ECONOMIA
Cuál es la billetera virtual que te paga más intereses y te ayuda a ahorrar

Mercado Pago es considerada en la actualidad la billetera virtual más popular en nuestro país. La misma se explica por varios factores, los cuales van desde su integración con Mercado Pago hasta la posibilidad de acceder de forma simple y sencilla a opciones de ahorro e inversión como adquirir dólares hasta generar rendimientos con su fondo común de inversión.
No obstante, en el último tiempo, los rendimientos ofrecidos se alejan a los que otorga otras billeteras virtuales del mercado.
Prex: la billetera virtual que paga más intereses
Prex se ubica en el primer lugar del ranking con una TNA del 45,8%, superando a competidores como Ualá. Se trata de la billetera uruguaya que opera en nuestro país y logró posicionarse con fuerza entre las tasas más elevadas del sistema para su cuenta remunerada en pesos.
Con esta tasa, la billetera virtual busca captar usuarios al otorgar un rendimiento superior, los cuales se acreditan a diario y sin requisitos de consumo ni costos de mantenimiento.
Cabe recordar que Ualá viene liderando el segmento. Hoy otorga un 40% de tasa nominal anual base, aunque puede escalar hasta un 45% nominal anual *tasa plus) si el usuario genera consumos u operaciones por un mínimo de $500.000 el mes previo dentro del ecosistema Ualá.
Dicho esquema se encuentra publicado en la página oficial de la fintech. En la práctica, muchos usuarios logran acceder a la plus, pero la condición mensual hace que no todos perciban el rendimiento máximo. Por tal motivo, en la comparación estricta por «tasa accesible sin condición«, Prex lidera el ranking.
Asimismo, Personal Pay figura en relevamientos de esta semana cerca de 39,2%–39,4% TNA. El rendimiento es vía FCI money market con acreditación diaria.
Cuentas remuneradas vs fondos comunes de inversión
En el ecosistema de bancos y billeteras virtuales, conviven dos alternativas: por un lado, las cuentas remuneradas generan intereses diarios sobre el saldo, con disponibilidad inmediata, como es el caso de Naranja X.
Por otra parte, están los fondos comunes de inversión, que generan rendimientos en instrumentos de corto plazo, como es el caso de Mercado Pago.
Los bancos y las «billeteras cripto» se suman a la contienda
La tercera billetera mejor paga es Naranja X, la cual genera un rendimiento nominal anual del 43% para su cuenta en pesos, mientras que Lemon Cash brinda un 37,43%.
Cabe recordar que Naranja X es propiedad del Grupo Financiero Galicia, que logró el control total en 2020 luego de una reestructuración accionaria. La empresa se inició como Tarjeta Naranja, creada en 1985 por los cordobeses David Ruda y Gerardo Asrin, pero a mediados de los años noventa Banco Galicia obtuvo primero el 49% y luego se quedó con más del 80% de la compañía.
Por otra parte, Lemon Cash es una de las startup fintech líderes en Argentina en materia cripto, fundada en 2019 por Marcelo Cavazzoli junto con Alan Boryszanski y Borja Martel Seward.
Cuánto gano invirtiendo en una billetera virtual
Dependiendo del monto invertido a lo largo del mes calendario serán los intereses que se obtienen. Si una persona coloca $1.000.000 en una billetera virtual durante un mes en Prex, a un rendimiento del 45,8% nominal anual, la ganancia es de unos $1.260 diarios, que suman aproximadamente $37.900 al mes.
En Mercado Pago, con un 37% de tasa nominal anual aproximada, el rendimiento ronda los $1.012 diarios, es decir, unos $30.360 al mes.
En Naranja X, con la mencionada tasa nominal anual del 43%, se accede a unos $1.178 por día, equivalentes a $35.340 en 30 días. De esta forma, queda en evidencia las diferencias de los rendimientos que genera cada billetera.
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ECONOMIA
El campo argentino también sufre los efectos de la guerra, pese a la suba del precio de la soja

Duró poco la euforia inicial por los «petrodólares» adicionales que podían ingresar al país como consecuencia del conflicto en Medio Oriente y la disparada de las cotizaciones. Además de los consabidos incrementos de precios de los fletes, del impacto en la importación de gas licuado y en el seguro ajuste que sufrirán las naftas en el mercado doméstico, hay otra víctima de la guerra de la que se habla poco: el campo argentino.
