ECONOMIA
¿De qué quiere hablar Kicillof con Milei?: el gobernador se diferencia del estilo confrontativo de Cristina

El convite de Axel Kicillof al presidente Javier Milei en la noche de la elección bonaerense sorprendió a todos. Hasta ahora, el gobernador se había negado a participar en convocatorias como el «Pacto de Mayo», a la que calificó como «una reunión para la foto y el marketing», y tampoco adhirió a iniciativas como el RIGI.
Del otro lado, Milei siempre ha mostrado cierta preferencia por tomarlo como blanco de sus ataques, al punto que llegó a calificarlo como «inútil soviético» y culparlo, entre otros males, del costoso juicio que Argentina perdió por la reestatización de la petrolera YPF.
Pero, además, la invitación de Kicillof implica la asunción de un nuevo escenario político. Para empezar, es un mensaje tácito hacia el presidente en el sentido de que debe admitir su debilidad política, que lo lleva al peligro de dos años sufriendo el «síndrome del pato rengo».
Por extraño que pueda parecer, la invitación de Kicillof dejó la sensación de un intento de que la Casa Rosada no pierda mayores márgenes de gobernabilidad. Pero además, claro, implica que, de parte de Milei, haya una aceptación de Kicillof como un protagonista de primera línea tras la masiva aprobación de la provincia más grande del país.
Kicillof, al plantear su invitación a Milei, se presenta como nuevo conductor del peronismo, casi seguro candidato a presidente en 2027. Es decir, no sólo le está hablando al presidente sino también a Cristina Kirchner, a Máximo, a La Cámpora, a la dirigencia sindical y al resto de los gobernadores peronistas.
No por casualidad se escuchó en cantito «borombombón, borombombón, es para Axel, la conducción». El gobernador se tomó su revancha también en la interna, dejando en claro que su estrategia de cambiar la fecha de la elección fue la correcta y que la visión de Cristina -que había anticipado un mal resultado en la provincia- estaba equivocada.
Ahora, además, Kicillof se diferencia del kirchnerismo en otro tema más de fondo: quiere asumir un rol de interlocutor de Milei, algo que jamás harían Cristina ni Máximo Kirchner, que son partidarios de un estilo de oposición frontal, sin concesiones y con apuesta a la movilización callejera, la hostilidad abierta en el Congreso y la denuncia permanente de irregularidades en el gobierno.
Es probable que esa invitación a Milei haya sido la mancha en la noche feliz de Cristina Kirchner: después de todo, la invitación al diálogo con un presidente debilitado es una actitud que hace recordar más a Alberto Fernández post PASO 2019 que al kirchnerismo duro.
El mensaje del gobernador tuvo, entonces, muchos destinatarios. Y ante un aumento en el poder de negociación de las provincias frente a la Casa Rosada, reclamó su derecho de ser un «primus inter pares».
Kicillof en versión fiscalista
Se hace difícil imaginar una reunión cara a cara entre Kicillof y Milei. ¿De qué hablarían? ¿Cuál sería el tono? ¿Habrá algo parecido a un pacto de gobernabilidad en el que se pongan sobre la mesa la asistencia financiera a las provincias?
Por lo pronto, los antecedentes de Milei llevarían a hacer pensar que esa reunión no se concretará. Posiblemente el entorno íntimo del presidente argumente que el solo hecho de aceptar la reunión sea un signo de debilidad antes de las legislativas de octubre.
Del otro lado, en cambio, el pedido de diálogo deja en claro también cierta urgencia financiera. Kicillof, paradójicamente, también ha mostrado una vocación fiscalista como la de Milei, por más que su resultado de 2024 haya terminado con un déficit primario de 2,9% sobre el ingreso provincial.
Pero ya desde el inicio, el gobernador mostró agresividad en el intento de mejorar su ingreso. En algunos casos, de manera más simbólica, como los embargos a poseedores de embarcaciones y departamentos de lujo que registraban deudas con la agencia ARBA.
Pero también se arriesgó el año pasado a un conato de rebelión fiscal por parte de los productores agrícolas, al aumentar el impuesto inmobiliario rural en niveles que muchas agremiaciones consideraron impagables. El enojo llegó al nivel de que se judicializara la medida, y en un momento se llegó a comparar el malestar de los productores con la histórica crisis de la resolución 125 del año 2008.
