ECONOMIA
Argentinos baten récords de compra de dólares: Caputo ahora tiene el foco puesto en pasar el verano

La buena noticia: se confirmó que en septiembre, gracias a la reducción de las retenciones al agro, hubo un superávit de cuenta corriente por u$s5.510 millones. La mala noticia: todo ese superávit quedó neutralizado por el apetito dolarizador de los argentinos, que duplicaron su velocidad de compra de billetes verdes.
Por lo que adelantaron los bancos, esa demanda se aceleró incluso en octubre, en medio del nerviosismo pre-electoral. Pero, a diferencia de lo ocurrido en septiembre, ya no hubo un aluvión de dólares provenientes de la exportación de soja.
Las cifras del informe cambiario del Banco Central indican que en el rubro de individuos -excluye empresas- hubo compra de dólares en efectivo por u$s5.080 millones. Los compradores fueron 1,8 millón de ahorristas.
Si se cuenta además otras operaciones de transferencia de divisas en el exterior, los argentinos demandaron u$s7.759 millones, que descontando los ingresos da un resultado neto de u$s6.577 millones. Es una cifra récord desde que se desarmó el cepo para ahorristas en abril pasado. En el acumulado de seis meses, la demanda de capitales por parte de individuos totaliza u$s24.495 millones
Como siempre, el Banco Central hace hincapié en aclarar que no debe confundirse esta cifra con la formación de activos externos -lo que popularmente se conoce como «fuga de capitales»-, dado que la mayor parte de estas compras quedan dentro del sistema financiero argentino.
Pero lo cierto es que comprobó lo que los economistas habían previsto cuando Toto Caputo anunció el «tax holiday» para el agro: que el Tesoro tendría una dura competencia por parte de los ahorristas que querían captar esos dólares extra.
Y, además, quedó desairada la pregunta «¿con qué pesos?», que funcionarios como el ahora canciller Pablo Quirno solían repetir para desestimar el riesgo de una corrida cambiaria, argumentando que el torniquete monetario no dejaría espacio para una dolarización. Quedó en evidencia que había pesos; en cambio no está tan claro si seguirá habiendo dólares.
Un superávit sin festejo
Con los números a la vista, los economistas volvieron a cuestionar la utilidad de medidas para anticipar la liquidación de exportaciones. En particular si, como ocurrió en septiembre, su consecuencia es la resignación de ingresos fiscales por más de $1,5 billón.
«No funcionan igual esas medidas temporales con y sin cepo», argumenta Gabriel Caamaño, director de Outlier, en alusión a las experiencias del «dólar soja» de Sergio Massa, que lograban capturar reservas para el BCRA.
«La demanda privada también busca aprovechar la oportunidad para dolarizarse barato. Y sin cepo, eso pasa por el Mercado Libre de Cambios», explicó.
«Literalmente nos morfamos el superávit de cuenta corriente de un mes hiper extraordinario en compra de dólares», graficó Salvador Vitelli, analista de Romano Group.
El otro número que llamó la atención fue, en la cuenta corriente, la persistencia de muy ata demanda de dólares para turismo y compra de bienes online. Salieron u$s685 millones netos por el gasto de pasajes y compras con tarjetas en el exterior, mientras que otros u$s370 millones se explican por quienes, desde su computadora, aprovechan ofertas de plataformas de venta internacionales. Y lo habitual es que esa demanda por turismo se incremente a medida que se acerca la temporada de vacaciones veeraniegas.
La soja se fue, la demanda sigue
Con ese escenario, la pregunta surge inevitable: si, ya pasado el ingreso masivo de dólares del agro, los argentinos mantienen la demanda por dólares, ¿cómo se financiará?
En una situación de libre flotación cambiaria, el efecto es claro: una demanda que supere la oferta de divisas lleva a una suba en la cotización del dólar. Sin embargo, el gobierno parece decidido a evitar esa situación.
Es un tema de debate intenso por estos días. La mayoría de los economistas -incluyendo los del staff del FMI- parecen estar a favor de que se abandone el actual esquema de banda de flotación. Pero también hay analistas influyentes que opinan en contra.
Por caso, Ricardo Arriazu, «es fundamental que caiga, y que el que especuló en contra pierda, de manera que la próxima vez piense antes de especular». De hecho, el economista apunta que la aparente contradicción entre la caída del riesgo país y el sostenimiento de un tipo de cambio alto sólo se explica por la reticencia del público a desprenderse de los dólares.