Y es por eso que los reclamos por una nueva baja de retenciones a la exportación cobraron fuerza en los últimos días, algo que puede tomar un cariz conflictivo, dado que mientras el presidente Javier Milei avisó que la baja de la presión tributaria será gradual para no afectar las cuentas fiscales, desde las gremiales de pequeños productores ya se habla sobre rentabilidades neutras y hasta casos de quebranto.
La cuenta es sencilla e impactante: con respecto a los precios de hace un mes, la tonelada de soja en el mercado de Chicago aumentó un 4%, pero el costo de la urea -un insumo fundamental para la fertilización de los cultivos- se disparó un 25%. Dicho de otra forma, hace un mes se necesitaba vender 1,4 toneladas de soja para comprar una tonelada de urea, mientras que ahora se necesita 1,7 toneladas, y la tendencia es al alza.
Esto es lo que hace que lo que en principio iba a ser una buena temporada para el campo argentino, súbitamente se haya transformado en un caldo de cultivo para los quebrantos. Ya desde el año pasado los productores se quejaban de que, fuera de la zona núcleo, los números del negocio no estaban cerrando, y que esa situación no cambió con la rebaja de dos puntos a las retenciones de la exportación sojera.
Para colmo, el precio que se le paga al productor en el mercado interno no está subiendo a la misma velocidad que el internacional. Más bien al contrario, cuando se hace la conversión a dólares de los precios en Rosario, lo que se observa es una merma. Los actuales $465.000 equivalen a u$s328, el precio más bajo desde el fin del «tax holiday» de octubre pasado.
Mercados alterados por la guerra en Medio Oriente
Y, de momento, todo indica que la tendencia se acentuará. Mientras el petróleo sigue en la montaña rusa, los reportes de las consultoras de materias primas advierten sobre los efectos por venir: «La guerra de Irán está empezando a hacerse evidente en los mercados globales de commodities. Una de las primeras señales: los precios de los fertilizantes, que saltaron a su nivel más alto desde 2022», argumenta un informe reciente de SovEcon, que compara la situación actual con la que se generó tras la invasión rusa a Ucrania, cuatro años atrás.
Los expertos en el tema afirman que, lejos de haber alcanzado su pico, este impacto sobre el agro mundial recién está empezando a acelerarse. Irán es el cuarto mayor productor de urea, y además acaba de bombardear una planta productora en Quatar.
El informe de SovEcon señala, por ejemplo, que en la medida en que el precio del petróleo se mantenga en niveles altos, esto afectará la demanda de los biocombustibles, lo cual dejará margen para una mayor suba en la cotización del maíz. Es una situación que, por un lado beneficiaría la exportación argentina, aunque también pondría presión sobre precios del mercado doméstico.
Respecto de la soja, en cambio, se considera que ya en los meses previos el precio estaba descontando las tensiones geopolíticas y que no tiene -al menos mientras el petróleo Brent no supere los u$s100 por barril- tanto recorrido alcista. Uno de los motivos para esa suposición, claro, es el boom de oferta por las excelentes cosechas en Estados Unidos y Brasil. Puesto en números, el país del norte subirá un 4,4% su nivel de la campaña pasada y cosechará 121 millones de toneladas de soja, mientras Brasil batió su récord productivo con una «super zafra» de 180 millones.
Revisando los márgenes
Y es entonces cuando surge el interrogante: ¿se mantienen los pronósticos optimistas sobre el aporte de divisas del campo para este año? En principio, gracias al muy buen volumen logrado -la Bolsa de Comercio de Rosario prevé 48 millones de toneladas de soja, apenas por debajo de la cosecha del año pasado-, el optimismo se mantiene.
Si a la soja se suman las excelentes campañas de maíz y trigo, totalizarían un volumen récord de 140 millones de toneladas. Es así que se especula con una liquidación de granos en el orden de u$s40.000 millones, una cifra que no se veía desde 2022, cuando el conflicto ruso-ucraniano llevó la cotización de la soja por encima de u$s630.
Pero claro, con costos crecientes, se torna una decisión difícil la de cuándo vender. Según informó Marianela de Emilio, experta del Inta y Agroeducación, uno de los principales insumos para la fertilización, el fosfato diamónico ya subió un 6% en los embarques de Nueva Orleans. Y se trata de un insumo aun más caro que la urea: actualmente una tonelada de este fertilizante equivale a 2,7 toneladas de soja, 4,9 de maíz y 5 de trigo.
«El gran problema es la cantidad de pesos en los costos básicos y la relación que hay con la generación de dólares», plantea el consultor Sergio Juve en un informe de AgroEducación.