Kicillof se justificó con el argumento de que, en realidad, había decretado una rebaja impositiva, dado que el 99% de las propiedades recibieron incrementos que no equiparan la inflación registrada en el período.
Agregó, además, otro argumento de impacto político: que todos los productores pagan menos monto, en términos reales, que el que abonaban en la gestión de María Eugenia Vidal: la mitad de las tierras de menor valuación pagan un 86% menos, en tanto que el 10% de los campos de mayor valuación tuvieron un recorte de 10,6% en su carga impositiva. Y, para completar, recordó que la emergencia agropecuaria decretada por la sequía ocurrida en 2023 supuso beneficios impositivos para 25.222 productores por un monto de $4.200 millones.
Un cambio en el humor del sector rural
La reacción del gobierno nacional dejaba entrever comodidad en ese conflicto. El hoy candidato a senador bonaerense, José Luis Espert, afirmaba: «Así estamos los productores en la provincia de Buenos Aires. En pie de guerra. No es que no queramos pagar impuestos. No queremos que nos roben».
Mientras Guillermo Francos descartaba cualquier tipo de acuerdo con Kicillof en los temas de la agenda que se están negociando para reformular la situación fiscal y la coparticipación de impuestos.
«Difícilmente encontremos puntos de acuerdo porque tiene visiones muy distintas respecto del tipo de país que queremos. Nosotros queremos un país en libertad, absolutamente desregulado, y Kicillof quiere todo lo contrario. Quiere un país con alta regulación, con altos impuestos, haciendo todo mal, además. Y con eso no nos vamos a poner de acuerdo«, dijo el jefe de gabinete en medio del conflicto.
Pero, un año más tarde, la situación cambió. Milei ya no puede arrogarse el rol de defensor de los productores rurales: perdió incluso en zonas de la pampa húmeda donde suele registrarse un rechazo al peronismo. Todo un síntoma del malestar de los productores, que consideran insuficiente el alivio de las retenciones a la exportación, en un contexto de caída de los márgenes de rentabilidad y crecientes problemas financieros.
La puja por una mayor porción de la torta
¿Qué pedirá Kicillof? La provincia tiene una reivindicación histórica: aunque concentra al 40% de la población nacional, a la hora del reparto apenas recibe un 25% de los recursos tributarios para las provincias.
En el ranking de qué tan dependiente es cada provincia respecto de los recursos que envía la Casa Rosada, Buenos Aires está ubicada entre las cinco que están debajo del promedio nacional de 45%.
La Ciudad de Buenos Aires es la que menos depende de fondos federales: sólo un 10% de su ingreso. También se destaca por la alta generación propia la provincia de Neuquén, gracias a las regalías petroleras por el boom de Vaca Muerta: la ayuda nacional apenas explica un 15% de su recaudación. En el otro extremo, las que cuentan con menor generación de recursos propios y, por lo tanto, más dependen de la Nación son La Rioja, Santiago del Estero, Formosa y Catamarca, cuya dependencia se ubica por encima del 80%.
Para el caso de Buenos Aires, la dependencia del gobierno nacional es de 39% de los ingresos.
Llamativamente, a pesar de la guerra retórica con Milei, en lo que va del 2025 Buenos Aires ha sido la que más ha incrementado la recepción de ayuda desde el gobierno central. Con $8,8 billones que ingresaron en su caja hasta agosto por coparticipación, leyes complementarias y compensaciones, la provincia incrementó su ingreso en un 7% real.
El informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) indica que el promedio nacional fue de 4,1% y que Buenos Aires lidera ampliamente el ranking de los que más mejoraron su recepción de recursos nacionales.
Pero claro, la situación podría ser mucho mejor para Kicillof si la oposición logra que quede firme la ley por la que se coparticipa el fondo de Adelantos del Tesoro Nacional y el impuesto a los combustibles.
En ese caso, Buenos Aires pasaría a recibir en este segundo semestre unos $70.971 millones, contra un promedio de $3.636 millones recibidos semestralmente desde que Milei asumió la presidencia.
El desempleo industrial acecha
Por como está planteado el escenario político en el Congreso, Kicillof podría captar esos recursos sin tener que pedírselo a Milei.
Sin embargo, eso no elimina los problemas de financiamiento para la provincia en la que se registran los peores índices de pobreza del país. La crítica de Kicillof al modelo económico de Milei no solamente tiene una motivación ideológica, sino también práctica: sin petróleo ni litio, no aparece como candidata a vivir de grandes regalías.
