ECONOMIA
El Banco Mundial aprobó un préstamo de u$s300 millones para Argentina: para qué se usarán los fondos

El crédito forma parte de una estrategia más amplia de cooperación del BM con el gobierno de Javier Milei. Cuál será el destino de los fondos
30/07/2025 – 19:15hs
El Banco Mundial acaba de aprobar un nuevo proyecto de u$s300 millones para la Argentina. Los fondos tienen como fin de mejorar la eficiencia, eficacia y transparencia de la administración tributaria, «gracias a la simplificación de trámites, la automatización de procesos administrativos y la provisión de información clara y oportuna para los contribuyentes», según trascendió.
El avance hacia un sistema tributario más transparente y eficiente se materializa en la digitalización de la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), que permitirá a los contribuyentes acceder a una mayor cantidad de datos y facilitará la sistematización de la información fiscal. Esta transformación, que incluye la mejora en el análisis y la planificación fiscal a largo plazo, se enmarca en el proyecto aprobado por el Banco Mundial.
El Banco Mundial aprueba un préstamo de u$s300 millones para Argentina
Según la información difundida por el organismo internacional, la iniciativa busca modernizar la administración tributaria argentina a través de la simplificación de trámites, la automatización de procesos y la provisión de información clara y oportuna para los ciudadanos.
Cabe resaltar que el respaldo del Banco Mundial a este programa no es aislado, sino que forma parte de una estrategia más amplia de cooperación con el gobierno del presidente Javier Milei. Pablo Quirno, secretario de Finanzas del Ministerio de Economía, subrayó que la operación «es parte de un programa amplio con el Banco Mundial, en respaldo claro a las prioridades del gobierno del Presidente Milei: equilibrio fiscal, apertura económica y fortalecimiento institucional».
Quirno remarcó que la medida contribuirá a consolidar las reformas de política y administración tributaria impulsadas desde el inicio de la actual gestión, con el objetivo de «generar condiciones para fomentar la inversión privada, que es el verdadero motor del crecimiento sostenido y la generación de empleo genuino en la Argentina».
El sistema tributario argentino, si bien constituye una fuente sólida de ingresos para el Estado, presenta áreas susceptibles de mejora, especialmente en el contexto de las reformas estructurales promovidas por el Ejecutivo. El proyecto financiado por el Banco Mundial apunta a optimizar la estructura impositiva, ampliar las bases tributarias, incrementar la eficiencia recaudatoria y fortalecer la equidad. El propósito es construir un sistema más justo, moderno y sostenible, capaz de responder a las demandas de una economía en proceso de apertura y transformación.
Marianne Fay, directora del Banco Mundial para Argentina, Paraguay y Uruguay, expresó el acompañamiento del organismo a los esfuerzos del país por avanzar hacia un sistema impositivo más progresivo. En sus palabras, «acompañamos los esfuerzos de Argentina por avanzar hacia un sistema impositivo más progresivo, que simplifique la interacción con ARCA y fomente el cumplimiento voluntario».
Entre las medidas concretas que contempla la reforma, destaca la simplificación de trámites y servicios para facilitar el acceso a la información. Un ejemplo de ello es el desarrollo del prellenado de formularios, que permitirá a los contribuyentes encontrar incorporada su información relevante en los trámites digitales. Esta innovación reducirá la carga administrativa, minimizará errores y facilitará el acceso a servicios y programas públicos o financieros.
Al mismo tiempo, se implementará un nuevo enfoque de gestión de riesgos, orientado a focalizar los controles donde resulten más necesarios para lograr una fiscalización inteligente. El financiamiento aprobado por el Banco Mundial corresponde a un crédito de margen variable, reembolsable en 32 años y con un lapso de gracia de 7 años.
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ECONOMIA
Marina Dal Poggetto: “El mundo nos vuelve a dar una oportunidad, es probable que las tasas de interés sigan bajando”

