ECONOMIA
Efecto Groenlandia: ¿mejoran las chances del reclamo argentino sobre la soberanía de Malvinas?

En un escenario global en el que lo que hasta hace poco parecía imposible ahora se debate públicamente, y en el que hasta el concepto de soberanía tal como se la entendía desde la post guerra mundial está siendo relativizado, se vuelve a hablar sobre las islas Malvinas.
En concreto, está empezando un debate sobre si las pretensiones de Donald Trump sobre Groenlandia -y su argumentación sobre por qué Dinamarca no puede reclamar derechos soberanos- podrían eventualmente ayudar al histórico reclamo de Argentina sobre las islas hoy dominadas por Gran Bretaña.
Es un debate que ya empezó en las redes sociales pero que no tardará en pasar al terreno político. Hay quienes ven «una ventana de oportunidad», aprovechando el momento de malas relaciones entre Washington y Londres, para pedir apoyo a Trump sobre Malvinas. Y hay también quienes argumentan que, lejos de ser una situación ventajosa para Argentina, la crisis geopolítica no sólo perjudica su reclamo sobre Malvinas sino que hasta pone en riesgo la soberanía en Tierra del Fuego.
En todo caso, lo que sí genera consenso es que se está asistiendo a un cambio de época. Como dijo el primer ministro canadiense, Mark Carney, en el Foro de Davos: «Sabemos que el antiguo orden no va a volver. No debemos lamentarlo, la nostalgia no es una estrategia».
El aplaudido discurso del líder canadiense, dirigido a las potencias de tamaño medio, hizo una apelación a «dejar de fingir y llamar las cosas por su nombre». Los analistas interpretaron ese discurso como la aceptación de que la OTAN, la alianza militar entre Estados Unidos y Europa, ya no volverá a ser lo mismo.
Y hasta el premier británico, Keir Starmer, pronunció un duro discurso en el que criticó la suba de tarifas aduaneras impuesta por Trump para castigar a los países que movilizaron tropas en Groenlandia. Y le advirtió al estadounidense que la alianza debe estar basada en la confianza y no en la presión.
El británico fue particularmente claro respecto de que no aceptará el cuestionamiento a los derechos soberanos de Dinamarca sobre Groenlandia. De todas maneras, se mostró comprensivo en el sentido de que, por el cambio climático, que torna más navegable el Ártico, debe replantearse la perspectiva defensiva en esa región.
Trump critica a Gran Bretaña
Las analogías entre Groenlandia y Malvinas surgieron de manera inevitable. ¿Puede inferirse que Starmer estaría dispuesto a aceptar bases estadounidenses en Malvinas siempre que desde la Casa Blanca no se cuestione su soberanía?
En todo caso, el énfasis puesto por el premier británico respecto de su determinación a usar todos los medios para la defensa del interés nacional, deja dudas respecto de si solamente está preocupado por Groenlandia o si teme que Gran Bretaña puede entrar también en el radar de los avances de Trump.
Keimer tiene motivos para desconfiar: un tuit de Trump calificó como «una gran estupidez» la disposición de Gran Bretaña a cederle al estado de Islas Mauricio, en África oriental, la isla Diego García, donde EE.UU. tiene una base militar.
Y le dedicó esta frase amenazante: «No hay duda de que China y Rusia tomaron nota de ese acto de total debilidad. Estas son potencias internacionales que solamente reconocen la fuerza, y ese es el motivo por el cual Estados Unidos ahora, bajo mi liderazgo, es más respetado que nunca».
El mensaje fue claro: si Gran Bretaña se muestra débil, será tratada como tal. Desde el punto de vista de Londres, puede verse como un incentivo para endurecer su postura sobre Malvinas.
«Un legado colonial»
El inédito distanciamiento con Gran Bretaña no es el único elemento que llamó la atención en Argentina. También es sugestiva la argumentación sobre por qué Estados Unidos no reconoce la soberanía danesa en Groenlandia. «Sus líderes ni siquiera van allí. El hecho de que un barco haya llegado allí hace 500 años no otorga un derecho de propiedad».