Las primeras señales del gobierno, que en la última licitación del Tesoro dejó $4,5 billones sin «rollear», indican que hay una expectativa de aumento en la demanda de pesos. El propio Javier Milei, cambiando el mantra del «ancla monetaria», dijo en una entrevista que, ante una mayor demanda de dinero, se debe inyectar más pesos a la economía, para evitar un enfriamiento de la actividad.
La duda, sin embargo, es si el aumento en la cantidad de pesos irá íntegramente al crédito productivo o si continuará alimentando la vocación por cobertura dolarizada. Y, en contra del optimismo oficial, hay quienes recuerdan que el verano suele ser un momento de crisis cambiaria.
Hay que pasar el verano
La gran esperanza del gobierno es que, dado el contexto internacional favorable, pueda producirse otra ayuda del campo, que limite la volatilidad cambiaria en el verano.
Los más entusiastas miran con alegría cómo los precios agrícolas volvieron a subir, tras la «tregua» comercial entre Estados Unidos y China. La soja, que buena parte del año se situó debajo de u$s360, se disparó nuevamente a la zona de u$s400, lo cual llevó a algunos analistas a confiar en un mayor aporte de dólares por parte del campo.
Y, además, hay muy buenos datos sobre la campaña de trigo, de la cual se esperan 22 millones de toneladas, un 18% superior a la cosecha del año pasado. El trigo es el principal aportante de dólares durante el verano, a diferencia de los otros grandes cultivos, que tienen su momento de exportación en el otoño. La previsión es que gracias a la venta de trigo ingresen u$s2.300 millones, lo cual favorecería las condiciones para que el BCRA compre «reservas genuinas» y que no dependa únicamente de los aportes de organismos de crédito.
Sin embargo, los analistas del negocio agrícola advierten sobre el exceso de euforia. Para empezar, porque los números previstos de cosecha podrían verse recortados como consecuencia de las heladas de los últimos días.
Pero, sobre todo, porque si bien los rindes fueron buenos, la situación de los productores no cambió en los últimos meses, y eso los lleva a un manejo cauteloso a la hora de vender. En el caso del trigo, los precios del mercado internacional no han tenido la misma explosión que los de la soja: cotiza en Chicago a u$s190 por tonelada, cuando el máximo de este año había sido de u$s222.
Y, para los productores sojeros -que se estima todavía guardan un remanente de 7 millones de toneladas en los silobolsas- se da una situación paradójica: el alto precio del mercado global coincide con una superproducción en Estados Unidos y Brasil, lo cual anticipa que rápidamente podría haber una corrección a la baja.
El riesgo del entusiasmo adelantado
En otras palabras, no parece haber justificación para quienes sueñan con una soja en u$s500 durante el otoño de 2026.
«El posible acuerdo entre Estados Unidos y China trae subas de precios en el corto plazo, pero el mundo sigue percibiendo sobreoferta, lo que sostiene la presión bajista estructural en el mediano plazo», apunta Marianela de Emilio, consultora de Agroeducación.
El hecho de saber que el precio puede bajar podría ser un aliciente para que los sojeros se apuren a vender en verano. Pero ocurre que los precios del mercado local no están reflejando la situación de Chicago. Actualmente están percibiendo u$s332, es decir un 82% del precio pleno.
Y la situación cambiaria, además, juega como un desincentivo: el fortalecimiento del peso implica, como es habitual, una mayor cautela, ante la expectativa todavía vigente de una devaluación a mediano plazo si se abandona el esquema de banda de flotación.
Como el stock se alivianó durante el «tax holiday», con ventas por u$s7.000 millones, no se percibe ahora un apuro por vender soja. En definitiva, aun con las buenas noticias del exterior y con los buenos rindes de trigo, la expectativa es que el próximo verano ingresen la mitad de dólares por exportaciones agrícolas que el verano pasado.
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ECONOMIA
Quiénes cobran hoy, 10 de diciembre

ANSES oficializó el calendario de pagos y los aumentos correspondientes para diciembre de 2025, estableciendo las fechas y los nuevos montos de jubilaciones, pensiones, asignaciones familiares y universales. El cronograma detalla quiénes cobran el 10 de diciembre y cuáles son los valores vigentes para cada una de las prestaciones.