Y, en cambio, es la provincia que más sufre el desempleo industrial provocado por el mix de dólar atrasado y apertura comercial a la importación. Hablando en cifras, la desocupación provincial es de 9,3%, un punto y medio por encima del promedio nacional.
La estadística provincial marca que el año pasado cerraron 7.150 empresas, en su mayoría pequeños emprendimientos, de los cuales 570 eran empresas industriales. Uno de cada cuatro empleos perdidos fue en el sector industrial manufacturero.
En definitiva, por más que esté celebrando una victoria electoral, para Kicillof también se harán largos los dos años hasta la votación presidencial de 2027. Y, en cierta medida, su suerte está atada a la capacidad de Milei por mantener la economía a flote.
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ECONOMIA
Reforma laboral: cambio clave en el sueldo si se pide licencia por enfermedad o hay un accidente

La reforma laboral impulsada por el Gobierno de Javier Milei pone bajo la lupa uno de los puntos más sensibles del vínculo entre empleadores y trabajadores: la licencia por enfermedad y los accidentes no vinculados al trabajo.
En un contexto de cambios en las reglas de contratación, indemnizaciones y modalidades de trabajo, el esquema de protección frente a problemas de salud también genera interrogantes.
Actualmente, la Ley de Contrato de Trabajo establece que el trabajador que no puede prestar tareas por enfermedad o accidente inculpable tiene derecho a seguir cobrando su salario durante un período determinado, que varía según la antigüedad y las cargas de familia.
En líneas generales, el empleador debe abonar el sueldo durante tres o seis meses, plazo que puede extenderse a seis o doce meses si el trabajador tiene más de cinco años de antigüedad.
Uno de los ejes en la reforma laboral es la modificación en este esquema, que influye en la forma de pago del beneficio y la duración de la licencia.
Reforma laboral y licencia por enfermedad: cambios en el sueldo del trabajador
Actualmente, mientras dure la licencia por enfermedad inculpable, el trabajador debe percibir su remuneración habitual, es decir, el salario que cobraría si estuviera prestando tareas normalmente. Esto incluye adicionales fijos y conceptos remunerativos habituales. No se trata de un «subsidio» reducido, sino del sueldo completo.
En el caso de accidentes de trabajo o enfermedades profesionales, la situación es diferente, ya que intervienen las Aseguradoras de Riesgos del Trabajo (ART), que cubren prestaciones médicas y dinerarias. En estos casos, el trabajador también mantiene una prestación equivalente a su ingreso, bajo el régimen específico de riesgos del trabajo.
Con el texto de la reforma laboral, se reducen los plazos de licencia paga y cambian los porcentajes de remuneración que percibirán los trabajadores afectados, estableciendo nuevas condiciones según el origen del evento y la existencia de cargas de familia.
Esto queda claro en el artículo 208 del proyecto: «En caso de sufrir un accidente o una enfermedad que no sea consecuencia de la prestación de tareas derivadas del contrato de trabajo, y que impida dicha prestación, el trabajador tendrá derecho a percibir el 50% de su remuneración básica que perciba al momento de la interrupción de los servicios si la imposibilidad de trabajar fuera producto de una actividad voluntaria y consciente del trabajador que implicara algún riesgo en la salud durante un período de 3 meses si el trabajador no tuviera personas legalmente a su cargo, o de 6 meses si las tuviera. La recidiva -reaparición de una enfermedad algún tiempo después de padecida- de enfermedades crónicas no será considerada una enfermedad distinta, salvo que se manifestara una vez transcurridos los 2 años».
Y agrega: «Si la imposibilidad de trabajar no fuera producto de una actividad voluntaria y consciente del trabajador sobre el riesgo en la salud, percibirá el 75% de tal remuneración, en cualquier caso, durante el mismo periodo de tiempo dispuesto en el párrafo precedente».
Enfermedad o accidente fuera del ámbito laboral: menos sueldo y reducción de la licencia
Por lo tanto, un trabajador con menos de cinco años de antigüedad y sin cargas de familia tiene derecho a tres meses de licencia paga por enfermedad o accidente inculpable. Si cuenta con cargas de familia, ese plazo se duplica y alcanza los seis meses. Cuando la antigüedad supera los cinco años, la cobertura se amplía: sin cargas de familia, la licencia paga es de seis meses; con cargas, puede extenderse hasta doce meses.