Justificó su interés en el hecho de que si Estados Unidos no domina Groenlandia, entonces Rusia o China lo harán. Curiosamente, Vladimir Putin dijo que le parecía comprensible que EE.UU. quisiera reforzar su presencia en el polo norte, tanto por motivos de defensa como económicos. Y dijo que no se sentía partícipe de la controversia. Más aun, reconoció derechos históricos estadounidenses sobre Groenlandia, acaso con un mensaje entrelíneas que justifica su propio afán intervencionista en Ucrania y otros ex miembros de la Unión Soviética.
Pero la argumentación más llamativa la dio el ministro de relaciones exteriores ruso: «Groenlandia no es una parte natural de Dinamarca ni de Noruega, es un legado colonial».
En Europa, se tomaron las declaraciones provenientes de Estados Unidos y de Rusia como un aviso de que otros cuestionamientos a la soberanía podrían proseguir. En España, por ejemplo, se teme por la continuidad de las colonias africanas Ceuta y Melilla.
Un giro drástico en el orden internacional
¿Qué significa exactamente que una isla no sea «parte natural» de un país? Desde el punto de vista geográfico, el argumento sería que no forma parte de la misma plataforma continental. Es el argumento que históricamente Argentina planteó sobre Malvinas, pero no todos los países lo toman como válido. Si se aplicara universalmente, España perdería su soberanía sobre las Canarias, por ejemplo.
Es por eso que, además, se aplican criterios históricos y de derecho internacional. En el caso de Groenlandia, hay una declaración del gobierno estadounidense de 1916 que reconoce el derecho de Dinamarca a extender en toda la isla su control político y económico. Sin embargo, Trump afirma que no hay documentos válidos para sostener los derechos daneses, y Putin argumenta que EE.UU. ganó derechos adquiridos por haber establecido bases militares durante la segunda guerra mundial.
Esto es lo que genera el clima de que, como diría el canadiense Carney, «el viejo orden no va a volver».
Es bastante elocuente al respecto la justificación que dio Stephen Miller, asesor de seguridad nacional de Trump: «Dinamarca en un pequeño país con un pequeño ejército. No puede defender Groenlandia. Según todas las leyes que han existido sobre el control territorial durante 500 años, para controlar un territorio hay que ser capaz de defenderlo, mejorarlo y habitarlo. Dinamarca ha fracasado en todas y cada una de estas pruebas».
Y, además, se quejó de que EE.UU. ha «subsidiado» de hecho a Dinamarca en la defensa de Groenlandia.
Para los analistas del derecho internacional, es una situación inédita, que cambia el propio concepto de soberanía: ¿el hecho de que un país sea pequeño y con imposibilidad de frenar militarmente a una potencia lo hace susceptible de perder soberanía sobre un territorio al que se considere «estratégico»? Con ese criterio, decenas de países deberían ceder sus derechos sobre sus islas, tanto en Europa como en América.
¿Llegó el momento de las Malvinas?
En ese escenario confuso, las miradas se posan sobre Malvinas. El Atlántico Sur también es, para Estados Unidos, un lugar estratégico. Y dejó en claro su preocupación por el avance chino con su observatorio científico en la Patagonia. Y la presencia de la general Laura Richardson en Tierra del Fuego hace dos años, acompañada por Milei y con la banda militar entonando la marcha de las Malvinas -«Tras un manto de neblina no las hemos de olvidar»-, dio una pauta de cuál puede ser la estrategia.
En ese momento, ya había analistas que planteaban que una alianza política entre Milei y Trump podría llevar a un acuerdo estratégico entre EE.UU., Argentina, Gran Bretaña y Australia, para garantizar la seguridad en el Atlántico Sur, y que parte de ese acuerdo podría implicar un cambio gradual en la soberanía de las islas.
Hoy, esa posibilidad parece estar fuera de las posibilidades, dada la firme respuesta del premier británico a Trump.
Pero Argentina podría plantear, que, para mantener una línea de coherencia diplomática, Estados Unidos y otras potencias apliquen el mismo argumento que usan para Groenlandia. Es decir, que las islas forman parte de la plataforma marítima argentina, que hay derechos históricos que llegan hasta los tiempos del virreinato y que la presencia inglesa es un resabio colonial.
El politólogo Julio Burdman argumenta: «Starmer no entiende la lógica regional del nuevo ordenamiento mundial. Es por eso que Malvinas y su régimen de soberanía se convierten en un elemento cada vez más relevante de la discusión geopolítica del año 2026».