Y adelanta que los productores tendrán que rehacer todos los cálculos con vistas a la planificación de la cosecha fina, en una cuenta donde no sólo deben tenerse en cuenta las cotizaciones de los mercados de futuros sino, además, el manejo del costo financiero para quienes tomaron crédito.
El factor financiero
Ya desde hace un año, en el campo se están dando una sucesión de crisis financieras, incluyendo algunos nombres resonantes, como Los Grobo. Al principio, el gobierno minimizó el problema, y dijo que la mayoría de los casos se explicaban por la toma irresponsable de deuda para aumentar stock, que se hacía con la previsión de que luego la inflación licuaría los costos financieros.
Sin embargo, tras un año de tipo de cambio relativamente estable y de inflación en descenso, los problemas financieros del campo no han mermado. Más bien al contrario, abundan las advertencias de empresarios agrícolas que se quejan sobre la «inviabilidad» del negocio por la combinación de retenciones y, además, un tipo de cambio en baja.
Y, si a estas quejas -que ya se escuchaban antes del estallido de las hostilidades en Medio Oriente- se agrega ahora el mayor costo de los combustibles y la logística en la exportación, se puede inferir que, por más que en Chicago suba la soja, no habrá mucho margen para que las grandes exportadoras del mercado argentino mejoren el precio que les ofrecen a los productores.
Si, además, el sistema financiero mantiene tasas en pesos elevadas y los insumos se encarecen, las decisiones se tornan difíciles. Siempre está la posibilidad de recortar el uso de fertilizantes, pero eso implica menores rendimientos para la próxima campaña.
Y en cuanto al costo financiero, hay consultores que están aconsejando la toma de créditos en dólares, para aprovechar la estabilidad cambiaria y una tasa relativamente baja. Pero claro, eso supone asumir un riesgo cambiario, que obligaría a la toma de coberturas en el mercado de futuros del dólar. En definitiva, ya el costo del crédito no resultaría tan bajo.
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ECONOMIA
Ley de Semillas: un punto clave del acuerdo comercial con Estados Unidos reabre una grieta en el campo

(Imagen ilustrativa Infobae)
En su discurso durante la Asamblea Legislativa, el presidente Javier Milei volvió a poner al campo en el centro de su agenda económica. Allí, reiteró su intención de reducir las retenciones de manera gradual, “siempre que el superávit fiscal lo permita”. Pero junto con ese mensaje, revivió un tema que el agro arrastra desde hace décadas y que divide al sector: la posible reforma de la Ley de Semillas.
El debate no es nuevo, pero volvió a cobrar fuerza tras el acuerdo comercial que la Argentina firmó el mes pasado con Estados Unidos. Según ese entendimiento, el país debería avanzar hacia los estándares de la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales, conocidos como UPOV 91.
Se trata de una norma internacional que refuerza la protección de la propiedad intelectual sobre las variedades vegetales. Y que, en la práctica, cambia las reglas del negocio de la genética agrícola.
Detrás de esta discusión técnica, aparece un conflicto sectorial más profundo. Por un lado, las empresas semilleras sostienen que sin protección de la innovación no hay incentivos para invertir en genética, y, por el otro, buena parte de los productores teme que una normativa más estricta limite prácticas históricas del agro argentino y eleve los costos de producción.
La ley vigente en el país data de 1973 y quedó desactualizada frente al avance de la biotecnología y del comercio global de semillas. Mientras tanto, más de 60 países ya adoptaron UPOV 91 como estándar internacional.
En el centro de la discusión aparece una práctica clave del agro argentino. El llamado ‘uso propio’ implica que los productores pueden guardar parte de su cosecha y volver a sembrarla en la campaña siguiente sin pagar regalías adicionales por la genética utilizada.
Las empresas del sector sostienen que este esquema dificulta recuperar las inversiones en investigación y desarrollo. Los productores, en cambio, advierten que limitarlo podría concentrar el negocio en pocas multinacionales y encarecer la implantación de los cultivos.

(Revista Chacra)
En la práctica, el sistema actual genera además un incentivo a la multiplicación informal de semillas. Un productor puede comprar una variedad una campaña, comprobar su buen desempeño y luego reservar parte del grano para volver a sembrarlo en las siguientes temporadas.
Según datos del mercado local, el nivel de formalidad en el pago de derechos de propiedad intelectual en semillas no supera el 40 por ciento. En Brasil, en cambio, más del 80% de los productores reconoce esos derechos.
