ECONOMIA
Depósitos en dólares alcanzaron un nuevo récord y representan el 80% de las reservas del BCRA

Los depósitos en dólares del sector privado cerraron 2025 en un máximo histórico, al alcanzar los u$s36.681 millones, según datos oficiales del Banco Central de la República Argentina (BCRA). El stock creció u$s22.566 millones, lo que representa un salto del 160% desde el inicio de la gestión de Javier Milei, y marcó el nivel más alto desde la salida de la convertibilidad.
Otro dato clave de es que el nivel de los depósitos en los bancos equivale al 80% de las reservas brutas del Banco Central, que se ubican por encima de los u$s44.000 millones.
El punto de partida fue uno de los más bajos de las últimas dos décadas: el 11 de diciembre de 2023, los depósitos en moneda extranjera sumaban apenas u$s14.115 millones. Desde entonces, la recuperación fue significativa y logró superar el récord previo registrado durante la administración de Mauricio Macri. La tendencia alcista, además, se mantuvo en los primeros días de 2026.
Depósitos en dólares: un crecimiento fuerte, pero no exento de dudas hacia adelante
La suba de los depósitos no fue lineal y abre interrogantes clave para los próximos meses. El mercado sigue de cerca cuánto de este stock logra consolidarse una vez disipados los factores transitorios que impulsaron el ingreso de dólares al sistema financiero.
En el corto plazo, los analistas observan con atención tres variables: el pago de deuda por u$s4200 millones previsto para este viernes; la liberación de los fondos del blanqueo, que desde el 1° de enero pueden retirarse sin penalidad; y el impacto del turismo al exterior, que históricamente genera una mayor salida de divisas durante el verano.
Una parte sustancial del crecimiento se concentró hacia el final de 2024, en coincidencia con la puesta en marcha del blanqueo de capitales, que aceleró el ingreso de dólares al circuito formal. Hacia fines de 2025, el proceso volvió a recibir un impulso adicional por la compra de divisas de pequeños ahorristas, en un contexto de mayor volatilidad del tipo de cambio.
Según datos de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), el régimen de exteriorización incorporó alrededor de u$s24.500 millones en cuentas especiales CERA, una porción relevante de los cuales terminó depositada en bancos locales.
El peso de la historia y la desconfianza estructural
La evolución de los depósitos en dólares está atravesada por antecedentes que marcaron a fuego el comportamiento de los ahorristas argentinos. En junio de 2001, en la antesala del colapso de la convertibilidad, los depósitos privados en moneda extranjera rondaban los u$s49.000 millones, bajo un esquema de tipo de cambio fijo y alta dolarización financiera.
Tras la crisis, la pesificación compulsiva de los fondos que permanecían en el sistema sembró una desconfianza que todavía condiciona la decisión de mantener dólares en los bancos. Ese pasado explica, en parte, el bajo nivel heredado por la actual gestión.
Cuando Milei asumió la presidencia, los depósitos privados en dólares se ubicaban en u$s14.115 millones, uno de los registros más bajos desde 2002 si se excluye el derrumbe posterior a la crisis. El dato reflejaba el impacto acumulado de cuatro años de cepo cambiario durante el gobierno de Alberto Fernández. En términos absolutos, entre 2019 y 2023 el stock se redujo en casi u$s16.000 millones, una caída cercana al 55%.
El contraste histórico es claro. Durante la presidencia de Macri, los depósitos en dólares crecieron desde unos u$s20.000 millones hasta cerca de u$s30.000 millones, con un pico de entre u$s31.000 y u$s32.000 millones alcanzado entre 2018 y 2019. Ese nivel había sido, hasta ahora, el máximo de la serie posterior a la convertibilidad.
El registro actual no solo recupera todo lo perdido entre 2019 y 2023, sino que lo supera ampliamente, llevando el stock a u$s36.681 millones, el valor más alto desde que el BCRA lleva estadísticas comparables.
El desafío de los «dólares del colchón»
Desde el punto de vista de los analistas, el salto reciente responde a una combinación de factores. Sebastián Menescaldi, director de EcoGo, señaló que hacia el cierre de 2025 confluyeron cuestiones impositivas, estacionales y, sobre todo, el impacto del blanqueo.
Para Sebastián Domínguez, el elemento central fue el cambio de expectativas. «Este gobierno logró que se pierda el miedo a la confiscación, a la conversión forzada de depósitos o a una reestructuración. En ese contexto, no tiene demasiado sentido guardar los dólares en casa con el riesgo que eso implica», afirmó.
En paralelo, el Gobierno busca profundizar el regreso del ahorro al sistema a través de la Ley de Inocencia Fiscal, sancionada en diciembre y promulgada el 2 de enero. La norma apunta a establecer un vínculo más previsible entre el Estado y los contribuyentes.
El ministro de Economía, Luis Caputo, suele remarcar que los argentinos mantienen cerca de u$s200.000 millones fuera del sistema financiero, un volumen que no genera crédito ni inversión y que limita el crecimiento económico.
Según estimaciones del economista Amílcar Collante, al 3 de enero los depósitos en dólares del sector privado ya ascendían a u$s36.977 millones, mientras que los plazos fijos en dólares alcanzaban u$s8.394 millones, una señal de mayor permanencia del ahorro.
En el corto plazo, Collante anticipa que el pago de deuda por u$s4200 millones podría generar un impulso transitorio adicional, aunque luego podrían observarse retiros asociados al uso de fondos del blanqueo y al gasto en turismo.
Más allá de esas oscilaciones, el nuevo récord marca un quiebre respecto de los años previos. En una economía históricamente acostumbrada a dolarizarse fuera del sistema, el dato sugiere que, al menos por ahora, la confianza volvió a ganarle al colchón.
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ECONOMIA
Ley de Semillas: un punto clave del acuerdo comercial con Estados Unidos reabre una grieta en el campo

