ECONOMIA
Boom de créditos hipotecarios: 2025 cerró como el cuarto mejor año desde que hay registros y qué se proyecta para 2026

El crédito hipotecario alcanzó niveles récord tras un largo periodo de estancamiento: en 2025 cerró con 44.305 préstamos otorgados, lo que lo convierte en el cuarto mejor volumen anual desde 2004, solo detrás de los picos históricos de 2017, 2018 y 2007. Este repunte señala un cambio sustancial en el acceso a la vivienda y aporta dinamismo al mercado inmobiliario.
Según un informe de Tejido Urbano, la recuperación no solo impactó en la cantidad de créditos, sino también en la centralidad que el crédito hipotecario recobró en el sistema financiero y en el mercado inmobiliario urbano. En definitiva, el 2025 estuvo marcado por una consolidación operativa tras años de inactividad.
En la Provincia de Buenos Aires, en 2025 se concretaron 147.393 escrituras, de las cuales 23.395 operaciones (15,9%) se realizaron mediante crédito hipotecario. El monto movilizado fue de USD 2.390 millones, con un ticket promedio de 102.000 dólares.

“Desde el punto de vista temporal, 2025 estuvo marcado por cierta volatilidad hacia el último tramo del año. Noviembre mostró una desaceleración asociada a la incertidumbre electoral, pero diciembre cerró con un repunte claro, volviendo a niveles similares a los de julio. El pico anual se alcanzó en octubre, con 2.600 escrituras hipotecarias, mientras que diciembre finalizó con 2.161 operaciones, consolidando un cierre sólido”, indicó Tejido Urbano.
En tanto, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires mostró un crecimiento destacado: de menos de 5.000 escrituras hipotecarias en 2024 saltó a 13.953 en 2025. Así, los créditos explicaron el 20% de las transacciones, moviendo USD 1.420 millones y promediando USD 101.000 por operación.
El desempeño del ticket promedio en la Ciudad de Buenos Aires mostró un patrón llamativo. Luego de varios meses a la baja entre junio y noviembre, diciembre rompió esa racha con un salto pronunciado: pasó de USD 89.000 a USD 113.000 en apenas un mes.
Octubre, por su parte, se consolidó como el período de mayor movimiento, con 1.501 escrituras hipotecarias, en un contexto de decisiones adelantadas ante el escenario electoral.

En cuanto al volumen de operaciones, el cierre del año volvió a ubicarse en niveles cercanos a los registrados a comienzos de 2025, lo que sugiere la consolidación de un nuevo piso de actividad marcado por una mayor prudencia del mercado.
“El crédito hipotecario volvió. El desafío que se abre hacia adelante no es menor: sostener el volumen, ampliar el acceso y resolver los cuellos de botella que hoy siguen limitando la llegada del financiamiento a amplios sectores de la clase media. La discusión ya no es si el crédito existe, sino hasta dónde puede escalar y a quiénes logra incluir en la próxima etapa”, analiza el informe.
Las condiciones crediticias también evolucionaron. La tasa de interés promedio inició 2025 en 5,2% anual, ascendió hasta septiembre y luego descendió, impulsada por el Banco Nación con líneas de menores tasas. El plazo promedio pasó de 23,6 a 25,8 años, facilitando el acceso a más hogares y equilibrando criterios más exigentes de aprobación.

“Este alargamiento no es menor: responde a estrategias y la necesidad de cumplir con las relaciones cuota-ingreso exigidas para la aprobación de los créditos. En los hechos, el plazo se convirtió en una de las principales variables de ajuste para ampliar el universo de hogares elegibles ya limitado por el endurecimiento del score bancario a las carpetas de solicitudes que se presentaban”, indicó Tejido Urbano.
El financiamiento total llegó a USD 3.679 millones, predominando los esquemas de tasa variable (más de USD 3.200 millones) frente a los de tasa fija (USD 434 millones). El flujo mensual varió entre USD 233 millones al inicio del año y USD 275 millones en diciembre, estableciendo un nivel elevado de operaciones.
De acuerdo con Tejido Urbano, el arranque de 2026 encuentra al crédito hipotecario en una instancia particular: ya sin el impulso inicial del rebote, pero claramente por encima del cuadro de parálisis que definió los años anteriores.
En términos operativos, el sistema parece haberse estabilizado en un piso comparable al de marzo de 2025, lo que sugiere que el crédito dejó de apoyarse exclusivamente en shocks puntuales y empezó a desenvolverse con mayor regularidad.