Las personas jubiladas y pensionadas cuyos haberes no superan el mínimo y cuyos DNI finalizan en 1 (uno) reciben el pago el 10 de diciembre.
El 10 de diciembre cobran los titulares de la Asignación Universal por Hijo (AUH) y de la Asignación Familiar por Hijo con DNI terminado en 1 (uno).
Las beneficiarias de la Asignación por Embarazo con DNI terminado en 0 (cero) acceden a su prestación en esta jornada.
Quienes perciben Pensiones No Contributivas y tienen DNI finalizado en 2 (dos) o 3 (tres) acceden a su pago el 10 de diciembre.

Las asignaciones de pago único por matrimonio, nacimiento o adopción se abonan para todas las terminaciones de DNI desde el 10 de diciembre hasta el 12 de enero.
Las Asignaciones Familiares correspondientes a Pensiones No Contributivas se pagan a todas las terminaciones de DNI entre el 9 de diciembre y el 12 de enero.
En diciembre 2025, los haberes previsionales reciben un incremento del 2,34% conforme a la variación del Índice de Precios al Consumidor de octubre. La resolución 359/2025 fija los siguientes importes:
- Jubilación mínima: $340.879,59, con bono de $70.000 y aguinaldo, totalizando $581.319,38.
- Jubilación máxima: $2.293.796,92 más aguinaldo, alcanzando $3.440.695,38.
- Prestación Básica Universal (PBU): $155.936,86.
- Pensión Universal para el Adulto Mayor (PUAM): $272.703,67; sumando bono de $70.000 y aguinaldo, llega a $479.055,5.
- Base imponible para aportes: mínimo de $114.808,17 y máximo de $3.731.212,01.
Durante este mes, jubilados y pensionados cobran el medio aguinaldo y, en el caso de la jubilación mínima y la PUAM, también un bono extraordinario.

La resolución 361/2025 actualiza los valores y topes de ingresos para asignaciones familiares y universales, aplicando el mismo porcentaje de aumento que en jubilaciones. Los montos dependen del Ingreso del Grupo Familiar (IGF) y la zona:
Asignación por Hijo y Prenatal
- IGF hasta $948.361: $61.252 (general y zona 1), $132.075 (zona 2), $122.329 (zona 3), $132.075 (zona 4).
- IGF de $948.361,01 a $1.390.864: $41.316 (general), $54.568 (zona 1), $81.734 (zona 2), $108.691 (zonas 3 y 4).
- IGF de $1.390.864,01 a $1.605.800: $24.990 (general), $49.184 (zona 1), $73.805 (zona 2), $98.219 (zonas 3 y 4).
- IGF de $1.605.800,01 a $5.022.048: $12.892 (general), $25.209 (zona 1), $37.728 (zona 2), $49.920 (zonas 3 y 4).
Asignación por Nacimiento, Adopción y Matrimonio
- Nacimiento: $71.396.
- Adopción: $426.877.
- Matrimonio: $106.904.
Asignación por Ayuda Escolar Anual
- Valor general: $42.039.
- Zona 1: $56.075.
- Zona 2: $70.135.
- Zonas 3 y 4: $83.797.
Asignación por Hijo con Discapacidad
- IGF hasta $948.361: $199.434 (general y zona 1), $298.860 (zona 2), $398.364 (zonas 3 y 4).
- IGF de $948.361,01 a $1.390.864: $141.086 (general), $192.376 (zona 1), $288.286 (zona 2), $384.256 (zonas 3 y 4).
- Desde IGF $1.390.864,01: $89.043 (general), $185.221 (zona 1), $277.602 (zona 2), $370.027 (zonas 3 y 4).
Ayuda Escolar Anual para Hijo con Discapacidad
- Valor general: $42.039.
- Zona 1: $56.075.
- Zona 2: $70.135.
- Zonas 3 y 4: $83.797.
Si algún integrante del grupo familiar percibe ingresos mayores a $2.511.024, la familia queda excluida del beneficio, sin importar la suma total declarada.
ECONOMIA
La verdadera razón por la que Javier Milei bajó las retenciones al campo

En la administración de Javier Milei, cada medida que se adopta tiene un reverso de la moneda que hay que leer, según el tiempo y espacio donde se produce.
