ECONOMIA
Alarma en la balanza comercial: vuela la importación para el consumo y no alcanzan los dólares

Los indicadores de comercio exterior confirmaron los temores del mercado: que por más que el Banco Central haya recibido una inyección de u$s12.000 millones del FMI, no hay motivos para relajarse en el plano cambiario. Más bien al contrario, cada vez se pone más en duda el optimista pronóstico que había realizado el gobierno en su proyecto de presupuesto, donde preveía un holgado superávit de u$s20.000 millones.
El saldo comercial del mes fue de apenas u$s204 millones, con lo cual el acumulado del primer cuatrimestre es de u$s1.265 millones. Ya las cifras de por sí resultan preocupantes, porque aun con el aporte de la exportación agrícola de los próximos meses resultará difícil que se pueda compensar esa tendencia negativa.
Primero, porque la cuenta corriente registra una creciente salida de capitales en el rubro servicios -sólo por turismo y compras en el exterior se están yendo u$s700 millones al mes, una cifra que hace recordar años récord de turismo emisivo, como 2017 y 2022-.
Pero además, porque cuando se pone la lupa sobre cómo se componen las exportaciones e importaciones, también se encienden alarmas.
En cuanto a las compras, es cierto que la recuperación es una condición necesaria para que la economía retome el crecimiento. Es sabido que entre los economistas argentinos es aceptada la «regla del tres a uno», que implica que por cada punto del PBI que crece la economía, se necesita que las importaciones suban tres.
Esto se ha justificado históricamente con el argumento de que las industrias locales necesitan la importación de bienes de capital, insumos y componentes que ayuden a sostener la producción. Por eso, hace un año los economistas miraban con preocupación el hecho de que el superávit comercial del que se enorgullecía el gobierno se lograra sobre la base de un desplome importador.
¿Quién financiará las importaciones?
Este año ocurre la situación opuesta, ya que las importaciones crecen seis veces más rápido que las exportaciones. Y, siguiendo la «regla del tres a uno» la tasa de 35,7% de suba interanual de las importaciones seria compatible con una economía que crece en torno de 10% -el doble de lo que proyecta el mercado-.
Pero aquí hay que hacer un paréntesis. Porque esa importación no está liderada por los rubros que utilizan las empresas argentinas para incrementar su producción. Más bien, al contrario, el rubro de mayor crecimiento es el de bienes de consumo final, que crece a una espectacular tasa de 77%.
Y estos números son hasta abril, por lo que todavía no reflejan plenamente el proceso de apertura comercial que está implementando el gobierno, como las medidas de rebaja arancelaria para celulares y productos de tecnología.
Cuando se observa la porción de las importaciones totales que se destinan a los bienes de consumo, ya alcanzan el 15%. Si a esta categoría se le suma de la de autos terminados, entonces ocupan un 21% del total, el doble de lo que se registraba hace dos años.
Y es ahí donde surge la pregunta inevitable: ¿cómo se financiará esa avalancha importadora destinada al consumo? En principio, lo que resulta claro es que los dólares del FMI están vedados para ese propósito, ya que su sentido principal no es el saneamiento del balance del Banco Central y no la compra de celulares importados.
En teoría, si se cumplieran las proyecciones realizadas por Toto Caputo y su equipo, no debería haber inconveniente en que con los propios recursos de la economía argentina se pueda financiar estas compras, dado que la balanza de bienes más la de servicios debería dejar un robusto superávit de u$s20.000 millones.
Sin embargo, en el mercado hay un escepticismo cada vez mayor sobre esas cifras. Más bien, las proyecciones apuntan a que la cuenta corriente deje un déficit de u$s8.000 millones, sobre todo por el rojo en el rubro servicios.
¿Con el petróleo no alcanza?
Y en la balanza comercial la situación no es mucho mejor. Ocurre que si hoy no hay déficit es gracias al cambio de signo del rubro energético, que pasó de significar un motivo crónico de déficit a uno de los nuevos aportantes de divisas. Es decir, gracias al aumento en la exportación petrolera y a la reducción en la compra de gas, por el avance en las obras de infraestructura gasífera y por las mejoras de productividad de Vaca Muerta.
De hecho, si no fuera por el rubro energético, ya se habría acumulado en el año un resultado comercial negativo por u$s1.419 millones.
