caso sí hay tensiones. Pero con superávit fiscal y normalización monetaria, los objetivos van a converger.
— Según la experiencia internacional en países con desequilibrios macroeconómicos comparables, ¿Qué estrategias han resultado más efectivas para estabilizar la economía y cuáles podrían trasladarse al caso argentino?
— La experiencia internacional muestra tres elementos comunes: disciplina fiscal sostenida, anclas monetarias claras y reformas estructurales pro-mercado. Lo vimos en Israel en los 80, en Europa del Este en los 90 y en varios emergentes en las últimas décadas. Lo que se puede trasladar a la Argentina es justamente eso: equilibrio fiscal permanente, reglas monetarias previsibles, apertura, desregulación y reformas que aumenten la productividad.
“No hay atajos; salvo la adopción de una moneda fuerte, como es el caso del euro, todos los países con economías inflacionarias y déficits fiscales crónicos se vieron enormemente beneficiados al dejar sus monedas”
No hay atajos; salvo la adopción de una moneda fuerte, como es el caso del euro, todos los países con economías inflacionarias y déficits fiscales crónicos se vieron enormemente beneficiados al dejar sus monedas. Italia, Francia, España, Grecia, Portugal e Irlanda eliminaron las liras, los francos, las pesetas y las dracmas y adoptaron el euro. La inflación cayó por debajo del 2% anual y sus tasas de interés se desplomaron, multiplicando el crédito a largo plazo.
En nuestro caso, sería un acuerdo monetario con Estados Unidos. para usar el dólar, pero eso no se ve en el horizonte cercano.

— ¿Cuáles son los riesgos y ventajas de que el presidente Javier Milei y el ministro de Economía Luis Caputo anuncien públicamente que esperan una tasa de inflación inferior al 1% mensual a partir de agosto?
— La ventaja es que refuerza el anclaje de expectativas si el programa es consistente. El riesgo es que, si se percibe como demasiado ambicioso, pueda generar frustración si no se cumple exactamente en los plazos anunciados.
En general, la comunicación económica funciona mejor cuando combina metas claras con prudencia en los tiempos. Pero en este caso, si el ajuste de precios relativos termina y se mantiene la disciplina macro, no es una meta descabellada. Creo que efectivamente en algún momento del segundo semestre veremos la tendencia a una tasa de inflación que comience con cero por ciento.
Instituciones y consultoras especializadas han señalado un contexto de estanflación, pero el EMAE marcó récord en diciembre y habría mantenido ese nivel en los meses siguientes. ¿Cómo interpreta esta aparente contradicción entre actividad y precios?
— Tuvimos un breve período de estanflación por lo que comentamos durante la campaña electoral. Pero creo que ya estamos viendo una recuperación gradual que se verá más fuerte a partir del segundo trimestre gracias a una buena cosecha de soja, maíz y girasol. La inflación todavía es alta porque arrastra la inercia del año pasado, pero la tendencia mensual retoma la trayectoria descendente, fundamentalmente porque vemos un balance del Banco Central que cada mes es un poco más sólido, la reducción del gasto público.

La baja de la inflación permitirá una reducción de las tasas de interés, lo cual es esencial para volver a crecer.
— Frente al conflicto en Medio Oriente, Argentina es protagonista en la producción energética y de alimentos, pero vulnerable ante la inflación. ¿Qué impactos prevé sobre la economía local y la política internacional?
— La guerra es siempre incierta porque es difícil predecir las acciones, sobre todo cuando el enemigo es un fanático religioso dispuesto a suicidarse. Dicho eso, nuestro escenario base es que la guerra será corta y el impacto neto será positivo para nuestro país. Irán amenaza al estrecho de Ormuz, por donde pasa el 20% del petróleo mundial. Pero eso afecta fundamentalmente a China, a la India y a los países árabes, y a todos ellos les conviene que la guerra sea corta. También a Donald Trump le interesa porque tiene elecciones en noviembre y, si se extiende el conflicto, el consumidor americano se verá afectado por el aumento de la gasolina, que ya creció un 19 por ciento.
