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ECONOMIA

Caputo libra la batalla por el salario y presiona para alinear los sueldos con el objetivo de inflación

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Otro 1° de Mayo en el que el salario vuelve a estar en el epicentro de la discusión. Pero, a diferencia de lo que ocurría durante la gestión de Alberto Fernández, ahora la CGT no convoca a marchas hacia las sedes empresariales para culparlos de la inflación, sino que responsabiliza al plan económico de Javier Milei por las dificultades de los trabajadores para llegar a fin de mes.

Inevitablemente, el salario y las negociaciones paritarias vuelven a ser un tema político, porque más allá de las cifras, cada sector hace sus interpretaciones sobre lo que vendrá en el futuro en materia de inflación. 

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Nada ilustra mejor esa situación que la falta de acuerdo sobre el salario mínimo en la reunión trimestral del Consejo del Salario, donde participan los sindicatos, las cámaras empresariales y el gobierno. Se daba por descontado que habría desacuerdo, pero aun así llama la atención la distancia entre las pretensiones de cada parte: lo ofrecido por el sector empresarial es menos de la mitad de lo que plantearon las centrales CGT y CTA.

El gobierno defiende la tesis de que los salarios terminaron el año pasado con una recuperación y que ahora, en el marco de una economía que se recupera -según Milei está ya en una velocidad de crecimiento de 10% interanual- el crecimiento del poder adquisitivo será más acelerado.

Del otro lado, el argumento es, obviamente, el riesgo inflacionario, luego del inesperado 3,7% de marzo y de la incertidumbre cambiaria por el levantamiento del cepo.

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Lo cierto es que, aunque en el discurso oficial solamente se hable de «las tres anclas» -fiscal, monetaria y cambiaria-, en el gobierno también consideran que el salario debe mantenerse bajo control, sin que algún «desborde» en las paritarias incida negativamente sobre las expectativas inflacionarias. Una especie de «cuarta ancla» para bajar la nominalidad de la economía.

En este mismo momento hay negociaciones abiertas en algunos de los gremios más grandes y de mayor visibilidad, como el camionero, el de comercio y el de los estatales. Todos habían llegado a acuerdos y pidieron revisión ante lo que consideran como un empeoramiento del contexto macroeconómico.

La pulseada por la expectativa inflacionaria

Es por ese motivo que Toto Caputo ha centrado sus esfuerzos de comunicación en la «marcha atrás» que dieron las grandes empresas alimenticias y las cadenas supermercadistas, que habían remarcado precios tras el levantamiento del cepo.

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Y no fue casual tampoco el «timing» del anuncio de YPF sobre la rebaja promedio de 4% en los precios de los combustibles. Se trata de un rubro que no solamente afecta a los automovilistas sino que incide sobre toda la cadena logística.

Pero, sobre todo, el mayor esfuerzo argumental que ha dejado el gobierno en estos días es que lo ocurrido en marzo fue más un accidente que un cambio de tendencia. En otras palabras, que el IPC de abril no solamente será inferior sino que se mostrará más cercano al 2,4% que se había registrado en febrero.

No es un tema que al gobierno le resulte fácil de instalar. De hecho, en la encuesta que realiza mensualmente la Universidad Di Tella sobre expectativas inflacionarias, se registró un cambio de tendencia: en abril empeoró la previsión de los consumidores, que esperan un 41,% de aumentos para los próximos 12 meses.

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Por otra parte, ni bien se produjo el levantamiento del cepo, hubo consultoras que al ver las remarcaciones de precios se aventuraron a pronosticar inflaciones en torno de 4% hasta junio inclusive.

Con ese marco de escepticismo, para el gobierno fue un logro el hecho de que el convenio más numeroso, el del comercio -que aglutina a más de un millón de asalariados- haya acordado cifras relativamente alineadas con el plan de inflación diseñado oficialmente.

El acuerdo implica que para el trimestre abril-junio habrá una suba de 5,4%, en tres tramos no acumulativos: 1,9% en abril, un 1,8% en mayo y un 1,7% en junio.