(Imagen ilustrativa Infobae)
En su discurso durante la Asamblea Legislativa, el presidente Javier Milei volvió a poner al campo en el centro de su agenda económica. Allí, reiteró su intención de reducir las retenciones de manera gradual, “siempre que el superávit fiscal lo permita”. Pero junto con ese mensaje, revivió un tema que el agro arrastra desde hace décadas y que divide al sector: la posible reforma de la Ley de Semillas.
El debate no es nuevo, pero volvió a cobrar fuerza tras el acuerdo comercial que la Argentina firmó el mes pasado con Estados Unidos. Según ese entendimiento, el país debería avanzar hacia los estándares de la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales, conocidos como UPOV 91.
Se trata de una norma internacional que refuerza la protección de la propiedad intelectual sobre las variedades vegetales. Y que, en la práctica, cambia las reglas del negocio de la genética agrícola.
Detrás de esta discusión técnica, aparece un conflicto sectorial más profundo. Por un lado, las empresas semilleras sostienen que sin protección de la innovación no hay incentivos para invertir en genética, y, por el otro, buena parte de los productores teme que una normativa más estricta limite prácticas históricas del agro argentino y eleve los costos de producción.
La ley vigente en el país data de 1973 y quedó desactualizada frente al avance de la biotecnología y del comercio global de semillas. Mientras tanto, más de 60 países ya adoptaron UPOV 91 como estándar internacional.
En el centro de la discusión aparece una práctica clave del agro argentino. El llamado ‘uso propio’ implica que los productores pueden guardar parte de su cosecha y volver a sembrarla en la campaña siguiente sin pagar regalías adicionales por la genética utilizada.
Las empresas del sector sostienen que este esquema dificulta recuperar las inversiones en investigación y desarrollo. Los productores, en cambio, advierten que limitarlo podría concentrar el negocio en pocas multinacionales y encarecer la implantación de los cultivos.