En cuanto a Argentina, tiene una posición relativamente favorable. El aumento del precio del petróleo mejora nuestras cuentas externas porque tenemos un saldo energético positivo, salvo en invierno. Nos pega en la urea que importa el campo, pero, por suerte, es un año donde ha tenido una excelente cosecha de trigo y se viene una buena cosecha gruesa entre marzo y junio. En el neto, posiblemente mejore en unos USD 2.000 millones, pero puede ser bastante más.
“A largo plazo, el efecto de la guerra en Medio Oriente es muy positivo porque Argentina se consolida como un proveedor de alimentos, energía y minerales, que está alejado de los escenarios de conflictos bélicos”
La parte negativa se da en un impacto inflacionario de corto plazo vía combustibles y logística, que se revertirá más adelante; puede ser un incremento algo superior a un punto anual. A largo plazo, el efecto es muy positivo porque Argentina se consolida como un proveedor de alimentos, energía y minerales, que está alejado de los escenarios de conflictos bélicos.
— El cierre de empresas en algunos sectores contrasta con nuevas inversiones en minería, energía y grandes marcas. ¿Observa una tendencia generalizada al cierre, o debe analizarse sector por sector?
— Claramente hay que analizar sector por sector y empresa por empresa. Hay sectores que estaban artificialmente protegidos o dependían de distorsiones macroeconómicas que hoy necesitan una reconversión y algunos no sobrevivirán. Pero también depende de las decisiones empresarias: si apostaron a la devaluación o a reconvertirse. Otros sectores están creciendo con fuerza.
Claramente estamos atravesando una transformación que es un “proceso de destrucción creativa”, como la famosa definición de capitalismo de Joseph Schumpeter. Al liberarse la economía se reasignan los recursos a los sectores más productivos y eso aumenta la riqueza del país y de sus habitantes.
— El equipo económico implementó una política cambiaria gradual (fases) para la salida del cepo. ¿Esto indica falta de una única estrategia, y debemos esperar modificaciones relevantes en el tipo de cambio?
— No indica falta de estrategia, sino que se eligió un camino de gradualismo pragmático en la salida del cepo, con discrecionalidad, hasta que el balance del Banco Central sea tan sólido que se animen a avanzar a la libertad cambiaria y monetaria como corresponde. Creo que este es el año de la acumulación de reservas, mientras seguirá bajando la inflación y se recuperará el crecimiento.
— Pese al superávit fiscal, estabilidad monetaria y reducción de la deuda pública, los mercados reclaman más instrumentos de anclaje para mejorar expectativas y reducir el riesgo país. ¿A qué atribuye esta exigencia adicional?
— A la historia argentina. Diversos gobiernos han estafado a los ahorristas sistemáticamente: varias hiperinflaciones, Plan Bonex, corralito, corralón, pesificación asimétrica, estafa permanente a los jubilados, confiscación de las AFJP… y también a los inversores externos con una decena de defaults. Los mercados miran no solo los datos actuales, sino la sostenibilidad en el tiempo.
“Se requiere ver acumulación de reservas y reformas estructurales avanzando, cosa que está ocurriendo. Pero permanece latente el riesgo de que retorne el kirchnerismo”
El Gobierno por eso debe sobreactuar el superávit fiscal, pero además se requiere ver acumulación de reservas y reformas estructurales avanzando, cosa que está ocurriendo. Pero permanece latente el riesgo de que retorne el kirchnerismo. Ese es el principal escollo. Por eso, cuando gane Milei el año próximo -cosa que creo va a ocurrir- vamos a ver una rápida caída del índice de riesgo país a 300 puntos básicos y luego paulatinamente hasta 100 puntos básicos.
— Los datos oficiales muestran mayor proporción de depósitos canalizados a préstamos para empresas y familias, pero persiste la percepción de estancamiento del crédito. ¿Cómo explica esta aparente desconexión entre datos y expectativas?
— Por un lado, partimos de niveles extremadamente bajos. Segundo, nuevamente el impasse por las elecciones del año pasado. A medida que bajen las tasas de interés y aumente la estabilidad, el crédito se expandirá más claramente. Va a ser uno de los principales motores del crecimiento durante la próxima década.