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El Indec marca una recuperación

A inicios de año, las paritarias habían comenzado con una llamativa tranquilidad, en la que el sendero descendente del IPC hacía que los dirigentes sindicales mostraran una buena disposición a converger hacia las cifras que pretendía el gobierno.

El caso más emblemático, como es habitual, fue el de los camioneros de Hugo Moyano, que el gobierno sigue con particular interés porque suele ser tomado como referencia por el resto del mercado. Era un momento de optimismo, en el que Toto Caputo anunciaba el crawling peg al 1% mensual y pedía que los salarios no pasaran del promedio del 1,5% mensual -que era la inflación objetivo marcada por el plan «de las tres anclas».

Y el gobierno consideró uno de sus mayores logros políticos que Moyano haya accedido a suavizar su propuesta original, que era de un 8% para el trimestre diciembre-febrero: quedó en tres subas mensuales que acumulaban un 5,5% -a lo que, como es tradicional, se agregaba una suma «no remunerativa»-.

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En todo caso, el mensaje era claro, los salarios debían seguir la línea marcada por el gobierno, dado que la inflación iba en descenso y, para mejor, la canasta básica -es decir, la que marca el consumo mínimo para estar sobre la línea de pobreza- mostraba un freno mayor que el promedio de los precios.

Hasta febrero, las cosas salieron como el gobierno preveía. Y eso quedó confirmado por los datos estadísticos oficiales que acaba de difundir el Indec. El salario del sector registrado tuvo, entre diciembre y febrero, un incremento promedio de 7,4%, a tono con la inflación del trimestre -como es habitual, con el sector estatal tres décimas debajo del privado-.

Y si se considera el promedio general, que incluye a los trabajadores no registrados, entonces la recomposición fue mucho más alta, dado que el Indec midió para esos cuentapropistas y trabajadores informales una mejora de 25% en el trimestre.

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Pero claro, todos estos números son promedios por sector, y además hacen la medición «entre puntas», que siempre subestima la erosión cotidiana del salario. Es por eso que los ante las cifras del Indec que esgrimen los funcionarios, los sindicatos también muestran sus propios cálculos, que en muchos casos específicos muestran todavía un nivel de compra inferior al del recambio gubernamental.

El punto de inflexión sindical

Lo cierto es que el 3,7% que marcó el IPC de marzo cambió por completo el panorama. Los camioneros de Moyano que habían marcado la pauta alineada con el gobierno en el inicio del año, ahora están reclamando una recomposición.

Lo cierto es que hay un empeoramiento en la relación de los sindicatos y el gobierno. Es algo que ya quedó en claro cuando la central sindical CGT salió de su tesitura negociadora y convocó a inicios de abril a un paro general -el tercero de la era Milei-.

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Más allá de que el paro tuvo una adhesión regular por el no acompañamiento del gremio transportista, la cúpula gremial envió un mensaje claro respecto de las dudas que habían surgido sobre la sostenibilidad del plan económico. Y, como ya había ocurrido otras veces, el mayor nivel de adhesión al paro no estuvo entre los trabajadores de menores ingresos -como pueden ser los empleados de comercio o los cuentapropistas que hacen servicio de delivery, sino los afiliados a los grandes gremios de sectores poderosos, como la banca, la logística, la industria y la energía.

Desde ya, el sector público fue uno de los protagonistas de la protesta, algo que se explica no sólo por su retraso salarial durante el año pasado sino por el temor a la pérdida de puestos de empleo en el marco de las reformas anunciadas por el ministro de Desregulación estatal, Federico Sturzenegger.

Las últimas protestas tienen una diferencia importante respecto de las primeras movilizaciones que había convocado la CGT: antes, el tema principal de controversia era el regreso del impuesto a las Ganancias para los asalariados de nivel más alto, así como la reforma en el sistema de obras sociales.

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Ahora, el foco está puesto en el nivel salarial, algo que legitima a la cúpula sindical ante sus bases de trabajadores con menores ingresos. De hecho, entre las principales quejas contra Caputo está su tendencia a interferir en las negociaciones –por la vía de no homologar aumentos demasiado altos-, algo sobre lo que los sindicalistas suelen ironizar, porque no se condice con la ideología liberal del gobierno.