El economista Darío Epstein -que en la campaña electoral formó parte del equipo de Milei- fue más allá y planteó, a propósito de la cesión de la isla Diego García: «Inglaterra está liberando territorios tomados por la fuerza en su momento. ¿Por qué no nuestras queridas islas?».
Hay planteos algo excéntricos, como el de Federico Domínguez, un economista cercano al gobierno, quien propuso que Argentina, en un gesto similar al de Trump, ofrezca «comprar» las Malvinas. Es un punto que suele genera rechazo, porque si alguien propone comprar algo, tácitamente está reconociendo que la contraparte es la propietaria, algo que va contra la postura diplomática argentina.
Por eso, Domínguez propone que no hay que negociar con el Reino Unido, sino con los isleños. Su idea es que Argentina ofrezca u$s2 millones a cada uno de los 2.000 kelpers que no forman parte de las fuerzas armadas británicas.
¿A quién prefiere Trump?
Pero la mayor parte de los argumentos sobre Malvinas van por el lado geopolítico: aprovechar que los polos ganaron importancia estratégica para las potencias globales y sacar rédito del temor de Trump al dominio chino en el Atlántico Sur.
Claro que no necesariamente ese temor puede motivar a Trump a apoyar la causa argentina. Si lo que prioriza es la capacidad militar en esa zona, no le molestará la continuidad británica en las islas.
O, eventualmente, planteará su intención de contar con una base militar estadounidense, algo que Milei podría llegar a aceptar, pero que eventualmente un futuro gobierno de distinto signo político pueda revertir.
En principio, todo indica que a Trump le da más tranquilidad la bandera británica en las Malvinas antes que tener a Argentina como aliado militar.
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ECONOMIA
Orlando Ferreres, contundente: «El dólar debería estar en $1.815; faltaría una devaluación del 23%»

La economía argentina enfrenta un escenario de crecimiento moderado, baja inversión y desequilibrios externos que condicionan su desarrollo. Así lo afirmó el economista Orlando Ferreres, quien analizó la coyuntura macroeconómica y se refirió también al valor que debería tener hoy el dólar.
Según sus proyecciones, el crecimiento previsto para el próximo año será acotado. «Para este año, o sea, 2026, está previsto 3,5. No es un número muy interesante, pero en el mundo tampoco hay tantos lugares que crezcan. O sea, dentro de todo es pasable», explicó. No obstante, aclaró: «Es un crecimiento bajo, pero pasable».
La inversión, el principal límite al crecimiento
Ferreres señaló en diálogo con Canal E que el principal freno para una expansión más sólida es el bajo nivel de inversión. «Esto da 3,5 porque no hay mucha inversión bruta interna fija, que es demasiado baja en relación al producto«, sostuvo durante la entrevista.
Actualmente, la inversión se ubica entre el 14% y el 15% del Producto Bruto Interno (PBI), un nivel que considera insuficiente para sostener tasas de crecimiento más altas. «Para poder crecer al 6%, digamos, habría que invertir 26% del producto y eso estamos lejos todavía», subrayó.
Ferreres, contundente al referirse al tipo de cambio
Ferreres fue contundente al referirse al nivel del tipo de cambio necesario para equilibrar la cuenta corriente. «El tipo de cambio debería estar en $1.815 ahora, en enero de este año, pero está en 1.450, o sea que faltaría una devaluación del 23%«, afirmó.
Sin embargo, advirtió que una corrección cambiaria no está exenta de costos. «Eso trae cierta inflación, con lo cual, habría que calcular también», sostuvo, al referirse al impacto que una devaluación tendría sobre los precios.
Al analizar el atraso cambiario, el economista recordó que la Argentina convivió durante largos períodos con un tipo de cambio bajo. «En los siglos XIX y XX, el tipo de cambio promedio real estuvo 41% por debajo del promedio del tipo de cambio real desde largo plazo», explicó.
En esa línea, agregó una reflexión histórica: «La Argentina era rica y la gente venía para trabajar acá, seguro», concluyó.
Inversiones extranjeras, exportaciones y dólares
El economista también relativizó los recientes anuncios oficiales sobre inversiones externas. En ese sentido, cuestionó el énfasis puesto en desembolsos de bajo monto.
