ECONOMIA
Cuánto cobrarán las niñeras en marzo 2026, tras el aumento

El personal de casas particulares recibirá en marzo de 2026 un nuevo incremento salarial, que impacta directamente en los ingresos de quienes se dedican al cuidado de niños y personas. Las cifras actualizadas surgen del acuerdo paritario más reciente, que incluye aumentos escalonados y bonos extraordinarios.
La Comisión Nacional de Trabajo en Casas Particulares (Cntcp) avaló una suba salarial del 3% para el personal doméstico, distribuida en dos tramos: 1,5% aplicable desde febrero y otro 1,5% desde marzo. Junto a este ajuste, se incorpora un esquema de bonos no remunerativos, cuyo monto varía según la cantidad de horas semanales trabajadas.

La Secretaría de Trabajo confirmó que quienes cumplen menos de 12 horas semanales cobrarán un bono adicional de $8.000. Para quienes trabajan entre 12 y 16 horas semanales, el monto será de $11.500, mientras que quienes superan las 16 horas cobrarán $20.000 extras. Estos montos no remunerativos se suman al salario habitual en ambos meses y no inciden sobre el cálculo de aguinaldo, vacaciones ni aportes jubilatorios.
Las remuneraciones varían en función de la tarea desempeñada y el régimen de trabajo. Las categorías oficiales incluyen supervisión, tareas específicas, caseros, asistencia y cuidado de personas, y tareas generales. Cada una cuenta con escalas propias tanto para el pago por hora como para la contratación mensual, diferenciadas según se trate de trabajo con retiro o sin retiro.
Para el mes de marzo de 2026, tras aplicar la suba del 1,5%, los salarios básicos mínimos quedan de la siguiente manera para la categoría de asistencia y cuidado de personas (que abarca a quienes trabajan como niñeras):
- Por hora con retiro: $3.599,86
- Por hora sin retiro: $4.012,14
- Mensual con retiro: $455.160,14
- Mensual sin retiro: $505.578,34

En el caso de tareas generales, la tarifa por hora es de $3.348,37 (con retiro) y $3.599,86 (sin retiro). El salario mensual correspondiente asciende a $410.773,52 y $455.160,14 respectivamente.
A estos valores se añade el bono no remunerativo de marzo, que puede llegar a $20.000 para quienes superan las 16 horas semanales, elevando el salario mensual total de una niñera a $475.160,14 (con retiro) o $525.578,34 (sin retiro).
El esquema salarial contempla también adicionales por antigüedad (1% por cada año trabajado con el mismo empleador) y zona desfavorable (30% extra sobre el sueldo mínimo para quienes trabajan en ciertas provincias y regiones). Ambas sumas se agregan de manera automática si corresponde.
El costo de vida continúa en alza y presiona sobre los ingresos del personal doméstico y de las familias empleadoras. Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), la Canasta Básica Alimentaria (CBA) alcanzó en enero de 2026 los $623.990 para una familia tipo de cuatro integrantes. Esta cifra representa un aumento del 5,8% en el primer mes del año, superando a la inflación general.

La CBA mide los ingresos mínimos necesarios para cubrir únicamente la alimentación básica y determina el umbral de indigencia. Para hogares de diferente tamaño, los valores varían: una familia de cinco personas necesita $656.301 mensuales, mientras que un hogar de tres integrantes requiere $496.769 para no caer en la indigencia.
El informe también señala que la Canasta Básica Total (CBT), que incluye todos los gastos esenciales, llegó a $1.360.299 en enero, con una suba del 3,9%. Las familias cuyos ingresos no alcanzan ese monto son consideradas pobres según la medición oficial.
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ECONOMIA
Cuánto debe ganar una familia para formar parte del 10% más rico de la población argentina

Luego de la salida de la convertibilidad, se consolidó una matriz social profundamente heterogénea que perdura hasta la actualidad, mostrando importante brechas tanto en materia de ingresos como de acceso a oportunidades entre los distintos niveles socioeconómicos.
En ese marco, un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina (ODSA) de la UCA describe la situación de las familias según el lugar que ocupan en la pirámide social.
El centro de estudios señala que en el tercio superior, se configura un estrato de clases medias-altas y altas plenamente integrado a los circuitos formales, globalizados y de alta productividad.
Es un segmento con acceso estable a bienes públicos de calidad, capacidad de ahorro, inversión en capital humano y redes de oportunidad, y con capacidad de orientar sus decisiones económicas hacia horizontes de largo plazo.
En términos de ingresos, para integrar el 3% de mayores recursos, el hogar familiar requiere percibir al menos $30 millones. A continuación se ubica el 7% que conforma la clase media alta, con ingresos desde $15 millones. Luego aparece el 20% correspondiente a los sectores medios integrados, cuyo piso de ingreso se sitúa en $5 millones.