“Partiendo de una debilidad política de origen muy grande, Milei logró armar, a su manera y jugando al fleje, los tres vértices del triángulo necesarios para estabilizar la economía: Programa Macro, Programa Micro y Gobernabilidad”, explica Marina Dal Poggetto, directora ejecutiva de Eco Go y una de las expertas más consultadas sobre economía nacional.
“Llegó a la elección de medio término con la inflación contenida en torno al 2% mensual, ganó y aumentó significativamente el caudal político en el Congreso”, remarca.
En este escenario de riesgos persistentes, la preocupación por el bajo nivel de reservas del Banco Central es materia de debate, pese a que “en términos brutos subieron de USD 21.209 millones a USD 42.000 millones; la deuda pública neta cayó en más de USD 40.000 millones, y de USD 60.000 millones con el conjunto del sector privado; el índice de riesgo país se redujo en más de 1.300 puntos básicos, a 650 pb; y el Índice de Tipo de Cambio Real Multilateral subió de 81,5 a 97,4 puntos”.
“La baja en el índice de riesgo país a la zona de 650 pb acelera las chances de que el Tesoro Nacional deje de pagar al contado los vencimientos de la deuda en dólares y extienda los vencimientos de la deuda en pesos»
En diálogo con este medio, la economista analiza el contexto de los primeros dos años de gobierno de Javier Milei, su diagnóstico sobre el proceso de recuperación, y los límites de las reformas pendientes: “El proceso de recuperación que había arrancado en abril de 2024 se frenó en febrero 2025”, sentencia, y advierte: “Con el resultado del 26 de octubre, todo descomprimió, pero la descompresión de las tasas de interés y un Tesoro que vuelve a rollear la deuda de pesos busca dar aire para volver a reactivar el crédito. Por ahora las tasas del crédito bajaron mucho más lento.”
— ¿Cómo evalúa los primeros dos años de gestión económica bajo el gobierno de Javier Milei?
— Partiendo de una debilidad política de origen muy grande, Milei logró armar, a su manera y jugando al fleje, los tres vértices del triángulo necesarios para estabilizar la economía (Programa Macro, Programa Micro y Gobernabilidad), llegar a la elección de medio término con la inflación contenida en torno al 2% mensual, ganar y aumentar significativamente el caudal político en el Congreso.

La baja en el índice de riesgo país a la zona de 650 pb acelera las chances de que el Tesoro Nacional deje de pagar al contado los vencimientos de la deuda en dólares y extienda los vencimientos de la deuda en pesos permitiendo usar el “señoreaje” para la acumulación de reservas y no para el pago de la deuda, buscando apuntalar el programa Macro que había entrado en zona de rendimientos decrecientes desde julio pasado y fue salvado por Bessent.
El cambio en la composición del Congreso aumenta las chances de avanzar con reformas estructurales que apuntalen la productividad sistémica, condición necesaria para sostener en el tiempo la consolidación fiscal y para moderar el daño que la necesaria apertura de la economía en el mundo actual va a tener sobre sectores enteros de la economía, contracara del salto en la productividad y recomposición de precios relativos usando el dólar como semi ancla.
Esto que hasta ahora se sorteó vía una polarización in extremis con CFK jugando desde San José 1111, va a enfrentar nuevos desafíos dado que el horizonte se alargó, pero las elecciones de octubre de 2027 (y eventualmente las PASO si se da de baja la suspensión) están en el calendario.

— ¿Cuáles son sus expectativas para la economía argentina en el próximo año? ¿Cree que el proceso de recuperación es sostenible?
— El proceso de recuperación que había arrancado en abril de 2024 se frenó en febrero 2025 cuando habiendo sacado los controles de capitales la economía empezó a operar con tasas de interés positivas y se frenó la expansión del crédito. Recordemos que fue la duplicación del crédito (de 5% del PBI a 12% del PBI), el principal driver de la economía que compensó el fuerte ajuste fiscal.
En julio pasado, cuando estacionalmente cayó la oferta de dólares en el MULC y sin haber acumulado reservas se buscó sostener el esquema de bandas (sin cepo a las personas y sin brecha), las tasas de interés se dispararon en medio de la corrida. Esto terminó por cortar de un hondazo el crecimiento del crédito, disparó la mora y terminó por frenar la recuperación.
Con el resultado del 26 de octubre, todo descomprimió, el dólar volvió a operar entre las bandas con el Gobierno avisando que el esquema se sostiene, aunque empezando a comprar tímidamente dólares cuando toca $1.400. La descompresión de las tasas de interés y un Tesoro que vuelve a rollear la deuda de pesos busca dar aire para volver a reactivar el crédito. Por ahora las tasas del crédito bajaron mucho más lento.

Comentario aparte, la nueva estadística del Indec, que revisó los datos desestacionalizados hacia atrás, muestra ahora que la caída se frenó en julio y en septiembre volvió al nivel de febrero. Con los nuevos datos, la economía que este año iba a crecer más cerca de 3,5% es probable crezca arriba de 4% y el arrastre estadístico para 2026 puede estar algo arriba del 0% dando pie a que en promedio la economía crezca arriba del 2,5%. La magia de la estadística.
Aunque cuando se revisa donde estuvo concentrado el crecimiento, los dos componentes de la oferta que explican el 60% del crecimiento son el sistema financiero y los impuestos (netos de subsidios).

— Diversos economistas expresan preocupación por el ritmo lento de acumulación de reservas internacionales. ¿Por qué cree que este tema genera inquietud ahora y no lo hacía durante la gestión anterior, a pesar de que las reservas se habían utilizado en políticas expansivas que generaron inflación y estancamiento?
— No es cierto que la profesión no se haya preocupado por el vaciamiento del BCRA durante la gestión anterior. Si revisa las notas que hicimos durante esos años, verá que en mi caso la pregunta directamente no aplica. Yendo al fondo de la pregunta, el problema de origen era que el balance del Banco Central estaba roto y no tenías acceso al crédito. La baja del índice de riesgo país se frenó cada vez que el Banco Central dejó de comprar dólares y el esquema requirió inyectar dólares para mantenerlo a flote: los del blanqueo en septiembre/octubre 2024, los del FMI en abril 2025 y fundamentalmente los de Scott Bessent en octubre 2025.
Cuando asumió Milei las reservas netas eran muy negativas (USD 11.000 millones) y el overhang de deuda pesos (fundamentalmente en manos del BCRA) era muy alto y estaba muy concentrado. Parados a hoy las reservas netas siguen siendo muy negativas (USD 16.000 millones en la definición del FMI) y el overhang de deuda en pesos es similar, aunque hoy no está en manos del BCRA sino del Tesoro. El desvío respecto a la meta de acumulación de reservas con el FMI alcanza a USD 12.000 millones.