La modesta retracción de los derechos de exportación a los productos del agro anunciada por el ministro de economía, Luis Caputo, por el cual, la soja pasará de tributar un 26% a un 24%, mientras que los subproductos de soja —como harina y aceite— tendrán un descenso del 24,5% al 22,5% y en el caso del trigo y la cebada, los derechos de exportación pasarán del 9,5% al 7,5%, es una jugada de billar a tres bandas que por el momento puede ser exitosa.
Javier Milei baja levemente las retenciones al campo
La decisión, que también contempla que las retenciones al maíz y el sorgo bajen del 9,5% al 8,5% y las del girasol del 5,5% al 4,5%, es una continuidad de los anuncios de hace unas semanas de eliminar retenciones, pero para el sector minero y energético-petrolero en el país, dejando de lado al sector que más dólares aporta a la economía nacional a través de sus ventas al exterior, la agroindustria.
Este apartheid no fue bien recibido por los chacareros ni por los dirigentes agropecuarios que hoy acaban de cambiar su humor y comienzan a alabar la reciente medida adoptada por el Gobierno.
En los días pasados de noviembre, los dirigentes del agro se comunicaron con los funcionarios de Caputo para hacerles trascender la molestia por no haber sido beneficiados de una baja de retenciones mientras se hacían los anuncios para los petroleros y mineros y le recordaron, oportunamente, que estaban decididos a «sentarse sobre los silobolsas que albergan los granos hasta nuevo aviso o una mejora sustancial de los precios en el mercado internacional».
Una amenaza velada, una puja entre sectores ideológicamente afines, que ya había dado muestras de consumarse.
Noviembre fue el peor mes en casi una década para la liquidación de dólares del campo. La Cámara de la Industria Aceitera (CIARA) y el Centro de Exportadores de Cereales (CEC) informó que las liquidaciones agropecuarias alcanzaron los u$s760 millones en noviembre de 2025, con una baja del 32% respecto del mes anterior, octubre, aunque evidenciando un incremento del 24% en el acumulado anual comparado con el mismo período de 2024.
Según las cámaras empresarias, el bajón de noviembre se debió a embarques previamente negociados, pero, también, por una medida de urgencia adoptada por el gobierno de Milei para conseguir dólares antes de las elecciones cuando los agentes financieros fueron contra el peso y la divisa norteamericana amenazó con romper el esquema cambiario de bandas de flotación. El anticipo de divisas de la industria del agro explica el derrumbe de noviembre y la liquidación récord de septiembre de u$s7.000 millones.
Por eso, en octubre la liquidación cayó a u$s1.117 millones y en noviembre a u$s759,7 millones. Fue el peor noviembre en 10 años, después de los u$s450 millones de 2015 en la gestión de Cristina Kirchner.
Esta dinámica, producto de la urgencia por conseguir dólares de parte de la administración central, podría volver a trastocar los ingresos hacia mediados de 2026.
El analista, Alejandro González Escudero, de la fundación economía y sociedad (Fundecos), sostuvo que «puede volver a suceder lo que acaba de pasar en noviembre, pero, antes, incluso en el segundo trimestre del próximo año. Hay que observar la liquidación de los meses de marzo y de abril para ver como llegan a julio y agosto. Si sucede lo mismo que en estos días y no hay otros ingresos de divisas, el campo va a especular con una nueva baja de retenciones producto de la urgencia».
El Gobierno, presionado por el FMI y el Congreso
La administración nacional modificó la estructura tributaria que regula las ventas externas de los principales productos agrícolas, pero esta decisión no tendrá un impacto menor en dos ámbitos completamente distintos de la política y la economía: el FMI y el Congreso Nacional.
Tanto en el Fondo Monetario Internacional como en la gestión Milei, hay plena coincidencia en el carácter distorsivo de los derechos de exportación o retenciones. El problema es dónde se paran los dos actores. Uno es acreedor y el otro, el Estado argentino, es deudor.
En ese contexto, el FMI pide reformas fiscales que incluyan la reducción o eliminación de retenciones (impuestos a las exportaciones) para fortalecer las finanzas públicas y la estabilidad macroeconómica, aunque esto genera un costo fiscal que debe conciliarse con las metas fiscales acordadas por el gobierno con el propio FMI.
Por un lado, el Gobierno argentino ha estado implementando bajas graduales de estas retenciones para incentivar las exportaciones y la liquidación de dólares, pero, por el otro, esta política genera un costo fiscal que debe conciliarse con las metas fiscales acordadas con el Fondo. La baja de retenciones busca mejorar la competitividad del campo, pero genera debate por el impacto en la recaudación, siendo un punto clave en las negociaciones con los técnicos del organismo de crédito multilateral.
