ECONOMIA
Alimenticias en crac: otro emblema de la lechería se suma a la crisis de SanCor y ARSA

Las alimenticias atraviesan una instancia de crisis cada vez más profunda y, dentro de ese grupo, varias de las principales lácteas de la Argentina se ubican entre las empresas más complicadas en términos comerciales y financieros. SanCor transita este momento de mayo con la incertidumbre de no saber qué ocurrirá con su concurso de acreedores, mientras que La Serenísima sigue expectante ante el tire y afloje que vienen promoviendo Arcor, Danone y la familia Mastellone. Por su parte, La Lácteo y ARSA experimentan un drama económico sin solución inmediata. Esta semana, a esos nombres se sumó el de Verónica, que cayó en un freno productivo a partir de medidas sindicales derivadas de la falta del pago completo de los salarios y la retención de aportes sociales.
La empresa dejó de producir hace poco más de una semana como consecuencia de una medida de protesta promovida por el gremio ATILRA que redundó en la parálisis de las actividades en las plantas que la firma posee en Totoras, Lehmann y Suardi, todas en Santa Fe.
Este mes, Verónica cubrió apenas el 30% de los salarios de sus 700 empleados. Fuentes cercanas a la firma señalan, también, que la cúpula de la compañía acumula dos años de efectuar retenciones a los montos que corresponden a las obras sociales y los aportes previsionales.
La compañía arrastra una crisis financiera que ahora ya se evidencia en la falta de fondos para cubrir los sueldos. Según revisó iProfesional en la base de deudores del Banco Central (BCRA), Verónica acumula 107 cheques rechazados en lo que va del año, con un monto total del orden de los 344,5 millones de pesos.
En el ámbito de la lechería afirman que la compañía ostenta una deuda financiera del orden de los 9.000 millones de pesos.
La falta de espalda financiera para sostener una producción a gran escala queda a la vista, también, si se toma en cuenta que hace menos de tres años la marca procesaba a razón de 1 millón de litros de leche diarios y en la actualidad apenas si llega a los 200.000.
Ante el incumplimiento con los salarios, los operarios alineados con ATILRA activaron una «retención de crédito laboral«, esto es, los trabajadores se presentan en las plantas pero no efectúan actividad alguna a la espera de que Verónica cancele las deudas de sueldos y regularice las contribuciones sociales.
En el transcurso de este miércoles, directivos de la empresa láctea y representantes de sus empleados se reunirán en el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social de la provincia de Santa Fe para discutir un eventual acuerdo.
ARSA, otra de las lácteas en crisis profunda
La crisis en Verónica ocurre a escasos días de que Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA) frenó por completo su producción por el lapso de un mes.
La dueña de marcas por demás de conocidas como Yogs y Shimy se encuentra bajo concurso de acreedores y, en simultáneo a la merma en las ventas que padece todo el sector, el mal momento que sacude a la empresa también guarda relación directa con dos actores con incidencia directa en el destino financiero y comercial de la láctea: el gremio ATILRA y la cerealera Vicentin.
Si bien en la actualidad el gerenciamiento de la compañía corre por cuenta del grupo venezolano Maralac, ligado a La Suipachense, lo cierto es que las dificultades económicas y judiciales que golpean a Vicentin repercuten de lleno en la operatividad de ARSA.
En ese sentido, fuentes cercanas a la láctea explicaron a iProfesional que Vicentin es tanto el principal accionista como acreedor de la misma ARSA.
A la incidencia de ese primer factor hay que agregarle el peso del gremio ATILRA, que desde 2024 a esta parte viene intensificando la presión en un intento por ejercer el control de las labores dentro las plantas de ARSA en Córdoba y Arenaza, en la provincia de Buenos Aires.
En diciembre del año pasado, y por poner un ejemplo de las acciones promovidas por el sindicato, la Justicia Federal hizo lugar a un pedido de ATILRA y ordenó un embargo de $83 millones contra la empresa por deudas con la obra social del gremio.
«Con el embargo que pidió a la Justicia, ATILRA le paralizó la caja a ARSA. Se embargaron los pagos de las cuentas de proveedores como las grandes cadenas de supermercados. Hubo dos meses donde ni siquiera se pudo pagar la luz de las plantas», afirmaron las fuentes consultadas.
La Lácteo, también en un momento de dificultades
Otra firma que situación complicada, y también fuertemente enfrentada con el sindicato, es La Lácteo, con operaciones concentradas también en la provincia de Córdoba. A principios del año pasado, la lechera sufrió un bloqueo por parte de ATILRA que, extendido por un lapso de dos meses, pegó de lleno en la endeble situación financiera de la compañía.
El conflicto redundó en la pérdida de proveedores, una caída en la comercialización por demás de pronunciada, y la merma en los fondos para cubrir los salarios. Al día de hoy, la operatividad de la empresa sigue comprometida y La Lácteo continúa haciendo esfuerzos por recuperar su caudal de producción.
Dada la dificultad para hacerse con financiamiento fresco, y mientras hace malabares para cubrir los sueldos, la cúpula de la compañía mantiene el diálogo con otra láctea, esto es, la santafesina La Ramada, que según medios como Bichos de Campo, podría hacerse con el 50% de las acciones de La Lácteo.
¿En qué situación se encuentra SanCor?
Mientras tanto, siguen los interrogantes respecto de qué ocurrirá con el futuro de SanCor, otro de los emblemas de la lechería nacional.
El 29 de este mes vence el plazo para que los acreedores de la láctea presenten la documentación requerida para verificar créditos. Lo que sigue a esa instancia será delimitar el pasivo de la unión de cooperativas. Se estima que SanCor debe al menos 400 millones de dólares.
Mientras tanto, la compañía prácticamente desapareció de la escena comercial. Su nivel de procesamiento es el más bajo del que se tenga registro: se ubica por debajo de los 60.000 litros diarios, una sombra de los 4 millones constatados en sus mejores épocas.
La compañía sigue adelante con la reducción de su plantel de trabajadores y, a través de jubilaciones, despidos y retiros voluntarios, achicó el número de empleados de 1.350 a 850 en el lapso de un año.
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ECONOMIA
El Gobierno enfrenta el desafío de mantener el crecimiento logrado