Es cierto que las reservas líquidas mejoraron significativamente, de ser casi inexistentes a fines de 2023, hoy se ubican en USD 19.000 millones, pero en gran medida estas son la contracara de pasivos de corto plazo del BCRA (entre otros encajes) y fundamentalmente del desembolso del FMI.
Por suerte el equipo económico dejó atrás el argumento de que no quieren comprar reservas porque con un tipo de cambio flexible (no hacen falta). Pareciera ya incorporaron que la flexibilidad sin construcción de un ancla alternativa a la cambiaria los puede llevar puestos. Aunque ahora sostienen que lo van a hacer por la cuenta capital y no por la cuenta corriente.
— El equipo económico sostiene que las bandas de flotación han acompañado las anclas fiscal y monetaria, lográndose récords en la balanza comercial de varios rubros. ¿Comparte esta visión? ¿Qué riesgos y oportunidades ve en esta estrategia?
— El ancla sigue siendo cambiaria, ahora sin cepo a las personas (con cepo a las empresas) aunque con una economía que opera con una brecha cambiaria de sólo el 5 por ciento.
“Las reservas líquidas mejoraron significativamente, de ser casi inexistentes a fines de 2023, hoy se ubican en USD 19.000 millones, pero en gran medida estas son la contracara de pasivos de corto plazo del BCRA”
Casi que hasta podría decirse que el esquema para estabilizar la demanda de pesos es “castigar una y otra vez a los que compran dólares”, apostando a que cual “perro de Pavlov” los argentinos se convenzan de que el activo de reserva es el peso y no el dólar, dejen de comprar dólares y mejor aún “saquen los del colchón”.

Pero lo hace activado el carry con tasas de interés que vuelven a ser neutras contra la inflación, esperando a que el Tesoro acceda al crédito para dejar de pagar al contado, apostando a que el dólar no toque el techo de la banda (hoy está sólo al 5%) y con un horizonte de la política que como dijimos antes se alargó, pero ahora es “octubre 2027”.

— El Tesoro de Estados Unidos brindó recientemente asistencia para que el Gobierno argentino pudiera cumplir con un pago de más de USD 870 millones al FMI. ¿Considera que ese respaldo es suficiente para despejar los temores ante un posible shock externo por la falta de acumulación de reservas?
— El Tesoro Americano brindó asistencia para sostener el esquema cambiario en la previa a la elección. Sin la asistencia de Bessent poniendo piso a la corrida contra los activos financieros y “comprando pesos” el final hubiera sido otro. Respecto al swap por USD 20.000 millones, del cual sólo conocemos su implementación por el escueto comunicado del BCRA, al momento se utilizaron dos tramos por USD 2.800 millones, los primeros USD 2.000 para que Bessent cierre la operación de carry, y el resto para el pago al FMI que menciona.
Otra vez, el esquema cierra si el Gobierno logra empezar a refinanciar los vencimientos de deuda y dejar de pagar al contado usando “señoreaje”, y empezar a usar éste para la acumulación de reservas.
— Persisten restricciones cambiarias, especialmente para el giro de dividendos de empresas extranjeras, herencia del gobierno anterior. ¿Cree que estas trabas siguen afectando la inversión y las perspectivas de negocios?
— En principio el giro de dividendos para los balances que cierran en 2025 está habilitado a partir del 1 de enero de 2026. Eso se anunció cuando se firmó el acuerdo con el FMI y entiendo ya está habilitado en la normativa.