En el tercio intermedio, se ubica una amplia clase media y media baja aspiracional, “sostenida por inserciones laborales formales y semi-formales, cuya estabilidad depende críticamente del ciclo económico. Este grupo acumula expectativas de movilidad pero sufre frustración, incertidumbre y desconfianza política ante la recurrencia de crisis macroeconómicas, la volatilidad del ingreso real y el deterioro de bienes públicos clave”, indicó el ODSA.
Para pertenecer al 20% de los hogares que compone el estrato medio aspiracional es necesario percibir al menos $3.500.000, mientras que en el segmento medio bajo vulnerable el ingreso mínimo requerido es de $2 millones.
En el tercio más bajo de la distribución se agrupa una población inserta en trabajos informales, inestables o de mera subsistencia, condicionada por un entramado de baja productividad, menor nivel educativo acumulado, fragilidad laboral y fuerte dependencia de asistencia estatal.
El ODSA indica que la debilidad de los ingresos provenientes del trabajo dificulta quebrar el círculo de la pobreza y perpetúa situaciones de exclusión económica, social y territorial.

Ahora bien, el 20% que integra el segmento bajo no indigente necesita contar con ingresos de al menos $800.000. Esa misma suma, en paralelo, funciona como el límite máximo para el 10% ubicado en situación de pobreza extrema.
Puntualmente sobre este segmento, el informe asegura las medidas de liberalización aplicadas entre 2023 y 2024 profundizaron la crisis previa, aunque hacia el segundo semestre de 2024 la estabilización macroeconómica y una recuperación parcial de los ingresos comenzaron a moderar las tasas de pobreza e indigencia.
No obstante, observan que la mejora observada en los indicadores sociales durante el período 2023-2025 se asocia principalmente a la desaceleración inflacionaria, más que a una recomposición genuina del poder de compra o a un aumento sostenido de la capacidad de consumo de los hogares.
Además, el ODSA analizó: “El actual régimen libertario abre la posibilidad de dinamizar sectores competitivos, atraer inversión y reordenar incentivos que podrían elevar la productividad y habilitar nuevas trayectorias de movilidad social”.
“Sin embargo, sus límites emergen en la falta de mecanismos inclusivos de transición y en la desarticulación del entramado productivo existente, lo que amenaza con profundizarla informalidad y la pobreza estructural si no se acompaña de una estrategia capaz de generar empleos formales y políticas activas de integración territorial y de capital humano que integren socialmente a los sectores hoy excluidos del desarrollo”, añadió.
“Sin una estrategia explícita de inversión —interna y externa— orientada a expandir el tejido pyme, profesionalizar la economía informal y fortalecer el capital humano, la estabilización macro podría derivar en un orden social más desigual, con menor movilidad ascendente, mayor fragmentación y una sociedad disciplinada por la supervivencia más que integrada por oportunidades», consideró el ODSA.
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ECONOMIA
Reforma laboral: Gremios combativos marchan al Congreso, mientras CGT avanza por la vía judicial