— La economía genera unos 250.000 empleos al año, aunque cae el empleo asalariado privado registrado. ¿La nueva legislación laboral permitirá reducir la informalidad en el corto plazo?
— Puede ayudar, pero no es inmediato y lamentablemente no se completó todo lo que era necesario. La formalización dependerá del crecimiento, la estabilidad y, sobre todo, de seguir reduciendo los costos laborales no salariales y los impuestos.
— ¿Qué variable o factor considera clave para monitorear la evolución económica argentina en los próximos meses?
— El equilibrio fiscal y el índice de riesgo país. Pero creo que también hay que monitorear la morosidad: hay que digerir las altas tasas de interés del año pasado, que impactaron muy fuerte sobre el consumo y sobre las pyme.
— Considerando el segundo semestre, ¿qué proyecta de inflación anual y crecimiento para 2026 bajo el escenario más probable?
— Veo inflación en torno al 20% anual y crecimiento del PBI superando el 4 por ciento.
— ¿Cuál sería el “cisne negro” o evento inesperado que podría alterar dramáticamente el escenario económico actual?
— Que se extienda la guerra generando una crisis internacional severa o una implosión de lo que tal vez sea una burbuja en las empresas relacionadas con la inteligencia artificial.
“Se subestima también la importancia de invertir en la primera infancia y en liberar el sistema educativo para que se adapte a la rápida transformación del mundo por la tecnología”
— ¿Qué cree que el debate público sobre la economía subestima o sobredimensiona respecto a los desafíos actuales?
— Subestima la importancia de las reformas estructurales y sobredimensiona los movimientos de corto plazo. Creo que se subestima también la importancia de invertir en la primera infancia y en liberar el sistema educativo para que se adapte a la rápida transformación del mundo por la tecnología.

— ¿En qué momento y bajo qué condiciones la población podría percibir en su bolsillo una mejora tangible derivada de la política económica?
— Creo que se va a ver muy claramente a partir de 2028, cuando la inflación ya esté en un dígito anual, las tasas de interés sean muy bajas, crezca la construcción y se consolide la recuperación del empleo y del crédito. La sorpresa va a ser la escasez de mano de obra, en especial de mano de obra calificada.
ECONOMIA
El Banco Central volvió a comprar dólares, pero las reservas cerraron la semana a la baja

En un contexto de estabilidad en el mercado cambiario, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) mantuvo una posición compradora durante 48 jornadas consecutivas, fortaleciendo la compra diaria de divisas. Este viernes, incorporó USD 45 millones, lo que llevó el acumulado anual a casi 3.300 millones de dólares.
Con la implementación de la cuarta etapa del programa monetario en enero, la entidad alcanzó compras por USD 3.298 millones, cifra que representa más del 32% del objetivo previsto para todo 2026. Solo en febrero, las adquisiciones sumaron 1.555 millones de dólares.
Para concretar estas operaciones, el BCRA inyecta pesos sin recurrir a mecanismos de esterilización, mientras que el Tesoro absorbe parte de esa liquidez a través de emisiones de deuda en el mercado interno. En las últimas licitaciones, el Ministerio de Economía optó por no expandir la base monetaria, con el fin de limitar posibles presiones sobre los precios y el tipo de cambio.
De acuerdo con proyecciones oficiales, la meta de acumulación neta de reservas para 2026 se encuentra entre 10.000 millones y 17.000 millones de dólares, dependiendo tanto de la demanda de pesos como del flujo de divisas. El presidente del BCRA, Santiago Bausili, señaló que el ritmo de compras estará condicionado por la demanda de moneda local y el ingreso de dólares. Hasta ahora, el ritmo anual de acumulación supera el 32% del objetivo establecido.
El BCRA estableció un límite diario para sus compras de divisas, equivalente al 5% del volumen operado en el Mercado Libre de Cambios, y firmó acuerdos directos con empresas e instituciones para canalizar parte de las transacciones fuera del segmento mayorista, buscando reducir la presión sobre el dólar.