Sin embargo, la apuesta a que la energía sea la salvadora en el desbalance de las divisas puede tener sus riesgos. Para empezar, porque si bien Argentina ha disminuido notablemente su dependencia del gas licuado que llega en buques –en 2022 llegó a representar un 16% del total importado-, eso no significa que la necesidad de importar haya desaparecido.
De hecho, se prevé que en los meses invernales haya un incremento, porque la red de transporte por caño todavía no permite que corra la cantidad suficiente de gas en el invierno, cuando se produce los picos de mayor demanda hogareña. Es así que se prevé para los próximos meses la salida de más de u$s600 millones, más que duplicando el promedio mensual registrado en lo que va del año.
Podría pensarse que esta situación se compensará con creces por el incremento de la exportación petrolera, que sigue creciendo a toda velocidad. Sin embargo, también aquí hay una serie de advertencias: el rubro petrolero se está viendo impactado por los cambios a nivel geopolítico, y en un sentido perjudicial para Argentina.
Por causa del «efecto Trump» los precios están cayendo. De hecho, este es un efecto buscado deliberadamente por el presidente estadounidense, quien ya cuando estaba en campaña había prometido una baja en el precio de las naftas, para compensar la inflación que podría producirse en otros rubros.
Y a su famoso lema «drill, baby, drill» que pronunció en su discurso de asunción, se suma ahora el incremento en las cuotas de producción de la Organización de Países Productores de Petróleo (OPEP), que ya el año pasado había generado un excedente de más de casi un millón de barriles diarios por su aumento en la producción.
Hace algunas semanas el precio internacional del barril tocó un mínimo de u$s56, el valor más bajo desde la pandemia, y actualmente oscila en torno a u$s60. Esto ocurrió luego de que Arabia Saudita, que lidera la estrategia de la OPEP, decidiera acelerar la producción, de manera que la oferta de crudo podría incrementarse en hasta 2,2 millones de barriles diarios hacia el último trimestre de este año. El anuncio implica no sólo que este país subirá su producción sino que, además, aplicará sanciones a otras naciones petroleras que se mostraban renuentes a subir su cuota.
El impacto en Argentina ya se sufre con claridad: en abril se aumentó el volumen exportado en comparación con el de hace un año. Sin embargo, los precios sufrieron un desplome de 14%. El resultado: los u$s851 millones que ingresaron por el petróleo argentino implican una caída de 10% respecto de lo que había entrado hace un año.
Mientras tanto, la soja
Como siempre, queda la expectativa de que la cosecha agrícola termine arreglando los problemas, con su aporte de u$s30.000 millones en el año. Pese a los temores iniciales por la falta de agua en algunas regiones del país, finalmente las proyecciones mejoraron y se espera una cosecha que supere en 9% la del año pasado. Pero esto, claro, es hablando en volumen.
La situación cambia cuando se consideran los precios porque también aquí se siente el cambio en la situación geopolítica, que se refleja en un empeoramiento en los precios globales.
La soja, principal producto de exportación, sigue en el entorno de u$s380 la tonelada, y sin muchas expectativas de mejora. En cambio, hace un año, la tonelada de soja cotizaba a u$s450, y en 2023 superaba los u$s530.
La expectativa del gobierno es que durante mayo y junio acelerarán las ventas, porque los productores querrán aprovechar la ventana de oportunidad en que las retenciones serán menores. Sin embargo, este hecho de por sí no asegurará un cambio de actitud de los productores, que siguen con mucho stock en los silobolsas, atentos a cualquier movimiento del mercado cambiario.
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ECONOMIA
7 de cada 10 trabajadores consideró renunciar por tener una mala relación con su jefe, según un estudio

El vínculo entre los empleados y sus superiores directos se ha consolidado como un factor crítico para la retención de personal en el mercado laboral argentino. Según la última edición del estudio Líderes o Jefes realizado por la plataforma de empleo Bumeran, el 73% de los trabajadores en el país consideró abandonar su puesto de trabajo debido a una relación deficiente con su jefe.
Esta cifra, aunque elevada, muestra un descenso de cuatro puntos porcentuales en comparación con los resultados obtenidos en 2025, cuando el 77% de los encuestados manifestaba haber tenido esa intención. El informe, que contó con la participación de 3.081 trabajadores y especialistas en Recursos Humanos de la región, revela que casi la mitad de los empleados en Argentina (49%) mantiene una percepción negativa sobre sus superiores: un 26% califica la relación como regular y un 23% directamente como mala.