El resto de los controles de capitales a las empresas (incluyendo los controles cruzados que se reinstalaron en medio de la corrida) pareciera se sostienen y según afirma el BCRA “sólo se van a empezar a levantar cuando estén dadas las condiciones”.
Luce que de momento van con pies de plomo en lo que hace a los controles de capitales que quedan (cepo a las empresas y restricciones cruzadas) en un contexto donde el equipo económico sigue manejando todos los resortes: manejan la mesa del BCRA, la de la Anses, la del principal Banco Público, la Tesorería, el programa financiero, la regulación bancaria y desde fines de septiembre cuenta nada menos que con el “apoyo de la Tesorería Americana”.
— Si bien se observan mejoras fiscales, monetarias y cambiarias, aumenta la presión para eliminar las restricciones aún vigentes. ¿Es viable una liberalización total en este contexto o existen peligros que la justifican?
— El año pasado tuve una “reprimenda” cuando dije que con un programa financiero que sigue dependiendo del señoreaje para el pago de la deuda en dólares y parte de los pagos de la deuda en pesos (el punto Anker) el esquema era cepo dependiente.
“El equipo económico sigue manejando todos los resortes: manejan la mesa del BCRA, la de la Anses, la del principal Banco Público, la Tesorería, el programa financiero, la regulación bancaria, y cuenta nada menos que con el apoyo de la Tesorería Americana”
Después del resultado de la elección y con el put de Bessent, las chances de acceder al crédito aumentan, pero todavía el crédito no está abierto. El Gobierno pareciera haber tomado nota de esto y como dije antes, ya avisaron van a ir con pies de plomo en el desarme.
— Las tasas de interés para préstamos a empresas están bajando en Argentina, pero el crédito, especialmente para las pymes, sigue estancado. ¿Cómo explica este fenómeno?
— Bajó fuerte la tasa de descuento de documentos que se había disparado con el apretón monetario de julio. El resto de las tasas activas bajan mucho más lento, en gran medida porque todo el andamiaje de encajes se empieza a desarmar mucho más lento. En parte porque todavía el equipo económico prioriza el roll over de los pesos del Tesoro.
Y sobre el cierre de noviembre volvieron a innovar, cambiaron la regulación a los fondos de Money Market poniendo un límite a la caución buscando un desplazamiento a los fondos T1 que demanden títulos del Tesoro.

— ¿A qué atribuye la actual ola de emisiones de deuda en el sector privado? ¿Responde sólo a las bajas tasas internacionales o hay un trasfondo de nuevos proyectos de inversión en la economía real?
— Cuando las condiciones financieras aparecen, las empresas que se habían desendeudado enormemente durante los años de cepo y brecha alta aprovechan para salir al mercado. El grueso de la deuda es tomada por empresas del sector energético y el uso del financiamiento se vino aplicando a mejorar las condiciones de la deuda que tenían contraída, a la compra de activos de empresas extranjeras y también al Fondeo del Capex.
En cualquier caso, mejoran las condiciones del sector externo y eso es bueno. El segundo sector que tomó crédito en dólares es el sector financiero, y ahí parte del fondeo tuvo que ver con el carry y el financiamiento del crédito doméstico. Por ahora los niveles son acotados.
— Se anuncian potenciales inversiones por más de USD 100.000 millones en los próximos cuatro años, aunque los proyectos aprobados rondan los USD 25.000 millones. ¿A qué atribuye esta diferencia y qué condiciones considera necesarias para destrabar nuevas inversiones?
— La diferencia es que suman dos anuncios que por ahora no pasaron de eso. La planta de GNL en Punta Colorada y el de Sam Altman para construir un megacentro de datos en la Patagonia. Los proyectos del RIGI suman USD 31.000 millones de los cuales hasta hoy entiendo hay USD 16.000 millones aprobados.
— El entramado productivo argentino se apoyó tradicionalmente en políticas proteccionistas sin lograr mejoras sustanciales en actividad o empleo. Frente a la apertura que promueve el Gobierno, ¿ve posibilidades reales de reconversión para esos sectores?
— El salto en la productividad asociado al cambio en las reglas del juego de una economía más abierta con tarifas sinceradas con una mejora lenta en la productividad sistémica tiene detrás sectores ganadores y perdedores.
“No está claro que los sectores ganadores (minería, energía, economía del conocimiento, agro/agroindustria y servicios) compensen a los perdedores en términos de empleo”
No está claro que los sectores ganadores (minería, energía, economía del conocimiento, agro/agroindustria y servicios) compensen a los perdedores en términos de empleo y mucho menos en términos geográficos. Muchas empresas industriales se empiezan a convertir en empresas de logística.
Por ahora las economías de plataformas y el Monotributo vienen amortiguando el daño y la tasa de desempleo sólo subió 2,3 puntos porcentuales desde que arrancó la gestión (de 5,3% a 7,6%, con un crecimiento acumulado de la economía del 7% desde noviembre 2023). Aunque frente al alargamiento del horizonte de la política y la decisión de no recalibrar las bandas de flotación, priorizando la desinflación rápida con dólares financieros, es probable que esta dinámica de destrucción de empleo formal se acelere. La necesaria adaptación de las leyes laborales al mundo actual se inscribe en esta dinámica.