La división en el movimiento obrero organizado quedó plasmada con las decisiones que tomaron la Confederación General del Trabajo (CGT) y el flamante Frente de Sindicatos Unidos (FreSU) de cara al rechazo de la Ley de Modernización Laboral que será tratada este viernes en el Senado para su aprobación.
Por el momento nadie quiere hablar de quiebre, pero las declaraciones de los dirigentes de los gremios combativos auguran tiempos donde la unidad parece cada día más endeble. Las diferencias comenzaron a verse hace un par de semanas y se profundizaron el viernes último, cuando desde el FreSU anunciaron que le iban a reclamar al triunvirato cegetista un paro con movilización que fue desoído desde Azopardo.
El Gobierno, en tanto, desplegará el viernes el protocolo antipiquete en la zona del Congreso para garantizar el normal funcionamiento de la Cámara Alta. Desde el ministerio de Seguridad revelaron que se reforzarán los controles teniendo en cuenta que en las últimas dos concentraciones se registraron incidentes.
La CGT descartó un cese de tareas con movilización
La mesa chica ampliada de la CGT se reunió ayer en la sede de la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN), donde descartó tanto un nuevo cese de actividades como una manifestación frente a la Plaza de los Dos Congresos. Asimismo, confirmó su estrategia de ir por la vía judicial, donde su cuerpo de abogados ya tiene lista la presentación de las demandas que llevarán el lunes a los Tribunales.
Un integrante del consejo directivo admitió que «si la marcha a Tribunales es igual a la última que hicimos frente al Congreso, no le vamos a mover el amperímetro a los jueces; debe ser una manifestación masiva y contundente con un discurso frente al Palacio… no digo de «meter miedo», pero sí que noten que la CGT está viva».
El cónclave comenzó después de las 14 horas y registró momentos de tensión. Según fuentes gremiales, la dirigencia del transporte exigió que se vuelva a protestar frente al Parlamento, con una huelga por 24 horas para el viernes. La moción fue desestimada, planteando que «no hay clima para otro cese de tareas», sosteniendo que «los gobernadores ignoraron nuestros reclamos al igual que los legisladores, ahora tenemos que ir por los jueces, a quienes también les están recortando funciones y derechos».
Marcha a Tribunales para declarar la ley «inconstitucional»
Al término del encuentro, Jorge Sola -uno de los cotitulares de la CGT-, manifestó que «la decisión ha sido sustentar el análisis legal que se viene haciendo y la presentación judicial que va a hacer la CGT respecto de lo que creemos inconstitucional en el proyecto».
Recordó que esta estrategia fue utilizada contra el DNU 70/2023 -en el capítulo de reforma laboral- donde se logró un recurso de amparo y la declaración de inconstitucionalidad del decreto. Detalló que el actual proyecto altera tanto la representación gremial como los derechos individuales, configurando «un escenario de regresión laboral sin precedentes».
Solá aprovechó la oportunidad para pasarle factura a la clase política. Informó que desde diciembre mantuvieron reuniones con 16 gobernadores y más de 90 legisladores para advertir sobre los riesgos de la ley, pero que muchos no mantuvieron sus compromisos durante el debate.
El integrante del triunviro, por otra parte, puso la mirada en el contexto económico y social, advirtiendo que «vienen meses muy complicados, donde cada gremio y cada actividad tienen que discutir paritarias», y denunció la caída del salario real, el endeudamiento familiar y la desaparición de pymes. Frente a este panorama adelantó que los sindicatos se encuentran en un estado permanente de «debate, lucha y acción».
Esperan el respaldo de la justicia
Del encuentro participaron los miembros del triunvirato, Sola (Seguros), Cristian Jerónimo (Vidrio) y Octavio Argüello (Camioneros); el anfitrión Andrés Rodríguez (estatales, UPCN), Héctor Daer (Sanidad), Hugo Moyano (Camioneros), Gerardo Martínez (construcción, UOCRA), Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento y CATT), Omar Maturano (La Fraternidad), José Luis Lingeri (Obras Sanitarias); Marina Jaureguiberry (docentes privados SADOP), Pablo Flores (AEFIP), Omar Plaini (Canillitas), Guillermo Moser (Luz y Fuerza) y Miguel Angel Paniagua (espectáculos públicos, SUTEP)
El cuerpo de letrados de la CGT tiene prácticamente armado el amparo que será presentado el mismo lunes cuando se movilicen al Palacio de Tribunales en esta Capital. No descartan que algunas organizaciones gremiales presenten sus propias demandas, para que entren por distintos juzgados, repitiendo la modalidad aplicada contra la Ley Bases.
En los pasillos de Azopardo esperan que el malestar que generó en el ámbito judicial la eliminación del fuero nacional laboral y el traspaso a la Ciudad más la colisión entre muchos de los puntos de la reforma con la Constitución Nacional, generen la tormenta perfecta para que la Ley de Modernización Laboral sea rechazada por inconstitucional.
Viernes, jornada de lucha de los combativos: clima de ruptura con la CGT
Por su parte, el Frente de Sindicatos Unidos ratificó que el viernes, a partir de las 12, comenzarán a concentrarse frente al Congreso en tanto que dejaron en libertad de acción para que las organizaciones que la integran decidan la aplicación del paro, que rondará las 24 horas, aunque no afectará ni el servicio de trenes ni de colectivos.
El FreSu está integrado por la Unión Obrera Metalúrgica (UOM), la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), las dos CTA (de los Trabajadores y Autónoma), Aceiteros, Personal Aeronáutico, Viales, Marítimos, Portuarios, Jerárquicos de Energía y cerca de 100 organizaciones de distintas centrales obreras.
Para reflejar el clima de división en el sindicalismo, el titular de la UOM, Abel Furlán se refirió a la CGT afirmando: «No esperábamos que hagan nada, pero no importa. Nosotros vamos a seguir en la calle y vamos a federalizar el Frente en los próximos días». La intención es llevar las protestas a las provincias cuyos gobernadores apoyaron la reforma laboral oficial, por lo que no se descarta que a partir de la semana próxima se organizen marchas que, además servirán para formatear el FreSU en todo el país.
En su intención de sumar voluntades, dirigentes del espacio ya mantuvieron reuniones tanto con el ferroviario Maturano (uno de los más combativos dentro de la central obrera) como de Pablo Moyano. De hecho, ayer trascendió en las redes una foto del camionero con el secretario general de los Aceiteros, Daniel Yofra. Por ahora estos dos dirigentes siguen alineados en las filas cegetistas, pero la dinámica sindical está tan cargada de incertidumbres como la política.
El jefe de ATE, Rodolfo Aguiar, también cuestionó a la CGT: «Los mismos dirigentes que confiaron en los gobernadores y el Congreso a pesar de que los votos nunca estuvieron, ahora nos dicen que confían en la Justicia. La pregunta es cuándo van a confiar en los trabajadores. Por más que no se haya convocado a un paro, tenemos que movilizar igual. No le podemos regalar la calle al Gobierno».
Aseguró que la norma «va a profundizar la precarización de todos los trabajadores porque se trata de una ley que sólo beneficia a los empleadores» y manifestó: «Tienen que saber que en la Argentina el día viernes no se termina nada, empieza todo. No les vamos a regalar los derechos que llevaron años conquistar. En todo caso serán los responsables de que aumente la tensión social y crezca la conflictividad».
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ECONOMIA
¿El dólar está atrasado o es competitivo?: estas son las proyecciones del tipo de cambio para 2026