La trayectoria del año, indica el análisis, dependerá menos de la demanda latente —que continúa vigente— y más de la capacidad del sistema financiero para modernizar procesos, conseguir fondeo y escalar su operatoria.
En este contexto, el rol de las personas físicas adquiere un peso todavía mayor. El desafío ya no pasa por reactivar el crédito, sino por ampliar el universo de hogares que efectivamente califican, algo que se vincula con cuatro factores centrales: la flexibilización de los sistemas de scoring, la función del Banco Nación como actor contracíclico, la capacidad de fondeo y securitización del sector privado y la incorporación de innovaciones regulatorias que reduzcan fricciones sin resignar transparencia.
En paralelo, destaca el informe, otro eje de transformación se ubica en la banca pública. A comienzos de enero, el Banco Nación puso en funcionamiento un esquema completamente digital para evaluar y aprobar créditos hipotecarios, marcando un quiebre respecto de la dinámica tradicional del mercado.
La magnitud de este cambio es relevante. La digitalización integral del proceso acorta tiempos, reduce costos administrativos y elimina trabas burocráticas que históricamente actuaron como un freno para muchos hogares. A la vez, introduce un esquema de evaluación centralizado y estandarizado que permite ganar escala sin perder control del riesgo.
La plataforma también incorpora un módulo que vincula oferta y demanda: propiedades previamente verificadas como aptas para crédito hipotecario y un canal específico para inmobiliarias, integrando en un mismo ecosistema al comprador, al banco y al mercado inmobiliario.
El potencial impacto de esta transformación resulta significativo si se considera el peso que ya tiene el Banco Nación en el mercado. Con más de 20.000 créditos hipotecarios otorgados, la entidad se consolidó como el actor principal del sistema durante 2025, explicando una porción sustancial del crecimiento tanto en cantidad de operaciones como en volumen desembolsado.

En un escenario en el que el sector privado muestra mayor cautela, el liderazgo del banco público aparece como un factor clave para sostener el piso operativo del crédito y evitar retrocesos.
Otro componente central de esta etapa es la ampliación del universo de sujetos de crédito. El lanzamiento de líneas específicas para monotributistas introduce un cambio de paradigma en la evaluación crediticia, al priorizar la trayectoria fiscal y el cumplimiento por sobre la estabilidad de una relación de dependencia formal.
La posibilidad de sumar co-titulares y codeudores familiares, junto con plazos de hasta 30 años y esquemas de tasa diferenciada según el vínculo con la entidad, apunta directamente a un segmento que hasta ahora permanecía mayormente excluido del crédito hipotecario.
“En conjunto, estas señales configuran un escenario en el que el crédito hipotecario ya no depende exclusivamente de la coyuntura macroeconómica inmediata, sino de decisiones institucionales concretas. La estabilización de variables como inflación y tipo de cambio contribuye a mejorar la previsibilidad, pero el verdadero margen de crecimiento para 2026 estará dado por la capacidad de modernizar procesos, flexibilizar criterios de acceso, profundizar el fondeo vía mercado de capitales y sostener el protagonismo de la banca pública”, consideró Tejido Urbano.
“El sistema volvió a moverse. La pregunta que abre 2026 no es si el crédito hipotecario existe, sino si logra transformarse en una política financiera de escala, capaz de incluir a más personas físicas y de sostenerse en el tiempo sin repetir los límites de los ciclos anteriores”, concluyó.
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ECONOMIA
El pulso de la actividad económica: cómo están los distintos sectores y qué desafíos enfrentan para el resto del año