(Revista Chacra)
En la práctica, el sistema actual genera además un incentivo a la multiplicación informal de semillas. Un productor puede comprar una variedad una campaña, comprobar su buen desempeño y luego reservar parte del grano para volver a sembrarlo en las siguientes temporadas.
Según datos del mercado local, el nivel de formalidad en el pago de derechos de propiedad intelectual en semillas no supera el 40 por ciento. En Brasil, en cambio, más del 80% de los productores reconoce esos derechos.
Para parte de la industria semillera, ese diferencial explica el atraso productivo argentino. “En el caso de la soja, el principal cultivo del país, los rindes se mantienen prácticamente estancados desde hace dos décadas en torno a los 3.000 kilos por hectárea. En ese mismo período, Brasil pasó de tener rendimientos unos 300 kilos inferiores a los de la Argentina a superarlos hoy en más de 350 kilos por hectárea”, dijo el analista agropecuario Javier Preciado Patiño.
Analizó, además, que si el país vecino tuviera hoy el mismo rendimiento que a comienzos de los años 2000, su producción rondaría las 134 millones de toneladas. En cambio, actualmente se ubica cerca de las 180 millones de toneladas al año.
Para algunos actores del sector, la explicación está en el acceso a genética más avanzada. “La discusión de fondo es si queremos que el productor argentino acceda a la misma tecnología que utilizan los productores brasileños o estadounidenses”, explicó una fuente vinculada a la industria semillera. Según ese diagnóstico, la falta de un sistema claro de recuperación de la inversión en genética desincentiva la llegada de nuevos desarrollos al país.
“Para quien se adelante a objetar que el diferencial es impositivo, el algodón lo muestra todavía más nítido. Tuvo retenciones más bajas que los cultivos principales, las eliminamos, y aún así tenemos la mitad del rinde que Brasil (~700 kg de fibra/ha vs +1.500)”, escribió el secretario de Desregulación y Transformación del Estado, Alejandro Cacace, en su cuenta de X.
Destacó, además, que “la innovación agrícola es hiperlocal, particular a cada geografía. Sin retorno para quien la desarrolla acá, no se desarrolla acá. Sin innovación, los rindes se estancan. Ese rinde no capturado son miles de millones en exportaciones que no ocurren. El pago de semillas no es un beneficio para las semilleras. Es la condición para que exista mejoramiento local. Y con rindes estancados, el que pierde es el productor. Más tecnología en el campo = más kilos por hectárea = más Argentina”, publicó el funcionario.
En los últimos años varias compañías redujeron sus programas de investigación o limitaron la introducción de nuevas variedades. La soja Intacta, desarrollada por Bayer, dejó de tener nuevas versiones comerciales en el mercado local, mientras que otras tecnologías que ya se utilizan en Brasil o Estados Unidos todavía no están disponibles para los productores argentinos.
Actualmente, apenas un puñado de empresas mantiene programas de mejoramiento de soja a escala en el país, encabezados por compañías como DonMario y algunos desarrollos de origen internacional.

Desde una de las principales compañías de genética agrícola con presencia global y operaciones en la Argentina señalaron que los países que reforzaron la protección de la propiedad intelectual lograron acelerar la adopción de nuevas variedades y expandir sus exportaciones agrícolas.
Ante la falta de una reforma legal, la propia industria impulsó en los últimos años un sistema privado para regular el pago de regalías. Se trata de Sembrá Evolución, un esquema de licencias que ya reúne a más de 21.000 productores y cubre unas 3,8 millones de hectáreas de soja sobre un total cercano a las 16 millones sembradas en el país.
El sistema busca ordenar el reconocimiento de la propiedad intelectual sobre las variedades, aunque el nivel de adhesión todavía es parcial y convive con prácticas informales como la llamada ‘bolsa blanca’.
La Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP) advirtió que la adhesión a UPOV 91 “limita severamente el concepto de uso propio”, desequilibra la relación entre obtentores y productores y podría incrementar los costos de implantación.
En un comunicado, la entidad reconoció la necesidad de reglas claras para fomentar la innovación, pero reclamó preservar el rol del productor como “socio estratégico y no solo cliente cautivo de la tecnología de semillas”.
La Mesa de Enlace también comenzó a analizar el tema. Según explicó Andrea Sarnari, presidenta de Federación Agraria Argentina, la entidad no respaldará la adhesión a UPOV 91, aunque está dispuesta a discutir una nueva ley nacional que combine innovación con los derechos históricos de los productores.