— Con la nueva conformación del Congreso, el Gobierno aspira a avanzar en las reformas tributaria y laboral. ¿Qué expectativas tiene sobre estos proyectos y qué aspectos deberían priorizarse?
— Pareciera que hay plafón para una reforma laboral, falta ver cuál es el proyecto final pero seguro va a incluir un intento de frenar la litigiosidad y cambios en la ultraactividad. Entiendo el resto todavía están buscando consensos.
Respecto a la reforma tributaria luce la negociación con las provincias va a ser más ardua. No hay reforma tributaria posible sin un pacto fiscal con las provincias, lo hizo Menem con los pactos fiscales 1 y 2 y también Macri con el acuerdo con los gobernadores.
Quedó claro que el globo de ensayo que tiraron al poner en la agenda mediática cambios en el Monotributo, pasó a foja cero cuando el presidente sale a desmentirlo. Recordemos que esto es condición necesaria para asegurar la sostenibilidad fiscal en el tiempo; con el aporte actual, se necesitan más de 30 monotributistas de la categoría más baja para pagar una jubilación mínima.
“El mundo nos vuelve a dar una oportunidad. Hoy el riesgo emergente está en niveles muy bajos, y es probable que las tasas de interés sigan bajando”
— ¿Cómo evalúa el impacto del endurecimiento o flexibilización de las políticas monetarias en Estados Unidos y Europa sobre los flujos de inversión y el acceso al crédito externo para Argentina?
— El mundo nos vuelve a dar una oportunidad. Hoy el riesgo emergente está en niveles muy bajos, y es probable que las tasas de interés sigan bajando. Los precios de las materias primas que exportamos están en niveles sostenidos. Argentina es idiosincrática, no sólo el riesgo es más alto sino que es mucho más volátil. Nuestro prontuario, la escasez de reservas y la polarización jugando con los contratos nos condena.
— Por último, ¿quisiera aportar alguna reflexión sobre las perspectivas a mediano plazo de la economía argentina, en este contexto de impulso de reformas tributarias y laborales?
— Acabamos de publicar con Daniel Kerner un segundo libro que ya está en librerías: Back to the 90s, “un viaje al pasado buscando herramientas para salir del loop que condena a la Argentina”. Al igual que con “Tiempo Perdido” (nuestro libro anterior) iteramos la política, la economía y el contexto global. Aunque esta vez arrancamos desde el presente y nos vamos a los 90s para tratar de entender el período (la previa a la convertibilidad, los años dorados y el derrape) para volver al presente buscando responder algunas preguntas que puedan servir para evitar cometer los mismos errores.
Entre otras: ¿Cómo se logró la estabilidad? ¿Por qué en Argentina la estabilización que había funcionado finalmente falló y en el resto de la región no? ¿Qué es lo que hubiera permitido algo distinto? ¿Cómo se formó un consenso político que permitió que las elecciones presidenciales de 1999 se dieran sin propuestas disruptivas?. ¿Por qué las reformas no se sostuvieron?.
Fotos: Maximiliano Luna
ECONOMIA
Argentina cerca de volver a los mercados para pagar deuda: antecedentes, desafíos y riesgo del retorno al crédito internacional