Es una relación clave, tensa y de un equilibrio irrompible, puesto que si se quiebra, la base en la que se sustenta el plan construido por Milei se desmoronaría.
El Presidente se comprometió a una reforma tributaria más amplia, que incluirá la reducción de retenciones, pero su implementación debe ser fiscalmente neutra y consensuada con el FMI. Un equilibrio delicado, una receta mágica, entre incentivar al sector exportador, no solo el agropecuario, para obtener divisas y cumplir con las exigencias fiscales y estructurales del acuerdo con el Fondo Monetario.
En esa unión de opuestos complementarios, como el día y la noche, en esa tensión que crea armonía, como pensaba Heráclito acerca del Universo y daba de ejemplo al arco tenso y la flecha, para señalar la constante tensión que produce el devenir que constituye la realidad que no puede ni debe romperse, están inmersos el FMI y la administración Milei y nadie más. Para ellos dos, el Congreso Nacional no existe.
Sus diputados y senadores no tienen ni voz ni voto en esta administración de la tensión que produce un equilibrio en la economía.
Y, no está bien. Porque, indudablemente y por mandato constitucional en Argentina, la creación, modificación y derogación de impuestos (tributos) es materia reservada a la sanción de leyes por el Poder Legislativo (Congreso Nacional, Legislaturas Provinciales o Concejos Deliberantes), basado en el principio de legalidad tributaria que establece que un tributo no puede exigirse sin una ley formal. Esto protege a los ciudadanos de la arbitrariedad, prohibiendo que el Ejecutivo cree impuestos por decreto. La Constitución Nacional prohíbe expresamente que el Ejecutivo cree tributos mediante DNU o suba impuestos.
Parece increíble que deba aclararse este último punto, pero es necesario porque la nueva conformación parlamentaria estará discutiendo el proyecto de Presupuesto 2026 en los próximos días pero no tratará acerca de la política de derechos de exportación o retenciones.
En ese debate no habrá ningún plan para reducir en el tiempo los derechos de exportación (DEX). No existirá una reducción paulatina y previsible para desandar el camino hasta que desaparezca ese tributo, como está en los planes de Milei.
Los tiempos de reducción de las retenciones las manejan Javier Milei y algún burócrata del Fondo Monetario. Para apoyar este punto, solo hay que recordar que el oficialismo en el Congreso no permitió el intento de la Comisión de Agricultura en Diputados para establecer una rebaja de 5 puntos en las retenciones agrícolas a partir de 2026. Demostrando que el Congreso es un convidado de piedra en esta crucial discusión.
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ECONOMIA
La industria automotriz argentina se reinventa ante el nuevo escenario global: qué cambios hicieron las marcas que producen en el país

“La apertura de las importaciones de autos va a matar a la industria nacional”. La frase no la dijo nadie en especial, pero es parte del imaginario popular, que en muchos casos puede tener sus raíces en otros momentos de la historia del sector en los que efectivamente eso fue lo que sucedió.
Cuando se menciona que una planta automotriz argentina suspende un turno de producción para adecuar su stock de unidades a la demanda o que una terminal abre un programa de retiros voluntarios (PRV) por la finalización de un proyecto industrial, inmediatamente aparecen los fantasmas de pérdidas de empleos y crisis laboral.
Sin embargo, aunque el 60% de los autos nuevos que se venden actualmente en Argentina sean importados, el 85% lo traen las propias automotrices que fabrican en Argentina. En concreto, lo que está sucediendo en la industria automotriz local es un cambio profundo de su esencia.
En Argentina hay nueve fábricas automotrices para un mercado que, por ahora, no crecerá más allá de 700.000 unidades entre todas las categorías.
En la provincia de Buenos Aires hay siete: Stellantis en Palomar, Ford y Volkswagen en General Pacheco, Mercedes-Benz en Virrey del Pino, Toyota y Mercedes-Benz Camiones y Buses en Zárate. En Santa Fe está General Motors Argentina, y en Córdoba se encuentran las fábricas de Renault y Stellantis Ferreyra.