El arranque de 2026 encontró a la economía en una etapa de transición. Tras un año atravesado por ajustes macroeconómicos, cambios en precios relativos y un comportamiento irregular del consumo, distintos sectores productivos muestran trayectorias divergentes.
Las actividades vinculadas a recursos naturales y exportaciones -minería, agro, energía- conservan niveles de dinamismo, mientras ramas orientadas al mercado interno -industria, comercio y construcción- enfrentan mayores dificultades para sostener el ritmo de producción.
El diagnóstico casi generalizado del mercado es que este año será igual de heterogéneo que el pasado: los que ganaron lo seguirán haciendo y los que perdieron podrían hundirse aún más. En promedio, la economía mostrará crecimiento, coinciden los analistas.
La actividad no evoluciona de manera uniforme entre sectores ni entre regiones. En algunas provincias vinculadas al agro, la energía o la minería se registran niveles de producción y empleo más dinámicos, mientras en los grandes centros urbanos la evolución de la demanda interna condiciona el desempeño de empresas industriales, comercios y servicios.
En algunas provincias vinculadas al agro, la energía o la minería se registran niveles de producción y empleo más dinámicos, mientras en los grandes centros urbanos la evolución de la demanda interna condiciona el desempeño
Ese contraste también aparece en los indicadores adelantados que se difundieron para el inicio del año. Tras un cierre de 2025 con un rebote de la actividad económica -en diciembre, la economía creció 1,8% respecto de noviembre, 3,5% interanual y 4,4% en promedio en todo el año-, los primeros datos privados del nuevo año describen un panorama más moderado, con movimientos mensuales dispares y un crecimiento que depende de pocos motores. Antes del repunte de diciembre, en octubre y noviembre el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) del Indec había registrado caídas mensuales de 0,5% y 0,1%, respectivamente.
A partir de ese punto de partida, los análisis privados buscaron anticipar la dinámica del comienzo de 2026. Las consultoras elaboraron estimaciones preliminares a partir de indicadores sectoriales, series de producción y datos de comercio exterior. Equilibra, por ejemplo, estimó que el EMAE mostró en enero un nivel estable en la comparación interanual, con una variación de 0% frente al mismo mes del año anterior, mientras que en la medición desestacionalizada el indicador mostró caída de 0,8%. La oficial del Indec se conocerá recién el jueves 26 de marzo.

El informe de la consultora Equilibra destacó que el nivel de actividad alcanzado a fines de 2025 marcó un máximo reciente.
Tras la baja de enero, la serie desestacionalizada volvió a ubicarse en niveles cercanos al pico previo registrado en junio de 2022. Equilibra también analizó la evolución de la actividad excluyendo el sector agropecuario. En ese caso, el EMAE sin agro cayó 1% interanual en enero.
Otra estimación privada ofreció una lectura diferente sobre la dinámica mensual. El anticipo de actividad elaborado por Eco Go estimó que la economía registró en enero un crecimiento de 1% respecto de diciembre en términos desestacionalizados. Según ese informe, la expansión mensual se explicó principalmente por el desempeño del sector de bienes. En la comparación interanual, el relevamiento estimó una contracción de 1,2% punta a punta.
Entre los segmentos con mejores perspectivas aparecen agro, minería, energía, actividades primarias e intermediación financiera, actúan como la locomotora del resto (Sigaut Gravina)
Lorenzo Sigaut Gravina, de Equilibra, dijo a Infobae: “Los sectores ganadores van a seguir ganando”. Según su análisis, el patrón observado durante el año anterior continuó en el comienzo de 2026.
Entre los segmentos con mejores perspectivas aparecen agro, minería, energía, actividades primarias e intermediación financiera. El economista contó que esos rubros actúan como locomotoras de la actividad, mientras otros sectores enfrentan mayores dificultades para expandirse.
Entre esos casos Sigaut Gravina mencionó a la industria automotriz, donde los datos del primer trimestre mostraron niveles de producción por debajo del mismo período del año anterior. Destacó el economista que el sector enfrenta dificultades para exportar vehículos y una mayor competencia de automóviles importados en el mercado interno. También mencionó el comportamiento de la construcción, que mostró señales mixtas entre meses recientes.