Las reservas internacionales descendieron a USD 45.659 millones, una baja de USD 109 millones frente al día anterior y de USD 345 millones en la semana. El mercado atribuyó esa caída a variaciones en los precios de monedas y materias primas, como el oro, que forman parte de las reservas del Central.
Al finalizar el mes pasado, las tenencias extranjeras se ubicaban en USD 46.905 millones, el nivel más alto desde el inicio de la actual gestión y el mayor en seis años, cuando el stock llegó a 47.448 millones de dólares. Los pagos de deuda y los cambios en la valuación de activos generan oscilaciones en ese saldo.
El ritmo de acumulación se vio limitado por la incidencia de los compromisos de deuda del Tesoro, que recurrió al BCRA para comprar divisas destinadas a cancelar vencimientos, influyendo en el resultado final e impidiendo un atesoramiento mayor.
El flujo de divisas que permitió este proceso provino en su mayor parte de la liquidación del sector agroexportador y de colocaciones de deuda por parte de empresas privadas y gobiernos provinciales. Desde las elecciones legislativas de octubre de 2025, las emisiones de obligaciones negociables y bonos provinciales alcanzaron los 11.000 millones de dólares.
Con un volumen negociado de USD 447 millones en el Mercado Libre de Cambios (MLC) —donde participan exportadores, importadores y el Banco Central— el dólar mayorista cerró la semana en 1.400 pesos. Este valor representa una suba de 5,5 pesos frente al cierre del jueves. No obstante, en el balance semanal, la divisa al por mayor retrocedió 16 pesos, tras haber acumulado una suba de 19 pesos en la semana anterior.
En cuanto al esquema de bandas cambiarias, el BCRA fijó el límite superior en $1.627,97. El precio mayorista actual se ubica un 16,28% por debajo de ese techo, lo que otorga un margen de incremento de 227,97 pesos antes de que el Banco Central deba intervenir para mantener la cotización dentro de los límites establecidos.
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Los bancos refuerzan las restricciones y la gestión de cobranza frente al récord de mora en préstamos a familias

El nivel de morosidad en el crédito a las familias llegó a su máximo histórico en enero. El último dato oficial reportado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) para diciembre arrojó una irregularidad del 9,3% de la cartera de préstamos a hogares, alcanzando 15 meses consecutivos en alza. La mora saltó a un récord de 10,3% según estimaciones de mercado incluidas en el informe “Mora e Irregularidad en Hogares: Enero 2026” de Bastien Consultores.
Ese número preliminar para el primer mes del año podría derivar en un dato aún más negativo. “La experiencia con datos de mercado indica que estas estimaciones suelen ser levemente más bajas que la realidad final reportada”, destacó el informe.
Al mismo tiempo que refleja la situación problemática para los hogares que decidieron tomar deuda bancaria, el informe señala que la morosidad podría haber llegado a un techo en enero. El dato surge de los “indicadores adelantados de mora temprana”, aquellos que reflejan los atrasos en los préstamos que van de 30 a 90 días y que permiten anticipar hasta dónde llegará la morosidad del sistema.
la morosidad podría haber llegado a un techo en enero. El dato surge de los “indicadores adelantados de mora temprana”, aquellos que reflejan los atrasos en los préstamos que van de 30 a 90 días (Bastien)
“A pesar del aumento en la irregularidad total, por segundo mes consecutivo el porcentaje de montos en mora temprana está bajando. Este fenómeno presagia que el índice de cartera irregular podría estar alcanzando su máximo y que comenzaría a revertirse en los próximos meses”, apuntó el informe. La mora temprana tocó un pico de 6% pero en los últimos dos meses cayó a poco más de 4 por ciento.

Un punto central es que esas señales de mejora no provienen de un freno al deterioro de los ingresos ni a una mayor puntualidad en los pagos de las familias, sino a que los bancos están tomando más precauciones. La morosidad encuentra un techo porque los bancos, por distintas vías, comienzan a poner un freno a la colocación de créditos a un público más riesgoso.