Durante la primera mitad del mandato de Javier Milei se logró esquivar una hiperinflación inminente, ejecutar correcciones económicas y políticas de fondo, y alcanzar una buscada estabilidad en el proceso.
Estas medidas permitieron reencauzar la dinámica macroeconómica hacia una trayectoria de crecimiento después de quince años.
El cambio de paradigma fiscal se consolidó como núcleo del actual modelo de gestión: el equilibrio en las cuentas públicas eliminó la dependencia de la emisión para financiar gastos como salarios y jubilaciones, sustentando ahora esas erogaciones con la recaudación impositiva.

Esto facilitó un proceso histórico de desinflación que redujo la inflación desde máximos de más de treinta años hasta mínimos en ocho años.
Paralelamente, se avanzó con el cumplimiento del programa financiero y de las promesas de campaña -como la remoción del control cambiario, la eliminación de la brecha y el Impuesto PAIS, y la reducción de retenciones lo que impulsó una mejora reputacional visible en la caída del índice de riesgo país de más de 2.700 puntos básicos en la administración de Alberto Fernández hasta 600 pb en la actualidad. También es el nivel más bajo en ocho años.

Dudas sobre la continuidad de la mejora económica
El proceso de normalización tuvo una pausa: la mejora sostenida de los niveles de actividad, salarios y reducción de la inflación desde mediados de 2024 se detuvo a finales de 2025. Esta interrupción generó interrogantes sobre la trayectoria futura: ¿continuará mejorando la situación en los próximos veinte meses, o la fase de recuperación ya concluyó?
La incertidumbre sobre el rumbo económico se acentuó con el repunte de la inflación. Luego de alcanzar un mínimo de 1,5% en mayo de 2025, el índice subió a 2,9% en febrero de 2026. A pesar de que la inflación minorista pasó del 211% anual en 2023 al 31% en 2025 y la mayorista del 274% al 26%, en los últimos tres trimestres se observó una aceleración inflacionaria.
La incertidumbre sobre el rumbo económico se acentuó con el repunte de la inflación
Los procesos de desinflación no son lineales y requieren tiempo prolongado. Israel demoró más de diez años en alcanzar inflaciones de un dígito anual, y Chile, más de veinte. La situación argentina, que partió de una inflación cercana al 300%, difícilmente podía converger a un solo dígito anual en apenas dos años de manera directa y sin sobresaltos.
Obstáculos que ralentizaron el proceso desinflacionario
Existen dos factores principales que hicieron que la inflación no descendiera más rápidamente:
El primero fue el riesgo político durante las elecciones legislativas. El incremento del índice de riesgo país antes de los comicios reflejó el temor a una reversión del actual rumbo económico, lo que generó una caída en la demanda de activos argentinos y de dinero, desatando volatilidad, dolarización de portafolios -el índice de riesgo país subió de unos 650 a 1.400 puntos básicos en solo cuatro meses- y una depreciación del tipo de cambio del 30% en ese período.