«Es muy poco el número y pensar que eso tiene que ser anunciado por el Codbene, también me parece un poco exagerado», afirmó, en referencia a inversiones de alrededor de 10 millones de dólares. Y agregó: «Obviamente no tiene sentido dar eso como gran noticia de inversión».
En relación al sector externo, Ferreres advirtió que el actual tipo de cambio no favorece el crecimiento de las exportaciones. «Las exportaciones están creciendo un poco, pero no mucho«, señaló, y remarcó que «para crecer más requerirían un tipo de cambio un poco más alto».
Además, alertó que el dólar barato incentiva la salida de divisas por turismo y consumo en el exterior. «Evitaría los viajes a Brasil, a otros lugares, que la gente está yendo bastante y eso, digamos, no ahorra dólares para el país», explicó en Canal E.
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ECONOMIA
Por la baja del riesgo país, el Gobierno ya se podría financiar a tasas de un dígito en el mercado internacional

El riesgo país bajó ayer otro 2% y ya está al borde de perforar los 500 puntos básicos, algo que no sucedía hace ocho años. Esta fuerte demanda que favorece la cotización de los bonos argentinos implica además que para el Gobierno se acerca la reapertura del mercado internacional para la colocación de nuevos bonos.
La reducción del riesgo país hasta 513 puntos básicos es sinónimo a una reducción del costo de financiamiento para Argentina, aunque todavía hay camino para recorrer. El próximo objetivo es llevar ese indicador a unas 450 unidades, el mismo nivel que actualmente tiene Ecuador.
Este país sudamericano se encuentra en pleno proceso de colocación de su primer bono en dólares en el mercado internacional en más de siete años. Los fondos se utilizarían para recomprar deuda ya emitida, en una típica operación de administración de pasivos.
Pero además, también hay una ola de emisiones de deuda internacional de empresas y provincias argentinas. La semana pasada fue YPF, que reabrió un bono al 2034 y pagó un costo de 8,10% anual en dólares. Esta semana se viene la colocación de Córdoba, luego de salidas exitosas recientes de otros distritos como la ciudad de Buenos Aires y luego Santa Fe.
Según un posteo del experto en renta fija Juan Battaglia, los bonos ecuatorianos a 8 y 13 años de plazo podrían salir a tasas de 8,75% y 9,25% anual respectivamente. Como la deuda argentina cotiza a menos valor que la ecuatoriana, el rendimiento hoy de un bono a diez años se ubicaría en la zona de 9,5% anual.
Se trata de rendimientos que están todavía por encima de lo que consiguen empresas o provincias. La expectativa del equipo económico es que rápidamente converja esa tasa a la que paga el Gobierno. Por lo tanto, es razonable que decidan esperar un poco más para volver a los mercados internacionales para emitir nueva deuda, lo que resultaría un hito después de casi ocho años de ausencia total.
La baja del riesgo país está en línea con un dato que los inversores le dan un gran valor, que es la compra de dólares por parte del Central y la consiguiente mejora del nivel de acumulación de divisas. La intervención en enero supera ya los USD 1.000 millones (muy por encima de lo que esperaba el mercado) y el stock de reservas brutas cerró ayer en un nuevo máximo desde que gobierno Javier Milei, a 45.740 millones de dólares.
Esto refleja que el BCRA se tomó en serio la fase 4 del plan monetario, que consiste básicamente en la acumulación de reservas y la consiguiente emisión de pesos para remonetizar la economía. Un fortalecimiento del balance de la entidad monetaria es un reclamo insistente de parte de los inversores y la baja del riesgo país refleja el optimismo ante la decisión del Gobierno de encarar decididamente el asunto.
Enero arrancó de manera muy favorable para las expectativas del equipo económico. A la baja del riesgo país y la acumulación de reservas se suma la estabilidad cambiaria. La fuerte disminución de la demanda de dólares por parte del público y de las empresas le dio justamente más espacio al Central para comprar divisas en el mercado a lo largo del mes, incluso por encima de los proyectado por la mayoría de los analistas.
Incluso la colocación de deuda internacional por parte de otros emisores también le permite al Central acelerar sus compras, debido a que hay un aumento de la oferta de divisas que de otra forma no tendría demanda en el mercado.
Según informó el propio BCRA la semana pasada, aún restarían liquidar en el mercado local unos 3.600 millones de dólares.