Federico Barni, CEO de Bumeran, señaló que estos resultados confirman que el vínculo con el liderazgo es hoy un factor determinante para la permanencia y el bienestar de las personas. “Nos sugiere que actualmente existe una necesidad urgente de transformar el rol del liderazgo, de modo de potenciar y motivar el crecimiento de los equipos”, explicó el ejecutivo.
El informe desglosa las causas que alimentan la percepción negativa de los trabajadores hacia quienes ocupan cargos jerárquicos. Entre aquellos que califican su relación con el jefe como regular o mala, el 50% identifica la falta de reconocimiento como el principal problema.

A este factor le siguen la falta de escucha ante las necesidades del equipo, mencionada por el 48% de los consultados, y la ausencia de confianza del superior hacia su personal o el resto del equipo, señalada por un 47 por ciento. Estas deficiencias en el trato diario y en la gestión del capital humano impactan directamente en la valoración del jefe como figura de autoridad: el 59% de los talentos argentinos no considera que su superior sea un verdadero líder.
En términos comparativos, Argentina se posiciona como el segundo país de la región con la percepción más crítica sobre el liderazgo de los jefes, solo superado por Chile, donde el 65% de los trabajadores no identifica a sus superiores como líderes. Le siguen Panamá con un 54%, Perú con un 53% y Ecuador, que registra el nivel más bajo de insatisfacción con un 46%.
La problemática no solo es percibida por los empleados, sino que es validada por los expertos en gestión de personal. El 44% de los especialistas en Recursos Humanos en Argentina califica el liderazgo dentro de sus organizaciones como “deficiente”. Este dato marca un deterioro significativo respecto a 2025, cuando el porcentaje de percepción negativa por parte de los expertos era del 31 por ciento.
A pesar de que el 98% de estos profesionales coincide en que es fundamental para el funcionamiento de una organización que los cargos jerárquicos sean ocupados por buenos líderes, las acciones para revertir las deficiencias parecen ser limitadas. El 66% de los responsables de Recursos Humanos informó que sus empresas no implementan estrategias específicas para ayudar a desarrollar habilidades de liderazgo en sus cuadros directivos.
En los casos donde sí se detectan problemas de liderazgo persistentes, las organizaciones suelen recurrir a medidas drásticas. El 50% de los especialistas indicó que explora alternativas como la reasignación de roles, cambios en la estructura o incluso la terminación del empleo. Por otro lado, un 44% opta por crear planes de desarrollo específicos o mantener conversaciones con el superior para señalar áreas de mejora.
El estudio también indagó sobre las características que los empleados consideran indispensables en un superior. El 64% de los encuestados destacó que la cualidad más valorada es que el jefe escuche las necesidades de los miembros del equipo. En segundo lugar, el 60% señaló la importancia de que contribuya al crecimiento personal y profesional del personal, mientras que un 57% priorizó que sea una persona comunicativa.

Paradójicamente, la mayoría de los trabajadores argentinos cree poseer las condiciones para mejorar esta situación desde adentro. El 81% de los consultados considera que tiene las cualidades necesarias para convertirse en líder, y un 84% manifestó que le gustaría tener la oportunidad de desempeñar ese rol.
Las motivaciones para aspirar a un cargo de jerarquía están centradas en el cambio cultural: el 65% de quienes desean liderar lo harían para mejorar las condiciones laborales y el ambiente de trabajo para todos, y un porcentaje idéntico lo haría para guiar y apoyar a otros en su desarrollo profesional.
Para los especialistas en Recursos Humanos, el éxito de un buen líder es fácilmente identificable a través de indicadores concretos. El 74% afirma que se distingue por el clima de trabajo que genera en su equipo, el 70% por el aumento en la satisfacción y el compromiso de los empleados, y un 66% por los resultados operativos que obtienen sus equipos de trabajo.
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ECONOMIA
La inflación en la Ciudad desaceleró al 2,6% en febrero, si bien tuvo una fuerte suba en alimentos

El Índice de Precios al Consumidor de la Ciudad de Buenos Aires (IPCBA) registró en febrero un aumento del 2,6%, lo que representó una desaceleración respecto del 3,1% observado en enero, según el informe difundido por el Instituto de Estadística y Censos porteño.