Esta tendencia de mejora en los tramos cortos de mora se sustenta en tres pilares estratégicos que los bancos pusieron en marcha. El primero es la depuración de carteras, para sanear sus activos. El segundo es la concentración del riesgo, que hace que “las nuevas ofertas de crédito se han enfocado estrictamente en perfiles de menor riesgo”.
El tercer factor mencionado por Bastien Consultores es que los bancos hicieron más eficiente la gestión de cobranza y reforzaron “las acciones de recuperación en los primeros días de atraso”.
Las señales de mejora no provienen de un freno al deterioro de los ingresos ni a una mayor puntualidad en los pagos de las familias
El Banco Central lanzó una medida clave en este último terreno: desde agosto, los bancos podrán volver a cobrar las cuotas de sus préstamos en forma automática debitando de las cuentas del cliente. Para evitar abusos, los bancos podrán hacer un primer débito y, si no hubiese fondos suficientes, tendrán dos intentos más a las 48 y 96 horas.
Resalta el informe de marras: “Estos guarismos son promedios del sistema financiero y ocultan situaciones muy diversas según el tipo de entidad o segmento”.
El escenario del crédito para los próximos meses podría mejorar para los bancos aunque no para los hogares. Si los datos de la “mora temprana” finalmente se convierten en un menor índice de irregularidad, será gracias a la oferta y no a la demanda. Dicho de otro modo, será porque los bancos prestan menos y cobran mejor, no porque las familias estén en mejores condiciones para tomar préstamos y devolverlos con puntualidad.
La evolución del crédito para personas físicas se ajusta a ese escenario. En el comienzo del año, los préstamos para el consumo se estancaron. Después de haber tenido un buen desempeño en 2024, en el que fueron un factor clave en la recuperación de la economía en el segundo semestre, en 2025 fueron perdiendo impacto.
Los préstamos personales y las tarjetas de crédito dejaron de crecer y son el epicentro del crecimiento de la morosidad. A su vez, el crédito bancario en la Argentina funciona a dos velocidades: el pobre desempeño de los préstamos al consumo se contrapone con el crédito hipotecario que sigue mostrando, por el momento, números en verde.
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El dólar baja y está a su mayor distancia del techo de la banda de flotación en 8 meses: causas y perspectivas

La cotización del dólar mayorista cerró la semana en un nivel que marca la mayor diferencia frente al techo de la banda cambiaria en ocho meses. La distancia entre el valor efectivo del tipo de cambio y el límite superior definido por el Banco Central resulta un dato central para el mercado y para la política monetaria en un contexto de alta inflación y volatilidad internacional.
El tipo de cambio mayorista finalizó la semana en $1.396,50, mientras que el límite superior de la banda de flotación se ubicó en $1.627,97. Esto implica un margen de 14,2% por debajo del máximo de intervención para forzar ventas del BCRA, según la serie del entidad monetaria. El dólar minorista terminó a $1.420 y el dólar blue se situó en $1.415. En los mercados financieros, el dólar MEP cerró en $1.418,15 y el contado con liquidación (CCL) en $1.465,76 por unidad.
Esta brecha entre el precio de la moneda estadounidense y el techo de la banda cambiaria se amplió de forma sostenida a lo largo de las últimas semanas.
El seguimiento de la evolución diaria de la banda muestra que el límite superior subió desde $1.529,03 al inicio de enero hasta $1.627,97 al 13 de marzo, mientras que el dólar mayorista mostró una tendencia opuesta en las últimas semanas.
El tipo de cambio durante la semana el tipo de cambio oficial intentó superar los $1.400, pero las ventas en el mercado de futuros lograron mantenerlo por debajo de ese umbral (Outlier)
Un informe de la consultora Outlier destacó que “el tipo de cambio durante la semana el tipo de cambio oficial intentó superar los $1.400, pero las ventas en el mercado de futuros lograron mantenerlo por debajo de ese umbral y terminó en mínimos”.
Según este análisis, la dinámica de ventas en el mercado de futuros que se registraron el jueves resultó clave para frenar cualquier avance del dólar por encima de ese valor.