REUTERS/Tomas Cuesta
Desde Coninagro, su presidente Lucas Magnano destacó la importancia de alcanzar consensos dentro del sector y vinculó el debate con el estancamiento productivo del país. “Argentina está estancada en materia productiva hace bastante tiempo”, señaló. Y agregó que para alcanzar una producción de 300 millones de toneladas de granos -tal como lo dijo el presidente en su discurso en el Congreso- también será necesario avanzar en la reducción de las retenciones.
El frente político no es sencillo. Durante más de dos décadas se presentaron distintos proyectos para actualizar la Ley de Semillas, pero ninguno logró avanzar en el Congreso. Las diferencias entre productores, empresas y entidades rurales imposibilitaron cualquier intento de reforma.
En el sector reconocen que el debate volverá a ser intenso en el Parlamento, donde las entidades rurales mantienen fuerte influencia sobre distintos bloques políticos. Comentan que, incluso dentro del oficialismo, conviven posiciones diferentes sobre el tema: mientras algunos legisladores cercanos al sector agropecuario prefieren avanzar en una nueva ley nacional otros optan por adherir directamente a UPOV 91.
Mientras tanto, el Gobierno convocó a los distintos actores del sector para presentar propuestas y anticipó el envío de un proyecto al Congreso.
La alternativa a la adhesión directa a UPOV 91 sería una nueva ley nacional. Ese proyecto —que aún no existe formalmente, pero que distintos actores del sector aseguran que está en elaboración— también deberá pasar por la Comisión de Agricultura y Ganadería, un espacio históricamente atravesado por la influencia de las entidades rurales y de las provincias agrícolas.
ECONOMIA
Empleados de comercio negocian nuevo aumento de sueldo: qué pasa con el bono

La Federación Argentina de Empleados de Comercio y Servicios (FAECyS) y las cámaras empresarias del sector comenzarán esta semana la negociación salarial de la paritaria de Comercio 2026, en el marco de la cláusula de revisión prevista en el acuerdo firmado a fines del año pasado.
El encuentro llega en un momento clave para el convenio colectivo de trabajo 130/75, ya que en abril se incorporarán al salario básico los $100.000 no remunerativos otorgados en el último acuerdo. Esa decisión tendrá impacto directo en el sueldo de los empleados de comercio y en los descuentos que se aplican sobre el salario.
Por ese motivo, el inicio de la discusión salarial aparece como una instancia clave para definir cómo evolucionarán los sueldos del sector durante los próximos meses.
Paritarias de empleados de comercio: arranca la negociación entre gremio y empresas
La reunión entre FAECyS y las cámaras empresarias estaba prevista en el acta paritaria firmada en diciembre pasado, que estableció la revisión de las escalas salariales durante marzo.
El objetivo de esa cláusula fue permitir que las partes analicen la evolución de la economía, la inflación y el consumo antes de definir nuevos ajustes salariales para los trabajadores mercantiles.
Con la apertura formal de la mesa paritaria, se comenzarán a discutir distintos puntos centrales del acuerdo, entre ellos:
el porcentaje de aumento salarial para empleados de comercio
el esquema de aplicación de los incrementos
el cronograma de actualización del salario básico
el impacto de la incorporación de las sumas no remunerativas al sueldo
Sueldo y bono: qué pasará con los $100.000 no remunerativos
Uno de los aspectos más sensibles de la negociación es la incorporación al salario básico de los $100.000 no remunerativos (40.000 + 60.000) otorgados en el acuerdo paritario anterior.
Cuando este tipo de sumas se integran al básico se producen dos efectos simultáneos: por un lado, aumenta la base de cálculo para adicionales, aportes y contribuciones; por otro, se incrementan los descuentos que impactan sobre el salario.
Esto puede generar, en algunos casos, que el sueldo de bolsillo se vea reducido pese a que el salario bruto aumente.
Por esa razón, el gremio buscará que el nuevo acuerdo salarial contemple un incremento adicional que compense ese efecto y evite una pérdida en el ingreso neto de los trabajadores.
Inflación y consumo, las variables que siguen de cerca en la paritaria
La negociación también coincide con la publicación del próximo índice de inflación del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), un dato que suele tener fuerte influencia en las discusiones paritarias.
Desde FAECyS, conducida por Armando Cavalieri, mantienen reserva sobre el porcentaje de aumento que reclamarán, aunque en el sector anticipan que el pedido deberá contemplar varios factores clave.
Entre ellos se destacan la inflación acumulada en los últimos meses, la proyección inflacionaria para el corto plazo y el impacto que tendrá en el salario neto la incorporación de las sumas no remunerativas al básico.
Del lado empresario, en tanto, las cámaras siguen de cerca la evolución del consumo y de los indicadores de actividad antes de fijar una postura definitiva en la mesa de negociación.
Una paritaria que marca tendencia
La paritaria de empleados de comercio es la más grande del país, ya que alcanza a más de 1,2 millones de trabajadores en todo el territorio nacional.
Por ese motivo, los acuerdos salariales que se firman en esta actividad suelen convertirse en referencia para otras negociaciones de gremios y sectores productivos.
Con abril como mes clave por la incorporación de las sumas no remunerativas al salario básico, el sector espera definiciones rápidas que permitan anticipar cómo quedarán los sueldos del convenio 130/75 en el inicio del nuevo tramo paritario.
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ECONOMIA
Vuelven las pick-up con cabina simple al mercado automotor: cuáles son los modelos disponibles y cuánto cuestan