Con este resultado, la inflación acumulada en el primer bimestre del año alcanzó el 5,7%, mientras que la variación interanual se ubicó en 32,4%.
El dato de la Ciudad suele ser seguido con atención porque funciona como un anticipo de la tendencia del índice nacional, que será publicado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) en los próximos días.
Vivienda lideró los aumentos del mes
La dinámica de precios en febrero estuvo impulsada principalmente por cinco divisiones que superaron el promedio general: vivienda, seguros y servicios financieros, alimentos y bebidas no alcohólicas, salud y equipamiento y mantenimiento del hogar.
El rubro Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles fue el que mayor incidencia tuvo en el índice, con una suba del 5,9%. El informe atribuyó este comportamiento al incremento de los gastos comunes vinculados a la vivienda, así como a actualizaciones tarifarias en electricidad y gas y a subas en los valores de los alquileres.
También registraron aumentos significativos los seguros y servicios financieros, que subieron 5%, mientras que equipamiento y mantenimiento del hogar avanzó 3,1%.
Por su parte, el rubro salud aumentó 3%, impulsado principalmente por ajustes en las cuotas de la medicina prepaga, que tuvieron un impacto directo en la evolución de esta división.
Alimentos se ubicaron por encima del promedio
El rubro Alimentos y bebidas no alcohólicas registró un incremento del 2,9%, ubicándose 0,3 puntos porcentuales por encima de la inflación general del mes.
Dentro de esta categoría, el mayor impulso provino de carnes y derivados, cuyos precios aumentaron 7,3% durante febrero.
También se registraron subas en otros productos básicos, entre ellos:
Pan y cereales, con un incremento del 1,9%
Leche, productos lácteos y huevos, con una suba del 1,8%
Estas alzas fueron parcialmente compensadas por bajas en algunos productos frescos. En particular, las frutas cayeron 2,1% y las verduras, tubérculos y legumbres retrocedieron 1,1%, lo que contribuyó a moderar el aumento del rubro.
En total, alimentos aportó 0,50 puntos porcentuales al nivel general del índice.
Servicios financieros, comunicación y restaurantes
Otros sectores de servicios también registraron incrementos durante febrero.
El rubro Información y comunicación subió 2,4%, impulsado por aumentos en los servicios de comunicaciones agrupados y en la telefonía móvil.
Por su parte, Restaurantes y hoteles registró una variación del 1,5%. El informe señaló que la suba estuvo asociada a los precios de alimentos preparados en restaurantes, bares y casas de comida. No obstante, la caída en las tarifas de alojamiento turístico contribuyó a moderar el impacto del rubro.
Entre las divisiones con menor incidencia, Educación aumentó 1,7% y Recreación y cultura apenas 0,1%.
Dos rubros mostraron comportamientos distintos al resto: Transporte registró una baja del 0,4%, mientras que Prendas de vestir y calzado se mantuvo sin cambios durante el mes.
Diferencias entre bienes y servicios
El informe también analizó la evolución de bienes y servicios, dos componentes centrales del índice de precios.
Durante febrero:
Los bienes aumentaron 1,9%
Los servicios subieron 3%
El incremento en bienes estuvo vinculado principalmente a los alimentos —en especial las carnes—, además de aumentos en combustibles y lubricantes para vehículos y medicamentos.
En el caso de los servicios, el mayor peso estuvo en los gastos comunes de la vivienda, las tarifas de electricidad y gas, los alquileres y los precios en restaurantes y casas de comida.
Sin embargo, la baja en pasajes aéreos, alojamiento en hoteles y paquetes turísticos contribuyó a moderar el aumento del sector servicios.
En los dos primeros meses del año, los bienes acumularon una suba del 4,3%, mientras que los servicios aumentaron 6,6%.
En términos interanuales, los bienes registraron un incremento del 26,3%, mientras que los servicios alcanzaron el 36,1%.
Regulados, estacionales e inflación núcleo
El informe también distingue entre distintos tipos de precios.
Los precios regulados, que incluyen tarifas de servicios públicos, transporte y medicina prepaga, aumentaron 4,5% en febrero. El principal aporte provino de las actualizaciones en electricidad, gas, las cuotas de medicina prepaga y el boleto de colectivo urbano.