Las nuevas protestas sindicales apuntan también a los compromisos de reformas estructurales que el gobierno firmó en el nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, en especial la reforma del marco legal del trabajo.

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ECONOMIA

Banco Nación se sumó a Adeba a casi un año de su renuncia a la Asociación de Bancos Públicos y Privados

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“El sistema bancario argentino está llamado a ser uno de los pilares de la recuperación de Argentina», dijo el BNA

En abril del año pasado, de manera sorpresiva, Banco Nación anunció que renunciaba a la Asociación de Bancos Públicos y Privados de la República Argentina (Abappra), la institución que nuclea a las entidades financieras estatales y que referencia a la banca pública en el país.

Ahora, la entidad oficial que preside Darío Wasserman –luego de la salida de Daniel Tillard a mediados de diciembre– anunció que ingresa como miembro pleno a la Asociación de Bancos Argentinos (Adeba) tras la aprobación, por unanimidad, de su Comisión Directiva.

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“El sistema bancario argentino está llamado a ser uno de los pilares de la recuperación de Argentina, a través de la prestación de servicios financieros, provisión de medios de pagos y generación de préstamos”, dijo el Nación.

También destacó que con su incorporación, el número de entidades miembro de Adeba asciende a 30, “fortaleciéndose así la representatividad de la asociación en el país”.

Darío Wasserman
Darío Wasserman

“Adeba tiene como objetivo promover el desarrollo sostenible del país y de la banca argentina, con inclusión financiera, en un contexto de competencia en igualdad de condiciones y observando las buenas prácticas”, dijo el mayor banco del país.

Ahora, Adeba tiene 50% de los bancos del sector (30), 55% de los empleados y alrededor del 60% tanto de los activos como de patrimonio neto total de las entidades.

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Al momento de ser designado, Wasserman ocupaba la vicepresidencia de la entidad desde el inicio de la gestión de Javier Milei. Desarrolló su carrera en el sistema financiero con foco en las Sociedades de Garantías Recíprocas (SGR), presidió Móvil SGR y Garantizar SGR, la sociedad del sector que cuenta con una participación accionaria principal del Nación. Además, estuvo al frente de la Cámara Argentina de Sociedades de Garantías Recíprocas y fue vicepresidente segundo de la Asociación Latinoamericana de Instituciones de Garantía (ALIGA) entre 2016 y 2018.

Está casado con Pilar Ramírez, presidenta del bloque libertario de la Legislatura y referente porteña de La Libertad Avanza.

La salida de BNA de Abappra sorprendió al mercado y no hubo, de manera oficial, información sobre las razones que la motivaron. Tampoco hubo una comunicación oficial al respecto.

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Incluso el propio Tillard era presidente de la entidad, tal como marca una tradición de muchos años. Dado que se trata del banco más importante del país, que siempre mantiene una postura política oficialista frente a los distintos gobiernos, quien preside el Nación también lo hace con la entidad que agrupa a los bancos públicos.

Desde el mercado surgieron algunas conjeturas, en ese momento, sobre la decisión. Una de ellas apunta a lo meramente partidario, entendiendo que la gestión libertaria no quiere compartir una entidad con el Banco Provincia y el Banco Ciudad, vinculados al peronismo y al PRO, respectivamente. Sus presidentes, Juan Cuattromo y Guillermo Laje, son vicepresidentes de Abappra.

La nota de renuncia del
La nota de renuncia del Banco Nación

El Nación fue transformado en Sociedad Anónima en febrero pasado mediante un decreto del Presidente Javier Milei, como paso previo a la apertura al capital privado que todavía tiene mucho camino por recorrer, ya que requiere de una aprobación del Congreso. El 100% de su capital sigue siendo del Estado Nacional.

La nueva condición de S.A. del Nación (hasta hace poco era un ente autárquico) tampoco le impedía participar en Abappra. La entidad congrega a muchos bancos provinciales que revisten la condición de Sociedad Anónima. Entre ellos, el Banco de Córdoba (Bancor), que se transformó en S.A. en 2004 justamente bajo la presidencia de Tillard.