Ese episodio quedó superado, al menos hasta el avance de 2027, cuando la incertidumbre electoral vuelva a ser relevante. El segundo obstáculo fue el programa financiero heredado. La deuda pública representaba el 100% del Producto Bruto Interno y el índice de riesgo país estaba por encima de 2.700 pb, junto a la deuda con importadores superaba los USD 50.000 millones que se resolvió utilizando los Bopreal. Hasta ahora, se ha encarado este desafío recurriendo a la colocación de nueva deuda para extender plazos y bajar tasas, y mediante la compra de dólares con fondos provenientes del superávit fiscal primario.
También se monetizó la economía mediante la reducción de los pasivos monetarios de corto plazo (antes llamados leliqs). La emisión de base bajó de un ritmo de 90% interanual a un 36% desde finales de 2023 a la fecha, aunque sigue en valores positivos, lo que contribuye a que la inflación no sea aún menor.

El pago de la deuda y la gestión del tipo de cambio
El Gobierno priorizó la acumulación de dólares y la extensión de plazos de deuda frente a una reducción más acelerada de la inflación. Entre 2026 y 2027, Argentina debe afrontar vencimientos por unos USD 35.000 millones.
El acceso limitado a los mercados voluntarios de crédito obliga a acumular divisas en el Banco Central, apalancado además por las metas de acumulación de reservas acordadas con el FMI.

Reducir la inflación del 300% al 30% era urgente. Bajarla del 30% al 10% corresponde a una etapa de consolidación macroeconómica. Por ello, la administración optó por canjear deuda para extender plazos y reducir cupones, y comprar dólares en el proceso.
La acumulación de dólares también cumple con el objetivo de evitar una apreciación excesiva del tipo de cambio.
Reducir la inflación del 300% al 30% era urgente. Bajarla del 30% al 10% corresponde a una etapa de consolidación macroeconómica
El crecimiento de las exportaciones de energía y agro -con exportaciones récord de USD 87.000 millones en 2025- introduce presión para fortalecer el peso. Esto explica por qué el tipo de cambio se mantuvo en torno a $1.400 durante siete meses pese al aumento estacional de demanda de dólares y a una inflación mensual todavía próxima al 3 por ciento.
Además, la mayor oferta de divisas se proyecta para el segundo trimestre del año producto de la estacionalidad de las exportaciones, lo que sumará presión al tipo de cambio.

Permitir una apreciación pronunciada del peso perjudicaría al sector industrial y a economías regionales menos competitivas que el agro o la energía. Por eso, las compras de dólares actúan como freno de esa dinámica. El costo de esta estrategia es perceptible: la inflación desciende más lentamente, especialmente si continúa la inestabilidad internacional, lo que podría encarecer los combustibles y sumar presión inflacionaria.
La inflación desciende más lentamente, especialmente si continúa la inestabilidad internacional, lo que podría encarecer los combustibles y sumar presión inflacionaria
Otras prioridades del Gobierno incluyen llegar a 2027 con reservas elevadas y un programa financiero robusto. Esto reduce el riesgo de crisis de balanza de pagos y limita la exposición ante la incertidumbre electoral. Llegar con más dólares al período preelectoral se percibe como un factor de tranquilidad para los mercados.
El efecto neto es que la inflación demorará algo más en converger a valores cercanos a un dígito, pero se mantiene la solidez en el saldo de divisas y la estabilidad financiera.