En términos interanuales, este grupo aceleró su suba hasta el 34,8%, 3,9 puntos porcentuales más que en enero.
Por su parte, la agrupación Resto IPCBA, considerada una aproximación a la inflación núcleo, registró un incremento del 3,1% en febrero, con una variación interanual del 32,9%.
En contraste, los bienes y servicios estacionales mostraron una caída promedio del 6,5%, principalmente por la reducción en los precios de pasajes aéreos, así como por bajas en alojamientos hoteleros y paquetes turísticos.
En la comparación interanual, este componente desaceleró su ritmo de aumento hasta el 21,1%.
Expectativa por el dato nacional
El dato de inflación de la Ciudad es seguido de cerca por analistas y funcionarios porque suele anticipar el comportamiento del índice nacional.
El INDEC difundirá el dato de inflación de febrero en los próximos días, lo que permitirá confirmar si la desaceleración observada en CABA también se refleja en el indicador a nivel país.
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ECONOMIA
La reunión del G7 de ministros de Energía abordará el uso de las reservas estratégicas de petróleo

La reunión del G7 de ministros de Energía abordará este martes las reservas estratégicas de petróleo, anunció la titular del ramo francesa y portavoz del Gobierno de Francia, Maud Bregeon, cuyo país ejerce la presidencia de turno del club de los países más ricos.
Francia quiere volver a discutir con las grandes potencias económicas una posible liberación de reservas estratégicas de petróleo para reducir los precios en las gasolineras, según la ministra.
“Nuestra responsabilidad es hacer todo lo posible para reducir los precios (…) Eso es lo que propondremos esta tarde con (el ministro de Economía) Roland Lescure en el marco de la reunión del G7 sobre Energía para avanzar en la liberación de las reservas de petróleo”, declaró Bregeon a la televisión France 2.
Esta reunión extraordinaria de ministros de Energía sigue a la celebrada la víspera con titulares de Finanzas, que presidió Lescure y que terminó con la disposición de sus participantes a adoptar “todas las medidas necesarias” para estabilizar los mercados de hidrocarburos, incluida la posibilidad de recurrir a las reservas estratégicas.

Al anunciar ayer la reunión de hoy, el presidente francés, Emmanuel Macron, señaló la voluntad de su país de trabajar “en temas energéticos, que son extremadamente importantes, y en temas económicos” para “lograr una estrecha coordinación en el G7”.
Esta reunión se celebrará al margen de la reunión de alto nivel sobre energía nuclear de uso civil organizada este martes en París por Francia y la Agencia Internacional de la Energía, aunque las autoridades francesas no han precisado si será presencial, por videoconferencia, como el G7 de Finanzas celebrado este lunes, o híbrida.
La llamada cumbre sobre la energía nuclear de uso civil, que sigue a la primera celebrada el año pasado en Bruselas, se celebra en un momento de crisis energética por la guerra en Oriente Medio y justo cuando se cumplen 15 años del desastre nuclear de Fukushima (Japón).
Fuentes de la presidencia francesa destacaron que esta cita servirá para reivindicar la energía nuclear civil como una fuente válida para “descarbonizar” la economía y para dotar de soberanía energética a Europa.

Francia busca ampliar la alianza europea en favor de la energía nuclear para usos civiles, actualmente con 16 miembros de la UE, en una reunión de alto nivel que se celebra el 10 de marzo en París, informaron fuentes del Elíseo.
La interrupción del tráfico en el estrecho de Ormuz, canal por el que transita cerca del 20% del petróleo y gas a nivel mundial, ha provocado notables alteraciones en los precios internacionales de las materias primas energéticas y agudizado la incertidumbre en los mercados bursátiles.
De acuerdo con la información publicada por el medio de referencia, el estrecho permanece como una vía esencial para las exportaciones energéticas de Arabia Saudí, Irak, Kuwait, Qatar, Emiratos Árabes Unidos e Irán, sin alternativas logísticas de relevancia.
Este cuello de botella estratégico intensificó su protagonismo tras el reciente ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra objetivos iraníes, según consignó la fuente, lo que situó nuevamente la posibilidad del cierre de Ormuz en el centro del debate económico internacional y encendió las alarmas sobre las repercusiones que una interrupción prolongada podría acarrear en el abastecimiento global de recursos energéticos.
(con información de EFE)
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