Este régimen se aplica tanto a enfermedades físicas como psiquiátricas y a accidentes o afecciones ocurridos fuera del ámbito laboral. La reforma laboral en discusión introduce cambios de peso. En primer lugar, reduce los plazos máximos de licencia: desaparece la posibilidad de llegar a los 12 meses y se fija un esquema que va de tres a seis meses, siendo este último plazo posible únicamente para quienes tengan cargas de familia.
También se modifica el porcentaje del salario que percibe el trabajador durante la licencia. Hoy la remuneración es del 100% del sueldo habitual. Con la reforma, en cambio, si la enfermedad o el accidente deriva de una actividad voluntaria y consciente que implica un riesgo conocido, el trabajador cobraría el 50% del salario. Si no existió voluntad ni conciencia del riesgo, la prestación sería del 75% durante el período de licencia, ya sea de tres o seis meses.
A modo de ejemplo: si un empleado juega al fútbol sabiendo que puede lesionarse y sufre una fractura, percibiría el 50% de su remuneración. En cambio, si resulta herido en un accidente de tránsito en circunstancias habituales —como viajando en colectivo o en su auto— cobraría el 75%. En todos los casos, se trata de enfermedades o accidentes inculpables ocurridos fuera del ámbito laboral, que se diferencian de los accidentes de trabajo, los cuales continúan regulados por el régimen específico de riesgos del trabajo.
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ECONOMIA
Jornada financiera: rebotó el dólar, las acciones volvieron a caer y subió el riesgo país

El dólar tuvo una leve reacción alcista este viernes, después de seis sesiones consecutivas en declive, un movimiento que dejo entrever que el Banco Central estaría cómodo en sostener el tipo de cambio oficial en torno a los 1.400 pesos.
Para las acciones y los bonos argentinos se ratificó la hipótesis de una alta dependencia de los movimientos de los mercados del exterior, que se encuentran en pleno proceso de corrección tras recientes máximos.
Mientras que el volumen de operaciones en el mercado mayorista volvió a crecer a importantes USD 569,7 millones en el segmento de contado -una cifra alta para esta época del año-, el dólar comercial experimentó un leve incremento e interrumpió una serie de seis bajas consecutivas, cuando alcanzó su nivel más bajo en los últimos cuatro meses.
El dólar mayorista ganó 4,50 pesos o 0,3%, a $1.399,50, para redondear una semana con baja de 32,50 pesos o 2,3%, que coincidió con fuertes posturas compradores del Banco Central en el mercado.
“La divisa mayorista abrió la jornada en niveles de su cierre previo y operó de manera equilibrada durante buena parte del día. Si bien el desarrollo inicial mantuvo la dinámica de ruedas anteriores, con predominio de la oferta presionando los precios, a lo largo de la jornada comenzaron a observarse leves señales de recuperación”, consignó Nicolás Merino, operador de ABC Mercado de Cambios.
La entidad monetaria fijó para la fecha una banda superior de su régimen cambiario en los $1.584,95, que dejó al tipo de cambio mayorista a una distancia de 185,45 pesos o 13,3% de ese límite de libre flotación. El jueves la brecha con la banda superior había alcanzado el 13,6%, un máximo desde julio de 2025.
Detrás del movimiento interbancario, el dólar al público ganó cinco pesos o 0,4% en el día, a $1.420 para la venta en el Banco Nación. El billete al público bajó 30 pesos o 2,1% a lo largo de la semana.
El dólar blue quedó sin variantes, a $1.440 para la venta. En la última semana esta cotización informal avanzó cinco pesos o 0,3 por ciento.
El Banco Central absorbió este viernes USD 42 millones en el mercado de cambios, con lo que acumuló un saldo a favor de USD 932 millones en el transcurso de febrero. Las reservas internacionales brutas crecieron en USD 102 millones, a 45.158 millones de dólares.
Los activos bursátiles reflejaron inestabilidad ante un contexto externo volátil, tras nuevos datos económicos en los EE.UU. Los índices bursátiles estadounidenses pasaron de caídas iniciales a una suba de hasta 0,5% en la media rueda, pero finalmente se decantaron nuevamente por las pérdidas sobre el cierre, pese a que un informe sobre la inflación más suave de lo esperado mantuviera a la Reserva Federal en la senda de los recortes de las tasas de interés este año.