En 2025, la economía creció 4% interanual, acompañada de máximos en consumo privado y actividad económica.
Perspectivas para la segunda mitad del mandato
Se proyecta un ritmo elevado de compra de dólares por parte del Gobierno. En lo que va de 2026 se han acumulado cerca de USD 3.300 millones y, considerando el ciclo favorable de precios de las materias primas y cantidades exportadas, junto a la mayor oferta estacional de divisas en el segundo trimestre, es plausible que la acumulación de reservas supere los USD 8.000 millones antes de terminar la primera mitad de 2026. Esta cifra cubriría una parte relevante de los intereses de deuda de este año.

Respecto a la inflación, la persistencia de tasas cercanas al 3% mensual al inicio de 2026 ubica el pronóstico anual en torno al 25%, por debajo del 31 registrado en 2025, aunque algo por encima de estimaciones previas. Si las condiciones se mantienen constantes, los valores bajarían aún más en 2027.
El superávit primario muestra perspectivas firmes de continuidad hasta el final del actual mandato, lo que marcaría una novedad en la historia fiscal reciente del país.
El superávit primario muestra perspectivas firmes de continuidad hasta el final del actual mandato, lo que marcaría una novedad en la historia fiscal reciente del país
Las exportaciones seguirían creciendo y el superávit comercial se consolidaría.
Los precios internacionales de las materias primas atraviesan una fase especialmente favorable (Bloomberg Commodity Index sube 28% interanual) y los incentivos para producir y exportar se fortalecieron luego de la reducción de retenciones, la eliminación de la brecha cambiaria y la desregulación económica.

Entre las reformas, destacan la eliminación del sistema barril criollo -que fijaba precios locales del petróleo por debajo del internacional- y de la 125 para el sector energético, que imponía retenciones móviles.

Un factor que podría reactivarse es la intermediación financiera: el restablecimiento de préstamos hipotecarios, debido a la caída de la prima de riesgo local y la normalización del sistema bancario, potenciaría el crédito y la actividad económica a partir del segundo semestre de 2026.
En este contexto, la actividad económica mantiene potencial de expansión igual o superior al 3% en 2026 y 2027, sustentada por el desarrollo del agro, la minería, la energía y el sector financiero.
El autor es Economista
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ECONOMIA
Conflictos bélicos e impacto en las inversiones

El conflicto bélico entre Estados Unidos, Israel e Irán volvió a colocar a los mercados financieros frente a un escenario conocido: tensiones geopolíticas que impactan de forma inmediata en los precios de la energía, generan movimientos hacia activos considerados refugio y producen reacciones iniciales de cautela en los mercados accionarios.
El mercado energético es uno de los que reacciona con mayor intensidad ante episodios de conflicto. En los primeros días posteriores a las hostilidades, los precios del petróleo registraron movimientos particularmente volátiles: el Brent llegó a superar momentáneamente los USD 119 por barril, mientras que el WTI mostró subas superiores al 30% en las primeras operaciones, reflejando el aumento del riesgo percibido sobre el suministro global de energía.
La magnitud de la reacción se vincula con la importancia estratégica de la región para el mercado petrolero internacional, en particular el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo consumido a nivel mundial.
Los datos comparativos de distintos episodios recientes muestran que la reacción del petróleo depende en gran medida del riesgo percibido sobre la oferta energética global
Los datos comparativos de distintos episodios recientes muestran que la reacción del petróleo depende en gran medida del riesgo percibido sobre la oferta energética global.
Durante la invasión de Rusia a Ucrania en febrero de 2022, los precios del Brent y del WTI registraron subas semanales en torno al 26%. En la escalada actual entre Estados Unidos, Israel e Irán, el movimiento fue incluso más marcado, con avances de 29,17% en el Brent y 36,92% en el WTI en la semana posterior al inicio del conflicto.