En relación con el consumo, Lorenzo Sigaut Gravina dijo: “Los sectores vinculados a la demanda de las familias no muestran una recuperación clara». Según explicó, la evolución del consumo se vincula con el comportamiento de los ingresos.
El economista mencionó que el empleo privado formal de calidad registró caídas, mientras los salarios formales en algunos casos apenas acompañan la inflación. La aceleración de la inflación de los últimos meses afectó aún más el poder adquisitivo de las familias, con salarios que subieron -en algunos casos- 2% y una inflación mensual cercana al 3 por ciento.
Martín Kalos, director de la consultora Epyca, describió un escenario moderado: “El primer trimestre arrancó lento”. Para el panorama actual, el economista describió un escenario en el que industria, construcción y varios servicios vinculados al mercado interno operan en niveles de actividad problemáticos y de que, en promedio, “se amesetaron los niveles de actividad en valores menores a los que había hace algunos años, y no hay perspectiva de crecimiento”.
“Hay empresas a las que les está yendo bien por sus nichos específicos, pero también hay otras que están pensando en cerrar, o en pasar a ser importadoras, todo lo cual retroalimenta un ciclo problemático para la demanda interna y la producción nacional”, agregó Kalos.
El director de Epyca destacó que esos sectores trabajan con niveles reducidos de utilización de capacidad. En el caso de la industria, mencionó niveles cercanos al 60% de capacidad instalada. Kalos explicó que en ese contexto no aparece una necesidacd inmediata de inversión, sino una mayor necesidad de ventas.
No aparece una necesidacd inmediata de inversión, sino una mayor necesidad de ventas (Kalos)
El economista también mencionó la evolución de los ingresos familiares. Señaló que el consumo masivo continúa en crisis, debido al deterioro del ingreso disponible de los hogares. Ese movimiento se vincula, según indicó, con distintos factores. Entre ellos mencionó el deterioro en la cantidad y calidad del empleo y el aumento del peso de tarifas, transporte y servicios públicos dentro del presupuesto familiar.
Por su parte, el economista Federico González Rouco, de la consultora Empiria, describió un escenario de crecimiento cercano al 3,5% para el año respecto del 2025 y diferenció, como sus colegas, las actividades. “Ese avance estaría liderado principalmente por el agro, que tendrá una muy buena cosecha, especialmente en trigo y maíz, mientras que la soja tendría un desempeño aceptable. A eso se sumarán hidrocarburos y minería, que también van a estar entre los sectores que motorizan la actividad”, explicó.
“También podría haber algo de recuperación del consumo si el crédito repunta, aunque eso es menos seguro que lo que ocurre con los sectores vinculados a recursos naturales. En términos generales creemos que va a ser un año de crecimiento”, agregó. Pero aclaró que “la construcción probablemente enfrente más dificultades y la industria podría expandirse menos que esos sectores, pero por ahora no se ven caídas fuertes a nivel agregado, más allá de algunos nichos puntuales de producción”.
González Rouco también describió diferencias entre regiones del país. El economista dijo que el crecimiento vinculado a energía, minería y agro genera dinámicas distintas entre provincias.
La clave, para evitar tensiones sociales, es que esas grandes urbes, como el AMBA por ejemplo, comiencen en algún momento a mostrar recuperación (González Rouco)
Según explicó, provincias asociadas a esos sectores registran mayor dinamismo económico y laboral, y esa dinámica genera heterogeneidad geográfica en el crecimiento, con regiones vinculadas a recursos naturales que muestran mayor actividad en comparación con grandes centros urbanos.
“La clave, para evitar tensiones sociales, es que esas grandes urbes, como el AMBA por ejemplo, comiencen en algún momento a mostrar recuperación, y que esos empleos que se están perdiendo en los sectores más sensibles puedan reorientarse”, estimó Federico González Rouco.
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ECONOMIA
Alerta empleo: se perdieron 100.000 puestos privados y crece el monotributo