Con esta influencia, el índice accionario líder S&P Merval de la Bolsa de Buenos Aires revirtió una baja inicial y pasó a subir al promediar los negocios, pero cerró con una caída de 1,2%, en los 2.816.127 puntos, luego de derrumbarse un 5,5% en la sesión previa por el contexto global adverso.
En tanto, los bonos soberanos en dólares -Bonares y Globales- finalizaron mixtos, con un riesgo país de JP Morgan que subió 12 unidades, a 519 puntos básicos para Argentina.
En los EE.UU. la inflación se enfrió más de lo esperado en enero, según mostraron los datos publicados el viernes por la Oficina norteamericana de Estadísticas Laborales.
El Índice de Precios al Consumidor (IPC) mostró que los precios al consumidor aumentaron un 0,2% en enero con respecto al mes anterior y un 2,4% interanual. Los economistas encuestados por Bloomberg esperaban un aumento mensual del 0,3% en los precios al consumidor y un incremento anual del 2,5 por ciento.
“El oficialismo consiguió en el Senado la aprobación de la reforma laboral y sumó un hito político relevante en el inicio del año legislativo. La mayoría negociada reforzó la percepción de gobernabilidad y aportó a la estabilidad financiera en una semana clave”, describió GMA Capital.
“En paralelo, el frente macro mostró avances. El BCRA extendió la racha compradora y acumuló más de USD 2.000 millones en lo que va de 2026, el dólar se mantuvo calmo y el carry en moneda dura volvió a destacarse. El Tesoro obtuvo financiamiento neto positivo y absorbió liquidez, con un mercado inclinado a duration corta y tasa fija”, añadió la ALyC.
Los mercados financieros domésticos permanecerán cerrados lunes y martes por las celebraciones de Carnaval.
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ECONOMIA
Por qué un IPC al alza complica el plan de Caputo de mover los dólares del colchón hacia los bancos

Fue una jornada de sentimientos encontrados para Toto Caputo: por un lado, el dólar cayó a su mínimo real en varios meses, lo cual dio pie para que celebraran los partidarios del gobierno, dado que es raro que una caída del dólar ocurra en simultáneo con una masiva compra de dólares por parte del Banco Central. Pero, por otro lado, el dato del IPC de enero fue un baldazo de agua helada en el discurso desinflacionario del gobierno.
Lo curioso de la situación es que, en cierto sentido, para Caputo fue una confirmación de que tenía razón con su recordada frase «compra, campeón, no te la pierdas». Desde aquel momento -inicio de julio del año pasado- hasta ahora, el dólar al público subió un 15,4% -claro que con bruscos altibajos en el medio-. Y la inflación acumulada de esos siete meses fue de 17,6%.
O sea que quien le haya llevado la contra al ministro y haya comprado dólares en aquel momento, se encuentra con que tuvo una pérdida real si dejó los billetes verdes «bajo el colchón». Y, si se compara con el costo de oportunidad por no haber colocado pesos en otras colocaciones, como plazos fijos o bonos, la pérdida es mucho mayor.
Pero esa caída del dólar no le dejó mucho margen de festejo al ministro, porque todo queda empañado por la aceleración inflacionaria. La invitación del ministro a blanquear los ahorros y poner los dólares en el banco, ahora que regirá el principio de «inocencia fiscal» se encuentra con el problema de un mal «timing».
Porque la aceleración inflacionaria le da mayor relevancia a los economistas que se quejan de que el tipo de cambio continúa atrasado. Y, además, se expone a críticas como las del economista Roberto Cachanosky, que recordó que si se aplicara el «método Milei» para proyectar la inflación, entonces habría que decir que los precios están viajando a un 41% anual -que es el resultado de elevar 2,9 la potencia 12-.
IPC mata dólar barato
Lo cierto es que si en enero la cotización del dólar bajó un 1,3% y los precios subieron un 2,9%, entonces los dólares del colchón perdieron un 4% real. En otro país que no se llamara Argentina, esta situación dispararía una venta masiva de dólares por parte del público. O, al menos, llevaría a que los ahorristas atendieran el consejo de Caputo y llevaran los dólares al banco para obtener una tasa de interés.