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La representación de las entidades financieras se reparte en otras tres asociaciones: Adeba, que reúne a los bancos privados de capital nacional; ABA, que lo hace con los bancos de capital extranjero, y ABE, que representa a la banca especializada.



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ECONOMIA

Caputo encendió el freezer: con inflación en alza, renovó deuda y aspiró $1,7 billones del mercado

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El mensaje de Luis Caputo fue contundente: todavía se sigue considerando peligroso que haya un exceso de pesos circulando en la calle. Por eso, en la última licitación del Tesoro, no solamente se renovaron los $7,3 billones de deuda pública que vencía, sino que además se absorbieron otros $1,72 billones.

Y no es casual el «timing» de esta decisión: justo cuando se reinstaló el temor por la aceleración inflacionaria, tras el imprevisto 2,9% que arrojó el IPC. Ese nivel de «rolleo» compensa la inyección de pesos que surgió como consecuencia de la masiva compra de dólares del Banco Central.

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De hecho, la licitación coincidió con la compra más alta realizada por el BCRA en lo que va del año, por u$s214 millones. Así, en lo que va del año acumula u$s1.906 millones -que, al cambio actual, equivale a unos $2,6 billones.

«El resultado fue sumamente positivo. Consideramos que el Tesoro necesita de un rollover alto este año para hacer frente no sólo a los compromisos de deuda en pesos, sino también parcialmente a los de dólares, como hizo la semana pasada con el pago de dólares al FMI», observó el informe de research de la financiera Puente.

Y la referencia a los dólares está vinculada al exigente calendario de vencimientos de la deuda en pesos, que para febrero prevé otros u$s1.000 millones en Bopreales, y luego unos u$s18.000 millones hasta fin de año. Parte de esos vencimientos son a nombre del BCRA mientras que otros son del Tesoro -que necesita contar siempre con un excedente de pesos para comprarle los dólares al Central-.

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Lejos del Punto Anker

Lo ocurrido este miércoles muestra que ha quedado muy lejos el «Punto Anker», como denominaba el equipo de Toto Caputo a la situación en la que un vencimiento quedaba sin un «rolleo» completo porque, en una economía que se reactivaba, había demanda por el crédito. Fue cuando se acuñó la frase de que «los bancos volvieron a trabajar de bancos».

Pero ahora, por el contrario, cada medida monetaria parece complicar más el crédito para el sector productivo y el consumo, donde se está viendo un amesetamiento. Los bancos volvieron, en parte, a trabajar de proveedores de liquidez para el Tesoro.

Y ese es un tema que genera polémica, porque los economistas más críticos afirman que no es cierto el argumento oficial de que haya un «ancla monetaria» sino que hubo una expansión, que finalmente queda evidenciada en la acumulación de intereses de las Lecaps.

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Es uno de los aspectos más polémicos del plan, porque quienes objetan la contabilidad oficial afirman que esos intereses -que no se pagan mensualmente pero se acumulan al vencimiento-, deberían ser restados del resultado fiscal, y que en los hechos no existe el superávit del que se jacta el gobierno.

Lo cierto es que los críticos del Gobierno afirman que la emisión monetaria, aunque a ritmo más lento, continúa. De hecho, la variación interanual de la masa de pesos coincide con la inflación de 31,5% que se acumuló en 2025.

Y advierten que la estrategia de renovar deuda en pesos con tasas altas para que los inversores no vayan al dólar es, en definitiva, una forma de emisión monetaria que el mercado no convalida y que por eso termina volviendo a las arcas del Tesoro.

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Otro sector de economistas, en cambio, no equipara a la deuda del Tesoro como dinero, y creen que después de marzo, cuando se hayan superado dificultades estacionales, subirá la demanda de pesos por parte del público. Y que, en ese momento, Toto ya no absorberá liquidez sino que devolverá liquidez al mercado.