Además, los analistas de Outlier apuntan que “las ventas en ese mercado se acrecentaron cuando el spot (contado) cruzaba los $1.400 por dólar y, a pesar de las subas en la tasa de interés implícita (también pueden estar correlacionadas con las subas en otros mercados), refuerzan la impresión de una participación intensa del BCRA en las operaciones”.
Según Outlier, además del price action y los movimientos de las tasas de interés implícitas, se observó un “incremento acumulado de interés abierto en futuros de unos 418.407 contratos”, una conducta que la consultora vincula a la preocupación por los datos de inflación del primer bimestre de 2026.
Desde Portfolio Personal Inversiones (PPI), el análisis coincidió al afirmar: “El tipo de cambio oficial profundizó la baja aun en un contexto de fortalecimiento del dólar a nivel global”.
PPI remarcó: “El spot cayó en la semana hasta $1.396. Resulta un fenómeno inusual, sobre todo porque se da en un contexto internacional donde el dólar se fortalece y las monedas de los principales socios comerciales de Argentina pierden valor”.
El spot cayó en la semana hasta $1.396. Resulta un fenómeno inusual, sobre todo porque se da en un contexto internacional donde el dólar se fortalece y las monedas de los principales socios comerciales de Argentina pierden valor (PPI)
Outlier subrayó: “Lo llamativo de la falta de flexibilidad en la decisión de sostener el tipo de cambio en torno a $1.400, que no es nueva y que probablemente se justifique internamente en los malos datos de inflación del primer bimestre de 2026, es que en esta oportunidad se está combinando con un fortalecimiento global del dólar, en general, y un significativo debilitamiento de la moneda de nuestros socios comerciales, en particular”.
El informe advirtió que el ritmo de apreciación del tipo de cambio real multilateral asociado a esa decisión -ya era significativo por el lado de los diferenciales de inflación local-, ahora se incrementó mucho más.
PPI aportó: “En el mercado de futuros de dólar de A3, el interés abierto volvió a aumentar, aunque a un ritmo más moderado (…) en los tres primeros días de la semana el interés abierto acumuló un aumento de USD 285 millones”.

Un reporte del centro de análisis IEB Research contextualizó el escenario internacional y la presión inflacionaria. La apreciación del dólar frente a las principales monedas del mundo y la persistencia de una inflación elevada en Argentina generaron condiciones complejas para la política cambiaria.
Los expertos de IEB Research destacaron que “el fortalecimiento global del dólar y los diferenciales inflacionarios locales incrementan la presión sobre el tipo de cambio real, lo que obliga al BCRA a sostener su estrategia de intervención para evitar movimientos bruscos en la cotización”.
El fortalecimiento global del dólar y los diferenciales inflacionarios locales incrementan la presión sobre el tipo de cambio real, lo que obliga al BCRA a sostener su estrategia de intervención (IEB)
El impacto de la intervención oficial también se reflejó en las compras de reservas. El BCRA acumuló compras por USD 3.253 millones en lo que va de 2026, de las cuales USD 541 millones corresponden a marzo. Sin embargo, el promedio diario de compras este mes (USD 62 millones) resultó inferior al de febrero (USD 86 millones), aunque superó el de enero (USD 55 millones).
El mercado proyectó que el tipo de cambio mayorista llegaría a $1.409 a fines de marzo, mientras que para fines de abril el techo de la banda cambiaria se ubicará en $1.703,22 según la serie oficial. Esto implica que, aun con una eventual suba del dólar, el margen con el límite superior seguirá siendo amplio en el corto plazo.
Outlier advirtió que “en una flotación sucia lo lógico sería acompañar el movimiento externo y, en todo caso, intentar amortiguarlo. Con lo cual, habrá que seguir de cerca los acontecimientos y tomar los recaudos del caso”.
El análisis sugiere que “la falta de flexibilidad cambiaria por parte del BCRA puede volverse cada vez más onerosa“ si persisten las condiciones actuales en los mercados internacionales y la inflación local se mantiene elevada.
PPI consideró que el BCRA podría estar incrementando su posición short en futuros para ofrecer cobertura cambiaria al mercado en un contexto de mayor volatilidad internacional.
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