Pero en el mercado local las reacciones defensivas apuntan en el sentido inverso. Al amplificarse el argumento del atraso cambiario, hay más chances de que el precio actual del dólar sea percibido como «artificialmente barato» y eso estimule a una mayor dolarización de los ahorros.
Y no es el único castigo que está recibiendo Caputo por estas horas. El principal tema con el que se ensañan los analistas es el del «ancla cambiaria». El argumento que más se escucha es que se nota un agotamiento en el método de reprimir el tipo de cambio como forma de frenar los precios.
Ese cuestionamiento no sólo renueva los reclamos por un mayor grado de flotación cambiaria, sino que además supone una crítica a la suba de tasas de interés en pesos, que por un lado controlan el exceso de liquidez pero, por otra parte, encarecen el crédito en la producción y el consumo.
¿Hay más demanda de pesos?
Como ya lo viene haciendo desde hace meses, Caputo insiste con el argumento de que, en realidad, no hay un proceso de inflación al alza -por eso destaca que el «IPC núcleo» fue de 2,6%– y culpa a los «cambios de precios relativos» por los malos números que viene registrando la medición del Indec.
Esto tiene un mensaje entrelíneas: una vez que haya pasado el impacto por la recomposición de tarifas y las distorsiones de las subas estacionales, todo está dado como para que la inflación vuelva a caer.
Su planteo es que está aumentando la demanda de pesos por parte del público -y por eso el BCRA puede comprar dólares sin que haya una presión al alza de la cotización-, y que eso, sumado al esfuerzo de equilibrio fiscal, hará que se vuelva al camino de desinflación.
Sin embargo, es un tema que sigue siendo discutido por los economistas. Varios rechazaron la afirmación de Caputo en el sentido de que la suba en la cotización de los bonos CER fuera un síntoma de confianza del mercado.
«Si los bonos ajustados por inflación suben es porque el mercado espera, equivocado o no, una mayor inflación, usando el índice que usen», afirma Diego Giacomini, uno de los mayores críticos del plan económico, que afirma que la relativa calma actual obedece a una exacerbación del «carry trade».
En la misma línea apuntó apuntó Carlos Rodríguez, ex viceministro de economía, que durante la campaña electoral comandó el equipo de asesores de Milei. Tras conocerse el dato del IPC, propuso que el gobierno cambiara su política, con una eliminación total del cepo remanente y sin que se sigan convalidando altas tasas de interés por parte del Tesoro.
En cuanto al movimiento de los pesos en el mercado, un informe del economista Santiago Bergese afirma que la compra de dólares por parte del BCRA tuvo como contracara un aumento del volumen en la cuenta del Tesoro, que se logró, con la transferencia de $2,4 billones desde la banca pública, además de los $2 billones que Caputo absorbió en la última licitación de deuda.
Es lo que lleva a que muchos analistas pongan en duda la vigencia efectiva a un «ancla monetaria». Así, un informe de la Fundación Mediterránea indica que, si bien la base monetaria medida «punta a punta» en el mes de enero tiene una leve contracción -de 0,3% nominal y 2,7% real-, el panorama luce diferente cuando se mide el promedio mensual. En ese caso, se observa una expansión nominal de 6% –un crecimiento de 3,1% descontando el efecto inflacionario.
La paradoja del índice contrariado
Y, para mayor paradoja, los economistas que hacen relevamientos de precios están de acuerdo en que, si se hubiese cambiado la canasta del Indec, como estaba previsto desde el año pasado, el IPC habría dado algunas décimas menos que en diciembre.
Esto ocurre por la inesperada suba de precios en el rubro de alimentos, que es precisamente el que iba a tener una ponderación menor -pasaría del actual 26,9% a un 22,7% del presupuesto familiar-.
Igualmente, Caputo tendrá su compensación en marzo, un mes para el que se espera que se vea el máximo impacto de la suba de tarifas en servicios públicos -su ponderación en la canasta del IPC seguirá siendo un 9,4%, y no el 14,5% del índice suspendido-.
Al menos, quedará un consuelo para el ministro tras la jornada negativa: ya nadie podrá acusarlo de que su pelea con Marco Lavagna tenía el objeto de «dibujar» la inflación de enero. Lo cual, no obstante, no significa que los sindicatos no usen algún tipo de «IPC blue» en los próximos meses, para mejorar sus condiciones de negociación salarial.
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