De esas nueve fábricas, solo en dos se producen únicamente autos, SUV y furgones chicos, Stellantis Palomar y General Motors, el resto fabrica y fabricará en el termino del próximo año y medio solo pick-ups y derivados o utilitarios medianos y grandes.
Daniel Herrero, actual CEO de Prestige Auto, la empresa que adquirió la representación de producción y comercialización de Mercedes-Benz Argentina, dijo que la clave para la industria automotriz argentina era la especialización en pick-ups y utilitarios. Hoy, recordando aquella idea, el empresario plantea que no se equivocó ya que «cada vez se hacen más pick-ups”.

En efecto, la transformación empezó a ocurrir cuando se dejaron de fabricar autos en Ford, la primera automotriz que decidió especializarse en vehículos SUV y pick-ups a nivel mundial, y sólo quedó la planta de Pacheco para Ford Ranger.
Luego siguió con la decisión de Renault de empezar a producir desde 2026 una pick-up compacta para exportar a toda la región, lo que implicó dejar de producir la línea de autos particulares mientras se transforma la planta de Santa Isabel para ese nuevo vehículo que se llamará Niágara.
En el medio ocurrió la interrupción de la sociedad entre Renault y Nissan, que compartían la producción de Alaskan y Frontier, lo que implicó que la marca francesa no pudiera continuar con su pick-up de una tonelada por ser parte de una plataforma alquilada a los japoneses.
Después vino el anuncio de Volkswagen, que dejó de producir el SUV Taos en Argentina para importarlo desde México. Ocurre que la planta de General Pacheco, vecina de Ford, se reacondicionará exclusivamente para producir la nueva generación de la pick-up Amarok, que es un vehículo concebido junto al socio tecnológico chino SAIC y tendrá propulsión térmica e híbrida.

Por último, Stellantis entró de lleno al mundo de las pick-ups en mayo al inaugurar la línea de producción de camionetas de una tonelada donde se producen las Fiat Titano y Ram Dakota, de las cuales el 70% de la producción será también para abastecer al mercado de exportación.
En esa fábrica de Ferreyra también se produce el actual Fiat Cronos, un modelo que sigue dando satisfacciones de ventas a la marca, pero que no tiene un ciclo de vida mucho más largo que un par de años más.
En 2027 también se renovará la actual Toyota Hilux, lo que implicará una actualización del SUV 4×4 Toyota SW4, que está construido sobre la plataforma y mecánica de la camioneta. Esto confirma que dentro de dos años, todas las fábricas que hoy producen pick-up, tendrán ese tipo de vehículo como su columna vertebral de sustentabilidad económica.

Las únicas plantas que quedan pendientes de una transformación hacia vehículos utilitarios son las de General Motors en Santa Fe y de Peugeot/Citroën en Palomar.
Chevrolet está estudiando un proyecto industrial único para instalar en Alvear, aunque todavía es un secreto porque se está validando el modelo de negocios que lo haga posible. Stellantis produce dos autos de venta masiva en Palomar con el Peugeot 208 y el SUV 2008, y por ahora parece cómodo con ese proyecto.
Mercedes-Benz Camiones y Buses empezará a fabricar unidades en su nueva fábrica en Zárate desde 2026, mientras que el Centro Industrial de Virrey del Pino quedará exclusivamente para la producción de Sprinter, que incorpora la versión de caja automática desde el año próximo.
La salida de Nissan no fue una buena noticia, pero no tiene que ver con la situación argentina sino de la marca a nivel global, ya que también cerraron una planta en México y otra en su propio país, Japón.

De todos modos, si se dejaron de fabricar tres pick-ups pero en ese lugar se fabricarán otras tres nuevas, no hay una pérdida de producción, y como dicen las autoridades de las marcas, solo se trata de transitar un puente entre un proceso industrial y otro.
En términos de marcas tampoco hay pérdidas. Ya no se produce Nissan pero entraron Fiat y RAM, que no estaban en el segmento. Así, el dato duro es que la industria automotriz argentina está fortaleciéndose al reemplazar vehículos de bajo volumen con utilitarios de mayor demanda.
Lo que debe ocurrir ahora es que se mejoren las condiciones de competitividad para exportar, porque como dijo en varias oportunidades Martin Galdeano, presidente de Ford, “nadie nos va a comprar autos a nosotros porque somos Argentina, sino porque tenemos precios competitivos, y para eso hay que bajar la carga de impuestos que paga cada unidad que se vende al exterior”.
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