Tras la victoria electoral oficialista en las elecciones de octubre y el repunte de las cotizaciones de los bonos soberanos argentinos el Ministerio de Economía, liderado por Luis Caputo, analiza en estos días distintas opciones para conseguir los dólares con los que hacer frente a los vencimientos de enero por USD 4.200 millones sin casi reservas en el Banco Central (BCRA) ni divisas en las cuentas del Tesoro.
Entre ellas, la posibilidad de volver a los mercados internacionales por primera vez desde 2018 y que, en la historia reciente, resultó posible para la Argentina solo en ocasiones muy puntuales, como el breve período durante la presidencia de Mauricio Macri.
Los antecedentes al respecto son pocos. En enero y marzo de 2005, bajo el empuje de una negociación política y financiera compleja, Argentina reestructuró cerca del 76% de los bonos que seguían en default desde la crisis de 2001, por un monto de alrededor de USD 82.000 millones. Aquel canje, ejecutado bajo ley extranjera en múltiples jurisdicciones y monedas, surgió como una salida urgente al aislamiento financiero. El objetivo principal fue regularizar la situación de mora y mostrar capacidad de instrumentar pagos ordenados, no generó fondos frescos.
Ese año y el siguiente, la coyuntura internacional favoreció al país. El nivel del índice de riesgo país, que en los momentos más tensos de la cesación de pagos superó los 7.000 puntos básicos, inició un descenso progresivo. En 2006, el EMBI de Argentina cayó hasta 185 pb, situándose por debajo del de Brasil por un breve período.
En 2006 el riesgo argentino tocó un mínimo histórico. 185 basis points y queda 5 basis points abajo de Brasil (Pazos)
Según explicó Juan Manuel Pazos, economista de One618, ese año marcó un hito: “En 2006 el riesgo argentino tocó un mínimo histórico. 185 basis points y queda 5 basis points abajo de Brasil”. Esas condiciones facilitaron la emisión de Bonar 10 en 2007, aunque ese instrumento se encontró bajo ley local y no internacional, y no implicó una colocación global.
A partir de entonces, la realidad interna complicó la situación de acceso al financiamiento. Pazos remarcó que después de 2007 “no hubo mucho más, empezaron los líos”. El gasto público escaló 55% hacia 2008, y la crisis doméstica se conjugó con el cambio en los precios internacionales y el contexto de crisis global. Néstor Kirchner y posteriormente Cristina Fernández de Kirchner no impulsaron nuevas emisiones de deuda bajo ley extranjera.
Sí hubo ventas de bonos en pesos que adquirieron inversores no residentes, mientras el índice de riesgo país empezó a escalar nuevamente: En la primavera de 2008, el EMBI osciló entre 600 y 900 puntos básicos, y superó largamente los 2.000 pb ante la combinación del conflicto agropecuario, las restricciones crecientes y la nacionalización del sistema jubilatorio.
El perfil de las operaciones varió recién una década después. En abril de 2016, Argentina volvió a asomarse al mercado internacional, tras destrabar el conflicto legal con los acreedores holdouts o “fondos buitre”. El equipo de Mauricio Macri colocó más de USD 16.000 millones en distintas monedas y plazos, incluyendo títulos a 5, 10 y 30 años con tasas del 4,625%, 6% y 6,95% anual, respectivamente. En ese momento, el riesgo país se ubicó cerca de los 450 puntos básicos, una cifra que reflejaba tanto oportunidades como limitaciones para un emisor emergente. Durante mayo y junio de ese año, el EMBI fluctuó en torno a 500 puntos básicos.
A lo largo de 2016, el Tesoro realizó además otras emisiones menores y reabrió series previas, siempre bajo la presión de financiar el déficit fiscal y regularizar pasivos. En enero de 2017, la economía global vivió a mostrar cierto optimismo hacia los emergentes, reflejado en tasas de interés decrecientes para la región. Argentina emitió títulos tanto en euros como en dólares, por cerca de USD 7.000 millones equivalentes, y avanzó en marzo con ampliaciones sucesivas.
El episodio más recordado de aquel ciclo ocurrió en junio de 2017, con la emisión del Bono Centenario, un título a 100 años por USD 2.750 millones y cupón de 7,125% anual. Durante estos meses, el índice de riesgo país se mantuvo en una franja de 380 a 450 puntos básicos, mientras de enero de 2016 a septiembre de 2017, según estimaciones de operadores, las colocaciones totales en los mercados internacionales sumaron cerca de USD 42.000 millones.
El episodio más recordado de aquel ciclo ocurrió en junio de 2017, con la emisión del Bono Centenario, un título a 100 años por USD 2.750 millones y cupón de 7,125% anual
Estos niveles se destacaron frente a períodos previos y permitieron acceder a tasas consideradas competitivas, aunque con riesgos subyacentes asociados a la permanencia de desequilibrios fiscales y cambiarios.
En enero de 2018, tras la última colocación voluminosa, el riesgo país tocó un piso de 360 pb, el valor más bajo de la gestión iniciada en 2015. El Tesoro nacional logró emitir cerca de USD 9.000 millones en diferentes tramos y plazos, tanto en dólares como en euros.
Desde mayo de ese año, sin embargo, la situación cambió abruptamente: el índice de riesgo país superó los 500 pb y ascendió a medida que creció la desconfianza en la sostenibilidad financiera local. La volatilidad del mercado financiero mundial, junto a problemas de competitividad y la falta de reservas sólidas, cerró de hecho el acceso del Estado argentino al financiamiento voluntario. Solo restó la negociación de un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que implicó condiciones de ajuste y reconfiguración de vencimientos.
Juan Manuel Truppia, operador de renta fija, sintetizó la diferencia entre ese ciclo y el escenario actual: la Argentina de 2018 emitía sin urgencias inmediatas sino para aprovechar ventanas y sumar reservas, mientras que hoy la posibilidad de financiamiento externo aparece vinculada a la necesidad de cubrir vencimientos, en un contexto de mucha mayor incertidumbre. “No estás seguro de que va a ir afuera y le van a dar USD 5.000 millones. O una tasa como la gente. Obviamente, a alguna tasa hay plata, pero no quiere emitir a dos dígitos”.
La Argentina de 2018 emitía sin urgencias inmediatas sino para aprovechar ventanas y sumar reservas, mientras que hoy la posibilidad de financiamiento externo aparece vinculada a la necesidad de cubrir vencimientos (Truppia)
En la visión de Gabriel Caamaño, de la consultora Outlier, el costo financiero que enfrenta el Gobierno difiere de modo relevante frente a episodios anteriores. “Estás en peores condiciones objetivas dada la tasa externa que te piden, EMBI más tasa libre de riesgo. La explicación de por qué tiene razones externas (contexto externo) y propias (no terminaste de salir del CEPO y ni tenés un régimen monetario-cambiario que se pueda juzgar como algo distinto a una transición)”.
El deterioro en las condiciones continuó hasta 2019, cuando una nueva crisis disparó el índice de riesgo país por encima de 2.000 pb y lo mantuvo en valores elevados durante la renegociación de la deuda tras las elecciones presidenciales de ese año.
El acuerdo de 2020 supuso la reestructuración de los títulos bajo ley extranjera y la aparición de una nueva familia de “Globales” (GD29, GD30, entre otros), que desde entonces representan los títulos soberanos de referencia para el mercado internacional. Tras la finalización del canje de 2020, el EMBI retrocedió, pero permaneció en niveles de 1.100 a 1.200 pb, valores que se consideran altos dentro del universo emergente.
Juan Manuel Pazos remarcó otra diferencia estructural entre el ciclo actual y los anteriores: “A diferencia del Gobierno de Macri, el ajuste fiscal hoy está hecho, el ajuste externo no. A este tipo de cambio uno presume que no tenés déficit, pero no lo sabe: lo presume. Con las bandas de flotación estás apreciando el tipo de cambio y, con eso, en cualquier momento vuelve el déficit de cuenta corriente”.
Pazos explicó que el acceso voluntario puede abrirse “si está la decisión de emitir, se puede hacer y se puede hacer a un dígito de tasa. La duda es si 6 meses después vas a seguir teniendo acceso al mercado o fue algo de una sola vez. Y, de nuevo, que tengas al mercado abierto cada vez que lo necesitás es mucho más importante que salir una sola ve. Y eso depende de que empieces a comprar reservas”.
El país enfrenta desafíos internos ligados a la falta de un entorno cambiario y monetario estable, sin haber completado el proceso de salida de controles y regulaciones (Caamaño)
En los últimos meses, el índice de riesgo país descendió de su máximo, que superó 3.000 pb al término del canje de 2020, hasta rondar actualmente los 650 pb. La mirada de los analistas y operadores apunta a esa variable como clave para que la próxima colocación internacional resulte sostenible.
Gabriel Caamaño observa que el país enfrenta desafíos internos ligados a la falta de un entorno cambiario y monetario estable, sin haber completado el proceso de salida de controles y regulaciones.
ECONOMIA
Soja para arriba y tasas para abajo: la economía recibe más viento de cola y crece la expectativa para 2026