Para parte de la industria semillera, ese diferencial explica el atraso productivo argentino. “En el caso de la soja, el principal cultivo del país, los rindes se mantienen prácticamente estancados desde hace dos décadas en torno a los 3.000 kilos por hectárea. En ese mismo período, Brasil pasó de tener rendimientos unos 300 kilos inferiores a los de la Argentina a superarlos hoy en más de 350 kilos por hectárea”, dijo el analista agropecuario Javier Preciado Patiño.
Analizó, además, que si el país vecino tuviera hoy el mismo rendimiento que a comienzos de los años 2000, su producción rondaría las 134 millones de toneladas. En cambio, actualmente se ubica cerca de las 180 millones de toneladas al año.
Para algunos actores del sector, la explicación está en el acceso a genética más avanzada. “La discusión de fondo es si queremos que el productor argentino acceda a la misma tecnología que utilizan los productores brasileños o estadounidenses”, explicó una fuente vinculada a la industria semillera. Según ese diagnóstico, la falta de un sistema claro de recuperación de la inversión en genética desincentiva la llegada de nuevos desarrollos al país.
“Para quien se adelante a objetar que el diferencial es impositivo, el algodón lo muestra todavía más nítido. Tuvo retenciones más bajas que los cultivos principales, las eliminamos, y aún así tenemos la mitad del rinde que Brasil (~700 kg de fibra/ha vs +1.500)”, escribió el secretario de Desregulación y Transformación del Estado, Alejandro Cacace, en su cuenta de X.
Destacó, además, que “la innovación agrícola es hiperlocal, particular a cada geografía. Sin retorno para quien la desarrolla acá, no se desarrolla acá. Sin innovación, los rindes se estancan. Ese rinde no capturado son miles de millones en exportaciones que no ocurren. El pago de semillas no es un beneficio para las semilleras. Es la condición para que exista mejoramiento local. Y con rindes estancados, el que pierde es el productor. Más tecnología en el campo = más kilos por hectárea = más Argentina”, publicó el funcionario.
En los últimos años varias compañías redujeron sus programas de investigación o limitaron la introducción de nuevas variedades. La soja Intacta, desarrollada por Bayer, dejó de tener nuevas versiones comerciales en el mercado local, mientras que otras tecnologías que ya se utilizan en Brasil o Estados Unidos todavía no están disponibles para los productores argentinos.
Actualmente, apenas un puñado de empresas mantiene programas de mejoramiento de soja a escala en el país, encabezados por compañías como DonMario y algunos desarrollos de origen internacional.

Desde una de las principales compañías de genética agrícola con presencia global y operaciones en la Argentina señalaron que los países que reforzaron la protección de la propiedad intelectual lograron acelerar la adopción de nuevas variedades y expandir sus exportaciones agrícolas.
Ante la falta de una reforma legal, la propia industria impulsó en los últimos años un sistema privado para regular el pago de regalías. Se trata de Sembrá Evolución, un esquema de licencias que ya reúne a más de 21.000 productores y cubre unas 3,8 millones de hectáreas de soja sobre un total cercano a las 16 millones sembradas en el país.
El sistema busca ordenar el reconocimiento de la propiedad intelectual sobre las variedades, aunque el nivel de adhesión todavía es parcial y convive con prácticas informales como la llamada ‘bolsa blanca’.
La Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP) advirtió que la adhesión a UPOV 91 “limita severamente el concepto de uso propio”, desequilibra la relación entre obtentores y productores y podría incrementar los costos de implantación.
En un comunicado, la entidad reconoció la necesidad de reglas claras para fomentar la innovación, pero reclamó preservar el rol del productor como “socio estratégico y no solo cliente cautivo de la tecnología de semillas”.
La Mesa de Enlace también comenzó a analizar el tema. Según explicó Andrea Sarnari, presidenta de Federación Agraria Argentina, la entidad no respaldará la adhesión a UPOV 91, aunque está dispuesta a discutir una nueva ley nacional que combine innovación con los derechos históricos de los productores.

REUTERS/Tomas Cuesta
Desde Coninagro, su presidente Lucas Magnano destacó la importancia de alcanzar consensos dentro del sector y vinculó el debate con el estancamiento productivo del país. “Argentina está estancada en materia productiva hace bastante tiempo”, señaló. Y agregó que para alcanzar una producción de 300 millones de toneladas de granos -tal como lo dijo el presidente en su discurso en el Congreso- también será necesario avanzar en la reducción de las retenciones.
El frente político no es sencillo. Durante más de dos décadas se presentaron distintos proyectos para actualizar la Ley de Semillas, pero ninguno logró avanzar en el Congreso. Las diferencias entre productores, empresas y entidades rurales imposibilitaron cualquier intento de reforma.