ECONOMIA
Bonos y acciones que pican en punta con un riesgo país que ya marcó el menor nivel en más de 7 años

El riesgo país sigue en descenso, se acerca a los 500 puntos básicos y toca su menor nivel desde mediados de 2018. En este contexto, analistas consultados por iProfesional destacan cuáles son las acciones y bonos que se presentan como oportunidad de inversión.
El riesgo país es un indicador económico que mide la probabilidad de que un Estado incumpla con sus obligaciones financieras (default) en comparación con los bonos del Tesoro de Estados Unidos. Por lo que este índice influye directamente en el valor de los activos locales, ya que una baja en su nivel suele impulsar el precio de las acciones y bonos nacionales.
De hecho, que baje el riesgo país no solo le brinda mayor confianza a la economía doméstica, sino que también favorece a las empresas a la hora de tener que salir a financiarse, porque les disminuye la tasa de interés que deben convalidar para endeudarse en dólares.
El descenso de este indicador tiene correlación con el actual escenario económico, en el que se destacan el precio del dólar estable y las compras sostenidas de reservas por parte del Banco Central desde el pasado 5 de enero hasta la fecha, para reforzar las reservas.
A ello se le suman los ingresos de divisas por las emisiones de deuda del sector privado y de las provincias, sin incurrir en nuevo endeudamiento nacional.
«Es lindo lo que está pasando con el riesgo país. Creo que viene mucho de la mano de que el Gobierno está seriamente comprando reservas con el Banco Central y en un contexto en el que, además, el tipo de cambio está hasta bajando. También por la cantidad de dólares que entran de colocaciones privadas y de provincias», resume José Bano, economista y analista de mercados.
Por lo pronto, los distintos analistas consultados por iProfesional, recomiendan en qué acciones y bonos invertir en este momento de baja del riesgo país.
Bonos favorecidos por la baja del riesgo país
Con la baja del riesgo país, para los expertos, los bonos más favorecidos serán los emitidos a más largo plazo.
«Nos gusta la parte larga de la curva, en particular el Global 2041 (GD41), que vemos como el bono con el mejor retorno esperado en un escenario positivo», afirma Alejo Rivas, estratega en Balanz.
En un contexto muy favorable para créditos emergentes, sostiene que los bonos globales «empezaron a reaccionar» ante los más de u$s1.000 millones que el BCRA lleva comprados en enero para las reservas.
«Hacia adelante, vemos más recorrido en caso de consolidarse la compra de reservas durante la época de cosecha. Además, si Argentina llevase adelante operaciones de manejo de pasivos, como la de Ecuador, éstas podrían empujar aún más el riesgo país a la baja y facilitar el acceso fluido al mercado», sostiene Rivas.
Según lo demostrado por otros países de la región, el riesgo país argentino tiene potencial para una baja mayor de los actuales niveles cercanos a los 500 puntos básicos.
«Países comparables con Argentina están entre 200 y 300 puntos», grafica Marcelo Bastante, analista de mercados, sobre el margen de baja de este indicador clave.
Para Esteban Castro, economista y CEO de Inv.est, con un escenario de riesgo país en descenso, los principales beneficiados en bonos serían los «globales y bonares en dólares, como los emitidos al 2030 (GD30 y AL30) y al 2035 (GD35), que aparecen como los primeros candidatos, ya que una compresión del riesgo país se traduce directamente en suba de precios por caída de tasas implícitas».
En ello concuerda Leonardo Guidi, analista de AN Conectar Bursátil: «En bonos, el que más me gusta es el emitido al 2035 (AL35) porque, en procesos de tasa (TIR) a la baja, debemos posicionarnos en los bonos que tengan mayor Duration Modificada (MD), porque son los que más suben de precio con cada baja de la TIR. Técnicamente, el emitido al 2041 (AL41) tiene mayor MD, pero también hay que considerar el riesgo. Así que el que, para mí, tiene la mejor relación riesgo-retorno es el AL35, que puede subir de 20% a 25% si el riesgo país cae por debajo de 400 puntos».
En la misma sintonía, Pablo Lazzati, CEO de Insider Finance, coincide: «Con la reciente baja del riesgo país, vemos una oportunidad clara en los bonos al 2035 (AL35) y 2041 (AL41), que son los que mejor capturan la ganancia de capital en un escenario de mayor compresión del spread».