Con un dólar a la baja, tasas reales positivas y un flujo de divisas que sostiene la oferta, el esquema actual reabre un debate clásico: el nivel del tipo de cambio real, el rol del carry trade, la sostenibilidad de la acumulación de reservas y el rendimiento relativo de las inversiones en moneda fuerte. Esa tensión entre estabilidad y competitividad será uno de los ejes centrales del escenario hacia fin de año.
La discusión sobre si el dólar está «atrasado» o si el tipo de cambio es competitivo puede responderse observando el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral (ITCRM), que compara el precio relativo de Argentina frente a sus principales socios comerciales.
En enero de este año, el ITCR multilateral se ubicó en 93,6 puntos y el bilateral con Estados Unidos en 103,9.
Con los datos actuales, es posible afirmar que el tipo de cambio real se encuentra apreciado respecto de buena parte de los períodos en los que Argentina operó con un tipo de cambio holgado, aunque lejos de niveles extremos como los de la convertibilidad. En enero de 2026, el ITCR multilateral se ubica en 93,6 puntos y el bilateral con Estados Unidos en 103,9.
Las diferencias de diagnóstico dependen del punto de comparación. Frente a mínimos históricos como 2001, cuando el ITCRM rondaba 66-73 puntos, el nivel actual no luce tan bajo. Sin embargo, si se lo contrasta con períodos donde el tipo de cambio real fue más alto y los márgenes exportadores resultaron más amplios, el nivel actual sí aparece apreciado. No se trata de una contradicción, sino de una diferencia sobre qué se entiende por equilibrio o competitividad suficiente.
Un punto central es que, si el dólar nominal se mantiene bajo durante demasiado tiempo en un contexto donde la inflación aún persiste relativamente alta, el tipo de cambio real tiende a apreciarse. Eso encarece la economía en dólares y, gradualmente erosiona la competitividad de los sectores transables. En el corto plazo, este efecto no necesariamente se refleja en cantidades exportadas, ya que la canasta exportadora argentina está dominada por productos primarios y condicionada por ciclos productivos, infraestructura y precios internacionales, por lo que el tipo de cambio real opera primero sobre márgenes más que sobre volúmenes. En cambio, el impacto suele ser más visible del lado importador, porque un dólar relativamente barato incentiva las compras externas y, de sostenerse, puede deteriorar el saldo comercial.
No existe un nivel único y universal de tipo de cambio real de equilibrio, pero la evidencia histórica sugiere que valores en torno a 105-120 puntos se asocian con un mayor margen de competitividad. En términos generales, un tipo de cambio real alto favorece la producción transable y la generación de divisas, aunque con costos sobre precios internos y poder de compra. Un tipo de cambio real bajo ayuda a contener inflación y abarata importaciones, pero reduce competitividad y presiona sobre el balance externo. En este marco, el riesgo no necesariamente es un salto inmediato, sino el desgaste que genera sostener un tipo de cambio real apreciado durante demasiado tiempo.
El carry trade volvió a ser protagonista
En este contexto, el carry trade volvió a ganar protagonismo. La estrategia consiste en vender dólares, posicionarse en instrumentos en pesos con tasas altas y volver a dolarizarse más adelante. Mientras el tipo de cambio se mantenga estable o baje, la ganancia proviene de la tasa; pero si el dólar sube con fuerza, el rendimiento en pesos no alcanza a compensarlo y el resultado se revierte.
Los datos de 2025 muestran que la estrategia fue rentable: midiendo el rendimiento en dólares CCL, el carry acumuló una ganancia de 9,36% en el año. El resultado fue positivo, aunque lejos del desempeño excepcional de 2024, cuando el carry había arrojado retornos cercanos al 40% en dólares.