En contraste, cuando los conflictos no implican un riesgo directo para la oferta energética global, la reacción del petróleo suele ser más moderada o incluso negativa.
El ataque de Hamas a Israel en octubre de 2023 se acompañó de caídas cercanas al 6% en el Brent y al 4,5% en el WTI en la semana posterior, mientras que durante el ataque de Irán a Israel en abril de 2024 las variaciones también fueron negativas, con retrocesos cercanos al 4,6 por ciento.
Esta comparación indica que el factor determinante para el mercado energético no es únicamente la existencia de un conflicto, sino su potencial impacto sobre la producción, el transporte o las exportaciones de hidrocarburos.
El factor determinante para el mercado energético no es únicamente la existencia de un conflicto, sino su potencial impacto sobre la producción, el transporte o las exportaciones
Más allá del petróleo, los conflictos geopolíticos suelen provocar movimientos hacia activos considerados refugio. Entre ellos se encuentran el oro, el dólar estadounidense y los bonos del Tesoro de Estados Unidos. El fenómeno es conocido en los mercados como “fuga hacia la calidad” (flight to quality, tendencia de los inversores a buscar instrumentos percibidos como más seguros en contextos de incertidumbre internacional).
Activos refugio: tendencias ante la guerra
En los episodios analizados, el oro mostró subas moderadas en la semana posterior a los eventos geopolíticos. Durante la invasión de Ucrania el metal avanzó cerca de 3,4%, mientras que tras el ataque de Hamas a Israel en octubre de 2023 registró una suba cercana al 4%. En otros eventos recientes las variaciones fueron más acotadas, con movimientos de entre 0% y 2% en los días posteriores al inicio de las hostilidades.
Aunque estos movimientos suelen ser menores que los observados en el mercado energético, confirman el papel del oro como reserva de valor en momentos de tensión.
El dólar estadounidense también tiende a fortalecerse en este tipo de escenarios, impulsado por la demanda global de activos denominados en esa moneda. Sin embargo, las variaciones tienden a ser limitadas: en diversos episodios de tensión geopolítica, el índice del dólar registró apreciaciones generalmente inferiores al 3% en la semana posterior a los eventos.

La reacción de los mercados accionarios resulta más heterogénea. En los primeros momentos de un conflicto, las bolsas tienden a registrar caídas por el aumento de la aversión al riesgo. No obstante, la magnitud de estos movimientos suele ser menor que la observada en el mercado energético.
En los primeros días de la reciente escalada en Medio Oriente, los principales índices bursátiles marcaron retrocesos moderados: las bolsas estadounidenses cayeron cerca de 2,5% en la semana posterior al inicio del conflicto.
Impacto en acciones y sectores estratégicos
La experiencia revela que este tipo de reacciones iniciales suelen moderarse con el paso de los días. A medida que los inversores evalúan el impacto económico real del conflicto y ajustan sus expectativas, los mercados tienden a estabilizarse. En varios episodios recientes, las Bolsas recuperaron parte de las pérdidas iniciales una vez disminuida la incertidumbre sobre la evolución de los acontecimientos.
A medida que los inversores evalúan el impacto económico real del conflicto y ajustan sus expectativas, los mercados tienden a estabilizarse
Dentro del mercado accionario existe un segmento que suele beneficiarse de los conflictos geopolíticos: las empresas vinculadas al sector defensa. Las acciones de compañías como Lockheed Martin y Northrop Grumman registraron subas en la mayoría de los episodios analizados.
Durante la invasión de Ucrania ambas compañías avanzaron cerca de 18% en la semana posterior al inicio del conflicto, mientras que en la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026 las subas fueron de 14,1% y 9% respectivamente.
Incluso en episodios de menor intensidad, como los intercambios de ataques entre Irán e Israel en 2024, estas acciones registraron avances moderados.