El pragmatismo de Luis Caputo

En todo caso, no es la primera vez que Caputo hace gala de su pragmatismo: después de la elección legislativa, y a pesar de haber declarado que se había despejado el «riesgo kuka» y que la economía había ingresado en una etapa de aumento de la demanda de pesos, igualmente eligió la opción contractiva.

Como es habitual, el Gobierno presentó el resultado de la licitación como un síntoma de confianza del mercado. En otros tiempos, se argumentaba que si los títulos «dólar linked» tenían baja demanda, era porque no había temores a la devaluación. Luego, cuando hubo furor por esos bonos, se presentó como un dato positivo la gran cantidad de oferta recibida por parte de los inversores.

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En esta ocasión, se planteó como un elemento positivo el hecho de que los bancos hayan ofertado $11,51 billones, es decir que el Tesoro podría haber absorbido otros $2,48 billones si hubiese querido convalidar mayores tasas de interés. A primera vista, parece un argumento contrario al discurso oficial de que los argentinos demandan más pesos porque se disipó el riesgo de que la oposición boicoteara el plan económico.

Sin embargo, ante el ruido generado por la inflación persistente, unido además a los temores de que la compra de reservas traiga como contracara una inyección de pesos «excedentes», no hubo dudas en volver a «pasar la aspiradora», una medida políticamente antipática porque suele ser considerada como un síntoma de estancamiento en la actividad productiva.

Javier Milei celebró el «tremendo dato»

Pero para el gobierno no sólo era importante mostrar su capacidad de contraer la base monetaria, sino además que eso podía realizarse con un menor nivel de tasas que en la licitación anterior.

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El propio Javier Milei calificó como «tremendo dato» el rollover de 123% a tasas de mercado, y acompañó el posteo con el infaltable «VLLC».

A diferencia de otras licitaciones, esta vez no hubo mucha posibilidad de celebrar un estiramiento en los plazos de la deuda, ya que la mayor parte se concentró en los papeles de corto plazo, como la Lecap que vence en abril y paga una tasa efectiva anual de 39,48%. La «duration» promedio del monto licitado es de cinco meses, según el reporte de la consultora Romano.

Hubo también una colocación de $2 billones en títulos ajustables por CER, un dato que en otro momento no habría llamado la atención, pero que quedó en el centro de la polémica desde que Toto Caputo calificó esa demanda como una demostración de que el mercado no desconfía de la metodología de medición de la inflación.

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Fue un argumento polémico, dado que los críticos del gobierno afirman que, lejos de reflejar confianza por parte de los inversores, esa actitud deja en claro una expectativa de que la inflación continuará al alza y que, por lo tanto, buscan los papeles que otorguen cobertura.

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Jornada financiera: el dólar volvió a bajar y las compras del BCRA apuntalaron los bonos

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Las acciones argentinas bajaron en el mercado local y en el exterior.

La debilidad del precio del dólar y la importante compra de más de USD 200 millones del BCRA en el mercado resaltaron en la rueda financiera. La mejora en las reservas netas por esta operatoria sostuvo a los títulos públicos, mientras que las acciones argentinas cayeron tanto en la plaza local como el exterior.

El monto de negocios en el segmento de contado del mercado mayorista alcanzó importantes USD 591,5 millones, una cifra elevada en esta época del año, dado que este volumen de oferta suele ser más habitual a partir de abril, con mayores liquidaciones por exportaciones.

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El dólar mayorista restó seis pesos o 0,4% en el día, a 1.400 pesos, un mínimo desde el 17 de noviembre último ($1.387). En febrero el tipo de cambio oficial cede 47 pesos o 3,2%, mientras que en lo que va de 2026 esta baja se amplía a 55 pesos o 3,8 por ciento.

Con un techo de las bandas cambiarias oficiales en $1.581,83, el dólar mayorista se alejó en 181,83 o 13% de ese límite para la libre flotación. Es la mayor distancia entre el tipo de cambio oficial y la banda superior del régimen cambiario desde el 19 de agosto (19,1%).