El carry trade acumuló una ganancia de 9,36% durante el 2025
La tabla mensual refleja que el retorno estuvo dominado por el comportamiento del dólar financiero. Los mejores meses fueron abril (+13,75%) y octubre (+6%), explicados por una caída del CCL. En cambio, los peores fueron marzo (-5,10%), julio (-8,49%) y septiembre (-8,30%), cuando el CCL subió fuerte y expuso el principal riesgo de la estrategia, que es la fragilidad ante una devaluación rápida.
El breakeven de la estrategia coincide con la tasa mensual: con rendimientos típicos de 2%–4% mensual, el carry funciona si el dólar no se deprecia por encima de ese umbral. Cuando el tipo de cambio supera ese nivel, el retorno en dólares se vuelve negativo.
Además, el carry tiende a retroalimentarse porque para entrar, se venden dólares, lo que aumenta la oferta y presiona el tipo de cambio a la baja. En paralelo, el Banco Central absorbe parte de esa oferta y acumula reservas, reforzando la expectativa de estabilidad cambiaria y alimentando nuevas posiciones.
Para el desempeño de 2026 conviven dos miradas: una sostiene que la ventana del carry sigue abierta si se mantiene la estabilidad del tipo de cambio y continúa la oferta de divisas (cosecha, energía y financiamiento); la otra advierte la vulnerabilidad del esquema, porque depende de que no haya un salto en dólar y porque los capitales de corto plazo pueden salir rápidamente ante cualquier señal de tensión, en un año con vencimientos relevantes en pesos. La contracara macro es que, si domina el carry, el peso tiende a apreciarse y la economía se encarece en dólares, lo que puede afectar a la competitividad y la dinámica importadora.
Mientras tanto y en línea con lo anterior, las proyecciones de tipo de cambio para fin de 2026 muestran un mercado relativamente alineado en un escenario de estabilidad, aunque con dispersión. El consenso de consultoras y bancos ubica el dólar mayorista en torno a $1.729 para diciembre, con una mediana cercana a $1.700. La estimación implica una suba anual aproximada de 19%, por debajo de la inflación esperada para 2026 (en torno al 25%), lo que sugiere que el escenario base sigue siendo de apreciación real del peso. En otras palabras: el mercado no está anticipando un salto abrupto, sino un deslizamiento moderado del tipo de cambio.
El Presupuesto 2026 aprobado es más optimista y proyecta un tipo de cambio de $1.423 a fin de año. En el otro extremo, el mercado de futuros y opciones (Matba-Rofex) y el REM lo ubican por encima, en torno a $1.750–$1.766. Incluso entre quienes esperan un dólar más alto, el escenario dominante no es el de crisis cambiaria, sino el de un dólar controlado y una corrección gradual.