Otro mercado que puede mostrar cambios en contextos de tensión geopolítica es el del gas natural. Sin embargo, a diferencia del petróleo, su comportamiento suele ser menos uniforme por la regionalización del mercado.
Durante la invasión de Ucrania el gas natural registró un aumento cercano al 11,8% en la semana posterior al inicio del conflicto, mientras que en otros episodios los movimientos fueron más moderados. En algunos casos incluso se observaron caídas importantes, como ocurrió tras la captura de Nicolás Maduro en enero de 2026, cuando el precio del gas retrocedió cerca del 22 por ciento.
Repercusiones macroeconómicas y respuestas institucionales
Más allá de la reacción inmediata de los mercados, los conflictos que afectan a regiones energéticas estratégicas también generan preocupaciones macroeconómicas más amplias. Un aumento sostenido en los precios del petróleo suele trasladarse a los costos de transporte y producción, lo que puede presionar al alza la inflación global y complicar los procesos de estabilización de precios en distintas economías.
En este contexto, los gobiernos y organismos internacionales suelen evaluar medidas destinadas a estabilizar los mercados energéticos. Entre ellas está la liberación coordinada de reservas estratégicas de petróleo por parte de los países miembros de la Agencia Internacional de Energía, una herramienta utilizada en episodios previos de disrupciones en el suministro global.
Gobiernos y organismos internacionales suelen evaluar medidas destinadas a estabilizar los mercados energéticos. Entre ellas está la liberación coordinada de reservas estratégicas
La sensibilidad de los mercados frente a la evolución de los conflictos también queda reflejada en la reacción a señales políticas. Declaraciones sobre posibles negociaciones o la duración esperada de las hostilidades pueden generar movimientos inmediatos en los precios de los activos. En distintos momentos de la escalada reciente, comentarios sobre un eventual acercamiento diplomático provocaron caídas en el precio del petróleo y recuperaciones en los mercados bursátiles, poniendo de manifiesto el peso de las expectativas en la dinámica financiera.
El análisis de los distintos episodios recientes muestra algunos patrones:
- el petróleo registra fuertes subas cuando se compromete el suministro global energético;
- los activos considerados refugio, como el oro y el dólar, tienden a experimentar subas moderadas asociadas al aumento de la incertidumbre;
- los mercados accionarios presentan reacciones iniciales negativas que, en la mayoría de los casos, se corrigen con el tiempo; y
- el sector defensa es una de las áreas del mercado que suele registrar subas ante este tipo de eventos, reflejando las expectativas de mayor gasto militar.
En el escenario actual, la evolución del mercado energético continúa siendo uno de los principales factores a seguir para evaluar el impacto económico del conflicto en Medio Oriente, y la magnitud de los movimientos recientes en el precio del petróleo pone de relieve la importancia estratégica de la región para el suministro global de energía.
El autor es Analista Económico y director de Focus Market
ECONOMIA
La escasez global de fertilizantes amenaza la producción agropecuaria y el suministro alimentario mundial

En 2025 el campo argentino usó 5 millones de toneladas de fertilizantes, de los cuales 4 millones fueron se importaron. Actualmente, 1 de cada 4 productores de Estados Unidos tiene disponibilidad de fertilizantes para la siembra que se definirá en las próximas dos a tres semanas, dijo la secretaria de Agricultura de ese país, Brooke Rolllins.
En Australia, uno de los grandes exportadores mundiales de granos, en particular de trigo, los productores están recortando el área a sembrar, por la misma razón: falta de fertilizantes, y panoramas parecidos se repiten en productores clave, como la India, Canadá, China. Incluso para los fertilizantes ya producidos, el bloqueo del Estrecho de Ormuz, sigue asfixiando las posibilidades de producción agraria mundial.
Julio Calzada, director de estudios económicos de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), dijo a Infobae: “Más del 50% del suministro mundial de alimentos podría verse afectado por la escasez o falta de fertilizantes”.
Más del 50% del suministro mundial de alimentos podría verse afectado por la escasez o falta de fertilizantes (Calzada)
Un informe de la BCR precisó que en 2025 el 39% de la importación argentina de fertilizantes provino de países del área del Golfo Pérsico, cuyas producciones de gas, urea y amoníaco son claves en la producción granaria del país.