Un informe oficial del Gobierno confirmó la caída sostenida del empleo formal en 2025. Ante este escenario se disparó el trabajo independiente
14/03/2026 – 13:00hs
El mercado laboral argentino atraviesa un momento de fragilidad según los últimos registros oficiales. Durante la segunda mitad de 2025, el sector privado experimentó una sangría constante de puestos de trabajo, consolidando una tendencia que comenzó a manifestarse con fuerza desde finales de 2023. Esta dinámica refleja las dificultades de las empresas para sostener sus plantillas en un contexto económico complejo y de reconfiguración productiva.
Los datos procesados por la Secretaría de Trabajo de la Nación exponen un escenario donde el empleo en blanco, históricamente el motor de la movilidad social y la estabilidad económica, pierde terreno frente a otras formas de inserción laboral. Mientras las compañías reducen sus nóminas, el sistema registra un desplazamiento de los trabajadores hacia esquemas de menor protección social, marcando un cambio estructural en la composición del empleo en el país.
Casi 100.000 puestos menos en el sector privado
El informe detallado de la cartera laboral confirma que entre junio y diciembre de 2025 se perdieron exactamente 96.800 empleos asalariados privados. Solo en el último mes del año pasado, la caída fue del 0,2 por ciento, lo que dejó el total de trabajadores con recibo de sueldo en 6.197.000 personas. Si se realiza la comparación interanual contra diciembre de 2024, el retroceso es aún más profundo, con una destrucción neta de 106.200 puestos formales.
Esta reducción no fue exclusiva del ámbito empresarial. El sector público también formó parte de la contracción general con una baja del 0,5 por ciento en su plantilla, lo que representa la salida de 18.700 trabajadores durante el mismo periodo. Esta combinación de factores pone de manifiesto que el ajuste en la fuerza de trabajo es transversal y afecta tanto a la administración del Estado como a la inversión privada.
El auge del monotributo como alternativa
Ante la falta de vacantes en relación de dependencia y el cierre de posiciones tradicionales, los trabajadores argentinos encontraron en el trabajo independiente su principal refugio. Las estadísticas oficiales muestran que el monotributo creció un 5,4 por ciento anual, sumando a 113.000 nuevos aportantes al sistema.
Esta migración hacia la denominada formalidad flexible explica por qué, a pesar de la caída del empleo asalariado, el número total de personas con algún tipo de registro legal aumentó un 3,8 por ciento.
Perspectivas para el mercado laboral en Argentina
La radiografía actual muestra que el mercado laboral está en plena transición. Mientras que sectores como el autónomo registraron un leve repunte mensual del 1,5 por ciento en diciembre, la base de trabajadores asalariados del sector privado sigue siendo el eslabón más débil de la cadena. La pérdida de casi 100.000 puestos en seis meses representa un desafío mayúsculo para el consumo interno y la recaudación de la seguridad social en el corto plazo.
Los especialistas advierten que la recuperación del empleo de calidad dependerá de una estabilización macroeconómica que permita a las empresas volver a contratar con previsibilidad. Por ahora, el crecimiento del trabajo por cuenta propia parece ser la única respuesta inmediata de la población para mantenerse dentro de la economía registrada, aunque bajo condiciones de mayor incertidumbre que las que ofrece un contrato de trabajo estándar.
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ECONOMIA
Semana financiera: el peso resistió el repunte global del dólar, pero el riesgo país se acercó a los 600 puntos

El recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente marcó el pulso de la semana financiera, con repercusiones tanto en los mercados internacionales como en el ámbito local. La volatilidad externa se trasladó a los precios de los activos argentinos, con baja de los bonos soberanos y suba del riesgo país. No obstante, el tipo de cambio local logró mantenerse estable y resistió al fortalecimiento del dólar a nivel global.
En Estados Unidos, los tres principales índices bursátiles -Dow Jones, S&P 500 y Nasdaq- acumularon caídas semanales de hasta 2% debido a la incertidumbre que proyecta la guerra en Irán.
El precio del petróleo se consolidó como el principal indicador de la incertidumbre internacional tras la escalada bélica en Irán. Este viernes, el barril de Brent —referente para el mercado argentino— superó los 103 dólares, registrando su nivel de cierre más elevado desde 2022. Durante la última semana, el valor del crudo avanzó casi 12%, mientras que el aumento mensual alcanzó el 53 por ciento.
La prolongación del bloqueo en el estrecho de Ormuz, un paso marítimo de apenas 3 kilómetros de ancho por donde circula más del 20% del comercio mundial de petróleo y gas, mantiene la presión sobre los precios energéticos. Las interrupciones en ese corredor estratégico llevaron al barril a alcanzar los 119 dólares en los momentos de mayor volatilidad.
En el plano bursátil local, un informe de Cepec destacó que el S&P Merval cayó el viernes 1,96% (-3,03% medido en dólares al tipo de cambio implícito), con $267.000 millones operados en renta variable; pero aun así, “en el balance semanal el índice líder logró cerrar en terreno positivo con una suba de 0,63% (+1,31% en moneda dura)”.
Si bien la bolsa porteña pudo capear la crisis mundial sin demasiados sobresaltos, los bonos soberanos argentinos no pudieron escapar de la tendencia bajista y, en consecuencia, el riesgo país subió 9 unidades en la semana para cerrar en 584 puntos básicos.
“A pesar del interés internacional que captó el evento ‘Argentina Week’ en Nueva York y los anuncios de nuevas inversiones en el país, los bonos soberanos hard dollar no pudieron resistir la embestida internacional. En un marco en el que el EMB bajó 1,4%, los Globales cerraron la semana con caídas de entre 0,3% y 1,4%“, detalló un reporte de Portfolio Personal Inversiones (PPI).
El índice elaborado por JP Morgan se utiliza como referencia central para los inversores, ya que evalúa la probabilidad de que un país incurra en incumplimiento de sus compromisos de deuda y había llegado a perforar los 500 enteros a fines de enero, marcando el menor nivel en la era Milei y en más de siete años. Sin embargo, el empeoramiento del escenario internacional elevó el riesgo para los emergentes, entre los que sobresale Argentina.
En la arena cambiaria, tras tres jornadas consecutivas de bajas, los dólares oficiales terminaron la semana con retrocesos que llegaron hasta los 16 pesos y extendieron la estabilidad que evidencian en marzo.
El tipo de cambio mayorista cerró en $1.400, lo que refleja una baja semanal de 16 pesos, luego de haber subido 19 pesos en la semana previa. En relación con el sistema de bandas cambiarias, el Banco Central estableció el techo en 1.627,97 pesos. La cotización mayorista se mantiene 16,28% por debajo de ese umbral, con un margen de 227,97 pesos antes de que la autoridad monetaria deba intervenir para sostener la cotización dentro de los parámetros definidos.
En el segmento minorista, el dólar quedó en $1.420, según el Banco Nación. A pesar del ajuste diario, la cotización en bancos finalizó la semana con una baja acumulada de 15 pesos.
En el mercado informal, el blue bajó cinco pesos y se ubicó en $1.415 en la plaza porteña. Las cotizaciones bursátiles, en tanto, mostraron avances moderados: el MEP alcanzó los $1.423,70 y el contado con liquidación (CCL) cerró en 1.471,47 pesos.
“La estabilidad cambiaria permitió incluso resistir el impacto de la reciente escalada bélica en Medio Oriente y consolidó una apreciación del tipo de cambio real: el dólar hoy se ubica 14,5% por debajo de su pico de octubre de 2025. La contracara es que la inflación se resiste a bajar al ritmo esperado por el Gobierno. El IPC de febrero fue 2,9%, repitiendo el registro de enero y muy lejos del 1,5% alcanzado en mayo de 2025″, observó un análisis de Epyca Consultores.
En paralelo, la analista financiera Elena Alonso subrayó que el dólar se fortaleció a nivel global y subió “hasta su nivel más alto en tres meses y medio, ya que los inversores la buscan como refugio en momentos de incertidumbre” como el actual. A pesar de ese fortalecimiento de la divisa norteamericana a escala mundial, el peso se apreció 1,14%, a contramano de lo ocurrido con el resto de las monedas de la región.
En ese contexto, el Banco Central compró USD 295 millones en la semana y desde la puesta en marcha de la fase 4 del programa monetario a comienzos de año, acumula adquisiciones por USD 3.298 millones, lo que equivale a más del 32% de la meta anual establecida para 2026.
Pese al saldo comprador positivo, las reservas internacionales finalizaron en USD 45.659 millones, lo que implica una merma de USD 345 millones en el balance semanal. La baja responde al pago de deuda y a variaciones en los precios de monedas extranjeras y de materias primas, entre ellas el oro, que forman parte de los activos del BCRA.
Por último, los ojos del mercado también se posaron en dos eventos de magnitud: el dato de inflación de febrero y la licitación de deuda en pesos y dólares. En cuanto al primero, arrojó un 2,9% mensual, una cifra por encima de la esperada por las consultoras que dificulta la meta del Gobierno de quebrar el 1% para el segundo semestre.
Según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), el Índice de Precios al Consumidor (IPC) acumuló nueve meses seguidos sin mostrar una desaceleración mensual, con incrementos sostenidos desde el 1,5% reportado en mayo de 2025. Además, las estadísticas oficiales muestran que la variación interanual del IPC subió por cuarto mes consecutivo.

Respecto a la subasta, el Ministerio de Economía no sólo renovó todos los vencimientos por $9,6 billones sino que adjudicó un total de $10,42 billones, lo que se traduce en un rollover o nivel de refinanciamiento de 108,09 por ciento. La mayor parte de la deuda colocada se explicó por títulos atados a la evolución inflacionaria.
En simultáneo, Economía captó otros USD 250 millones mediante la emisión del Bonar 2027 (AO27) a una tasa anual de 5,45% (menor que el de la licitación anterior, 5,74%). Este instrumento se licita cada quince días y el equipo económico ya consiguió USD 500 millones de los USD 2.000 millones proyectados que se utilizarán para el pago del vencimiento de deuda de julio por más de 4.200 millones de dólares.
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