REUTERS/Matias Baglietto
Los últimos datos de actividad divulgados por el Indec revelaron que la economía mostró mayor fortaleza que la esperada incluso en los meses preelectorales. El piso de incremento del PBI para 2025 ya estaría en niveles de 4,5%. Las proyecciones para el año próximo también se están revisando al alza. Mientras las consultoras esperan un piso de 4%, en el equipo económico piensan que la expansión será incluso mayor, arriba del 5% para 2026.
Más allá del buen resultado electoral y la expectativa por las reformas que se tratarán en el Congreso, los planetas parecen alineados para darle un mayor impulso a la economía.
El aumento del precio de la soja es uno de los datos significativos de las últimas semanas. El acuerdo alcanzado entre Estados Unidos y China permitió el reinicio de compras por parte del gigante asiático. Como resultado, el precio de la tonelada saltó desde USD 390 hasta USD 420, cerca del 8 por ciento. Según estimó la consultora LCG, este salto de precios implica que el valor de la producción argentina de soja aumentará cerca de USD 1.400 millones.
“La suba de precio internacional es una buena noticia para el gobierno argentino; podría compensar parcialmente la menor producción esperada para la cosecha 2025/26, estimada en 47 millones de toneladas, frente a los 49,5 millones de toneladas de la cosecha 2024/25”, agregaron desde LCG.
En la Bolsa de Comercio de Rosario estimaron, por otra parte, que la producción de la próxima campaña, incluido el maíz y el trigo, aumentará un 10%, llegando al máximo de los últimos años. El efecto combinado de la suba de precios y de la mayor producción implica un incremento de USD 4.000 millones para la cosecha que se avecina por sobre la del último año.
Quizás suene exagerada aquella frase de Javier Milei, cuando dijo que “los dólares nos van a salir por las orejas”. Pero se avecina un año de significativo ingreso de divisas: el campo, el superávit energético, las colocaciones de deuda internacionales y mayores inversiones para Vaca Muerta, minería e infraestructura.
A los mejores precios internacionales y la buena cosecha se suma otro factor que jugará a favor de la Argentina el año próximo: la reducción de las tasas en Estados Unidos. La Reserva Federal ya bajó dos veces los rendimientos y se encamina a una tercera disminución en su reunión del 10 de diciembre. Y la perspectiva es que habría al menos otras tres bajas el año próximo, de un cuarto de punto cada una.
La rebaja es de por sí una buena noticia para Argentina. Significa la posibilidad de financiarse a menores rendimientos en dólares cuando se abra el mercado. Pero además impulsa a los inversores a buscar alternativas para conseguir mejores tasas con compras de bonos. Y allí es donde la deuda argentina se vuelve muy atractiva.