El gas representa el 50% del costo de producción de fertilizantes, la urea, es el insumo “nitrogenado” más importante del campo argentino, clave en la producción de trigo y maíz, y el amoníaco, por su aporte en la producción de “fosfatados”, de peso en el ciclo productivo del agro, de siembra a cosecha.
Impacto en los mercados de granos
Salvo el caso del aceite de soja, la potencial crisis aún no ha tenido un gran impacto en los precios mundiales de los granos. En lo que va de marzo, el precio del grano aumentó 0,9%, aunque acumula un alza del 13,4% en lo que va del año.
El trigo aumentó 4,7% desde que Estados Unidos e Israel iniciaron los ataques a Irán, el 28 de febrero pasado, llegando a una suba del 13,9% en lo que va del año.
El maíz mostró una conducta de precios diferente: aumentó 6,5% en lo que va del mes, pero previamente venía en baja y acumula un aumento del 1,5% desde el inicio del año.
El precio del arroz, otro insumo clave de la dieta alimentaria mundial, tuvo una conducta parecida al del maíz: aunque aumentó 4% desde el inicio de la guerra en el Golfo Pérsico, todavía está 18% por debajo del que era a principios del año.
La demanda no convalidaría
“Sí, leemos y sabemos estas cosas, pero los precios que nos llegan todavía no reflejan esa expectativa”, dijo a Infobae un directivo de una importante cadena de supermercados de la Argentina.
“El sector está mal, es un combo muy complicado; impuestos altísimos, bajo consumo y encima tenemos que competir con cooperativas que no pagan impuestos”, dijo el supermercadista, quien resaltó que –en cualquier caso- la demanda no convalidaría los potenciales aumentos de los que se habla.
El sector está mal, es un combo muy complicado; impuestos altísimos, bajo consumo y encima tenemos que competir con cooperativas que no pagan impuestos (Supermercadista)
Un episodio similar y perspectivas así no se vivían desde el segundo trimestre de 2022, cuando a raíz de la invasión rusa de Ucrania y el inicio de una guerra que ya lleva más de cuatro años la revista inglesa The Economist advirtió sobre una posible “catástrofe alimentaria mundial” debido a un combo mortal de conflicto bélico, escasez de fertilizantes, bloqueo marítimo y restricciones comerciales. Esta lista de causas vuelve a estar vigente en el escenario actual.

Según The Fertilizer Institute, a los agricultores estadounidenses les faltarán unas dos millones de toneladas de urea en esta primavera (boreal).
Perspectivas para el campo argentino y desafíos logísticos
En el caso argentino, es difícil predecir cuánto podría faltar, porque para la siembra de maíz y trigo faltan entre dos y tres meses. Como informó Infobae, las decisiones tienen que tomarse ahora y están en manos de los grandes traders de granos, que compiten por asegurarse “originación” de producto proveyendo el insumo a los productores. Esas decisiones parecen estar demoradas o son difíciles de procesar, porque en este momento quienes compiten por los pocos fertilizantes que hay tienen bolsillos más hondos.
En el caso de conseguirse fertilizantes, al precio que fuere, hay que conseguir y pagar buques, de los que también hay menos disponibilidad y cuyos costos aumentaron cerca del 40 por ciento
Además, en el caso de conseguirse fertilizantes, al precio que fuere, hay que conseguir y pagar buques, de los que también hay menos disponibilidad y cuyos costos aumentaron cerca del 40% desde el inicio del conflicto.
Incógnitas
Se trata de incógnitas clave para la suerte del campo y de la economía en los próximos meses. Es cierto que en un mundo cada vez más fragmentado y geopolíticamente conflictivo Argentina se ofrece como un productor en zona de paz y con rutas de tránsito ajenas a hipótesis de conflicto. Claro que a su vez los problemas de acceso a fertilizantes y el mayor costo de los fletes podrían comprometer el volumen total de producción de un sector que en 2025 fue el origen del 60% de las exportaciones totales del país, más de USD 51.000 millones sobre los poco más de USD 87.000 millones de exportación total.
Incluso si, como en 2022, el mundo logra evitar que la crisis se transforme en hambruna en las regiones más pobres del mundo, Argentina debe cuidarse de que mientras celebra los éxitos y las perspectivas de Vaca Muerta, el actual conflicto no estrangule la producción del campo argentino, la “Vaca Viva”, que seguirá siendo por varios años más el principal aportante de dólares de la economía.
Agricultural Markets,Corporate Events,Europe
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