Las proyecciones de tipo de cambio para fin de 2026 muestran un mercado relativamente alineado en un escenario de estabilidad, aunque con dispersión
La pregunta entonces pasa a ser por qué el dólar está a la baja hoy, aun en un país con historia de tensión cambiaria. La explicación principal está en la dinámica de oferta y demanda. Del lado de la oferta, se combinan flujos de exportaciones, ingresos de capital vía colocaciones corporativas y financiamiento externo, y operaciones vinculadas a deuda (incluyendo emisiones provinciales), que aumentan la disponibilidad de divisas en el mercado. Del lado de la demanda, la tasa en pesos y la expectativa de estabilidad cambiaria reducen el incentivo a dolarizarse, lo que deja al dólar con menos presión compradora.
En ese equilibrio, el rol del Banco Central también es relevante ya que, al comprar divisas para reservas, actúa como «piso» para que el tipo de cambio no caiga de forma más pronunciada. De hecho, sin esa demanda oficial, el dólar podría bajar más en el margen. Este esquema refuerza la estabilidad: más oferta de dólares y menos demanda privada tienden a mantener la cotización contenida, lo que a su vez retroalimenta la estrategia de hacer tasa en pesos.
Esta baja del dólar no es neutra para la economía real. Un tipo de cambio que se atrasa en términos reales puede ayudar a sostener la desinflación y abaratar transables, pero también encarece la economía en dólares y erosiona la competitividad, especialmente para sectores exportadores.
Por el lado de los metales preciosos, el oro fue el gran termómetro del poder de compra del dólar a nivel global. En 2025, la onza pasó de u$s2.609 a u$s4.337 entre diciembre de 2024 y diciembre de 2025, lo que puede interpretarse como que el dólar perdió un 66,23% de poder de compra medido contra el activo de refugio por excelencia. En lo que va de 2026, el movimiento continuó y la onza subió a u$s4.972 en enero, lo que marca un incremento adicional del 14,64% respecto del cierre de 2025. En términos acumulados desde diciembre de 2024, el oro aumentó un 90,57%. Más que una cuestión local, el dato se conecta con un escenario global donde el dólar se mostró más débil.
Rendimientos en dólares
A pesar de ese contexto, en 2025 hubo instrumentos que ofrecieron retornos positivos en dólares para los inversores. Entre las opciones más destacadas aparecieron los bonos dollar-linked (+24,6% medido al CCL) y el S&P 500 (+17,2%), seguidos por bonos soberanos en dólares como el AL30 (+11,9%). Vía tasa en pesos, el plazo fijo tradicional rindió en torno a 9%-10% en dólares. En contraste, otras alternativas que subieron en pesos no necesariamente lo hicieron en moneda dura, como el Merval que cerró con una caída del 3% medido en dólares.

A pesar del contexto, en 2025 hubo instrumentos que ofrecieron retornos positivos en dólares para los inversores.
El escenario cambiario de 2026 se sostiene hoy sobre una combinación de oferta de divisas, tasas reales positivas y un mercado que, al menos por ahora, descuenta continuidad en la estabilidad.
Al mismo tiempo, esa calma convive con tensiones estructurales: un tipo de cambio real que se aprecia si la inflación no baja al mismo ritmo, una estrategia de carry trade rentable pero frágil ante cualquier evento cambiario, y un país que se encarece en dólares mientras intenta recomponer reservas. La cuestión no es elegir dólar o pesos, sino entender el funcionamiento de la rueda actual y el riesgo que supone acumular desequilibrios si el esquema se estira demasiado tiempo.
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