A ello agrega Auxtin Maquieyra, gerente Comercial de Sailing Inversiones: «Con un riesgo país en proceso de compresión, vemos valor tanto en renta fija como en renta variable. En bonos soberanos, preferimos la curva media y larga, donde la mayor duration permite capturar un potencial superior de ganancia de capital ante una baja adicional de spreads».
En este contexto, destaca al bono al 2038 (AE38), con una TIR de 9,45%, y al emitido al 2035 (AL35), con una TIR de 9,3%, que «ofrecen una relación riesgo–retorno más atractiva que la parte corta, donde gran parte del ajuste ya estaría incorporado».
Acciones recomendadas para invertir con riesgo país a la baja
Por el lado de las inversiones en acciones argentinas recomendadas en este escenario de menor riesgo país, los analistas detallan que el sector bancario será el más favorecido.
«La baja del riesgo país beneficia a todas las empresas, especialmente a aquellas con acceso al mercado de capitales, ya que pueden obtener financiamiento más barato», detalla Rubén Pasquali, analista de Fernández Laya, a iProfesional.
Desde en análisis de Andrés Repetto, analista de mercados y fundador de Andy Stop Loss, «si las medidas oficiales siguen reacomodándose con el riesgo país, con acumulación de reservas y leyes que fomenten el crecimiento de la industria y el empleo, me parece que el sector bancario será un claro ganador».
Esto se debe, según su argumento, a que con un aumento del consumo por parte de una clase media con mejores salarios y crecimiento del mercado laboral, «las entidades podrán dar más créditos, captar más ahorros y trabajar de bancos. Cosa que hace décadas no ocurre, por lo que me parece que es un sector que tiene mucho para crecer y Argentina empieza a ser un país normal». Sus acciones preferidas son Grupo Galicia (GGAL) y banco BBVA.
«En acciones, el foco está en bancos y utilities, sectores muy sensibles al riesgo soberano. Entidades como Grupo Financiero Galicia, Banco Macro o BBVA Argentina suelen reaccionar rápido ante expectativas de normalización financiera, mientras que empresas reguladas como Pampa Energía, Central Puerto o Transportadora de Gas del Sur (TGS) pueden beneficiarse de un escenario de mayor previsibilidad macro y ajuste de tarifas», resume Castro a iProfesional.
En tanto, Marcelo Bastante, analista de mercados, reflexiona: «El riesgo país a la baja es beneficioso para las corporativas, sobre todo las que tienen posibilidad de tomar deuda en el exterior, o las que tienen o buscan socios del exterior, pues uno de los componentes que tiene la tasa de descuento cuando un inversionista del exterior invierte es el riesgo país. Dicho esto, no modifica mi perspectiva general de ´positiva´ para las acciones de sectores ligados a la energía, como Edenor, YPF, Central Puerto, entre otras, que son empresas de capital intensivo y necesitan financiamiento a largo plazo para apalancar los proyectos de gran infraestructura».
En ello, suma Guidi: «Las acciones, en general, están prácticamente todas subvaluadas si asumimos un escenario optimista respecto a baja del riesgo país, en un 2026 con crecimiento económico e inflación controlada. Las que más me gustan son los bancos, donde, de los grandes, elegiría Grupo Galicia, porque Macro es el que más ha subido y los bancos suelen moverse todos de manera similar», puntualiza a iProfesional.
También agrega empresas ligadas al petróleo, como el CEDEAR de Vista y acciones de YPF y empresas de servicios, como Autopistas del Sol.
Al respecto, Maquieyra resume: «La renta variable también se beneficia de un riesgo país a la baja, ya que reduce la tasa de descuento de los flujos futuros y mejora el acceso al financiamiento, amplificando valuaciones. Dentro de este universo, priorizamos Oil & Gas, un sector con alta visibilidad de flujos y planes de inversión sostenidos. En particular, Vista Energy e YPF combinan crecimiento, disciplina financiera y una elevada sensibilidad positiva a una normalización del costo de capital».
Finalmente, agrega que el sector bancario tendrá una «buena perfomance si continúa el crecimiento económico y el crédito continúa aumentando. En este segmento, destacamos Banco Macro y Banco Galicia».
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