EFE/Justin Lane
El riesgo país actual de 650 puntos básicos y tasas superiores al 10% anual en dólares lucen exageradas para el avance conseguido por el Gobierno en los últimos dos años. Todo apunta a una convergencia, que lleve ese nivel a un rango de 400 a 450 puntos en cuestión de meses.
¿Por qué hay el riesgo país sigue mostrando resistencia a bajar más, cuando el Tesoro de EEUU no dudó en respaldar a la Argentina en medio de una fuerte presión cambiaria? Claramente. las dudas de los mercados se relacionan con la vulnerabilidad que todavía presenta el Banco Central.
Las reservas netas siguen negativas en alrededor de USD 11.000 millones. El lunes el gobierno debe pagar otro vencimiento, en este caso de una serie de Bopreal, por cerca de USD 1.000 millones, lo que empeora todavía más los números.
Luis “Toto” Caputo no parece apurado en dar una respuesta, aun cuando se avecina otro fuerte vencimiento, los USD 4.300 millones que habrá que pagar el 9 de enero próximo.
Un esquema de bandas cambiarias no es creíble si el Banco Central no tiene poder de intervención para defender el techo
Se está negociando un nuevo repo con bancos internacionales, es decir financiamiento fresco garantizados con bonos.
Sin embargo, los inversores esperan que el Central empieza a acumular reservas de manera genuina. Esto sería clave para reducir el impacto de shocks externos. Incluso Domingo Cavallo volvió a advertir sobre esta debilidad: “Un esquema de bandas cambiarias no es creíble si el Banco Central no tiene poder de intervención para defender el techo”.
Esta situación ya se vio en las semanas previas a las elecciones. Cuando el tipo de cambio tocó el techo de la banda cambiaria fue Scott Bessent quien tuvo que intervenir para que la cotización no lo supere. Ahora el Tesoro norteamericano divulgó oficialmente que la intervención en el mercado argentino ascendió a USD 2.500 millones para evitar la disparada del dólar oficial.
El economista Fernando Marull destacó que en la última semana el gobierno recompró USD 3.700 millones de cobertura cambiaria. Una parte fue el propio Tesoro sacando bonos dollar-linked del mercado por USD 2.300 millones y lo otro correspondió al Central, al dar de baja contratos de dólar futuro por USD 1.400 millones.

REUTERS/Kim Hong-Ji
Esto refleja que la demanda de dólares o por cobertura cambiaria se redujo notablemente luego de las elecciones legislativas. Incluso en este momento de vacas flacas en lo que a oferta de divisas se refiere, el tipo de cambio se mantuvo sin mayores cambios.
Por ahora el equipo económico se muestra cauto en la implementación del plan de “remonetización”, que consiste en comprar dólares con emisión de pesos, sin necesidad de salir a esterilizar. Esta idea fue esbozada por autoridades del Central en reuniones con inversores, pero es evidente que no quieren apurar los tiempos. El objetivo es evitar que se produzca mayor presión cambiaria o un salto inflacionario. Sobre todo teniendo en cuenta que en noviembre el índice mostraría un leve incremento adicional para ubicarse cerca del 2,5 por ciento.
Otra de las incertidumbres pasa por el modelo cambiario. Un informe de Delphos Investment advirtió que “el mercado no cree en el sostenimiento del ajuste de las bandas al 1% mensual”. Los precios de los bonos y de los futuros de dólar más bien esperan que ese techo acelere su ajuste a algo más parecido al 2% mensual, lo que evitaría una mayor apreciación del tipo de cambio.
Por ahora Caputo tampoco muestra apuro por introducir cambios. Posiblemente otorgue mayor relevancia a la necesidad de seguir bajando la inflación en los meses venideros. Y para eso es importante que el dólar se mantenga estable.
REUTERS/Agustin Marcarian
La recuperación económica, la estabilidad cambiaria y el mayor optimismo de los inversores, sin embargo, contrastaron con una noticia preocupante en la última semana: el cierre de la planta de Whirlpool en Pilar, que dejó 220 personas desempleadas.
Lo más llamativo es que la noticia se conoció en paralelo con un informe del Indec sobre la evolución en la venta de electrodomésticos y línea blanca. Allí surge que en el tercer trimestre la venta de lavarropas llegó a un récord, con un incremento de 25% respecto al mismo período del año anterior.
Este incremento de las ventas va en paralelo con una disminución de precios notable del sector: el mismo lavarropas que se vendía a $800.000 a fines de 2023 ahora se consigue a $500.000. Dos años después es más barato en pesos.
La apertura importadora, la baja de precios y la reducción de márgenes tornan inviable fábricas como la de Whirpool en Pilar. Como sucede con muchas industrias, ahora optan por sustituir la producción directamente por artículos importados.
La economía argentina seguirá en 2026 moviéndose a dos velocidades. Por un lado, el campo, la energía y la minería continuarán con un impulso excepcional, que es lo que explicará otro año que apunta a mostrar una gran expansión. Pero por el otro lado aparecen sectores poco competitivos que se seguirán achicando, reemplazando producción nacional por importada y reduciendo empleo en la búsqueda de mejores márgenes.
Las reformas que se vienen tienen como objetivo reducir los costos laborales e impositivos para las empresas con el objetivo de darles mejores perspectivas. Se trata de la gran apuesta que Argentina tiene por delante en la búsqueda de mejorar el empleo y reducir los elevados niveles de informalidad, que lejos de reducirse continúan en franco aumento.
Agricultural Markets,South America / Central America,PERGAMINO
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