En el sector reconocen que el debate volverá a ser intenso en el Parlamento, donde las entidades rurales mantienen fuerte influencia sobre distintos bloques políticos. Comentan que, incluso dentro del oficialismo, conviven posiciones diferentes sobre el tema: mientras algunos legisladores cercanos al sector agropecuario prefieren avanzar en una nueva ley nacional otros optan por adherir directamente a UPOV 91.
Mientras tanto, el Gobierno convocó a los distintos actores del sector para presentar propuestas y anticipó el envío de un proyecto al Congreso.
La alternativa a la adhesión directa a UPOV 91 sería una nueva ley nacional. Ese proyecto —que aún no existe formalmente, pero que distintos actores del sector aseguran que está en elaboración— también deberá pasar por la Comisión de Agricultura y Ganadería, un espacio históricamente atravesado por la influencia de las entidades rurales y de las provincias agrícolas.
ECONOMIA
Empleados de comercio negocian nuevo aumento de sueldo: qué pasa con el bono

La Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (FAECyS) y las cámaras empresarias del sector comenzarán esta semana la negociación salarial de la paritaria de Comercio 2026, en el marco de la cláusula de revisión prevista en el acuerdo firmado a fines del año pasado.
El encuentro llega en un momento clave para el convenio colectivo de trabajo 130/75, ya que en abril se incorporarán al salario básico los $100.000 no remunerativos otorgados en el último acuerdo. Esa decisión tendrá impacto directo en el sueldo de los empleados de comercio y en los descuentos que se aplican sobre el salario.
Por ese motivo, el inicio de la discusión salarial aparece como una instancia clave para definir cómo evolucionarán los sueldos del sector durante los próximos meses.
Paritarias de empleados de comercio: arranca la negociación entre gremio y empresas
La reunión entre FAECyS y las cámaras empresarias estaba prevista en el acta paritaria firmada en diciembre pasado, que estableció la revisión de las escalas salariales durante marzo.
El objetivo de esa cláusula fue permitir que las partes analicen la evolución de la economía, la inflación y el consumo antes de definir nuevos ajustes salariales para los trabajadores mercantiles.
Con la apertura formal de la mesa paritaria, se comenzarán a discutir distintos puntos centrales del acuerdo, entre ellos:
el porcentaje de aumento salarial para empleados de comercio
el esquema de aplicación de los incrementos
el cronograma de actualización del salario básico
el impacto de la incorporación de las sumas no remunerativas al sueldo
Sueldo y bono: qué pasará con los $100.000 no remunerativos
Uno de los aspectos más sensibles de la negociación es la incorporación al salario básico de los $100.000 no remunerativos (40.000 + 60.000) otorgados en el acuerdo paritario anterior.
Cuando este tipo de sumas se integran al básico se producen dos efectos simultáneos: por un lado, aumenta la base de cálculo para adicionales, aportes y contribuciones; por otro, se incrementan los descuentos que impactan sobre el salario.
Esto puede generar, en algunos casos, que el sueldo de bolsillo se vea reducido pese a que el salario bruto aumente.
Por esa razón, el gremio buscará que el nuevo acuerdo salarial contemple un incremento adicional que compense ese efecto y evite una pérdida en el ingreso neto de los trabajadores.
Inflación y consumo, las variables que siguen de cerca en la paritaria
La negociación también coincide con la publicación del próximo índice de inflación del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), un dato que suele tener fuerte influencia en las discusiones paritarias.
Desde FAECyS, conducida por Armando Cavalieri, mantienen reserva sobre el porcentaje de aumento que reclamarán, aunque en el sector anticipan que el pedido deberá contemplar varios factores clave.
Entre ellos se destacan la inflación acumulada en los últimos meses, la proyección inflacionaria para el corto plazo y el impacto que tendrá en el salario neto la incorporación de las sumas no remunerativas al básico.
Del lado empresario, en tanto, las cámaras siguen de cerca la evolución del consumo y de los indicadores de actividad antes de fijar una postura definitiva en la mesa de negociación.
Una paritaria que marca tendencia
La paritaria de empleados de comercio es la más grande del país, ya que alcanza a más de 1,2 millones de trabajadores en todo el territorio nacional.
Por ese motivo, los acuerdos salariales que se firman en esta actividad suelen convertirse en referencia para otras negociaciones de gremios y sectores productivos.
Con abril como mes clave por la incorporación de las sumas no remunerativas al salario básico, el sector espera definiciones rápidas que permitan anticipar cómo quedarán los sueldos del convenio 130/75 en el inicio del nuevo tramo paritario.
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