Una de las consecuencias directas de la apertura irrestricta de las importaciones de automóviles es la llegada de una mayor oferta de modelos al mercado. Los números son elocuentes, sin contar el transporte de carga y de pasajeros, entre fines de 2024 y fines de 2025, los usuarios pasaron de tener disponibles 270 autos y utilitarios livianos a 378 diferentes versiones en Argentina.
Un cambio de escenario de semejantes proporciones impacta de diferentes maneras. Una es una adecuación de precios para poder vender más unidades. Dependiendo de su origen, la carga fiscal que pesa sobre los autos importados es una limitante, pero a la vez una suerte de compensación para los impuestos que paga la industria para fabricar localmente.
Pero otra consecuencia que se puede apreciar en el mercado es la mutación de versiones en busca de ofrecer vehículos que se adapten a las necesidades específicas de determinados usos. Este es el caso de las pick-ups, cuyos fabricantes pudieron aprovechar una condición atípica y completamente extraordinaria para captar clientes que normalmente hubieran comprado un D-SUV, para generar versiones de alta gama de confort y equipamiento que las transformaron en un vehículo de paseo con mucho uso más urbano que suburbano, y precios inalcanzables.

Si bien es cierto que Argentina es un país “pickapero”, en rigor a la verdad, lo que ocurrió fue que las camionetas tenían dos beneficios únicos que potenciaron su popularidad: pagan la mitad del IVA (10,5%) y no están alcanzadas por el impuesto al lujo (eliminado a partir del 1 de abril). Ante una menor oferta de importados de alta gama y SUV de franja alta de precios, muchos usuarios migraron a una pick-up como una buena opción.
Pero ahora, con un mercado totalmente abierto y 110 autos nuevos que ya entraron al país, los fabricantes de pick-up tienen que adaptarse a la necesidad real de sus verdaderos consumidores originarios.
“Estamos muy bien en la gamas altas pero tenemos que fortalecer la propuesta en las versiones de acceso. En esa dirección vamos a trabajar el año próximo”, dijo Martín Galdeano, presidente de Ford Argentina y Sudamérica a Infobae el año pasado, cuando anunciaron que en General Pacheco se volvería a fabricar la Ford Ranger cabina simple en versiones de chasis y caja larga.
Toyota era la única marca que mantenía ese tipo de camioneta en Argentina, con dos versiones de cabina simple chasis y caja en tracción simple y doble con caja manual. Los precios de esas camionetas son de $40.589.000 y $43.771.000 para las de tracción simple y de $49.927.000 y $52.618.000 para las 4×4.
A fin de año pasado, General Motors decidió volver a comercializar las versiones de cabina simple de la Chevrolet S10 que se importa desde Brasil. Lo hizo con dos distintos equipamientos, la de tracción trasera en $41.208.900 y la integral en 49.231.900 de pesos.

Este martes, Ford finalmente anunció el inicio de la venta de las Ranger cabina simple con chasis y caja. Lo hizo en su stand de Expoagro, donde presentó todas las versiones, que también fueron complementadas con otras de equipamiento base, denominada XL, pero con doble cabina.
Todas las pick-up de esta gama tienen el motor Panther 2.0 litros turbodiésel de 4 cilindros y 170 CV de potencia y un torque de 450 Nm. En el rubro de transmisiones, las nuevas versiones incluyen una caja manual de seis velocidades para las Cabina Simple, Cabina Chasis y la Doble Cabina base, y una nueva transmisión automática de seis velocidades con convertidor de par disponible en la Doble Cabina.
Los precios de las nuevas Ranger van desde $43.500.000 para la XL Cabina Simple 4×2 MT, la Ranger XL Cabina Chasis 4×4 MT cuesta $49.500.000 y la Ranger XL Cabina Simple 4×4 MT, 52.000.000 de pesos. En tanto las Ranger XL Doble Cabina 4×2 AT se venden a $51.400.000 y la Ranger XL Doble Cabina 4×4 Automática en 56.200.000 de pesos.
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