“Las primeras operaciones llevaron rápidamente al tipo de cambio hacia la zona de $1.400, nivel que nuevamente actuó como soporte y que, por ahora, el mercado no logra perforar con decisión (…) consolidando ese valor como referencia inmediata. De esta manera, la divisa continúa operando en una zona que no se veía desde noviembre pasado, lo que dimensiona el ajuste reciente”, detalló Nicolás Merino, operador de ABC Mercado de Cambios.

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En provecho del elevado monto operado en el spot, el Banco Central efectuó compras en la plaza por USD 214 millones (36,2% de la oferta), la cifra más alta del año. En febrero el saldo a favor para el Central por su intervención alcanza los USD 749 millones, mientras que en el balance de 2026 suma 1.906 millones de dólares. Las reservas internacionales brutas aumentaron en USD 75 millones, a 45.307 millones de dólares.

“Hay dos razones principales por las que está bajando el dólar. La primera es que tanto empresas como provincias están trayendo dólares del exterior a la Argentina. Desde octubre, después de las elecciones, muchas consiguieron financiamiento afuera y el Gobierno las obliga a liquidar el 90% de esos dólares durante los primeros seis meses. Eso genera un fuerte ingreso de divisas”, explicó Ian Colombo, asesor financiero de Cocos Gold.

“El segundo punto es que hoy no hay en Argentina instrumentos en dólares que ofrezcan rendimientos tan atractivos como antes. Entonces muchas personas físicas, que tienen dólares en cartera, se encuentran sin buenas alternativas para invertirlos y optan por venderlos para pasarse a pesos y buscar mayor rendimiento”, añadió Colombo.

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En la misma línea, el dólar al público descontó cinco pesos o 0,3%, a $1.420 para la venta en el Banco Nación. Se trató también del precio más bajo desde el 17 de noviembre ($1.415).

En el mercado de dólar futuro hubo un cierre mixto, con negocios por el equivalente a USD 865,6 millones. Los contratos con vencimiento este mes restaron 50 centavos, a $1.422, un 13% por debajo del techo de las bandas cambiarias previsto para fin de febrero.

Ante un dato de inflación de enero de 2,9%, el techo de las bandas cambiarias se ampliará a $1.654, unos 196,50 pesos o 13,5% por encima del contrato para fin de marzo, que terminó operado a 1.457,50 pesos.

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La cotización blue del dólar rebotó diez pesos o 0,7%, a $1.435 para la venta. Así, la divisa informal ajustó la baja de febrero a 35 pesos o 2,4 por ciento.

El tratamiento legislativo de la ley de modernización laboral impulsada por el Gobierno, que ingresó al Senado con 28 modificaciones, por ahora no logró darle fuerza alcista a los títulos privados.

El índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires cerró con una baja de 1,4%, en los 3.017.641 puntos, mientras que los títulos públicos en dólares -Bonares y Globales- promediaron una suba de precios del 0,4 por ciento, con un riesgo país estabilizado en los 506 puntos básicos.

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Las acciones de Telecom Argentina encabezaron las pérdidas en el Merval porteño, con un 9,2 por ciento. En Wall Street también destacó la caída de Globant (-7,2%).

El Ministerio de Economía informó que la Secretaría de Finanzas adjudicó un total de $9,02 billones en la licitación de deuda en pesos de corto plazo de este miércoles, tras haber recibido ofertas por un total de $11,51 billones. Ello significó un un rollover de 123,4% sobre los vencimientos del día de la fecha.

“El Gobierno logró no sólo renovar todos los vencimientos, sino tomar un 23% más de fondos y a tasas de mercado. Es decir, no tuvo que dar un premio como las licitaciones anteriores y aún así pudo tomar de más”, comentaron los expertos de Puente.

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“El resultado fue sumamente positivo. Consideramos que el Tesoro necesita de un rollover alto este año para hacer frente no sólo a los compromisos de deuda en pesos, sino también parcialmente a los de dólares, como hizo la semana pasada con el pago al FMI. En este sentido, y así como sucede con el programa de compra de reservas del BCRA, en lo que va del año el Gobierno se encuentra sobre cumpliendo sus objetivos», añadieron desde Puente.

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